Etiqueta: maestros

  • Ándele, páseme profe

    Ándele, páseme profe

    Los maestros… Los maestros en México son poco valorados cuando en realidad son algo así como el segundo padre que habita en la segunda casa de los hijos. El maestro complementa la formación que los padres dan al niño en casa. Mientras los padres ayudan a los hijos a desarrollar su escala de valores, su autoestima, su capacidad para relacionarse con los demás y así como a desarrollar un plan de vida; los maestros dotan a los alumnos de la información y cultura necesaria para poder desarrollarse en la sociedad, no sin complementar de alguna forma el papel que los padres tienen.

    10363447_10152568588329903_5410927340818542456_o

    A pesar de la importante función que tienen en la sociedad, los profesores son poco valorados. México es el quinto país miembro de la OCDE donde peores sueldos se pagan a los maestros, sólo delante de Eslovaquia, Hungría, Polonia y Estonia. Además de esto, en México se utilizan a los maestros como botín político, los sindicatos como el SNTE y sobre todo la CNTE (qué es parte de la primera), han deteriorado la calidad de la educación con el fin de mantener los privilegios de algunos cuantos. De esta forma, los alumnos menos privilegiados de nuestro país y que son quienes viven en la pobreza, tendrán muy poca movilidad social, es decir, tendrán dificultades para escalar dentro de las clases sociales.

    Es por demás curioso que los partidos de izquierda, los que dicen preocuparse por los pobres, no hayan firmado la iniciativa de «10 compromisos por la educación» lanzada por Mexicanos Primero, La iniciativa no habla de privatización ni mercantilización de la educación, sino que más bien propone un esquema donde se busque un mejoramiento en la calidad del profesorado en vez de la proliferación de los cotos de poder que hasta hoy mantienen estancado nuestro desarrollo.

    Pero el problema de la educación en México es multidimensional y no sólo tiene que ver con estos cotos de poder. En la educación privada la educación no deja de ser mala. Profesores de mala calidad sin ninguna preparación abundan en los colegios privados, maestros «barquito» que van a cobrar su quincena y quienes no reprenden a los alumnos cuando estos le ofrecen una botella para que no los manden a extraordinario (aunque por lo general, la botella sea más cara), maestros en colegios públicos y privados que enseñan inglés y ni siquiera saben pronunciar «what«, o que prefieren privar a los alumnos de la enseñanza de ese idioma por razones ideológicas.

    La figura del profesor se debería de dignificar, debería de ser un privilegio de los más preparados y no de individuos que simplemente tienen una plaza, o que fueron a calentar la banca en los magisterios y en las normales, donde ya de por sí, la calidad de la preparación que reciben estos maestros es paupérrima. Si los maestros no están bien preparados, por consecuencia es muy difícil esperar lo mismo de los alumnos. A los alumnos se les debe de formar y no se les debe de dejar a la deriva, desnudos ante la vida dura que tendrán que enfrentar.

     

     

  • Maestro

    Maestro

    -Ándele profe, póngame seis, es más, le hago un trabajo extra, le hago una investigación y se lo entrego mañana-. Ese fue el único extraordinario al que me fui en mi etapa de estudiante, era la materia de física en la preparatoria en la cual obtuve un promedio de 5.9. Como mis papás me lincharían si reprobaba, tuve que tomar de mis ahorros para pagar el examen (en realidad no eran muy caros y aunque me hubiera ido a tres, me los hubiera podido autofinanciar). No era un gran estudiante, pero tampoco era de los más burros. Y eso era porque estudiaba las materias que me interesaban y las que no las hacía a un lado y sólo buscaba pasarlas.

    Maestro

    Me imagino que ser maestro ha de ser una vocación difícil. No sólo porque esta persona debe de estar apta para transmitir sus conocimientos a los alumnos, sino porque además implica preparar las clases y lograr que los alumnos cumplan satisfactoriamente con el temario. Es difícil, sobre todo en esa etapa de secundaria y preparatoria donde los alumnos son incontrolables, retadores, y si el maestro no tiene el suficiente carácter, puede ser sujeto de varias humillaciones.

    Pero el maestro también carga con la responsabilidad de procurar de poner su granito de arena para que los educandos salgan preparados y enfrenten eficientemente la dura vida real. Posiblemente ese semestre de física o matemáticas impartido pueda influir para que el alumno elija su carrera, o bien, pueda entrar en las listas de la universidad donde quiere estudiar.

    Para ser maestro hay que tener vocación. Eso es algo que no hemos aprendido mucho en México, por eso es que esos puestos que son una parte importante de la sociedad y el progreso se pueden vender, heredar o pueden estar sujetos a intereses políticos, partidarios o económicos. Un puesto de maestro en México puede servir para no enseñar nada y ganar más que Enrique Peña Nieto. Un puesto de maestro puede servir para chupar dinero del erario. Es como si en una construcción, en lugar de usar la viga como estructura de una obra, se usara para que los constructores puedan hacer una portería para jugar una cascarita, ¡esa construcción se vendría abajo!

    Organismos como el SNTE y la CNTE le han hecho mucho daño a la educación usándola como botín político, y delineando una teoría conspirativa podría argumentar que buscan mantener a los alumnos en la ignorancia. Los maestros de la CNTE dejan a los niños sin clases para marchar y pedir peticiones que más que resolver sus problemas (porque tienen y muchos) buscan refrendar el status quo. Aún así muchos los defienden por «enfrentarse al poder» cuando sus líderes los acarrean para mantener sus privilegios.

    Uno podría pensar que en las escuelas privadas la realidad es diametralmente opuesta, pero no es así. La educación privada podrá sí, ser algo mejor, pero sigue siendo deficiente. Cualquiera que fue alumno y estuvo en una escuela privada, podrá recordar anécdotas como el profesor al que le regalaron una botella de tequila, o al que se llevaron al table dance con el fin de que lo pasaran de año. También recordarán maestros que sólo iban a desquitar al sueldo.

    Pero a pesar de esto, también tuvimos buenos maestros, y en todos estos 15 de mayo, los recordamos. Aquellos maestros que nos enseñaron lecciones de vida, a esos que buscamos para pedir consejos incluso cuando ya no nos daban clases. Esos que se motivan y piensan en que están colaborando de alguna manera en el futuro de sus alumnos. Esos buenos maestros merecen ser recordados en este su día. Esos maestros que dan algo más, esos maestros que rompen con la mediocridad que tiene nublada a la educación del país.

  • Maestros, bullying y redes sociales

    Maestros, bullying y redes sociales

    La historia comienza con un tweet de la alumna Marina que dice así:

    @Grimaldonas vist lo ke m hizo hoy vieja esa de mierda idalia? pero m las ba a pagar maldita perra ojala renunsie de la scool

    La maestra se ha percatado de que la alumna la insultó en Twitter. Entonces prepara una sorpresa en clase. A Marina y a Grimaldo (quien retuiteo el texto) los puso a leer un texto sobre valores, redes sociales y el bullying. Pero todo era una trampa. Al final la maestra con su celular le muestra el tweet a Marina, mientras algunos alumnos (evidentemente a petición de la maestra) graban la forma en que expone a la alumna, para decirle que así como la difamó en Twitter, ella subiría a las redes a Marina pidiéndole disculpas por el incidente. Idalia amenanzó tanto a Marina como a Grimaldo (quien compartió la publicación de la primera) con llevar esto hasta las últimas consecuencias. Marina fue expulsada del colegio y enfrenta una demanda.

    Maestros, bullying y redes sociales

    ¿Y dónde están los papás? Las redes sociales terminan siendo un arma de doble filo. Al tiempo que se concientiza e incluso exagera el fenómeno del bullying, las redes pueden llegar a ser una amenaza para sus víctimas. El acoso ya trasciende las aulas, y una difamación a un alumno, no sólo queda como un evento traumático, sino que puede ser viralizado y replicado por las redes sociales para mostrarle al alumno cómo es que la molestaron.

    ¿Y dónde están los papás? No es algo anormal que cuando como alumnos estamos enfadados o indignados con algún maestro, vayamos con nuestros amigos a hablar mal de ellos: -Pinche profe cara de sapo, me reprobó-. Puede ser cierto que la maestra debería suponer que los alumnos siempre «se quejan» de los maestros, pero hacerlo en redes sociales no sólo es bastante imprudente, sino que se magnifica y se humilla al afectado al punto que puede destruir a su persona.

    ¿Y dónde están los papás? Creo que la postura de la maestra es exagerada y posiblemente no es una persona muy estable psicológicamente. Al exponer a sus alumnos en redes sociales, de alguna forma se ha rebajado a lo que ellos han hecho. Una situación así se debería de arreglar en la dirección o con los padres. La falta es muy grave, pero la maestra se lo llevó al terreno personal, al punto que al final estuvo a punto de llorar por la forma en que la alumna se expresó de ella. Eso no justifica de ninguna manera la conducta de los alumnos.

    ¿Y dónde están los papás? Parece que la figura del maestro va perdiendo autoridad paulatinamente, no sólo por la forma en que se comportan los alumnos. Sino porque en la actualidad, los padres le reclaman a los maestros el mal desempeño de los alumnos, en vez de reclamarles a sus propios hijos. Algunos padres «no quieren aceptar» su mal comportamiento o desempeño, por el simple hecho de que los alumnos muchas veces suelen ser de una forma en casa, y de otra forma en la escuela. La maestra no sólo no ganó respeto con su actitud, sino que la perdió. Porque el mensaje oculto es «me afecta lo que digan los alumnos». Un maestro de secundaria me comentó algo muy cierto: -Con los alumnos tienes que actuar como encabronado sin realmente estarlo, porque si realmente estás encabronado, entonces ellos ganaron-.

    Los niños necesitan disciplina. Si quieren ser realmente libres, deben tener una estructura y una escala de valores que permita que lo sean. El maestro tiene que ser figura de respeto, eso no implica que siempre lo sea por medios coercitivos, sino que se aprenda a respetar, que tenga una verdadera intención y motivación de educar a los alumnos. Los padres deben enseñar a los niños a obedecer y respetar al maestro, y no al revés como se empieza a frecuentar, donde el padre victimiza al alumno y culpa al maestro de todas sus desgracias.

     

  • CNTE, maestros que marchan

    CNTE, maestros que marchan

    Estoy a favor de la libre manifestación. Dentro de esta debe de haber tolerancia entre las dos partes, quienes se ven afectados (automovilistas, transeúntes etc.) y que deberán tomar una ruta alterna, y los manifestantes que deberán procurar de afectar a terceros lo menos posible.

    CNTE, maestros que marchan

    Con la CNTE se rompe este acuerdo. Los maestros bloquearon el aeropuerto de la Ciudad de México el cual sólo se hizo accesible a pie o en metro. La manifestación se ha endurecido y los habitantes de la capital, independientemente de su posición social, están molestos. Llueven críticas contra Mancera e incluso contra Peña Nieto por no tomar medidas enérgicas. Tampoco es válido dejar a los niños sin clases, cosa que ocurre muy a menudo en estados como Guerrero, Michoacán y Oaxaca donde tiene presencia esta rama del SNTE.

    No estoy de acuerdo en absoluto con la forma de actuar de los maestros, incluso siquiera con gran parte de lo que reclaman. Pero satanizar solamente a estos maestros por lo que está ocurriendo sería algo así como un error. El apunte que hizo Alvaro Cueva en su columna me parece interesante.

    Como bien afirma, a lo que se oponen no es propiamente a una reforma educativa tal como se debe entender, sino a una reforma laboral. Sabemos que los maestros heredan plazas, tienen ciertas prestaciones, y con esta reforma, perderán muchos de sus beneficios. Es decir, esta reforma podría afectar su modo de vida, y sus ingresos económicos. Lo que tienen ahora es lo que firmaron cuando entraron como maestros. Su preparación es magra, es muy cierto, pero sería irresponsable pensar que sólo es culpa de los maestros y dejar del lado al sistema, al gobierno que creó este esquema, ¿Y a ellos quien los cuestiona?

    Esto no sólo es consecuencia de unos maestros con una preparación magra, sino del manoseo de la educación por parte de los gobernantes, el uso de sindicatos como botines políticos. Se podría entender que los maestros estén angustiados y preocupados, pero ¿y los niños? ¿Qué los niños no tienen derecho a tener un futuro? ¿Los niños tienen culpa de que los maestros se hayan acostumbrado a la mediocridad, a salirse de las aulas para protestar?

    A los maestros se les debe evaluar, se les debe exigir preparación. Pero hay que recordar también que este sistema nocivo fue creado y solapado por las autoridades y a los maestros se les contrató bajo ese esquema. Entiendo la angustia de los maestros, pero no pueden estar atropellando los derechos de la gente al bloquear aeropuertos. La gente tiene derecho a estar molesta por esta situación. Una manifestación debe ser razonable. Es muy diferente a realizar una manifestación tomando una calle yendo de un punto a otro, a bloquear cruces por tiempo ilimitado de tal forma de que usen la inconformidad que generan, en contra del gobierno.

    El gobierno tiene que ser enérgico, debe buscar una solución, desde exigir que se manifiesten de tal forma que no afecten a terceros, y de ser necesario usar la fuerza pública de una forma razonable (y hago hincapié en lo razonable, porque tenemos casos como el de Atenco donde el gobierno violó los derechos humanos de varias personas) y suficiente para poder dispersar la manifestación.

    El hecho de que sucedan estas cosas, habla de lo que está atrasada nuestra cultura política, tanto por lo que compete a las autoridades, como a este tipo de grupos que llegan al punto de ejercer presión e incluso para coquetear con la violencia. Para quienes creían que nos disparábamos al desarrollo, pues, ¡ay ta! Desengáñense.