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  • El cuestionario definitivo para saber si estás al tiro como mexicano

    El cuestionario definitivo para saber si estás al tiro como mexicano

    Muchos filosofan profundamente sobre lo que debería ser un buen mexicano, alguien que esté «al tiro». Tratan de verlo desde una perspectiva kantiana, hegeliana, existencialista, positivista. Pero a veces no es necesario rebuscarle tanto y este test que he creado es suficiente, porque es contundente, y no deja espacio a chaquetas mentales. NOTA: No me hago responsable si los resultados de este test te terminan sumiendo en una depresión, o terminas muerto por una sobredosis de Krokodile. Suerte:

    El cuestionario definitivo para saber si estás al tiro como mexicano

    a) ¿Cuál de las tres opciones consideras más una traición a México?

    1. Aquellos que se corrompen e infringen diariamente las leyes
    2. ¡La privatización de Pemex!
    3. Que Carlos Vela decida no ir al mundial.

     

    b) ¿Cuál es el evento que más ha marcado el destino del país?

    1. Realmente no hay uno, sino diversas circunstancias que han marcado el destino de la nación, pero que no siempre se ha traducido en progreso.
    2. La Revolución Mexicana
    3. Cuando le ganamos a Brasil en las olimpiadas

     

    c) La empresa de tu tío evade impuestos. Tú…

    1. Hablas con tu tío sobre su conducta y tratas de hacerle entender por qué es su obligación pagar.
    2. ¡Pinche tío neoliberal de mierda! Ya nunca le voy a hablar.
    3. ¿Y qué tiene de malo? Si el Gobierno roba y siempre nos jode.

     

    d) Tu amigo Pedro estudió en la misma escuela que tú, pero viene de una familia ubicada en círculos sociales más altos, y gracias a sus contactos logró formar un negocio y ahora es rico. Tu piensas...

    1.  Que Pedro simplemente ha aprovechado las oportunidades que tiene enfrente. Le comentarías que al ser privilegiado, tiene una responsabilidad con la sociedad.
    2. De seguro robó, y yo que me esfuerzo me jodí. Es culpa del sistema económico.
    3. Le voy a recordar que tan buenos amigos éramos en la escuela y le voy a decir que se moche con algo, que no mame.

     

    e) Vas manejando y en eso ves una manifestación por el alza a la gasolina que tiene bloqueada una avenida y necesitas pasar por ahí. 

    1. Tratas de entender su agravio, pero los exhortas a que dejen abrir el paso, para que no afecten a los demás.
    2. Te les unes, te pones tu pasamontañas y atacas violentamente a las gasolineras que están abusando del pueblo.
    3. Les avientas el coche y les dices que mejor se pongan a trabajar.

     

    f) ¿Qué es el trabajo para a tí?

    1. El medio para poder progresar económicamente, tener una estabilidad y autorrealizarme
    2. Una forma de opresión neoliberal donde los jefes exprimen a sus empleados
    3. ¿Mañana es lunes? ¡No, que güeva! Que ya llegue el viernes de antro

     

    g) Estás en un Starbucks, entra una indígena con título universitario y los empleados le prohíben la entrada, tú…

    1. Reclamas con vehemencia, les pides que respeten sus derechos, de lo contrario los vas a demandar y/o exponer en redes sociales.
    2. Con tu Frapuccino en la mano y tu Macbook Pro pantalla retina, organizas una manifestación para bloquear las entradas de todos los Starbucks, alegando que son empresas capitalistas que exprimen a los de abajo.
    3. Te unes a los empleados y le gritas a la indígena: -Fuera, pinche naca de mierda-.

     

    h) Te encuentras $50,000 pesos en la calle junto con una identificación de su propietario que trabaja en el servicio público y se destaca por ser corrupto. tú…

    1. Tratas de buscar al dueño del dinero para regresárselo. Por supuesto que lo encaras y cuestionas sobre si merecería tener tal dinero y le comentas que estarás muy al pendiente de su trabajo.
    2. Crees que un servidor público no debería tener ese dinero, y con ese financias una campaña de linchamiento llamado #PosTeJodo para que ese político se queme.
    3. Si es corrupto seguro se lo robó, y como ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón, lo usas para armar una mega peda.

     

    i)  El gobierno decide quitar la asignatura de matemáticas en la educación pública con el argumento de que las calculadoras y hojas de Excel son suficientes.

    1. Realizas una campaña investigando a fondo las consecuencias de quitar dicha materia, tratas de incidir tanto en maestros, líderes, y gente con peso para frenar esa reforma.
    2. Lo ves con disgusto, pero posiblemente te disgustaría más que satanizaran menos a Porfirio Díaz en los libros de texto, o que ya no se hablara tanto de las hazañas de Lázaro Cárdenas.
    3.  Te agrada la idea de que las nuevas generaciones «no sufran tanto» con las matemáticas. Y crees que ese tiempo lo deberían de emplear en alargar los recreos.

     

    j) Lees elcerebrohabla.com, tú…

    1. Crees que es un referente para cultivar tu mente. Invitas a todos a visitar mi blog.
    2. Cuando lo empezaste a leer, no te desagradaba tanto, pero desacreditaste todo su contenido cuando viste el anuncio de Google en la derecha porque es algo muy… neoliberal (además como está en la derecha, asumes entonces que el blog es de derecha).
    3. Nunca pudiste entrar porque siempre creíste que «habla» iba sin «h».

     

    Resultados: 

    Mayoría de 1: Eres una persona que se esfuerza por estar al tiro, y de cierta forma lo logras. Sigue así.

    Mayoría de 2: Tratas de destacarte de la gente ignorante, con la simple estrategia de llevar la contra. Te esfuerzas, pero en realidad quedas atrapado en el limbo pseudointelectual nacionalista de los años 30.

    Mayoría de 3: Como decírtelo. Eres un triste caso de persona inútil para la sociedad.

  • El mexicano derrotado

    El mexicano derrotado

    Cualquier psicólogo podrá comentarte que aquella persona en cuya infancia se acostumbró a perder, tenderá a tener más dificultades para desarrollar una buena autoestima. Naturalmente la confianza y el buen concepto de uno mismo está en parte sustentado en las experiencias vividas. Si bien es cierto que el hombre tiene que fracasar como forma de aprendizaje para obtener un éxito ulterior, hay quienes al final del día se sienten satisfechos con su vida porque los éxitos son más contundentes que los fracasos que tuvieron que vivir para llegar a éstos, mientras que otros se sienten insatisfechos porque ven a su vida como una alegoría a la derrota.

    El mexicano derrotado

    Tomando en cuenta esto, el mexicano, como integrante de este país, se siente derrotado. No es una falta mía de amor por la patria, es simplemente que la colectividad tiene los mismos rasgos del individuo derrotado.

    Todos los países, en cualquier evento que sean representados, tienen descalabros. Pero nuestra tendencia a perder, hace que nos sintamos identificados con la derrota. Se habla de la eliminación de la Selección de Futbol, de la pelea de box donde el estadounidense Mayweather barrió al «Canelo» Álvarez. Y lo que viene a la mente de los mexicanos es el ¡Como siempre! ¡Los ratones verdes! ¡Siempre perdemos!. Incluso en temas políticos y sociales nos sentimos humillados. -¿Por qué tenemos a un Presidente así? ¿Por qué los que mantenemos a este país somos los que tenemos que pagar más? ¿Cuándo diablos vamos a tener políticos que se preocupen por la nación?-. E incluso históricamente nos sentimos tan derrotados que caemos en el victimismo y la conmiseración. Culpables colectivos como Los franceses, los «gringos» que nos robaron territorio, los españoles, Hernán Cortés, Landon Donovan etc.

    Tal vez por eso nuestro nacionalismo es endeble y más que tener su base en la fortaleza real de la nación, como hacen los estadounidenses, tenemos símbolos rígidos e inalterables que tratan de suplir esa carencia: Dar el grito el 15 de Septiembre, no poder interpretar el himno nacional si no se respeta completamente la partitura original, desgarrarse las vestiduras porque un cartonista extranjero hizo mofa de nosotros con la bandera mexicana (cuando a cada rato estos utilizan también los símbolos de sus países para hacer crítica), pensar que el petróleo es de todos los mexicanos y que es un orgullo. Todo esto delata un sentimiento de derrota.

    Gritos como el ¡Sí se puede! dejan ver también ese sentimiento de derrota, donde el mexicano quiere redimirse, superarse, pero partiendo de la realidad donde está derrotado. Gritar ¡Sí se puede! ante la selección italiana de futbol, por un decir, implica que por naturaleza, el mexicano se siente derrotado, que es el estado natural de las cosas. Pero con ese grito, trata de alterar la realidad, de que suceda lo que normalmente no pasa. Es decir, ganarle a Italia en un partido de futbol.

    Mientras los grandes pierden como parte de un proceso de aprendizaje o renovación. En México se pierde por costumbre. Cuando por decir, Estados Unidos pierde en un evento en que está acostumbrado a ganar, la derrota se usa como reflexión para pensar en qué se están haciendo mal las cosas, en que tiene que haber una renovación para volver a ser dominante. En México es una costumbre y este proceso sólo sucede a medias cuando comienza a perder todavía más de lo que está acostumbrado a hacerlo.

    Naturalmente tenemos una autoestima colectiva que está por los suelos. El mexicano comienza a pensar como cambiarla, pero el entorno en el que vive lo frustra. Ver el estado de la política, de la sociedad, de las instituciones lo lleva a la conclusión de que no puede hacer mucho al grado de mimetizarse con las masas e imitar las prácticas «de la mayoría» como supuesto mecanismo de supervivencia.

  • El mexicano y su mediocridad política

    El hombre es un animal político, todos los hombres tenemos una ideología política, y de hecho los que no saben de política también la tienen pero no son conscientes de ella. Lleven al más ignorante una de esas encuestas que tienen el fin de conocer la ideología política de cualquier persona y verán que aunque la desconozca, podrán determinar su ideología. No importa que no conozca ya no términos como «capitalismo», «comunismo», «socialdemocracia»; sino los clásicos conceptos de izquierda y derecha, y van a ver como obtienen un resultado. Porque la ideología política está determinada en base a creencias, paradigmas, percepción del mundo, etc. Que el conocimiento sobre temas políticos y económicos puedan refinar tu posición política es otra cosa.

    Yo me he considerado una persona afín a la socialdemocracia. Como mucha de la gente que comulga con mi posición política, algún día estuvimos más a la izquierda (aunque yo no caí en las garras del comunismo, si al principio sentí una fuerte aversión al capitalismo, sobre todo por la influencia de Erich Fromm) y luego nos moderamos. Seguimos pensando en la igualdad y la justicia social, pero nos dimos cuenta que para eso no era lo más prudente abolir el mercado, sino por el contrario, servirse de él. El fin es el mismo, los medios cambian, porque cuando uno crece, sin perder de vista sus ideales como fin, debe de ser más pragmático al buscarlos.

    Yo estoy consciente el por qué terminé siendo afín a esa ideología. Yo me eduque en una escuela del Opus Dei donde era muy patente la doble moral, donde tener un arete o el pelo largo era motivo suficiente para ser suspendido de la escuela, mientras que el golpear a un compañero o abusar de otros («Bullying» como ahora se le conoce) no necesariamente era motivo para ser suspendido de la escuela. Repudié el conservadurismo por eso. Si dicen que el liberalismo en algunos casos implica el que el hombre construya su «escala de valores a su antojo», al menos se lo que me puedo esperar de ellos, porque muestran su verdadera cara. En cambio el conservador, es hipócrita (no todos, pero en México la mayoría lo son) y muchas veces por su disfraz «doblemoralino» te traen desagradables sorpresas, a veces actos más desdeñables que los de los liberales. También en mis años de primaria fui una persona de pocos amigos, era excluido y en muchos casos era víctima de abusos por parte de otros niños. Pero resulta que yo era el más castigado por intentar defenderme. Por eso me hice más consciente sobre los problemas de las minorías excluídas, porque entiendo lo que sufren al ser excluídos (ya sea por su condición económica, por su condición física o su preferencia sexual).

    Fue una introducción larga al tema que quiero tocar, pero creo era necesario decirlo (porque seguramente sintieron que lo escrito no tenía nada que ver con el título). Cuando hablo de mediocridad política, es porque en mis años en que he sido políticamente activo (intelectualmente hablando), he visto que en México las personas tienden a encasillarte en las pocas opciones políticas que existen en el país. Es decir, si critico la guerra del narco de Felipe Calderón, soy fiel seguidor de Obrador, si por otra parte, critico a este último, soy un personaje de derecha que se la pasa pegado frente al televisor viendo el programa Tercer Grado. Si digo algo bueno de Peña Nieto (que en realidad no hay muchas cosas buenas que decir de él) entonces la cosa se pone peor. Es curioso, parece que mientras detestamos a nuestros partidos políticos, muchos encasillan a otras personas necesariamente en las opciones que se nos dan, por un simple comentario.

    Eso a mi, me habla de una mediocridad profunda y un desconocimiento de la política del mexicano, porque no conocen más allá de lo que ven y no se molestan en investigar. Algunos incluso creen saber mucho de política, pero caen en el mismo juego simplista de etiquetar a las personas bajo los mismos parámetros y con pocos argumentos o motivos para poderlo hacer. Parece ser, y tal vez eso creo que es porque vivimos en un régimen paternalista por 70 años, que no se cree que uno puede tener un criterio independiente, como si tuviera que estar enajenado necesariamente por los medios de comunicación como Televisa, o por el populismo de Andrés Manuel. Se me hace una forma muy simplista de ver las cosas. Luego, es entendible porque primero hablas bien de un político y cuando luego decides hablar mal, la gente se decepciona. Que parece que más que escuchar opiniones y crítica, esperan que les digas lo que quieran escuchar.

    Y estoy hablando de clases medias y altas (que son los que tienen acceso a Internet), porque son los que tienen las condiciones para pensar por si mismos (dado que la gente pobre se tiene que preocupar por saber que va a comer al siguiente día) y las capacidades para tener una cultura política. Algunos no la quieren conocer porque la detestan, posición algo estúpida, porque la política necesariamente influye en la vida de las personas. Yo puedo decir que detesto a la gran mayoría de los políticos y a los partidos en general porque no me representan (no solo porque ninguno comulga con mi ideología, sino porque se han alejado de la ciudadanía), pero no por eso la política deja de ser interesante para mí.

    Creo que en México necesitamos tener más cultura política. Los políticos que van a contender por la presidencia en el 2012 son el fiel reflejo de la mediocridad política del mexicano. Un Peña Nieto que aparte de ser una persona sumamente ignorante, no tiene las tablas, y ni siquiera se le ve una ideologia definida; una Vázquez Mota que no ha hecho prácticamente nada en su no muy larga trayectoria, pero que «es mujer»; y un López Obrador con dotes de mesianismo (que el que se haya moderado no significa que lo deje de tener) como si se tratara de la nueva llegada de Jesucristo. Y al no estar preparados, los políticos hacen lo que quieren, porque los ciudadanos no saben ni lo que quieren ni como lo quieren.

  • El mexicano contradictorio

    Si un candidato te ofrece una bajada de impuestos y más prestaciones sociales, no le creas: Umberto Eco.

    ¿Saben?, me he puesto a reflexionar un rato, y creo que los mexicanos nos solemos contradecir mucho entre lo que hacemos y pedimos. Y creo que a veces esa peculiaridad hace que tengamos un escenario político tan sui géneris como el que tenemos. Miren, en Estados Unidos por citar un ejemplo hay dos tipos de personas, aquellos que desean no pagar impuestos y que el fruto de su esfuerzo sea el que les dé los servicios básicos (los conservadores de derecha) y los que están dispuestos a pagar más impuestos para que el gobierno les dé más prestaciones (los liberales demócratas).

    Esa distinción entre los ciudadanos es la que hace que en los países existan partidos de derecha o izquierda bien definidos (o conservadores y liberales en el caso de Estados Unidos) y tengan por lo tanto programas más definidos al menos en el papel. Pero en México ocurre una cosa, la mayoría de los ciudadanos no quieren pagar impuestos, pero a la vez quieren que el gobierno les proporcione los servicios básicos, subvenciones y mucho más. Sara Sefchovich cree que esto se debe a que en México tuvimos un régimen vertical y autoritario, y nosotros estuvimos acostumbrados a que el gobierno se tuviera que ocupar de todo. Este fenómeno lo podemos ver en todas las clases sociales.

    Lo vemos desde las clases bajas que desean tener un buen servicio de salud pero trabajan en el mercado informal sin pagar ningún impuesto, el clasemediero que odia pagar impuestos y busca deducirlos a cuanto más no poder pero se enoja si suben la gasolina porque resulta que el gobierno decide reducir la subvención a esta, o los ricos que prácticamente no pagan impuestos pero desean que el gobierno invierta en seguridad, e infraestructura para que puedan llevar a cabo sus negocios. Parece que todos los mexicanos sin importar nuestra condicion social estamos esperando a que el gobierno nos solucione los problemas sin ofrecer algo a cambio.

    Por poner un ejemplo. En España recuerdo cuando te despiden de un trabajo, se te paga un año de salario íntegro a partir del despido. Pero para que se pueda llevar a cabo eso, a los españoles se les deduce más impuestos de su salario que lo que se hace en México. Si a los mexicanos nos dijeran que van a aplicar una reforma laboral donde tendríamos ese mismo derecho que los españoles, estaríamos encantados de la vida; pero bajaríamos la mano al momento en que nos informaran que para eso, tendrían que aplicar un aumento en el ISR de nuestro sueldo.

    Los partidos políticos caen en las mismas contradicciones dada la contradicción del ciudadano. Por ejemplo, López Obrador dice que el gobierno debe de conducir la economía del país (para lo cual se necesitan captar más recursos), pero se opone y llama criminales y traidores a sus oponentes cuando estos deciden subir el IVA o subir las gasolinas. También el PRI cae en esa contradicción cuando en una medida abiertamente populista clama que va a bajar el IVA al 12% pero no dice cual es el precio que van a pagar los ciudadanos y el estado por una menor recaudación.

    Los modelos económicos de la izquierda y la derecha en México son algo difusos por esa razón. Y también entiendo que por esa misma razón, partidos tan ambiguos ideológicamente como el PRI y el PVEM han logrado captar tanto electorado. Porque se pueden mover de un lado a otro del espectro ideológico para ofrecer soluciones pero sin decirle al elector el precio que debe pagar para que estas se lleven a cabo.

    En México muchos siguen creyendo en el asistencialismo y en la creencia de que el gobierno se debe de hacer cargo de ellos. Sienten que no deben ofrecer nada más que su lealtad a los partidos y a los gobernantes para que estos les solucionen la vida. Una de las claves para crecer es deshacernos de esa contradicción que ha estado inmersa en nuestra cultura desde siglos atrás.