Etiqueta: matrimonio igualitario

  • En la #MarchaXLaFamilia no a las descalificaciones, sí a los argumentos

    En la #MarchaXLaFamilia no a las descalificaciones, sí a los argumentos

    He decidido en esta ocasión no defender mi postura, me ha parecido más urgente evidenciar la radicalización y el odio al cual hemos llegado producto de la discusión sobre el matrimonio igualitario:

    En la #MarchaXLaFamilia no a las descalificaciones, sí a los argumentos

    Democracia es confrontación, eso me queda claro. Sería ingenuo esperar que todos estemos de acuerdo con todo. Las democracias existen para que quienes tengamos diferencias las podamos confrontar.

    Pero también un rasgo propio de una sociedad avanzada, debería ser que estas confrontaciones se lleven a cabo sin perder la civilidad, donde lo que se ponga en el campo de batalla sean los argumentos, para que las discusiones ayuden a construir y no destruyan. Cuando hablo de la marcha del Frente Nacional de la Familia y todo lo que le rodea (simpatizantes y opositores) llego a la conclusión de que esta confrontación no está a la altura. Descalificaciones abundan, desinformación también, y son los menos quienes discuten argumentos.

    En el artículo pasado hice una crítica al Frente Nacional de la Familia (FNF), crítica que siempre sostendré porque mis argumentos están basados en información que ellos mismos emitieron. Cuando apareció esta campaña, me llamó la atención el título de «No te metas con mis hijos», ya no llamaban al amor como hasta hace poco afirmaban, esto se convertía en un combate. Sus opositores respondieron en consecuencia, y el discurso se terminó polarizando más que nunca. El FNF repartió volantes con información falsa como «tus hijos podrán tener sexo con los adultos y no lo vas a poder impedir». Así también, opositores crearon algunos volantes apócrifos para deslegitimar más a este movimiento. Los argumentos quedaron en un segundo plano y las descalificaciones entre ambos bandos afloraron, los mochos del Ku Klux Klan contra los manipulados por el Lobby Gay. Los argumentos desaparecieron del campo de batalla, con excepción de la superficial e inocua batalla de entre «mis derechos» vs «familia natural», todo lo demás se redujo a ataques personales, y en el menos peor de los casos, a teorías de la conspiración.

    Por azares del destino,  he tenido oportunidad de convivir tanto con personas conservadoras como progresistas liberales. Posiblemente, gracias a eso, puedo darme cuenta de las terribles generalizaciones que ambos bandos hacen. Yo en lo particular creo que estas posturas tienen que ver muy poco con la integridad de las personas que las defienden y sí un mucho con la educación y experiencia de vida que han tenido. Yo me eduqué en escuelas conservadoras (aunque no me haya quedado mucho de ellas), muchos de mis amigos en cambio son liberales, pero también tengo amigos conservadores. Y si ambos son mis amigos es porque los considero buenas personas.

    Ni todas las personas conservadoras son iguales, ni los liberales lo son. La postura es producto de un proceso muy complejo que incluye la educación recibida, el entorno en que se desenvuelven, la historia de vida, e incluso el temperamento que está determinado en cierta medida por nuestros genes. No creo que ni que quienes apoyan a la comunidad LGBT ni los defensores de la familia tradicional tengan la intención de «chingar al otro», ni tengan la intención de controlar o depravar a los demás. Posturas maniqueas donde cada bando se coloca un velo de superioridad moral abonan muy poco al debate. Lo que hay son modelos, modelos que funcionan y modelos que no tanto, modelos que pueden ser mejorados o no, lo que está o debería estar en discusión es eso.

    Papa Francisco Gays
    El Papa Francisco se reúne con una pareja de gays en Washington.

    Yo tengo amigos conservadores que son muy buenas personas y se preocupan mucho por el prójimo, por más increíble que parezca, algunos de ellos tienen amigos gays.  De igual forma tengo amigos gays muy rectos, que tienen valores, y que tienen relaciones sólidas con una pareja. Muchos de ellos están lejos de las etiquetas que a cada rato les quieren imprimir. Los estimo a los dos y no los juzgo, porque antes que cualquier diferencia está el amor a las personas. Por lo tanto, puedo decir que hacer un juicio sobre la integridad de aquellas personas es algo falaz.

    Peor aún es perder amigos por estas diferencias, persona que se eliminan del Facebook, se ridiculizan y se censuran.

    Entiendo que un debate así genere mucha pasión, por un lado, un colectivo que ha sido históricamente marginado clama por la expansión de sus derechos.  Por el otro, un sector teme que un cambio en la estructura pueda traer consecuencias negativas. Entiendo que existen grupos de presión que influyen en ambas posturas y que en ocasiones hacen política con ellas, aunque no creo que esto suceda al nivel conspirativo que algunos le quieren otorgar. Que eso suceda es algo normal, por el tamaño de aquello que se está discutiendo, y por el tamaño de aquello que hay en juego.

    Cuando invito a la cordura, no estoy pidiendo que abandones tu postura. Por el contrario, estás en tu derecho a defenderla, pero hazlo desde los argumentos, debate, ten discusiones acaloradas, grita, impulsa lo que crees, promuévelo, pon en tela de juicio los argumentos de quienes no piensan como tú, destruye esos argumentos si quieres sin piedad. Pero te invito a que respetes la integridad de la persona con la que estás discutiendo.

    Te invito a ponerte en los zapatos del otro, no para dejarte convencer fácilmente, sino para que entiendas sus razones, y te des cuenta que ese enemigo no tiene la intención de atacarte ni hacerte daño. Así entenderás que son los argumentos los que deben de entrar en conflicto y no a las personas.

    Te invito el día de hoy, a dejar de un lado el odio y llamar al respeto. Si la gente quiere marchar en el Frente Nacional por la Familia, que le des el derecho de hacerlo. Si la gente quiere por su parte, ir a la marcha por la igualdad el día de mañana, que también se lo des. Si no concuerdas con su postura, puedes discutir con él, puedes invitarlo a un café para hablar de sus diferencias.

    Podemos tener diferencias, es completamente natural y hasta deseable para la sociedad. Pero no dejemos que dichas diferencias nos agravien ni nos destruyan, menos que rompan lazos familiares y afectivos.

    Debemos estar a la altura de nosotros mismos.

  • Los círculos conservadores, y su ausencia en un país conservador

    Los círculos conservadores, y su ausencia en un país conservador

    Las cosas han cambiado mucho en 20 años. Yo asistí a una escuela del Opus Dei, y recuerdo muy bien que términos como homosexual, joto, o puto, eran considerados un insulto. Pero no porque se considerara eso un insulto hacia la comunidad gay; sino por el contrario, era reprobable decirle a otro compañero que tenía preferencia por las personas del mismo sexo. Un insulto de ese tipo te podía costar un reporte, el cual tus padres tenían que firmar de regreso; o bien, podía ameritar una suspensión.

    Los círculos conservadores, y su ausencia en un país conservador

    De igual forma, recuerdo que alguna vez los profesores nos entregaron circulares (de esas que tenías que entregar a tus padres para el siguiente día entregar el talón firmado al profesor) porque se iba a llevar a cabo una marcha en contra de los homosexuales. No era como ahora, que la marcha es estrictamente contra el matrimonio gay o la adopción, sino contra su condición per se. No era, respeto tu preferencia sexual pero no estoy de acuerdo con el matrimonio o la adopción. Era, no te respeto por tu preferencia sexual.

    Los círculos conservadores en ese entonces eran todavía más conservadores. En la actualidad no es extraño escuchar a un conservador decir: -No estoy en desacuerdo en las sociedades de convivencia, o -No estoy a favor del matrimonio del mismo sexo, pero no tengo nada en contra de ellos, incluso tengo amigos gais. De 20 años a la fecha han mostrado una mayor apertura.

    Ahora que Peña Nieto propuso legalizar los matrimonios del mismo sexo y anunció cambios en la constitución, lo que más me llamó la atención no fue la noticia en sí, sino el poco ruido de los sectores más conservadores de la sociedad. En un país tan católico y mariano, yo esperaba una reacción directamente proporcional. No la hubo, o al menos no la he visto.

    Es decir, las autoridades no se han encontrado con mucha resistencia. Cuando el matrimonio igualitario amenazaba con legalizarse en Guadalajara (lo cual evidentemente sucedió), la organización Jalisco es Uno por los Niños realizó una marcha multitudinaria. Fueron muchos pero no tantos, no lo que uno podría esperar para una ciudad tradicionalmente conservadora como Guadalajara. Después, cuando las autoridades legalizaron el matrimonio, la misma organización convocó a otra marcha. Ni siquiera pudieron llenar la Plaza de la Liberación (cuyo tamaño es aproximadamente la mitad del Zócalo de la CDMX).

    Me pregunté, ¿Y esa es la resistencia? ¿Tan pequeña? Incluso en otros países más «liberales» como Francia e Italia, la resistencia a estos cambios ha sido mayor.

    Creo que es sano que esas resistencias existan con el fin de que las transiciones, es decir, los cambios de valores o paradigmas dentro de una sociedad, sean más tersas, razonadas, y no abruptas (no me refiero necesariamente que se deba postergar una decisión así, sino que se deba someter a debate, se analicen sus pros y contras, y se delibere para buscar la mejor manera de adoptar dicho cambio).

    Los conservadores, así como los liberales, tienen un papel importante dentro su comunidad; porque la contraposición de las dos corrientes ideológicas propicia un sano equilibrio dentro de la sociedad.

    Las instituciones que hemos creado, como la familia, que tiene sus propios valores y principios, son las que dan cohesión a una sociedad. Un cambio de forma abrupta puede alterar esa cohesión. En cambio, cuando éste es razonado y se somete a un debate, puede incluirse dentro de ese tejido sin alterarlo, fortaleciéndolo más bien. Es decir, hablando del matrimonio gay, no sólo tendríamos que hablar de «mi derecho», sino deberíamos someterlo a escrutinio para incluirlo de tal forma que adopten los valores y responsabilidades que implica tener una familia. Es decir, que cumplan con esa función y no se quede en un «logro por la obtención de un derecho».

    Pero en México, ahora que se harán cambios en la constitución, los círculos conservadores han brillado por su ausencia. Y me sorprende.

    Y sería irresponsable decir que todo es culpa del lobby gay, o de los «intereses oscuros». Porque de la misma forma que la comunidad gay tiene sus mecanismos para ejercer influencia y sacar adelante una agenda, los sectores conservadores también la tienen, también tienen su agenda propia, muchas veces por medio de Iglesias y escuelas a las cuales existen las élites, donde inculcan su credo y sus valores. En una sociedad democrática, los sectores conservadores también gozan libertad de expresión y pueden ejercer su influencia. Tienen sus páginas web y sus Fan Pages de Facebook, pero parece que la gente no muestra mucho interés.

    Pareciera que los conservadores llevan las de perder en el discurso. De hecho parece que este sector conservador (a diferencia de hace 20 años que era mayoría) es más bien pequeño y minoritario.

    Por ejemplo, según Mural (Reforma), en Guadalajara todavía son mayoría quienes están en contra de los matrimonios igualitarios, aunque en las clases más educadas la resistencia ante el matrimonio igualitario es menor:

    gay

    Pero tendríamos que remitirnos también a lo cualitativo. Es decir, quienes no están de acuerdo ¿qué tanto no están de acuerdo? Posiblemente muchos de quienes se oponen no lo hacen de una forma categórica.

    Es decir, su negativa no es lo suficientemente fuerte como para salir a la calle a manifestarse. Muchos de aquellos que aseguraron estar en contra, posiblemente no pierdan el sueño si el matrimonio entre personas del mismo sexo se aprueba. Eso, agregando el hecho de que como ciudadanos tendemos a ser pasivos y no luchamos mucho por lo que creemos, explica por qué la resistencia es tan endeble.

    En un país como Francia donde la gente está más preparada (tanto los liberales como conservadores tienden a ser más letrados y sus argumentos son más sólidos) y es más activa socialmente, se entiende que se organicen manifestaciones en pro y en contra que aglutinan a cientos de miles de personas, llenen plazas y presionen gobiernos. En México eso no sucede. Incluso las marchas a favor del matrimonio del mismo sexo tampoco se caracterizaron por ser masivas, cuando ya es poco menos de la mitad quien se muestra a favor.

    Los humanos tendemos a rechazar lo raro o lo poco frecuente, sobre todo aquello que no conocemos. Cuando entonces, ser gay ya no es algo «tan raro» (en términos de frecuencia), aprendemos a ser más tolerantes. Esto también explica por qué hay más gente que no siente aversión, y por qué una convocatoria para manifestarse en contra del matrimonio gay (aunque su postura sea «en contra») ya no les resulta tan atractiva. Incluso las razones para oponerse, en muchos casos, son otras. Ya no es «esos jotos desviados», sino «respeto a los gays pero un niño necesita una mamá y un papá».

    Los conservadores tienen, o deberían de tener, un papel que no están asumiendo, o lo están haciendo de una forma muy timorata; como si mostraran una fuerte incapacidad para poder comunicarse con el grueso de la sociedad (siendo que la sociedad mexicana no se destaca por ser una muy liberal), y como si sólo se tratara de aglutinar a los suyos, a quienes asisten frecuentemente a la Iglesia o que son parte de instituciones conservadoras.

    La comunidad gay (o el lobby gay, o como le quieras llamar) ha tenido la capacidad de persuadir a algunos de quienes no pensaban como ellos, se metieron hasta la cocina. Los círculos conservadores, a quienes en teoría no les falta dinero y recursos, no lo han hecho, y no han logrado conectar con el grueso de la sociedad. Posiblemente necesiten elevar el nivel del discurso o adaptarlo a las nuevas generaciones, posiblemente tengan que hacerlo de una forma menos sectaria (por ejemplo, sus argumentos son relacionados en la gran mayoría de los casos, con la religión), posiblemente necesiten mejorar la forma en que se comunican, o necesiten romper paradigmas y poner a prueba sus argumentos. Y contrario a lo uno podría pensar, incluso sin ser conservador, creo que los conservadores tienen algo valioso que aportar, porque dentro de una democracia, y sobre todo, dentro de una sociedad madura, su existencia es necesaria y no es prescindible.