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  • México y los rascacielos

    México y los rascacielos

    Si vives en México D.F, Guadalajara, Monterrey, Puebla o Querétaro, te darás cuenta que las ciudades se empiezan a poblar de estos edificios altos que sobresalen sobre el skyline urbano. Este fenómeno que se ha acentuado en los últimos 10 años (por ejemplo, en Guadalajara desde 1995 hasta 2002 no se construyó casi ningún edificio y ahora vemos como 15 en construcción simultanea) se puede deber a muchas cosas, no necesariamente un alto crecimiento económico, sino que nuestras ciudades se empezaron a expandir tanto que se ha vuelto más rentable crecer hacia arriba.

    México y los rascacielos

    Los rascacielos tienen cierto significado para algunas ciudades. En muchos casos es una muestra de poder y peso económico, como el Burj Khalifa de Dubai o el Empire State de Nueva York cuyo nombre lo obvia. Incluso algunos le dan una connotación fálica a la admiración por los rascacielos. Los rascacielos vinieron a sustituir a las catedrales, obeliscos y torres que se imponían en la imagen urbana.

    No tengo nada en contra de los nuevos rascacielos que invaden nuestras ciudades, el problema que veo es que estos crecen de una forma desordenada, el problema es que entre los planes parciales que existen y la corrupción imperante, no hay un orden. Basta ver una imagen de una ciudad estadounidense y después compararla con una ciudad mexicana. Para empezar, el elitismo es notorio en el caso de las ciudades mexicanas (si tomamos a Santa Fe en México D.F. o a Puerta de Hierro en Guadalajara). Si bien cualquiera puede entrar a un cluster de edificios (está abierto al público) la forma en que fue planeado aunada a la escasez de transporte público no es muy amigable para los ciudadanos que no están bien acomodados en la sociedad. Dichas zonas además se caracterizan por el tráfico y por la escasez de banquetas.

    En cambio, en Estados Unidos (y tomo como ejemplo Manhattan, que es donde he estado y es lo que se presenta generalmente como algo nice) dichas zonas tienen un gran respeto por los transeúntes y además forman parte medular del transporte público de la ciudad. Si no eres de mucho dinero, el urbanismo a la altura de Times Square no te invitará a dejar la zona.

    Si se fijan, en Estados Unidos, los rascacielos se concentran en un sector de la ciudad (en muchos casos en el downtown). En cambio en ciudades como México D.F. o Guadalajara, estos se encuentran más dispersos, y si bien existen clusters mal comunicados donde se concentran muchos edificios, podemos encontrar torres de 20 o más pisos que desentonan en zonas residenciales. No hay ningún orden urbano, lo cual puede afectar el modo de vida de quienes viven en esas colonias.

    Los planes parciales pueden ser absurdamente estrictos, y no permitirte construir algo de más de 12 pisos en una zona bien comunicada que podría permitir algo mucho más alto. Por ejemplo en Guadalajara, en Avenida Vallarta se construyó un complejo llamado «Espacio Minerva» (por estar a sólo 3 cuadras de la famosa glorieta) la cual no puede tener más de 12 pisos. Pero en cambio, gracias a la corrupción, desarrolladores pueden construir torres de 20 pisos en medio de una zona residencial, o una de más de 40 pisos en una zona donde no hay ninguna vía rápida (es decir una avenida que contenga carriles centrales separados de las laterales).

    Las ciudades han empezado a crecer para arriba, pero este fenómeno debería de ser una oportunidad y no un caos. Un crecimiento vertical ordenado podría hacer que los habitantes tengan que desplazarse menos hacia su trabajo o para divertirse, e incluso puedan optar otros medios de transporte como la bicicleta, esto reduciría mucho el tráfico. Pero cuando este crecimiento no tiene un orden, el resultado es el opuesto. Los rascacielos altos, con sus cristales que muestran su fortaleza y con un entorno bien cuidado, podrían crear la falsa sensación de primer mundo, cuando en muchos casos es todo lo contrario, el tráfico, la exclusión y el desorden, nada más lleva nuestro rezago a otros niveles, nada más lo acerca más a los cielos, pero no lo combate.

  • Nuestro México, va por buen camino

    Nuestro México, va por buen camino

    No, no es un slogan, no es un discurso del Presidente mientras el país se cae a pedazos. Es más bien un intento de ver a México desde una perspectiva de vaso medio lleno. Y los lectores me dirán ¿Qué le pasó a Cerebro? ¿Cuando va a pasar a las oficinas del gobierno por su cheque?, y es que a veces las crisis donde tocas fondo pueden ser un cambio de viraje, porque el crecimiento es doloroso.

    Nuestro México, va por buen camino

    Hace varios años tuve una frustración «amorosa» (así entre comillas) muy dolorosa. Eso implicó para mí una enorme sacudida a mis estructuras mentales, días en que sentía que todo se había caído. Así como México se siente hoy, yo me sentía, así como cuando dices «me dueles México», así me dolía a mi. Eso tuvo que ver con el hecho de que varias cosas dentro de mí no estaban bien, estaban lo suficientemente mal como para dejarme atraer por personas que estaban realmente mal. Posiblemente me sentía solo en ese entonces, pero ese trauma, ese golpe, hizo que no tuviera otra alternativa más que mirar hacia adelante.

    Paradójicamente no era el peor momento de mi vida, ni era mi peor versión, pero todavía no era la versión que debía de ser y ese golpe llegó a recordármelo. Lo mismo pasa con México, con todo y lo que estamos sufriendo, podemos decir que estamos algo mejor que en, 1994. Tenemos una sociedad más despierta, tenemos acceso a más información. Pero no somos nuestra mejor versión como país, y este duro golpe (Ayotzinapa, lejanía de la clase política y descontento social) viene a recordarnos que hay muchas estructuras que debemos de derribar y de cambiar.

    La masacre de Ayotzinapa es consecuencia de muchas cosas que se hicieron mal por mucho tiempo, de estructuras nocivas que permanecieron ahí y que nadie les puso atención. Darnos cuenta de ello y sacudirnos fue algo muy doloroso, pero fue uno de esos golpes que harán madurar a la sociedad. El hecho de que la lejanía de la sociedad con la clase política sea motivo para salir a las calles es otra sacudida, es darnos cuenta de que no podemos seguir así. La figura de Peña Nieto a quien tanto repudiamos es también consecuencia de estructuras que tienen que ser derribadas (y no me estoy refiriendo a tomar las armas), la realidad actual es insostenible, pero también lo es porque hemos tenido cierta maduración como sociedad. Tal vez una situación similar hace 20 o 30 años no hubiera tenido tantas repercusiones y lo hubiéramos «dejado pasar» como sociedad. Pero ahora ya no; ahora «ya nos cansamos».

    Todo es sombrío, oscuro ¿Y cómo no lo va a ser? Estamos en un momento de agitación, donde se comienzan a mover muchas cosas, y en estos momentos es donde los individuos debemos de tener una mayor capacidad crítica. Es un reto, nos estamos confrontando como sociedad. Ya nos hemos dado cuenta que lo que estamos haciendo como país no funciona, y tocará ver que es lo que vamos a hacer para empezar a cambiar las cosas. Los mexicanos estamos aprendiendo a no tolerar la corrupción, la impunidad. Los corruptos cada vez tienen más problemas para esconderse, siempre han existido, pero el que los ciudadanos tengamos cada vez más posibilidades de exhibirlos, puede ayudar de alguna manera a inhibir la corrupción, porque los que salen de las cloacas son muchos, cada vez más

    Tenemos un lío por delante, pero tal vez esta coyuntura pueda ser el inicio de algo bueno. El que esto sea insostenible nos obligará a hacer las cosas de otra manera. Las formas en que se conduce la clase política actual están empezando a dejar de funcionar, 91% de los mexicanos creen que los partidos políticos son corruptos según Transparencia Internacional (el índice más alto en todo el mundo). México duele, pero lo que no te mata te hace más fuerte, pero los mexicanos tenemos una responsabilidad, y es que nos tenemos que repensar, tenemos que imaginar donde queremos estar en un futuro.

     

  • La corrupción me da Peña

    La corrupción me da Peña

    Recien subí una tabla a la Fan Page de Facebook (que pasé a Excel pero cuya fuente es el Programa de las Naciones Unidas del Desarrollo) donde se muestra como México es el campeón de la corrupción en Latinoamérica, relacionado a las mordidas y a los sobornos. Por ejemplo, el 20% de los mexicanos afirma que algún policía le pidió mordida en los últimos 12 meses. En Brasil sólo el 4% lo afirmó, y en Venezuela 7.8%. En México, el 21% afirma que se justifica pagar soborno, ¡El más alto de Latinoamérica!

    La corrupción me da Peña

    La corrupción es una clara muestra de que las instituciones no funcionan bien. La gente se corrompe más fácil en un ambiente donde no existe un estado de derecho, e incluso la corrupción es contagiosa: Si las personas perciben que las instituciones funcionan para unos cuantos, tenderán a corromperse de forma más fácil puesto que asumirán que es absurdo respetar la ley cuando esta sirve a unos cuantos, o bien, nadie la obedece. Y eso es lo que pasa con México.

    Algunos historiadores afirmaban que México era corrupto porque en tiempos de la Nueva España las leyes eran tan duras que el individuo se acostumbraba a evadirlas. Pero el problema en realidad es más simple, el problema está en las instituciones, en la forma en que está organizada una nación. El ser humano no tiene en sus genes el «chip de la corrupción», se comporta así porque vive dentro de un sistema que la promueve y que le dice que si quiere salir adelante, necesita echar mano de ella. El hombre se adapta a su entorno.

    Por eso es simple, pero muy difícil disminuir la corrupción hasta niveles tolerables. Tendría que haber un gran esfuerzo de voluntad de quienes son parte de las instituciones, pero también por parte de los ciudadanos. Esto implicaría cierto sacrificio a corto plazo para obtener un beneficio tangible a largo plazo. Tal vez por esto algunos afirman que la corrupción es algo cultural, porque es tan difícil erradicar que piensan que ya es algo de nosotros.

    Pero quienes afirman eso, entre ellos el Presidente Enrique Peña Nieto, no sólo se equivocan, sino que dicha afirmación puede ser usada para tomar una actitud displicente ante el problema de la corrupción: -Ah, es que los mexicanos somos así, desde que nací ha habido corrupción, ya nos amolamos-. Pero las evidencias contrarían a quienes hacen ese tipo de aseveraciones, y una de las más simples es la que hizo León Krauze en ese «ejercicio» donde varios periodistas (alguno de ellos paleros, hasta con toque seductor) entrevistaron al Presidente. Krauze puso el ejemplo de los mexicanos que residen en Estados Unidos, donde ellos respetan la ley, no dan mordidas y no se pasan los altos. También hizo la comparación entre Noruega y Rusia, donde sus instituciones han creado dos realidades diferentes para con el petróleo.

    Pero yo voy más allá, libros como Why Nations Fail de Acemoglu y Robinson, y El Manual del Dictador de Bruce Bueno y Alastair Smith, hablan de las diferencias entre los países que son prósperos y los que no lo son. Ambas obras demuestran que dichas diferencias no se deben necesariamente a la cultura sino a las instituciones, y como es que son las coyunturas (como se explica detalladamente en Why Nations Fail) las que van determinando cuales son las naciones que se desarrollan y cuales no, y no es ni la cultura, la geografía o el clima (esto último alguna vez lo llegué a creer debido al orden actual donde los países más desarrollados tienden a ser más fríos y a las afirmaciones que llegó a hacer Montesquieu de ello). Un ejemplo que citaban los autores era la diferencia entre Nogales Sonora, y Nogales Arizona, ciudades vecinas separadas por la frontera que comparten el mismo clima e incluso las dos ciudades son habitadas por personas de origen mexicano, pero cuyos niveles de desarrollo son disimiles.

    Pienso que para combatir la corrupción, lo primero que se debe de hacer es reconocer que se trata de un problema institucional, instituciones que sostienen la silla desde la cual se está gobernando, y que no se trata de un problema exógeno. De lo contrario nos auto condenaremos a ser corruptos para siempre, y más si le creemos esa afirmación a un Presidente que afirma que en México todas las denuncias con su debida prueba son resueltas: ¡Por favor!

     

  • Ser primera dama en México

    Ser primera dama en México

    Siempre se habla de los presidentes que ha tenido la nación. Ese mito llamado Lázaro Cárdenas, el represor Díaz Ordaz, los presidentes que «fregaron» al pueblo (aquí muchos podrían poner a todos), los emperadores, los laicos, los tontos. La percepción del la figura presidencial es algo paradójica. Cada que vienen elecciones se finca la esperanza en un cambio, como si el simple cambio de mandatario nos pudiera traer progreso. Se cree todavía que el presidente es ese poder supremo que lo puede todo, al que se debe de recurrir en caso de cualquier problema. Pero a la vez la población padece al presidente, se burla de él, lo critica, y si le preguntamos a la gente común cuales han sido presidentes ejemplares, podrán mencionar a muy pocos, o a ninguno.

    Ser primera dama en México

    A la primera dama se le ve como algo secundario, como un accesorio (amén del país machista que somos), o bien puede tener la iniciativa y alentada por la corrupción o falta de carácter de su marido Presidente, alimentar su ego, hacer y deshacer. Tal como lo muestra el libro de Sara Sefchovich en su libro «La Suerte de la Consorte«, una obra que todo mexicano debería de leer y que sería algo así como la versión femenina de la trilogía de Enrique Krauze (esta última a mi gusto, la mejor referencia histórica para que el mexicano conozca su historia).

    Y la verdad, si buscar un buen presidente en México es muy difícil, también es difícil hacerlo con las primeras damas. Algunos pensarían que son un pan de Dios, porque según nuestra idiosincrasia, deben se ser mujeres sensibles, que se preocupan por los niños, por el marido. Pero la verdad es que a través de la historia de México han habido dos tipos de primera dama. El primer tipo es el más común y repetido, y es la dama sumisa al marido presidente en sus diferentes presentaciones (desde las que se quedaban en el hogar y nada más, hasta las que se limitaban a acompañarlos en sus giras). El segundo es aquella dama con iniciativa, pero despilfarradora y alimentada por la corrupción o permisividad del presidente en turno. Así lo fueron Carmen Romano de López Portillo, María Esther Zuno de Echeverría, Eva Sámano de López y por supuesto, la inolvidable Marta Sahagún.

    A mi juicio, la que más se ha acercado a ser una buena primera dama es Margarita Zavala, quien ha tenido más iniciativa sin llegar a la megalomanía de las anteriormente mencionadas (posiblemente debido a que es la única que ha estado dentro de la política) y aún así hay temas que se le pueden cuestionar como el tema de la Guardería ABC, entre otros.

    La verdad es que el trabajo de la primera dama a través de la historia en México no ha servido de mucho. Han llevado a cabo diversas campañas asistencialistas, dado donativos, dirigido al DIF, y su trabajo no se ha traducido en resultados palpables, y lo más que han hecho es contener temporalmente un problema que se tiene que resolver de raíz. Las primeras damas están lejos de ser el ejemplo del gran talento de la mujer y de su capacidad para influir positivamente en la sociedad. Y es que en esa figura, que ni siquiera está institucionalizada, quedan muy patente dos males: Uno que aqueja a las mujeres que es el machismo y la falsa creencia histórica de que la mujer debe de encargarse del hogar y no de las actividades «de los hombres», y el otro que aqueja a todos por igual, y es la corrupción.

    Yo estoy de acuerdo con Sara Sefchovich en que se debe de institucionalizar la figura de la primera dama, la cual, como el Presidente, sea una servidora pública que goce de sueldo y que los mexicanos puedan exigirle resultados. Las primeras damas (término creado por los estadounidenses quienes les han dado más importancia a esta figura) posiblemente existen como recurso para mostrar ese lado amable y familiar del Presidente, pero su trabajo no debe limitarse al hogar, incluso se les debería exigir tener preparación para tomar ese puesto. Porque la historia nos ha enseñado que muchas campañas creadas por ellas han sido producto de la improvisación y de las ocurrencias.

    Pero antes de desear eso, me gustaría ver en México a una presidenta mujer ¿Será que alguien actualmente tiene la capacidad para ello y quiera lanzarse al ruedo?

  • México, Brasil, Memo Ochoa y la algarabía nacional

    México, Brasil, Memo Ochoa y la algarabía nacional

    Muchos no dábamos un peso por la selección. Y eso tenía mucho que ver con el ridículo que hicieron en Concacaf donde ni siquiera habían merecido calificar al mundial. Esto aunado a la corrupción dentro de la federación. ¿Qué es lo que tiene que pasar para que la selección se lance adelante? Emilio Azcárraga, dueño del futbol mexicano (aunque ahora parcialmente por la irrupción brutal de Carlos Slim, su rival) dio un manotazo y puso al Miguel Herrera que le dio el campeonato a sus Águilas. Sabían que si México no calificaba, muchos de sus intereses podrían venirse abajo.

    México, Brasil, Memo Ochoa y la algarabía nacional

    La selección es un espectáculo, pero todo espectáculo es negocio. El problema con el futbol es que para que sea negocio no se necesita tener un equipo altamente competitivo, sino solamente que califique al mundial. La diferencia entre el business y el not business, se encuentra en si México califica o no. Al final la decisión de los de pantalón largo, es decir, Emilio Azcárraga terminó siendo acertada y sacrificó un poco a su América para poner los huevos de oro donde había mayor negocio, que es la Selección.

    Pero se encontraron con un problema. Los aficionados no tenían fe en la Selección. Eso podría hacer el negocio menos atractivo. Bastaba con que el aficionado tuviera ciertas esperanzas aunque sólo calificaran a octavos de final como siempre, pero ni siquiera eso había y por lo cual emprendieron una campaña titulada #QuieroCreer, pensando en que la fe, ante la falta de argumentos, puede mover todo, e instalar a los aficionados en la televisión para así poder vender espacios publicitarios y demás fuentes de ingresos.

    A partir de ahí, lo que ha sucedido no ha sido tanto por ellos, y más bien a pesar de ellos. Herrera recibió una selección basura y lo ha convertido en algo decente. No es la mejor selección que ha ido a algún mundial, de hecho ha sido una de las más flacas en cuanto a nivel. Pero contra los pronósticos, está cerca de calificar y se metió a sacar el empate a Brasil en su propia casa, lo cual es memorable. Ciertamente Memo Ochoa se convirtió en el héroe y podría tener argumentos para quedarse con el premio del portero del mundial, pero la Selección Mexicana, a pesar de su inferioridad, le jugó al tú por tú, con una actitud ganadora y sin miedo. Una diferencia abismal si comparamos a esta selección con la que perdió con Honduras en el Estadio Azteca.

    Se han superado las expectativas pero en realidad no se ha ganado nada más allá de un empate que rompe con la estadística tradicional. México todavía puede quedar eliminado, y lo más posible es que repita la historia de siempre, que califique a los octavos de final y ahí quede. Ese escenario podría ser cómodo para aquellos conformes con el negocio. Se dirá que contra los pronósticos se logró calificar, pero viéndolo en términos un poco más «macro», será la repetición de la historia de siempre, y de esta forma no habrá muchos alicientes ni muchas exigencias para mejorar el futbol.

    Sorprende el gran apoyo que recibe la selección de sus aficionados. Aunque el campo de batalla sea amarillo, ese ínfimo porcentaje de aficionados mexicanos que asistieron se hicieron notar e incluso se llegaron a imponer a los locales. La cuestión es por qué no podemos ser así en temas más trascendentales, y ahí nos agachamos y nos escondemos en la comida familiar para criticar por qué todo está mal sin hacer algo para mejorar las cosas.

     

  • #ContraElSilencioMX Y México despierta contra la censura en Internet

    #ContraElSilencioMX Y México despierta contra la censura en Internet

    Yo creí que el mexicano estaba ya tan desanimado, que se había hecho la idea de que había que acostumbrarse, que estaba quemado, vencido, y que la frustración lo paralizaba. El tema de las leyes secundarias propuestas por Peña Nieto relativas a la Reforma de las Telecomunicaciones llevaba algo así como dos semanas tocándose y nada más la gente no se levantaba. Ciertamente la Semana Santa y demás coyunturas ¿a propósito? pudieron influir. Pero lo que sé es que cuando el individuo regresó de sus vacaciones, se dio cuenta que algunos de sus derechos están en riesgo.

    #ContraElSilencioMX Y mexico despierta contra la censura en Internet

    Gracias también a la campaña orquestada desde la semana pasada para posicionar trending topics como #EPNvsInternet y #ContraElSilencioMX el tema se hizo mainstream y la indignación se generalizó entre todos los ciudadanos que no estamos de acuerdo en la forma en que está gobernando Enrique Peña Nieto, entre la que se incluye la GRAN mayoría de la clase media y alta ilustrada. Enrique Peña Nieto y para los que él trabaja, creen vivir en un mundo paralelo donde los ciudadanos no existen.

    Peña Nieto no asiste a ningún evento con público que no sea controlado, su popularidad cae cada vez más y el escepticismo es cada vez mayor. Algunos pensamos en que lograrían crear expectativas en sus primeros años de Gobierno, pero tenemos un país inseguro, con un estado de derecho totalmente deteriorado, una economía que no avanza, y que para ponerle la cereza al pastel, se quiere censurar a quienes se oponen a él.

    He tratado de buscar argumentos a favor de las leyes propuestas por Peña Nieto y me he encontrado con muy pocas como un artículo de Federico Arreola. Pero la verdad este artículo, que es el más cercano a ser uno que se pueda tomar en cuenta, no convence, y al final pareciera estar escribiendo un spot para el gobierno. Los artículos propuestos son lo suficientemente explícitos y ambiguos a la vez para saber el riesgo que corremos los mexicanos que queremos una democracia y que tengamos peso en las decisiones que se toman en este país.

    Yo lo he dicho. Hasta hace poco (antes de que llegara el manotazo de Peña Nieto) reconocí que esta podría ser una reforma muy benéfica para el país, porque a pesar del ligero sesgo que veía a favor de Televisa, era muchísimo más lo que se avanzaba que lo que se dejaba de avanzar. Ciertamente no es toda la reforma la que está mal, hay puntos buenos en ella. El problema son esos artículos que invitan a la regresión, al autoritarismo, a la antidemocracia, a la dictadura de unos pocos.

    Esto es una muestra de que Peña Nieto y su grupo le tiene miedo a los ciudadanos. Si en realidad estuviera «Moviendo a México» y trabajando por el país, no habría esta animadversión. ¿Por que la censura, a qué le temen? No, no se me haría raro que en algún momento sucediera algo como en Venezuela. Ciertamente nuestra economía no ha llegado a ser la catástrofe que es la venezolana, pero la animadversión crece, nadie cree en el gobierno, las decisiones tomadas por los gobernantes actuales molestan a los ciudadanos, sean de derecha o de izquierda.

    Alguien me dirá que es un ataque ad hominem. Pero ¿Ustedes creen que un Presidente que llegó al poder comprando votos masivamente, cuyo partido solapó a un depravado sexual que utilizaba recursos públicos para sus cochinadas como Cuauhtémoc y lo hizo Presidente del PRI en el DF (cochinadas que seguramente conocieron las cúpulas del partido) va a aprobar esos artículos porque «les preocupa la seguridad de los ciudadanos? No lo creo.

    ¡Qué bueno que México esté despertando! Los ciudadanos podemos demostrar que podemos ser más rectos que los gobernantes, que podemos romper nosotros mismos con esas ataduras, con ese «el que no tranza no avanza», con ese «un político pobre es un pobre político», podemos demostrar que somos diferentes para poder aspirar a tener un gobierno diferente.

    ¡Queremos un México libre, plural, democrático y desarrollado! ¡No vamos a dejar que Peña Nieto y su grupo se salgan con la suya! Nosotros podemos, chingada madre (no me gusta usar mucho majaderías, pero esta vez vale la pena).

  • México tan… corrupto

    México tan… corrupto

    El título de este artículo podrá sonar muy pesimista o agresivo, pero en realidad sólo es descriptivo. México es un país muy corrupto, y la corrupción es no sólo un defecto, es parte del sistema, la forma en que las cosas funcionan en México no pueden entenderse sin la corrupción. De hecho sin esa variable se tendría que cambiar la forma en que nuestro país trabaja, porque no sólo pareciera que se tolera la corrupción, sino que se promueve.

    México tan... corrupto

    -Y cuando el Presidente Peña Nieto soplaba las velas del pastel en el 85 aniversario de su partido, todos los tricolores gritaron ¡mordida, mordida!-.

    Pero no sólo es el PRI ni es exclusivo de éste partido el problema de la corrupción. El tema de Oceanografía mancha la reputación del PAN, porque ese robo tuvo lugar dentro de sus gobiernos, y los azules no hicieron nada, más bien, en algunos casos, parecieron ser partícipes. Y la ola de la corrupción no deja atrás a los perredistas, que la flamante línea 12 del Metro inaugurada con mucho orgullo por Marcelo Ebrard, tuvo que ser cerrada parcialmente porque las vías no correspondían con los vagones, lo que causó su prematuro desgaste. La razón para que esto hubiera sucedido, sí, corrupción.

    Los tricolores saben que no pueden presentarse como un partido limpio, pero sí pueden mostrar a los demás como igual de sucios, por eso es que el tema del Monexgate, donde la comisión creada por nuestros legisladores comprobó que rebasaron 10 veces el tope de campaña en las elecciones pasadas (si eso no es fraude electoral, que es), ha quedado en un segundo plano, mientras se habla insistentemente de Oceanografía y de la línea 12 del Metro de la Ciudad de México.

    México está sumido en una crisis corruptil, a pesar de que exista una incipiente conciencia en la sociedad. Pero todavía no es lo suficientemente grande como para que los políticos dejen de lado sus prácticas. En Guadalajara subieron el precio del autobús en medio de muchas críticas, prometieron mejorar el transporte, pasaron unas semanas para enterarnos que un «camionero» atropelló a decenas de estudiantes en una parada (con víctima fatal incluida) y después de una junta de «control de daños» en el gobierno, decidieron regresar el precio del autobús a seis pesos, al tiempo en que metían al tambo al chofer, creaban miles de comisiones y reglas por encimita, claro, sin tocar a la mafia que está detrás de los autobuses, cuyos dirigentes abusan de los choferes, lo cual aumenta el número de fatalidades cometidas por estos mismos. Naturalmente si Guadalajara no tuviera una sociedad que poco a poco comienza a ser más consciente, ni siquiera estas soluciones por encimita, hubieran ocurrido.

    Bruce Bueno y Alastair Smith afirman que en Rusia se promueve la corrupción para que dirigentes como Vladimir Putin se mantengan en el poder. ¿Cómo le hacen? Pagando poco a los servidores públicos. ¿Por qué? Porque de esta forma se les da rienda suelta para que sean corruptos, pero también de esta forma dichos servidores no se pueden rebelar. Por ejemplo, Bueno y Smith afirman que en Rusia a los policías no les pagan más que el equivalente a $5,000 pesos mensuales, pero dejan que se corrompan, siempre y cuando sean leales al sistema, porque de lo contrario, el gobierno (el mismo promotor de la corrupción) podría castigarlos por «corruptos». ¡Pero bueno, eso sólo pasa en Rusia!, en México eso no pasa porque los policías ganan, esteee… y los maestros, a ver, esperen, ahorita vuelvo, acabo de recordar que dejé a mi abuelita en la parada del camión, me tengo que ir, adiós, adiós.

    Rusia es un país que tiene muchísimas cosas en común con México (con la excepción de que no tenemos tantas gimnastas bonitas, ni ese alfabeto cirílico al cual no le entendemos), y la forma de gobernar no es muy diferente. Los dos países vienen de régimenes antidemocráticos (el de Rusia, sí, más totalitario y opresivo) surgidos de sendas revoluciones (la rusa y la mexicana), tuvieron una transición democrática a medias y corren el riesgo de cierta regresión, y claro, los dos países tienen abundante petróleo (recordemos que la abundancia de recursos naturales tiende a corromper a las naciones). Entonces no es raro pensar que en México se promueve la corrupción con el fin de que el Gobierno se pueda sostener en el poder. Vayamos al Estado de México, de donde es originario nuestro Presidente y veamos en que estado está. Es el estado más corrupto, tiene los peores indicadores tanto en corrupción, feminicidios, inseguridad. Y aún así, su Gobernador pudo obtener la Presidencia de la República. Habrá que pensar si esto tiene que ver con la tolerancia y displicencia ante la corrupción, o por la corrupción misma.

    Cierto que hablar de una nación donde la corrupción no exista, es hablar de una utopía irrealizable. Seguramente si te vas a vivir a Finlandia, Islandia, o Nueva Zelanda vas a escuchar de algún caso de corrupción. Lo que sucede es que en estos países los niveles de corrupción no son lo suficientemente grandes como para lacerar el progreso y la estabilidad de la sociedad. En cambio países como México y Rusia pueden afirmar que se han estancado, en gran medida, por la corrupción.

    Así que si deseas combatir la corrupción, tal vez no sólo te enfrentarás con antivalores muy arraigados difíciles de extirpar, sino con aquellos a quienes podrías afectar su deseo de poder.

     

     

  • ¿Cómo ser feliz en México?

    ¿Cómo ser feliz en México?

    Los economistas tratan de entender la felicidad como la capacidad que tiene un individuo para consumir. Si el PIB per cápita es más alto, seguramente los individuos serán más felices. Los religiosos la relacionan con la espiritualidad y la capacidad de tener una relación con un dios. Los sociólogos podrán hablar de la pertenencia de un individuo a la comunidad. Los sexólogos la podrán basar en la satisfacción sexual del individuo. Lo cierto es que ser feliz al final tiene que ver con la satisfacción que una persona tiene consigo misma y con su entorno. Y como las personas tienen diferentes prioridades, entonces lo que a una persona lo hace feliz, a otra persona puede no darle tanta felicidad.

    ¿Cómo ser feliz en México?

    Pero ¿Cómo ser feliz en México? Algunos estudios afirman que México es un país feliz y siempre es colocado en un lugar generoso en las tablas de los países más felices del mundo. Hay cosas que juegan a nuestro favor, el clima y la posición geográfica ayudan. Los países que reciben menos luz del sol como pueden ser Noruega, Canadá, o Rusia, tienden a tener mayor gente deprimida, sobre todo en los inviernos donde en el mejor de los casos, el sol sale unas pocas horas. En México no pasa eso, y es curioso que la gente que vive más cerca del ecuador, tiende a ser vista como más cálida y amable.

    Pero no todo es positivo. Vivir en un país donde las malas noticias son pan de cada día, donde se tienen problemas graves de seguridad, donde ni el estado ni el mercado son capaces de garantizar cierto bienestar a muchos mexicanos, puede ser un tanto frustrante. El exponerse ante un huracán de malas noticias puede causar un efecto adverso en el ánimo del individuo si no está psicológicamente preparado para ello.

    Pero a veces esa carencia o búsqueda por satisfacer necesidades no resueltas, que pareciera negativo, puede atraer felicidad. A veces tener la vida resuelta puede terminar generando hastío en un individuo. Las carencias, son las que muchas veces, incitan al individuo a emprender. Cuando pensamos en adquirir a futuro una casa, o pensamos en buscar cierta estabilidad económica, lo hacemos porque en el presente no lo tenemos, carecemos de ello. Entonces creamos planes con el fin de poder saciar esa necesidad. Debido a que hay una motivación, ello nos produce una satisfacción. Por eso es que la felicidad no es algo que se deba alcanzar, no es una meta, la felicidad es la forma en como disfrutamos el recorrido del camino.

    Los que viven en algunos países desarrollados y han satisfecho sus necesidades pueden caer en el hastío, aunque eso no significa que no puedan entretener sus mentes por medio de otros retos o ambiciones. El problema en nuestro caso, viene con el nivel de estrés que puede causar la frustración al buscar cierto objetivo. Un psiquiatra me comentaba que niveles tolerables de estrés y ansiedad son necesarios para el desarrollo del ser humano, gracias a estos sentimientos que podrían ser negativos en un principio, el ser humano creó inventos, innovó y desarrolló mejoras con el fin de suplir esas carencias y dicha condición impulsó a los seres humanos a moverse. En cambio, cuando dicho estrés y, o ansiedad, rebasan los niveles tolerables, causan el efecto adverso, paralizan al individuo, y lo ponen en una condición donde puede terminar afectando a los demás, lo que se traduce en una laceración del tejido social.

    En México se puede ser feliz de varias formas. nuestra calidez ayuda a ello. Pero tal vez el reto de buscar trascender en un país donde se nos ha enseñado a que eso es poco posible, podría ser una buena idea. Algunos creen que el individuo se debe de alejar de las malas noticias. Posiblemente sea prudente alejarse del sensacionalismo, pero lo prudente es que el individuo está informado, porque los factores externos afectarán al individuo sin importar si éste los conoce. Por el contrario, su desconocimiento lo podría agarrar desprevenido. A pesar de la situación en la que se pueda encontrar el país, la elección de ser feliz, reside, en la mayoría de los casos, en uno mismo.