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  • III Guerra Mundial, Corea del Norte, Kim Jong-Un y sus seguidores del PT como Alberto Anaya

    III Guerra Mundial, Corea del Norte, Kim Jong-Un y sus seguidores del PT como Alberto Anaya

    Se respira tensión, se percibe una inminencia de guerra (claro está, en la historia moderna hemos vivido muchas «inminencias» que no han llegado a concretarse), y algunos aseguran que está cerca esa chispa que desentonará la tan esperada «III Guerra Mundial». Los mandatarios de Corea del Norte han sido conocidos por abrir la boca de más, y la retórica beligerante es lo que dicen que funciona, en aras de preservar sus intereses. Si esa retórica les funciona dentro de su país, ¿Por qué no les iba a funcionar fuera? Si no ocurre una guerra, su retórica entonces tuvo efecto en la gente occidental que ni siquiera es parte de su secta colectiva comunista juché que se vive en su país. Si ocurre una guerra entonces han de ser palabras sinceras. Pero la tensión acumulada desde la guerra de las coreas y bajo el auspicio estadounidense, podría estallar en cualquier momento, más cuando las reglas no son justas y Corea del Norte sale perdiendo contra occidente.

    III Guerra Mundial, Corea del Norte, Kim Jong-Un y sus seguidores del PT como Alberto Anaya

    Se habla, como siempre, de una III Guerra Mundial. Para que esto ocurra tienen que pasar tres cosas: Que Corea del Norte ataque, que sea verdad la posesión de las armas atómicas listas para destruir ciudades surcoreanas y norteamericanas, y que países que puedan hacer un fuerte contrapeso a Occidente como China, Rusia, e incluso Irán, se unan a la causa de los norcoreanos. Si Corea del Norte no tiene las armas logrará hacer nada. Si tiene las armas y las usa, ya sea contra una base militar norteamericana, el centro de Nueva York o Seul por un ejemplo, Corea del Norte simplemente desaparecerá del mapa por naturales razones. Si pasa algo así será una tragedia difícil de olvidar, pero no será una Guerra Mundial sin el apoyo de otros países. Veríamos una parte de una ciudad importante desaparecida, y Pyongyang lo mismo pero completamente. Sí China o Rusia toman una postura favorable, o un conjunto de países que juntos hagan contrapeso, entonces ahí sí, podríamos hablar de una nueva tragedia humana.

    Desde un punto de vista moral sería difícil ponerse a favor de un bando. Corea del Norte es una tragedia humana bajo la sombra de un comunismo manipulado, Estados Unidos está muy lejos de ser un santo en la geopolítica mundial y siempre trata de preservar sus intereses sin importar si perjudica a los demás, es un imperio y actúa como tal. Pero desde un punto de vista práctico, preferiría a los estadounidenses que a los norcoreanos. Me pregunto, ¿Qué pasaría si países como Corea del Norte, China o Irán aumentan su influencia en el mundo? ¿Les gustaría que a la larga viviéramos en un régimen más autoritario? ¿Un régimen donde no tuviéramos libertad de expresión, donde el Internet estuviera fuertemente controlado por el estado? La verdad que yo no.

    Por eso mismo, no entiendo como Alberto Anaya del PT alaba a Kim Jong-Un. ¿Qué tiene en la cabeza? Se puede hablar de dictaduras, de Hugo Chávez por ejemplo, donde al final del día la gente puede pensar lo que quiera. Es más, hasta con Videla o Pinochet. Corea del Norte es el 1984 orwelliano llevado a la práctica. Sus habitantes son adoctrinados en masa, se adora a sus líderes como si fueran dioses. En sus casas obligatoriamente deben de estar dos cuadros: Uno del Presidente Eterno, y otro del recién fallecido Kim Jong-il. Viven para el estado, no tienen autonomía. Una de las formas para provocar (véase la foto) es una imagen de centenas de miles de norcoreanos militares adoctrinados acomodados en «filita» en la plaza más importante de Pyongyang. Los humanos no son seres humanos, son autómatas al servicio del estado. Si algunos critican al capitalismo actual como enajenante que orienta a las personas al consumo, el comunismo juché de Norcorea, le da tres vueltas.

    Podrá gente como Alberto Anaya afirmar que en Corea del Norte hay menos pobres que en México. Pero me pregunto si se le puede llamar vida a «ciudadanos» totalmente alienados cuyas vidas (valga la redundancia) están completamente controladas. Me pregunto si la lamentable masacre del 68 se puede comparar con las miles de personas que mueren en los campos de concentración en Corea del Norte. Anaya dice que todos los «progresistas» están orgullosos de las «grandes hazañas» de Kim Jong Un. Pero me pregunto si en la palabra «progresismo» cabe un gobierno retrógrada, enclavado en un pasado autoritario totalitario. Y también cuestiono cuales son esas grandes hazañas, de un presidente demasiado joven como para pensar que es el que toma todas las decisiones finales, y que por su corto periodo se le pueda atribuir alguna hazaña. Mientras que incluso ex candidatos presidenciales abanderados por su partido como AMLO (criticado por muchas cosas, como su postura dura y beligerante) comentó en un debate que había que mirar a Estados Unidos (un guiño amistoso a los norteamericanos, al menos en la retórica), otros «dizquierdistas» siguen viviendo en un algo que los humanos superamos. Igual a Alberto Anaya y sus compinches dueños de un partido creado, sí, por Carlos Salinas, les podríamos pagar con dinero del erario el viaje a Pyongyang para que se queden ahí unos años para que de regreso nos cuenten las maravillas que se viven en Corea del Norte (aunque temo que no los van a dejar salir, y menos tendrán iPads para comunicarse).

  • Kim Jong-il, el culto a la personalidad y la enajenación de masas

    Corea del Norte siempre me ha parecido un país peculiar, tal vez uno de los más excéntricos del planeta. Y es que es un país completamente aislado del mundo, una especie de «país-secta», una aproximada representación del 1984 de «George Orwell», donde es posible adoctrinar a 24 millones de personas mediante una muy bien diseñada propaganda, donde se enajena de su capacidad crítica a los habitantes desde que nacen. Los norcoreanos creen que están en un país próspero, porque como no conocen ningún otro, no tienen punto alguno de referencia para entender su verdadera situación.

    Si les dijéramos en cualquier país democrático a sus habitantes, que su presidente nació en una montaña, y que al momento de su nacimiento apareció una nueva estrella en el cielo junto con un arcoiris doble, seguramente morirían de risa. Pero ese el nacimiento de Kim Jong-il según la historia oficial de Corea del Norte, es la que se le enseña a los niños y la creen. Aunque las versiones de occidente sobre el nacimiento del recien fallecido mandatario discrepan por mucho de esa versión oficial, dicen que en realidad nació en un campamento militar de Siberia y que realmente su nombre de nacimiento fue Yuri Irsenovich Kim.

    Los norcoreanos viven adorando a sus mandatarios como si fueran una especie de semidioses o algo más. En todas las casas norcoreanas se pueden encontrar pegadas a la pared las imágenes de Kim Jong-il junto con el de su padre Kim ll-sung, quien muriera hace más de una década y fuera nombrado «Presidente Eterno». En cambio Kim Jong-il es llamado el «querido lider», y en realidad no fue Presidente de Corea del Norte, al menos oficialmente, porque ese puesto siempre lo ocupará su fallecido padre. Pero al tener los puestos de Comisión Nacional de Defensa, Comandante Supremo del Ejército Popular de Corea, y Secretario General del Partido de los Trabajadores de Corea, lo convertían automáticamente en el líder de esa nación. Además de que en los últimos años de su padre, este, con el aparato de propaganda, fue creando en las mentes del pueblo el culto de personalidad hacia su hijo, para garantizar su estabilidad al llegar al poder.

    La sucesión es prácticamente una monarquía, aunque se realizan elecciones donde naturalmente el líder siempre gana y los norcoreanos festejan con bailes y rituales el «triunfo de su lider» ante una oposición fantasma o inexistente. A los coreanos se les lleva a la gran tumba del «líder eterno» y una coreana se para enfrente con el objetivo de conmover a estos al hablar sobre su muerte, y sacarles al menos una lágrima. Si lo consiguen, habrán logrado su misión. Las imágenes del «querido líder» y del «líder eterno» se encuentran desde las casas de los norcoreanos, hasta en majestusosas estatuas que se multiplican en Pyongyang, y en las atractivas pinturas de los muros del metro de la capital.

    Con la muerte de Kim Jong-il no se termina la dictadura totalitaria comunista juché, por el contrario, su hijo Kim Jong-un, de tan solo 28 años ya estaba listo para asumir el puesto y probablemente así lo haga. Lejos de que esta «secta masiva» termine, parece que durará mucho tiempo. Corea del Sur no está dispesto a hacer nada, porque sabe que si tumban el sistema, muchos norcoreanos emigrarán su país, lo cual les podría tener muchos problemas, de hecho, Corea del Sur envía ayudas económicas a su vecino del norte para que se mantenga la estabilidad en ese pais y de esta forma eviten la imigración. Por su parte, Estados Unidos no hace nada por el arsenal atómico que tienen los norcoreanos. Al parecer no les importa que un país profese una dictadura comunista mientras esta no represente un peligro bélico.

    Y como en toda dictadura comunista unos «son mas iguales que otros». Jim Jong-il tenía la bodega de vinos más grande del país, disfrutaba del caviar y del sushi que importaba, tenía joyas, llegó a solicitar decenas de autos Mercedes Benz. Todo esto mientras gran parte de la población vive con lo mínimo y esperando a que el gobierno les de su ración de comida.

    La Cuba de Fidel Castro es un juego de niños a comparación de lo que sucede en Corea del Norte. El país más totalitario que existe en el siglo XXI