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  • El Bicentenario de la Independencia. O el Centenario de la Revolución, ¡Una mentada de madre!.

    Me cuesta trabajo creer que este 2010 se vaya a celebrar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Me cuesta trabajo creer que nos ha tocado vivir en una fecha histórica para la nación. ¿Por qué?. Porque la verdad si de festejar fechas memorables se trata, estamos haciendo el ridículo. No solo por el poco contagio sobre la importancia de estas fiestas a la población, sino por lo inocuo, banal, y superficial que está resultando todo esto. Creo que en los festejos del Bicentenario, está quedando más que patente que al gobierno le conviene mantener al pueblo ignorante.

    Los pocos intelectuales que quedan en el país como Enrique Krauze o Sergio Sarmiento, se quejan de esto. El propio Krauze le achaca el problema al partido que está en el poder en este sexenio. Pero creo que este problema va mucho más lejos. Lo poco que se ha presentado sobre el Bicententenario hasta la fecha se ha montado como un show mediático. Lo más que el mexicano promedio ha visto es el «Torneo Bicentenario de Futbol» (que es lo mismo que la liga de apertura pero renombrado), el partido México vs España (aburridísimo), y para acabarla de contar, «La Academia Bicentenario. Si eso no es ridículo ¿entonces que es?». ¿Donde quedó la discusión sobre la historia de nuestro país, sobre los supuestos heroes o los que no lo fueron tanto?.

    Parece que ni la mercadotecnia se ha encargado de hacer su labor. Me doy una paseada por el Sanborns o por la Ghandi y veo muy, pero muy pocas obras nuevas relacionadas con estos festejos, y algunas de muy poca calidad, y muy oficialistas. De hecho muchas de estas ya habían sido publicado con antelación y ninguno fué publicado con motivo de las fiestas patrias, como la Trilogía de Enrique Krauze, los libros de Catón sobre Hidalgo o Juárez, o bien, los libros de Francisco Martín Moreno, que son me atrevo a decir uno de los máximos referentes de estos sucesos si de autores contemporaneos se trata.

    Dicen que Televisa va a sacar una telenovela próximamente relacionado con la Independencia (por Dios, como nos vamos a cultivar con eso), que el presidente Calderón y sus compinches gastaron 690 millonsotes de pesos para hacer un show pirotécnico lleno de algarabía, y pa’l colmo del PAN, lo van a hacer todo con un toque de malinchismo, como menciona Sergio Sarmiento en su columna de hoy. El show pirotécnico estará a cargo de Ric Birch (australiano), y hasta van a traer al multimedallísta mariguano olímpico Michael Phelps quien va a hacer una breve aparición. Nada más falta que traigan a Dick Sucker de stripper disfrazado de Benito Juárez con tanga para que les baile a las mexicanas, ¡Háganme el favor!.

    ¿Pero quien va a reflexionar sobre los que lucharon por nuestro país?, ¿dentro de todo esto, donde queda Hidalgo, Morelos, Iturbide, Benito Juárez, Miramón, Maximiliano, Porfirio Díaz, Madero, Obregón, Carranza, Zapata, Villa?. ¿Donde queda las reflexiones de los intelectuales como Lucas Alamán o Cosío Villegas, de Carlos Fuentes o de Octavio Paz?. ¿Donde queda aquella reflexión histórica que deberíamos ejercer para no repetir los mismos errores y renovarnos como mexicanos?. Todas esas reflexiones han quedado en la basura.

    Krauze destaca algunos pocos intentos que se han hecho para traer estos temas a la discusión, como Discutamos México u Orgullo Municipal. Pero es muy poco lo que se está haciendo. Hasta el tema oficial del bicentenario a cargo de Alex Syntek fue duramente criticado por mucha gente. No se que tenía en la cabeza Alfonso Lujambio, titular de la SEP, cuando le encomendaron esta ardua tarea de realizar los festejos del Bicentenario.

    Lamentablemente el gobierno desea un pueblo sin memoria histórica. Puesto que un pueblo ignorante es un pueblo más fácil de manipular. Que triste.

  • En el 2010.

    Hace 10 años, lo recuerdo muy bien. Estaba viendo el canal de MTV por el extinto (al menos en México) Directv un majestuoso evento donde participaban artistas de todo calibre para darle la bienvenida al año 2000 en el Times Square de New York. Todo mundo tenía puestos sus lentes que formaban el año 2000, y no muy lejos de ahí, las torres gemelas nos decían con su imponente estructura, que no les quedaba mucho tiempo de vida. Pero nadie, tal vez ni siquiera los de Al Qaeda, sabían que iban a desaparecer por un atentado terrorista.

    Se sentía una catarsis interna al saber que a nosotros nos había tocado vivir el cambio de milenio, nos sentíamos especiales porque no muchos humanos podían presumir haber vivido ese cambio. Y si, el nuevo milenio trajo muchos cambios positivos y negativos dentro de nuestro planeta, sucesos y reacciones inesperadas que nos movieron el tapete y cambiaron el transcurso de la historia de la humanidad para siempre.

    Ahora estamos en una situación un poco parecida, nos hemos dado cuenta que ya han pasado 10 años desde aquel cambio milenario y muchos nos hemos dado cuenta que el tiempo ha pasado volando, algunos habremos aprovechado muy bien la vida en esta década y otros no tanto.

    En México el 2010 es un año clave, no solo por los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana. Sino que muchos esperan que en México ocurra un cambio de los mismos tamaños ante esta fecha simbólica, por el descontento social que existe en nuestro país. Unos esperan que el cambio se dé desde el institucionalismo, otros desde el interior de cada persona, otros lo desean hacer en la calle, y unos cuantos no se la pensarían dos veces para tomar las armas como sucedió hace 100 y 200 años.

    Creo que es sano replantearse un cambio como país, y tomar como pretexto el simbolismo de la fecha. Pero los que han leído algo de historia, se habrán dado cuenta que en los dos eventos anteriores algo salió mal, tanto que los 99 años que le siguieron a cada episodio, sirvieron para tratar de recomponer los errores que trajo cada suceso. Especialmente lo podemos ver con la Revolución Mexicana que terminó en una dictadura disfrazada por el PRI que duró 70 años, o con la lucha entre conservadores y liberales que se desató después de la Independencia.

    Estamos en una situación coyuntural donde podemos pensar en algún cambio. Estamos empezando a recuperarnos de una crisis económica, estamos descontentos con la forma en que el gobierno se ha manejado, e incluso también nos molesta la reacción de la oposición a ese gobierno. La credibilidad en las autoridades está por los suelos, vemos como otros países como Brasil ya han tomado la decisión de salir adelante mientras nosotros estamos todavía pensando en que vamos a hacer. Realmente estamos en una crisis como país, como un todo. Pero también dicen que las crisis son momentos de oportunidad, momentos de replantearse la forma en como se hacen las cosas.

    En esta coyuntura también tenemos algunos elementos positivos que abren más las posibilidades para pensar en un cambio. Y uno de esos elementos es la libertad de expresión. Hace algunas décadas uno tenía que aceptar y respetar el sistema. Ahora tenemos muchas voces críticas, tenemos intelectuales de izquierda y de derecha que están al tanto del que hacer político y social en nuestra nación, pero sobre todo, ahora más que nunca, el ciudadano común es libre de expresarse. Ahora el mexicano común ya puede pensar en crear asociaciones civiles, ya puede pensar en manifestarse sin algún interés que lo obligue, tiene todas las herramientas, tiene no solo el Internet y las redes sociales que tanto son utilizadas para estos medios. Tiene su voz, y sobre todo la razón. Y si algo no se ha valorado como un cambio positivo en México, es el ejercicio de la libertad de expresión.

    Es por eso que podemos pensar en el 2010 como un cambio real. Creo que tenemos la capacidad y los medios para replantearnos las cosas como nación y como conjunto de personas que somos. ¿Seremos los partícipes de una nueva revolución que de verdad redirija a nuestro país a mejores caminos?, ¿o será este un año más, como cualquier otro?. La respuesta y la decisión se las dejo a ustedes.

  • La Trilogía de la historia nacional de Enrique Krauze

    Calificación: 4.5 de 5

    Hoy vengo a reseñar no un libro, sino tres, que forman todo un compendio de la historia mexicana narrado por uno de los mejores historiadores: Enrique Krauze. Libros que todo mexicano debería leer para conocer su historia, libros que le darán respuestas a todas esas preguntas que el mexicano se hace como: ¿por qué los mexicanos somos así?.

    Creo que es mas útil reseñar toda la colección como una cosa y no libro por libro porque siguen una misma linea narrativa. Pero si explicaré que «Siglo de Caudillos» abarca desde los inicios de la lucha por la independencia (1810) hasta Porfirio Díaz. «Biografía del Poder» abarca la revolución mexicana hasta que se institucionaliza (desde Madero hasta Cárdenas que fué el último presidente verdaderamente revolucionario), y «La Presidencia Imperial» abarca desde los inicios de ese PRI postrevolucionario (corruptil y demagógico) hasta la fecha en que Krauze termina este último libro (1997, 3 años antes del inicio de la democracia y la caída del régimen priísta).

    Uno de los principales aciertos de esta colección, es que «humaniza» a todos los actores históricos de México. L0s baja del pedestal mítico al que los subió la historia oficial y revolucionaria que nos hemos tenido que tragar en la escuela, pero tampoco cae en el otro extremo de convertir a los buenos en malos o los malos en buenos (como ha intentado hacer la derecha).

    Esta colección, dentro de lo que cabe es objetiva. Es de notar que el autor Enrique Krauze se esforzó por ser lo mas objetivo posible, y basó su tesis en los hechos, los testimonios y su conocimiento, mas que en su ideología y creencias. Vemos como aún siendo liberal, Krauze reconoce al conservador Lucas Alamán, y no se la piensa dos veces por mencionar los errores de aquellos liberales por los cuales el mismo Krauze siente admiración (el autor no niega que Benito Juárez estuvo apunto de regalar la soberanía de nuestro país a Estados Unidos en el tratado McLane-Ocampo o que alguna vez cometió fraude electoral).

    También humaniza a los revolucionarios. Los podemos lograr entender más gracias a este esfuerzo de Enrique Krauze. Y también a los priístas, que a la vez que eran autoritarios y antidemocráticos, también eran humanos y se comportaban como tales. No solo se analiza el comportamiento de los actores en el poder, sino desde su infancia y juventud, para que de esta manera podamos conocer a fondo como eran.

    La línea histórica es continua, lo cual nos permite ver como se van conjugando las cosas para llegar hasta nuestro estadio actual. Krauze recurre a la figura del Tlatoani para explicar el sistema autoritario del PRI, y también la cultura del  «pan o palo«, que se originó con Porfirio Díaz, y que siguió vivo durante todo el régimen priísta (y que tampoco han hecho a un lado ni el PAN ni el PRD). Cultura que consistía en dar pan (favores, dinero, puestos etc…) a los opositores para apaciguarlos, o palo (represión, muertes) para el mismo efecto.

    Aquí no solo podemos aprender sobre la historia de México, porque además Krauze menciona lo que sucede en el mundo (o sucedió) y la influencia que tuvieron esos acontecimientos en nuestra historia: La Revolución Francesa, las guerras mundiales, la guerra civil estadounidense, la guerra entre el comunismo y el capitalismo y las repercusiones que tuvo el combate de ideologías en el país. El lector también aprenderá sobre formas de pensar ideológicas sin necesidad de haber tenido un conocimiento previo, y más bien, lo ayudará a que posteriormente consulte otras fuentes para conocerlas.

    Al ser un intelectual, Krauze nos muestra también la historia de la intelectualidad mexicana. Como interactúan con el poder, y la influencia que tuvieron y tienen en el país. Podemos conocer desde intelectuales como Lucas Alamán, hasta Cosío Villegas, Carlos Fuentes, Carlos Monsivais u Octavio Paz, y su participación a lo largo de la historia del pais.

    Creo que el único fallo es no mencionar el papel de la televisión en las últimas décadas, la cual fué muy importante. Se mencionan mucho los medios impresos como la revista Siempre!, Vuelta, periódicos como El Universal, Excelsior. Pero por alguna extraña razón la TV queda totalmente del lado, ¿no será por sus capítulos de México XXI en Televisa?.

    También me dejó con las ganas de conocer mas sobre la relación de Juárez y Díaz con la masonería. Krauze habla de la influencia masónica y sus diferentes corrientes con profundidad, pero casi no menciona nada sobre la influencia que tuvo esta corriente en Benito Juárez y Porfirio Díaz. Krauze menciona que  «a la vuelta de la casa donde vivía Juarez había un centro de reunión masónica» sugiriendo que fué masón (igual con Porfirio), pero cuando crees que Krauze lo va a contar todo, termina sin decir nada mas, dejando al lecto con la expectativa. ¡Me cae que también eres masón Krauze!.

    Esta es una grán colección que nadie se debe perder. Y más ahora que está de moda sacar libros históricos con un fuerte sesgo ideológico.