Etiqueta: López Obrador

  • El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    El primer debate. El análisis que no te mochará la mano

    Ya tuvimos el primer debate a la presidencia y me quedo con sentimientos muy encontrados. Por un lado, el ejercicio mejoró mucho, es el mayor avance que hemos tenido desde 1994 (cuando se organizó el primer debate que ganaría el Jefe Diego) aunque creo que hay cosas que pueden irse ajustando, como la cuestión de los tiempos que a veces no permitían a los candidatos formular sus argumentos. Me gustaron los moderadores, en especial Denisse Maerker. Fueron igualmente incisivos con todos y no mostraron sesgo alguno. Aquí todo muy bien.

    Pero por otro lado, si bien el formato mejoró, lo que no mejoraron fueron los candidatos que tan solo mostraron la mediocridad de la política mexicana. A unos les fue mejor que a otros, pero ninguno se mostró sólido, todos evadieron respuestas, casi nadie presentó propuestas a fondo y sí vimos muchos ataques (casi todos a AMLO) y hasta bromas de mal gusto. A continuación haré mi análisis de cada candidato del peor al mejor, no de acuerdo a mis preferencias sino a su desempeño en el debate como estrategia. Comenzaré con el Bronco como alguien aparte y no lo colocaré dentro del ranking porque jugó un papel un tanto diferente:

    El Bronco

    Jaime Rodríguez Calderón se encargó de la parte cómica del debate. Comenzó reprendiendo al moderador Sergio Sarmiento e hizo reír a más de un televidente con ocurrencias típicas de un norteño machista conservador chapado a la antigua. Cuando le preguntaron si ha mentido dijo que sí, también dijo que él proponía «mocharle la mano» a los criminales (e insistió que no lo decía en broma) y que creía en la familia porque se había casado tres veces. No veo que la presencia del Bronco le haya afectado a López Obrador, por el contrario, su presencia dejó los ataques que AMLO recibió en segundo plano. Acaparó los reflectores a pesar de que su presencia es irrelevante dentro de la contienda. 

    4to lugar. Margarita Zavala

    Margarita, Margarita. La candidata del PAN es una pena. Tuvieron que pasar varios minutos para que comenzara a hablar porque no utilizó su derecho de réplica. Vimos lo mismo de siempre, no sabe hablar, no sabe hilar argumentos. Ninguno de los candidatos le hizo caso; es más, le respondieron más al Bronco quien mostró más iniciativa y más elocuencia. Los ataques que le hizo a Ricardo Anaya y a López Obrador, si es que se les puede llamar ataques, ni siquiera los rasparon. Margarita fue la candidata ausente, estuvo ahí pero no estuvo ahí, pasó inadvertida y dudo que alguien se vaya a acordar de sus intervenciones. Al final, creo que al PAN le convino postular a Ricardo Anaya, ya que Margarita, si bien en algún momento tenía más preferencias que el queretano, seguramente iba a caer en las encuestas porque es una mujer que no sabe transmitir sus ideas, que se ve torpe e improvisada. De hecho, se notó que no se preparó bien cuando la cuestionaron por su postura sobre el matrimonio igualitario. Titubeó ante un tema que ella sabía de antemano que le preguntarían.

    3ro lugar, José Antonio Meade

    Si pudiéramos hablar del perdedor del debate (partiendo de que ni Margarita ni el Bronco tienen posibilidad alguna de ganar) ese es José Antonio Meade, ya que no logró mostrarse como un candidato convincente y además se vio excesivamente acartonado. Perdió porque el PRI es un gran lastre que lo arrincona y no le da margen de maniobra. Es difícil atacar a AMLO por sus «cuestionables incorporaciones» o a Anaya por las acusaciones en su contra cuando eres abanderado por el partido más corrupto del país y a quien la mayoría absoluta de los mexicanos detesta. 

    Lo más preocupante, no sé si se dieron cuenta, es que José Antonio Meade ha comenzado a incorporar esa oratoria y juego de manos priísta, lo cual es un suicidio cuando el partido al que representas se convierte en una carga. Pero no solo eso, Meade aburre, es poco elocuente, pareciera, como dijeron muchos tuiteros, que estuviera repitiendo los spots de su campaña. Y peor aún, durante todo el debate Meade se presentó varias veces (yo soy José Antonio Meade), ese es un error garrafal ya que si te asumes como un candidato competitivo, lo peor que puedes hacer es presentarte porque ya todos te conocen. Meade es un buen burócrata pero es un pésimo candidato. Tristemente aquí es cuando Meade deja de ser competitivo y deja solos a Anaya y López Obrador como los candidatos que tienen posibilidades de llegar a la presidencia.

    2do lugar: Andrés Manuel López Obrador

    Al verlo debatir entendí porqué estaba ayudando a su hijo Jesús Ernesto a completar su álbum Panini del mundial en vez de estarse preparando para el debate: porque él iba a aguantar, iba a sortear los embates, a dar largas y evadir cuestionamientos para conservar su ventaja. Ya sabía sobre qué lo iban a cuestionar porque son los mismos temas por los que lo han cuestionado durante mucho tiempo. Algunos dirán que tuvo una pésima intervención, y ciertamente no es bueno debatiendo y ciertamente en más de una ocasión exhibieron las inconsistencias de las propuestas de López Obrador así como algunas incongruencias (tarea que llevó a cabo Ricardo Anaya ya que José Antonio Meade en general lanzó cuestionamientos más bien acartonados que no tuvieron afectación alguna). Pero su tarea no era ganar el debate, ni lo necesitaba, fue a «nadar de muertito» (al igual que Peña Nieto en 2012) y si bien recibió algunos raspones, no recibió algún golpe que pudiera afectar las tendencias en la intención de voto. Además, los ataques constantes hicieron que todo se volviera a centrar en él de tal forma que se adueñó por momentos del debate sin tener que hacer absolutamente nada. 

    Lo más importante fue que nunca lo sacaron de sus casillas. Si bien fue notorio que lo hicieron sentir incómodo en más de una ocasión (lo que se vio en las tomas abiertas y al final cuando «se fue sin despedirse») nunca se descarriló, se mostró centrado, aunque sí dio visos de que con una estrategia certera sí podrían afectarlo en los debates venideros. Decía que López Obrador tenía que perder el debate y que se generara un consenso hacia esta idea para poder restarle algunos puntos. Eso no pasó y López Obrador se puede ir tranquilo a dormir. Pronostico que no habrá alguna afectación considerable en las tendencias de voto y seguirá con su cómodo primer lugar (con todo y que Anaya pudiera llegar a subir).

    Es importante que AMLO se prepare más para el siguiente debate porque si Anaya es incisivo sí lo puede meter en aprietos. AMLO no se enojó, pero no estuvo lejos de eso. También fue notorio que AMLO despreció a los demás candidatos y se percibió arrogante; eso puede llegar a ser capitalizado por Ricardo Anaya al exhibirlo como autoritario en los debates que vienen. 

    1er lugar: Ricardo Anaya

    A mi parecer, Ricardo Anaya fue el ganador del debate y hay un consenso en ello, aunque creo que no fue un triunfo muy contundente. Anaya se mostró elocuente, se apoyó muy bien en material visual para presentar sus propuestas y para contradecir a López Obrador y a José Antonio Meade a quien le dio su estocada final. Es un acierto que Anaya no haya concentrado todas sus energías en el tabasqueño y también invirtiera un tiempo en el ex Secretario de Hacienda ya que así evitó cualquier percepción de que estaba alineado con Meade y  con el PRI; tenía que evitar a como dé lugar atacar en sintonía ya que se corría el riesgo de fortalecer el discurso del PRIAN de López Obrador. Haber atacado a Meade consolidó lo que era ya casi definitivo, que el priísta quedaría condenado al tercer lugar. No tenía que haber usado todas sus energías contra López Obrador porque faltan dos debates. 

    Pero cuando digo que no fue un triunfo contundente lo digo porque al final no terminó de presentarse como una alternativa sólida. Anaya se mostró como un personaje con potencial pero que no termina por consolidarse. Su logro principal es que gracias a este debate Anaya se consolidará como el rival de López Obrador y ya podrá concentrar sus energías en el tabasqueño, pero si bien este debate pueda darle algunos puntos, seguirá estando muy por debajo de AMLO. Cierto, si Anaya hubiera tenido un mal debate habríamos podido casi apagar las luces y nombrar al nuevo presidente (AMLO) por anticipado, pero se logró mantener en la lucha y consolidarse como el segundo lugar. Pero Anaya le hace falta constituirse como un candidato creíble que pueda posicionarse en un entorno donde el hartazgo hacia el gobierno actual y hacia el sistema son la regla en esta elección. Me queda la sensación de que Ricardo Anaya pudo hacer algo más y no lo hizo, y esas cosas pueden terminar siendo definitorias.

    Anaya, creo yo, tiene la posibilidad de sacar a López Obrador en sus casillas en debates venideros. AMLO se abrumó ante los ataques que recibió en este debate. Si se utiliza la estrategia correcta, Anaya puede desesperarlo. Por eso es que tiene que trabajar en una estrategia que vaya en ese sentido si es que quiere tener alguna posibilidad de ganarle la presidencia. 

    Conclusión

    Tuvimos un debate con un muy buen formato y pésimos candidatos que no están al nivel de lo que este país necesita. Pronostico que Anaya tendrá un ligero ascenso en las tendencias, Meade se estancará o incluso bajará cediéndole por completo el segundo lugar a Ricardo Anaya. López Obrador mantendrá su puntaje en un cómodo primer lugar, el Bronco podría acaparar algunos puntos (tal vez de indecisos e incluso de José Antonio Meade) y Margarita verá un descenso en sus preferencias. Veamos como reaccionan las encuestas y las tendencias y veamos también las estrategias postdebate que los candidatos vayan a utilizar para capitalizar lo más posible lo que ocurrió en este debate.

  • ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Y quién rayos gana el debate?

    ¿Quién gana un debate? La respuesta es muy compleja ya que depende mucho de percepciones subjetivas que están, en su mayor parte, condicionadas por los sesgos cognitivos de los simpatizantes u opositores de tal o cual candidato. Sólo se puede decir que un candidato ganó un debate cuando hay un consenso mayoritario sobre ello. como ocurrió en 1994 cuando el Jefe Diego subió como 12 puntos o en 2000 con el triunfo de Vicente Fox. Cabe recordar que posteriormente, sobre todo en 2012, fue bastante más difícil determinar quien ganó cada debate. Se decía que Josefina había ganado el segundo debate pero eso jamás se trasladó a las intenciones de voto.

    Un mismo escenario puede estar sujeto a distintas interpretaciones. Por poner un ejemplo, si los candidatos atacan a López Obrador mostrando que varias de sus propuestas no tienen mucho sustento, quienes se oponen a AMLO dirán que quien ganó fue aquel candidato que lo puso más en aprietos (que coincidentemente casi siempre será el candidato con el cual simpatizan y no el otro, del cual dirán «sí, le dijo varias verdades, pero es del PRI y eso lo hace incongruente»). Pero los simpatizantes de AMLO dirán que su candidato ganó porque todos lo atacaron y nadie logró alterarlo ya que AMLO dijo cosas graciosas. 

    Ya vimos un ejemplo de ello en el debate que López Obrador sostuvo con varios analistas de Milenio. Los opositores dijeron que fue una pésima intervención del tabasqueño por sus declaraciones sobre la sociedad civil y por haber afirmado que los derechos de las minorías sexuales deberían someterse a consulta, mientras que sus simpatizantes lo que recuerdan es que los analistas nunca sacaron al candidato de sus casillas y este se mantuvo sereno y risueño todo el tiempo.

    Por eso es que siempre, al final del debate, todos los candidatos se declaran ganadores. Los partidos buscan a como dé lugar crear la percepción de que fue su candidato quien ganó y celebran con bombo y platillo. Tal vez nos podamos dar una idea de quien ganó con las evaluaciones de los analistas y expertos, pero ellos no están exentos de cualquier sesgo. Podríamos ver la afectación que tuvo un debate en las encuestas pero existe la posibilidad de que una alteración en las tendencias no se deba al debate sino alguna otra razón.

    Sólo se puede decir que un candidato ganó un debate cuando hay un consenso mayoritario dentro de la población, lo cual no ocurre en la mayoría de las ocasiones. Quienes quieran afectar a López Obrador deberán aspirar a eso, a generar un consenso generalizado de que lo han derrotado, de lo contrario, aunque crean que haya ganado, todos seguirán alimentando sus sesgos cognitivos y las encuestas seguirán su curso.

  • El debate que podría ser la última llamada

    El debate que podría ser la última llamada

    El debate del domingo es muy crucial, de hecho podría ser la coyuntura más importante de la campaña electoral. 

    ¿Por qué lo digo? Porque a estas alturas no veo de qué otra forma puedan cambiar las tendencias. Lo dije alguna vez a quienes insistían en que bastaba que empezara la campaña para que viera «cómo López Obrador empezaría a caer», cuando la campaña realmente había comenzado a finales del año pasado y López Obrador no hacía más que subir.

    Peor aún, es preocupante el pesimismo que se alcanza a respirar dentro de la campaña de José Antonio Meade y hasta de Ricardo Anaya. La contienda parece estar sospechosamente tranquila cuando muchos apostábamos a lo contrario, uno podría preguntarse realmente si nos encontramos en campaña (incluso la intercampaña fue más álgida con el caso de la PGR y Ricardo Anaya). Y se entiende que ocurra así porque mientras que López Obrador está «allá arriba, tranquilo y marcando agenda», sus principales contendientes están atorados con lastres que fungen como anclas. Allá abajo está Meade con el lastre del PRI y Ricardo Anaya pareciera haber recibido un nocaut después de los ataques que recibió. Es curioso que de parte de Ricardo Anaya no haya un ataque frontal contra López Obrador y que ese papel, de una forma tímida y predecible, lo esté jugando José Antonio Meade que gasta sus energías entre atacar a Anaya, a AMLO y en buscar cómo levantar su candidatura.

    Toda la campaña trata sobre AMLO: que si lo critica Carlos Slim, que si viajó en avión, que si dijo esto, que si dijo lo otro. A López Obrador se le ve tranquilo incluso cuando se defiende de los ataques. No se le ve enojado, a veces hace hasta chistoretes de ellos. La presencia del Bronco no parece abonar a la causa de restar puntos a AMLO, a veces pareciera que puede tener un efecto opuesto. 

    Por eso es que el debate del domingo es la última oportunidad que Anaya (sobre todo) y Meade podrían tener para meterse en la pelea. Si no lo hacen, difícilmente podrán hacerlo después. El debate es el primer escenario que difiere de esta plana y monótona campaña que se ha quedado escasa de ideas. 

    Por lo que nos ha dicho el INE, este debate será más dinámico y confrontativo (aunque no al nivel que muchos esperaríamos) que los debates pasados, en el cual los moderadores jugarán un papel más activo. López Obrador se encontrará en natural desventaja porque «no habla de corrido» y porque le suele costar trabajo sustentar sus propuestas, sobre todo cuando lo increpan.  

    Pero no bastará con eso, no bastará con exhibir a AMLO (cosa que ya se ha intentado hacer, sin éxito alguno, desde hace tiempo). El debate será el escenario perfecto para que Anaya o Meade puedan hacer lo que han estado muy lejos de hacer todo este tiempo: brillar por sí mismos. Deberán mostrar un discurso muy convincente, deberán saber cómo apelar a las emociones del electorado como no lo han logrado hacer ni con los spots ni sus presentaciones en los diversos escenarios. No será un trabajo fácil para ellos. 

    En realidad, López Obrador no tiene que hacer gran cosa, ni siquiera tiene la necesidad de ganar los debates. Le bastará «nadar de muertito» y evitar que salga muy golpeado, algo como lo que hizo Peña Nieto hace seis años. Son los otros los que están obligados a mostrar que valen la pena, algo difícil si partimos que tanto Anaya y Meade son vistos, en sus particulares proporciones, como «políticos del sistema». 

    ¿Lo lograrán? No lo sabemos. Mientras tanto, López Obrador puede presumir llenos en plazas que antes se le resistían, Anaya hace campaña en recintos muy pequeños y Meade trata de disimular su «falta de jale» con las cada vez más pequeñas estructuras priístas. 

  • El techo de López Obrador en unas elecciones al aire libre

    El techo de López Obrador en unas elecciones al aire libre

    López Obrador es el único candidato que mueve pasiones dentro del electorado, por eso es que todos hablan de él. ¡Ahora sí va a ganar! ¿Oye, sigue arriba en las encuestas? Porque me da miedo que llegue. Y es que López Obrador es el líder político más importante del país, en los últimos veinte años no ha surgido alguna figura que le compita. 

    No importa que «no hable de corrido» y que tenga una voz muy estridente cuando se para frente al escenario. Es el único de los candidatos que dice lo que piensa (sean verdades o mentiras) y su discurso no parece ser producto de un intenso debate entre los estrategas políticos que buscan definir el guión. En un entorno donde la lejanía del político con la ciudadanía es la constante muchos ciudadanos agradecen un discurso directo, sin pretensiones; no importa que sea repetitivo, que esté compuesto de las mismas frases de siempre y que vocifere propuestas de campaña sin haber revisado antes bien los números. Hasta se puede dar el lujo de tergiversar cosas y «evadir los filtros psicológicos» para que parezcan como verdades. 

    Está muy de moda que los candidatos suelten spots donde visitan familias de clase media para que «se vea la cercanía del candidato con la gente», pero este es un recurso demasiado gastado y que la gente percibe de buenas a primeras como una estrategia propagandística. López Obrador no tiene necesidad de hacer esas puestas en escena debido a su naturalidad al hacer contacto con la gente y hasta lo pueden recibir con besos en la boca. Su campaña puede parecer un tanto descuidada aunque esa percepción juega a su favor: su página web no parece estar tan «en tendencia» como la de los otros candidatos, el logotipo de su campaña es demasiado simple y no parece ser resultado de un arduo trabajo de alguna agencia, sus videos no tienen mucha postproducción y casi siempre él aparece hablando aunque ciertamente en sus videos hay algunos elementos muy bien pensados. En realidad hay un mayor trabajo del que se aparenta, pero es posible que la intención sea esa, que no se vea demasiada pretensión para que no pierda naturalidad. 

    Andrés Manuel no necesita posicionarse porque ya todos lo conocen. Ya todo mundo tiene sus anhelos y sus obsesiones. Basta con que se limite a transmitir naturalidad para capitalizar el hartazgo a su favor. ¡Y lo está haciendo muy bien!

    López Obrador no sólo es una persona muy natural, franca y directa, también es un político necio y testarudo que a veces rebasa la raya que divide la lealtad a sus ideas y la necedad, lo que explica que no hayan cambiado mucho desde el año 2000 y que insista en defender propuestas duramente criticadas. Es un personaje de convicciones y está tan seguro de ellas que cree que goza de cierta superioridad moral sobre sus pares: «todos los demás políticos son corruptos, yo no». Dichas convicciones pueden estar encima de todo, incluso de las instituciones. Él siente que ya merece la presidencia, por eso es que muchos le perciben cierta obsesión con el poder o cierto resentimiento acumulado. Él asume que su llegada a Los Pinos (o más bien a Palacio Nacional) es una consecuencia natural, y piensa que cualquier intento de evitarla es una suerte de inmoralidad. 

    Muchos de sus seguidores piensan que él es la esperanza de México porque López Obrador mismo cree que es la única alternativa: no confía del todo ni en las organizaciones civiles ni en las candidaturas ciudadanas (y me refiero a las realmente ciudadanas, no a los engañabobos como El Bronco) y cree que son motivo de sospecha. Muchos de sus seguidores le toman la palabra y no lo cuestionan. Algo que pareció ser una firme convicción se ha convertido, a lo largo de los años, en una obsesión por el poder: años y años de lucha, de recorrer una y otra vez todos los municipios del país (pocos mexicanos pueden presumir conocer todo el mapa de pe a pa como él) para después caer en unas elecciones en las que clamó fraude, o en otras donde el aparato del PRI lo superó. Sabe que esta elección es la última y si tiene que ser pragmático (incluso si eso implica tejer alianzas con Elba Esther Gordillo o sectores de la derecha conservadora) lo será. 

    A diferencia de los populistas latinoamericanos con los que se le compara, él reduce al enemigo del pueblo a una entidad muy pequeña, aquella que llama «la mafia del poder». Mientras los otros hablan de la oligarquía o del imperialismo, López Obrador tan sólo señala a una élite política y económica (que ni siquiera es toda la élite, ya que ha abandonado su discurso en contra de los ricos). Si López Obrador aparece muy arriba en las encuestas es porque la clase política, en connivencia con algunos organismos privados que se han beneficiado de su relación con los primeros, ha parecido insistir en darle la razón. Aunque critica el neoliberalismo (ese término tan ambiguo y tan manoseado por la izquierda), no suele referirse tanto a quienes se benefician del libre mercado, sino aquellos que se involucran en una perversa relación entre empresa y gobierno (aquello que se llama corporativismo o capitalismo de cuates). López Obrador no advierte que su propuesta de modelo económico incentiva fuertemente este tipo de relaciones.

    Aunque López Obrador se crió políticamente bajo el manto de los hábitos priístas, los suyos lo consideran la antítesis del PRI. No advierten que su ideario es, al menos, parecido a aquel famoso desarrollo estabilizador que hizo a crecer al país durante dos décadas para terminar con devaluaciones de varios ceros, corrupción y despilfarros. Por eso se le percibe cierto anacronismo y genera recelo en algunos grupos, como si fuera regresar a un pasado que ya vivieron. ¿Cómo es que ese ideario podrá embonar en la realidad actual? ¿Intentará López Obrador acoplarlo a un entorno económico donde aparecen cada vez más vehículos eléctricos y donde la automatización amenaza con desaparecer empleos? Es una incógnita que sólo veremos en el (probable) caso de que López Obrador gane las elecciones. 

    Muchas personas que veían a López Obrador con recelo en el 2006 le darán el beneficio de la duda. Esta no es necesariamente producto de un análisis exhaustivo de las propuestas sino que tiene un componente emocional. Como me han llegado a decir en varias ocasiones: «ya estoy a la madre de los políticos, al chile, voy a votar por López Obrador«. Por eso es que las críticas a sus propuestas no le afectan en mucho, porque la gente percibe toda esa verborrea técnica y académica de sus oponentes como algo estéril, sienten que le están diciendo lo mismo, ese discurso tecnocrático que ha sido la constante en los últimos 20 años, sienten que le prometen tecnicismos que muchas veces no entiende y que al llegar a poder va a terminar siendo la «misma cosa de siempre». López Obrador lo sabe, y sabe que en muchas ocasiones, vociferar esas «propuestas sin sustento» termina beneficiándole más, porque así él es el que marca la agenda, él es el que marca la pauta, hacen que todos hablen de él, en las mesas de debate, en los artículos de opinión, en la sobremesa, logra que la elección se concentre en él. Los que se asustan son aquellos que ya no pensaban darle su voto. A algunos otros, sobre todo a los millennials, esos que no ven una buena perspectiva a futuro, hasta les puede parecer emocionante como si se tratara de subirse a un juego mecánico de esos que hacen soltar la adrenalina: «vamos a arriesgarnos a lo diferente, de todos modos no tenemos nada que perder».

    Ese componente de «lo diferente» junto con aquel otro donde las circunstancias parecieran haberle dado la razón (la mafia del poder) son los que tienen a López Obrador más fuerte que nunca, incluso más que en el 2006. 

    López Obrador ya no es tanto «el candidato de los pobres». Su voto se ha desplazado a las clases medias, cuyos integrantes pueden estudiar en escuelas privadas e incluso tener algún negocio. Más que el modelo económico (que lo critica pero que no propone, a cambio, uno diametralmente distinto como para asustar a todos) se ha enfocado en la corrupción, esa corrupción cuya indignación no respeta género, edad, educación ni clase social. AMLO ha dado en el clavo, es el único que ha entendido de qué va esto, es el único que entiende que está en una campaña mientras los demás se desesperan porque las parafernalias mercadológicas no les han funcionado. «Pero no llegué» dice un López Obrador que hace reír a toda la audiencia, y así, eso fue de lo único que se habló sobre la asistencia de los candidatos al foro que organizó la American Chamber. López Obrador, una vez más, los dejó atrás. 

    López Obrador lleva la batuta, las elecciones son sobre él. Los demás parecen ser simples accesorios o complementos y lo seguirán siendo si no crean una fórmula donde puedan competir por acaparar el voto del hartazgo. Los estrategas no han comprendido que esta elección, como el propio Antonio Solá (artífice de la frase «Peligro para México) señaló, trata sobre la indignación y el hartazgo, no del miedo, y menos cuando ya todos saben qué cosas de López Obrador les da miedo.

    Y podríamos esperar a que AMLO se desespere y comience con su discurso del fraude y así «asustar a la gente». Pero el mismo régimen ya lo salvó de ese apuro porque con la inclusión del Bronco en la boleta, los árbitros de la elección quedaron descalificados. 

  • A AMLO, ni con El Bronco

    A AMLO, ni con El Bronco

    A AMLO, ni con El Bronco

    «Pues no llegué» respondió AMLO después de que la entrevistadora le preguntó qué haría en el caso hipotético de que tuviera que viajar en una aerolínea comercial a la sede de la ONU en Nueva York a raíz de su propuesta de viajar en aviones comerciales. Sacó una buena carcajada al auditorio como si se tratara de un sitcom. Se ganó el «cariño» de la entrevistadora quien lo abordó con una cierta ternura. Esa «puntada», y no las intervenciones de Meade, Anaya o Margarita, fue la que dio la nota de la presentación de los candidatos en la American Chamber of Commerce. 

    Pareciera que López Obrador es el único que se ha dado cuenta que está en campaña, una campaña donde las emociones y las vísceras serán las que muy probablemente definan la elección. Ni Ricardo Anaya ni José Antonio Meade han entendido esto y están aspirando, de forma muy excesiva, a la racionalidad del elector: creen que contrastando sus propuestas, que en ocasiones explican con tecnicismos, con las simples y poco fundamentadas que puedan parecer las de López Obrador, le van a quitar votos. Tal vez hayan sonado convincentes ante las pocas centenas de personas que estaban en el auditorio, pero su mensaje no salió de ahí. No veo a nadie, ni en los círculos académicos o de opinión, hablando sobre lo que Meade y Anaya dijeron ahí. Anaya tal vez pudo despertar un poco la atención de alguno por su elocuencia. Meade ni eso, parecía un académico gris que sólo habla a los suyos y que, como dijo un amigo, escribe disertaciones que a nadie le importan y que solo acumulan polvo.

    Es evidente que Meade y Anaya tienen mayor preparación técnica y académica que López Obrador, pero en una campaña caracterizada por la indignación y el coraje esa preparación sale sobrando a menos que se logre traducir en emociones, lo que los candidatos están muy lejos de hacer. Dicen que en una campaña el que explica pierde, y si algo han hecho los candidatos, cada vez más rezagados en las encuestas, es eso, explicar hasta el hastío. 

    https://www.youtube.com/watch?v=_lftXldc_Lc

    López Obrador no sólo va en el primer lugar, lleva la batuta de la campaña en todos los sentidos al punto en que parece que esta campaña trata sobre él mientras que los otros candidatos son un accesorio. Los coordinadores de campaña de sus opositores aplauden ingenuamente al ver la ocurrencia de López Obrador: «la cagó otra vez, ahora sí se van a dar cuenta los electores que las propuestas de mi candidato son mejores que las de él». Esperan ansiosamente el siguiente estudio demoscópico para después ver, con una cara de angustiosa sorpresa, que López Obrador sigue subiendo en las encuestas.

    La realidad es que el efecto que genere esa ocurrencia seguramente será la opuesta, la de un candidato gracioso que hace reír a todo mundo y que contrasta mucho con el López Obrador autoritario e intolerante del 2006. Y bien dicen que el lenguaje corporal y las expresiones importan más que lo que se dice: pues este podría ser un caso ejemplar de ello.   

    La gente quiere cambio y muchos, sobre todos los millennials donde López Obrador concentra parte de su voto, están dispuestos a pagar el precio e incluso «tomar un riesgo» porque sienten que no tienen nada que perder. Por eso es que los discursos académicos o tecnológicos no funcionan, no prenden. 

    La inclusión del Bronco en la boleta (en dado caso que haya tenido el fin de restar puntos a López Obrador) también podría tratarse de una mala lectura y de «no terminar de entender» cómo va esto. López Obrador va a ganar la elección a menos de que alguien más logre construir una candidatura competente, que entienda el contexto y apele a las emociones de un electorado enojado, que se siente ultrajado por sus gobernantes. El Bronco difícilmente podrá rebatarle muchos votos a López Obrador porque, de acuerdo a los estudios que se han presentado, la gran mayoría de quienes van a votar por AMLO ya definieron su voto por el tabasqueño (es decir, el voto de AMLO es poco volátil) y porque si bien la función del Bronco podría ser la de atacar a López Obrador, podría crearse la percepción de que «todo el sistema» está contra él y generar el efecto contrario del esperado, más cuando el Bronco no es una figura que cuente con una buena reputación y menos por la forma en que llegó a la boleta (por medio de varias firmas fraudulentas).

    Los electores que van a votar por López Obrador ya tienen una suerte de «vacuna» contra la guerra sucia que tan sólo repetirá lo que se ha dicho una y otra vez y que tendrá un efecto marginal porque sólo reforzará la imagen negativa que los opositores de López Obrador tienen de él. Es decir, los que de todos modos nunca votarían por el tabasqueño. 

    Ese tufo de desesperación que se palpa en las estrategias de campaña a quien más beneficia es a López Obrador. No saben como tumbarlo, porque ni siquiera entienden de qué trata esto. 

    No entienden que no entienden.

  • ¿Por qué pronostico que López Obrador va a ganar?

    ¿Por qué pronostico que López Obrador va a ganar?

    ¿Por qué pronostico que López Obrador va a ganar?
    Foto: https://www.flickr.com/photos/eneas/

    ¿Por qué creo fuertemente que AMLO va a ganar?

    Creo que mucha de la gente opositora a AMLO está asumiendo de forma errónea dos cosas: que el votante es racional y que se dará cuenta que varias de sus propuestas tienen poco sustento. Creen que AMLO se va a meter el pie y va a perder su ventaja como en 2006.

    Pero ni el votante es siempre racional (independientemente de su inteligencia o preparación académica) ni 2018 es 2006.

    Cuando la gente tiene la percepción de que las cosas están relativamente bien la emoción más rentable electoralmente es el miedo (el escenario de 2006). Cuando percibe que todo está mal o que la corrupción u otras problemáticas han rebasado los límites, entonces es la indignación y el hartazgo lo que es más rentable. Ambos sentimientos pueden orillar a la gente a tomar decisiones irracionales. Calderón creció en 2006 por el miedo a AMLO. Ahora AMLO es quien tiene el comodín.

    Con irracionales me refiero a que son las emociones y las vísceras lo que lleva a emitir un voto en vez de un profundo contraste de las ofertas. No todo el voto que va a ganar AMLO es irracional pero sí es el irracionalismo el que va a definir la elección, de la misma forma en que lo definió en 2006.

    AMLO en 2006 no era muy conocido y como candidato primerizo necesitaba construir una narrativa sobre su persona para ganar votos (en gran medida por eso le afectó la guerra sucia y por eso le afectaron sus errores). Ahora no ocurre lo mismo, ya todos han escuchado que si es un peligro, que sí es como Venezuela o es la esperanza de México: ya todos tienen una idea clara de él por lo que una campaña de golpeteo político no le hará mucho daño. Incluso puede mostrarse víctima del régimen (con el que todos los mexicanos están enojados) y hacerse más fuerte.

    Se cree que en los debates lo van a exhibir y se lo van a acabar y que eso lo hará perder. Pero el formato de los debates del INE muy limitados no ayudarán mucho a ese cometido. Que le ganen en el discurso no garantiza que le ganen votos. Dos ejemplos: 1) en 2012 AMLO tuvo unos debates terribles y aún así de ir en 3er lugar, siguió creciendo hasta quedar solo a 6 puntos de EPN. 2) los debates de EEUU que son más abiertos HIllary arrasó. Aun así ganó Trump porque la gente votó con las visceras por muchas razones. Para quienes busquen un paralelismo diciendo que AMLO va a caer como HIllary, recordemos que AMLO juega el papel de Trump, el del outsider.

    Sí, lo van a exhibir y van a mostrar que varias de sus propuestas (aeropuerto, refinerías) no tienen sustento. Pero eso no es nada nuevo. La gente más informada y que le toma más importancia a esos temas ya lo sabe, y AMLO sigue subiendo en las encuestas.

    En resumen, las tendencias suelen volverse impredecibles en favor de quien es capaz de acaparar la indignación (claramente es AMLO). Por eso es que en 2015 Pedro Kumamoto era un independiente por el cual nadie apostaba y todos subestimaban que terminó ganando la elección de calle (aunque el perfi de Kuma y AMLO sean distintos, coinciden en su capacidad de acaparar la indignación contra el establishment político). 

    Y voy con el voto millennial. Mientras que mucha gente grande que tiene un capital (tiene una casa o una familia por mantener) se puede asustar con eso de que “México se hará Venezuela” (independentemente de sí esa frase sea válida o no) los millennials sienten que tienen menos que perder, suelen ser más idealistas y abrirse a un cambio (sea bueno o malo), más con una figura política como la de López Obrador que puede llegar a ser vista de una forma un tanto romántica. Ellos van a definir la elección y ante un entorno que ellos perciben un tanto pesimista para su futuro (cosa no sólo característica de México sino del mundo) entonces la oferta se vuelve más atractiva. No sin olvidar que el entorno internacional también juega a su favor. Y si no me creen, los estudios dicen que los millennials piensan votar así:

    AMLO Jóvenes
    Fuente: El Financiero

    Otra cosa que beneficia a AMLO es su edad. Conforme la gente envejece tiende a “ablandar su carácter”. De ser una persona beligerante (2006) ahora es una persona mayor que llega a inspirar hasta ternura. Ante las críticas se ríe y hace chistes (qué sí, es parte estrategia pero también su edad le ayuda a ser así). Eso ayuda muchísimo y resta el impacto negativo de los rasgos del personaje que causan incertidumbre. Tan fácil como contestar la siguiente pregunta ¿quien te causaba más miedo? ¿Tu papá o tu maestro enojado? ¿O tu abuelito enojado?

    La única forma de ganarle a AMLO es con otro candidato que capture el descontento, algo parecido al papel que jugó Macron en Francia contra la ultraderechista Le Pen. Anaya podría fungir como esa opción, pero la campaña sucia del PRI (y la forma en que se hizo de su candidatura) ha debilitado mucho esa posibilidad.

    No son las contradicciones del personaje ni las propuestas. La indignación, la desesperanza y el sentimiento de muchos jóvenes de que el futuro en México es difícil van a definir la elección. Si bien no hay nada escrito en estas elecciones y si bien pueden pasar muchas cosas (sería un error dar el triunfo de AMLO como seguro), todo parece favorecer a López Obrador. 

    Y si bien, como he dicho, no creo que ocurra una gran tragedia ni que nos hagamos Venezuela, personalmente no creo que nos vaya a ir bien con AMLO e incluso podríamos ver retrocesos en algunas áreas. Pero lo que me pregunto es: cuando la última “esperanza” termine siendo desnudado como un político más ¿cómo reaccionará la sociedad? ¿Se dará cuenta, por fin, que la solución es la ciudadanía misma?

  • La imagen y las páginas web de los candidatos

    La imagen y las páginas web de los candidatos

    La imagen y las páginas web de los candidatos
    Imagen: diaadia.com.ar

    Hoy empiezan las campañas, y con ellas también los candidatos presentan su imagen y sus sitios web que fungirán como plataformas propagandísticas durante estos tres meses. En su página web los políticos concentran toda la información que quieren que el electorado sepa: desde aquellos contenidos que van dirigidos a las emociones, que tienen que ver más bien con slogans, frases o contenido multimedia reforzados por un trabajo de imagen, hasta aquellos que van dirigidos a la razón y que tienen que ver más con sus propuestas. En este sentido, la página web se vuelve un instrumento que revela de forma casi íntegra la esencia de lo que será su campaña (aunque la ejecución no fue siempre la mejor). 

    Algo que me llama la atención es que, con excepción de la página de López Obrador (que posiblemente ni sea la definitiva, como ocurrió en 2012), todas las páginas están muy en sintonía con aquello que quiere proyectar el candidato. No sólo es un sitio web informativo, los elementos de diseño y la experiencia de usuario tienen la finalidad de posicionar al candidato como una marca que transmite ciertas sensaciones o ideas. En este sentido los sitios web fueron pensados y trabajados, así también como el logotipo de campaña.

    Los logotipos son muy reveladores en este sentido: es curioso que el de Margarita Zavala sea el más panista de todos. A pesar de ser una candidata independiente, utiliza los colores del PAN (azul y naranja) e incluso guarda cierto parecido con el logotipo que utilizó Felipe Calderón en el 2006 con las letras itálicas y una especie de curvatura naranja. El de Anaya, que incluye los colores de los tres partidos que conforman el Frente, transmite modernidad y tiene un matiz tecnológico, muy ad hoc para un candidato que habla del futuro, de la tecnología y hasta de la robótica. El de José Antonio Meade muestra tres flechas hacia delante que, a diferencia del logotipo de Anaya, es un tanto más ambiguo y sujeto a interpretaciones ¿más adelante con respecto de qué? ¿Evoca alguna suerte de continuidad? 

    Tanto el logotipo como el sitio web de Meade reflejan algo que ha sido una constante en las candidaturas del PRI desde hace 6 años y esto es usar los colores verde, blanco y rojo, pero tratando de evocar lo más mínimo posible al partido (que el sitio no se vea muy priísta pues). Incluso la candidatura de Peña Nieto no los usó en su sitio web sino en los mítines y con las estructuras. Los colores verde, blanco y rojo, con algunas variaciones en su tonalidad (son más claros) tan sólo aparecen en el logotipo y apenas se repiten en una página que más bien juega con algunas tonalidades grises y púrpuras. Lo que no entiendo es que la tipografía y los tonos se parezcan mucho a los que se usaron en las candidaturas de 2012, lo cual creo que no ayude mucho, ya que son los gobiernos emanados de esas candidaturas los que se han convertido en un lastre para la campaña de José Antonio Meade.

    El que menos me gustó y al que menos trabajo le veo es al de López Obrador, me parece un logotipo muy simple que parece no tener un trabajo de diseño. De hecho me recuerda un poco al que usara Peña Nieto en 2012 con el nombre dentro de un cuadro rojo. Entiendo que López Obrador vaya en primer lugar y que, a diferencia de los otros dos candidatos, no se vea en la necesidad de construir una narrativa en torno a su persona ya que ya es muy conocido, pero podría usar su imagen para reducir un poco sus negativos o transmitir confianza dentro del voto útil, por poner un ejemplo. 

    Los logotipos no me convencieron del todo, pero las páginas web, sobre todo la de Anaya y la de Meade, me parecen bastante agradables. Quisiera comenzar con la de Margarita Zavala que, al igual que su logotipo, presenta una imagen muy panista. Es clara la decisión de aferrarse al calderonismo en vez de resaltar su «candidatura independiente». Pareciera que buscan transmitir la idea de que la candidata que representa al panismo (lo que esto signifique) es Margarita y no Ricardo Anaya. 

    Margarita Zavala

    Margarita Zavala

    Claramente, el sitio web es típico de una candidata conservadora, es muy sobrio, y fuera de eso creo que no están aprovechando las posibilidades que una plataforma como estas podría darle. Parece que se limitan a lo básico: hablar de sus propuestas, de su equipo, algunos textos (terrible que los botones de leer más estén en inglés). La página web es muy importante y creo que una campaña presidencial no debería escatimar en costos para hacer un sitio ganador (que rondará en cientos de miles de pesos cuando mucho). En cambio, revisando el código fuente, me pude percatar que su equipo readaptó una plantilla gratuita, así es, gratuita. Incluso la fuente de la página es la que viene por defecto en la plantilla. Ni siquiera se molestaron en comprar una que les diera más funcionalidades. 

    Los textos tienen poca personalización y se hace un tanto cansado leer las propuestas. Pareciera que hicieron copy paste de un documento interno y no está completamente pensado para que el público general lo lea.

    Su página pudo ser hecha sin problemas por un freelancer que no haya cobrado más de 10,000 pesos. 

    Sitio web de Margarita Zavala

    José Antonio Meade

    El sitio de Meade también usa WordPress como el de Margarita, nada más que en este caso la plantilla sí es construida y programada desde cero de acuerdo a las necesidades de la campaña. A diferencia del sitio de Margarita Zavala, aquí si vemos un trabajo muy profesional y muy bien pensado. El sitio web es mucho más interactivo, tiene contenido multimedia y los textos son más amigables. La redacción está mejor cuidada e intentan ser muy concretos en las propuestas. El equipo digital de José Antonio Meade está comandado por la misma persona que estuvo a cargo del de Enrique Peña Nieto: Alejandra Lagunes, que es, a mi parecer una buena comunicóloga pero que ha tenido la tarea poco afortunada de tratar de levantar la imagen de personajes que cargan con un gran lastre (como la presidencia de Peña Nieto y la candidatura de José Antonio Meade). Su presencia se nota inclusive en la disposición de los elementos de la página web y el énfasis en la actividad en redes sociales.  

    Si un problema le puedo achacar a esta página es el mismo que le achacaría a toda la campaña: que ha sido muy difícil definir una narrativa creíble para el candidato. Si bien, la página está bien construida, no logra ese cometido. 

    Sitio web de José Antonio Meade

    Ricardo Anaya

    El sitio web que más me ha agradado es el de Ricardo Anaya, sobre todo porque es el que refleja de mejor forma la esencia de su campaña. Tiene un diseño y una construcción atrevida (sobre todo por la forma de navegación horizontal) que intenta reflejar la idea de presentar a Anaya como alguien que mira hacia el futuro, como aquel candidato que habla de tecnologías y hace de un mitin un Ted Talk. El sitio tiene muchas animaciones en Javascript lo cual le da dinamismo al sitio, además de que tienen cierta personalización. Cuando se hace una propuesta arriesgada es imperativo que esto no termine afectando la usabilidad el sitio, cosa que, al parecer, lograron. No me agrada tanto la redacción de las propuestas como en el caso de José Antonio Meade pero aciertan al acompañar cada eje con una ilustración. De todos los sitios de los candidatos, este es el que tiene más trabajo de diseño y en el que mejor está cuidado. Mientras que el de Meade es atractivo por su sobriedad (sin dejar de verse moderno), el de Ricardo Anaya es atractivo por lograr lo contrario: un sitio web con muchos colores e ilustraciones pero que van donde deben de ir. 

    Sitio web de Ricardo Anaya

    Andrés Manuel López Obrador

    Me es difícil hacer un análisis del sitio web de López Obrador ya que no estoy seguro si su página www.lopezobrador.org.mx será la que utilice su campaña. En 2012 el sitio de la campaña (paralela a esta) se alojó bajo el dominio amlo.si y se trataba de una página bastante agradable y bien hecha para aquellos tiempos. Si tomáramos la página actual tendría muchas críticas: está desactualizada y no hay estrategia alguna. De hecho, el acomodo de los elementos de la página actual tiene que ver más bien con la etapa de precampaña, ya que en ella presume a su gabinete y la mayor parte del espacio se utiliza para presentar noticias. 

    Podemos tomar como referencia también el micrositio proyecto18.mx que consiste en su plataforma de propuestas, que tiene, a mi parecer un buen diseño, que es interactivo (puedes votarlas y compartirlas) pero que adolece de un problema que tiene que ver con la redacción de éstas, y que están plagadas de errores (incluso no se percataron de que pegaron una nota de observaciones). 

    Dicho esto, preferiría esperar a los siguientes días para ver si la campaña de López Obrador lanza un portal dedicado a la campaña o se conformará con lo que ya tiene en línea.

    A través de las páginas de los candidatos uno puede ver cómo es que ha evolucionado el mundo del desarrollo web en 6 años. Que los sitios se adaptaran a los dispositivos era todavía un lujo y una novedad (Sólo Peña Nieto y AMLO habían adaptado esa tecnología), ahora es algo que se debe de dar por sentado. Donde veo una mayor evolución (sobre todo en el sitio web de José Antonio Meade y Ricardo Anaya) es en la planeación que hay detrás de sus portales. Parece que sí entendieron que el sitio web es una gran herramienta para informar a los ciudadanos e intentar orientarlos al voto.

    Es posible que en los siguientes días o semanas hayan cambios en estos sitios web de acuerdo a los cambios de estrategia o eventos especiales, pero ya nos pudimos dar una idea sobre la forma en que van a utilizar este recurso dentro de la campaña, lo que su imagen y sus portales dicen de ellos. 

     

  • Los spots presidenciables, un análisis del arranque de campaña

    Los spots presidenciables, un análisis del arranque de campaña

    Los spots presidenciables, un análisis del arranque de campaña

    Los spots de arranque de campaña que circularán en los próximos días ya están disponibles en las redes sociales, y es importante analizarlos para entender cómo es que arrancará la campaña y qué estrategias utilizarán los cuartos de guerra de las campañas de los candidatos. Y por lo que muestran los anuncios, tal parece que las estrategias no diferirán mucho de lo que ya habíamos visto dentro de la precampaña y la intercampaña. 

    Empezaré analizando los spots de quien es el puntero en estos, momentos, Andrés Manuel López Obrador, quien ha cuidado su tono de voz y lenguaje corporal para transmitir más bien una postura ecuánime y conciliadora. 

    Andrés Manuel López Obrador

    A mi parecer, los spots están dirigidos a segmentos distintos: el spot del avión presidencial, que parece claramente una reedición del famoso «este avión no lo tiene ni Obama» parecería estar dirigido más bien a sus bases que son quienes le compran este discurso, pero está lo suficientemente cuidado para causar el menor ruido posible dentro de aquellos que se encuentran más al centro y podrían votar por él. Parece un anuncio sencillo pero está bien pensado, el escenario (el escritorio con la bandera de México) y la vestimenta de López Obrador lo hacen parecer más como presidente que como candidato, lo cual es interesante si tomamos en cuenta que López Obrador va en primer lugar de las encuestas y en las últimas semanas ha intentado vender la sensación de que ya será presidente y está preparando todo para su llegada a Los Pinos. Tampoco es coincidencia que a la izquierda aparezca una fotografía de Benito Juárez, uno de los «ídolos de la nación» en los que dice inspirarse. 

    https://www.youtube.com/watch?v=qJSmALLqml4

    El siguiente spot también trata de transmitir la idea de que AMLO ya va a ser presidente, por eso empieza diciendo «Estamos arriba en las encuestas para la Presidencia, pero necesitamos la mayoría en el Congreso», como diciendo, ya ganamos, ahora tenemos que enfocarnos en ganar más. El escenario es distinto al primero, un tanto más informal y más cálido que el primero. Si en el primero vimos al López Obrador Presidente, aquí vemos a un AMLO que pretende verse más cercano.

    https://www.youtube.com/watch?v=vfmJwkbLH20

    Y el último spot, muy parecido al anterior en cuanto al escenario, está dirigido al voto útil, sobre todo aquel que se la piensa dos veces en votar por López Obrador por la asociación de su persona con la de Chávez, Maduro o Trump. Termina diciendo «ten confianza, yo no te voy a fallar». El spot muestra una faceta muy ecuánime. Así, no sólo busca reducir la incertidumbre al distanciarse de Venezuela, sino al mostrarse como un individuo que está en control de sí mismo. Apela a los líderes nacionales pero sin caer en un nacionalismo rampante. Dicen que el lenguaje corporal es muy importante a la hora de transmitir un mensaje, y parece que se han molestado en cuidar ese detalle. 

    En resumen, López Obrador busca generar la percepción de que ya va a ganar la presidencia y busca reducir la incertidumbre que recae en su persona para así asegurar su primer lugar en las encuestas. Se muestra sereno y confiado (sin caer en excesos de confianza).

    Ricardo Anaya

    Los spots de Ricardo Anaya contrastan mucho con los de López Obrador, no sólo porque se encuentra en un escenario muy distinto, sino porque el personaje es muy distinto y sus ideas son muy distintas. En el primer spot Anaya busca reafirmarse en el inconsciente de la gente como aquel que será el candidato que pueda ganar a López Obrador. Sólo le dedica 4 segundos de los 30 que dura al spot al PRI al decir que ya se van para centrarse en López Obrador, como si se tratara de un tiro de gracia hacia el moribundo Meade en la que él sale vencedor sin problema alguno (o más bien, un ¡quítate ya y no estorbes!) para enfocarse en el candidato tabasqueño. Anaya intenta contrastar el cambio que él ofrece contra el que ofrece López Obrador, futuro contra pasado. El anuncio acierta a mi parecer ya que busca construir una narrativa para fortalecer su candidatura y no cayó en el cliché de alertar que López Obrador convertirá a México en Venezuela. Esto es importante porque si Anaya no construye una candidatura creíble, difícilmente aspirará a ganar la presidencia.

    El segundo spot es, a mi parecer, muy interesante ya que aparecen algunos políticos (varios de ellos presentables) apoyando la candidatura de Anaya. Esto tiene un propósito ya que la trayectoria reciente de Anaya se ha dado en medio de acusaciones de traición y es importante mostrar un mensaje de unión, de que hay una estructura que lo sostiene, de gente que confía en él. El inicio es muy contundente con el hijo de Colosio (el mito del PRI) asumiéndose como parte del Frente, ahí está el otro tiro de gracia a Meade. Lo hace de una forma muy contundente pero a la vez sutil porque darle mucha importancia al «tercer lugar» puede resultar contraproducente.

    En este spot varios políticos que tienen cierta aceptación como Xochitl Galvez o Enrique Alfaro, Chertorivski (su economista de cabecera), Jorge Castañeda e incluso Diego Fernández de Cevallos (su inclusión me parece un gran acierto), pero me hace algo de ruido que ahí aparezcan Miguel Angel Yunes (su padre no goza de la mejor reputación) y Miguel Ángel Mancera que si bien no es una persona vista como corrupta es percibido como incompetente por su gestión en la CDMX. El mensaje es claro: no estoy solo, no estoy abandonado a mi suerte, varios íconos del PAN, del PRD y hasta académicos están en mi campaña.

    En resumen, lo que busca Ricardo Anaya es presentarse como una alternativa de cambio viable y dirigida hacia el futuro y que no está sólo en su campaña (a pesar de su conflicto con el calderonismo), sino que tiene a varios elementos valiosos y reconocidos de su lado. 

    José Antonio Meade

    En este espacio he dicho que Meade es quien tiene el margen de maniobra más estrecho, ya que debe de ganarse a las bases de su partido (muchos cuestionan que lo haya hecho) y, al mismo tiempo, ganarse a la gente que no simpatiza con el PRI. Si en la precampaña apostó por lo primero, en la campaña, o al menos lo que dicen sus spots, apuntará a lo segundo. 

    En este primer video vemos cómo Meade intenta quitarse el lastre de la corrupción que recae sobre su candidatura por el hecho de ser abanderado del PRI. Dice que nunca ha vivido por encima de sus ingresos y que gracias a su trabajo en contra de la corrupción varios gobernadores hoy están en la cárcel. Lamentablemente ese mensaje es muy endeble no sólo porque muchos de los escándalos de Javier Duarte fueron develados gracias una investigación de Animal Político en conjunto con otras organizaciones civiles, sino porque como Secretario de Hacienda se mostró muy pasivo ante casos como la Estafa Maestra. No lo noto muy cómodo y no sé si el escenario y la musicalización sea lo más acertado. 

    En el spot también busca contrastar con Ricardo Anaya: Yo soy honesto, él no, él es lavador de dinero y tiene ranchos con dinero malhabido:

    https://www.youtube.com/watch?v=RwBZ2kjU5O8

    El segundo spot de Meade me parece bastante mejor que el primero, se le ve más cómodo y menos acartonado. Está dirigido evidentemente a los millennials con el fin de que voten por él y no por Anaya. No se nota tanto su falta de elocuencia y carisma y creo que logra conectar con los estudiantes, sonríe, los mira a los ojos e incluso establece contacto físico, como un profesor de esos que tanto quieren sus alumnos. De forma un tanto tímida intenta separarse de la figura de Peña Nieto: los estudiantes le preguntan si habla inglés y dice que lo habla muy bien, y cuando le preguntan por los tres libros que ha leído responde: «me encanta la lectura, muchos». Meade se burla de sí mismo al decir que no tiene ninguna mancha más que el vitiligo. 

    https://www.youtube.com/watch?v=g_CjFV9oc0k

    En resumen. Meade tiene dos propósitos, quitarse el lastre de la corrupción e intentar bajar a Anaya, lo cual dice que la batalla no ha terminado y que va para largo (lo cual provoca una gran sonrisa en la cara de López Obrador). En ninguno de los spots Meade se refiere al tabasqueño. Si Anaya, como segundo lugar, busca contrastar con López Obrador, Meade, como tercer lugar, busca hacer lo propio con Anaya. Lamentablemente, creo que en los anuncios no logra deshacerse de la percepción de que Meade está allá abajo, en tercer lugar. Por el contrario, parece reforzarla. 

    Así es como comienzan las campañas. Así arrancan tres meses que serán muy agitados: con un López Obrador que va arriba en las encuestas y que busca conservar (si no es que ampliar) su ventaja. Con un Anaya y Meade que se disputan el segundo lugar, pero donde Anaya se siente confiado de su posición mientras que se percibe que Meade es consciente de que está abajo. No hay nada definido aunque la distancia de López Obrador sí es considerable y el escenario juega a su favor. Veremos qué es lo que pasa en los siguientes meses. 

    *No hablo de los spots de Margarita Zavala, básicamente porque todavía no hay spots y porque falta oficializar su candidatura.