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  • México, olla de presión express a punto de explotar

    México, olla de presión express a punto de explotar

    México, olla de presión express a punto de explotarParece que esto va a explotar, ya la presión acumulada es inmensa, posiblemente nos tardamos 2 años para hacer ese 1810-1910-2010, pero se ve venir. Nunca en la historia de nuestro país (por más que los medios mainstream o «copetestream» lo quieran minimizar), se habían llevado a cabo tantas marchas, ya no en contra de un gobierno en turno, sino de un candidato y de los intereses que lo rodean, porque dichas marchas no son solo contra él, sino contra los medios de comunicación parciales (más bien vendidos, porque un medio tendría el derecho de opinar desde su perspectiva) como lo que protestan los manifestantes de la #MarchaYoSoy132.

    México no va aguantar otro gobierno autoritario y eso nos queda claro. Esta presión se viene acumulando creo desde tiempos de Fox cuando la gente vio frustradas las intenciones de cambio y se acumularon en el 2006 después de un tanteado fraude electoral en contra de Andrés Manuel López Obrador lo cual causó la polarización de la sociedad, y la muerte de «la esperanza» para algunos; los afines a AMLO advirtieron de un «complot» y de «una mafia en el poder». Después de un gobierno mediocre (tanto en lo económico como en lo social) de Felipe Calderón, se empezó a respirar más tensión en la sociedad, y se empezó a acumular más con la candidatura de Peña Nieto, la cual olía (y cada ves huele más) a ese México rancio y autoritario. Ahora ese sentimiento de una élite, de unos medios de comunicación y unos grupos políticos que quieren imponer no son percibidos por los «pejefans» más radicales, sino por ya un sector considerable de la sociedad con diferentes ideologías y estratos sociales.

    Las manifestaciones en la Ibero, las marchas #AntiPeñaNieto y #MarchaYoSoy132, son como esas humarolas que empiezan a salir de una olla que en cualquier momento podría explotar si no se toman las debidas precauciones. Estas marchas no solo están tomando un alcance nacional, sino que medios internacionales como El País entre otros, quienes dieron cobertura al #15M y al #OcuppyWallStreet, están centrando sus miradas en México. Saben que lo que se vive en México es algo que no se veía desde el 68, y curiosamente las fechas coinciden. En 1968 se llevaron a cabo manifestaciones en gran parte del mundo, aunque solo en México esta fue aniquilada con una asesina represión por parte de Gustavo Díaz Ordaz. Ahora también estas manifestaciones están ligadas al inconformismo mundial que hemos visto en tiempos recientes. Y es que si bien el problema en México es la oposición rotunda de la población a la implementación de un gobierno autoritario, estas manifestaciones también están influenciadas por lo que se vive en el mundo, porque el hartazgo y desgaste de la política es un problema global, y no solo nacional.

    Las marchas han sido pacíficas. Pero pienso y medito sobre la reacción que tendría la gente si como se piensa, el PRI de Peña Nieto implementara un gobierno autoritario (más con los notables destellos que nos han mostrado). Posiblemente el gobierno priista tratará de crear un ambiente donde se perciba cierto progreso, pero el PRI ha usado tantas artimañas que a muchos les será difícil de creer, y solo será necesario que cojeén una vez del pie para que la olla de presión se desate. Esto no es «solo culpa del PRI o de Peña quien no ha llegado siquiera al poder», es un desgaste social y político que venimos arrastrando y de la cual como sociedad somos parte y por ende no nos exhime del problema. Esta problemática la vemos en todos los partidos, quienes se han deteriorado y han dejado del lado sus convicciones ideológicas. Ciertamente las manifestaciones han sido «antipeña» porque el miedo al PRI añejo es mayor, pero debería ser un repudio contra toda la clase política y también un momento de reflexión para pensar que estamos haciendo mal como sociedad.

    Siempre la vía pacífica es la mejor, pero no hay que descartar algún enfrentamiento violento en el futuro, como respuesta a una posición del gobierno también violenta. Lo peor de la sociedad podría salir (y me refiero a la sociedad incluyendo desde los ciudadanos, hasta las élites y las esferas políticas), y hasta un punto podría ser necesario como si fuera una catarsis, como un humano que se desploma moralmente a tal grado que sabe que no le queda de otra más que salir adelante y se pone en acción. Ciertamente en la política hay gente bienintencionada (la excepción, no la regla), yo conozco personalmente gente con principios, ideales, con convicciones y congruentes hasta dentro del PRI, pero todo esto malo que vemos es un cáncer que padece la sociedad a todos los niveles, y hace falta una sacudida, ya no podemos seguir más así, ¡ya no carajo!. Y si es necesario un movimiento brusco, ni modo, que venga.

  • Hasta el Copete

    Hasta el Copete

    Hasta el CopeteHa sido impresionante observar las múltiples manifestaciones en contra del candidato del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, que han tenido lugar en varias ciudades de México en los últimos días, culminando el sábado en una marcha masiva que concluyó en el Ángel de la Independencia en el Distrito Federal. Por Twitter, Noticieros Televisa reportó que habían acudido 10 mil personas a la manifestación del DF, mientras CNNMex decía que, según las autoridades capitalinas, habían sido 46 mil.

    En Colima también hubo una movilización en el mismo sentido, la cual coincidió con la visita del candidato priista a la entidad, pero a diferencia de la celebrada en la capital del país, en la ciudad de las palmeras los manifestantes fueron reprimidos y algunos incluso fueron agredidos por simpatizantes priistas, entre ellos reporteros como el fotógrafo de Diario de Colima, Marcos Elizarrarás.

    En lo personal, no sabía cómo sentirme respecto a dicha marcha. Desde que salió la convocatoria en las redes sociales sentía una cierta molestia que no alcanzaba a interpretar. ¿Es correcta una marcha en contra de un candidato? Hay muchas que se hacen a favor, en muchos casos son parte de las mismas campañas políticas, pero que una parte de la población se unifique en contra de una sola persona, ¿es correcto? Por supuesto que es válido que la gente se inconforme y clame justicia ante la impunidad, y Enrique Peña Nieto fue copartícipe del abuso y vejaciones que sufrieron las y los pobladores en San Salvador Atenco, incluso él mismo asumió la responsabilidad de los hechos ante los estudiantes de la Ibero, pero ¿qué hay de Aguas Blancas, de Acteal, de Ostula, de los asesinatos de los y las activistas de Derechos Humanos? ¿No ameritan también una movilización de la ciudadanía para pugnar por justicia? ¿Qué es lo que mueve a tanta gente en contra de este mexiquense en particular?

    La respuesta está implícita al inicio de esta columna. Enrique Peña Nieto representa aquello de lo que muchos mexicanos y mexicanas estamos –sin ofensas personales– hasta el copete. Su cara bonita, su pelo inmaculadamente peinado, su sonrisa perenne y su esposa de telenovela parecieran ser el distractor perfecto para ocultar el pasado –y el presente– del priismo, donde el gobierno ejercía un dominio absoluto de todo lo que sucedía en el país, lo que se informaba y lo que no, persiguiendo y reprimiendo a las voces disidentes con la mano izquierda, mientras la derecha se extendía benévola ante la devota ciudadanía, con una prensa cómplice que se autocensuraba para favorecer al régimen.

    Desde que el candidato del PRI fue ungido, la percepción popular fue la de un títere manejado por intereses oscuros, que pretendían utilizarlo para preservar su poder casi omnímodo, donde todos los elementos se conjugaban para fortalecer esta idea. Un duopolio televisivo interesado en evitar la competencia, se encuentra con un sistema político interesado en dar a conocer sólo su interpretación de las noticias. Un gobernador joven y atractivo, habiendo enviudado recientemente, comienza a salir con la actriz de moda, quien convenientemente consigue anular su matrimonio religioso en El Vaticano, independientemente de haber procreado tres hijas con su exesposo, el productor José Alberto Castro, para así coincidir con la inclinación católica de la mayoría de los y las mexicanas. Un sistema que parecía ponerse de acuerdo en hacernos vivir una telenovela, en una nación que se embriaga con las mismas, y que desea participar en ellas. Una fantasía de compromisos cumplidos que ocultaban un pasado siniestro, en un contexto en el que la gente deseaba salir de la realidad violenta del México actual.

    Son estas percepciones las que se fusionan en el perfil de Peña Nieto. Los personajes que lo apoyan, un Carlos Salinas cuestionado por haber causado la debacle económica de 1994, una Elba Esther Gordillo que representa la mafia del sindicalismo, un conjunto de gobernadores que se han erigido en pequeños monarcas absolutistas, evadiendo la ley y endeudando a los estados, y un grupo de militantes que responde agresivamente ante las voces disconformes.

    Fue precisamente el video editado que presentó el equipo del candidato priista el que activó la chispa, la imagen alterada que convertía en un triunfo épico lo vivido en la Universidad Iberoamericana, donde se ignoraba el reclamo inconforme de los alumnos. Su equipo tal vez no se percató de que esto significó una cachetada para los jóvenes, que desencadenó la indignación de quienes no se tragaban el cuento de hadas.

    La marcha entonces no fue en sí en contra de una persona, sino un reclamo para recuperar los espacios que debieran ser de la ciudadanía, para exigirle a los medios masivos de comunicación que dejen de funcionar como instrumentos propagandísticos e informen objetivamente. Fue en realidad un clamor de miles de voces indignadas, que en forma pacífica se muestran ante los poderosos, para recordarles que la soberanía reside en el pueblo, no en un pequeño, pero poderoso, grupo de intereses.

  • La inconformidad mundial llega a Wall Street

    Todos lo hemos visto, una ola de manifestantes inconformes han salido de sus casas y han tomado las calles para manifestarse. Los motivos son diferentes. Las primeras manifestaciones en países como Egipto o Libia era manifestarse contra las dictaduras. Pero el fenómeno se extrapoló a países «supuestamente» democráticos. Todo empezó en España, luego Inglaterra y Chile con el problema de la educación superior al cual muchos habitantes no tienen acceso. Pero nunca nos imaginamos que estas manifestaciones llegaran al punto neurálgico del capitalismo al cual se critica: Wall Street.

    Los medios estadounidenses no le han tomado mucha importancia (posiblemente esto sea deliberado, ya que forman parte de la élite a la cual se critica), pero las redes sociales han sido efectivas para transmitir el fenómeno a la población. Pero ¿cual es el origen de esta inconformidad?, tanto en España, Inglaterra, Chile y Estados Unidos, la gente está inconforme con el sistema económico actual, donde las corporaciones han rebasado a los gobiernos, donde los primeros han utilizado a los segundos para coptarlos y beneficiarse por medio de rescates y dicho sea de paso amenazas (ya que los gobiernos en el sistema actual dependen mucho de los mercados). Mandatarios como Obama y Zapatero han criticado a los mercados por la crisis, pero parece que poco pueden hacer ante tal situación. En ambos países, los mandatarios tienen un bajo índice de aceptación, y la oposición conservadora (ya sea PP en España o los republicanos en Estados Unidos) lo ha aprovechado para captar más votos a su favor, a pesar de que en teoría, los gobiernos actuales se acercan más a la linea ideológica de los inconformes.

    La manifestación en Estados Unidos fue organizada por Adbusters y otras organizaciones de izquierda inconformes por como Wall Street se ha venido manejando en los últimos años, donde la especulación financiera ha terminado por afectar la economía de los Estados Unidos, y sea dicho, de paso de todo el mundo. Mientras tanto en otros países como Alemania y Francia ya planean imponer medidas a los mercados como la Tasa Tobin, que fuera una propuesta creada por el economista estadounidense Premio Nobel James Tobin y promovida por movimientos altermundistas, la cual consiste en un impuesto sobre el flujo de capitales como una forma de combatir la pobreza en el mundo.

    Los argumentos son los mismos, el abuso de las corporaciones, los rescates bancarios, la mala distribución de la riqueza. Dicen que son el 99% de la gente incoforme con la codicia y la corrupción del 1% más rico de los Estados Unidos. Hace no mucho Michael Moore lanzó un documental haciendo este tipo de críticas a Wall Street llamado «Capitalismo, Una Historia de Amor» el cual no tuvo tanto éxito como otras de sus obras, pero pareciera que su mensaje se transmitió en algunos sectores de Estados Unidos (o pudo ser pura coincidencia). Pero la inconformidad con las corporaciones en Estados Unidos sigue creciendo. Ahora son cientos de personas manifestandose, pero seguramente se unirán más.

    La convocatoria se hizo por medio de las redes sociales, especialmente Twitter, por medio del hashtag #occupyWallStreet. Pero la reunión de los manifestantes ha sido algo complicada. Esto porque a diferencia de los escenarios y plazas de España, la calle de Wall Street (donde se encuentra la bolsa de valores) es muy angosta y está siendo resguardada por elementos de seguridad, por lo que los manifestantes se han tenido que trasladar a otros lugares cercanos como el Trinity Place y el lugar donde se encuentra el emblemático toro. Pero al igual que en España, los manifestantes afirmaron que se van a quedar, si es necesario meses.

    Casualidad o no, Barack Obama ayer lanzó una propuesta económica llamada «El Plan Buffet», llamado así porque el multimillonario Warren Buffet decía que los poderosos pagaban menos impuestos que lo que debía de pagar, de hecho el mismo Buffet, hace un mes criticó a Obama por mimar a los poderosos. Pero en esta ocasión, parece que el presidente ha tenido que pintar raya con ellos. El Plan Buffet consiste en un impuesto a las personas que ganen más de un millón de dólares al año,  El objetivo, reportó este sábado The New York Times, es asegurar que la contribución de los ricos del país sea al menos de la misma proporción que la hecha por los contribuyentes medios. Naturalmente los republicanos criticaron la propuesta al considerar que esa medida limitaría el crecimiento y dañaría la inversión, algo que a mi punto de vista se me hace absurdo, porque al igual que en México, el grueso de la economía estadounidense está basada en pequeñas y medianas empresas.

    Obama tiene una oportunidad para restaurar su imagen ante la sociedad si logra canalizar los reclamos de ella. Que los estadounidenses que generalmente son mas pasivos en cuestiones de participación ciudadana comparada con su contraparte europea, salgan a manifestarse, ya es indicativo de algo. Se le debe de poner freno a este dominio corporativista, porque si la democracia está sustentada en el gobierno y los corporativos son entes externos al gobierno cuya sociedad no puede controlar ni reclamar más que dejando de comprar sus productos, entonces estaríamos hablando de un deterioro de la democracia. No se trata de seguir ejemplos como el de Venezuela o Bolivia donde llegan al otro extremo. Se debe de llegar a un equilibrio entre estado y mercado. El mercado debe de jugar su papel y el estado también, pero uno no puede imponerse al otro, deben de aprender a coexistir.

    A continuación les dejo la transmisión en vivo de lo que sucede en Wall Street (si no lo ven es que llegaron demasiado tarde y la manifestación ya se acabó).

    Watch live streaming video from globalrevolution at livestream.com
  • Vitamina E (Primera parte)

    Es  muy humano tener la creencia de que podemos cambiar las cosas que están mal. Aunque nunca se terminen. “Es una pasión humana absolutamente comprensible y compartible”, decía Eduardo Galeano en una entrevista sobre el movimiento de los indignados en España. “Pero no coincide con la realidad […] la realidad se toma sus tiempos […] Son procesos muy complejos […] la historia es una señora de digestiones lentas. Y de andar suave”.

    “No hay recetas. Y desconfiaría de alguien que me diera una”.

    Entonces, ¿por qué quejarse? ¿Por qué criticar? ¿Por qué marchar si sabes que no servirá de nada? Si sabes que no cambiará nada, ¿para qué vas y cierras la calle y molestas a otra gente que no tiene nada que ver con el tema?

    El mundo quizá no vaya a mejorar mientras yo viva (ojalá lo hiciera). La historia dice que siempre ha existido la miseria, el sufrimiento, la guerra y otras cosas que consideramos negativas. Yo tengo la esperanza de que se puedan cambiar cosas gradualmente. Pero es sólo eso, esperanza. Y al igual que Galeano, “la esperanza es algo que se me cae del bolsillo. Y que tengo que recoger, a ver dónde está hecha pedacitos”.

    Digamos que no hay esperanza. Que tenemos la certeza de que no se puede cambiar nada a pesar de las manifestaciones, la represión y cualquier esfuerzo que trate de hacer algo diferente (como escribir al respecto) ¿Lo harían de todos modos? ¿Por qué?

  • Todas somos putas

    PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.

    Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.

    De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.

    Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.

    Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba, o la actitud que ostentaba.

    Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.

    Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.

    Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.

    Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.

    El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.

    Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.

    Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.
    En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

     

    PUTAS, santas, brujas y lesbianas son los epítetos que más comúnmente son arrojados a las mujeres para etiquetarlas, e indirectamente negar a la persona que hay en ellas. Santas son las mujeres decentes, las que se cubren su anatomía y cruzan propiamente las piernas al sentarse, colocando los brazos cerca del cuerpo, intentando ocupar el menor espacio posible; es la madre abnegada, la esposa sumisa, la mujer intachable a la cual jamás se le relacionaría con algún acto carnal.


    Las brujas son las intelectuales, las que desprecian su labor como objetos decorativos y reclaman su ciudadanía total, son las que demandan equidad y rechazan a los machos, quienes les devuelven el favor con dicho adjetivo; son las que ofenden al ego masculino con su desdén, apelando a un tipo diferente de masculinidad, son las sor Juana, las Rosario Castellanos, las que ofenden al patriarcado con su emancipación.


    De las lesbianas hay dos tipos: aquellas que escogen serlo porque es ésta su orientación sexual, y a las que les ponen el calificativo en forma peyorativa, sin tener otro sustento que el simple hecho de que dicha mujer sea particularmente brava, que rechace la intimidad con algún hombre, quien la catalogará de esta forma hasta comprobar que prefiere estar con otros varones, con lo que pasará a referirse a ella como bruja o puta; son las que realizan tareas “típicamente” masculinas, aquellas que se dedican a la esfera pública como la política o la seguridad, ámbito que durante mucho tiempo estuvo reservado para los hombres y que aún existen quienes consideran que las féminas que escogen este tipo de profesión es porque comparten sus gustos sexuales.


    Puta es aquella que reconoce su sexualidad y la ejerce, ya sea por gusto propio o por obtener una recompensa, que al final en la mente del macho esto no hace ninguna distinción. Es tanto la trabajadora sexual, como la edecán que con su belleza “decora” los eventos, pues vende su cuerpo en alguna medida, y sus movimientos, gestos o palabras pueden ser fácilmente interpretados como insinuaciones sexuales. Es la mujer-objeto que es juzgada sumariamente desde una única perspectiva, la del observador, que la encasilla en un eterno sujeto pasivo.


    Por eso putas somos todas, no existe un término más democrático en todo el mundo que aquel que se le otorga a una mujer tan sólo por haber nacido con genitales femeninos, pues santa, bruja o lesbiana, una fémina siempre tendrá la potencialidad de convertir su cuerpo en moneda de cambio; aun cuando no reciba ninguna remuneración, el mismo sexo forzado podría ser el pago de una mujer que “pedía” ser violada de acuerdo a las ropas que portaba, o la actitud que ostentaba.


    Esta idea, aunada a la creencia de que los hombres son más sexuales por naturaleza y, por lo tanto, su masculinidad es susceptible de ser duramente criticada o puesta en tela de duda si se niegan a satisfacer sexualmente a una mujer que se les insinúe, es la que alimenta la retórica usada por algunos (y algunas) de que hay mujeres que provocan a los hombres al grado de exponerse a ser vulneradas, la cual ha sido una excusa utilizada por muchos hombres, e incluso por varios de nuestros notables políticos.


    Michael Sanguinetti, un policía canadiense, comentó en un seminario sobre agresión sexual en la Universidad de York, en Toronto, que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, lo que provocó que miles de féminas de esa ciudad salieran a la calle ataviadas según el estereotipo, para manifestar que la vestimenta no justifica este tipo de agresiones, marcha que ha sido replicada en otras entidades del orbe con el mismo fin, pues la discriminación sexual se ha ejercido como política en todo el mundo, del cual México no es la excepción.


    Para solidarizarse en contra de este discurso, el pasado 12 de junio se realizó una manifestación denominada “La Marcha de las Putas”, que partió de La Palma de Reforma hacia el Hemiciclo a Juárez, donde mujeres mexicanas se vistieron con faldas cortas, tacones y demás prendas típicamente relacionadas con las de las trabajadoras sexuales, para dejar en claro que sin importar el atuendo o la actitud que una mujer emplee, es su deseo de tener o no relaciones sexuales lo que debe respetarse.


    Enarbolando el eslogan de “NO, significa NO”, Minerva Valenzuela, una de las organizadoras, declaraba: “Aunque use medias de red y tacones de aguja: si digo no, significa no. Aunque la apertura de mi falda suba hasta mi muslo: si digo no, significa no. Aunque en cualquier momento decida no consumar el acto sexual: si digo no, significa no. Aunque me ponga una borrachera marca diablo: si digo no, significa no. Aunque baile de forma sensual: si digo no, significa no. Aunque el escote de mi vestido sea tentador: si digo no, significa no”.


    El nombre provocativo de este movimiento tiene la finalidad de apropiarse de un adjetivo que ha sido utilizado como arma para discriminar a las mujeres y deshumanizarlas, ya que una puta es nada comparada con una “mujer decente”, que con su pudor se ha ganado el respeto y la protección de los hombres, pero incluso hasta esta última es susceptible de perder tal grado si su interlocutor percibe en ella un atisbo de deseo, para pasar a formar parte de esa “nada” y volverse vulnerable, además de ser considerada como la culpable de su propia vulnerabilidad.


    Esta doble moral, expuesta como una negociación entre los sexos, donde el fuerte protege al débil, permite que el primero ejerza un control sobre la segunda en el tipo de comportamiento que ésta debiera o no tener para evitar ser transgredida, muy parecido al que los padres despliegan sobre sus hijos o hijas, en el entendido de que no tienen un conocimiento cabal de qué es lo que mejor les conviene, lo que supone una sumisión de las mujeres hacia los hombres, para ser protegidas de ellos mismos.


    Obviamente, no todos los hombres violan, pero si fuéramos a emplear la misma política con ellos, tendríamos que suponer que así como toda mujer es una puta en potencia, todo hombre es también un potencial violador, lo que expone lo ridículo de la teoría, que sin embargo ha sido y sigue siendo usada por funcionarios en todo el país. Ahí está el jefe de Recursos Humanos de Huatulco, Oaxaca, prohibiendo minifaldas y escotes en el ayuntamiento para evitar el acoso sexual. Ahí está el antiguo secretario de Salud de Colima declarando que había “putas tapadas” en el gobierno, quienes además eran las responsables de transmitir las enfermedades venéreas, en un claro ejemplo de la despersonalización que se hace de las mujeres, al ni siquiera considerarlas como parte afectada de la epidemia, sino tan sólo la causa de que los hombres se enfermen.
    En un intento por recuperar el poder que se nos arrebata con estos epítetos, es por lo que estas féminas lo hicieron suyo, buscando demostrar que somos sujetos de derechos, y nuestra voz debe de ser escuchada y respetada, incluso cuando ésta sea usada para pronunciar un simple NO contra un potencial perpetrador, dicho desde unos labios pintados de rojo fuerte.

  • ¿Cual es el objetivo de las manifestaciones?, ¿cumplen su cometido?.

    Inicia febrero y mi pluma está más activa que nunca (4 artículos en dos días). Es que esta semana han ocurrido varias cosas de las cuales puedo sacar temas para exponer. Hablaba en el artículo pasado sobre los narcobloqueos en la ciudad de Guadalajara, y el tema de este artículo deriva de ese otro, dado que el día de hoy, alumnos del ITESO decidieron organizar una marcha por la paz como una forma de mostrar su inconformidad contra los atentados que habían ocurrido el día pasado. La marcha inició en la Avenida Chapultepec de la Ciudad de Guadalajara con unos 100 integrantes y terminó con mil en la Plaza de Armas.

    Los motivos de las marchas son muchas, hay de diferentes intensidades, desde las marchas contra la inseguridad hasta las marchas contra la globalización, o bien, marchas contra las autoridades como las que han venido ocurriendo en Egipto. Clasificaría las manifestaciones en tres tipos: Las que emergen desde arriba, es decir, hay una entidad superior que convoca a los ciudadanos a manifestarse, puede ser alguna corriente política, un sindicato o los medios de comunicación, ejemplos de este tipo de manifestaciones son la marcha en contra del fraude del 2006 o la marcha en contra de la inseguridad en el Distrito Federal convocada por los medios de comunicación. Después se encuentran las marchas ciudadanas, que son relativamente nuevas en México (aunque para recordar la primera, nos tendríamos que remontar a los sucesos de Tlatelolco en 1968), estas son organizadas desde abajo por los ciudadanos u organizaciones civiles, un claro ejemplo es la marcha contra la inseguridad que convocaron los alumnos del ITESO. Por último están las marchas híbridas, donde participan desde sindicatos, partidos políticos, pero a estas también se agregan ciudadanos sin ninguna afiliación, un ejemplo son las marchas antiglobalización donde muchos ciudadanos participan voluntariamente, pero otros son invitados por sindicatos y partidos de izquierda.

    Marchas contra el neoliberalismo han sido muchas, sin embargo sigue siendo el sistema económico predominante en el globo terraqueo; marchas contra la inseguridad y la violencia han sido infinitas, pero México sigue siendo un país inseguro y violento. Los seguidores de López Obrador se manifestaron para que se contara voto por voto y no lograron el conteo de todas las casillas computadas.  Así podemos enumerar un sin fín de manifestaciones que se han llevado a cabo. De hecho las pocas manifestaciones que han cumplido su objetivo principal per sé, han sido violentas, como en el derrocamiento de líderes autoritarios.  Entonces, ¿que está ocurriendo con las manifestaciones que no logran concretar el cambio que se proponen?.

    Las manifestaciones si tienen una utilidad y es palpable. Primero, es una vía donde los ciudadanos se sienten apoderados y logran expresar su inconformidad o pensamiento frente a una situación, es una valvula de escape para sacar esa tensión que la injusticia provoca. Segundo, otra utilidad de las marchas es que logran exponer el problema, es decir, la manifestación logra dar ese primer paso que es concientizar a la población o a las autoridades sobre el problema por el cual se está protestando. Un claro ejemplo son las manifestaciones altermundistas. A partir de la manifestación llevada a cabo en Seattle, se puso en mesa de debate a la globalización, se imprimieron libros (cabe destacar el No Logo de Naomi Klein), se abrieron sitios web y se creó toda una red de ciudadanos encargados de vigilar el curso de la globalización. Es decir se logró concientizar a la sociedad y a las autoridades sobre el problema. Pero ¿Por qué no lo ha resuelto?.

    Creo que el error está en que se cree que las marchas por sí solucionarán tal problema. Es cierto, las marchas son un medio democrático que empodera al ciudadano, pero parece no ser suficientes para cambiar su realidad. Esto es porque después de las marchas debería seguir un siguiente paso, el cual muchas veces no se toma y se deja al aire. Ya se logró concientizar a la sociedad, ¿ahora que sigue?. Hay que tomar cartas en el asunto. Lo malo es las manifestaciones ya no sirven para eso.

    Me viene a la mente dos manifestaciones históricas en nuestro país, uno fué la de Tlatelolco, y la otra fué la manifestación contra el fraude perpetrado por Carlos Salinas contra Cuauhtemoc Cárdenas. La primera marcha (la del 68) fué multitudinaria, histórica porque en ella participaron millones de personas y porque terminó en un cruel asesinato perpetrado por el gobierno de Díaz Ordaz. En realidad, ¿que logró la manifestación?. Nada, no logró ningún cambio de los que se habían propuesto y muchos de los manifestantes terminaron siendo engañados y absorbidos por el gobierno de Echeverría. ¿Por qué?. Porque los manifestantes creyeron que con la pura manifestación iban a lograr el cambio, este nunca llegó y ni siquiera logró marcar un parteaguas en la democracia mexicana. Lo único que logro fué exponer el autoritarismo del PRI de entonces.

    La manifestación contra el fraude de 1988 fué diferente. No fué tan multitudinaria pero si logró un parteaguas para crear el estado democrático (aunque sea incipiente) que tenemos en la actualidad. Ni el PAN ni el Cuauhtemoc Cárdenas se fueron con la idea de que con la pura manifestación se iba a lograr justicia, decidieron tomar acción por caminos diferentes. El PAN negoció reformas con Salinas de Gortari a cambio de legitimidad, el gobierno históricamente laico abrió relaciones con el vaticano y se lograron reformas económicas que no se hubieran hecho sin la intervención del PAN. Cuauhtemoc Cárdenas fundó su propio partido, el PRD, el cual ahora es la tercera fuerza electoral en México. Si no hubieran tomado cartas en el asunto y hubieran dejado todas las energías en la manifestación, posiblemente nuestro país seguiría sumido en el priato autoritario.

    El idealismo y las energías impresas en la marcha a veces desbordan emociones, pero a veces las desborda de tal forma que no permite racionalizarlas y encausarlas para construír algo diferente y lograr el cambio que se propone. No basta con marchar contra la violencia o la inseguridad, es necesario que los ciudadanos tomen cartas en el asunto y lleven a cabo acciones para erradicarla. De otra forma, las marchas quedarán en sonido que se pierde en el aire.