Existen algunas personas que evalúan la calidad moral de otras en torno a su ideología política. Si son de derecha es que son unos empresarios corruptos que quieren explotar al trabajador o unos religiosos de doble moral, o si son de izquierda resulta que son unos revoltosos sin nada que hacer. Ciertamente el caer en un extremo muchas veces es sintomático de un transtorno de personalidad. Pero no entiendo como es que una posición ideológica hace buenas y malas a las personas.
La afinidad ideológica (todo el ser humano la tiene, aunque no la conozca) se determina por muchas cosas, desde el temperamento de la persona (sabemos que el temperamento es innato y no se puede cambiar), su carácter, su estilo de vida, su historia de vida, el ambiente en el que se rodea, y muchas otras cosas más. Incluso se habla de la inteligencia, donde algunos expertos afirman que las personas poco inteligentes suelen preocuparse más por la seguridad lo cual los terminan haciendo derechistas, y si bien es cierto que el promedio de cociente intelectual entre la gente de izquierda es algo más alto, no es lo suficiente como para afirmar que «los izquierdistas son inteligentes y los derechistas tontos».
Buscar en una afinidad política e ideológica la moral e integridad de las personas es una estupidez, al menos en la mayoría de los casos. Hay quienes promueven cierta postura ideológica por interés o por obtener un beneficio: Un empresario que apoya la teoría neoliberal porque no quiere pagar impuestos, o una persona que apoya a un candidato izquierdista porque quiere que el gobierno lo mantenga y no tenga que trabajar. Pero eso no es problema de la ideología, este tipo de personas más bien se sirven de las ideologías para mostrar su poca integridad.
Yo tengo amigos, parientes o conocidos afines a la derecha y también a la izquierda y no he visto como es que su preferencia política modifique su integridad, la fortalezca o la deteriore. Simplemente tenemos formas diferentes de contemplar al mundo. Por eso es que suena irrisorio cuando López Obrador trata de hacer esa distinción moral diciendo que la «derecha mexicana» es corrupta y malévola, mientras que ellos son unos tiernos angelitos que proueven la república besucona. La derecha no cae en ese juego (al menos a ese grado) no porque no quiera, sino porque no pueden. Por razones culturales (contrario a lo que sucede en Estados Unidos) no es muy bien visto decir que se es de derecha, y para eso la gente utiliza eufemismos, incluso mucha gente se la piensa dos veces para decir que es conservadora. Por ejemplo el candidato del PAN a la gobernatura del Estado de Jalisco relacionado con la corriente más ultraderechista del PAN aceptó con trabas que era un conservador.
Simplemente en el mundo habrá discrepancias sobre como la gente lo percibe. Y en tanto exista un régimen lo suficientemente democrático para que no exista un absolutismo o un totalitarismo, estas discrepancias se harán patentes. Y lógicamente esto provoca roces entre ambas ideologías (y todos sus derivados) porque no es fácil poder compaginar un proyecto con personas que perciben las cosas de otra forma. Pero esto no las hace más buenas ni más malas. La gente no puede ser más buena que los demás al afirmar que por que es de izquierda se preocupa por el bien común, ni tampoco alguien de derecha puede afirmar ser mejor persona por el hecho de ejercer su religión activamente. Los dos personajes malévolos de la historia moderna lo demuestran. Un Hitler ultraderechista, católico declarado, y que tenía buenas relaciones con el Vaticano; o bien un Izquierdista Stalin, que implementó una dictadura totalitaria coartando la libertad de expresión.
No es malo tener discrepancias, y en este punto es donde debe de entrar la tolerancia. Donde la disputa entre ideologías políticas, quede en eso, y no abarque cosas que no tienen que ver, donde ponen en juego la integridad de las personas. Naturalmente no siempre se podrán lograr concensos y cada trinchera luchará por lo que crea que es mejor. Pero no por eso se debe hacer un juicio moral, en base a algo que no determina, lo repito, la calidad moral de las personas.


Dicen que para ganar unas elecciones presidenciales lo más prudente es aproximarse al centro. Cuando un candidato se arrincona en la izquierda o en la derecha, adquiere simpatizantes fieles con su causa que nunca le fallarán, pero será detestado por aquellos que se mantienen cerca del centro del espectro político y estos son quienes normalmente definen las elecciones. En el 2006 Andrés Manuel vivió esto, se arrinconó tanto en la izquierda que espantó a muchos de los votantes indecisos. Y eso no le ha pasado solo a él. En las elecciones de Estados Unidos, John McCain se precipitó al final, y terminó arrinconándose a la derecha al afirmar que Obama negociaría con Castro y con Chávez, naturalmente terminó perdiendo.
Hace algunos meses escribía indignado
Desde que tengo noción de la vida, Cuauhtemoc Cárdenas ha querido ser presidente. En 1988 le robaron las elecciones y luego no volvió a pintar. Tanto en las elecciones de 1994 como en la del 2000 se tuvo que conformar con un tercer lugar, se ha quedado en el «ya merito» y tal vez su mayor logro fue haber sido el primer político no priísta en gobernar el Distrito Federal, su mandato pasó inadvertido, no fue tan bueno como el pudiera presumir, pero no fue tan malo como los medios televisivos lo quisieron vender (lo culparon directamente, en especial TV Azteca, por el asesinato de Francisco Stanley, como si el gobernante fuera responsable de cualquier homicidio que se comete), usó como casi todo político, su puesto para lanzarse a la presidencia, sin éxito.
“La izquierda es vieja como el hombre. También la derecha. El hombre tiene una cara conservadora y tiene una de cambio; es parte de la condición humana. El hombre va a vivir con esa contradicción. La cara conservadora, que tienen sus razones muy serias, porque no se puede vivir cambiando todos los días, cuando se hace crónica y cerrilmente cerrada, deja de ser conservadora y se hace reaccionaria. La cara de izquierda, cuando es tremendamente radical, se hace infantil”.
Falta un año y medio para las elecciones del 2012, ya no es mucho el tiempo que debe de transcurrir para que sepamos quien será el presidente que sustituya a Felipe Calderón en la silla presidencial, ya se están barajeando muchas opciones, sobre todo entre el PRI y el PRD. Sinceramente a mí, querido lector, ninguna de las opciones que nos están presentado los partidos me convencen. Casi todos son políticos mediocres, con falta de liderazgo y ese angel que se necesita para inspirar al electorado a un cambio. Además la mayoría de ellos han caído más en el exceso de pragmatismo y en el juego de intereses que en el buscar el bien común para la sociedad.