Etiqueta: Legitimidad

  • ¿No es mi Presidente?

    ¿No es mi Presidente?

    ¿No es mi Presidente?

    En 2012 muchos decían que «Peña Nieto no es mi Presidente».

    En 2018 escucho a varias personas decir lo mismo de López Obrador. Dicen que «no es su Presidente», que «no los representa». 

    Algunos hacen matemáticas absurdas al restar los votos efectivos que ganó López Obrador a la población total del país: «Mira, la mayoría no estamos representados por AMLO». Eso, ignorando que gran parte del remanente de la población son jóvenes, niños y bebés que no están en edad de votar.

    La realidad es que formalmente sí es su Presidente y sí los representa. Pero no sólo lo es en la cuestión legal sino también si hablamos de lo que es justo. El Presidente fue elegido en las urnas por los mexicanos, y por lo cual, decir que «el Presidente no me representa» es una falta de respeto a quienes sí votaron por él, ya que lo hicieron libremente. 

    Reconocer que uno está representado por un Presidente no implica que se esté de acuerdo con él, no implica tampoco que se comparta sus valores o su ideología, menos implica que se tenga que chiflar y aplaudir. Por el contrario, se puede tomar una postura muy crítica. 

    Yo discrepo con AMLO en muchas cosas, pero reconozco que él será el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, y reconozco que Peña Nieto lo es actualmente, con todo y que creo que, si en México la justicia y las instituciones funcionaran bien, debería estar enfrentando algún proceso en su contra. Puede no representar mis valores, ni mis creencias. Pero a mí me representa formalmente ya que formalmente él es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y tiene, por ley, ciertas capacidades o facultades. 

    Decir: «no es mi Presidente» implica no reconocer la vida institucional de nuestro país. Es curioso ver que muchas personas adversas a López Obrador que lo criticaron por su «al diablo con sus instituciones» tomen una postura de no reconocimiento por el mero hecho de que el candidato no les gusta. 

    Pero peor para los que dicen «no es mi Presidente» es que para todas las demás naciones, nuestro Presidente es el que representa a nuestro país, él es nuestro interlocutor y él nos representa ante las instancias internacionales. Los mandatarios de otros países no van a hacer caso a quienes no estén legalmente habilitados para representarnos. Al único que tomarán en cuenta es al «Presidente que dices, no te representa» y a su comitiva. 

    También es absurdo decir que «no me representa» porque la mera representación implica que el Presidente debe de ser responsivo hacia los ciudadanos. Si el Presidente representa a los ciudadanos es porque tiene la obligación tanto formal como ética para gobernar para sus ciudadanos. Así como, en lo formal, el Presidente representa a los ciudadanos, en el mismo sentido éste debe de velar por los intereses del país y de quienes forman parte de él. El Presidente tiene derecho a representar a los ciudadanos porque éste fue elegido por la mayoría (sea relativa o absoluta) de ellos. Así es como el Presidente obtiene legitimidad por parte de la ciudadanía, unos lo eligen, los otros no, pero reconocen que sus pares (que son más) decidieron elegirlo. 

    Decir «no es mi Presidente» es un acto antidemocrático, ya que eso implica que sólo se va a reconocer al candidato que me gusta. Implica decir que mi intención de voto es la que debe de ser válida y no las intenciones de voto diferentes a la mía. 

    Por eso, aunque tengamos una postura muy crítica e incluso adversa (lo cual es legítimo) eso no implica que no se deba reconocer quién es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. La misma crítica se sostiene sobre el hecho de que, anteriormente, se ha reconocido, que dicho Presidente ha sido reconocido como tal.

    Tenemos un Presidente, y es el que formalmente representa a nuestro país y a los ciudadanos. 

  • Insurrección Mexicana

    Insurrección Mexicana

    Creo que estamos lejos de la posibilidad de una insurrección en México, tal y como ocurrió en Egipto y Siria. Pero a la vez estamos algo más cerca que antes, y hay señales de alerta que si no se escuchan, podrían llevar el descontento actual a otros niveles. Hace más de un año comenté que México era una olla de presión, e incluso hablé de los riesgos del regreso del PRI de Peña Nieto a la Presidencia. Cosa que sí ocurrió.

    Insurrección Mexicana

    La manifestación de un agravio puede salirse de control, en tanto vaya generando masa crítica, con lo cual su crecimiento puede ser exponencial. Y tenemos que entender las inconformidades de los ciudadanos (no sólo quienes están en la calle, sino en sus casas) como el reflejo de un problema más profundo. Por esto, los gobiernos autoritarios, cuando las cosas se salen de control, tienden a establecer una represión férrea, o un adoctrinamiento, pensando en que la manifestación de las inconformidades es el problema y no la causa, la cual en realidad, valga la redundancia, es otra más profunda (o bien, no quieren atacar la causa por tener intereses en ella). Pero la naturaleza seguirá mandando esos impulsos, en tanto ese problema de fondo no se resuelva.

    Una insurrección está lejos, pero el gobierno de Peña Nieto ha dado un paso más hacia esa posibilidad. Y por eso, en parte la Reforma Hacendaria fue creada de forma tal en evitar la posibilidad de dar otro paso más. Se entiende que los gobiernos tienen que asumir costos para lograr avances, y posiblemente la evaluación de los maestros es uno (como mencionaba, avance no suficiente para poder ser considerado como una Reforma Educativa). La forma en que el gobierno de Peña ha manejado la situación, ha creado riesgos. Primero al negarse a un verdadero diálogo con los presuntos afectados, lo cual en parte creo una manifestación que dejaron crecer y terminó afectando a terceros (quienes no solo repudiaron a la CNTE, sino a Peña Nieto). Y que si bien, lograron desalojar el Zócalo, el movimiento sigue presente, y no se ve cuando se pueda apagar.

    Eso es lo más visible. Pero tenemos que hablar de la legitimidad del gobierno. La legitimidad no sólo está dada por la legitimidad electoral, sino por el actuar, o aparente actuar del gobierno. Un ejemplo es Carlos Salinas, quien a pesar de las fuertes acusaciones de fraude, logró atraer legitimidad hasta que dejó la Presidencia. La estrategia electoral de Peña Nieto (el candidato güapo, estrella de Televisa) que fuera una ventaja, termina siendo todo lo contrario ya estando en la silla presidencial. Las insurrecciones se alimentan de la ilegitimidad de los gobiernos por parte de un considerable sector de la población. Y en lo que concordamos es que Peña Nieto no tiene legitimidad, lo cual quedó patente en el Grito de Independencia, que fue el más desolado de hace muchos años, en un Zócalo a la mitad envuelto en rechiflas que ni los medios pudieron ocultar.

    Lo que me vino a la mente al ver el grito en estas circunstancias, con la cara de algunas de sus hijas preguntándose que pasaba, era un sentimiento de lástima, de un Presidente que se ha quedado sólo y que prácticamente sólo es apoyado por sus huestes y algunos de sus partidarios. A un mandatario lo pueden amar, odiar, criticar, linchar, pero nunca se le puede tener lástima. La figura del Peña visto como marioneta, como intelectualmente limitado, coloca su legitimidad muy por debajo, y por más inteligentes puedan ser sus asesores y cercanos, él es quien da la cara por todo el gobierno.

    En un país tan desigual como México, con un gobierno con serios problemas de legitimidad (sobre todo por parte de la dormilona y pasiva pero ya no tanto clase media), y con manifestaciones en contra crecientes, se puede sembrar una posibilidad de una insurrección si bien es lejana, tampoco es tan descabellada. Habría que analizar muchos factores, la fuerza del ejército contra la de civiles, etc. Paradójicamente, hasta ahora, la figura antagónica encarnada en Andrés Manuel López Obrador, visto como un contestatario de los sectores más radicales (aunque un niño con una paleta comparado con la CNTE), ha colaborado para no dar pasos más hacia esa posibilidad, sobre todo por la retórica de la manifestación «pacífica» hacia sus masas. También se deberá ver el papel que juega la oposición como contrapeso para evitar un escenario difícil.

    Lo que está sucediendo en el país, es muestra de un sistema que ya no se puede sostener. Un sistema tan desigual, donde varios de los jugadores no quieren romper con un pasado que ahora termina siendo una dura fricción. Un PRI que osa comportarse como antes e ignorar a sus gobernados, una clase baja todavía dependiente del gobierno, maestros que no quieren soltar sus plazas aunque ello signifique la mejora en la calidad de la educación. Y dado que tenemos un sistema obsoleto, es necesaria cierta turbulencia para enderezar la nave. Pero la recitencia al cambio podría generar una fricción mucho mayor, la pérdida de privilegios, el tener que soltar con el fin de buscar un bien colectivo en vez de uno individual o de un pequeño grupo.

    ¿Sería buena una insurrección? En mi punto de vista no, sobre todo porque la historia ha mostrado que las insurrecciones violentas no siempre conducen a un escenario mejor. Pero sí es señal para que las autoridades, gente de poder (algunos empresarios, políticos, líderes sindicales) se den cuenta que ya no pueden vivir al amparo de un sistema que se está quebrando. Para que se den cuenta que el resultado de ese experimento malogrado llamado México, es parte gracias a sus acciones (sin quitar responsabilidad al ciudadano de a pie, que por ser ciudadano, tiene una responsabilidad), y para que TODOS nos demos cuenta, que no podemos seguir viviendo en un orden de las cosas (o desorden) insostenible.

  • ¿Por qué no le creo a Peña Nieto?

    ¿Por qué no le creo a Peña Nieto?

    Le decía a un amigo mío que da terapia familiar, -Cuando critican a Peña Nieto en las redes sociales, no es que lo critiquen a él, sino a lo que representa. Me responde, -No, es él, es él, míralo, míralo.

    ¿Por qué no le creo a Peña Nieto?

    Para decir cosas, uno debe tener autoridad moral con el fin de que «esas cosas» tengan credibilidad. Después de detener a Elba Esther Gordillo (me causa gozo verla detrás de las rejas, pero eso no legitima, en mi percepción, al gobierno, por obvias razones), Enrique Peña Nieto sale en cadena nacional para decir que nadie puede estar encima de la ley. ¿Tu pondrías confianza en alguien que te grita, imbécil o pendejo, constantemente? A mí, y a muchos ciudadanos con sus acciones nos han dicho eso, imbéciles, pendejos (y los memes en las redes sociales se entienden como una respuesta a esos insultos) ¿Debo creerles después de que me hayan insultado?

    No le creo a Peña Nieto. El que haya metido a la cárcel a Elba Esther Gordillo (movimiento político al fin) no anula el hecho de que compraron votos y usaron la voluntad de la gente, que con la Cruzada contra el Hambre quieren agrandar su clientela electoral (se aplicará en los municipios donde  habrá elecciones) cancelando la posibilidad a los pobres de salir adelante generando, y ampliando una relación de dependencia entre individuo y gobierno, no anula el uso de instituciones como el IFE y las amenazas para absorber al IFAI, no anula el hecho de que amarran contratos con empresas que ya habían defraudado a Pemex. Y nos dicen que nadie puede estar encima de la ley, con la excepción de ellos mismos.

    Tengo una bizarra admiración del oficio del gobierno actual, de la inteligencia tricolor que paradójicamente contrasta con la limitación intelectual del Presidente. Firman un Pacto por México, acaban con Elba Esther Gordillo (otrora amiga de ellos y creada por ellos). Se comprometieron a firmar una reforma educativa, que al final es pequeña, que prácticamente solo toca cierta profesionalización de los maestros, ¿avance? Sí, pero faltó mucho más, y es lo suficientemente insuficiente para romper las estructuras corporativas, la caída de Gordillo no garantiza nada, sino hay un cambio estructural llegará otro, o el gobierno utilizará el magisterio como botín político . Con Enrique Peña Nieto habrá apertura de medios, sí, con él, paradójicamente entrarán nuevos competidores al área que solo pertenecía al duopolio ¿Pero qué creen? Esa decisión fue tomada antes de la llegada de Peña Nieto, El dúopolio cedió a las peticiones de la Cofetel a cambio de poder incursionar en el terreno de las telecomunicaciones, que a largo plazo es un jugoso negocio en contraposición de la TV abierta cuya influencia será cada vez menor, es una decisión empresarial, no democrática. Pero los priístas lo venderán como sus logros, buscarán callar críticos con verdades… a medias, por eso mi admiración.

    La integridad es importante para mí, y no soy mocho, no soy persignado. Pero los principios de las personas hablan de como serán en el poder. No puedo esperar a una persona íntegra en aquel individuo que procreó varios hijos con diferentes parejas durante su matrimonio (aclaro, que sí, uno se puede equivocar, pero uno espera que esa persona enmiende sus errores y Peña está lejos de eso) y que no sepa decir frente a las cámaras de qué murió su esposa (en Estados Unidos, país más liberal que el nuestro, sería hombre muerto). No puedo esperar nada de una persona que no tiene principios ni creencias, que no los ha mostrado en lo absoluto. Incluso han existido dictadores autoritarios que dentro de toda su estructura intolerante, dejaban ver una escala de principios. Peña no los tiene, no es nada, es un pobre hombre,  y pareciera que no es consciente de ello, o bien, que se siente orgulloso de ello.

    ¿Podrán aplicar políticas que ayuden al país? Puede ser, no estoy cerrado a que algunas de sus políticas produzcan un beneficio a la nación. Pero el fin último parece ser, es el poder. Todos los políticos buscan poder, pero los políticos con principios, en esa búsqueda, se molestan en hacer algo por su nación, Peña Nieto no los tiene y eso es lo más preocupante.

    No puedo esperar un nuevo PRI cuyos integrantes están íntimamente relacionados con el gobierno de Salinas, ese que hizo que parientes y conocidos míos perdieran su patrimonio por medio de una crisis debida en gran medida a la corrupción. Se podría dar el beneficio de la duda si nos hubieran pedido perdón, no lo hicieron, más bien se rieron de nosotros. Si permitieron que eso ocurriera es porque sus intereses fueron antepuestos al desarrollo del país, entonces ahora puedo esperar que vuelvan a anteponer sus intereses. El PRI es el mismo, autoritario, jerárquico, corrupto, eficaz (hay que ser sinceros, y logran ser más eficaces que la oposición, sea para bien o para mal), de lealtades marcadas (más notorias que en cualquier otro partido) antidemocrático.

    Soy una persona imperfecta, y he cometido errores como cualquier ser humano, pero los he reconocido y trato de no cometerlos de nuevo, pero me creo una persona honesta, que se conduce en su vida rectamente. No soy una persona casada con algún partido político, en 2006 voté por Felipe Calderón, en 2009 anulé, en 2012 voté por López Obrador, incluso voté por un priísta en mi municipio, más por la persona que por su partido (no me arrepiento de ninguna de mis decisiones aunque haya cosas que no me gustan de ellos, y si me equivoco me viene valiendo un reverendo cacahuate). Pero sí estoy convencido de lo que no quiero. Y si un político que se acerque a lo que creo que se debe tener, sería alguien con dotes de estadista, con creencias puras, con un deseo por contribuir, con antecedentes decentes, que muestre confianza, que la gente le tenga respeto (ojo, respeto, no miedo). Entonces llegamos a la conclusión de que la antítesis directa de mi político modelo es Enrique Peña Nieto, ese pobre hombre, ese pobre político que desafía la máxima de Hank González. Peña Nieto es un pobre político, pero no es, un político pobre, bueno, en el aspecto material.

    El cambio verdadero posiblemente no está en López Obrador, ni tal vez Josefina haya sido tan diferente. Pero al menos estos dos, asumiendo yo que no son los políticos que necesita México de lejos, tenían decencia. Tenían ideas (qué podemos estar o no de acuerdo con ellas), había algo de creencias dentro de ellos dos. Con Peña no.

    No tengo de ninguna forma el placer de desear mal a Peña Nieto, incluso desearía que me callara con el ejemplo. Desearía que Peña Nieto fuera otra cosa. Más bien es molestia, coraje, porque deseo ver a mi país salir adelante y lo veo en un círculo vicioso. Porque de verdad, somos una nación que tiene la capacidad de ser un país desarrollado, y no tanto por los recursos naturales, sino por su gente, pero seguimos estancados. Yo me puedo comprometer a poner mi grano de arena para hacer de México un país mejor.

    Por cierto, no pueden venir a decirnos que «el cambio está en uno mismo» porque para predicar con el ejemplo, deberían cambiar ellos mismos.

  • Peña Nieto se desinfla

    Peña Nieto se desinfla

    Cuando arribas a la presidencia acarreando una crisis de legitimidad, es importante asestar un golpe mediático para ganar ya no legitimidad, sino credibilidad. La estrategia no solo debe de existir, sino que se tiene que hacer bien para lo cual deben tomarse en cuenta todas las variables.

    Peña Nieto se desinfla

    Peña Nieto había empezado bien, muy bien. Me atrevo a decir que desde por ahí de septiembre (ya con la elección validada) hasta el primer mes de su gobierno, tanto él como su equipo lograron ser prudentes y las inconformidades solo salieron a flote cuando tomó posesión (que era bastante natural que ocurriera). A Peña lo guardaron, lo entrenaron muy posiblemente como tuvieron que hacer con Sarah Palin en los Estados Unidos. Como comenté una vez, Peña Nieto es una persona muy disciplinada y gracias a eso logró dar un buen discurso de toma de protesta que por algún momento redujo sus negativos.

    La estrategia inicial fue muy buena. Se firmó el «Pacto por México» el cual tuvo un muy buen efecto mediático, y posiblemente serviría para contener a la oposición (recordemos que el PRI es un partido con mucho oficio, al punto que deja ver como ingenuos a los opositores). Se hizo todo un espectáculo en torno a la firma de ese pacto, fotografías en el Castillo de Chapultepec y demás. Algunos, a pesar de que sabíamos que esto tenía que ver con un golpe de legitimidad, lo vimos bueno porque pensamos que su gobierno iba a ceder a cambio de ganar credibilidad y de alguna manera podríamos ver avances.

    A partir del incidente del IFAI, creo que esta estrategia se ha comenzado a desplomar y tendrían que empezar desde el principio en el mejor de los casos. El no saber las siglas de este instituto (que a fin de cuentas es lo que menos debía de preocupar si se toman en cuenta las demás cosas) creó la percepción de que les importaba un comino la transparencia. El gobierno de Peña en una conferencia sobre transparencia se terminó viendo más opaco, porque censuraron sin éxito la mayor cantidad posible de videos de Youtube exhibiendo al Presidente (los usuarios se vieron más rápido). No solo terminó viéndose Peña como tonto a juicio de los espectadores, sino como tonto y censor. Pésima fue la decisión de declarar su patrimonio sin declarar su valor y de donde provenían los dineros. Peña declaró bienes que no alcanzan a adquirirse con el sueldo de un servidor público por más alto sea su rango. Aseveró que varios de sus terrenos eran donaciones, lo cual más que ayudar, terminó preocupando a muchos, y tuvo suerte de que, como decía Silva Herzog, los medios no le dieran la importancia que merecía ese hecho.

    El asunto de Florence Cassez parecía no afectar mucho a su imagen (empezando porque los principales responsables eran Genaro García Luna, la AFI y las televisoras), pero el tema de Monex terminó por echar abajo ese buen inicio que había tenido. Se comenzó a afirmar en redes que lo de Cassez era una cortina de humo (aseveración que incluso fue usada por panistas como el propio Madero) para desviar la atención del asunto de Monex. Los presidentes del PAN y PRD hicieron declaraciones que pusieron al gobierno en un asunto delicado, afirmaron que el PRI estaba cooptando al IFE y al IFAI, lo cual podría significar una regresión para la vida democrática.

    El tema no paró ahí. El IFE decide sancionar solamente a López Obrador por el rebase de los topes de campaña, lo cual fue tan inverosímil que no solo los perredistas y afines a AMLO gritaron, también lo hicieron los panistas y una gran parte de la población que no simpatiza con AMLO. Toda la oposición (PAN, PRD, PT, Morena etc.) puso en entredicho duramente al IFE, incluso hubo amagos para no seguir con el Pacto por México. Esa credibilidad que ganaba Peña Nieto en el primer mes, la volvía a perder en cuestión de una semana. A pesar de la complicidad de algunos medios con el oficialismo, en muchos mexicanos quedó el mensaje del «regreso del PRI hegemónico».

    Es cuestión de que ocurra un incidente, por más pequeño que sea, para que un sector de la población critique y se mofe del Presidente en redes sociales (como nunca antes se había visto en la historia del país). La credibilidad de Peña y su gobierno es tan baja en las clases medias, que dentro de nuestro afán de crear teorías de la conspiración (que en este caso no comparto) algunos ya culpaban a Peña Nieto de perpetrar un supuesto atentado en Pemex, bajo la premisa de -El PRI en la historia ha hecho esas cosas, entonces fue el PRI-.

    En lo particular, creo que los priístas tienen un reto mayúsculo. Veo difícil que la gente en un corto o mediano plazo cambie el concepto que tienen de Peña Nieto. Lo malo para ellos es que varias de las estrategias mediáticas ya son usadas y ya son conocidas, la cosa se agrava cuando el gobierno actual parece no entender bien la dinámica social actual, especialmente en una juventud usuaria de redes sociales. Porque no solo las realidades que se quieren ocultar se viralizan en las redes sociales, sino porque algunas veces se llegan a exagerar y a gente las toma como buenas. Pareciera que metieron todo el fuego al asador este primer mes y no funcionó. ¿Qué estrategia tendrán que usar ahora para recuperar credibilidad? Creo yo que estos primeros meses o años inclusive van a ser difíciles y van a tener que tratar el asunto con pinzas. Las virtudes del Peña Nieto en campaña se convierten en defectos, y parece que si bien sirvió mucho como candidato tal vez no funcione muy bien como Presidente. Porque no sé si el país pueda soportar un nivel de tensión y desprecio como el que se sintió esta semana. Van a tener que hacer algo, y para mí la solución es fácil si el objetivo es mejorar su imagen, y esa es, ponerse a gobernar bien, en un marco democrático y respetando las instituciones. El problema es que parece que ese no es el último fin y esta estrategia no serviría para el fin real.

  • El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    Decían que Peña Nieto no usaba chicharito en los debates, pero aquí está practicando para cuando el TEPJF lo nombre Presidente de la República:

    El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    El fallo del tribunal con respecto a las elecciones se dará hoy jueves. Pero a pesar de las expectativas, ya sabemos cual será el fallo y no será ninguna sorpresa. Es evidente la postura de las «instituciones», más cuando dicen no haber visto ninguna irregularidad en torno a la publicidad encubierta de Televisa a Peña Nieto que «todos los mexicanos vimos». Todas las impugnaciones del PRD, y también algunas presentadas por el PAN han sido rechazadas por motivos, en algunos casos, realmente absurdos. Cierto es que a varias de las impugnaciones del «Movimiento Progresista» les hace falta sustento y son endebles (nada más ver el patético caso del zoológico de animales que montaron en el «expo-fraude»), pero es cierto que otras son más contundentes, y la postura de las instituciones electorales ha dejado mucho que desear. Los únicos casos que siguen supuestamente sobre la mesa, pero que son los más graves, son los que tienen que ver con Monex y Soriana (Que Peña Nieto dice que este último año es un montaje, pero vaya que ya algunos conocidos míos fueron testigo de esa compra de votos), y de los cuales no hemos sabido mucho, y esperamos que sea cual sea el fallo, el TEPJF nos explique claramente este asunto, y no vengan con que: «quesque tardaría meses en saberse».

    ¿Estallido Social?

    Jesús Zambrano, el Presidente del PRD hace unos pocos días advirtió al TEPJF que si no se anulaban las elecciones iba a haber un estallido social, por lo que veo, esto se interpretó como una amenaza por algunos, pero por lo que entiendo más bien fue una advertencia de lo que «podía pasar», aunque no dudo que en los sectores más duros de la izquierda (alguno del PT) no les caería tan mal esa opción. Lo que dice Jesús Zambrano (que por cierto, es de la corriente de los chuchos, y por ende, del ala más moderada del PRD) no es falso. La posibilidad existe, y solo falta dar un paso en falso para desencadenar un conflicto. En 1988 ante el fraude de Carlos Salinas, varios ciudadanos les dijeron a Cuauhtémoc Cárdenas: -Danos las armas, danos las armas. Cuauhtémoc tranquilizó a sus huestes. En un posible fraude en el 2006, López Obrador pidió luchar por la vía pacífica (claro, cerraron avenidas importantes, causaron mucho tráfico del que por sí ya sufre la Ciudad de México, pero eso sí, no rompieron ni un solo vidrio), ahora no sé si un sector de la población esté dispuesto a mantenerse en el pacifismo.

    Una parte de la sociedad se siente agraviada, y creo que el coctel es más peligroso que en el 2006. Porque una cosa es el PAN y otra cosa es el PRI, partido que simboliza la corrupción, despilfarro y fraudes electorales. Muchos no pueden siquiera contemplar a un «presidente electo» que ha presentado un proyecto de nación salinista (ya saben por qué), que es responsable de los agravios de Atenco, y que está rodeado de las personas más corruptas del PRI. Menos tolerarán a un «presidente electo» promovido sin escrúpulos por parte de Televisa, con un nivel cultural vergonzoso, y que incluso en su vida personal muestra preocupantes rasgos de autoritarismo y una profunda escasez de valores morales y éticos. Yo no justifico de ninguna manera la violencia (a menos que sea en defensa propia), pero si ocurre algún conflicto fuerte, de ninguna manera serán responsables únicamente quienes lo hayan iniciado. Quienes han bebido de la ubre del país en beneficio de sus intereses por supuesto que tendrán también una gran responsabilidad si algo así llega a pasar.

    La legitimidad de Enrique Peña Nieto

    Otra cosa que me preocupa, y que tiene que ver de alguna forma con lo segundo y que acabo de comentar, es la poca legitimidad con la que llegará Enrique Peña Nieto al poder, y me preocupa, porque precisamente eso será un handicap a la hora de querer construír (o simular construir) un «Estado Eficaz». Algunos Presidentes han logrado sortear su legitimidad mostrando una personalidad fuerte, contundente, y claro, llevando a cabo el clásico «quinazo». El problema es que gran parte de la población, como ya lo comenté en otra ocasión, no lo bajan de pendejo.

    Se las voy a poner de este tamaño. La mayoría de los mexicanos cree que Enrique Peña Nieto hizo trampa en las elecciones (en español, hubo fraude). Ya hay un primer estudio de Covarrubias y Asociados (que por cierto, fue de las encuestadoras que acertó en el resultado de la elección). Este estudio curiosamente no fue abordado por casi ningún medio, pero está publicado en la página web de la casa encuestadora. Dice que el 47% de los mexicanos creen que Peña Nieto ganó con trampa, mientras que un 37% ganó limpiamente (mucho más alto que el 30% que afirmó en 2006 que Calderón ganó con trampa) y el 16% se abstuvo de opinar. La encuesta muestra una mayoría relativa de personas que creen que las elecciones fueron fraudulentas, pero si solo el 3.01% de los encuestados que no quisieron opinar, creen que Peña ganó con trampa (muy probable que así haya sido), entonces ya podemos decir que una mayoría absoluta considera que Peña Nieto hizo trampa para llegar a la Presidencia. Aunque es curioso que solo poco más del 30% pida que se anulen las elecciones.

    El problema para Enrique Peña Nieto es que no solo son los que votaron por AMLO quienes dudan de su legitimidad. AMLO ganó aproximadamente el 30% de los votos, mientras que los que creen en la ilegitimidad del triunfo de Enrique Peña Nieto son el 47%. Y hay que recalcar una cosa, el 30% de los votos de AMLO es en base a los electores que votaron, mientras que el estudio de Covarrubias, se levantó a personas adultas sin importar si votaron o están empadronados. De esta forma podemos llegar a la conclusión de que de ese 47%, más del 20% no votaron por López Obrador; incluso quizá la mitad.

    ¿Y los panistas?

    A los panistas no los entiendo. Parece que quieren dar una imagen de institucionalidad, pero ni entre ellos se ponen de acuerdo. Parece que algunos (los más apegados a Calderón) casi casi nos dicen que las elecciones fueron limpias, pero están aquellos otros, más cercanos a Madero o a Javier Corral, que hablan de irregularidades muy fuertes, e incluso están de acuerdo con el PRD en casi todas las impugnaciones (empezando con el asunto Monex). Luego, en lo informal, fuera de medios parece otra cosa. El Secretario General Adjunto del CEN del PAN, Tomás Trueba (caray, lo tenía ya meses en el Facebook y no sabía que tenía un puesto tan importante), al cual le mostré este estudio, me dice que efectivamente Enrique Peña Nieto ganó con trampa, y que estaba muy molesto porque el TEPJF exoneró a Peña Nieto y a Televisa por el asunto de la publicidad.

    No sé que busca el PAN. Parece que algún día quiere estar de un lado y luego de otro; y creo que eso no va a ser bueno. Que por cierto, cuando hablamos de las «reformas estructurales que México necesita» existe el PRIAN. Pero cuando hablamos de asuntos de democracia «se arrejuntan con el PRD», y es que yo en lo personal noto, una seria preocupación de los panistas por una eventual regresión al autoritarismo. Gustavo Madero en su cuenta de Facebook se muestra preocupado porque los «medios» ya no dicen nada del problema de los homicidios en el Estado de México.

    Por cierto, los ciudadanos «más de derecha» se identifican más con el PRI que con el PAN. Si se toma en cuenta ese término en base a la preservación del «Status Quo» por supuesto que el PRI sería más derechista que el PAN.

     

     

  • El duro camino de Peña Nieto a la presidencia

    El duro camino de Peña Nieto a la presidencia

    Televisa, Luis Videgaray, y Carlos Salinas tendrán una difícil tarea: Poder mantener en buen estado al «títere» dentro de la presidencia. Un hilo que se rompe, un presidente que se cae.

    El duro camino de Peña Nieto a la presidencia

    Es casi seguro que las instituciones darán el fallo a favor de Enrique Peña Nieto, no solo porque las pruebas de López Obrador no son lo suficientemente contundentes legalmente hablando (la compra de votos en cantidad es algo muy difícil de comprobar) sino porque, sin querer llegar a la paranoia, veo un sesgo de las «instituciones» a favor de Peña Nieto, como la irrisoria decisión de afirmar que no hay pruebas de que Televisa hizo propaganda encubierta en su favor (pruebas que todos los ciudadanos tenemos en la mano al haber visto durante más de 6 años como promocionaban en demasía al candidato).

    Dentro de todo esto hay algo seguro, la presidencia para Peña Nieto será algo muy difícil, y más si quiere volver a gobernar como antes (tomando en cuenta que en el Estado de México gobernó «como antes»). ¿Por qué digo esto? Peña Nieto llegará con un tufo de ilegitimidad muy alto. Los que dudaban de la legitimidad de Calderón en el 2006 eran poco más del 30%, y eso fue suficiente para que esto fuera una carga, que determinó hasta cierto punto el rumbo de la presidencia. En el caso de Peña Nieto todavía no aparece algún estudio que revele que porcentaje de la población duda de su legitimidad, pero me atrevo a decir que es más alto, más de la mitad de la población. Ante la falta de un estudio profesional, decidí hacer una encuesta en varias redes sociales (que al momento de escribir esto está en curso), que si bien no puede representar cabalmente la opinión de todos los ciudadanos, si nos puede dar una idea, y es que en este estudio, la mayoría de las personas que votaron por López Obrador o Josefina Vázquez Mota, creen que las elecciones fueron fraudulentas (más en lo que tiene que ver la compra de votos, que en el proceso electoral); esto seguramente será un lastre para Peña Nieto, más porque tampoco hay forma de comprobar «que no lo hizo» y porque muchos ciudadanos conocen de viva voz algún caso relacionado con la compra de votos.

    A diferencia de Carlos Salinas en 1988, Peña Nieto llega con una pésima imagen de su persona. En los gobiernos del PRI, siempre se presentaba a un Presidente omnipotente, paternalista, dadivoso, el Presidente era «El Presidente», al cual se le tenía mucho respeto (miedo). Y el problema es que para la mayoría de la población, (discúlpenme por las palabras pero así lo describen) Peña Nieto es un pendejo, y un títere; lo cual daña mucho su imagen en aras de buscar ser «El Presidente». La población ante la frustración de ver un personaje así en la Presidencia, como una forma de catarsis, buscará al menos, esperar que cometa errores (que seguro lo hará) para burlarse de él, algo así como lo que sucedió con George W Bush en los Estados Unidos.

    Ante esta situación, podría estar la posibilidad de llevar a cabo un quinazo. Para quienes no sepan que es esto. Es una tradición donde los presidentes que llegan con dudas sobre su legitimidad o capacidad al poder, llevan a cabo algún acto para recobrar la legitimidad. Carlos Salinas lo hizo al meter a la prisión a «La Quina», Ernesto Zedillo al meter a prisión a Raul Salinas, y Felipe Calderón al declararle la guerra contra el narcotráfico. Pero esto incluso será difícil porque Peña Nieto tiene compromisos con aquellos personajes de dudosa procedencia que podrían ser candidatos. Uno podría pensar en Elba Esther Gordillo como la opción más fuerte, pero ella misma ya está pensando en dejar el sindicato. También ciertamente cada vez más gente ya conoce esta tradición y por lo mismo, si Peña Nieto llegara a meter a la cárcel a alguien, o regresar la seguridad al país (pactando con los cárteles), muchos pensarán que efectivamente, fue un quinazo y le restaría fuerza a dicha acción.

    Peña tendrá una Presidencia muy difícil, porque quiere regresar al pasado y ya lo empezó a hacer con la censura de los periodistas que hemos visto. Pero ante alguna eventual mala decisión que afecte a la ciudadanía, el mundo podría venírsele encima. Siempre he dicho que México es una olla de presión a punto de explotar, y al dar un paso en falso, a Peña Nieto le podría explotar, sí, en la cara. Y podríamos ver, no sé, a Marcelo Ebrard tomando posesión, tal vez no en el 2018, sino antes.

    Por cierto como off-topic. Si algo me da un poco de aire, es el ver a Manlio Fabio Beltrones como coordinador de su bancada en la Cámara de Diputados. No es que me termine de simpatizar este personaje, y de que tiene cola que le pisen, la tiene. Pero es de los muy pocos priístas en haber metido propuestas (sobre todo cuando estuvo en el senado) que coadyuvaran en el crecimiento de una incipiente democracia.

  • Pobre Presidente

    Más que el evento y el texto del mensaje con motivo del V Informe de Gobierno de Felipe Calderón, mismo que se convirtió en un acto de juicios, reclamos y justificaciones; la entrevista que el periodista Joaquín López Dóriga le hizo previo al mensaje del informe, revela de forma muy clara la soledad, el enojo y la intolerancia de un presidente que previo a su último año de gobierno, se siente incomprendido cual mártir.

    Odia que juzguen su sexenio por el tema de la inseguridad, maldice el juicio de la historia que él y sus decisiones han construido con ahínco. Le incomoda no poder hacer nada para cerrarle la boca a Vicente Fox. Repite y repite que es un “demócrata” y que le gusta la libertad de expresión, aunque admite que le molestan los excesos de libertad y crítica hacia su gobierno. Se siente incomprendido y abrumado por el desprecio social, ¡Pobre presidente!

    Dice sentir tristeza por las víctimas inocentes caídas en su propia guerra, pero para él, hay de inocentes a inocentes (no todos son iguales). Le entristecen las víctimas del ataque al casino Royale en Monterrey, pero “más me duelen” (palabras textuales) los policías federales, los marinos y los soldados caídos “en cumplimiento de su deber”.

    Siente que él, es el presidente que “más ha dialogado” con la sociedad mexicana y los movimientos sociales. Se dice un “transformador” pero no admite que sus transformaciones, tienen cinco años llevándonos a un profundo deterioro social. Se dice “el presidente más criticado en la historia del país” y siente que las críticas son injustas y en muchas ocasiones infundadas, ¡Pobre presidente!

    Justifica en todo momento su guerra con historias de policías y ladrones. Dice que ceder la plaza “a los criminales” nos hubiera llevado al envilecimiento de la sociedad, administrar la ilegalidad y simular la justicia. Parece que el Presidente no observa lo envilecida que está la sociedad que gobierna (con o sin crimen organizado).

    Calderón se ha encargado de construir un país con muchas heridas y una sociedad en donde la polarización y los estigmas nos enfrentan entre nosotros. Al presidente Calderón le duele él mismo. Le lastima nunca haber podido legitimarse. ¡Pobre presidente!, “nadie lo respeta”. Que penosa es su ausencia de autocrítica y que lastimoso es verle con tantas actitudes de intolerancia y desprecio. Cuando estaba en campaña, le gustaba llamarse “el hijo pródigo”, hoy, le gusta sentirse “el hijo incomprendido”. No es que le disguste el poder, lo que le disgusta es gobernarnos a nosotros y hacer como que nos escucha. ¡Pobre presidente!

    Calderón cerrará su último año de gobierno disgustado con sí mismo, pero más, con quienes nos atrevemos a cuestionarle. Terminará su sexenio con la sombra de la alternancia y con una permanente sensación de incomodidad y molestia. ¡Pobre del presidente!