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  • La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    La tolerancia es una de las características de las sociedades avanzadas. Ser tolerante no significa estar de acuerdo con aquel que piensa diferente, sino respetar su decisión y su diferencia. La tolerancia tiene que ver con la educación y con la tolerancia a la frustración (valga la redundancia).

    Por un ejemplo, si llevamos a nuestro hijo pequeño a la calle o a un centro comercial, y éste ve a una persona diferente a él (por decir, un negro), que no es un común denominador dentro de los círculos de personas que lo rodean; lo normal es que lo mire con extrañeza e incluso haga juicios sobre él. Este tipo de discriminación se puede explicar por medio de nuestra naturaleza humana, es algo instintivo. Pero los seres humanos somos seres superiores a las demás especies de animales, porque por medio de la razón, aprendemos a moderar nuestros impulsos.

    La educación que reciba el niño (tanto por parte de sus padres, de amigos e inclusive medios de comunicación) hará que el niño aprenda a no discriminar al negro. Pero no sólo se trata de la educación en sí, sino del desarrollo a la tolerancia a la frustración y a la capacidad de postergar  impulsos y gratificaciones.

    Yo puedo ir caminando por la calle, y de forma intempestiva, una persona se me cruza en el camino. Yo en mi mente puedo pensar: – Maldito imbécil, me dan ganas de ponerle unos buenos golpes. – Lo puedo pensar incluso si soy una persona que aprende a controlar sus emociones, pero la diferencia estriba en que antes de actuar instintivamente, tendré la capacidad de racionalizar dichas emociones. Al hacerlo podré llegar a la conclusión de que posiblemente el hombre tenía mucha prisa, o que si decido agarrarme con esa persona a golpes, el beneficio que puedo obtener es muy poco comparado con el perjuicio que pueda recibir (que me rompan la madre, o que la policía me detenga).

    Cuando hablamos de sociedades intolerantes, hablamos de sociedades que suelen no estar muy bien educadas y/o que tienen baja tolerancia a la frustración. Basta que se cumpla una de estas dos condiciones para que esto suceda. Por ejemplo, una persona ecuánime puede discriminar o atentar contra otra persona con base en sus rígidas creencias (fácilmente objetables), o bien, una persona muy estudiada pero con muy poca tolerancia a la frustración, puede asesinar con base a la tergiversación de la historia universal que ha aprendido.

    Tolerancia

    Lograr formar una sociedad tolerante no sólo tiene que ver con la cultura o idiosincrasia de una sociedad, también es un trabajo individual. En los países desarrollados se pueden ver manifestaciones de intolerancia, pero al final del día dichos países tienen instituciones que funcionan, gracias en parte, a una sociedad que ha aprendido a ser más tolerante con los demás, que tiene la suficiente tolerancia a la frustración para respetar el triunfo del candidato con el que no simpatiza, y que paga impuestos sabiendo que esa «pérdida» tendrá algún tipo de recompensa, posiblemente no para él, pero sí para la sociedad.

    El hecho de que en México se asesinen periodistas, tiene una estrecha relación con las características y carencias de nuestra sociedad.  Independientemente de las coyunturas que puedan agravar el problema (por ejemplo, la irrupción del narcotráfico), la falta de tolerancia y la ignorancia han provocado que nos demos el lujo de tener políticos que terminen con vidas para que su poder no sea amenazado.

    Rubén Espinosa

    Hasta en el país más desarrollado y democrático, a un político no le va a agradar una dura crítica de algún periodista; posiblemente cuando esté con su esposa en la cama le diga que tiene muchas ganas de darle unos plomazos para que se calle. Pero dicho político se va a contener, porque sabe que eso, de inicio, implicaría una contradicción a sus principios que pregona en público, porque sabe que a la larga habrá un perjuicio mayor a él mismo y a la sociedad que el beneficio que podría obtener, entre otras razones. Dicho político ha entendido que la diferencia es parte fundamental de la sociedad en la que vive y que gobierna, y que incluso gracias a dicha diferencia ha llegado al poder (al poder ser elegido por el pueblo de entre una terna de candidatos).

    Pero en una sociedad atrasada como la nuestra (y tomando en cuenta que no es uniforme, el Distrito Federal o Jalisco tienden a ser bastante más tolerantes que Veracruz o Guerrero, por poner un ejemplo), periodistas como Anabel Flores o Rubén Espinosa pueden ser ultimados porque son incómodos al Gobierno, incluso al punto de que fotografías donde el Gobernador no muestra su mejor perfil sean razón suficiente (cosa que se presume, en el caso de Rubén Espinosa).

    La matanza de periodistas en México y la tolerancia a la frustración

    Cuando tenemos mayor dificultad en postergar gratificaciones, tendemos más a saltarnos las leyes, lo cual se vuelve un círculo vicioso. Porque entonces el individuo se da cuenta que las instituciones no funcionan y por ende, tiene más razones para brincárselas. La única forma de romper esa cadena es postergando gratificaciones, por ejemplo, pensar primero en el país y en las demás personas antes que en el beneficio inmediato. Lo más fácil e inmediato sería darle una mordida al tránsito. Quien ha cometido la infracción vial sabe que tendrá que pagar una cantidad bastante menor al agente de tránsito si lo corrompe que la multa que debería de pagar al Estado. Pero si entendemos que vivimos en una sociedad que queremos que funcione (porque a todos, hasta los más corruptos, nos molesta la corrupción), tenemos que aprender a postergar gratificaciones.

    Javier Duarte podría pensar en su legado, en el amor a su Estado. Pero prefiere lo inmediato, prefiere pensar en como hacerse rico sin importar el juicio que hará la historia de él, posiblemente termine sus días rodeado de dinero, pero su apellido habrá quedado manchado y tal vez esto con perjuicio a sus descendientes que cargarán su apellido. Y a la vez se entiende porque el Gobernador de Veracruz ha crecido en un ambiente (una de las peores facciones de su partido en México) donde se premia la corrupción, la ambición y el autoritarismo. Duarte no tiene empacho en perjudicar a la sociedad (desapareciendo reporteros incómodos) con tal de beneficiarse a él mismo.

    Si queremos entender por qué en nuestro país mueren periodistas, tendemos que entender entonces las condiciones que propician actores políticos o líderes del narcotráfico quienes acaban con la vida de los demás con el fin de obtener un beneficio. No es sólo un problema del Gobierno, también es un problema de todos nosotros. Es un problema de educación, de los valores que le damos a nuestros niños, y sobre todo, que les enseñemos a postergar gratificaciones y a tolerar a aquellos que sean diferentes a ellos aunque disientan (ya sean opositores, religiosos, de raza diferente, de preferencia sexual diferente, de posición económica diferente o postura política diferente).

  • Vivos se los llevaron, vivos los queremos

    Vivos se los llevaron, vivos los queremos

    ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

    Los gobernantes podrán criminalizar la protesta, podrán crear hastío en la población para que no tenga capacidad de reacción, pero cuando haces «encabronar» a la sociedad, por más técnicas de manipulación de masas que uses, todo se te puede salir de control.

    penpen

    Y hoy la sociedad está encabronada, de hecho yo estoy encabronado.

    Y la sociedad está en las calles, eso que parecía impensable, porque ni las reformas que calaban en cierto sector de la sociedad, ni siquiera los intentos de censura en la Reforma de Telecomunicaciones habían logrado tanto. Pero hay un momento en que esas líneas que dividen a la sociedad, ese clasismo, esa diferencia de posiciones sociales se olvida y regresa ese sentimiento de solidaridad para que la sociedad se defienda de sus enemigos, y lamentablemente en estos casos, el Estado pareciera ser parte de los villanos y no de los buenos (como dicen que en el papel debería de ser).

    Que si estaban coludidos con el narcotráfico, que si el Gobernador era perredista o que si antes era priísta; que si el alcalde es responsable, que si lo es el Gobernador, que si el Gobierno Federal tiene responsabilidad. Lo cierto es que el Estado mató estudiantes. El Gobierno mató, lo repito, el Gobierno mató, mató a personas inocentes. 

    ¿Como esperar de México un país reformador cuando esta bazofia de Estado de Derecho no sirve? ¿Cómo esperar que la gente cumpla cabalmente con sus obligaciones fiscales cuando sus impuestos se han usado para matar inocentes, sí, para matar?

    Y los políticos relativizan lo que ha ocurrido. no le dan mucha importancia. Peña Nieto en lugar de trabajar y buscar esclarecer en el asunto se toma selfies en Monterrey. Peña Nieto sonríe, pero su semblante desgastado lo delata. El Presidente, el que está al timón del barco llamado México, no parece importarle mucho lo que sucede. Sus imágenes junto con las regiomontanas terminan siendo insultantes a la vista.

    Agreden a Cuauhtémoc Cárdenas (cosa que se me hace injustificable), quien seguramente no tiene relación alguna con los hechos y quien trató ser parte de la manifestación. Lo agredieron, no importaba si era «de izquierda», la gente está harta, está «hasta el queque» de los políticos, les tiene una desconfianza profunda, tremenda.

    Los gobernantes quieren jugar a la simulación: -Mira, detuve al capo; -Mira, me atreví a salir a hablar con los estudiantes del «Poli». Ya nadie se la cree, los políticos están tan alejados que los ciudadanos sólo pueden confiar en ellos mismos. En política ya no hay líderes, los que pretenden serlo, se tratan de «colgar» para recibir simpatías pero reciben pedradas, ¿López Obrador? Ni quién se acuerde de él, la gente quiere respuestas, quiere justicia, no quiere «teorías del compló».

    Que si los reclamos de los normalistas son absurdos, que si sus métodos son criticables, son cosas que se pueden discutir y señalar. Pero eso no se compara con lo que ha sucedido. Para que en pleno siglo XXI alguien tenga la capacidad de desollar a otro semejante, es que algo debe de estar mal no sólo en su psique, sino en el sistema del cual es parte.

    El encono sigue aumentando, la indignación también. Peña Nieto evade la realidad con felices selfies. Dicen que el país se le puede salir de sus manos, aunque deberíamos preguntarnos si alguna vez lo llegó a tener. Desde el gobierno de Calderón afirmaba que el país era una olla de presión, pero en esos tiempos al menos había cierto control y la sociedad tenía un poco más de confianza en su gobierno. Ahora la olla brinca, se tambalea, como si en cualquier momento pudiera explotar.

    «Vivos se los llevaron, vivos los queremos» La gente quiere respuestas. El Presidente debería de estar en juntas interminables para solucionar estos problemas, deberían de haber respuestas rápidas, deberían haber ya castigados. Aquí no importa si los masacrados eran «chairos o derechosos» aquí importa que son seres humanos, que son mexicanos, y que merecen que les respeten sus derechos y su integridad. ¡No se vale lo que ha sucedido!

    El Gobierno de Peña Nieto se cae a pedazos. Pero lo que más duele es que México lo hace también. La gente pierde la confianza, se siente triste, frustrada, no sabe en quien confiar, tiene recelo a sus autoridades, no se siente escuchada.

    Me da tristeza. Me da tristeza porque pensé que esto era cosa del pasado, me da tristeza porque yo quería ver a México en otro punto, me da tristeza porque me siento vulnerable igual que todos los mexicanos.

    Y con un carajo, yo quiero ver vivos a todos los que se llevaron.