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  • Hacen falta líderes en México

    Hacen falta líderes en México

    Fuente: Redshift

    En este mundo posmoderno, tan horizontal y tan «colaborativo» se piensa que los liderazgos ya no tienen mucho sentido. Que basta con que un grupo de personas que tienen algo en común se reúna para luchar por ciertas causas donde todos sean igual de importantes y todas las voces tengan el mismo peso.

    Este mecanismo, aplaudido por unos por ser «muy democrático» comparte también los defectos de una democracia «muy excesiva», como el hecho de que la capacidad de reacción ante alguna circunstancia pueda ser lenta y torpe porque ante cada eventualidad los miembros tienen que deliberar y ponerse de acuerdo. La falta de liderazgos también puede comprometer la cohesión del colectivo ante las diferencias que puedan existir entre los miembros, y por más numeroso sea ese colectivo, más dificultoso resulta poder mantenerlo unido sin algún liderazgo.

    No estoy sugiriendo ningún liderazgo vertical al que los miembros se tengan que someter. Por el contrario, los miembros tienen que legitimar a su líder y condicionar, por medio de esa legitimidad, a dicho liderazgo. Éste tiene que representar de la forma más fiel o aproximada, los intereses del grupo o colectivo. El líder tiene que conducir, pero también tiene que escuchar y tiene que saber hacer equipo. 

    Los liderazgos, se supone, deberían emerger cuando ellos hacen falta y cuando una comunidad dada no se encuentra satisfecha con el estado de las cosas.  

    Dicho esto, alguien tiene que levantar la mano. En México hacen falta líderes y hay una gran insatisfacción.

    Peor aún, cuando dentro de la política -de aquellos de quienes se dice están llamados a liderar a sus gobernados- el liderazgo es ausente, más apremia la necesidad del surgimiento de líderes que los pueda representar, si no por la vía formal, sí por la ciudadana. 

    Ante el gran vacío de liderazgo en el gobierno actual -un claro ejemplo es el gobierno de Peña Nieto quien no parece cargar al país en hombros en el conflicto con Donald Trump- algunos han levantado la mano.

    Pero no todos son líderes genuinos, algunos de ellos pretenden aprovechar la coyuntura y la ausencia de liderazgo para asumirse como líderes mesiánicos. Esto no solo ocurre desde la política sino desde la propia ciudadanía. Se trata de liderazgos que intentan capitalizar el descontento de la gente a su favor. Pero difícilmente podríamos llamarlos liderazgos porque no terminan por representar un liderazgo genuino, ellos no representan la voz del pueblo, sino que tratan de hacer que el pueblo adapte la suya propia. Ellos quieren seguidores, no formar nuevos líderes.

    Ante este contexto, el de la ausencia de liderazgos y de la abundancia de oportunistas, hacen falta aquellos que representen a aquellas personas que tienen la iniciativa pero que no han terminado de articularse. No son pocos los mexicanos que quieren un cambio, ni son pocos los que quieren hacer algo, pero en muchas ocasiones no cuentan con la plataforma para que éstos puedan actuar en conjunto y en este sentido un liderazgo, uno positivo, puede amalgamar a este conjunto de ciudadanos que quieren hacer algo por su comunidad o nación, que sí existen, que son más de los que pensamos, pero que son casi invisibles al estar poco articulados.

    Las organizaciones civiles son la muestra del potencial que tienen los liderazgos. A pesar de que éstas no necesariamente tengan un líder personal visible, el ser una plataforma que lucha por ciertas causas hace que mucha personas decidan colaborar y sumarse. Pero los líderes personales, que inspiren por su integridad, por sus valores y sus causas, no deben de verse como competencia de estas organizaciones. Por el contrario, por más flancos y más plataformas tenga el ciudadano a la mano, será mejor. 

    Todas las revoluciones -positivas- y las más grandes causas históricas están representadas por sus líderes. Ahí estuvieron Martin Luther King o Nelson Mandela representando a los suyos, los de raza oscura, que habían sido discriminados y relegados. Fueron buenos líderes porque fueron legítimos y, sobre todo, porque dejaron un legado. Pero su liderazgo no se puede entender sin aquellos que los acompañaron, aquellos que fueron parte de su causa y lucharon, aquellos que no fueron meros seguidores, sino que inspirados en los propios líderes, ejercieron una suerte de liderazgo en los suyos.

    ¿Quién será el mexicano que levante la mano? ¿Quienes serán los nuevos líderes que representen las causas, esas que tanto abundan ante una realidad tan imperfecta y poco apremiante?

    Lo peor que pudiéramos hacer es esperar a que eso suceda. Más bien deberíamos tener la iniciativa.

  • México no tiene líderes

    México no tiene líderes

    ¿Cómo está México hoy?

    -Cerebro, no seas negativo, tu ves el vaso medio vacío, pero si tuvieras una actitud positiva como yo la tengo, verías el vaso medio lleno ¡México se está moviendo! -¿Negativo? Pero si el vaso ni siquiera tiene agua, gíralo y verás que apenas le caen gotas.

    México no tiene líderes

    México está mal, eso es un hecho. «Hechos matan spots». Y México se está desintegrando. El claro ejemplo visto en Los Cabos donde la «solidaridad» estuvo ausente y donde los atracos y la rapiña abundaron. Sabes que México se desintegra cuando ves que un corresponsal de Televisa y otro de una agencia de noticias colaboran con la Tuta y le ayudan a lavar su imagen. Sabes que México se desintegra cuando en el Grito de Independencia ya no se escuchan los «vivas» y el Gobierno debe de mandar acarreados a la primera fila para que parezca que se apoya al Presidente.

    Y si se está desintegrando ¿Qué se debe de hacer? Muchos queremos que México cambie y mejore.

    Pero México ya no tiene líderes. Incluso la Tuta dentro de su comunidad es más líder que lo que lo es cualquier político para la sociedad en general. A México le hacen falta líderes que logren crear más líderes (y no seguidores).

    En la política antes los había, eran contados con los dedos de la mano, pero existían. No importaba si eran de derecha o izquierda, pero había quienes podían representar la voz de distintos sectores de la sociedad. ¿Quién del PRI es un líder para la sociedad? ¿Quién del PAN lo es? ¿Quién del PRD lo es? ¿Quién de los partidos chicos lo es? Me podrán mencionar a Andrés Manuel López Obrador, pero el tabasqueño ha perdido mucha lucidez y energía como para encabezar un liderazgo (otra cosa sería determinar qué tan buen líder es este personaje).

    Incluso los líderes de hace poco se han ido apagando, gente como Javier Sicilia que logró unir mucha gente a su causa está prácticamente desaparecido. Algunos otros como el Doctor Mireles están en prisión. Posiblemente el Gobierno actual le teme a los líderes y los busque inhibir porque por su naturaleza les representa una amenaza.

    Como no hay, entonces la sociedad se encuentra perdida. Y no hablo de un líder paternalista que se encargue de hacer el trabajo que los demás deberían de hacer, sino de un líder que contagie a los demás, que multiplique líderes, eso se está perdiendo en México y es muy grave. Porque un país sin líderes es muy proclive al autoritarismo.

    Nuestra sociedad tiene el síndrome de burnout, que es una consecuencia prolongada de estrés en el organismo ante los factores externos y que causa agotamiento. La sociedad está enojada pero la fatiga hace que no pueda canalizar su indignación, hace que se quede paralizada, que no pueda reaccionar. Y una sociedad paralizada y sin líderes es muy conveniente para el régimen, así tienen total libertad.

    Mientras, los narcotraficantes hacen lo que quieren, muchos se corrompen al por mayor, y ese Estado de Derecho al que aspirábamos para vivir dentro de un país civilizado en el cual pudiéramos confiar para llevar una vida apegada a las leyes que procurarían nuestro derecho es ya casi inexistente. Así de triste es.

    Pensar que el vaso de agua está «medio lleno» es iluso cuando menos. No se puede confundir la actitud positiva con la ingenuidad, y sólo un ingenuo pensaría que México está bien.

  • México necesita líderes cívicos

    Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.

    El trabajo que ha hecho Sicilia para transmitir su mensaje de paz ha sido árduo, ha recorrido toda la República, ha hablado dos veces con Felipe Calderón (donde Sicilia se ha topado con un muro inquebrantable) y ha sufrido asesinatos de gente cercana a él, como es el caso de Nepomuseno, aunándole la muerte de su hijo que fue el motivo para que el poeta dejara de escribir y se inclinara al activismo. Pero Sicilia no es un hombre hambriento de poder, quiere cambiar las cosas desde la civilidad, es un lider que mueve masas, pero no las manipula, no les ofrece algo a cambio, más que el concientizarlos sobre la situación de inseguridad que está viviendo el país.

    Es cierto, que los líderes cívicos necesitan tener cierta relación con el gobierno y saber manejar sus hilos de poder, mientras estos no sean penetrados por ellos. Así lo ha hecho Sicilia al reunirse con el Presidente en el Castillo de Chapultepec. Es cierto que los líderes cívicos, al darle completamente la espalda al gobierno, pierden influencia. Los líderes necesitan de él, pero para eso es necesario contar con el apoyo de su gente para poder incidir en las decisiones gubernamentales. Croe que solo de esta forma, se puede lograr una mayor cercanía entre el gobierno y el pueblo. Si los gobernantes no están dispuestos a acercarse, entonces el pueblo lo debe de hacer, y lo debe de exigir. Los líderes cívicos no solo deben estar representados en una sola persona, también pueden estar representados por ONG’s, organizaciones civiles, y redes ciudadanas, las cuales tienen la ventaja (que muchas veces el gobierno no tienen) de estudiar e informarse bien sobre las causas que defienden.

    A diferencia del «redentor», el lider cívico no se alimenta de una sociedad paternalista, por el contrario, reúne a gente que tenga una visión en común y quiera cambiar diversas situaciones que viva una sociedad conflictuada. El lider cívico no debe de formar solamente seguidores, más bien debe generar más líderes. Gente autónoma que trabaje por las mismas causas y que no dependan de un ente paterno para trabajar. En México hemos conocido muchos redentores, López Portillo, Echeverría, Vicente Fox, López Obrador, Peña Nieto, los cuales han enarbolado temas justicieros pero que al final lo que más les ha interesado es el poder. La ambición de un líder cívico (que no podemos negar su ambición como condición natural del ser humano) debe de ser el saberse agente de un cambio en pro de la sociedad y no una persona que ha acumulado poder y ha sido elevado en un altar, he ahí la pequeña gran diferencia entre esas dos figuras.

    Una de las tantas claves en el progreso del país es cambiar de los líderes paternalistas a los líderes cívicos. Y también, hago énfasis, en que la sociedad debería cambiar y asimilar dicho cambio como tal. No como alguien que les proveera beneficios, sino como un agente que los movera a que ellos busquen los cambios por ellos mismos.