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  • ¿Por qué no deberías odiar a las maquiladoras?

    ¿Por qué no deberías odiar a las maquiladoras?

    ¿Quiénes votan por Donald Trump? Te puedo decir que muchos de ellos son blancos, no tienen mucha educación, y algunos de ellos se quedaron sin trabajo porque las empresas donde laboraban decidieron ir a otros países para buscar mano de obra más barata. El discurso xenófobo de Trump se alimenta de los efectos de este proceso económico que perjudicó a este sector de la sociedad.

    Pero, ¿sabes a donde se fueron algunos de esos empleos?

    Se vinieron a México.

    Sí, si vas a decir que las maquiladoras «nos quieren explotar» para beneficiar a Estados Unidos, déjame decirte que estás en un error.

    Ve la siguiente imagen. No, no es un barrio marginal de nuestro país. Es Detroit:

    Tú y las maquiladoras

    Detroit era una ciudad grande que pudo llegar a ser lo que ahora es Nueva York. Pero cometieron un error estratégico. Apostaron a industrias cuyos empleados no requerían mayor especialización que mover máquinas. Henry Ford no necesitaba ingenieros de punta, ni innovadores; tan sólo requería operadores que recibieran un sueldo decente para manejar esas máquinas hechas para producir autos. Las automotrices se fueron, entre otros lugares, a México.

    Parte del beneficio económico que tienen algunas zonas nuestro país donde estas empresas están establecidas, es parte del «beneficio» que Detroit dejó de tener porque esos empleos se fueron de allá para venirse a nuestro territorio. Esa casa abandonada en los suburbios de Detroit puede significar una casa que un guanajuatense de alguna otra forma no hubiera podido adquirir.

    Pero sí, esas son las empresas gringas que nos explotan. De hecho las empresas estadounidenses suelen darnos mejores prestaciones y a crear mejores condiciones de trabajo que lo que ofrecemos nosotros mismos. Esas «empresas gringas malvadas» traen su know-how, el cual nos ayuda a absorber de alguna forma su conocimiento.

    Las empresas no son buenas, ni malas, simplemente buscan obtener la mayor rentabilidad.

    Además podemos hablar de las maquiladoras que se establecen en China e Indonesia. Cuando nos hablan de las condiciones en la que trabajan los empleados, no nos sentimos bien. Personas trabajando más de 12 horas diarias en no muy buenas condiciones. Por ejemplo, basta ver este video de Radiohead para comparar la vida de un americano, con la vida de un asiático que tiene que trabajar en una maquiladora.

    Parece indignante ¿no? Sin querer justificar algunas prácticas que pueden llegar a tener este tipo de empresas, para poder hacer una comparación más justa que la que hace Radiohead, debemos tomar en cuenta que las economías de los países a los cuales pertenecen ambos niños son muy distintas. El primero proviene de una economía de las más desarrolladas, otro es un país pobre, pero que comienza a crecer gracias a la inversión de estas empresas extranjeras.

    No podemos hablar de «empresas de esclavos» porque quienes trabajan ahí lo han hecho por decisión propia. ¿Por qué? Porque representa para ellos un mejor nivel de vida que el que tenían antes. Tú tal vez te indignes y marches para pedir el cierre de las maquiladoras, pero eso implicaría sumir en una condición bastante peor a quienes tú consideras que están en una condición infrahumana.

    Ahora, con el crecimiento de China, muchas maquiladoras están buscando otros lugares con mano de obra más barata como Bangladesh por poner un ejemplo. Estas empresas ayudan a industrializar naciones que antes ni siquiera tenían industria. Gracias a este tipo de empresas, los chinos adquirieron los conocimientos para fundar empresas de computación. De la misma forma, los hindúes ya invierten en sus propias empresas tecnológicas.

    ¿Por qué no deberías odiar a las maquiladoras?

    ¿Y Estados Unidos?

    Los países transitan por diferentes tipos de economías. De la agrícola, a la industrial, y después, a la de servicios o de alto valor agregado. Cuando una maquiladora llega a un país que no está industrializado como China (porque a diferencia de la URSS, la China comunista no se industrializó, y cuando Mao trató de hacerlo de una forma despótica y arbitraria, mató de hambre a millones de habitantes) , éste último comienza a transitar de la economía agrícola a la industrial. Luego entonces, este país que ha logrado atraer maquiladoras, empieza adquirir conocimiento de dichas empresas; varios de los hijos de quienes trabajan en las maquiladoras, al no tener necesidad de trabajar en el campo, tienen más posibilidades de asistir a la escuela. Luego estos hijos tendrán más educación para poder aspirar a empleos de más alto valor.

    Estados Unidos depende ya cada vez menos de la industria y cada vez más de empleos de alto valor agregado. En Estados Unidos ya no hablan de «operadores de máquinas», sino de ingenieros en computación. Detroit cayó en decadencia, pero no porque Estados Unidos lo esté, sino por que dicha ciudad no desarrolló una estrategia a largo plazo y pensó que bastaban las empresas automotrices. Mientras, California, se ha convertido en el centro de innovación más importante del mundo.

    En México inclusive, donde dicha transición ha sido un tanto rasposa, se perciben los efectos. Desde hace tiempo, empresas tecnológicas como HP o IBM llegaron a Guadalajara para tercerizar sus actividades (aunque dicha mano de obra siempre estuvo más especializada porque México ya tenía cierto avance industrial). Gracias a la irrupción de estas empresas, Guadalajara adquirió el falso mote de «Silicon Valley mexicano». Falso porque se trataba ciertamente de maquilas y tercerización, y no de centros de innovación. Pero con el tiempo, Guadalajara ha empezado en hacer dicho mote realidad. Gracias al conocimiento importado de estas empresas (aunado al que se adquiere por Internet), cada vez hay más empresas relacionadas con las tecnologías de la información en Guadalajara. Incluso se está desarrollando un hub llamado «Ciudad Creativa Digital». Guadalajara está pasando de maquilar servicios a terceros, a crear sus propias empresas.

    Posiblemente en un futuro no muy lejano, HP deje de tercerizar servicios en nuestra ciudad y traslade sus centros de operaciones en un país menos desarrollado, pero para ese entonces, en la ciudad, los habitantes estarán mejor educados y preparados para crear sus propias empresas.

    Incluso si hablamos de derechos, las maquiladoras propician una mayor equidad de género en las naciones que se establecen. En vez de que una mujer se quede recluida en su casa al depender económicamente de su marido (que gracias a dicha relación de la esposa codependiente y sometida, puede ser un déspota), ella puede encontrar en la maquiladora, una oportunidad para liberarse y crear su proyecto de vida.

    Cierto, hay maquiladoras cuyas políticas de trabajo pueden llegar a atentar contra los derechos humanos. Pero esto no significa que haya que pedir su cierre, por el contrario, lo mejor es que a esos países lleguen cada vez más que den empleo a cada vez más gente, y que se asegure que dichas empresas respeten la integridad de sus empleados.

    Sí, y sí leí el No Logo de Naomi Klein hace algunos años. Pero basta entender un poco la dinámica mundial y la naturaleza de la economía para poder hacer un juicio más objetivo.

  • Las Sweatshops, la esclavitud en el trabajo moderno.

    Hace unos días murió Steve Jobs, en Internet se vivió una especie de idolatría desmedida hacia este personaje de Apple, que, es cierto, realizó muchas innovaciones, pero como suele suceder, en algunos casos la pasión se desbordó. Era cuestión de días para que también empezaran a salir sus detractores, como el polémico Richard Stallman, quien dijo que si bien no le deseaba la muerte a Steve Jobs, si se alegraba de que se hubiera ido. Stallman es un ferreo defensor del software libre (indirectamente gracias a él, se crearon proyectos como Wikipedia) y estaba en contra del software privativo de Apple. Pero las críticas más fuertes vinieron de la forma en que la compañía de Cupertino fabrica sus productos. Apple, como varias empresas, subcontratan maquiladoras chinas (una empresa llamada Foxconn) para conseguir mano de obra barata y reducir los precios.

    Las condiciones en que trabajan los empleados chinos son deplorables, bajo escasez de ventilación, sueldos precarios, mucho stress, jornadas de largas horas de trabajo, duermen en condiciones de hacinamiento y un alto número de suicidios, por lo que esta empresa decidió tomar cartas en el asunto, se les pidió firmar un acuerdo donde ellos no se suicidarían (porque si lo hacen, según la legislación china la empresa debe pagar a sus familiares una proporción del salario por tiempo indefinido), a cambio de un cierto incremento en su salario.

    Apple no es la primera empresa que subcontrata este tipo de servicios, empresas como Nike o Gap han sido denunciadas por estos actos. Adidas también llegó a incurrír en este tipo de maquiladoras, pero la FIFA (a quien patrocina) pidió a la empresa alemana que mejorara las condiciones de trabajo de sus empleados. Cuando se descubrió este tipo de maquiladoras, llamadas «sweatshops», se produjo una gran indignación en muchos sectores de la población occidental. No podían creer que en pleno siglo XXI siguiera habiendo condiciones de trabajo como esas.

    Pero aún así, hay quienes defienden este tipo de trabajos. Ciertamente tendríamos que pensar dos veces al usar el término «esclavitud» dado que los trabajadores acceden voluntariamente a trabajar en dichas empresas, aunque las condiciones en las que lo hacen produjeron que muchos adoptaran ese término. El sueco neoliberal Johan Norberg argumenta que antes de que llegaran esas fábricas a China, los ahora empleados de las sweatshops no tenían posibilidad alguna de obtener los ingresos que tienen gracias a estas empresas. Es decir, a pesar de la precariedad de este tipo de trabajos, parece que representa de cierta forma una mejora de vida en las clases bajas de la población China.

    De cierta forma, nosotros quienes vivimos en Occidente, nos beneficiamos del llamado «trabajo esclavo», al comprar un iPod,  una camisa Nike, una TV, o cualquier aparato que sea manufacturado en Asia. Debido a estas condiciones, los precios bajan, y no solo los empresarios se benefician, sino que están en capacidad de ofrecer precios más baratos que los que podrían ofrecer si a los chinos o vietnamitas se les pagara un sueldo parecido a lo que ganarían ya no en un país como Estados Unidos, sino como México.

    El asunto de las sweatshops me genera posiciones encontradas, dado que el trato que se les dá a los empleados es infrahumano de acuerdo a nuestros paradigmas de como debe de ser un trabajo, pero también es cierto que ellos han estado acostumbrados a vivir así, es parte de su cultura. Si China logra mantener ese ritmo de crecimiento, seguramente en unas décadas, esta gente verá un aumento en sus salarios y también mejores condiciones de trabajo. Creo que el menos culpable es el gobierno de China, dado que por el tamaño de su población y el tamaño del PIB no puede ofrecer algo mejor a un gran sector de la población. Pero creo que si, empresas como Apple, Nike o Gap deberían tomar medidas para que el trabajo de sus empleados sea al menos más digno.