Etiqueta: López Obrador

  • Peje Todopoderoso

    Peje Todopoderoso

    Peje Todopoderoso

    Se dice constantemente que el poder corrompe al ser humano.

    Yo no creo que sea así, aunque lo parezca. El poder más bien tiende a mostrar al ser humano tal cual es ya que le da el permiso de hacer cosas que en otras circunstancias no se atrevería o no podría hacer. 

    Un dictador se vuelve tal gracias, en cierta medida, a la ausencia de contrapesos que le permiten usar el poder de forma indiscriminada. Antes no era un dictador en acto, pero sí lo era en potencia. No es que antes fuera bueno y lo haya dejado de ser, sino que, al adquirir el poder, adquirió también el permiso de ser quien es.

    La ausencia de contrapesos le permite al individuo exponer su ser sin restricciones o limitaciones. Los contrapesos aminoran y contienen los riesgos que implican que el sujeto tenga el permiso de expresar lo peor de su ser y que esto se convierta en políticas públicas irresponsables o en la restricción de derechos humanos. Pero esto no implica necesariamente que un individuo se vaya a convertir en un dictador o en un déspota. Si el individuo es bienintencionado posiblemente logre lo opuesto, que utilice el excesivo poder que ostenta en beneficio de los gobernados y para hacer los cambios que un país con contrapesos no le permitiría. Los contrapesos también pueden llegar a ser cínicos y estorbar (basta recordar al PRI en los sexenios de Fox y Felipe Calderón) en vez de acotar los impulsos autoritarios. 

    La historia nos muestra que la acumulación excesiva de poder tiende al despotismo pero también nos narra casos de figuras que aprovecharon su posición para transformar la nación de la que estaban a cargo y llevar a cabo cambios que, en otras circunstancias, no se hubieran podido llevar a cabo.

    Si bien López Obrador no tendrá un poder absoluto, sí ostentará más poder que cualquier otro presidente dentro de la era democrática de nuestro país. AMLO tendrá mayoria absoluta en las cámaras (aunque no la mayoría calificada para hacer cambios a la constitución). Él lo sabe, todos lo saben, y las estructuras políticas ya se han comenzado a reconfigurar frente a esta nueva realidad. 

    Es evidente que López Obrador quiere llevar a cabo transformaciones para reformar este país de acuerdo a su peculiar visión, y para eso busca adquirir un mayor control. De esa forma, él piensa que logrará implementar sus medidas (algunas de ellas loables) de esa forma. Su meta es acabar con la corrupción y reducir la desigualdad. A diferencia del político de izquierdas promedio, él propone un plan de austeridad para recortar gastos dentro del gobierno, y espera que dicho plan se replique en toda la República Mexicana. En ese sentido van los súper-delegados o los «virreyes todopoderosos» como los llama Jorge Zepeda Patterson, y que fungirán como una suerte de «gobernadores en paralelo» con el fin de poder concentrar más poder en el centro y evitar la propia concentración de poder que los gobernadores ejercieron y que permitieron el surgimiento de figuras como Javier Duarte.

    López Obrador pretende hace una reingeniería de gran calado. La duda que muchos tenemos es si esta va a llegar a buen puerto. En el mejor escenario reformará la estructura política mexicana de tal forma que logre dar un paso al hacia delante en el propósito de crear ese México más justo y con instituciones más fuertes, necesidades que no han sido satisfechas en el México moderno. Pero el peor escenario es uno donde el gobierno de López Obrador termine haciendo lo opuesto, que es básicamente lacerar o destruir la vida institucional del país y someta la estructura política a sus caprichos. 

    Habrá que preguntarnos también el papel que los contrapesos existentes jugarán. No serán muy grandes, pero AMLO tampoco tendrá una ausencia absoluta de contrapesos. Por un lado está el poder político de la oposición que no le permite cruzar por sí solo el límite de la mayoría calificada para reformar la constitución: ¿es pequeña? ¿Es débil? Sí, pero ahí está. También está el creciente contrapeso de la sociedad civil, las cámaras empresariales, los medios de comunicación y organismos de otro tipo.  

    Es difícil vaticinar a qué escenario se parecerá más su gobierno. Por un lado, es indudable que López Obrador tiene una sincera intención de pasar a la historia como alguien que transformó al país; no es alguien que parezca haber llegado al poder para enriquecerse. Pero por otro lado tenemos a un López Obrador al que le cuesta trabajo escuchar las voces que disienten, que hace juicios de valor ante las críticas de los columnistas (a los que llama fifís) y que tiene un discurso polarizante. La postura que ha mantenido tras su victoria tiende a parecerse un poco más al primer escenario pero es muy pronto para vaticinar que así será su gobierno.

    Y es muy pronto porque un presidente se desempeña de acuerdo al cambiante entorno que se le presenta al llegar al poder y cuya postura debe modificarse a través del tiempo. No sabemos si esa temporal luna de miel con los empresarios se mantendrá por un tiempo o se quebrará a la primera. No sabemos bien a bien siquiera cómo se van a mover las cosas dentro de su propio partido. No sabemos qué decisiones tomará cuando, por poner un hipotético ejemplo, vea que la política de austeridad no es suficiente para llevar a cabo los programas sociales que prometió: ¿sacrificará algunas de sus propuestas o endeudará al país pensando más en el corto plazo? Ni siquiera su Jefatura de Gobierno es referencia dado que era el Congreso el que le aprobaba las partidas presupuestales. 

    Solo el tiempo nos dirá qué consecuencias (positivas o negativas) tendrá la presencia de un «Peje todopoderoso» en la silla presidencial. Tal vez tendrán que pasar unos años para que podamos hacer el veredicto. Lo cierto es que AMLO tiene el suficiente poder como para no tener excusas, los resultados de su gobierno recaerán sobre él y casi sobre nadie más. 

  • AMLO ganó, y no entramos en pánico

    AMLO ganó, y no entramos en pánico

    El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, hace un gesto después de una conferencia de prensa para anunciar a Marcelo Ebrard como su candidato para ministro de relaciones exteriores, en Ciudad de México, México
    Foto: TV Azteca

    Desde hace tiempo había previsto el triunfo de López Obrador, me parecía una suerte de consecuencia natural. Lo que tal vez no preví sería la reacción de la sociedad ante su triunfo.

    Yo me imaginaba a diversos sectores sociales sumidos en una fuerte incertidumbre, temerosos de la llegada de López Obrador a la Presidencia. ¿A dónde puedo enviar mi dinero? ¿Nos vamos a convertir en Venezuela? Y más lo temía si López Obrador ganaba una mayoría en el Congreso como evidentemente sucedió (pero no la mayoría calificada como para reelegirse o cambiar la constitución).

    Pero, tras su triunfo, percibo un ambiente totalmente diferente: uno más bien parecido al triunfo de Vicente Fox que al de un candidato que, irremediablemente, nos conduciría al fracasado socialismo latinoamericano.

    Lo que percibo más bien es un ambiente donde incluso mucha gente que siempre guardó cierto escepticismo hacia López Obrador pareciera albergar cierto sentimiento de esperanza, como si quisiera sumarse al júbilo y al éxtasis de los seguidores de AMLO que tanto esperaron este momento. Al final, la llegada de AMLO representa una sacudida al sistema político (y, sobre todo, al régimen priísta), cualquiera que fuera la opción para sacudirlo (incluso si es el candidato por el que no se votó) era mejor a nada. Algunos tal vez perciban riesgos en AMLO pero no dan por canceladas las posibilidades de que sí lo puedan hacer bien.

    Incluso, dentro de la gente más escéptica, se puede percibir cierta tranquilidad. Están resignados, pero tampoco están tan alarmados como pensé que podrían estar. Veo, en realidad, pocas manifestaciones de resentimiento hacia la victoria de López Obrador: algo así como «no me gusta, pero la gente lo eligió y hay que respetarlo». Veo pocas manifestaciones de clasismo que antes me temía, pocas descalificaciones. A lo mucho dicen que «serán muy críticos con su gobierno». 

    Ciertamente influye el hecho de que la gente contraria a López Obrador no suela exhibir de forma tan explícita su indignación como lo hacen los seguidores del tabasqueño. Pero aún así, puedo decir que, al menos dentro de mis círculos compuestos por una mayoría panista y una minoría amloista (aunque esta no muy pequeña), el ambiente no es tan pesimista como el de 2012 cuando Peña Nieto llegó a la Presidencia. Dentro de la incertidumbre la palabra «cambio» no pierde su atractivo del todo, y el hecho de que se piense que se va a ver algo diferente a lo que vimos en el gobierno actual que tanto detesta genera cierta expectativa.

    Y López Obrador, de alguna u otra forma, ha alimentado esta expectativa con las decisiones y actitudes que ha tomado desde el día de la elección, donde se ha mostrado más conciliador, donde lo primero que hizo fue reunirse con aquellos sectores con quienes tenía una relación más áspera (como las élites empresariales) e incluso se reunió con Peña Nieto (algo inédito en la corta historia democrática de nuestro país). A algunas personas no les agrada la idea de que sus ideas más radicales eran más bien demagogia de campaña, pero a muchos otros les agrada mucho saber que estas no se convertirán en políticas públicas. 

    Lo mismo ocurre dentro de la comentocracia. Son pocas las voces que dicen «ya valimos madre» y muchas las que mantienen sí, una postura crítica, pero que buscan darle el beneficio de la duda al tabasqueño, como pensando en que sea como sea hubo un «cambio» y por medio de sus columnas u opiniones buscaran incidir para que este cambio se lleve de la mejor forma. 

    Ayuda también el hecho de que, con excepción de su renuencia a la creación de un fiscal autónomo, López Obrador esté tomando hasta el momento decisiones acertadas que reducen la incertidumbre que ha rodeado a su persona. Como un amigo decía, está tan lejos de Lenin y tan cerca de Lenin Moreno (el mandatario ecuatoriano de izquierdas que ha sido pragmático y se ha recorrido más al centro). Su futuro gobierno está mandando mensajes de que el suyo no sería un gobierno radical. 

    Es cierto que no podemos afirmar de forma categórica, por medio de estas señales, que AMLO gobernará de una u otra forma, eso solo lo sabremos cuando ya esté en Palacio Nacional y comience a tomar decisiones. Lo cierto es que no se respira ese ambiente tan pesimista dentro de quienes no votamos por López Obrador. Pero eso no implica que no tomemos una postura crítica ante las cosas que se hagan mal. Si AMLO no va a tener una gran oposición política ni en lo cuantitativo (tiene mayoría en las cámaras) ni en lo cualitativo (la oposición proviene de una clase política muy desgastada) sí será necesaria una ciudadanía que sí, reconozca sus aciertos, pero que también sea muy crítica de sus errores. 

  • La actitud ejemplar de López Obrador y sus opositores

    La actitud ejemplar de López Obrador y sus opositores

    La actitud ejemplar de López Obrador y sus opositores

    La victoria de López Obrador se dio de una forma muy tersa y tranquila. José Antonio Meade ni siquiera se esperó al conteo rápido para, en una actitud democrática y ejemplar, reconocer el triunfo de López Obrador. Lo mismo ocurrió con Ricardo Anaya y El Bronco. Muchos líderes de diversos sectores sociales y empresariales (incluidos varios opositores) le desearon suerte y mostraron una actitud de cooperación. Pocos minutos después del cierre de las casillas ya todo se había acabado: la presidencia estaba definida. Por fin, a pesar de los cuestionamientos sobre el INE y el Tribunal Federal Electoral, habíamos tenido unas elecciones que no estuvieron plagadas de irregularidades, dudas o descalificaciones.

    Pero ese acto de institucionalidad no solo se vio en los candidatos opositores, sino en el propio Andrés Manuel. A pesar de que Meade y Anaya ya había reconocido su victoria, López Obrador se esperó al conteo rápido para salir y celebrar su victoria. López Obrador dio un discurso conciliatorio que buscó reducir la incertidumbre y sanar la natural oposición ocasionada por la campaña electoral. No sólo eso, dos días después se reunió con Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional para preparar la transición. Los primeros actos de López Obrador como virtual Presidente Electo estuvieron muy lejos del personaje rijoso que se le recuerda.

    Por su parte, el papel de la comentocracia y de diversos sectores que siempre habían guardado cierto escepticismo hacia López Obrador es uno que incluye la disposición a cooperar y donde legitiman al próximo Presidente de la República. Tan sólo los más rijosos y extremistas han mantenido una postura adversa hacia el candidato.

    Todas las partes han entendido que no es conveniente comenzar un mandato con resentimientos y sin puentes de diálogo. Si bien, no sabemos cómo será la relación entre AMLO y los demás sectores, es una muy buena noticia ver la postura que mantienen las diferentes partes en los primeros días de López Obrador como Presidente Electo. ¿Podrá mantenerse esta actitud conciliadora? ¿Habrá algún momento en el que comiencen las divisiones y las descalificaciones? No lo sé, pero lo cierto es que es más probable que no existan puentes de diálogo si desde un inicio no existen, lo cual no es el caso.

    Es completamente natural y entendible la incertidumbre que genera que algún presidente tenga “el carro completo” en las cámaras. Pero que ambas partes se reconozcan me parece muy sano con el fin de generar gobernabilidad. Es muy sano que AMLO se reúna con Peña Nieto, también que dialogue con el Consejo Coordinador Empresarial, o que la Coparmex afirme que será un aliado de AMLO para combatir la corrupción. Eso no implica que tengan que ser críticos o incluso funjan como férreos opositores cuando Andrés Manuel haga más las cosas, pero partir de tabla rasa, donde se dejen del lado rencillas y diferencias, me parece un acierto de ambas partes.

    El resultado puede no gustar y hasta preocupar a muchos. Pero al final, en una democracia lo que cuenta es la voluntad de los mexicanos que eligieron a López Obrador como su presidente. Esa es la realidad y, a partir de ahí, es que se debe trabajar, cada ciudadano, sector o político desde su trinchera, para sacar adelante a este país llamado México.

  • ¿Por qué ganó López Obrador? Primeras reflexiones

    ¿Por qué ganó López Obrador? Primeras reflexiones

    ¿Por qué ganó López Obrador?

    López Obrador será el próximo Presidente de la República, muy posiblemente gobernará la mayoría absoluta en las cámaras. 

    El triunfo del tabasqueño es algo histórico, inclusive lo es más que el triunfo de Vicente Fox en el año 2000. Vendrán muchos cambios (sean para bien o para mal) y estaremos viendo el fin de un modelo político y económico que ha prevalecido en nuestro país en las últimas décadas.

    Algunas personas casi ya lo dábamos por sentado desde algunos meses, era muy evidente que López Obrador ganaría si la oposición no lograba postular a un candidato antisistema que tuviera credibilidad. Era evidente porque, como lo dije de forma reiterada, el voto del hartazgo tiene un efecto multiplicador. Ni Anaya ni Meade entendieron el hartazgo de la gente, porque creyeron que ir a hacer campañas en escenarios cerrados y no con el pueblo era muy buena idea. 

    Muchos no lo vieron venir porque prefirieron recluirse en sus cámaras de eco, en sus burbujas, en ese México que solo existe en sus mentes. Creyeron que por medio de encuestas podían entender el clima ciudadano. Bajo este grave sesgo se plantearon las campañas electorales, el PRI comenzó con una actitud triunfalista, Anaya pensó que con discursos «tecnológicos e irruptores» se captaría el voto de los mexicanos ávidos de un cambio. No entendio, no entendieron, y lo dije en este espacio.

    López Obrador ganó merecidamente, él fue el único que entendió de que iba. Mientras Meade y Anaya estaban pálidos, López Obrador presumía una tez bronceada producto de sus mítines que fueron mayores en cantidad y menores en presupuesto. Debo reconocer la tenacidad de López Obrador quien recorrió dos veces todos los municipios del país durante 12 años. A pesar de las derrotas, el siguió, no se cayó, no se rindió, y logró llegar a la Presidencia. Es una ventaja, sí, pero de alguna forma merecida. Logró posicionar su mensaje, el cual se volvió imbatible. Hasta se dio lujo de caer en algunas contradicciones (la alianza con el PES, por un ejemplo) sin que eso le afectara en las intenciones de voto. Y mientras recorría todos los pueblos, el PRI y el PAN pensaron que bastaba con ofertas mediocres aderezadas con grandes estrategias de mercadotecnia para hacerle frente al vendaval en el que se convirtió MORENA.

    Si bien, la intención de voto hacia AMLO no fue tan ideológica como en otras ocasiones, su victoria se explica, en gran parte, a esas cosas que muchos mexicanos hemos ignorado por vivir en una burbuja y a las cuales se sumó el hartazgo generalizado hacia una clase política displicente, tan distante de los ciudadanos. López Obrador fue el único que supo o tuvo la voluntad política para hacer un diagnóstico medianamente acertado (independientemente de lo cuestionable que pueda ser el remedio). Por eso ganó y por paliza, por eso gobernará con mayoría. Porque trabajó durante años y se posicionó como el único candidato que representaba una esperanza ante el hartazgo, ante un país donde reina la injusticia.

    Si bien yo tengo serias diferencias con López Obrador, reducir su triunfo a «la ignorancia de población» o «las vísceras» es un error garrafal, además de que es una postura muy arrogante e irracional y que no permite hacer un diagnóstico certero sobre lo que ocurre en México. Ni siquiera creo que la votación a AMLO sea consecuencia de la ignorancia: votaciones irracionales o «ignorantes» pueden verse en ambos lados del espectro.

    Quienes detestan a López Obrador más bien deberían cuestionarse qué es lo que dejaron de hacer porque López Obrador es la manifestación y la consecuencia de los diversos problemas que arrastra nuestro país: un país con índices de corrupción excesivamente altos, un país con una profunda desigualdad y que no es producto del mérito sino de unas estructuras que no permite a los que están en la base de la pirámide ascender. Y si bien México no es un Estado fallido como algunos dicen, sí es un país con unas instituciones lo suficientemente débiles para que no cumplan con su función, para que quienes tienen más poder y recursos las puedan cooptar.

    Tal vez López Obrador sea una lección que nos merezcamos los mexicanos, una cachetada para que despertemos de nuestro letargo, de nuestra indiferencia. Mucha gente quiso un cambio y lo expresó en las urnas. Esa decisión se debe de acatar, se debe de respetar (lo que incluye respetar a quienes votaron distinto a nosotros, abstenerse de «culparlos» si AMLO gobernara mal o hacer juicios de valor). Nuestro papel debe de ser propositivo, debemos involucrarnos más como ciudadanos, debemos fungir como un contrapeso real en vez de esperar que el gobierno lo haga todo. 

    Algunos están llenos de algarabía, otros prevén una catástrofe. Yo me siento tranquilo, no es un resultado que me guste, pero es un resultado que asumo y que entiendo. Quiero felicitar desde aquí a Andrés Manuel López Obrador por su triunfo así como a sus seguidores, es un triunfo muy merecido. Yo y muchos otros seremos férreos críticos en aquellas cosas que no concordemos, pero también reconoceremos los aciertos que su presidencia tenga.

    Y a pesar de todo, me siento motivado, porque creo en el poder que los ciudadanos tenemos para transformar la realidad de nuestro país. 

  • Acabar con la corrupción

    Acabar con la corrupción

    Acabar con la corrupción

    Hace unos años iba manejando con un amigo a un antro, él me hablaba de Peña Nieto, sobre la corrupción del PRI, los políticos que roban. Cuando llegamos no encontrábamos estacionamiento. Muchos de los automóviles se estacionaban en un camellón prohibido y todos los que estaban parqueados ahí ya tenían la multa en el parabrisas. En eso mi amigo me dijo: -Oye Álvaro, ¿por qué no estacionas el coche en el camellón, le quitas el papel de la multa a un coche y se lo pones al tuyo para que los agentes de tránsito piensen que ya te multaron y no te hagan nada?. Naturalmente yo le dije: -A ver ¿qué no estábamos hablando sobre la corrupción?

    Prometer no empobrece, prometer es fácil. López Obrador ha prometido acabar con la corrupción de forma tan insistente que hasta su frase «vamos a acabar con la corrupción» se ha convertido en una especie de muletilla. Su teoría consiste en que si él es honesto y no es corrupto, entonces nadie lo va a ser.

    Se agradece que él procure no ser corrupto, pero es iluso pensar que la voluntad de una persona se vaya a trasladar a toda la población en su conjunto. ¿por qué? Porque la corrupción es, en gran medida, una respuesta a un sistema que no funciona, a un Estado de derecho muy débil incapaz de hacer valer las leyes. Más que un problema cultural (como bien decía Peña Nieto) es un problema más bien estructural, que ciertamente termina permeando en la cultura y de la cual la sociedad también es corresponsable. 

    Fortalecer el Estado de derecho es una tarea bastante complicada que puede tomar más de una generación y cuya responsabilidad no solo es del gobierno sino de la sociedad misma. Requiere extirpar las prácticas que están impresas en el ethos mexicano y que han sido consideradas por muchos la manera natural de convivir. Es una tarea muy difícil.

    Para acabar con la corrupción también es indispensable una sociedad que critique estas prácticas, y que esa crítica vaya más allá de las simpatías partidistas. Muchos de quienes van a votar por López Obrador lo harán porque están, dicen, hartos de la corrupción, pero al mismo tiempo buscan recovecos y tuercen sus argumentos para justificar las acusaciones de corrupción en contra de Layda Sansores. Si López Obrador adjudicó un proyecto sin licitación a un tercero no es malo, pero si lo hacen sus opositores entonces son de lo peor. Difícil es aspirar a acabar con la corrupción cuando el líder que promete llevar a cabo de esa empresa es permisivo en cuanto a los actos de sus subalternos y más difícil es cuando gran parte de sus seguidores hacen como que ignoran lo que pasa y juzgan los casos con un doble estándar.

    La voluntad de un mandatario frente a la corrupción es muy deseable, pero no es, de ninguna forma, condición suficiente. 

    Y quienes esperan que la simple llegada de una nueva persona a Los Pinos vaya a acabar con la corrupción y vaya a convertir a México a algo parecido a un paraíso nórdico deben de saber que están muy, pero muy equivocados. 

  • La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA
    Foto: Milenio

    En el pasado, si había un movimiento que podía presumir cierta congruencia ideológica, ese era el de López Obrador. El PAN y, sobre todo, el PRI, mientras tanto, estaban invadidos por el pragmatismo excesivo que los fue convirtiendo en cascarones ideológicos. López Obrador presumía un discurso ideológico consistente (estuviéramos o no de acuerdo con él). Por esa razón varios de los intelectuales más importantes en ese momento se aliaron a su movimiento.

    Con MORENA, un partido exclusivamente de él, uno esperaría una extensión y una consolidación de ello: un partido moralmente diferente a los demás, que hace las cosas distintas, pero no es así.

    Dentro de su partido vemos muchas de las prácticas y mañas existentes en los otros. En MORENA también vemos políticos trepadores, chapulines que quieren su hueso y no tanto líderes sociales que luchan por la justicia social. La forma de hacer política en este partido naciente que presume como sus ejes rectores «no robar, no mentir y no traicionar» es básicamente la misma forma de hacer política tradicional.

    Algunos me argumentarán que en MORENA no hay pruebas de «saqueos como los del PRI y el PAN», que eso lo hace un partido honorable, aunque la realidad es que MORENA nunca ha estado en el poder y por lo tanto tenemos pocas referencias para poder hacer una comparación justa con los otros partidos. Pero lo que me llama la atención son las figuras que están postuladas por este partido y que representan lo opuesto a lo que MORENA dice defender. Dejemos del lado a los miembros con posturas políticas tan disimiles como Manuel Espino o Paco Ignacio Taibo II; concentrémonos aquellas figuras impresentables que buscan una alcaldía o una gobernatura, perfiles que en tiempos anteriores eran criticados de forma implacable por muchos de los simpatizantes de López Obrador.

    No me cabe en la cabeza cómo es que un personaje como el Pato Zambrano puede estar postulado por un partido que dice que «hará historia», que se asume como la «cuarta transformación del país». El ex integrante de Big Brother amenazó con «romperle su madre» al candidato de Nueva Alianza por la alcaldía de Monterrey:

    https://www.youtube.com/watch?v=bn7qqA3F92o

    No es la primera vez que el Pato Zambrano hace un papelón de estos en un debate, de hecho es una práctica recurrente de este candidato del cual circulan muchos videos en Youtube donde insulta y pelea a distintos personajes. ¿Por qué un partido que asume tener una calidad moral muy alta y que dice destacar sobre los demás partidos se da el lujo de tener este tipo de personajes?

    Cuauhtémoc Blanco es otra muestra de la banalización ideológica de MORENA. El Cuau es uno de los mejores futbolistas que ha dado el balompié mexicano, pero todos sabemos que su calidad como futbolista tiene poca relación con su calidad como persona, ya que solía insultar y agredir a futbolistas o a periodistas. En el debate que se llevó a cabo en Morelos, el candidato de MORENA a la gobernatura de esa entidad volvió a mostrar quién es realmente. 

    El futbolista, quien aparece constantemente en mítines con Andrés Manuel López Obrador, es recordado no sólo por sus goles, sino por burlarse de los árbitros, hacer festejos polémicos y por agredir por la espalda a David Faitelson. Como político Cuauhtémoc Blanco es sumamente ineficiente e ignorante.

    https://www.youtube.com/watch?v=EwaBVheQ5Bk

    ¿Qué puedo esperar diferente de un partido que ya ha comenzado a adoptar todos los vicios de la clase política, que también incluye a personajes del espectáculo y personajes de dudosa calidad dentro de su partido? Por su naturaleza de partido de izquierda (ahora aliado con el partido más ultraderechista del país), uno puede entender que dentro de esta organización haya algún radical o hasta algún porro (como Gerardo Fernández Noroña). Pero de lo que se está llenando MORENA es de trepadores, de gente que quiere mantener su hueso.

    ¿Y de verdad podemos pensar que el gobierno de AMLO va a regenerar México con las mismas prácticas y los mismos vicios?

    El tiempo es sabio. 

  • Las virtudes y los defectos de los candidatos

    Las virtudes y los defectos de los candidatos

    Las virtudes y los defectos de los candidatos
    Foto: Noticieros Televisa

    Andrés Manuel López Obrador

    Virtudes:

    • Es una persona muy tenaz y perseverante. Contender en tres campañas electorales y recorrer todos los municipios del país no es cualquier cosa.
    • Es, simplemente, el líder político más importante de todo el país. 
    • Tiene vocación y sensibilidad social. Conoce más que nadie al «México de abajo». 
    • Tiene amplia experiencia política. Es el único de los candidatos que ya ha gobernado y su gestión en la Ciudad de México en general es bien vista.
    • Nunca se ha enriquecido ilegalmente de la política. Ciertamente puede ser criticable que viva, en parte, de los recursos de su partido (que a su vez es del erario) pero ello no implica ilegalidad alguna. 
    • Es el único que ha hecho un diagnóstico del país que toca fibras sensibles y que la mayoría de los políticos no se atreven o no quieren tocar (desigualdad, empresarios que se enriquecen al amparo del poder, entre otros más).

    Defectos:

    • Es una figura con un discurso mesiánico que tiende a polarizar la discusión.
    • Tiene tintes autoritarios, suele denostar a quienes no piensan como él y a hacer juicios de valor moral sobre quienes disienten (aunque no tengan un interés particular).
    • Tiene poca confianza en sociedad civil como agente de cambio. Le disgusta la idea de que en su gestión habrá contrapesos fuera de su control.
    • Suele ser una persona necia, poco dispuesta a confrontar su ideario y sus propuestas.
    • Su propuesta es obsoleta y prácticamente no ha cambiado desde hace algunas décadas (al menos desde finales del siglo XX).
    • No es una persona ávida de aprender y prepararse constantemente más allá de su experiencia en la calle.

     

    Ricardo Anaya

    Virtudes:

    • Es una persona muy inteligente y de mente aguda.
    • Es una persona que le gusta aprender, mantenerse actualizado y absorber la mayor cantidad de conocimiento posible.
    • Se prepara de la mejor forma para afrontar los escenarios que se le pongan enfrente. Se caracteriza porque antes de los debates analiza bien el escenario y hasta las tomas de cámara. Es muy meticuloso.
    • Tiene una retórica muy envidiable. Anaya es uno de los candidatos con mejor oratoria que hemos visto en los últimos tiempos.
    • A pesar de su juventud y su corta trayectoria, ha sabido moverse para llegar a la punta de la pirámide política (lo cual, por sus formas, puede verse como un defecto, pero también es una virtud).

    Defectos:

    • Es ambicioso en exceso. 
    • Es una persona poco confiable ya que ha traicionado a muchas personas que le tendieron la mano para lograr sus objetivos. Su trayectoria tiene puntos cuestionables. 
    • Es una persona que tiene poca capacidad para conectar y empatizar con la gente.
    • Parece estar falto de convicciones e ideales, por eso es que no ha logrado construir una narrativa convincente.
    • Nunca ha ejercido un cargo público por elección popular. 

     

    José Antonio Meade

    Virtudes:

    • Es una persona íntegra que nunca se ha enriquecido a través de su trayectoria política.
    • Es inteligente y tiene una amplia preparación académica.
    • Tiene amplia experiencia en el terreno económico y de relaciones internacionales. 
    • Es una persona conciliadora, abierta a dialogar.

    Defectos:

    • Si bien no es corrupto, no es una persona que levante la mano para evitar o denunciar los actos de corrupción de los otros. 
    • Tiene experiencia como burócrata, pero no como político.
    • Estar abanderado por el PRI y estar rodeado por personajes impresentables siempre va a ser un defecto.
    • Nunca ha ejercido un cargo público por elección popular. 

    Nota al pie: no incluyo al Bronco porque ese es de broma.

     

  • Una orden de arroz cocido para Ricky

    Una orden de arroz cocido para Ricky

    Una orden de arroz cocido para Ricky

    Al igual que yo, Ricky no simpatiza con AMLO; pero yo, a diferencia de Ricky Incredulín, acepto la realidad y no me dejo invadir por mi sesgo cognitivo. Ricky está tratando de cuadrar los números porque no da razón a lo que sucede en las encuestas: AMLO sube y sube como la espuma. Que si los indecisos, que la tasa de rechazo, que el voto oculto, Ricky trata de encontrar algún recoveco para mantener sus esperanzas.

    Ricky Incredulín: – Oye Álvaro, pero Roy Campos dijo que las encuestas no son un oráculo que predicen la victoria.

    Yo: – Es cierto, una encuesta por sí misma no te puede asegurar que alguien puede ganar porque las tendencias pueden cambiar y porque las encuestas muestran una tendencia aproximada de las preferencias al día de hoy, pueden tener errores. Pero si ves el panorama completo te darás cuenta de que la victoria de AMLO está, si no completamente definida, sí muy muy cercana.

    Ricky Incredulín: – ¿Cómo el panorama completo?

    Ricky me pregunta mientras analiza ansiosamente una y otra vez las gráficas. Piensa erróneamente que todas las barras de indecisos o tasa de rechazo se van a ir con Anaya, sin percatarse de que muchos de ellos ni siquiera van a salir a votar y que es probable que la tendencia en ese voto no difiera mucho del que sí lo declara. 

    Yo: – Sí.  No sólo es la encuesta, es también la tendencia donde López Obrador sigue subiendo mientras que Ricardo Anaya y José Antonio Meade están estancados. Esperaría que la elección se cerrara conforme se acercara la elección y eso no está sucediendo. Y no sólo es eso, es que Anaya tiene una pésima campaña, no tiene una narrativa, no conecta. Incluso ya varios panistas como Juan Ignacio Zavala y Roberto Gil Zuarth dicen que este arroz ya se coció, que «ya valió madres». Se trata de analizar la campaña en su conjunto mi estimado. Estamos en una elección donde la gente grita cambio y venganza contra el gobierno actual. 

    Ricky Incredulín: – Pero seguramente tendrán un as bajo la manga.

    Yo: – Recapitulemos Ricky. Qué no se ha dicho ya de AMLO, que si nos va a convertir en Venezuela, que varias de sus propuestas son absurdas (y lo son), que si el aeropuerto, que se peleó con algunos empresarios y míralo, sigue subiendo. Está casi igual que Trump, quien dijo que podía matar a alguien en la Quinta Avenida y aún asi no caer en la encuestas. Si tuvieran un as bajo la manga ya la hubieran sacado. Yo no sé realmente qué se tendría que hacer a estas alturas. Incluso, ni se si sería buena idea que a Meade se le ocurriera declinar a favor de Anaya (lo cual dudo muchísimo que suceda), en una de esas Anaya pierde muchos de esos votos de quienes quieren castigar al PRI pero no quieren votar por AMLO. Tal vez prefieran lo primero a lo segundo.

    Ricky Incredulín: – Pero ve, Anaya es rebueno para los debates. Al Beltrones se lo puso como camote. ¡Esperate al tercer debate!

    Yo: – Sí, lo recuerdo, pero ya van dos debates y Ricardo Anaya no ha capitalizado nada. No conecta y trata de ser muy racional cuando la gente vota más por emociones y en una elección donde los sentimientos están a flor de piel. Anaya no ha construido una narrativa, en cambio AMLO, con todo y sus propuestas mafufas, sí lo ha logrado. Además, los golpes que sufrió del PRI le quitaron mucha credibilidad ante un sector del electorado.

    Ricky Incredulín: – Pero no te dejes engañar. O sea, las encuestas usan muestras de 1200 entrevistados, son bien poquitos y no representan a todos los votentes ¡a mí no me encuestaron!

    Yo: – Me temo, mi estimado Ricky, que no tienes muchos conocimientos sobre muestreo. Te recomiendo este libro de estadística para Dummies donde podrás darte cuenta que así se hacen todos los estudios. Se sacan muestreos representativos del universo y, con base al número de entrevistados, se obtiene un margen de error que en general está cerca del 3%. O sea, que el resultado puede variar 3 puntos arriba o abajo de la realidad. Es natural que en un país de más de cien millones de habitantes donde las casas encuestadoras no suelen entrevistar a más de dos mil personas nunca te hayan entrevistado. 

    Ricky Incredulín: – Pero están cuchareadas. Una vez un cuate me dijo que en la encuesta del Reforma en la Ciudad de México entrevistaron solo en las delegaciones que coincidentemente en la mayoría AMLO tenía fuerza. No fueron a la Benito Juárez donde están los pirrurris. ¿Ves? Están manipuladas. Ya te sabes como son los pejezombies paranoicos.

    Yo: – Pero entonces no te comportes como «pejezombie paranoico» diciendo que todas las encuestas están compradas. No sólo hay que advertir que todas esas encuestas son verificadas por el INE sino que lo que mencionas de las delegaciones no es algo que se haga a propósito para «manipular». Se seleccionan aleatoriamente porque como son 1200 encuestas repartidas en todo el país, no alcanza para encuestar en todas. De la misma forma es muy posible que lo opuesto haya pasado en otros lugares de la República.

    Ricky se pone muy ansioso y nervioso, me dan ganas de darle un abrazo porque hasta ahora se acaba de dar cuenta de la realidad, una que no le gusta ni a él ni a mí, pero que yo ya había anticipado desde hace mucho tiempo.

    Ricky Incredulín: – ¿Entonces ya ganó?

    Yo: – No me atrevería a afirmarlo categóricamente. Falta un mes y puede llegar a pasar algo que cambie las tendencias, pero la verdad se me antoja muy difícil que suceda. Incluso, toma en cuenta que ya va a empezar el Mundial y la gente se va a distraer un poco de las elecciones con lo cual las estrategias de campaña van a tener menos impacto. 

    Ricky Incredulín: – ¡No puede ser!

    Yo: – Ánimo Ricky, nosotros como sociedad civil vamos a ser un contrapeso ante su régimen. Ánimo que el mundo no se acaba, no llores. Vamos por algo de comer, ¿qué quieres?

    Ricky Incredulín: -¡Ya sé! Una torta y un Frutsi,

    Yo: – ¿Queeee?

    Ricky Incredulín: – Estaba bromeando, vamos mejor al McDonalds antes de que AMLO lo cancele.