Etiqueta: Manifestantes

  • El gobierno no ha entendido, y por eso se desestabiliza

    El gobierno no ha entendido, y por eso se desestabiliza

    Los gobiernos autoritarios recurren a la teoría del complot cuando perciben un riesgo real sobre su poder. Como es difícil frenar el vendaval de críticas, entonces se recurre a la magnificación o a la distorsión de la realidad para tratar de generar cierto consenso a través del miedo, la duda o la rabia contra supuestos adversarios. Así como ha sucedido en gobiernos como los de Venezuela, o no vayamos más lejos, como ocurrió con López Obrador, quien cayó en este vicio en un momento en que todavía tenía una amplia ventaja sobre su adversario Felipe Calderón en la elección presidencial del 2006.

    http://www.proceso.com.mx/?p=388668

    El problema es que ni Peña Nieto ni el gobierno han entendido el mensaje. Quieren combatir el problema con las mismas acciones que la sociedad repudia. El problema es que no han entendido que no pueden gobernar como antes, no han entendido que son otros tiempos, que hay una sociedad más despierta, más crítica, y por eso mensajes como el de Angélica Rivera terminan siendo un tiro por la culata. Parece que se están dirigiendo a una sociedad que ya no existe, una sociedad de mediados del siglo pasado que no tenía acceso a diversas fuentes de información.

    A pesar de que México ha tenido varios problemas a lo largo de su historia, estamos viviendo una coyuntura histórica que no se veía desde hace mucho, no sólo por las manifestaciones, sino porque desde hace demasiado tiempo no habíamos visto a un Presidente tan debilitado en funciones, y porque la posibilidad de que no termine su mandato existe.

    El Gobierno y muchos de sus simpatizantes no han mostrado sentido crítico alguno, han sugerido que los manifestantes están manipulados, que se trata de una estrategia bien planeada de parte de López Obrador, grupos de izquierda e incluso han sugerido indirectamente a Carlos Slim. Pero en realidad esa cerrazón a la crítica es la que está desestabilizando al gobierno. El grupo de inconformes es cada vez más heterogéneo, y la sociedad en sus diversas clases sociales e ideologías empieza a formar consenso sobre el deseo de que Peña Nieto renuncie.

    Si bien, es cierto que ante un gobierno débil, los grupos de poder empiezan a reacomodarse y muchas veces tratan de incidir en la sociedad o aprovechan la indignación de la gente, la inconformidad está dada por la crisis política que existe en el país y no por una estrategia planeada para desestabilizar a México. Crisis política no sólo producto del Gobierno Federal sino de la misma oposición.

    Pero el gobierno sigue dando razón a quienes los critican. Después de las manifestaciones trasladaron a 11 jóvenes a penales de máxima seguridad por «terrorismo y tentativa de homicidio» entre otros cargos, jóvenes que fueron detenidos arbitrariamente. El fantasma de la represión aparece, y más que mostrar un gobierno que «pone orden», logran lo contrario. También dan la razón a sus críticos cuando los policías agreden a manifestantes inocentes, cuando atacan a comensales en un restaurant del Centro Histórico de la Ciudad de México que ni siquiera eran parte de la manifestación y cuando envían infiltrados para tratar de deslegitimar una manifestación pacífica.

    Es incluso extraño que un Gobierno Federal el cual se supone debería tener asesores bien preparados, permita resbalones que han calado en la sociedad, como las últimas declaraciones de Peña Nieto, Angélica Rivera, y que permitan ir a su hija Sofía Castro a los Latin Grammy de Las Vegas sin ninguna preparación para responder críticas.

    El problema es que el Gobierno Federal se encuentra entre la espada y la pared, el problema crece y ya no pueden aspirar al «tiempo que hace que todo se olvide», pero a la vez ya carece de argumentos para poder responder contundentemente a las críticas. El problema es que siguen cometiendo errores, y sobre todo, que hacen caso omiso al mensaje que manda el pueblo mexicano, al cual gobiernan, pero ignoran olímpicamente.

     

  • Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

    Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

    ¿Por qué una nación decide organizar una Copa del Mundo de futbol o unos Juegos Olímpicos? Razones hay muchas, pero una es exponer el poderío de un país ante la comunidad mundial, bien puede ser un país desarrollado que quiere mostrar al mundo lo fuerte que es, lo fuerte que es su cultura, su infraestructura. O bien, en el caso de los subdesarrollados (eufemísticamente llamados «en desarrollo»), para mostrar cómo es que han avanzado. Pero en los últimos tiempos han sido, paradójicamente, también una vitrina para exponer los problemas que el país organizador vive (esto en gran parte a la insurrección de Internet y las redes sociales).

    Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

    Esto lo vimos en las olimpiadas de Beijing del 2008, donde aparecieron algunas manifestaciones en relación al Tibet, y también se habló sobre la contaminación ambiental de las ciudades chinas, así como las condiciones laborales de muchos trabajadores chinos. En Londres 2012 hubo descontentos porque la economía de Inglaterra no iba muy bien y se daban el lujo de invertir en la realización de las olimpiadas. Pero todo se mantuvo dentro de niveles tolerables hasta que llegó el caso de Brasil, país en el cual se llevará a cabo el Mundial de Futbol el próximo año, y los Juegos Olímpicos que serán hospedados por Río de Janeiro. Los brasileños ni siquiera tuvieron que esperar al mundial para mostrar su descontento, sino que aprovecharon la Copa Confederaciones que se realiza en estos momentos, evento donde participan los mejores países de cada confederación y que sirve para poner la capacidad de las sedes mundialistas a prueba.

    Las manifestaciones han arreciado y se han multiplicado por todo Brasil. Los brasileños tienen muchas razones para manifestarse. Alegan corrupción y desvíos en los dineros que servirían para organizar el mundial y la Copa Confederaciones, también se manifiestan por el incremento del transporte público, así como por el hecho de que se han animado a organizar un mundial con estadios nuevos y remozados para convertirlos en recintos de clase mundial cuando la educación pública es paupérrima y los servicios en los hospitales es pésimo.

    ¿Debería un país subdesarrollado organizar un mundial de futbol o unas olimpiadas? Brasil recibió el encargo de la organización de ambos eventos en un momento donde se hablaba de éste país como la potencia emergente (algo no muy diferente a lo que ocurrió con México en la antesala de las olimpiadas del 68 y el mundial del 70). Ahora que llega la hora de organizarlos, se habla de que parte de ese crecimiento prometedor es mero espejismo, y que si bien si han mejorado algunas cosas en Brasil, no lo ha hecho para todos y se critica que den prioridad a un evento mundial (más bien dos) que a la solución de necesidades básicas. Es curioso que esto suceda en gobiernos de izquierda cuyos líderes fueron alguna vez miembros de sindicatos que buscaban velar por el pueblo.

    El escenario es algo preocupante tanto para Brasil, como para la FIFA y el Comité Olímpico Internacional. Las manifestaciones han surgido durante la Copa Confederaciones, y si los conflictos llegaran a arreciarse, deberíamos preguntarnos que podría ocurrir ya en un mundial u olimpiadas. En el partido España – Tahití, el público mayormente brasileño coreó en su idioma algo equivalente al «El pueblo unido, jamás será vencido» mostrando su solidaridad con los manifestantes ¿Es correcto que un país se quiera «presumir» ante el mundo cuando tiene todavía muchos problemas por resolver? Para hacer esto se tiene que invertir mucho dinero, y en muchos casos el balance queda en déficit. Es decir, es más dinero que se va, que el que llega; y a veces este déficit puede llegar a ser una de las causas de una crisis económica como en Grecia.

    Incluso hay división de opiniones entre las figuras brasileñas de antaño. Mientras Pelé defiende la organización del mundial, otros jugadores como Rivaldo, ex jugador del Real Madrid, y Romario, critican severamente la organización de estos eventos y apoyan incondicionalmente a los manifestantes.

    No son muchos los países subdesarrollados que han organizado algún evento de talla mundial. La mayoría lo hace en momento de apogeo (a veces mero espejismo), y puede ser un problema el que los organizadores quieran igualar (e incluso superar) el nivel de los eventos organizados por países de primer mundo. Al menos así lo ha hecho Brasil que a diferencia de Alemania y Sudáfrica, ha mandado hacer estadios nuevos o remodelar completamente ya existentes para mostrar que puede hacer un gran mundial, aunque esta presunción no sea algo que refleje la realidad de este país.

     

  • Intelectualoide Paranoide

    Intelectualoide Paranoide

    Es curioso pero es verdad, en un país donde siempre hemos estado acostumbrados a la mentira y al engaño, la gente cae en la paranoia. Empieza a imaginar cosas que no son o suponer cosas que no lo son tampoco, y a veces lo entiendo porque ya es muy difuso saber lo que es real o no, y esta posición paranoide ante las cosas es una especie de mecanismo de defensa, más cuando tenemos que escarbar y escarbar si queremos saber la verdad (y la llegamos a saber si nos va muy bien). Uno de los ejemplos es esa animadversión frente a todo lo que huela a corporativismo, televisoras, PRI, copetes; por parte de las clases medias y altas. Existe tanta manipulación de parte de estas entidades hacia la sociedad que ya nos es difícil o quizá imposible saber cuando algo es verdadero, ya no solo que tenga que ver con esas entidades, sino con algo que «pareciera oler» a ellas.

    Algo así me ocurrió a mí. al escribir un artículo sobre el desempeño de AMLO en el debate en un sitio donde colaboro. Al ser este sitio un blog ya relativamente conocido entre los internautas en México, aseguraron (y se lo creyeron de verdad) que este artículo estaba comprado por el equipo de Enrique Peña Nieto, e incluso avisaron a la administración del sitio que yo era un infiltrado del PRI y Televisa. Ni siquiera había «alabado» a Peña Nieto en dicho artículo como dijeron. Esta paranoia creo que termina por no construir, y también es parte de una pereza mental, porque la gente no se dedica a investigar, y si ve que algo es malo, lo generaliza. Por un ejemplo, uno ve a Peña, a Moreira, al Gober Precioso y dice, el PRI es un partido corrupto; pero luego (si usas tu propio criterio) te puedes dar cuenta que incluso dentro del PRI existe gente valiosa, tal vez con no tanto renombre, pero existe; pero debido a las generalizaciones, la gente ya la toma como si fueran personas corruptas también.

    A veces las posiciones que se toman ante un tema son un tanto radicales que terminan generando violencia (no necesariamente física aunque si existe el riesgo de), los priístas califican las manifestaciones ciudadanas de fascistas, pero a la vez muchos antipriístas incluso responsabilizan al PRI y al equipo de Peña Nieto de sus errores (un ejemplo, fue la violencia que se vivió en Querétaro, donde muchos dijeron que se trataron de infiltrados priístas y no es que no sea posible eso, conociendo las prácticas del partido, pero por lógica si hubiera sido así, el equipo de campaña de Peña Nieto le hubiera dado una gran difusión y no lo hicieron), como bien afirma León Krauze, hace falta autocrítica. El tema de las posiciones ideológicas no son equipos de futbol, son formas de buscar como sacar al país adelante; y creo que el aferrarse extremamente a una posición termina siendo nocivo.

    Es curioso que yo, teniendo una posición más tirada a la izquierda, haya recibido críticas (destructivas) e incluso agresiones por gente que dice ser de izquierda, porque pareciera que una persona no puede opinar libremente y hacer incluso autocrítica, sino que debe estar a fuerzas adherido y atado radicalmente a una posición ideológica. Eso me habla de una poca democratización de la sociedad, y si tenemos una democracia demasiado incipiente que a veces no le podemos llamar así, pues ahí tienen la respuesta de los por qués.

    Incluso a muchos les sorprendería el que vaya a votar por López Obrador en estas elecciones. Claramente no me parece de lejos lo que necesita México y defectos y errores tiene muchos. Pero naturalmente ante el hecho de que no quiero que llegue Peña al poder, el hecho de que el PAN se ha degradado a niveles inimaginables que no sabe ya que ofrecer y se dedique a criticar y a denigrar ante falta propuestas, y también para darle la oportunidad a una izquierda que no ha estado en el poder y que a pesar de que no concuerdo en muchas cosas con AMLO pienso que trae un muy buen gabinete, es que he tomado esa decisión. No creo que con Obrador México se catapulte al desarrollo, creo que el mejoramiento del país empieza por la sociedad y no por un político, y me preocupa que los manifestantes se echen a dormir si Obrador gana, cuando este despertar ciudadano debería ser «para siempre».

    Aún así, si hay cosas que no me parecen de AMLO igual aquí seguiré haciendo crítica. Si llegara a la presidencia y hace algo mal, igualmente lo mediré con la misma vara que mido a los demás. Porque no me quiero arrinconar y dejarme llevar por emociones que cancelan el uso del raciocinio, que ante un dejo autoritario del PRI la gente generaliza como si ya todo fuera malo, que «todos» los priistas son o ignorantes, acarreados, peñaliebers (las mujeres que votarán por Peña por ser un galán de telenovela), o que buscan hueso. Creo que hace falta más tolerancia, y esa falta de tolerancia es lo que nos hace caer en la paranoia, debido a que la gente se termina confiriendo un halo de superioridad intelectual y moral, viendo desde un falso pedestal a los ciudadanos que están abajo como si estos fueran menos o valieran menos.

    Yo manfestaré mis contrariedades hacia Enrique Peña Nieto y lo que representa, y si me parece un peligro lo diré. Pero no por eso buscaré violentar ni dividir a la sociedad. Si por eso, la gente quiere creer que soy un ectivista encubierto, que crean lo que quieran, yo seguiré mis convicciones, y si no les gusta, yo nada puedo hacer.

  • #MarchaantiEPN reflexiones y lecciones para la sociedad

    #MarchaantiEPN reflexiones y lecciones para la sociedad

    #MarchaantiEPN reflexiones y lecciones para la sociedadLos mexicanos tenemos que aprender de nuestra historia, la cual tiene círculos incompletos y heridas que no se han logrado sanar. El aspecto cultural de la sociedad mexicana está permeada por el autoritarismo que se vivió desde la Nueva España y también con el clero. Dicho autoritarismo no lo inventó el PRI (es más, no es solo el PRI quién ha heredado dichos comportamientos), aunque si se encargó de representarlo durante 70 años. En las primeras décadas funcionó, porque a pesar de la poca convicción democrática, había desarrollo, progreso, y varios de los políticos, estaban mejor preparados y a pesar de todo parecían tener un mayor compromiso con el país. Naturalmente estas buenas intenciones se disolvieron y lo peor y lo más rancio del partido tricolor no solo salió a flote, sino que a doce años de dejar el poder no se ha ido. Y ha seguido siendo rentable por el letargo que ha vivido la sociedad mexicana, pasividad también heredada desde las épocas de la corona. Por eso es que creo que la #MarchaantiEPN es una buena noticia.

    No tuve la oportunidad de asistir, pero por toda la información que ha llegado, creo que las manifestaciones lograron su cometido;  a excepciones del SME que intentó integrarse y algunas otras trivialidades, esta manifestación no se politizó, y naturalmente no podrán relacionar esta marcha con López Obrador, el PAN o cualquier otro agente. El número de asistentes no fue tan impactante (aunque si lo suficiente para ver avenidas abarrotadas), pero no es algo preocupante, más que muchas de las manifestaciones que dieron la vuelta al mundo el año pasado comenzaron igual y ya en movimientos posteriores fue que se empezó a unir más gente. A pesar de eso, creo que esta es la manifestación ciudadana más importante llevada a cabo desde 1968. Podríamos hablar de las manifestaciones surgidas después de las elecciones de 1988 y 2006 respectivamente, pero ninguna había tenído un impacto a nivel nacional y sobre todo, no se había originado desde la ciudadanía. Esto porque estas manifestaciones se llevaron a cabo simultaneamente en varias ciudades de la República Mexicana.

    Afortunadamente no se llevaron a cabo actos de violencia por parte de los manifestantes, lo cual los hubiera podido desacreditar. Aunque lamentablemente en algunos lugares como en Colima (donde el candidato Enrique Peña Nieto daba un mitín) algunos manifestantes fueron reprimidos por simpatizantes y parte del equipo de Peña Nieto por medio de la violencia, aunque también fueron contados los casos, más cuando existía la posibilidad de que los adherentes al candidato del «copete» trataran de reventar las manifestaciones, cosa que también habría sido difícil no solo por el número de participantes, sino porque nadie llevó propaganda política y tanto López Obrador (sobre todo él) como Josefina Vázquez Mota se deslindaron de la marcha.

    La noticia es buena, y me parece bien que los mexicanos empiecen a salir de las calles a manifestar su oposición ante una opción política que representaría una involución. Posiblemente será necesario hacer más marchas, pero también a la vez creo que todo esto no debería tener como único objetivo, mostrar el repudio ante el candidato armado por las televisoras y grupos de facto. Es decir, los manifestantes tienen que ser más propositivos y buscar incidir en el mundo político desde su posición como activistas para lograr cambios positivos en el país. Porque en caso de que por medio de estas manifestaciones se lograra tumbar la posibilidad de la llegada a la presidencia de Peña Nieto saldría la pregunta ¿y qué sigue? ¿a dormir y buenas noches?. Por eso es la insistencia en aprender de la historia. La manifestación del 68 fue memorable, pero terminó absorbida y nos dejó con una profunda herida debido a las medidas tomadas por el gobierno de Díaz Ordaz. También podemos ver lo que se ha hecho en otros países como España. Los ciudadanos aprovechando en este clima podrían aprovechar para lograr incidir en el quehacer público, podrían presentar propuestas, crear un pliego petitorio, y que esto no se trate solo de tumbar a un candidato, sino de buscar mejorar a nuestro país. Porque como comenté antes, la situación política es una respuesta hacia la idiosincrasia de la sociedad, y esta no va a cambiar mientras los ciudadanos no tomen un papel más activo dentro de ella, a lo cual, a mi parecer, no solo tienen el derecho de, sino que están obligados a.

    Si algo creo que logrará esta manifestación, es el hecho de que las autoridades tendrán que pensársela dos veces antes de cometer actos que perjudiquen al país. Pero se necesita ir más hacia allá. La sociedad se tiene que involucrar. Esta marcha a mi parecer es el principio, es como cuando una persona despierta, se talla los ojos, y se da cuenta que es de día. Pero falta ir a asearse, bañarse, desayunar e ir a trabajar. No desperdiciemos esta oportunidad y dejar que esto quede en un intento frustrado, o en el único objetivo de evitar la llegada de Peña Nieto a la presidencia. Estas energías hay que aprovecharlas para terminar de despertar y darnos cuenta que los ciudadanos tenemos más poder que el que pensábamos y que podemos ser agentes de cambio. Si logramos esa transición, se habrá logrado al menos uno de tantos cambios que necesita esa «idiosincrasia mexicana» si no, esto quedará como una simple anécdota. La democracia no implica solamente ir a votar cada tres años por el menos peor, consiste en participar activamente, se necesita de una democracia participativa, y este tipo de democracia no es delineada por alguna reforma o alguna ley, sino por la activa participación de los ciudadanos en el quehacer público.