Etiqueta: Masacre

  • Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    Hoy es un día difícil. La goleada que recibió la selección nacional a manos de Chile es una anécdota comparado con lo que ha sucedido hoy.

    Para entender lo ocurrido, no debemos abordar el asunto discriminando entre blancos y negros, entre buenos y malos. Hay que entender que hay toda una gama de grises y que el problema es mucho más complejo de lo que se piensa. Pensar en Gobierno bueno vs CNTE malo, o CNTE bueno vs gobierno malo no nos llevará a nada. La vida no es así, por más que nos hayan enseñado a verla de esa forma.

    Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    De hecho, las dos partes son muy corruptas. El gobierno de Peña Nieto es uno de los más corruptos de la historia moderna de México. La CNTE es una organización completamente corrompida heredera de las viejas prácticas del PRI, del corporativismo y del clientelismo, y que ahora recibe el cobijo de López Obrador.

    Voy a decir algo cierto. Es necesario que le quiten el poder a la CNTE y que el gobierno tome la rectoría de la educación educativa. La CNTE es una organización que ha contribuido al rezago de estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca. Unos líderes han tomado como botín la educación para satisfacer su hambre de poder.

    Voy a decir algo que también es cierto. El gobierno mató. El gobierno mató a maestros con el propósito de desalojar la carretera. Sí, #FueElEstado. También un periodista que cubría el evento fue asesinado por sujetos desconocidos cuando cubría la protesta.

    Y también cabe mencionar que la Reforma Educativa tiene el propósito único de regresar la rectoría de la educación al Estado. Que sí, es primera condición para mejorar el nivel educativo; pero a juzgar por la propuesta la Reforma en sí es el único fin. Por sí sola, podría interpretarse como un juego del poder. Que el Estado quiere tener la rectoría de la educación porque es poder y no porque quiera mejorarla.

    El gobierno niega que los policías hayan estado armados, pero las pruebas de lo contrario abundan. Fotografías, videos:

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    Yo había dicho que el Estado tenía que usar la fuerza de la ley en caso de que sea necesario. Pero ojo, no hay que tergiversar el término, hablo de «la fuerza de la ley». Es decir, el Estado debe de actuar respetando el Estado de derecho.

    Es decir, el gobierno debe hacer cuando pueda en tanto las leyes se lo permitan. Las leyes no te permiten matar manifestantes para desalojar una carretera. Incluso si los manifestantes actúan violentamente, si usan machetes por ejemplo, la violencia debe usarse solamente con el fin de salvaguardar la integridad de los cuerpos policiacos o de terceras personas. Los muertos, a juzgar por las imágenes y videos publicados en redes sociales (muchos replicados por medios informativos) no llevaban machetes, ni cargaban pistolas.

    Matar así, entonces, no es usar la fuerza de la ley, es cometer un crimen. Matar a una persona cuando la ley no justifica el acto se convierte automáticamente en un crimen. Los miembros de la Policía Federal que mataron a los manifestantes entonces son criminales y deben de ser procesados como tales. Si la orden la dio Aurelio Nuño, entonces también es un criminal. Si Peña Nieto tuvo relación alguna con dicha decisión, entonces es un criminal también.

    Nochixtlán CNTE

    La respuesta debe corresponder al acto. Es decir, las consecuencias de mis actos están tipificadas por la ley. Si robo un dulce, en consecuencia recibo una pena, si altero el orden público, tal pena, si mato a alguien, esta otra pena. De esto se trata cuando se habla de que se aplique la ley a cierto grupo. En algunos casos el Estado puede ejercer represión contra un grupo que está vulnerando los grupos de terceros. Pero también el tipo de represión debe tener relación con el tipo de acto. En ciertas circunstancias, la policía puede usar gases lacrimógenos, en otras puede llegar a usar la violencia para neutralizar ante un grupo que se ha convertido en una amenaza, y el tipo de violencia debe de ir en concordancia con el tipo de la amenaza. De esta forma, se entiende que no hay razón alguna para haber matado policías.

    Por otro lado tenemos que ver las consecuencias que estos actos tienen en la psique colectiva en México.

    México es un país «con muchos traumas». La izquierda radical como la propia CNTE, López Obrador y demás son claro ejemplo de ello. Estas organizaciones no salieron de la nada, son consecuencia del malestar de gobiernos que han trabajado para unos pocos, para las élites, que generalmente se encuentran muy cerca del propio gobierno, lo cual ha generado una gran desigualdad en el país (es eso, y no el libre mercado como muchos piensan). Actos como los de hoy son los que generan agravios, los cuales se convierten en traumas, y por tanto alimentan a estos grupos radicales y los empoderan. Grupos que se sienten indignados y se radicalizan, indignación que es cooptada con prontitud con líderes con oscuros intereses. Cuando se radicalizan, la posibilidad de diálogo disminuye o de plano desaparece.

    Lo ocurrido en Nochixtlán no será un golpe duro a la CNTE, por el contrario, le dará legitimidad. Un discurso de victimización ante un gobierno cuyos índices de popularidad son los más bajos desde que existen este tipo de mediciones quedará muy ad hoc.

    Y sí, así como he afirmado que López Obrador pareciera haberle hecho el trabajo al PRI «sin querer» en varias ocasiones, ahora parece que el PRI está haciendo todo lo posible para que el tabasqueño pueda erigirse como presidente en 2018. Son buenos cocineros, están preparando muy bien el caldo de cultivo para que así suceda.

    Y para concluir, como suele suceder en nuestro país, lo más probable es que no ocurra nada. No habrá culpables, y si los hay, serán de bajo rango. Este gobierno, por ejemplo, sigue sin explicarnos bien que pasó en Ayotzinapa.

    Sí, hoy es un día difícil.

  • Kenia vs Charlie. Porque los negros y los pobres siempre serán relegados

    Kenia vs Charlie. Porque los negros y los pobres siempre serán relegados

    ¿Se acuerdan de Charlie Hebdo? Esa vez que todo el mundo se conmocionó, que fue tema de debate «que si la libertad de expresión tiene límites». Se trató de un atentado donde 12 personas murieron (sí, algunas de ellas un tanto respetadas dentro de su ámbito). Varios mandatarios asistieron a una multitudinaria manifestación en París. Los presidentes de Israel y de Palestina en la misma fila, Hollande, Merkel. Todos nos conmocionamos.

    Kenia vs Charlie. Porque los negros y los pobres siempre serán relegados

    Ahora en otra masacre perpetrada en Kenia (la Universidad de Garissa) por musulmanes extremistas (La agrupación yihadista Al Shabab) mueren 148 estudiantes. Diez veces el número de muertos que tuvimos en Francia.

    Los extremistas separaron a los musulmanes de los cristianos y masacraron a estos últimos en un terrible baño de sangre. ¿Dónde está la comunidad internacional? ¿Dónde están los mandatarios, ya no manifestándose, sino pronunciando algo? ¿Dónde están los medios?.

    -Ah, es que, pues son gente jodida, son negritos, son de África, ese continente atrasado al cual hemos explotado históricamente. -¿De qué te preocupas, si entre ellos se comen? De seguro no tienen electricidad y no saben que es. Así son. 

    A pesar de que el móvil de la masacre es parecido al de Charlie Hebdo (radicales musulmanes matando por razones religiosas) no importó. Los medios casi no hablan de ellos. Yo no veo a las comunidades universitarias reaccionar, yo no veo mi muro de Facebook hablando del tema, mucho menos debatiéndolo.

    Tal vez sí, nos preocupamos más cuando vemos un atentado más cercano. Nos sentimos «más identificados» con occidentales franceses que con «negros nativos de África» por la misma razón por la que nos indignamos al ver a una «güerita» vendiendo chicles mientras que cuando los niños son morenos los vemos como gente indeseable que nos estorban en nuestro conducir. Las no abundantes notas hablan paradójicamente de las razones del por qué los medios no le han puesto tanta atención a ésta masacre, pero se trata como una noticia más, como algo que quedará olvidado en unas semanas.

    Y mientras nos vale madre, estos radicales musulmanes siguen creciendo y ejerciendo una mayor influencia. Esos radicales que en nombre de Alá perpetran los más viles crímenes en contra de la humanidad, que matan a quienes no piensan como ellos o que profesan religiones diferentes (como a los cristianos a los que no se han cansado de perseguir).

  • Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    A quienes les da pereza pensar se aferran a dogmas preestablecidos. No necesitan razonar mucho, la «verdad» ya está dada; todo lo que necesitan saber ya está escrito, solo hay que tomarlo por verdadero y denostar a quienes critican esa estructura de creencias porque los podrían sacar de su zona de confort intelectual. ¿Cuál es le precio a pagar? Que terceros pueden a utilizar tu persona con el objetivo de cumplir sus propios propósitos y saciar sus propios intereses.

    Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    Conforme navegas hacia los extremos de los espectros políticos e ideológicos, te encontrarás con ese tipo de gente. En la ultraizquierda, en la ultraderecha, en el fundamentalismo religioso. Quienes pertenecen a uno de estos grupos no cuestionan, defienden con sangre sus creencias por más rebatibles que sean; y por más extremos (y por tanto dogmáticos) sean, serán más intolerantes con los que llaman «sus adversarios» y no se tentarán el corazón para acabar con ellos, aunque maten a personas inocentes en nombre de Dios.

    Por esto se entiende lo ocurrido con el periódico satírico Charlie Hebdo, un diario francés de izquierda (que no sólo criticaba a la derecha, sino a la izquierda misma), y que había satirizado tiempo antes a los musulmanes, lo cual les trajo críticas y amenazas. Charlie Hebdo satiriza a muchas corrientes políticas e ideológicas, pero queda patente cuales son las más intolerantes cuando responden con sangre, queda patente cuando tienen el descaro de matar en nombre de Dios, por «haberse metido» con sus creencias.

    La última portada estaba dedicada al polémico libro Sumisión de Michel Houellebecq, que describe un futuro de Francia en el que su presidente es un musulmán. El último tweet de la revista es una caricatura del autoproclamado jefe del Estado Islámico bu Bakr al Baghdadi acompañado del comentario «los mejores deseos».

    En nombre de Dios, sí, en nombre de Dios tres encapuchados pueden entrar a un establecimiento y matar a doce personas, entre ellos a un policía que recibió una bala y fue rematado por uno de los enfermos asesinos. Gritaron Alahu al akbar (Dios es Grande) al momento de perpetrar semejante crimen, aunque yo creo que más bien Dios sentiría vergüenza por haber creado este tipo de fanáticos enfermos.

    -Pero Cerebro, no manches, acá en México también matan periodistas y Televisa te idiotiza, y tú fijándote en esas cosas. Lo sé, pero pongamos las cosas en este contexto, imagina que unos narcotraficantes (en vez de fundamentalistas islámicos) entran a la sede del Reforma o La Jornada (o tu diario favorito), matan a varias personas, entre ellas, el Director General del diario, algún columnista que tú leías en su portal de Internet y a uno que otro cartonista que tú conocías. ¿Qué sentirías? Es una masacre, como la de Ayotzinapa, esa en la cual muchas personas de varios países han mostrado preocupación y consternación.

    El video del asesinato del policía es shockeante, de alguna forma soy inmune a que me afecte emocionalmente como mecanismo de defensa psicológica, pero me pongo a pensar, éste policía tenía una historia, tenía una familia, hijos, sueños, y este fanático no tiene el más mínimo remordimiento de despojarle de su vida, como si se tratara de un simple objeto. Y dicen, lo hacen en nombre de Dios:

    Si eres muy sensible, te recomiendo no ver el video:

  • Qué quede bien claro, Fue el estado

    Qué quede bien claro, Fue el estado

    Hoy la Selección Mexicana «se vengó» de Holanda y a casi nadie le importó. Se habló del golazo de Carlos Vela quien regresaba después de 3 años a la selección y del Chicharito. Pero no hubo esa catársis que muchos (algunos convenientemente) esperaban. Al menos en las redes sociales nadie trajo a colación el #NoEraPenal, ni se habló del que algún momento fue el enemigo nacional (Arjen Robben). Eso es sin duda una buena noticia, no porque esté mal que la gente siga el futbol, sino porque sabe que en estos momentos hay otras prioridades que buscar la «revancha» contra Holanda. Porque 43 muertos en una masacre son mucho más importantes que un penal que no fue (o eso dicen).

    Qué quede bien claro, Fue el estado

    Ahora muchas voces han salido a relativizar los hechos de Ayotzinapa. Y es que dentro de la natural indignación de la sociedad, hay también una batalla electoral. No miente el Padre Solalinde cuando afirma que el Gobierno ha manejado éste profundo problema con tintes políticos y electoreros. En realidad lo que podemos ver es una batalla entre PRI, PRD e incluso MORENA. El PRI creyó que Ayotzinapa iba a manchar al PRD. Por eso Peña Nieto, después de varios días cuando habló del tema, lo mencionó como «ese asunto que ocurrió solamente allá en Iguala». El PRD y López Obrador han señalado a Peña Nieto como el principal responsable «de esta tragedia», a pesar de que Abarca militaba en el PRD y a pesar de que AMLO apoyó la candidatura de Abarca, o al menos no hizo nada cuando le contaron de sus antecedentes.

    La realidad es que hay muchos responsables. La realidad es que sí «Fue el estado». Como menciona Juan Pablo Becerra-Acosta en su columna, el Diccionario de la Lengua Española lo define así: «Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano«. Quien mató a los estudiantes fue el gobierno de Iguala que es parte del Estado.

    No se vale, como muchos hacen, relativizar la masacre apuntando a que fueron unos simples delincuentes o policías como si se hubiera tratado de un hecho aislado. No, el gobierno mató, el culpable aquí es el gobierno. El Gobierno de Iguala es una ínfima representación del estado, pero es parte del estado, y para encontrar una solución a este problema, tenemos que empezar por reconocer que quien mató a los estudiantes de Ayotzinapa fue el estado.

    Quienes tratan de relativizar la masacre, quieren crear la idea de que «un gran número de personas maquiavélicas o cuando menos ingenuas e ignorantes» piensan que Peña Nieto fue el asesino. Yo creo que esa idea la tiene más bien una ínfima minoría (muy gritona, sí). Esa aseveración la hacen en base a los reclamos de los manifestantes que piden que renuncie Peña. Si hubiera sido Peña Nieto el autor intelectual, no estarían pidiendo su renuncia, estarían pidiendo la cárcel y pedirían que fuera procesado por delitos de lesa humanidad en La Haya, esto no es así.

    Con todo y que algunos políticos y líderes quieran hacer creer interesadamente que con la renuncia de Peña se soluciona Ayotzinapa, la mayoría de quienes quieren que Peña Nieto se vaya, lo quieren por la ineptitud con la que ha manejado el conflicto, lo hacen porque desde su llegada la impunidad y la violencia ha aumentado, lo hacen porque un cúmulo de resentimientos explotaron: Las elecciones del 2012, la Reforma Fiscal, el intento frustrado de censura con la Reforma de Telecomunicaciones y un sin fin de molestias de los ciudadanos para con el gobierno. Podemos debatir si es prudente pedir su renuncia o no, pero los motivos que provocan dicho deseo son genuinos y razonables.

    Quienes intentan relativizar la masacre buscan encasillar para de esta forma desprestigiar. Dicen que quienes afirman que fue el estado y que desean que Peña renuncie, son necesariamente izquierdistas ligados a López Obrador. Ciertamente López Obrador busca, al igual que lo hace el PRI, usar la masacre para obtener la mayor rentabilidad política (o bien, para control de daños). Pero basta que cada uno revise sus redes sociales para constatar que quienes hacen esas afirmaciones, lo hacen desde distintas posturas ideológicas y no se trata de una consigna de un personaje.

    La gente está muy molesta, en el Amsterdam Arena donde jugó la selección se escuchó el grito de justicia. Ayotzinapa recorre el mundo, la indignación es total. Los medios internacionales son implacables con Peña Nieto (y quienes intentan relativizar la masacre no creo que puedan encasillar a The Financial Times, The New York Times o a El País en esa misma masa de izquierdistas pro AMLO). El gobierno debe de lidiar con una fuerte crisis de legitimidad (al que se suma el penoso asunto de la Casa Blanca de Angélica Rivera), el problema es que ya nadie cree en el gobierno, y los ciudadanos se sienten solos.

    Y algunos todavía tienen el empacho de afirmar que ese resentimiento con un gobierno que no trabaja para ellos tiene que ver con una campaña de odio, y con sentimientos negativos que deben de ser paliados con florecitas en Facebook.

     

  • Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

    Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

    Abarca y su esposa, los presuntos autores intelectuales del crimen fueron encontrados en una casa en Iztapalapa. Dato curioso que esta casa se encontrara sólo a 15 minutos del centro de mando de la Policía Federal.

    Abarca y su esposa debajo del colchón de Iztapalapa

    Quien crea que con su detención el asunto está resuelto se equivoca.

    Porque las preguntas siguen al aire ¿Dónde están los 43 estudiantes desaparecidos? ¿Ya murieron o no, y si fue así, quienes fueron todos los culpables? ¿Cómo explican las fosas clandestinas que siguieron apareciendo? Llevamos más de un mes y no hay respuestas. La detención del alcalde y su esposa no hará mucho, sobre todo porque el problema de Guerrero (que proviene desde la Guerra Sucia de los años 70) va mucho más allá, y éste alcalde es más que la creación del problema, la manifestación del problema.

    Es natural que el asunto de Ayotzinapa se le salió de control al gobierno. Hemos tenido una de las manifestaciones más grandes de los últimos tiempos, y es que la gente no sólo está molesta por lo sucedido en Iguala, las inconformidades con el gobierno actual son muchas y vienen tanto de la izquierda como de la derecha. Llegamos al punto en que personajes como Eugenio Derbez (que trabaja en una televisora oficialista) arremete contra el gobierno, y se publican columnas como la de Jorge Ramos en el Reforma cuyo titular habla sobre «La renuncia de Peña Nieto».

     

    El gobierno busca por todos los medios que esto les afecte lo menos posible, aunque parte del daño a su alicaída imagen ya está hecho. Para ellos la detención de Abarca y su esposa puede ser una buena noticia desde el punto de vista mediático. Pero la gente se sigue preguntando dónde están los estudiantes, la gente no ve la masacre como un incidente aislado cometido por Abarca y su esposa, sino como lo que es, un problema que está enquistado en todos los niveles de gobierno, narcotráfico, impunidad, corrupción.

    Que los partidos creen un Pacto contra la Inseguridad es poco menos que insultar a los gobernados. Primero, porque los partidos han tenido mucho que ver en las manifestaciones de violencia actuales, y parte de lo sucedido es consecuencia de sus decisiones. Segundo, porque el Pacto por México firmado hace dos años tenía un propósito que traería resultados distintos a los que hoy vemos. Gracias a este se aprobaron reformas cuya calidad está en tela de juicio, y porque fue una estrategia que al final trató de beneficiar la imagen del gobierno actual en detrimento de los otros partidos. Gracias a ese pacto, Peña Nieto se presumió como el reformador (sin otorgarle ningún crédito a los otros partidos) aunque ese hype ha sido ya completamente opacado por Tatlaya y Ayotzinapa. A esto hay que traer a colación los miles de acuerdos y apretones de manos que sólo han servido para la foto.

    La detención de Abarca y su esposa sólo es una pequeña cosa de las tantas cosas grandes que se deberían de hacer. Creer que el asunto estará resuelto con la detención es minimizar lo ocurrido y evadir culpas y responsabilidades. Porque lo de Ayotzinapa no es un hecho aislado de un alcalde, es la punta del iceberg de un sistema que no funciona bien. Porque atrapar a un alcalde otorga un efecto poco menor a detener un capo de la droga para después ver que el narcotráfico sigue creciendo a niveles alarmantes. Porque debería ser sólo una anécdota, y porque supondríamos que la detención e interrogatorios deberían de ayudarles a dar con los desaparecidos (vivos o muertos) pero mientras no suceda, esto es poco menos que nada.

    Poco menos que nada.

    P.D. Al tiempo que termino de escribir este artículo, aparece una nota en el portal de aristeguinoticias.com que afirma que los integrantes de guerreros unidos fueron quienes dieron la orden de matar a los 43 estudiantes: http://aristeguinoticias.com/0411/mexico/integrantes-de-guerreros-unidos-confiesan-ejecucion-de-normalistas/

  • Cuándo los ciudadanos ya no quieren a su gobierno

    Cuándo los ciudadanos ya no quieren a su gobierno

    En lugar de irme de fiesta este viernes y conocer chicas bonitas, me quedaré aquí pensativo para compartirles mi reflexión. Bueno, la verdad es que saldré de fiesta mañana y hoy descansaré porque tuve una semana cargada de trabajo, y quiero aprovechar para hablar del ánimo del mexicano actual. Me pesa, me pesa muchísimo ver esto. Las opiniones de las personas me dejan un sabor agridulce porque por un lado parece que han tomado conciencia de lo que está pasando en nuestro país, pero por otro lado noto una frustración muy grande y una gran desesperanza en sus palabras.

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    Si el Chicharito y Fher de Maná muestran su profunda solidaridad con los jóvenes de Ayotzinapa (el primero es de llamar la atención porque no es común que un futbolista se manifieste abiertamiente sobre un tema que el gobierno quiere relativizar) es porque la indignación ha escalado a niveles inusitados. No sé si el gobierno sea consciente de eso, porque a pesar de que los reflectores apuntan al Gobierno Estatal y al de Iguala, al Gobierno Federal se le ve como parte del problema y no como parte de quienes buscarían una solución. Para la masa cada vez más creciente de ciudadanos indignados por la masacre de estado (tan heterogénea ya) el Gobierno es más bien visto como una suerte de enemigo, en el mejor de los casos como unos ineptos que no saben como resolver el problema.

    Muchas veces lo he comentado, para que un país funcione, la sociedad debe de tener cierto nivel de confianza en sus instituciones (aunque no simpatice con el partido de quien las preside). Para que exista un estado de derecho, esto es algo completamente necesario. Pero la gente no confía. Ver esa chocante pero necesaria leyenda en el Zócalo de la Ciudad de México que dice «fue el estado» refleja el nivel al que ha llegado el distanciamiento entre el estado y los ciudadanos. Los ciudadanos se consideran como un ente aparte del Estado y no como una suma que forma a éste país llamado México.

    Es un círculo vicioso, si el ciudadano siente que la autoridad no lo respeta, entonces el ciudadano no respetará a la autoridad y pasará por encima de ella para satisfacer sus necesidades.

    Cuando salgo a la calle, cuando toco el tema con mis clientes, cuando platico con amigos y familiares, siento en ellos eso mismo que yo siento, una muy fuerte desesperanza, una rabia ante lo que está sucediendo en México, un agudo sentimiento de desamparo porque percibimos que el gobierno no hace su papel. Ciertamente no podemos pensar en el gobierno como un ente paternal pero sí podríamos aspirar a crear una sinergia entre lo privado, lo público y lo ciudadano. Los políticos pareciera que viven en otro mundo, Peña Nieto se toma selfies con seguidoras suyas en Monterrey mientras la gente está en las calles, la gente está molesta, gente que supondría que el Presidente y su equipo estarían trabajando arduamente en solucionar el problema.

    Tiene razón lo que dice Diego Petersen en su columna, no se puede cambiar la narrativa si no se cambia la realidad. Los spots nos hablan de un México reformado y un México moderno mientras los ciudadanos vemos repetidas esas masacres que eran constante en los años sesenta y setenta. Eso más que esperanza causa que la gente se sienta insultada, percibe incluso cierto grado de cinismo lo que coadyuva en un alejamiento de la sociedad con el gobierno al cual ve muy lejano. Ya no importa si es PRI, PAN, PRD, MORENA o uno de esos tantos «partidos negocio» como el Partido Verde. El ciudadano se siente solo.

    Dicen que el pueblo tiene al gobierno que se merece. Es una premisa correcta pero sólo parcialmente. El hecho de que hayan cada vez más personas que se indignan, que piden ayuda, que tratan de hacer algo, nos habla de que no necesariamente es tan así. Incluso yo he hablado de una nueva generación en México que puede hacer las cosas diferente, el problema es que quienes están allá arriba (que aunque sean jóvenes, son parte de un clan rancio y ancestral como el mismo caso del Presidente) no están dispuestos a ceder poder.

    Y ciertamente los ciudadanos son quienes podrán enderezar esto. ¿Los políticos? No hay voluntad en ellos, y los que si la tienen son lo suficientemente menores en número como para que no puedan pesar lo suficiente. Dentro de todo lo malo, la buena noticia es que siempre habrá un punto en que nos podamos indignar lo suficiente como para tener el deseo de que las cosas cambien.

    Estamos solos, pero lo bueno es que cada vez somos más.

  • Relativizar la masacre

    Relativizar la masacre

    Hay hechos que no se pueden relativizar, una masacre no se puede relativizar, Ayotzinapa no se puede relativizar, personas asesinadas por el gobierno no se pueden relativizar, el perico es verde por donde se le vea.

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    -Cerebro, es que los normalistas a veces se portan como vándalos, bloquean las autopistas, muchas veces tienen ideologías pseudomarxistas y están manipulados-.

    Yo diría que hay que separar las dos cosas.

    Si se portan como vándalos y bloquean autopistas, la ley les tiene que caer conforme a sus actos. Si corresponde multa, multa, si corresponde cárcel, cárcel. Pero, ¿matarlos?

    Entonces entiendo la solidaridad con los estudiantes. Que estudiantes sean matados por el Gobierno (sea local, estatal, federal, global, o como le quieras llamar) es algo que no tiene nombre y es algo que nos regresa a las décadas de la guerra sucia.

    Luis González de Alba, ex líder del 68 y a «quiennosabemosquelepasódespués» escribió en el Milenio un lamentable artículo dónde lamenta más las formas de las normalistas que la masacre. En estos momentos esas formas deben de quedar en un segundo plano, lo que importa son la vida de los manifestantes y el hecho de que el gobierno mató. Y ni siquiera el Gobierno Federal reacciona ¿Están en shock o no calcularon bien?

    Y si los normalistas y los familiares quemaron oficinas del gobierno. No lo justifico de ninguna manera, pero entiendo la rabia, la comprendo, si mataran a un amigo o familiar querido, ganas de hacer lo mismo no me faltarían.

    La masacre es absoluta, la crítica a la teoría marxista o a los camiones incendiados no pueden atenuar el dolor que sufrió quien fuera desollado (es decir despojado violentamente de su piel).

    La victimización de la que hablan. Como resultado los «malos cálculos», más que aplacar a los normalistas (lo que se pudo haber hecho por medio de la ley) lograrán que se victimicen y que puedan usar el argumento de la represión cuando les apliquen la ley. Pero ese tema es secundario en estos momentos, y el Gobierno será el principal responsable de que eso suceda, porque el gobierno no puede garantizar ni un ápice de justicia ni de gobernabilidad.

    ¿Y como transformar a México? ¿Cómo presumir las cacareadas Reformas, si las reformas son leyes y no hay ley?

    Y yo lo dije, que Peña era un Peligro para México, sólo dos años bastaron para tener la razón. Cierto que la matanza ocurrió en un estado gobernado por el PRD, pero viendo el panorama general sabemos que a Peña se le ha salido el país de las manos (está también el caso del Estado de México, Michoacán)  México está hecho un caos.

    Y bueno, el chupacabras no existía, pero ¿Qué tal el ébola? Me imagino que un contagiado alertaría a la sociedad y de paso pues, la masacre, este -Hoy realizaremos la cobertura total de Juan Pérez, el primer contagiado de ébola en México, tenga mucho cuidado, quédese en su casa-..

     

  • Vivos se los llevaron, vivos los queremos

    Vivos se los llevaron, vivos los queremos

    ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

    Los gobernantes podrán criminalizar la protesta, podrán crear hastío en la población para que no tenga capacidad de reacción, pero cuando haces «encabronar» a la sociedad, por más técnicas de manipulación de masas que uses, todo se te puede salir de control.

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    Y hoy la sociedad está encabronada, de hecho yo estoy encabronado.

    Y la sociedad está en las calles, eso que parecía impensable, porque ni las reformas que calaban en cierto sector de la sociedad, ni siquiera los intentos de censura en la Reforma de Telecomunicaciones habían logrado tanto. Pero hay un momento en que esas líneas que dividen a la sociedad, ese clasismo, esa diferencia de posiciones sociales se olvida y regresa ese sentimiento de solidaridad para que la sociedad se defienda de sus enemigos, y lamentablemente en estos casos, el Estado pareciera ser parte de los villanos y no de los buenos (como dicen que en el papel debería de ser).

    Que si estaban coludidos con el narcotráfico, que si el Gobernador era perredista o que si antes era priísta; que si el alcalde es responsable, que si lo es el Gobernador, que si el Gobierno Federal tiene responsabilidad. Lo cierto es que el Estado mató estudiantes. El Gobierno mató, lo repito, el Gobierno mató, mató a personas inocentes. 

    ¿Como esperar de México un país reformador cuando esta bazofia de Estado de Derecho no sirve? ¿Cómo esperar que la gente cumpla cabalmente con sus obligaciones fiscales cuando sus impuestos se han usado para matar inocentes, sí, para matar?

    Y los políticos relativizan lo que ha ocurrido. no le dan mucha importancia. Peña Nieto en lugar de trabajar y buscar esclarecer en el asunto se toma selfies en Monterrey. Peña Nieto sonríe, pero su semblante desgastado lo delata. El Presidente, el que está al timón del barco llamado México, no parece importarle mucho lo que sucede. Sus imágenes junto con las regiomontanas terminan siendo insultantes a la vista.

    Agreden a Cuauhtémoc Cárdenas (cosa que se me hace injustificable), quien seguramente no tiene relación alguna con los hechos y quien trató ser parte de la manifestación. Lo agredieron, no importaba si era «de izquierda», la gente está harta, está «hasta el queque» de los políticos, les tiene una desconfianza profunda, tremenda.

    Los gobernantes quieren jugar a la simulación: -Mira, detuve al capo; -Mira, me atreví a salir a hablar con los estudiantes del «Poli». Ya nadie se la cree, los políticos están tan alejados que los ciudadanos sólo pueden confiar en ellos mismos. En política ya no hay líderes, los que pretenden serlo, se tratan de «colgar» para recibir simpatías pero reciben pedradas, ¿López Obrador? Ni quién se acuerde de él, la gente quiere respuestas, quiere justicia, no quiere «teorías del compló».

    Que si los reclamos de los normalistas son absurdos, que si sus métodos son criticables, son cosas que se pueden discutir y señalar. Pero eso no se compara con lo que ha sucedido. Para que en pleno siglo XXI alguien tenga la capacidad de desollar a otro semejante, es que algo debe de estar mal no sólo en su psique, sino en el sistema del cual es parte.

    El encono sigue aumentando, la indignación también. Peña Nieto evade la realidad con felices selfies. Dicen que el país se le puede salir de sus manos, aunque deberíamos preguntarnos si alguna vez lo llegó a tener. Desde el gobierno de Calderón afirmaba que el país era una olla de presión, pero en esos tiempos al menos había cierto control y la sociedad tenía un poco más de confianza en su gobierno. Ahora la olla brinca, se tambalea, como si en cualquier momento pudiera explotar.

    «Vivos se los llevaron, vivos los queremos» La gente quiere respuestas. El Presidente debería de estar en juntas interminables para solucionar estos problemas, deberían de haber respuestas rápidas, deberían haber ya castigados. Aquí no importa si los masacrados eran «chairos o derechosos» aquí importa que son seres humanos, que son mexicanos, y que merecen que les respeten sus derechos y su integridad. ¡No se vale lo que ha sucedido!

    El Gobierno de Peña Nieto se cae a pedazos. Pero lo que más duele es que México lo hace también. La gente pierde la confianza, se siente triste, frustrada, no sabe en quien confiar, tiene recelo a sus autoridades, no se siente escuchada.

    Me da tristeza. Me da tristeza porque pensé que esto era cosa del pasado, me da tristeza porque yo quería ver a México en otro punto, me da tristeza porque me siento vulnerable igual que todos los mexicanos.

    Y con un carajo, yo quiero ver vivos a todos los que se llevaron.