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  • México necesita líderes cívicos

    Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.

    El trabajo que ha hecho Sicilia para transmitir su mensaje de paz ha sido árduo, ha recorrido toda la República, ha hablado dos veces con Felipe Calderón (donde Sicilia se ha topado con un muro inquebrantable) y ha sufrido asesinatos de gente cercana a él, como es el caso de Nepomuseno, aunándole la muerte de su hijo que fue el motivo para que el poeta dejara de escribir y se inclinara al activismo. Pero Sicilia no es un hombre hambriento de poder, quiere cambiar las cosas desde la civilidad, es un lider que mueve masas, pero no las manipula, no les ofrece algo a cambio, más que el concientizarlos sobre la situación de inseguridad que está viviendo el país.

    Es cierto, que los líderes cívicos necesitan tener cierta relación con el gobierno y saber manejar sus hilos de poder, mientras estos no sean penetrados por ellos. Así lo ha hecho Sicilia al reunirse con el Presidente en el Castillo de Chapultepec. Es cierto que los líderes cívicos, al darle completamente la espalda al gobierno, pierden influencia. Los líderes necesitan de él, pero para eso es necesario contar con el apoyo de su gente para poder incidir en las decisiones gubernamentales. Croe que solo de esta forma, se puede lograr una mayor cercanía entre el gobierno y el pueblo. Si los gobernantes no están dispuestos a acercarse, entonces el pueblo lo debe de hacer, y lo debe de exigir. Los líderes cívicos no solo deben estar representados en una sola persona, también pueden estar representados por ONG’s, organizaciones civiles, y redes ciudadanas, las cuales tienen la ventaja (que muchas veces el gobierno no tienen) de estudiar e informarse bien sobre las causas que defienden.

    A diferencia del «redentor», el lider cívico no se alimenta de una sociedad paternalista, por el contrario, reúne a gente que tenga una visión en común y quiera cambiar diversas situaciones que viva una sociedad conflictuada. El lider cívico no debe de formar solamente seguidores, más bien debe generar más líderes. Gente autónoma que trabaje por las mismas causas y que no dependan de un ente paterno para trabajar. En México hemos conocido muchos redentores, López Portillo, Echeverría, Vicente Fox, López Obrador, Peña Nieto, los cuales han enarbolado temas justicieros pero que al final lo que más les ha interesado es el poder. La ambición de un líder cívico (que no podemos negar su ambición como condición natural del ser humano) debe de ser el saberse agente de un cambio en pro de la sociedad y no una persona que ha acumulado poder y ha sido elevado en un altar, he ahí la pequeña gran diferencia entre esas dos figuras.

    Una de las tantas claves en el progreso del país es cambiar de los líderes paternalistas a los líderes cívicos. Y también, hago énfasis, en que la sociedad debería cambiar y asimilar dicho cambio como tal. No como alguien que les proveera beneficios, sino como un agente que los movera a que ellos busquen los cambios por ellos mismos.

     

  • Calderón, “bien librado”

    No es posible negar la ganancia del movimiento ciudadano encabezado por Javier Sicilia tras el Diálogo por la Paz con Justicia y Dignidad establecido con el gobierno federal la semana pasada. Los pronunciamientos de Sicilia tuvieron el tino de ser pulcros y estar compuestos por preguntas que muchos quisiéramos hacerle al Presidente, sobre todo en las condiciones de guerra, injusticia y desigualdad en las que nos encontramos. Pero ¿qué pasa con Felipe Calderón?, ¿cuáles son sus saldos?

    Sin observar la actuación de Calderón como un ciudadano indignado, sino desde la perspectiva de la comunicación política estratégica, hay que señalar que la ganancia mediática es sin duda del propio Presidente, quien dentro de su más profunda soledad (porque su gabinete no sirve para nada más que para dejarlo solo) intentó manejar el encuentro mostrando apertura, fuerza y solidez. Para muchos, su actitud pudo haber sido enérgica y empecinada, sobre todo con sus golpeteos sobre la mesa. La dureza de su rostro y la desconfianza permanente de su mirada, pudo ser atemperada con un par de actitudes histriónicas de dolor y de humildad. El gobierno federal, atendió los estudios de opinión y tuvo tiempo suficiente no para preparar los contenidos, pero sí, los diseños de imagen y las estrategias de difusión. Crearon una estrategia de comunicación que atendió la necesidad de un político fuerte y a la vez humilde que reflejan las encuestas. El Presidente no se preparó para enfrentar un encuentro con las víctimas, los académicos, los poetas o los intelectuales; se preparó para ganar la batalla de los medios, de la visibilidad y de las grandes masas ciudadanas. Llevó el listado de “sus víctimas” (sus amigos, alcaldes de su partido acribillados, soldados y marinos caídos), ofreció “la parte de perdón” que consideró importante mencionar, aprovechó el llanto de una madre y una petición dolorosa para levantarse de su sitio arropando y comprometiéndose. La presidencia de la república, agradeció a Javier Sicilia haberles regalado la foto de un tímido abrazo con trasfondo de símbolos religiosos entre él y el Presidente, y la aprovechó para colocarla en todos los medios impresos y en la red. Diseñó un programa especial sobre el evento del Diálogo que calificaron de “histórico”, y que fue editado por Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional y difundido ese mismo día en Canal 22 de TV UNAM.

    Quien no pudo seguir el desarrollo del evento en vivo, mismo que se difundió a través de diversos canales independientes en Internet y que tuvo una duración de tres horas, se quedó con la edición de la noticia que fue transmitida en los canales de televisión abierta y que se enfocó en dos frases de Javier Sicilia y dos respuestas del presidente Calderón: el poeta cuestiona y pide una disculpa, el Presidente responde con fuerza, otorga el perdón que le es conveniente a él y termina siendo inquisidor.

    Las grandes masas televisivas observaron lo que el gobierno federal quiso que vieran. Desde el sentido masivo y de la estrategia de comunicación, Calderón sale bien librado, muy a pesar de que el movimiento de Sicilia hizo lo que pudo e intentó estar presente en los medios. El sabor comunicacional es agridulce, como también lo fue, la ausencia y la falta de representatividad de “todas” las víctimas (no solo de “las invitadas”) así como la inclusión de “todas” las demandas nacionales. Seguro el Gobierno Federal ya midió las reacciones ciudadanas y sobre este encuentro, sembrará las bases de la estrategia al 2012.

  • Retos del pacto por la paz

    Las víctimas han quedado visibilizadas. El llanto que se derrama de cara a las ausencias, nos ha sido revelado. La realidad nos muestra que en este México, hay más dolor del que nadie hubiera podido imaginar y más lágrimas de las que las noticias revelan. La justicia en este país, se queda en sueños; la dignidad en ilusiones. Nadie como la Caravana del Consuelo para arropar los dolores nacionales y hacer visible también, el factor desigual y discriminatorio de las propias víctimas ante el Estado mexicano. El andar de la caravana nos mostró, que las voces del dolor son tantas, que en realidad son una misma, una sola voz. El reto hoy, es darle forma a esta voz nacional que se vuelve única; simbolizarla, dibujarla y caracterizarla, aún con su multiplicidad de gritos.

    La Caravana del Consuelo que culminó en la firma del Pacto Nacional Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad, debe ser leída a la luz de lo político no sólo como un respiro ciudadano ante las múltiples injusticias históricas que el Estado Mexicano y sus instituciones cometen en contra de sus ciudadanos; sino sobre todo, como una postura clara contra toda la clase política mexicana, contra nuestro sistema electoral, contra el modelo democrático actual en el que no caben más derechos que los de los privilegios del poder y la minimización de la ciudadanía. Hoy por hoy, ninguno de los aspirantes presidenciales al 2012, estaría en la posición de ser portador del consuelo nacional; ninguno de ellos, estaría dispuesto a reconfigurar nuestra democracia para ir por encima de los intereses de nuestra partidocracia y cobijar los intereses de los ciudadanos. Ninguno de los aspirantes tiene el talante necesario para escuchar y dolerse del dolor nacional.

    Los resolutivos del Pacto Nacional Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad, inauguran de lleno la etapa del satyagraha (“la fuerza de la verdad” o “la fuerza del alma” así llamado por Gandhi), la resistencia civil pacífica positiva, el paso del diálogo y la negociación que culmina en dolores colectivos impuestos de manera involuntaria, y que pretenden no solo ejercer coerción en el adversario sino lograr entendimientos con respecto a la verdad en un plano de justicia y dignidad.

    Fueron nueve las mesas de trabajo que delimitaron estrategias y acciones de resistencia específicas. Si bien, como lo comentó el 10 de junio el mismo Javier Sicilia en Ciudad Juárez, este documento no está acabado y en algunos párrafos y momentos de su escritura no está bien compuesto y llega a sonar un tanto cuanto desordenado; es importante señalar que es un gran bosquejo que tiene el tino de someterse a la consulta y las aportaciones nacionales, quizá porque se dieron cuenta de que la realidad es más que la mirada centralista del dolor y que escuchar lo que los estados tienen que decir, es también importante. La aspiración del movimiento es inmensa: dos consultas, dos foros, tres encuentros y dos jornadas; todas con carácter de nacional y con diversos temas que requieren de una metodología específica y de mucho trabajo capaz de rebasar la tentación de la foto y de la mediatización misma para cristalizar propuestas y acciones concretas. El reto es construir el rostro nacional, plural y diverso del movimiento; un sentido de inclusión nacional sólido en donde todos, muy a pesar de nuestras diferencias e indiferencia, nos veamos representados y solidarios. Mientras tanto, tenemos que celebrar este pacto, firmarlo y adherirnos tan solo porque todos, somos víctimas de la multiplicidad de injusticias que ocurren en este país y que ya no estamos dispuestos a tolerar.