Etiqueta: López Obrador

  • El mesías Trumpical

    El mesías Trumpical

    El mesías Trumpical
    Revista Alto Nivel

    Seguramente lo has pensado, sobre todo si López Obrador no te simpatiza en lo absoluto.

    Seguramente te has imaginado al «Peje» al frente de nuestro país, mientras Donald Trump gobierna el país del norte. A pesar de que en el papel tienen posturas políticas muy distintas, encuentras muchas similitudes y te reprimes por esa contradicción. Pero no lo es, en política, los extremos tienden a parecerse por más se odien en el discurso. Es como aquellos dos compañeros de tu salón que siempre se odiaban a muerte, pero se te hacían muy parecidos. Es como aquel dicho de «lo que te choca, te checa».

    Este juego y aparente contradicción será la regla si ambos candidatos llegan al poder. El primero, aunque con menos vehemencia que sus pares sudamericanos, no simpatiza con la apertura comercial con países como Estados Unidos y ve con mucho escepticismo el Tratado de Libre Comercio. Para sus seguidores es una gran tragedia… así como lo es para Donald Trump. Para un sector de la izquierda mexicana, Estados Unidos y su «imperialismo» es el culpable de todos los males. Para Trump y los suyos, México es el culpable de todos los del país del norte. AMLO y Trump se presentan como víctimas de una misma cosa y señalan como victimario al otro país.

    También hay que tomar en cuenta. Los dos son outsiders de la política (lo cual no es necesariamente malo, pero sí en sendos casos), son antisistema y hasta hablan de un posible fraude electoral.

    Imaginar a un México con una economía más cerrada con un López Obrador al frente del poder, mientras que nuestro vecino hace lo mismo con Trump en la Casa Blanca, sería algo esquizofrénico, pero es algo que puede ocurrir.

    Llegara o no López Obrador al poder, si Donald Trump arribara a la Casa Blanca y se esforzara por cumplir sus promesas de campaña, tales como construir un muro que nosotros pagaríamos, o una mayor intervención en la economía para que «regresen los trabajos a Estados Unidos», nuestro país tendría que pensar en alternativas. A sabiendas de que ya tenemos tratados comerciales con medio mundo (y firmar más no terminaría por reemplazar el vacío que significaría una relación comercial deteriorada con Estados Unidos), una opción podría ser fortalecer el mercado interno, trabajar desde adentro mientras consolidamos nuestros acuerdos comerciales con otros países.

    AMLO y Donald Trump

    ¿Pero qué ocurriría si fuera López Obrador el que estuviera al frente del país? Antes hay que explicar algo muy importante:

    Esa combinación que tantos temen podría ser posible. No sólo porque ambos son candidatos competitivos, sino porque el ascenso de Donald Trump, podría a su vez, favorecer considerablemente el ascenso de López Obrador. Explicaré por qué.

    La respuesta mexicana ante un político «políticamente incorrecto», podría ser otro «políticamente incorrecto».

    Donald Trump básicamente nos declaró la guerra, nos señaló como el culpable de todos los problemas que su país tiene, que exportamos violadores y secuestradores a su nación al tiempo que nos quedamos con sus empleos. No sólo se trata de lo que México puede perder con su llegada en materia económica, social y de migración; se trata también de orgullo y nacionalismo. Un golpe así calaría hondo en nuestro patriotismo. Y para muestra clara está el hecho de que la herida de los territorios perdidos hace dos siglos sigue muy abierta.

    Y si Donald Trump despierta pasiones por ser «políticamente incorrecto», el remedio para muchos mexicanos será, una respuesta similar, otro «políticamente incorrecto» que le haga frente al «tirano gringo». Y a quien le queda mejor ese papel es a López Obrador.

    Trato de imaginarme a Margarita Zavala, a Miguel Angel Mancera o a Aurelio Nuño tratando de criticar a Trump con toda esa parsimonia característica de la clase política tradicional. Me los imagino diciendo que van a «negociar con Estados Unidos para salvaguardar nuestros intereses».

    Este gobierno sí cumple. Gracias a nuestras sólidas instituciones y a la debida intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores, he logrado la condonación del 25% de la inversión del muro que nos tocará pagar a los mexicanos – Margarita Zavala, Presidenta de México.  

    No, no va a funcionar.

    El ciudadano mexicano se sentirá herido en el orgullo, va a querer que lo defiendan como a un perro. No importa si en la práctica no se puede hacer mucho porque Estados Unidos es una nación mucho más poderosa o si lo más conveniente es efectivamente algún tipo de negociación.

    Niños héroes bandera
    Rafael Dorantes / Flickr

    Un discurso incendiario como los de López Obrador vendrá como anillo al dedo. Un López Obrador que se le ponga de frente como lo hace con la mafia del poder.

    Y créanme que con el orgullo herido, varios que jamás hubieran votado por López Obrador en otras circunstancias, podrían estar dispuestos a hacerlo. Ya no se trata de propuestas económicas o que es lo que funciona, ¡se trata de nuestro pinche país carajo!

    Y así como un demagogo puede jugar con los hilos del sentimiento nacionalista como lo hicieron Boris Johnson y Nigel Farage con el #Brexit, o como lo hace el propio Donald Trump en Estados Unidos, López Obrador podría hacerlo sin ningún problema en México. Con Trump al frente, el nacionalismo podría desplazar a la corrupción o a los temas económicos como tema principal dentro de la campaña electoral, y ahí quien gana es López Obrador.

    Ante un muro que hay que pagar, el mexicano no querrá escuchar sobre negociaciones, sino sobre justicia.

    Para terminar, contestemos la pregunta que lancé antes. ¿Qué ocurriría si ambos llegaran al poder? En realidad es algo más difícil de saber de lo que parece, pero por principio, podríamos olvidarnos del TLC (a menos de que las cámaras legislativas de uno o ambos países lo impidan). Tal vez López Obrador ya no tendría tiempo de hacer sus típicos referendums (el #Mexit) para hacer como que le pregunta a la gente porque Trump posiblemente ya habría tronado el TLC desde antes. Segundo. Habría que imaginarnos la relación de ambos países con dos presidentes impulsivos que no presumen de una gran inteligencia emocional, que no entienden mucho de diplomacia y sí de confrontaciones. López Obrador podría terminar acentuando las consecuencias que la llegada de Donald Trump pudiera generar en nuestro país, como la crisis económica que vendría en consecuencia.

    Pero lo que es seguro, es que un escenario así no es el más deseable.

    Y menos porque también hay que considerar las implicaciones internacionales y geopolíticas que puedan tener el ascenso de Donald Trump y cómo éstas pueden impactar a nuestro país.

    El ascenso de Trump es algo indeseable tanto para Estados Unidos, nuestro país, e incluso para la estabilidad en Occidente que comienza a ser tentada por demagogos de izquierda o derecha. Pero de igual forma no creo ver en López Obrador al mandatario que México necesita para hacer frente a esas calamidades.

    Los únicos que ganarán algo, eso sí, son los politólogos. En un escenario tan esquizofrénico, aprenderán más que en una universidad de la Ivy League.

  • Al Peje se le están alineando los planetas. Podría ser tu presidente en 2018

    Al Peje se le están alineando los planetas. Podría ser tu presidente en 2018

    López Obrador lo sabe, sabe que los vientos soplan a su favor. Esos vientos que no tiene ni Obama.

    Esos vientos, o coyunturas, por darle un nombre más técnico, que casi ningún político puede presumir en el país.

    La apuesta de AMLO en este sexenio era criticar ferozmente, como nadie, al régimen de Peña Nieto. La apuesta le salió porque el gobierno de Peña Nieto ha sido básicamente un desastre, y los otros partidos más que comportarse como oposición, han sido tibios, y en algunos casos, parecieron cómplices.

    Al Peje se le están alineando los planetas. Podría ser tu presidente en 2018

    Su postura abiertamente antipeñista le traerá dividendos al tabasqueño. La gran mayoría de los mexicanos está harta del mandatario priísta. Ellos se refugian en los especialistas, divulgadores, comentaristas y hasta payasos que critican duro al Presidente.

    Pero los políticos no llevan el mismo ritmo. Ellos solo se molestan en hacer críticas «políticamente correctas» cuando hay elecciones en puerta. López Obrador es el único que critica a Peña con la virulencia con que lo hace la gente en las redes sociales.

    Imaginemos un debate. Uno de esos debates tradicionales del INE con un formato tan aburrido como para combatir el insomnio. Si la candidata o el candidato del PAN o del PRD señala al candidato del PRI por las casas blancas de Peña Nieto, López Obrador podrá revirar de forma fácil señalando que esos partidos no hicieron prácticamente nada para que Peña fuera procesado. De igual forma ocurriría con el caso no resuelto de los 43 de Ayotzinapa, y con muchos otros errores del gobierno actual que generaron indignación en la sociedad.

    Peña Nieto y Virgilio Andrade

    López Obrador genera miedo en un sector de la sociedad por su beligerancia, sus propuestas populistas y las similitudes que muchos trazan con los gobiernos de Venezuela o Bolivia. Pero no es necesario que López Obrador convenza a todos. Sus negativos son hasta cierto punto contrarrestados con los negativos de lo que muchos denominan «la clase política», compuesta por los tres partidos principales (PRI, PAN, PRD) y los partidos que fungen como satélite de otros (PVEM, PT, PANAL). Aunque técnicamente López Obrador también es parte de la «clase política», se ha logrado desmarcar de ella con su discurso maniqueo: yo soy el bueno, ellos son la mafia del poder.

    Tanto el escenario nacional como internacional son benéficos para la causa de López Obrador. Las posibilidades que tiene para llegar a Los Pinos están condicionadas por su natural capacidad de auto-boicotearse.

    Los constantes errores del gobierno de Peña y de la clase política en general le han dado una mayor legitimidad al argumento de López Obrador. El discurso de que México está cooptado por una mafia del poder compuesta por políticos y empresarios sonaría a una teoría conspirativa a oídos de muchos si ésta fuera pronunciada en 2008. Ahora, su discurso pareciera tener más sentido. Todos han llegado a la conclusión de que hay una clase política corrupta que no quiere soltar el poder, y que varios empresarios y empresas (ej, Grupo Higa) se han beneficiado por sus nexos con ésta.

    Los errores del gobierno actual incluso le han dado mayor legitimidad a organizaciones descalificadas por la opinión pública como la CNTE. Después de que la Policía Federal asesinara a varios civiles, no pocas personas se solidarizaron con los maestros. López Obrador se apropió de la causa, e hizo una megamanifestación en Reforma donde mostró «el músculo» ante sus adversarios.

    AMLO CNTE Reforma

    No pocos dirán que «al final López Obrador tuvo la razón». El planteamiento de López Obrador no tiene que ver con las propuestas ni el delineamiento de una estrategia fundamentada, sino con la moral. El Peje se presenta como el hombre bueno e impoluto (que lo sea o no es otra cosa), yo soy el bueno, el limpio, el honesto; los otros son los malos, los corruptos. Su discurso maniqueo, más propio de una iglesia cristiana o evangélica que de un estadista, puede cobrar fuerza. Sobre todo en aquellos que están lo suficientemente indignados como para votar por la emoción (El Reino Unido ya nos mostró que la capacidad que tenemos para decidir un voto con las vísceras).

    Y si esto no bastara, el entorno internacional también beneficia a López Obrador.

    La postura antisistema que comienza a abrazar al mundo occidental, donde tanto la extrema izquierda (como Podemos en España) o la extrema derecha que emerge en varios países de Europa, así como la de Donald Trump, legitiman el discurso de López Obrador. El Brexit, por ejemplo, tiene algunas similitudes con el discurso nacionalista de López Obrador.

    Por poner un ejemplo, aunque la corriente de pensamiento de los principales promotores del Brexit como Boris Johnson (quien físicamente pareciera un extraño cruce de Donald Trump con el Piojo Herrera) se adhiere al libertarismo en algunos puntos (estado mínimo, bajos impuestos) que son contrarios al de López Obrador, en otras cuestiones, que son las que los motivan a aislar al Reino Unido de Europa, no lo hace. Cuando se habla de nacionalismo, y de culpar a agentes externos de las propias desgracias (propio de líderes demagogos populistas), se pueden encontrar varias similitudes. Ocurre de la misma forma si hablamos de Nigel Farage, principal promotor del Brexit y líder del UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido):

    A pesar de que Venezuela es para muchos un laboratorio de lo que podría ocurrir si López Obrador llega al poder (lo cual podría ser un factor en contra), presentarse como un outsider y como anti-sistema en un mundo que comienza a legitimarlos, es una gran ventaja. El desencanto del individuo con el sistema que lo gobierna y con quienes son «políticamente correctos». no es algo característico de México, sino de muchos países de occidente. El desencanto con el gobierno actual en México y en otros países, a pesar de las diferencias, no son completamente producto de la casualidad.

    Por ejemplo. El Brexit podría legitimar el discurso contra el TLC, porque los planteamientos son muy similares. Un «Mexit» podría ganar adeptos cuando se apela a esos «valores nacionalistas» que tanto nos enseñaron por medio de la educación oficial durante años. La defensa del petróleo, los recursos naturales, lo «hecho en México», recuperar lo que «es nuestro». Y actualmente López Obrador parece ser el único en condiciones de tomar esa bandera.

    López Obrador parece depender más de sí mismo (tiene una capacidad muy impresionante de  auto-boicotearse) y de su capacidad para leer el entorno y actuar en consecuencia. Si su estrategia de aquí al 2018 es adecuada, tendrá considerables posibilidades de ganar. Si no lo es, sus posibilidades serán mínimas. Pero hay una diferencia. No recorrerse al centro lo suficiente fue lo que condenó a López Obrador a la derrota en las elecciones pasadas (particularmente en 2012 lo estaba haciendo muy bien hasta el último mes), pero ahora, dentro del entorno actual, su carácter beligerante y polarizador podría más bien traerle algunos dividendos.

    ¿Cómo parar a López Obrador? La respuesta podría encontrarse en otro outsider. Un candidato independiente no perteneciente a la clase política que logre ganar simpatías tanto en la derecha como en sectores de la izquierda, podría poner en jaque las aspiraciones de López Obrador. Pero ese candidato todavía no aparece en el mapa político, y si lo quiere hacer, más vale que lo haga temprano para padecer lo menos posible todas esas desventajas de ir como independiente por la silla presidencial.

  • ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Días atrás, escribí un extenso artículo explicando por qué la gente simpatiza con el PRI. Lo hice con base en mi experiencia y mis conocimientos. Para conocerlos tuve que conocer al partido, dado su carácter hermético.

    En el caso de López Obrador, el procedimiento que he hecho es distinto. Primero, porque a diferencia de los priístas quienes no utilizan mucho las redes sociales para manifestarse, los que simpatizan con López Obrador han encontrado en Internet y las redes, un campo de batalla.

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Desde el 2006, antes que existiera Facebook o Twitter, ya existían portales web de sus simpatizantes para denunciar lo que llamaron el fraude del 2006: portales como El Sendero del Peje, y otros que tenían como objetivo criticar a Felipe Calderón con el mote de «Fecal» y su cara caricaturizada de tal forma que pareciera un pedazo de excremento.

    Para hacer el ejercicio me enfocaré en sus simpatizantes, quienes conforman su voto duro, y quienes ven a AMLO como la única posibilidad de que México cambie. No tomo en cuenta a quienes han votado por él de forma esporádica (como varios hicieron en 2006 y 2012).

    La pregunta de la cual partía el artículo anterior era ¿por qué la gente simpatiza por el PRI a pesar de su pésimo desempeño? López Obrador, en cambio, no ha gobernado nuestro país.

    Muchos, a pesar de la evidencia y experiencia de otros países, presuponen que al presentarse como el opositor u outsider, (de quien cuyas declaraciones tienen mucho contenido moral y se presenta como una político moralmente superior a todos los demás,  no se corrompe, no roba, dice) es la opción que México necesita.

    La pregunta en este caso sería un poco más extensa: ¿por qué la gente simpatiza con López Obrador a pesar de que el modelo político y económico que propone ya ha fracasado en diversas latitudes del mundo (sobre todo en Sudamérica) y a pesar de sus rasgos mesiánicos que balancean a su personaje entre el populismo latinoamericano y el PRI de los años 70?

    Hace unos pocos días tuve una discusión con un tuitero. Yo había criticado a López Obrador porque al oponerse a la #Ley3de3, coincidía con la mafia en el poder. El PRI, el PVEM y Morena son los más fervientes opositores a esta ley. Este usuario me criticó mostrando una columna que afirmaba que la #Ley3de3 había sido una invención de Televisa. La leí, y resultó que la columnista no sólo era seguidora de AMLO, sino que era miembro de Morena. A pesar de reparar en ese detalle, siguió mandándome tuits con el mismo link, y me mostró incluso pantallazos del artículo, como si fuera una verdad irrefutable, como si no estuviera entendiendo su texto.

    Acto seguido, esta persona me mostró artículos que él no había leído completamente, o al menos eso pensé cuando terminé de leerlo y encontré que tenía información que lo contradecía. Por ejemplo, me trataba de explicar que México creció menos que muchos países de Sudamérica (mi intención nunca fue defender el desempeño económico del gobierno actual), pero al final mostraba que Brasil y Venezuela, a quienes yo me refería, habían crecido menos que el propio México. Luego entonces, preferí no seguir el debate porque no tenía sentido. No se trataba de un debate de argumentos, sino de cuestión de fe.

    Seguidores de Morena

    La otra vez había dicho que los priístas suelen serlo por pertenencia y que eso los lleva muchas veces a asumir posturas maniqueas. Con los seguidores de López Obrador, la piedra angular es la fe, que de igual forma los lleva a asumir también ese tipo de posturas, las cuales son más notorias no necesariamente porque ese maniqueísmo sea más intenso, sino porque hacen más ruido mientras que los priístas mantienen un perfil bajo.

    Hablar de sus seguidores como «buenos para nada, mantenidos, ignorantes», es muy superficial e irresponsable y sería una absurda generalización. Antes que todo eso, está la fe. Y eso tiene raíces muy profundas, más en un México con abundantes rasgos verticales y un gobierno que siempre se asumió como dador. Es decir, sus seguidores asumen que para que haya un cambio en el país, se debe de apostar a una persona y no a ellos mismos. Una sociedad como la mexicana es más proclive a caer rendida a los pies de un demagogo; aunque Estados Unidos ya nos ha mostrado el ejemplo de que un país más democrático y desarrollado tampoco está exento de caer en ese tipo de trampas.

    En este sentido, López Obrador tiene varias coincidencias con el PRI.  López Obrador fue priísta y absorbió gran parte de su modus operandi. Muchos rasgos propios del PRI están muy presentes en su persona y organización.

    Si bien AMLO no tiene una estructura sólida (que trata de construir con Morena) como para replicar un club-partido a gran escala como lo hace el PRI (muchos simpatizantes ni siquiera están afiliados), varias de sus formas se replican (la sumisión y el alineamiento), pero en vez de tratarse de un partido, se trata de una persona. Se trata de una organización paternalista más que de grupo.

    Al igual que con el PRI, se está dentro, o se está fuera. Ser parte del movimiento de AMLO es un privilegio, «es un honor estar con Obrador». Como se presenta como moralmente intachable, entonces los que lo critican son «moralmente reprobables», o cuando menos, engañados: – Ya no veas Televisa. Si un columnista critica a AMLO, ya es considerado parte de la Mafia en el Poder. No importa si es Ciro Gómez-Leyva, Denise Dresser o Julio Astillero.

    A diferencia del PRI, la relación entre los simpatizantes y la figura en cuestión sí está cargada de elementos ideológicos. Es decir, no pertenecen por pertenecer, sino porque López Obrador representa la respuesta al diagnóstico que han hecho del país:

    Sus simpatizantes tienen una escala de valores, luego entonces, simpatizan con López Obrador, pero al simpatizar absorben todo su credo, como si esto fuera necesario para reafirmar su propia escala de valores.

    Pero no se trata de una postura ideológica muy definida, más que la confrontación con las élites. Su discurso contra la corrupción, la desigualdad y falta de oportunidades va en ese sentido. en confrontar las élites y defender la soberanía con argumentos nacionalistas, aunque con mucho menos vehemencia que Chávez o Maduro; en tanto para él y sus simpatizantes el enemigo está dentro del país y «el imperialismo» queda un poco más en segundo plano.

    La postura en temas que no tienen que ver con esta confrontación es muy vaga y no tiene relación con las corrientes progresistas, claro ejemplo es la postura de López Obrador en temas sociales como el matrimonio gay o la despenalización de la mariguana. En ese sentido, López Obrador muestra un pragmatismo parecido al de los priístas, donde la política importa más que las convicciones.

    El diagnóstico a priori puede no ser erróneo. Por ejemplo, en México existe mucha corrupción, desigualdad, injusticia, o unas élites rígidas que no permiten el desarrollo pleno del país. López Obrador coincide con esas críticas, les pone nombre y etiquetas. A esa élite le llama «la mafia en el poder» y todos aquellos problemas son a causa de la Mafia en el Poder. Toma verdades, o medias verdades y las generaliza para crear una retórica donde se asuma como el líder absoluto, tal y como lo han hecho los demagogos populistas como Hugo Chávez, o inclusive Donald Trump: El pueblo pobre contra la élite mala. Se asume como antisistema.

    AMLO Morena

    La solución que propone es fácil (cuando la realidad es opuesta), se trata de presentarse como impecable, impoluto; de mostrar que el problema tan sólo es de carácter moral, y basta ser recto para resolverlo. Basta con ser bueno.

    Basta con tratar de entender un poco de psicología, economía y otras disciplinas más para entender que esto no es así. Pero seguir a una persona que se asume como recta, es mucho más fácil que trazar una estrategia para combatir estos problemas. A esto se le debe sumar que la mayoría de los ciudadanos no creen que por sí solos tengan la capacidad de transformar su realidad (cuando la realidad, al menos al día de hoy, es que sólo desde la ciudadanía puede venir un cambio). Y de la misma forma, se debe sumar la desesperación. El resultado es un líder populista con un considerable número de seguidores.

    No podemos hablar de «personas ignorantes» como algunos sugieren cuando hablamos de los simpatizantes. Varios de sus seguidores tienen un nivel de educación relativamente alto, incluso no son muy pocos los llegan a estudiar en el extranjero y llegan a destacar en su área profesional (conozco quienes pisaron Harvard). Pero su vínculo con López Obrador sigue siendo eso, un acto de fe. No importa que los argumentos y postulados del tabasqueño puedan ser fácilmente rebatibles.

    No tiene que ver con la inteligencia en tanto la gente con un mayor cociente intelectual no siempre es «más objetiva» que el resto. De hecho, pueden utilizar su propia inteligencia para tratar de reforzar y justificar su postura.

    López Obrador y sus seguidores son parte de un mundo que tiene muchos enemigos en común y que se repiten a cada rato: «La mafia en el poder», «Los potestados»,  «Televisa», «Peña Nieto», «El Prian», etc. Son entidades o personas, que en su mayoría pueden ser duramente criticadas por quienes no simpatizan con López Obrador, pero que son un todo para quienes sí simpatizan con él, son un sólo enemigo.

    La premisa de López Obrador, y por consecuencia, de sus seguidores es: si estas entidades desaparecen, entonces México será otro. Reparan en ellas, y no en las causas que las hicieron surgir. Es más fácil decirlo así, es más fácil crear un enemigo en común. El político que quiera ganar poder creando una masa de simpatizantes leal y cohesionada, sabe que debe de crear un enemigo en común.

    Los lopezobradoristas son leales entre ellos, al menos ideológicamente. Acceden a las mismas fuentes de información (Proceso y La Jornada principalmente) porque son a su parecer, las únicas que presentan una realidad objetiva. En general tienden a ser más bien incapaces de aceptar críticas, y dan por descontado algún artículo crítico, porque la oposición a López Obrador tendrá siempre una oscura intención. No se puede ser opositor a López Obrador desde el bien. Como comenté anteriormente, la única alternativa es estar engañado.

    Muchos de sus seguidores son bienintencionados, pero les es más esperanzador sujetarse a los designios de un líder, que pensar que la ciudadanía por sí misma puede generar cambios dentro de la sociedad.

    De esta forma, al igual que el PRI, tienen sus propios ritos y costumbres. También se trata de pertenecer, pero esta pertenencia conlleva una carga ideológica, y dicha carga es la que da cohesión al movimiento.

    A diferencia de los priístas, dicha carga ideológica puede hacer que algunos de sus seguidores caigan en alguna especie de arrogancia intelectual. Sus seguidores suelen estar más leídos e informados (aunque de forma parcial) que quienes pertenecen al PRI (especialmente sus bases cuyos miembros poseen una baja escolaridad). Eso, más la postura moral que encarna el movimiento, puede hacer que en algunos casos se muestren moralmente superiores a los demás: «tenemos conciencia crítica, leemos y nos informamos».

    Aunque al mismo tiempo refutan argumentaciones críticas hacia la figura de López Obrador o su programa político y económico, sin importar si son contundentes. Porque, es un acto de fe.

    De esta forma, López Obrador sigue teniendo una base sólida de seguidores incondicionales, muchos de los cuales se asumen como agentes de transformación (supeditados a un líder). La crítica dentro del movimiento es escasa, en especial cuando va dirigida al propio líder. Quienes terminan desencantados terminan abandonando el movimiento, porque no se puede entender la pertenencia sin la sumisión ideológica a López Obrador. También, quien se decanta y muestra una postura crítica, termina siendo rechazado por los miembros del movimiento, quien a sus ojos, puede tener un interés particular: -Ya se vendió a la mafia del poder.

  • Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    López Obrador está haciendo una buena campaña presidencial, es decir, está cumpliendo con su cometido de mantenerse vigente. Muchos hablan de él, lo defienden, lo critican, está haciendo ruido.

    A mí en lo particular, me parece un insulto a la inteligencia de los mexicanos. Sigue empotrado en el argumento del avión, que es un robo, que va en contra de la austeridad y los valores de los héroes de la patria ¿De verdad crees que todos nuestros «héroes» eran austeros y rectos? Habría que recalcar que ese avión lo compró la administración de Felipe Calderón y el gasto se entiende porque por más grande sea nuestra antipatía con el gobierno, no podemos darnos el lujo de arriesgar su vida (amén de todos los secretarios de Gobernación que perecieron en el sexenio de Calderón). Si las cabezas del país murieran, en un país infestado por el narcotráfico y el descontrol, las cosas podrían ponerse muy complicadas. Además, es una herramienta de trabajo, no es un lujo.

    Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    Y me parece un insulto que diga que le va a decir a Obama, cuyo gobierno comprará un avión del mismo modelo, que «se espere al 2018» para comprar el suyo. Para mí es una burla, pero para muchos no.

    Es decir, tantos casos de corrupción e impunidad dentro del gobierno actual como para escoger ese tema, parece algo estúpido. Pero un avión es algo concreto, es una «forma de darle forma» a la corrupción y descrédito del gobierno de Peña Nieto.

    Pero a pesar de que me parezca un insulto y una burla, su campaña funciona. Porque si AMLO quiere tener posibilidades en el 2018, debe mantenerse vigente, y debe de canalizar todo el descontento.

    López Obrador actualmente no está haciendo nada, no está gobernando entidad alguna y simplemente está haciendo política con su partido cuyo fin principal es hacer que gane la presidencia en 2018. AMLO no sólo es fuerte en la capital; su candidato de Veracruz, Cuitláhuac García, está dando pelea; también ocurre lo mismo en Zacatecas con Ricardo Monreal. Considerar que López Obrador no tiene posibilidad alguna de ganar por sus negativos sería ingenuo. López Obrador se presenta como un outsider, igual que Donald Trump en Estados Unidos.

    El Peje está teniendo fuerte presencia en redes. Por ejemplo, constantemente publica videos y pensamientos en medio de su recorrido por todo el país. Habla principalmente de la corrupción, de lo corruptos y cínicos que «son ellos» contra lo rectos e impolutos que «somos nosotros» por medio de esa ya clásica visión maniquea que pudiera llegar a ser más exitosa gracias al descrédito de la clase política (no pocas personas podrían estar de acuerdo con que hay una especie de «mafia del poder» en las élites de nuestro país con lo que ha sucedido en los últimos años). Repite las mismas frases, las mismas palabras, pero el contexto no es exactamente igual al 2006, ni siquiera al 2012. A veces no hay que hacer las cosas diferentes para obtener resultados diferentes, sino hacer lo mismo en tanto el entorno es el que ha cambiado.

    Su famosa frase de «este avión no lo tiene ni Obama» se ha propagado por las redes. No sé quien esté ayudando a manejar la campaña de López Obrador (quien aprovecha las lagunas legales y la displicencia de un desacreditado INE), y no sé si esa frase fue planeada para generar cierto impacto, o se viralizó de forma sorpresiva. Me inclino un poco más por lo segundo, sobre todo al tratar de entender como es que se viralizan los contenidos en Internet. Pero es de notar también que el copy del anuncio estuvo bien planeado y estructurado para obtener un propósito.

    El mensaje es muy sencillo y claro:

    Esa frase ha funcionado muy bien, tan bien, que AMLO la sigue repitiendo en los videos en que aparece. Es su grito de batalla ante la corrupción de la clase política (de la cual en realidad es parte), mientras que él se presenta como un outsider. Más que ser una burla, es un estandarte, «ese avión no lo tiene ni Obama». Hasta los críticos de López Obrador suben memes con la frase, incluso algunos presentadores y «comentócratas» la utilizan en son de broma. Es la frase del momento: «ese avión no lo tiene ni Obama». tan así que ya lleva algunos meses entre nosotros.

    Andrés Manuel sigue vigente, más vigente que nunca. Y el primer paso es ese.

    Actualmente Andrés Manuel no puede mencionar propuesta alguna ni puede hacer muchas cosas que se podrían hacer dentro de una campaña por las restricciones del INE (se limita a aprovechar, como ya dije, las lagunas legales). Pero sí puede diferenciarse del resto presentando a su partido como algo impoluto, cuyos valores rayan en lo religioso, tan puro y tan santo. Y vaya que en un país lleno de corrupción, una alternativa así (aunque no lo sea tan así en la práctica) puede llegar a sonar atractiva para muchos.

    AMLO y su equipo saben lo que hacen. No me parece que estén improvisando, saben que tienen una coyuntura a su favor que nunca han tenido: un gobierno y una clase política tan desacreditada como nunca antes. ¿Le alcanzará a López Obrador? No lo sé, los negativos que tiene, acumulados por varios eventos a través de los años, van a jugar un papel importante. Pero casi toda la clase política actual «tiene muchos negativos también». Si no aparece un líder o una figura destacada que despierte pasiones (sólo se antoja por medio de las candidaturas independientes), podría volverse muy competitivo; sobre todo si el voto se fragmenta.

    Y como la intención del PRI es fragmentar el voto lo más posible, en una mala jugada López Obrador podría terminar como beneficiario.

    Pero también el principal enemigo de López Obrador podría ser él mismo. Como ya ha ocurrido en ocasiones pasadas.

  • México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Cada cierto tiempo en México algunos medios y opinólogos nos alertan sobre el peligro del populismo. Lo hacen incesantemente. El primer nombre que viene a la cabeza es el de López Obrador, y tal vez en mucho menor medida, el de «El Bronco».

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Existen videos realizados por estos medios que explican las características del populista, y de alguna forma aciertan en su crítica. Su discurso es maniqueo, dividen al país entre el pueblo bueno el cual siempre tiene la razón (y con tener la razón me refiero a que cómo el líder no se equivoca, y el pueblo cree ciegamente en él, entonces el pueblo no se equivoca) y los bandidos, los empresarios, los imperialistas, la mafia en el poder.

    Pero quienes hacen esas críticas suelen olvidar una cosa: Las causas por las cuales surge el populista.

    En realidad no es que las olviden, es que muchas veces son parte del problema y prefieren ignorarlas. Una televisora coludida con el gobierno puede hablar en su noticiero sobre como México podría desmoronarse si «el populista» llega al poder, cuando en realidad esa dinámica donde dicha empresa recibe favores del gobierno a cambio de concesiones, está destruyendo el país.

    Ni la Venezuela antes de Chávez, ni la Cuba antes de Castro, ni la Bolivia antes de Evo eran ejemplos de democracias funcionales. En realidad eran países muy injustos donde algunos pocos capitalistas estaban coludidos con el aparato gubernamental, lo que se traduce en mayores beneficios para ellos en perjuicio de la población, se enriquecen a costa de los demás y generan un país más desigual. Es decir, un juego de suma cero, cuando en un mercado libre, el juego no es de suma cero, sino que ambos ganan.

    Y ese es el estado actual de México. El México de hoy se parece mucho a la «Venezuela antes de Chávez».

    A la fecha, empresas como Televisa siguen ejerciendo poder sobre la clase política para beneficiarse. A la fecha, a las empresas que crecieron al cobijo del gobierno no se les ha hecho participar en un esquema de libre mercado. Las élites son las mismas, no cambian, y eso es sintomático de la concentración de poder en la parte más alta de la pirámide.

    No es casualidad que en México existan 50 millones de pobres coexistiendo con algunos de los empresarios más ricos del planeta.

    Es fácil para demagogos como López Obrador etiquetar a esa clase beneficiada como la «mafia en el poder». De hecho dicha etiqueta no es del todo errónea, porque es un pequeño grupo que posee la mayor parte del poder del país, como si se tratara, sí, de una pequeña mafia.

    El problema está en que personas como AMLO usan dicha circunstancia para crear un discurso maniqueo de buenos contra malos y erigirse como líderes espirituales; peor aún, aseguran que el culpable es el mercado, el neoliberalismo; y entonces pugnan por una mayor intervención del Estado en la economía y en la vida cotidiana. Pero en realidad es todo lo contrario. A esa dicha concentración de poder se les debería de quitar los privilegios que tienen con el gobierno y hacerlos competir justamente en un mercado libre, donde sea la calidad de los productos y servicios, y no de las relaciones que tienen con el Presidente, o con los diputados que ellos mismos han colocado en las cámaras (telebancada), los que determinen su éxito.

    En realidad, una mayor intervención del Estado propiciará a la larga la aparición de más «Televisas» y «Carlos Slim». Democracias disfuncionales e inequitativa como las de México y Rusia han sido antecedidas por una fuerte intervención del Estado en la economía. Ahora tanto México como Rusia presumen de tener magnates poco innovadores y sí muy hábiles políticamente para saber jugar con la ley a su antojo.

    Entonces para evitar la llegada de un «populista» como muchos temen, primero se debería modificar este orden donde unos pocos concentran la riqueza del país por su cercanía con el poder. Si no se hace, será cuestión de tiempo para que uno arribe al poder.

    Los partidos políticos no tienen intención alguna de hacer algo. México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos, y los partidos entonces prefieren comer un pedazo grande en vez de crear las condiciones para que toda la población pueda aspirar a comer una rebanada del pastel.

    Al final tenemos un país muy dividido donde algunos de los políticos prefieren alinearse con «la mafia» mientras otros se preocupan más por alinearse al demagogo, sin que queden muchos que puedan, desde un postura objetiva, luchar por un México más justo por medio de un Estado de derecho que funcione para todos y no líderes demagogos que la violen porque la consideran injusta, en vez de legislar para hacer reformas a ésta y exigir su cumplimiento.

    Dentro de ese punto medio y objetivo podemos vislumbrar a algunos académicos, intelectuales u opinólogos, pero los políticos ubicados ahí son muy escasos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que antes de alertar sobre los populistas, deberíamos alertar sobre lo que ya está pasando y arreglarlo. Porque de lo contrario no tendremos siquiera la autoridad moral de emitir dichas alertas.

  • AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    Dicen que la primera impresión jamás se olvida. Lo primero que ve un extranjero al llegar a un país es su aeropuerto, y el primer juicio que dicho extranjero hará de ese país tiene que ver con éste. Por eso es que en general los aeropuertos tienden a estar bien cuidados y uno se puede encontrar obras llamativas en un país que no ha alcanzado el desarrollo.

    Norman Foster

    El actual aeropuerto de México, además de estar saturado, está obsoleto. Es un vil parche, y a excepción de segunda terminal encargada al arquitecto Francisco Serrano que se ve bien a secas, la capital no puede presumir de un gran aeropuerto. No, no está a la altura siquiera de la Ciudad de México.

    La propuesta del Gobierno Federal para construir un nuevo aeropuerto en sensata y completamente lógica. Pagarle a Norman Foster (uno de los arquitectos más importantes del mundo, y por cierto, especialista en aeropuertos) quien con Fernando Romero, estará encargado del diseño del nuevo aeropuerto no es un contrasentido. México merece un aeropuerto que se encuentre a la altura.

    López Obrador no está de acuerdo y para eso pretende proponer una solución, que no es digna siquiera de un alumno de primaria.

    En un punto tiene razón, y tiene que ver con la corrupción. Seguramente con el nuevo aeropuerto, algunos funcionarios están sacando baba por la boca con el «negociazo» que van a hacer, y más en este gobierno de casas blancas y corrupción. Pero el problema no es el proyecto del aeropuerto, que puede tener sus defectos y críticas, sino que más bien que tanto opositores como ciudadanos deberíamos hacer un frente para vigilar que esta obra no sirva para que algunos funcionarios se jubilen con todas las comodidades que otorga el erario público.

    AEROAMLO, y el aeropuerto patito para volar a la Presidencia en 2018

    El proyecto de López Obrador es una burla a la inteligencia de los mexicanos.

    AMLO afirma que es un despropósito cerrar dos aeropuertos (el actual y el de Santa Lucía, que hasta la fecha sólo ha servido para propósitos militares) por interferencia en el espacio aéreo. Para eso, él y sus «expertos» proponen construir una nueva pista en el aeropuerto de Santa Lucía. De esa forma el actual AICM serviría sólo para viajes nacionales, y el de Santa Lucía para vuelos internacionales.

    ¿Saben que significa eso para los que no vivimos en el DF y tenemos que hacer escala en la ciudad, lo que ocurre muy seguido, o para los extranjeros que viajan a otra ciudad que no es el DF y no hay conexiones directas desde su ciudad de origen?

    Eso significa viajar 48 kilómetros de carretera de un punto a otro. Es decir, si hoy quiero ir de Guadalajara a Washington en Aeroméxico, hago escala en el DF donde tengo que esperar de dos a tres horas y de ahí viajo a la capital estadounidense (lo cual ya no es de lo más cómodo). Con la propuesta de AMLO tendría que llegar al aeropuerto actual y de ahí desplazarme 48 kilómetros (un viaje de una hora si bien me va), con lo cual pierdo mucho tiempo, dinero, y además termino más agotado.

    Eso incluso podría hacer desistir a algunos extranjeros de viajar a nuestro país. No quiero pensar el ridículo que haríamos cuando en el extranjero se enteren que «así son las cosas» para viajar.

    López Obrador naturalmente tiene el propósito de exponerse y hacer campaña rumbo al 2018. La propuesta está demasiado improvisada, no hay siquiera un estudio técnico detrás. Toda la propuesta (él afirma que se ahorrará el 70% del dinero) está hecha con base en suposiciones, porque un anteproyecto serio costaría millones de dólares (que sabemos no los tiene).

    Y si lo que se debería de proponer es evitar la corrupción dentro del nuevo aeropuerto, de una vez deberíamos proponer quitarle el registro a López Obrador para que no pueda participar en el 2018, porque lo que está haciendo, es una forma de corrupción.

     

  • El Papa y López Obrador. Sálvanos del infierno y de la mafia del poder

    El Papa y López Obrador. Sálvanos del infierno y de la mafia del poder

    Ya se ha insistido mucho en la procedencia de los recursos que tiene López Obrador. Por lo expuesto en los videos donde él aparece (como en el que aparece cantando con su hijo) mal no vive. Tiene un estilo de vida de clase media-alta, le puede dar iPads a su hijo y vestirlo con los jerseys de los equipos de futbol europeos más importantes. También puede hacer campaña por 6 años a través del país y viajar al extranjero. Recursos tiene y deben de salir de algún lado ¿Su partido?

    El Papa y López Obrador. Sálvanos del infierno y de la mafia del poder

    Bueno. Como somos un país mariano y como las izquierdas mexicanas se alimentan de nuestra tradición religiosa (muy típico de América Latina), aunque lo nieguen, López Obrador decidió que era buena idea pegar primero que los demás e ir a Roma a visitar al Papa. Pero naturalmente no fue una visita diplomática, sino que como cualquier persona de a pie, López Obrador le entregó al Papa Francisco una medalla de Fray Bartolomé de las Casas y una carta para expresarle su beneplácito por su próxima visita a México en 2016. No era una relación de jefes de Estado (en tanto López Obrador no lo es), fue algo más parecido a un joven que se acerca a su artista favorito para pedirle un autógrafo.

    El discurso del Papa Francisco le ha caído muy bien a las izquierdas. Su encíclica Laudato si, donde habla de calentamiento global y critica al capitalismo para muchos ha legitimado el discurso de la izquierda. Si bien es palpable cierta apertura y un cambio en el discurso, la doctrina de la Iglesia permanece intacta. Aunque lo que cambie sea el discurso más que otra cosa, a largo plazo puede sí, devenir algún tipo de cambio en la estructura.

    Y quiero referirme al hecho de que la estructura de la Iglesia sigue intacta. La Iglesia sigue desaprobando el matrimonio entre homosexuales, el aborto y el condón. Pero esto no es un problema para López Obrador. Es bien sabido que AMLO es conservador, no es «progresista»; es de izquierda (y si se le puede llamar así) en lo económico, pero en lo social es de derecha.

    Un mesías político que busca legitimidad en el Papa, el mesías religioso por excelencia.

    López Obrador sabe que la noticia de la venida del Papa es algo que agrada al grueso de los mexicanos. El Papa Francisco presuntamente se había negado a incluir a México en la gira recién pasada debido a que deseaba oficiar misa en Ayotzinapa y el Gobierno mexicano no vio esa idea con buenos ojos. Ahora se ha gestionado su visita y pisará suelo en 2016. López vio una oportunidad política en su viaje a Roma.

    Con esto López Obrador quiere apropiarse, para decirlo de cierta forma, del discurso del Papa Francisco. Le viene como anillo al dedo, el Papa critica al capitalismo, habla de justicia social; y sobre todo, es para AMLO, una oportunidad de conquistar al electorado conservador (aunque dudo que tenga mucho éxito): – Mira Ramona, no sé si sea un peligro éste hombre, pero se acercó al Papa, posiblemente Dios lo esté iluminando; Dios sabe lo que hace.

    De esta forma, López Obrador trata de legitimar su discurso, busca encontrar coincidencias para que muchos de los que le temen, no le teman tanto. El Papa habla de la desigualdad, de las empresas voraces, y el Papa es infalible.

    El Papa Francisco es la primera estrategia de campaña (junto con su lucha contra el Bronco y los independientes dizque manipulados por Salinas y controlados por la «mafia del poder») en su lucha por llegar a la Presidencia en el 2018. Tener «supuestamente» la bendición del Papa es su primer arma, aunque a ciencia cierta no sé que opinen de él en el Vaticano, creo que posiblemente no lo tienen en el mejor de los conceptos, igual que el Presidente que actualmente comanda este país.

  • Elecciones 2018, primera llamada

    Elecciones 2018, primera llamada

    No sé si ya te diste cuenta, pero la disputa por las elecciones ya comenzó. Pasadas las elecciones del 2015, las piezas del juego se están comenzando a mover en el tablero; el poder comienza a sufrir algunos ajustes estructurales porque en el 2018 van a pasar muchas cosas. En ese año seguramente habrá un rompimiento del estado de las cosas que estamos viviendo actualmente.

    Elecciones 2018, primera llamada

    Ya tenemos un candidato, López Obrador. Tenemos otras figuras a quienes ya «están candidateando» como El Bronco. Nuestro querido Presidente ya está empezando a mover las piezas dentro del gobierno en aras de las elecciones. Bastará algún tiempo (posiblemente menos de un año) para que veamos mejor como va la cosa; pero el 2015 con el auge de las candidaturas independientes modificó el escenario para las elecciones venideras.

    Hay dos cosas que casi son un hecho: 1) López Obrador en la boleta, y 2) el PRI no repite. La primera la damos por sentada porque López Obrador buscará en su tercer intento llegar al poder, ya está haciendo campaña (por lo cual debería de perder el registro su partido) y él mismo ya ha declarado que va por la grande. Hasta aquí no hay ningún secreto.

    La segunda cosa tiene que ver con la pésima gestión del gobierno actual. Naturalmente Peña Nieto es uno de los peores presidentes del México moderno y el margen de maniobra que tiene es bastante poco como para poder dar un golpe de timón. Ya son demasiados tropiezos en su gobierno de tal forma que tendría que hacer algo heroico para poder quedar «tablas» en cuanto a la percepción de su Gobierno.

    Si en las elecciones pasadas al PRI no le fue tan mal fue porque muchos de los inconformes no salieron a votar y las estructuras (cada vez más rebeldes, que ni siquiera llenaron el Zócalo el día del grito) le alcanzaron para obtener mayoría relativa en el congreso. Eso no va a pasar en 2018, menos cuando el PRI no tiene una figura que siquiera tenga el arrastre que tuvo Peña Nieto en 2012. ¿Videgaray, Osorio Chong? ¡Ja!.

    Posiblemente el PRI termine negociando indirectamente con alguna otra fuerza de tal forma que sus intereses no se vean tan trastocados al irse del poder. Posiblemente ni a eso aspire. Todo lo que ganaron en 2012 (triunfo que de alguna forma los llenó de soberbia, y ahí están las consecuencias) se irá en el 2018.

    El PAN y el PRD no pueden aspirar a contender solos. Estos partidos están lo suficientemente desprestigiados. ¿Margarita Zavala? Los afines a Felipe Calderón la querrán, pero electoralmente la percibo como un perfil parecido a Vázquez Mota, no tiene arrastre, se presenta como mojigata. El PRD podría hacer la tontería de lanzar a Miguel Mancera, a quien le ha llovido críticas (en 2018 el PRD podría perder al DF). Posiblemente estos dos partidos vayan juntos (con toda la incongruencia ideológica que eso representa), posiblemente el PRD al final vaya con MORENA. Solos no ganan.

    Los dos principales contendientes de la batalla en la arena electoral serán a mi parecer Andrés Manuel y algún candidato independiente. ¿Por qué? Porque son los únicos dos que pueden aprovechar el descontento de la población. Ni PRI ni PAN ni PRD pueden asumir ese papel porque son vistos como parte del problema.

    Por eso no sorprende que López Obrador arremeta contra los independientes. El Peje ganaría si las elecciones se llevaran a cabo hoy, pero un independiente que cargue la bandera de la oposición al sistema y al mismo tiempo sepa recorrerse un poco más al centro será una amenaza para las aspiraciones del tabasqueño. El Bronco ha vendido un perfil así, Juan Ramón de la Fuente también podría desempeñar ese papel aunque no tiene el recorrido mediático que ya tiene el regiomontano. Jorge Castañeda podría postularse debido a que siempre ha cargado con la bandera de los candidatos independientes, pero meto que no tiene la frescura de los primeros dos.

    La estrategia de López Obrador es vincular a los candidatos independientes, sea quien sea, con lo que él llama «la mafia del poder» para restarles impacto. De hecho ya lo está haciendo.

    López afirma que detrás del Bronco está Salinas, y que cualquier otro que se postule (véase De la Fuente) es por un complot orquestado por la mafia del poder. Insistirá reiteradamente que los independientes no lo son y en realidad son más de lo mismo.

    Saber quien será el candidato del PRI, del PAN y/o del PRD podrá dar curiosidad y poco más. Es muy posible que por primera vez ninguno de los partidos grandes logre ganar. Ni creo que aspiren siquiera al triunfo dividiendo votos, sobre todo si el puntero es un candidato independiente, por que éste es el que tendría más capacidad de apropiarse del voto útil.

    Si el candidato independiente es endeble (o si se postula más de uno, de tal forma que se anulen entre sí), López Obrador estaría en ventaja. Incluso posiblemente alguno de los partidos podría declinar a favor de uno de los candidatos independientes si este escenario se da (lo contrario sería inviable).

    Faltan 3 años, muchas cosas pueden cambiar, pero mi lectura en el 2015 es esa, quienes se subirán al ring serán López Obrador y algún candidato independiente. Los demás partidos quedarán a la expectativa de quedarse con algo, de no perder muchas curules (o ganar algunas más en caso de los partidos chicos) y tal vez de llegar a algún acuerdo con quien podría ser el próximo Presidente de la República.