Etiqueta: mexico

  • México, ese niño bueno que nadie quiere ser

    México, ese niño bueno que nadie quiere ser

    México, ese niño bueno que nadie quiere ser

    Se dice, que quien se siente incapaz y débil suele protegerse bajo el manto del niño bueno. Así, cree justificarse moralmente para cuestionar por qué es que le va mal y reclama al mundo por qué está colocado en una situación de desgracia. -Pero yo soy bueno, yo no le hago daño a nadie ni me meto en problemas -. Intenta mantenerse irrelevante esperando que la justicia caiga por cuenta propia, cree que su pusilanimidad es parte de esa bondad, de ese sentimiento de superioridad moral por asumirse como bueno. No tiene muchos problemas porque no se mete en problemas, no le gusta tener conflictos con la gente porque asume que tener conflictos es malo.

    El niño bueno muestra una faceta conciliadora al exterior, pero se agravia mucho internamente y vive en un eterno conflicto. El niño bueno suele lastimarse a sí mismo ante la frustración y la impotencia, se compara con sus semejantes y se frustra al ver que él no tiene lo que ellos sí. No sabe como forjarse a sí mismo ni adquirir una identidad propia porque todo está supeditado a lo que hacen los demás. Desvaloriza sus virtudes -sin importar su potencial- porque no empatan con las que sus semejantes presumen. El niño bueno no es atractivo, tiene dificultad para crear amigos y a veces deja dominarse por ellos para no perderlos creando una relación de codependencia. Al niño bueno tampoco le va muy bien con las personas del sexo opuesto:

    México: Hey Canadá ¿Quieres andar conmigo… en el TLC?

    Canadá: No, lo siento querido México, tú vales mil, ojalá hubieran más países como tú -tus tradiciones, tu cultura, tus minas que nosotros explotamos- pero podemos ser muy buenos amigos.

    México: ¿Pero por qué te vas con él -Estados Unidos-? Es grosero y arrogante, es un patán.

    Entonces Canadá decide irse con el macho alfa naranja.  El macho beta nieto le parece algo tierno, pusilánime y aburrido. El macho alfa es fuerte y poderoso.

    México representa al arquetipo del niño bueno, siempre ha pretendido jugar un papel similar. Su historia, como la del niño bueno, es la de quien funge constantemente como víctima: Me robaron el territorio, me invadieron los franceses, me explotaron, me robaron mis recursos.

    Pero México, como el niño bueno, nunca se molestó en resolver sus conflictos internos, su «división interna». La historia de México es la de una víctima que trata de quedar bien con el victimario (el bully) para evitar cualquier conflicto, aún así si eso implica darle el lonche del recreo. No es gratuito que Peña Nieto apenas, y de forma timorata, se haya pronunciado y haya dicho que México no va a pagar el muro. 

    México suele tomar una postura lo más neutral ante conflictos internacionales para no «meterse en pedos». Si la toma -como sucedió en la Segunda Guerra Mundial donde se limitó a mandar un escuadrón- es bajo el manto protector de uno de sus pocos amigos, con el que tiene una relación codependiente y quien -supone- lo va a defender si alguien quiere «acomodarle unos buenos trancazos». 

    Lo más triste, es que algunos de estos niños buenos -entre ellos ese que se llama México- no son personas tontas ni discapacitadas. Por el contrario, tienen el potencial intelectual como para poder superar su condición y convertirse en personas relevantes, pero debido a su autodesprecio y su falta de confianza, no se han molestado siquiera en descubrir sus talentos y virtudes. Son diamantes en bruto que no tienen los arrestos para sacar su brillo.

    ¿México puede ser un país «chingón»? por supuesto que sí. ¿México puede convertirse en un país relevante, un país que tenga peso? Sí. No sólo por sus recursos naturales o su geografía, sino por sus recursos humanos. ¿Por qué no lo es? ¿Por qué México sigue siendo ese niño bueno? Porque no tiene confianza en sí mismo, porque mira al pasado, porque se cuenta una historia donde siempre ha sido víctima cuando nunca se ha respetado a sí mismo. 

    -¡Hey Peña! Te veo en el recreo, y más vale que me des tu dinero porque quiero hacer mi lonche great again-.

  • ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump?

    ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump?

    ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump?

    Ante la llegada de Trump al poder, hay quienes piensan -en México- que se abre un mundo de oportunidades, y hay otros que predicen una hecatombe para nuestro país. Yo sugiero un punto intermedio entre los ilusos -ser optimista en exceso es ser iluso- y los pesimistas.

    De hecho, lo que me da más miedo de Donald Trump no tiene que ver directamente con México, y eso es algo de lo que no todos hablan.

    Es decir, lo que genera mucha ansiedad aquí es que Trump va a construir el muro -el cual vamos a pagar, dice-, que va a deportar a muchos connacionales,  y que planea cancelar el TLC-, del cual hasta hace poco muchos dudaban de sus beneficios-. De esos tres puntos, la deportación de muchos connacionales es la que me preocupa más -seguramente serán mucho menos de los que prometió, aunque no dejará de ser un número considerable-, porque muchos serán desterrados y mucha familias quedarán rotas. No es que no importen las otras, sí importan, pero no es el final del país.

    ¿Por qué no me preocupa tanto? Porque no creo que México dependa o deba depender completamente de Estados Unidos; de hecho, esa relación de dependencia es relativamente reciente. No es como que no se pueda entender a México sin una relación estrecha con Estados Unidos.

    Lo que me preocupa de Trump, eso de lo cual no se habla tanto, no es su relación con México, sino la que tendrá con su propio país y con el mundo, así como las implicaciones geopolíticas que su presencia pueda tener.

    Me preocupa, por ejemplo, esa tendencia de Occidente hacia el nacionalismo abrazado (y posteriormente abrasado) por demagogos tendientes hacia el autoritarismo. Y preocupa por lo que representa Trump al frente del país que todavía tiene mayor influencia ideológica y cultural sobre el mundo.

    La democracia está en peligro, pero aún así, si sortea los malos tiempos -lo cual creo que sucederá-, regresará en una mejor versión. Esta cadena nacionalista fue una advertencia para los liberales, por ejemplo, que encajonados en su corrección política, preocupados por solo algunas minorías (de raza, género o preferencia sexual) se olvidaron de toda la sociedad en su conjunto. Pero claro que hay razones por las cuales nos debemos mantener en alerta, y comparto la petición de que no se debe «normalizar» a este magnate con inclinaciones fascistas.

    Pero México puede sobrevivir a Trump.

    Si a Trump se le ocurre cancelar el TLC, o lo negocia de tal forma que quedamos en desventaja, todavía tenemos varias alternativas, muchas de las cuales ni siquiera habíamos contemplado porque ya nos habíamos acostumbrado a esa relación de dependencia.

    Incluso no se equivocan del todo quienes dicen que esta crisis puede abordarse de tal forma que se transforme en una oportunidad. Ésta puede ayudar a México a replantearse como nación. La contraparte es que para esto se necesita mucha visión, y eso es algo de lo que carece el gobierno actual (en todos los niveles).

    Y no estoy diciendo que no vayamos a padecer nada. Muy posiblemente podamos ver a corto plazo algún impacto en nuestra economía al ver reducido el intercambio de productos y servicios con Estados Unidos, habrán trabajos que se pierdan -sobre todo al norte del país-, posiblemente entremos en alguna suerte de recesión económica, pero no creo que sea un día desolador del cual no podamos salir o que pueda comprometer nuestro futuro a largo plazo si somos inteligentes.

    Una alternativa es diversificar nuestra economía. Ante una estrella menguante como la de Estados Unidos, podríamos mirar a países como China, la misma Europa o todas esas naciones asiáticas que emergen gracias a la globalización mientras Occidente se estanca.

    Si Estados Unidos se cierra y cae en un nacionalismo absurdo, México podría llenar esos vacíos que deje nuestro vecino.

    Otra cosa que se puede hacer es fortalecer el mercado interno y trabajar a México desde adentro -lo cual no implica necesariamente que apostemos a una especie de proteccionismo-. México puede apostar a producir lo que importaba por poner un ejemplo. En un mundo globalizado gracias a las tecnologías de la información es más fácil absorber conocimiento que en la etapa pre-TLC, y por lo tanto la curva de aprendizaje es menor.

    Se trata de una estrategia más ambiciosa que convocar en redes a comprar producto nacional para castigar a las empresas gringas -cuya mayoría no tienen nada que ver con el triunfo de Donald Trump, y que de hecho lamentan-. Ese nacionalismo absurdo de no comprar Coca Cola o Starbucks por un día no servirá en lo absoluto. No debemos caer en el mismo juego de cerrarnos.

    Lo que más me preocupa de México no es la llegada de Donald Trump, sino todos los problemas que tenemos dentro de nuestro país y que nos laceran mucho más que Trump.

    La corrupción, la violencia, los feminicidios -ahora que se hace énfasis en la misoginia de Trump-, las instituciones débiles, la impunidad. No podemos culpar a Trump de todas nuestras desgracias a corto plazo cuando ni siquiera nos hemos molestado en barrer la casa. Si queremos vencer a «la amenaza del hombre naranja» debemos vencer a nuestras amenazas internas primero.

    Buscar a enemigos a quien culpar es una pérdida de tiempo cuando el enemigo está en casa, y no me refiero a Peña Nieto -quien es tan sólo una manifestación-, sino a todos, a nuestros vicios como sociedad.

    ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump? Sí, porque no necesitamos de su presencia o ausencia para reinventarnos como país. Nos podrá meter en algunos aprietos -menos de los aprietos en que nosotros mismos nos metemos-, pero la capacidad que tenemos -porque tengo fe en que la tenemos- de ser un país grande reside en nuestra voluntad.

     

  • El Papa Francisco y los indignados

    El Papa Francisco y los indignados

    No faltan los «críticos», quienes están molestos por la venida del Papa Francisco a nuestro país. Es cierto, hay algunas cuestiones que pueden ser muy criticables, pero estas tienen que ver más bien con actores que tratan de sacar cierto provecho de la visita del Papa, como algunos sectores del Gobierno (que Angélica Rivera o Anahí realicen canciones al Papa es, o debería de ser, un insulto para los creyentes) o empresas privadas que buscan lucrar con la venida de Mario Bergoglio. Pero que este personaje, quien además es la cabeza del Vaticano, llegue a nuestro país, no tendría por qué causar indignación. Mucho menos debe indignar que creyentes vayan a admirarlo.

    El Papa Francisco

    No, no soy practicante, aunque ciertamente le tengo cierta simpatía al Papa Francisco. Pero aunque así no fuese, no debería tener razón alguna para «indignarme».

    82.7% de los mexicanos son católicos (cierto, son cada vez menos), y en una nación libre, cualquier persona debería de poder profesar las creencias que le plazca. Si un individuo decide ser católico, protestante, testigo de Jehová, musulmán, o pastor de Gokú, debería poder serlo sin ser molestado ni criticado. Cada persona tiene derecho de hacer su vida mientras ésta no afecte a los demás.

    Muchas personas que se autodenominan liberales, han comenzado a criticar a los creyentes, los llaman borregos, o publican memes apócrifos como el siguiente (dudo mucho que sean lectores voraces):

    12744440_525929454256024_11371680632942632_n

    Y afirmo que se autodenominan así, porque un liberal, por antonomasia, respeta las creencias de los demás. Un liberal, por poner un ejemplo, posiblemente no profese alguna religión y se considere ateo (un liberal no lo deja de ser si decide profesar una religión, como aclaración), pero respeta a quienes sí la profesan. Un liberal puede, sí, tener un sistema de creencias muy diferentes a las de un religioso (el aborto, eutanasia, matrimonios gay, por un decir) y lucha por ideales que se contraponen con los de las personas religiosas; pero si bien esta contraposición puede confrontarlo con los religiosos, no deja de respetar el derecho de la otra parte de tener su religión y sus creencias, como él tiene las suyas.

    Ese halo de superioridad moral de algunos, al criticar y considerar poco inteligentes a quienes profesan una religión, sólo deja patente su ignorancia. Máxime cuando ese tipo de personas solamente se encargan de repetir los mismos discursos, posts y dibujos que otros publican en las redes sociales. Creen que por el mero hecho de ser ateos son más intelectuales, saben más (porque vaya, para conocer bien una religión se necesita leer y estudiar mucho también) y son superiores, y con base en esas premisas falsas, se dan la autoridad moral de criticar y denostar a quienes han elegido una religión como su forma de vida.

    Es válido poner en tela de juicio lo que no se cree. Si un ateo emite una crítica a la Iglesia, o incluso a la doctrina, está en su derecho. Si quiere hablar de los casos de pederastía o la inqusición, también lo puede hacer. Pero una persona que se quiera autodenominar liberal, deja automáticamente de serlo cuando se burla o denosta a aquellas personas que han decidido profesar sus creencias.

    Curioso con un Papa que se ha mostrado bastante más tolerante con aquellos que estaban etiquetados por algunos integrantes de la Iglesia o algunos círculos conservadores, como los gays, y que en este sentido ha mostrado una mayor apertura.

    Dicen las lenguas, que lo que te choca, te checa.

  • Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    No sé ustedes, pero desde hace tiempo llevo escuchando más bien poco sobre nuestro querido, amado y guapetón mandatario Enrique Peña Nieto.

    Parece ser que últimamente no se ha metido en problemas, pero al mismo tiempo se ha exhibido muy poco. No sé por qué sea. Posiblemente han considerado que tiene que mantener un perfil bajo pensando en que las elecciones del 2018 están cada vez más cerca. Posiblemente esperen a que para ese entonces las reformas hayan surtido algún tipo de efecto.

    Es el 2016, y en México no pasa nada, todos siguen durmiendo

    Las redes sociales casi ya no hablan de él, casi no hay memes, ni mentadas de madre. Hay una curiosa y tensa calma. Algo de llamar la atención.

    El sistema sigue trabajando como sabe. El New York Times exhibió duramente en sus planas a nuestro querido presidente, para que después la misma presidencia respondiera afirmando que este diario está tergiversando la información. Lo cuestionaron duro sobre los temas que conocemos: La Casa Blanca, la fuga del Chapo y Ayotzinapa. Y los medios mexicanos callaron. Tan sólo Grupo Reforma, conocido por su enemistad con el gobierno actual, hizo caso de la nota.

    Y esa es una muestra del control que tiene el gobierno sobre los medios tradicionales. La crítica ya todos la conocemos, más bien es el peso de quien ahora emite dicha crítica.

    Pero aún así, esta nota sólo tuvo eco en la comentocracia y en algunos usuarios despistados de las redes sociales. Porque es la misma cantaleta que ya conocemos todos. Incluso me atrevería a apostar que si los medios tradicionales hubieran tomado la noticia, tampoco es como que la sociedad hubiera salido a las calles, ni siquiera habríamos hecho una campaña masiva en las redes sociales.

    Posiblemente porque de alguna forma ya nos resignamos. Ya entendimos que los estudiantes de Ayotzinapa no van a aparecer, y a pesar de que el GIEI y demás instancias han puesto en evidencia la «verdad histórica» posiblemente ya no pase mucho. Ya entendimos que Peña quedará inmune ante el tema de la Casa Blanca, y ya entendimos que el Chapo se escapó poniendo en vergüenza a todo nuestro sistema penal.

    Es decir, ya cerramos las heridas, mal cicatrizadas, por cierto.

    Y por eso, hemos preferido continuar con nuestras vidas. Al cabo ya en dos años ya estaremos eligiendo a quien nos gobierne durante los siguientes ocho.

    ¿Y sabes que es lo peor del caso?

    Que hasta el momento, la terna de candidatos que se perfilan no dan pie a la ilusión:

    Moreno Valle, Osorio Chong, El Bronco, López Obrador, Margarita Zavala. No sólo no ilusionan, sino que no se ve que alguno pueda hacer algo por cambiar el estado de las cosas. Algunos, como los primeros cuatro, cada quien en su forma, representan la forma de hacer política a la vieja usanza. Y la última, pues es una mujer que a mi parecer no tiene el suficiente liderazgo.

    Y es triste porque México supuestamente se encuentra en una coyuntura favorable con el bono demográfico. Es decir, en este lapso de tiempo nuestra población tiene el mayor porcentaje de individuos en edad de ser productivos. Antes, nuestra población era muy joven para que se diera esta condición, y en unos años (poco más de una década) cuando esta coyuntura termine, la población será muy vieja.

    En estas circunstancias es donde un país tiene mayores posibilidades de desarrollarse. Por ejemplo, Corea del Sur aprovechó dicha coyuntura para lanzarse al desarrollo. ¿Y nosotros estamos haciendo algo?

    Exceptuando algunos esfuerzos valiosos, pero todavía aislados (sobre todo en términos de innovación y desarrollo donde algunas cuantas instancias gubernamentales y ciudadanas parecen preocuparse por el tema), creo que estamos desaprovechando esa oportunidad.

    Y es que un país con instituciones tan débiles y con casos de corrupción que involucran al mismo presidente, es difícil pensar en que podamos aprovechar al máximo dicha coyuntura. Y hay que sumarle a candidatos que convencen a su seguidores fieles  de volver a atrás, como López Obrador, de defender «nuestro pinchi petróleo», de regresar la constitución a 1917 y de colgarse de la luz como estrategia de desobediencia civil.

    Es decir, en México no pasa nada cuando debería de estar pasando cosas buenas. Los más entusiastas me hablarán de las reformas, y posiblemente algunas vayan en el sentido correcto (no todas), pero para que funcionen bien se necesita un Estado de derecho sólido. A nuestro gobierno le parece interesar sobremanera los spots donde presumen «sus logros» en vez de tratar de crear las condiciones para que dichas reformas sean ejecutadas de manera óptima.

    Y yo no creo que Osorio Chong, el Bronco o López Obrador den en el clavo. Los distintos personajes por distintas razones.

    Los ciudadanos mientras, nos sentimos tranquilos, a la deriva, esperando que las circunstancias nos lleven por buen puerto.

    Algunos se organizan, crean organizaciones civiles, Think Tanks, pero todavía sin lograr esa masa crítica como para irrumpir en la realidad de nuestro país. No por su culpa, más bien es culpa de esa mayoría que no hace nada.

    Esa mayoría cuya máxima aspiración inmediata es compartir los memes de «sé como José» o de la camioneta dibujada o de Confused Travolta, y demás temas cotidianos.

    Entonces ¿Qué tendría que pasar en un país donde no está pasando nada?

    Y tal vez en 30 o 40 años nos lamentemos cuando algunos países que se encuentran en nuestro nivel, terminen superándonos por goleada, como Chile. Y volvamos a nuestro mantra de que no hicimos nosotros que sí hicieron Corea del Sur y China.

    Y no, no pasa nada…

  • La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    México es el país más ignorante del mundo.

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    Bueno, eso es lo que algunos encabezados de algunas páginas web sugieren erróneamente para llamar la atención del público. Muchos lo creyeron y muchos lo compartieron como si esa afirmación fuera cierta.

    Es paradójico que trate de exponer el problema de ignorancia que tenemos en nuestro país con un encabezado sensacionalista que sugiere que somos el país más ignorante del mundo.

    Muchas personas compartieron esa nota en las redes sociales. La vi varias veces en mi muro de Facebook, y bastó con hacer una búsqueda en Twitter para ver la resonancia que tuvo.

    En realidad la gente no se molestó en leer, o abrieron notas cuyos escritores no se molestaron en leer bien el estudio original.

    Sin ver el estudio, haciendo un juicio a priori, sé que esa afirmación es una falacia.

    Cierto, somos un pueblo muy ignorante. Pero existen países más pobres y con mayor falta de recursos que México (de hecho son más los más pobres que los más ricos), que por lo tanto tienen un sistema educativo más raquítico que tiene a su población sumida en la ignorancia. Sería absurdo pensar que el pueblo de Burkina Faso o Malawi es más culto que el de México.

    Eso es tan fácil de concluir, no necesitas haber ido a la universidad para saberlo.

    Pero mucha gente lo dio por sentado. Vieron la frase junto con el nombre de una institución, y vualá, lo dieron por hecho.

    Y aquí todavía no me he molestado en ver de que trata todo esto. Pero bastó con un razonamiento simple para explicar la trampa en la que cayeron muchos: «Si un cabezal lo dice, entonces es cierto». No sólo no verificaron la fuente ni mucho menos leyeron el contenido, sino que ni siquiera cuestionaron el contenido del cabezal.

    Bueno, ahora vamos al estudio. Supongo que sabes algo de inglés de tal forma que puedas entenderlo.

    Primer punto, dicho estudio tomó en la muestra a 33 países (de 197 países reconocidos en el mundo), la mayoría de dichos países son desarrollados, o bien, tienen cierto peso en el concierto de las naciones (como India o China). Cierto, estar en el fondo de esa lista no es nada halagador, pero eso de ninguna forma muestra que seamos el país más ignorante del mundo.

    Segundo punto, ese estudio no toca la ignorancia como un todo (solamente con relación al entorno de las poblaciones estudiadas). Más bien lo que cuestiona es que tan precisas son las percepciones de la población sobre algún tema frente a la realidad medible y cuantificable. El abstract del estudio relata el caso de la Gran Bretaña donde a los encuestados se les realizó preguntas cuantitativas sobre diversos temas como obesidad, población no religiosa, empleo femenil. En el caso de la isla, la gente piensa que en promedio el 1% más rico  tiene el 59% de las riquezas cuando en realidad es el 23%, o bien, creen que el 60% de las mujeres trabaja cuando en realidad lo hace el 69%.

    El propósito final del estudio no es exhibir que país es más ignorante que otro (aunque de alguna forma lo haga), más bien trata de medir las discrepancias entre la percepción y la realidad (que sí, a más amplia sea, el número de ignorancia es mayor) para determinar por qué esto sucede. Cito:

    There are multiple reasons for these errors – from our struggle with simple maths and proportions, to media coverage of issues, to social psychology explanations of our mental shortcuts or biases. It is also clear from our “Index of Ignorance” that the countries who tend to do worst have relatively low internet penetrations: given this is an online survey, this is therefore likely to reflect that this more middle-class and connected population generalise from their own experience rather than consider the much greater variety of circumstances in the full populations of their country.”

    Entonces tenemos tres conclusiones contundentes.

    1.- Que el cabezal por sí mismo es falso, y eso se puede comprobar mediante un razonamiento lógico sin siquiera ver el contenido.

    2.- Que la muestra del estudio abarca a 33 de 197 países.

    3.- Que no mide la ignorancia como un todo, más bien lo que hace es medir que tan bien está informada la población confrontando su percepción contra la realidad.

    Insisto, no necesitas ser un letrado para darte cuenta, una persona sin estudios universitarios tiene la capacidad de detectar la gran falacia, que es exhibida punto por punto.

    Aún así, hay quienes (posiblemente para vender más o para obtener más clics) colocaron ese título tramposo, manipulador, y falso per sé.

    Lo peor es que hay quienes se lo creyeron. Vieron el cabezal e inmediatamente abrieron sus redes para esparcir la idea de que México es el país más ignorante del mundo.

    Y algunos incluso con un dejo de arrogancia lo hicieron. O para mostrar que tan mal gobernados estamos y cómo es que este país no funciona.

    «Bean como estamos sumidos en la hignoransia».

    Si tomáramos los resultados de las pruebas PISA de la OCDE donde se evalúa la educación de los países miembros, podríamos tener en nuestras manos un resultado más contundente. No es que demerite este estudio de IPSOS, más bien es que este mide una variable en específico, y el de PISA mide diferentes habilidades adquiridas por medio de la educación.

    Pero para mucha gente lo importante no fueron las métricas ni las estadísticas (que tampoco vaya, es algo difícil de entender) ni mucho menos el abstract, sino el título sensacionalista.

    Es tan tramposo el título, que si tomamos el factor de que México fue el peor evaluado de 33 de los países más importantes del mundo, y tomando en cuenta que en total son 197, podría crear un encabezado que diga «México es uno de los países más cultivados del mundo», y en términos estadísticos podría ser cierto. De hecho ese encabezado sería menos falaz que el de «México es el país más ignorante del mundo».

    Y seguimos con lo mismo, nadie revisa las fuentes, nadie se cuestiona nada, y entonces muchos son susceptibles a la manipulación. Cualquiera los puede engañar (aunque algunos se jacten de ser intelectuales críticos de la ignorancia y la manipulación de los medios).

    Umberto Eco tenía razón.

  • La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

    No son todos, pero sí los suficientes como para preocuparnos

    Algunos estaban felices con la noticia de que en México se leen, según el Conaculta, 5 libros al año. Esta institución afirmó haber aplicado una metodología diferente, y yo la verdad creo que el incremento de libros leídos se debió a dicho cambio más que otra cosa.

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante

    Yo no, yo no estoy feliz con el nivel de cultura que tenemos en México. Más bien me llega a dar algo de pena. De verdad que somos un pueblo muy ignorante.

    Lo noté cuando el huracán Patricia, y lo noté más con los atentados en Francia. En estos dos lamentables sucesos (más el segundo que el primero) como se dice cotidianamente, sacamos el cobre.

    Hablo de la ignorancia entendida no sólo como escasez de conocimiento, sino también como actitud. Puedo entender que una persona pobre que no terminó la primaria sea ignorante, pero no puedo entender que alguien con un título universitario y que tuvo los recursos humanos y económicos para prepararse, lo sea.

    De verdad me encontré un cúmulo de opiniones penosas en las redes sociales, sobre todo en Twitter donde los usuarios entran a ese espacio para mostrar su dizque perfil docto y cultivado.

    Muchos creen que ser intelectual es llevarle la contra a la opinión pública. Es decir, si «los borregos» todos creen lo que se dice, entonces voy a afirmar lo contrario para mostrar mis dotes de intelectualidad, por ejemplo:

    – Yo estoy en contra de Peña Nieto porque no sabe decir los 3 libros que ha influenciado su vida; ergo, yo derrocho cultura.

    Porque es muy distinto ser crítico (con la opinión pública o un gobierno) que simplemente llevar la contra. Ser crítico implica todo un proceso de razonamiento; llevar la contra es eso, nada más decir negro cuando dicen que es blanco, es un ejercicio muy fácil y simplón.

    Y lo triste es que esta demostración de ignorancia no sólo se denotó en las personas comunes, sino en algunos que presumen ser escritores o muestran sus títulos. Escritores medianamente conocidos hablando de teorías de conspiración sin ninguna prueba y mucho sesgo ideológico.

    Hace unas horas (tomando como referencia la hora de publicación de este artículo), un twittero me reprendió por publicar una foto de una de las mexicanas fallecidas, reclamándome por qué no he subido fotos de todos los mexicanos asesinados. ¡Es un absurdo! Tan absurdo que raya en lo cómico y se convierte en una autoparodia.

    Y mucha gente se subió al barco sin entender bien que es lo que ocurre en Francia. Incluso algunos se enojaron con los franceses por declararle la guerra a Siria, cuando los galos le declararon la guerra al Estado Islámico. Y desde esos argumentos comenzaron a hacer reclamos. Nos llamaron «manipulados» cuando nosotros siempre hemos sido conscientes del papel (histórico y actual) que ha jugado Occidente en Medio Oriente para llegar a la realidad actual y de la gran responsabilidad que tiene.

    Otros comenzaron a narrar teorías de la conspiración absurdas que se imaginaron para venderlas como la verdad absoluta. – El Ocsidente te está manipulando Cerebro.

    Sí, puede ser sesgado que redes como Facebook coloquen la bandera de Francia y no la de Siria u otros países no occidentales (que como comenté, es un error si pretende ser una empresa global que de Internet a los países más pobres), por muchas razones. Facebook es un negocio que da servicios al público a cambio de publicidad de los anunciantes, no una empresa altruista, y naturalmente tenderá a reflejar sus valores occidentales. Usarla no convierte a las personas en ignorantes, aunque posiblemente sería prudente alertar de ese sesgo y entender que esa red social es un negocio «pro-occidental».

    Quienes reclamaron a quienes se solidarizaron, lo hicieron desde la ignorancia. Como si los ciudadanos occidentales estuvieran de acuerdo con lo que sus gobernantes han hecho en Medio Oriente. Generalizaciones, conjeturas, palabras al aire. Esa ha sido la constante.

    Dentro de la basura que hay en las redes sociales, hay información muy buena que puede ayudarte a entender el conflicto de una forma fácil y sencilla. Parece que ni eso sirve.

    Y me da coraje, y escribo esto porque estoy enojado, y decepcionado.

    Porque dentro de nuestra ignorancia hemos sido malagradecidos. Sí, hemos sido malagradecidos con el pueblo francés; muchos les han negado la solidaridad que ellos nos dieron cuando mataron a 43 estudiantes en Guerrero, y lo han hecho por ignorancia (y porque quieren seguir montados en ella). Nos hemos visto mal como pueblo, hemos sacado el cobre. Me da pena.

    Un amigo me comentaba molesto por la decadencia que percibe en la educación en Guadalajara. En la Universidad de Guadalajara, dice, los alumnos sólo se preocupan por la fiesta y hacer relaciones (pero eso pasa en todos lados).

    Y entonces salen de la escuela sin la vocación de adquirir conocimientos. No leen, no estudian, les preocupa sólo la fiesta, el dinero (y no es que quienes se preparan no vayan a fiestas, sólo que no es su única prioridad). Al final terminan siendo personas sin criterio propio que se tragan todo lo que ven. O bien, son aquellos que se creen intelectuales por darle la contra a todo sin construir argumento sólido alguno (esos que peyorativamente denominan chairos).

    Sí, se vale ignorar, nadie tiene conocimientos absolutos; se vale equivocarse en las argumentaciones, no somos perfectos. Lo que me molesta es que la gente opine sin saber nada pretendiendo que saben y cuando nunca se han molestado en saber. Desde ese punto es que la gente te reclama por solidarizarte con los franceses, casi te tachan de antipatriota.

    Cuando discuto con otras personas cultivadas me doy cuenta que ignoro muchas cosas, incluso cuando platico con gente que no tiene tanta cultura; pero eso me gusta, porque les aprendo. Muchas personas no, muchas personas bajo su ignorancia descalifican a los demás, por medio de frases gastadas, predecibles y repetitivas. Basta con entrar a Twitter para ver dichos argumentos repetidos que no entiendo por qué no usaron la función del retweet para no gastar energía en el teclado.

    Entonces me doy cuenta de que no puedo debatir con mucha gente.

    Y eso me frustra. Incluso la cultura en un momento dado te puede hacer sentir aislado e incomprendido (y ojo, estamos hablando de alguien como yo cuyo nivel cultural debería ser considerado promedio, pero no lo soy porque soy un vil tuerto en un mundo de ciegos, cojos y mancos al mismo tiempo).

    Y entonces entiendo por qué estamos como estamos como país, entiendo por qué tenemos a los gobernantes que tenemos.

    Entonces entendemos que más o menos sí tenemos el gobierno que merecemos. Que gente tan ignorante como Peña Nieto, López Obrador, El Bronco, y sin irme más lejos, Carmen Salinas o Cuauhtémoc Blanco, sean de los políticos más relevantes.

    Me duele. Curiosamente los dos artículos pasados tratan sobre eso, la reacción de mucha gente ante los atentados, y yo, con mis limitados recursos, tratando de señalar contradicciones que me parecen muy evidentes. De verdad me desesperé, por lo que todo esto refleja y dice de mi país.

    Esta tragedia (y no lo digo con algún afán cínico o de modo insensible) pudo ser aprovechada para que aprendiéramos más sobre lo que pasa en Medio Oriente, para conocer como es que Occidente prácticamente creó varios países en esa zona, lo cual generó un territorio inestable que ha derivado en lo que conocemos ahora. Pudimos aprender sobre cómo es que un extremista llega a serlo. Sobre como Estados Unidos colaboró indirectamente (sin querer) para armar al Estado Islámico. Pudimos aprender sobre Kurdistán (territorio de los kurdos, clave en esta dinámica geopolítica). Pero no lo hicimos, nos dejamos llevar por lo fácil, por las descalificaciones. Por repetir las mismas frases que todos repiten y que no quiere mucho raciocinio porque si muchos lo dicen, entonces es verdad.

    Y prefiero decirlo, aunque duela, y aunque me critiquen. Estoy muy enojado, pero creo tener los argumentos para estarlo. Enojado porque esta ignorancia se convirtió en una ingratitud no sólo para nuestros hermanos franceses, sino para las mexicanas que fallecieron en Francia, que pagaron los platos rotos, por estar en Francia y porque una de ellas es hija de un empresario.

    Es triste, y es nuestra dura realidad. Que aunque le pese a muchos, debe decirse.

  • Desmitificando el nacionalismo bananero pt 1: Las empresas mexicanas

    Desmitificando el nacionalismo bananero pt 1: Las empresas mexicanas

    A partir de hoy estaré escribiendo una serie de artículos que subiré a este sitio esporádicamente y donde intentaré desmitificar todas esas creencias nacionalistas absurdas que tenemos y que nos han tratado de repetir por generaciones dentro de nuestras cabezas. No, no haré lo que hacen sitios como el Mitófago donde solamente cambian la versión oficial por la versión de «la derecha»; y no hablaré necesariamente de historia, sino de creencias que llevamos a lo cotidiano, que tomamos como normales pero son absurdas.

    Desmitificando el nacionalismo bananero pt1: Las empresas mexicanas

    Hoy empezaré con el tema de las empresas mexicanas: Siento que los mexicanos somos aprehensivos con lo «nacional», es algo que no se nos debe de escapar de las manos. Por más mexicano sea algo más mexicano será, si alguien se envuelve en la bandera mexicana más mexicano es, como si importara más la forma que el fondo.

    La gente se sintió orgullosa porque supuestamente el novio de Emma Watson era mexicano. ¡Eso lo dice todo, carajo!

    Cuando se habla de empresas mexicanas salen muchas voces críticas (algunas críticas acertadas, otras absurdamente erróneas o sacadas de contexto): -Son monopolios, son corruptas, no generan competencia, son parte de «la mafia del poder». Pero cuando una de esas empresas es vendida a algún conglomerado extranjero los sastres se llenan de trabajo porque hay muchas vestiduras rasgadas. La venta de una empresa mexicana al extranjero es una derrota, una humillación, un gol de Landon Donovan en un Mundial.

    Pero las empresas son de sus accionistas, no de México.

    Los accionistas tienen todo el derecho a hacer lo que quieran con sus empresas. Las empresas la trabajaron ellos, no son una concesión del gobierno, no nos deben nada; por el contrario, han generado empleos y en la gran mayoría de los casos, después de que estas empresas pasaron a manos de extranjeros, esos empleos siguen ahí.

    Pero algunos insisten que con la venta de la Cervecería Moctezuma y la Corona a conglomerados extranjeros, hemos perdido algo de «nuestro México».

    Venden Corona al extranjero

    Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, agentes extranjeros intervienen cada vez más en nuestra economía, no porque seamos necesariamente más débiles, sino porque los progresos tecnológicos y sociales fomentan esta dinámica. Esto no sólo pasa en México, en Estados Unidos pasa lo mismo.

    Para muestra basta un botón, o muchos: Me imagino que ustedes saben que Detroit es una ciudad decadente. Esto lo es porque esta ciudad dependía mucho de la industria automotriz. Muchos de los empleos que generaban en esa ciudad se fueron ¿Y a donde se fueron? En gran parte a nuestro país.

    O sea, empresas estadounidenses, con el fin de abaratar costos dejaron de dar empleos a su país para traerlos al nuestro. En México por menos que eso estarían solicitando la nacionalización de las empresas, dirían que vendieron su alma al diablo. Pero esto en realidad es un proceso natural. Los países en desarrollo pueden ofrecer mano de obra barata (otra cosa es que algunas de estas empresas abusen y contraten trabajadores en condiciones infrahumanas como China), conforme estos países crecen y el poder adquisitivo también, esa ventaja competitiva naturalmente se pierde, pero dado el crecimiento (con una sociedad más educada y con más capacidad de compra) entonces pueden aspirar a generar empleos más cualificados (en lugar de obreros que maquilen, se opta por ingenieros que tienen una mayor preparación).

    Y hablando de empresas que se venden, sucede lo contrario. Por ejemplo, Carlos Slim va a Estados Unidos y ya es el mayor accionista de The New York Times con el 16.8% de los papeles clase A. ¿Los gringos se rasgaron las vestiduras? No (bueno, tal vez Donald Trump si tenga posibilidades de pegar un grito). Por otro lado, Bimbo tiene una considerable participación de mercado en Estados Unidos, y Cemex es una de las cementeras más importantes de Europa.

    Y si Corona, nuestra cerveza emblemática ya no es «mexicana», la Budweiser, la cerveza más emblemática de Estados Unidos ¡ya no es gringa! La vendieron a un consorcio brasileño-belga.

    Ustedes saben que la India con Bollywood es la segunda meca del cine y ellos tienen una considerable influencia en Asia y Europa del Este sobre todo. Bueno, resulta que alumnos de Stanford le sugirieron a Alejandro Ramirez dueño de Cinépolis, que invirtiera en ese país porque a pesar de la importancia que tiene la industria cinematográfica en ese país, las salas no eran de la mejor calidad. Ahora si vas a India, te vas a topar con uno o varios Cinépolis, te vas a sentir casi como en casa. Los inconformes (muchos de izquierda y algunos conservadores colados) seguramente no conocen esta historia. Y menos saben que Cinépolis tiene presencia también en Turquía, Brasil, Colombia e incluso Estados Unidos – ¡Pero Corona es de México, no se la lleven!

    Cinépolis en la India

    Y menos conocen a los mexicanos que fabrican drones y los exportan. No conocen la historia de Jordi Muñoz y Guillermo Romero quienes sólo después de los chinos son quienes venden más drones para uso civil ¡En el mundo!

    En lugar de esperar que el gobierno venga y proteja a nuestras empresas (cosa que ya hizo con el modelo de sustitución de importaciones y salió mal), y peor aún, tachar de antinacionalistas a aquellos que decidan vender sus acciones al extranjero, se debería de promover más el emprendedurismo y la innovación en nuestro país. En vez de llorar porque la Corona se fue, deberíamos de enfocarnos en generar más empresarios mexicanos. En resumen: en vez de cerrar nuestros mercados deberíamos de abrir más nuestras mentes. En vez de rasgarnos nuestras vestiduras, deberíamos crear emprendedores que diseñen vestiduras que no se rompan.

    Es sentido común, pero nuestros traumas nacionalistas a veces nos nublan la mente.

    Esperen mi siguiente entrega.

  • Por qué no festejar a México es algo muy absurdo

    Por qué no festejar a México es algo muy absurdo

    Quienes se niegan a festejar el aniversario de la Independencia de México posiblemente no entienden bien de que trata esto, creen que sólo hay que «festejar» la coyuntura actual,  o posiblemente den todo por perdido. Es cierto que nuestra historia tiene algunos sesgos, héroes que no lo fueron tanto, datos falseados para crear una narrativa favorable, ¡vamos!, eso sucede en prácticamente todos los países del mundo. Y es así porque los humanos no somos perfectos, tenemos nuestras deficiencias intrínsecas a nuestra esencia como personas. Pero sentirte orgulloso de tus orígenes va mas allá de eso, y sobre todo, va más allá de los problemas coyunturales, porque las crisis no duran para siempre.

    Por qué no festejar a México es algo muy absurdo

    Seguro les ha pasado, una vez que cruzaba por Stamford Connecticut, vi unos «Tacos Guadalajara», la piel se me puso chinita (cosa que no me ocurre  en ciudades como Las Vegas donde se respira aire latino en todos lados) y es que a pesar de todo sabes que amas a tu país, porque es donde eres, donde naciste, donde creciste, y parte de tus valores vienen dados de la cultura de tu país (por más globalizado esté el mundo). Cuando un mexicano trasciende fuera de sus fronteras, sean cineastas, científicos o futbolistas, todos estamos de acuerdo en que ello nos llena de orgullo. Si entonces aceptamos que queremos a nuestra nación ¿Por qué no festejarla?

    No festejar por los problemas que actualmente aquejan al país es un absurdo, es como asumir que uno sólo se puede sentir mexicano cuando las cosas van bien (se vale ser villamelón en el futbol, pero no en tu mexicanidad). Como si todo México fuera el Gobierno, la corrupción, la impunidad o las crisis, como si Javier Duarte o Osorio Chong o El Chapo «fueran todo México». No festejar entonces sería como asumir que esos defectos son parte inherentes a nosotros y por consecuencia nunca los podremos cambiar. No festejar porque las cosas «están mal» es sentirse derrotado, vencido.

    Algo indispensable para que un país supere su condición, es que quienes lo componen se sientan parte y se sientan orgullosos de pertenecer a él. El orgullo es lo que da la fuerza necesaria para que un país en su conjunto pueda superar obstáculos, la historia nos ha demostrado que detrás de una nación pujante hay individuos que se sienten orgullosos de ella.

    Si un individuo que no se quiere tiene muchas dificultades para realizar progresos en su persona, menos se puede esperar que una nación de la cual sus ciudadanos reniegan, pueda superar sus problemas.

    No, no estoy sugiriendo algún nacionalismo dogmático o trasnochado como el que hay en un sector de la izquierda mexicana o de los republicanos estadounidenses. Me refiero al amor por la Patria, por el país que te vio nacer, por su historia, por su gente, por su cultura; ese amor de pertenecer a algo valioso. Porque México es muy valioso, tiene muchas cosas que otros países envidiarían (aunque no lo parezca).

    Sí, se vale, si no quieres ir al Zócalo porque piensas, con razón, que el Gobierno Federal está gobernando muy mal el país, se vale, igual con el Gobernador o Alcalde. Pero no por eso deberías de dejar de festejar. Y con festejar no me refiero necesariamente a que «vayas a dar el grito», sino que rememores este día importante, que recuerdes el país en el que naciste y creciste, que leas sobre su historia (aunque posiblemente te darás cuenta que no era tan «bonito» como te lo contaron en la escuela), que te informes más, que conozcas más a México, que pienses en hacer algo por tu país, por tu sociedad, por los tuyos.

    Porque al final de cuentas, México es tu país. Y México es mucho más grande que sus problemas. ¡Viva México!