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  • El Gabo, y el fin de los pensadores

    El Gabo, y el fin de los pensadores

    No, no voy a reseñar la historia de Gabriel García Márquez porque les soy sincero, no he leído un libro entero de él. Hace unos años dejé a medias su obra maestra «Cien Años de Soledad». Creo que hay quienes tendrán más herramientas para escribir sobre él, yo me limito a lamentar su muerte y reconocer que ha sido uno de los intelectuales prominentes de América Latina, que a pesar de ser colombiano, los mexicanos lo adoptamos como nuestro.

    El Gabo, y el fin de los pensadores

    Pero sí puedo hablar de la reflexión que su partida me deja, reflexión que se repite al ver como cada vez más intelectuales mueren sin que haya mucha sangre nueva que pueda relevarlos. Pueden haber muchas explicaciones, algunos izquierdistas podrán aseverar que se trata de ese «neoliberalismo» que convierte todo en objeto de consumo, visión que yo considero limitada. No sé si la natural evolución humana ya no considera tan necesario a los escritores de este calado, o es que como ya todos estamos acostumbrados a leer a los clásicos, que integrar otros nuevos ya sería una calamidad.

    Tal vez tenga que ver con la forma en que manejamos la técnica en este punto de la evolución humana. Posiblemente este romanticismo, el análisis de los pensadores sobre la condición humana (que en parte, han dado sustento a la forma en que nos organizamos ahora) termina siendo opaco ante la visión técnica y científica. ¿Por qué esperar que un escritor nos trate de hablar en un ensayo o una novela, por un decir, del egoísmo intrínseco al ser humano, cuando se puede hacer mejor un estudio cuantitativo o un experimento para determinar qué tan egoísta es el hombre?

    Esa puede ser una de las tantas razones. Tal vez tenga que ver también la creciente aversión hacia el conocimiento general, donde ahora a los individuos se nos invita especializarnos en un área o materia, ignorando los beneficios que nos da la cultura general (como hace algo así como un siglo lo advirtiera Ortega y Gasset). Hasta cierto grado es buena la especialización, pero no al punto en que todo lo demás se ignore.

    Es paradójico que ahora más que nunca el humano goce de un ambiente más propicio para la libertad de expresión, y no sólo eso, sino que tenga tanto conocimiento al alcance de su mano a través de Internet y literatura a un costo módico, y no se puedan forjar nuevos intelectuales. No es que no surjan, sino que nuevos hay cada vez menos y algunos se confundan al ver escritores con un nivel cultural básico, pero con la creatividad suficiente para crear novelas que se conviertan en best sellers, a pesar de su inocuo contenido.

    Gabriel García Márquez de alguna forma representó una corriente de pensamiento latinoamericana, algunos, sobre todo en la derecha, fueron críticos, aunque su talento para escribir hizo que incluso ellos sintieran cierta admiración por éste personaje de quien lamentan ahora su muerte. Otros escritores que todavía están con nosotros como Vargas Llosa, o quienes ya no están como Octavio Paz, representaron líneas de pensamiento que fueron fundamentales para entender a la Latinoamérica de hoy. Los intelectuales no sólo son importantes por sus hermosas poesías o sus novelas amenas, sino porque son parte de ese bagaje que conforma el ADN de una nación, región o continente. Los escritores forman parte de la cultura y la enriquecen, su ausencia puede terminar condenando a una cultura a la banalidad y la superficialidad.

    ¿Quiénes serán los nuevos escritores? ¿Quiénes serán los nuevos Paz, los nuevos Cortázar, los nuevos García Márquez? Es difícil saberlo, tal vez no los haya, o tal vez estén en este momento escribiendo su historia, pero al no haber llegado todavía a la cumbre, no los logramos reconocer. Que descanse en paz don Gabo.

     

     

  • Escasez de intelectuales

    En México, en tan solo un año, se nos han ido 3 figuras intelectuales que marcaron época en la sociedad. Carlos Monsivais, Germán Dehesa y ahora Miguel Angel Granados Chapa. 3 figuras a las cuales muchos estaban acostumbrados a leer. Al primero, en el diario El Universal, a los otros dos, en el Reforma. Gran parte de estos personajes contribuyeron a la construcción de lo que podemos llamar «democracia» en México. Ellos vivieron las etapas más dolorosas de la represión autoritaria del PRI. En algún momento fueron silenciados y amenazados por el entonces Gobierno Federal. Estas 3 personas que menciono fueron partícipes en alguna forma del movimiento del 68 y conocieron las entrañas de un país que hasta le fecha no termina de «cuajar».

    Ellos ya se fueron, pero la pregunta es ¿quién ha llegado para suplirlos?. Es una pregunta difícil de contestar. Existen otras personas más jóvenes nacidas en la década de los 60’s como Denise Dresser, Carmen Aristegui (esta última más que intelectual es una periodista) o el libertario Sergio Sarmiento, pero en realidad no se ven intelectuales que suplan a la vieja ola que está por irse, en la juventud mexicana no vemos quienes estén dispuestos a tomar ese papel.

    La doctrina neoliberal (que paradójicamente está sustentada en las ideas de intelectuales como Ayn Rand, Friedrich Hayek o Ludwig von Mises) ha provocado que en la educación se priorice la técnica sobre las humanidades. Para muchos economistas y políticos de derecha, la filosofía y las ciencias sociales son una pérdida de tiempo, porque afirman que no producen valor agregado a la economía, como si esta fuera la única que determinara el desarrollo de un país. Entonces en un ambiente así, los espacios para los filósofos, sociólogos y estudiosos de las ciencias sociales se reducen. Es cierto, hay muchos mexicanos que optan estas carreras, y de hecho son muchos (si no es que demasiados), pero en un ambiente económico puramente mercantilista no encuentran un lugar donde expresar sus ideas.

    México ha sido un país rico en ciencias sociales (sobre todo por la influencia europea), pero esa riqueza parece diluírse. El problema que debe preocupar en México sobre la pérdida de la intelectualidad no tiene que ver tanto con el desarrollo económico, sino con la procuración de la democracia y la justicia. Ellos se encargan de analizar el panorama social y político de México y a su vez lo hacen accesible al público. Ellos no producen riqueza per sé, pero si son capaces de analizar el sistema social y económico desde su punto de vista, mostrarnos sus virtudes y sus defectos, logran desmenuzar la problemática del país y generar conciencia en los ciudadanos.

    No solo eso, también ellos son capaces de relatarnos nuestra historia (como bien lo hace Enrique Krauze) y de hacernos conscientes sobre las bases en la que está cimentada nuestra sociedad. Y ahí es donde fallan los tecnócratas que se empecinan en ignorar a los intelectuales, puesto que ellos aplican recetas económicas sin analizar sobre la base social y la idiosincrasia de la nación, como si meras fórmulas y tecnicismos económicos fueran a traer el progreso de una nación. Los intelectuales son capaces de mostrar esa base, y si los tecnócratas o economistas no fueran cerrados ante el análisis de los primeros, podrían aplicar sus teorías económicas adaptadas a la realidad de la nación.

    Las naciones más prósperas son aquellas que saben utilizar un correcto balance entre la correcta aplicación de políticas económicas y fomento del emprendurismo, y el fomento a las ciencias humanísticas y sociales. Por eso países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Suiza, entre otros, gozan de un gran nivel de vida. La economía de mercado y la tecnocracia no debería ser un sustituto del intelectualismo, más bien deberían de complementarse y retroalimentarse. Pero el día en que desaparezcan los intelectuales en pro de una economía consumista y mercantilista, estaremos serios problemas.