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  • El final de Lagrimita

    El final de Lagrimita

    En política quienes salen perdiendo son los que no saben de política y quienes no tienen experiencia en ella. Los políticos conocen los juegos de poder, saben tejer relaciones, saben manejar intereses, porque es lo que siempre han hecho, y es lo que mejor saben hacer. Cuando una persona que no tiene relación con la política entra indirectamente a participar en ella, es quien tiene mayores posibilidades de perder. Y eso es lo que pasará con Lagrimita, cuya carrera, después de este penoso show, sufrirá un duro golpe.

    El final de Lagrimita

    Creo que ahora ya queda claro que la candidatura de Lagrimita es una estrategia del PRI para golpetear a su opositor Enrique Alfaro en Guadalajara. Todos incurren en esas prácticas, los priístas, el mismo Enrique Alfaro (sobre todo en redes sociales). Y si el PRI invitó a Lagrimita (quien es muy amigo de Eruviel Ávila) naturalmente preferirá que quien salga más afectado sea Lagrimita a que sean ellos mismos. Ellos tienen la experiencia, se saben las mañas, saben como jugar. Lagrimita no.

    La estrategia del PRI no fue lo suficientemente buena al punto en que todavía no ha arrancado la campaña y Lagrimita ha quedado evidenciado. El payaso ha hecho lo posible por denostar a Enrique Alfaro, lo cual más que perjudicar a éste último, sólo ha evidenciado para quien trabaja. Los tricolores lamentará que esta estrategia no haya resultado como ellos querían, pero nada más. La gente los criticará (en especial aquellos que de todos modos no hubieran votado por el PRI) y éste asunto pasará como una anécdota. Porque hablamos de un partido político, y porque su imagen (y de alguna forma la de toda la partidocracia) está relacionada con términos como corrupción, simulación e intereses. La gente no se sorprende con esas prácticas, o a veces los políticos las saben camuflajear bien para que la gente no se de cuenta de ellas (como Movimiento Ciudadano quienes han sido más acertivos en el golpeteo).

    En cambio Lagrimita es un payaso, quien se supone, lleva alegría a los niños. Como tal, se espera que ese payaso tenga cierto grado de honestidad y rectitud. ¿Qué pensará la gente de un payaso que se prestó a juegos políticos? ¿Qué pensarán de un payaso que le entró a los juegos sucios de la «gente grande»? ¿Qué pensarán de un payaso, que se postuló con la bandera hipócrita de la ciudadanía para servir a otros intereses?

    Que un político sea corrupto es algo que no sorprende a nadie. Un político corrupto puede ser protegido por los suyos y no le pasará nada, por el contrario la balanza se inclinará a su favor. Lagrimita nos sorprendió a todos para mal. nadie puede proteger a Lagrimita porque su reputación está estrechamente relacionada con quienes le siguen. Y no sé si a un padre su familia le encante la idea de que su hijo admire a un payaso que le mintió a la gente con el fin de obtener algo a cambio.

    ¡Qué barato te vendiste Lagrimita! Tú serás el perdedor en estas elecciones.

  • Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Un político payaso es un payaso político.

    Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Miren, a mí siempre me ha gustado la idea de los candidatos independientes. Más en un país como el nuestro que ostenta el primer lugar a nivel mundial de percepción de corrupción dentro de los partidos políticos (más del 90% los considera corruptos según Transparencia Internacional). Pero la idea es que personas ajenas a cualquier grupo político que quieran incidir en su entorno puedan lanzarse sin necesidad de «hacer política» dentro de los partidos (y sabrán por qué es el entrecomillado).

    ¿Pero, un payaso? ¡Si con trabajos podía tolerar que un payaso como Brozo se las diera de opinólogo (que siendo realistas lo llega a hacer mejor que algunos de sus colegas de Televisa), se me hace inadmisible que un payaso, vendiéndose como payaso, quiera aspirar a la Alcaldía de Guadalajara!

    Si Lagrimita (Guillermo Cienfuegos), ese payaso que marcó la infancia de muchos tapatíos, quiere lanzarse para ser una opción viable a la altura de la ciudad, debería de quitarse el traje, la nariz roja y el maquillaje, para presentarse como el ciudadano civil que es detrás de cámaras, y que no es tan carismático como «el que sale en la tele». Presentarse como un payaso a un puesto que requiere seriedad es un insulto a los ciudadanos que esperarían o deberían esperar políticos que con suyas acciones, les procuren un lugar armónico donde puedan llevar a cabo sus proyectos de vida.

    El payaso correcto

    Que yo recuerde, Lagrimita nunca se había interesado en temas políticos, al menos nunca lo demostró en sus programas ni en entrevistas que le hayan realizado. El era un payaso peculiar que (como varios de su época) trató de romper estándares. Lagrimita era un payaso divertido, cariñoso, pero también irreverente, y hasta peleonero (lo cual le trajo algunas críticas de algunos grupos conservadores), y siendo sinceros, nunca fue un payaso talentoso.

    Guillermo Cienfuegos debería de saber que para dirigir una ciudad no basta con organizar concursos ni basta con pelearse con su ahora fallecida pareja afecta al alcohol (Lalo) frente a todo el público; menos basta con cantar canciones como ¡Qué barato! cuando nosotros pagamos el pesado sistema electoral que le dará la oportunidad de contender si junta 23 mil firmas. Mucho menos podrá pedir la ayuda del interventor cuando tenga que cabildear, cuando tenga que pasar propuestas por el congreso local. Ni siquiera podrá gritar ¡Perdimos! cuando con su falta de visión ponga en aprietos a la ciudad.

    La teoría que corre por las bocas tapatías sobre su elección, consiste en que él ha sido puesto ahí para quitarle votos al candidato de Movimiento Ciudadano, y hasta ahora favorito Enrique Alfaro, y de esta forma beneficiar al priísta Ricardo Villanueva (aunque siendo honestos, estos dos candidatos tampoco están demasiado lejos de ser un payaso). Es al final de cuentas una teoría, una deducción, pero suena razonable.

    Independientemente de si sea cierta esa versión, más que criticar al partido tricolor (que merecería su vendaval de críticas también en caso de que fuera cierto), a quien se debería señalar más es al payaso por prestarse a actos que ensucian la ya de por sí golpeada democracia mexicana. Lagrimita le está quitando la oportunidad a ciudadanos que sí tienen la preparación, o al menos, la intención de hacer cosas buenas por la ciudad. Lagrimita se está aprovechando de su poder mediático basado en un perfil que es, o debería ser, opuesto a la política. Porque la política no es para reír, no es para contar chistes; la política es para servir al pueblo.

    Y sí, ¡Qué barato!