Etiqueta: igualdad

  • Los hombres no somos iguales

    Los hombres no somos iguales

    En la psique de los chairos (sólo los enviados a sueldo por el partido en el gobierno a rayonear sitios web con crayolas pagadas por el erario creerían que yo soy eso) y en el «espíritu» de la ONU está tatuado e impreso mil veces el discurso de que «los hombres somos iguales». Ah, y se me olvidaba, también en la película Amar te Duele  lo dicen. Pero no, no es cierto que somos iguales, es más, ni siquiera valemos lo mismo. Trágico pero así es.

    Los hombres no somos iguales

    Primero, es demasiado difícil, casi imposible, encontrar en algún lado a alguien que tenga mi fisonomía exacta. Y si lo llegara a encontrar, me daré cuenta que mi psique no es igual a la del otro individuo. Incluso si vemos a un par de gemelas que tienden a tener una personalidad parecida veremos diferencias.No, no somos iguales.

    Pero cuando los rojillos afirman que todos somos iguales, se refieren al valor de las personas y a lo que merecerían tener. Es cierto que una sociedad debe de procurar que sus individuos tengan las mismas oportunidades (imposible de realizar cabalmente, pero con posibilidades de reducir el desequilibrio de la justicia en este ámbito), pero al final del día, los rasgos de las personas las situarán en diferentes posiciones.

    ¿Una persona segura de sí misma es igual a una retraída? Por supuesto que no. Y entonces la primera persona en la gran mayoría de los casos tendrá más posibilidades de tener amigos, le irá mejor con las mujeres y posiblemente se desarrolle más en el ámbito profesional. ¿Es injusto? No, porque la primera persona desarrolló mejor sus habilidades. Ciertamente, son muchos factores los que conllevan a hacer a una persona segura o insegura, pero es cierto que nuestro destino no está escrito, somos libres, podemos mejorar, entonces no es injusto. Los fuertes ganan, y los débiles pierden.

    Vamos al valor. Es cierto que todas las personas debemos o deberíamos tener los mismos derechos por el simple hecho de ser seres humanos. Pero ¿valemos igual? Voy a poner un caso que parecerá tal vez un poco loco. Imaginemos a la persona segura de sí misma y a la insegura. Invitamos a los dos a una fiesta con un círculo social donde ambos conviven para dejarlos en igualdad de circunstancias (ya sea por escuela, o por trabajo). Ese círculo ve a la primera persona como más agradable y jovial. A la segunda su inseguridad no les transmite confianza, algunos de ellos lo critican y lo «ven menitos». Eso no significa que los de dicho círculo social sean «ojetes», simplemente es algo que tiene que ver con la dinámica humana. Para ese grupo social en sí, el primero vale más que el segundo, al primero lo invitan a fiestas, al segundo lo relegan. Al primero le presentan pretendientes, al segundo no. ¿Valen lo mismo? No. Los fuertes ganan, y los débiles pierden.

    Cierto que la apreciación y concepto que tengan las personas de otras es algo subjetivo y está supeditado a muchos factores. Es decir, posiblemente una persona sienta más empatía por el tímido que por el seguro de sí, y en algunos casos el tímido saldrá avante sobre el seguro de sí. Pero nos daremos cuenta que el grueso de las personas tenderá a valorar más al primero, y en la mayoría de las ocasiones el seguro de sí tendrá más posibilidades de éxito. ¿Es injusto? No, porque así funciona el ser humano y esta dinámica responde a sus necesidades. Los fuertes ganan, y los débiles pierden. 

    Por eso se habla de «la equidad de género» y no «la igualdad de género». La primera asume que existe una desventaja (en fuerza física) de la mujer contra el hombre, y asume la diferencia de rasgos entre ambos sexos con el fin de dotar a ambos sexos de los mismos derechos y una misma dignidad. La igualdad de género simplemente no existe.

    Pretender que los humanos aspiremos a tener los mismos derechos está bien, sobre todo porque estos fueron creados con el fin de que la natural diferencia entre las personas no termine lacerando la dignidad de aquellos que se encuentren en desventaja. Pero pretender que los humanos somos iguales y que valemos exactamente lo mismo cuando nosotros por naturaleza discriminamos a uno sobre otro es algo radicalmente contradictorio (y no hablo del tipo de discriminación criticada en el discurso público, sino nuestra natural discriminación donde elegimos una pareja en vez de otra, o donde discriminamos a un candidato a un empleo a favor de otro con más aptitudes).

  • Humanidad Jodida

    Hace dos semanas tuve cita con mi terapeuta y le estaba hablando de que pues estaba viviendo cambios bruscos en mi vida, que a veces me iba mal, a veces muy bien y así. Y yo le dije, ¿sabes?, -he aprendido algo, que la vida es caótica-. El me responde, -tienes razón, pero te falta una cosa, la vida es injusta-. Y no era la primera vez que me lo decía. Pero esa vez me fui de su consultorio reflexionando eso. Y pensé, tiene razón. En la Revolución Francesa inventaron ese lema masónico que dice: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Algunos intelectualillos por ahí dicen que agregaron la fraternidad después, porque era difícil empatar las palabras libertad e igualdad.

    La Revolución Francesa inició en 1789, y han pasado 222 malditos años. Algo más de dos siglos, y me pregunto ¿El ser humano es realmente libre?, ¿existe igualdad en el mundo?, y aún ¿existe fraternidad entre los pueblos?. Si concebimos la libertad a la Viktor Frankl, que dice que siempre nos queda una libertad, una última libertad, puede ser cierto; pero también es cierto que tenemos muchos obstáculos y piedras en el camino para pensar que somos realmente libres, ¿existe la igualdad en el mundo?, pregúntenle allá a los «indignados de Wall Street o de España»  o bien, compara el modelo de vida que tienes que te permitió comprarte un iPad con el niño chino con trabajo precario que se encargó de fabricarla. ¿Fraternidad?. Mmm,  si entre países la cosa está medio fea, a nivel individual no me quiero imaginar. Si, 222 años no bastaron para calcar ese lema en las mentes de la humanidad.

    Los humanos estamos locos, lo tengo claro. El ser humano «normal» es solo un estereotipo al que se nos invita a llegar pero que en realidad no existe. En realidad nuestra locura es lo normal, y lo que consideramos normal, es inexistente, es una utopía. No existe lo perfecto, abundan los defectos, y no es que no exista lo bueno, pero lo bueno necesita de eso malo para que nos demos cuenta del valor de lo bueno. Y por eso cuando conocemos a personas bondadosas nos agraciamos de haberlas conocido, porque de que abunden, pues no. Más bien los humanos somos animales racionales en busca de la satisfacción de nuestras necesidades. Tenemos mecanismos e instintos de supervivencia, los cuales a veces chocan con eso de la «libertad» (porque a veces no nos conviene que los otros sean libres) «igualdad» (porque queremos siempre más y si es tener más que los demás aún mejor) y fraternidad (porque no queremos tolerar a los que piensan diferente a nosotros).

    Entonces ¿Está la humanidad jodida? Creo que si concebimos ese lema fumado de porro sacado de la frankmasonería como el ideal de lo que el ser humano debe ser, entonces si que estamos bien jodidos. Pero tal vez si nos ponemos a pensar que la vida por más que queramos es injusta, que no vas a obtener lo que quieres por poner una jodida carita feliz, que la vida es un sube y baja, que hay personas tanto buenas como gente que te va a querer destruír y que siempre la va a haber, que siempre va a haber injusticia social y pobreza, pero no solo eso, si nos damos cuenta que todos los humanos estamos locos, estamos zafados de la cabeza, que somos anormales, entonces yo creo que de esa forma podríamos entender a la humanidad, y nos daríamos cuenta que vivimos ahora si, en un mundo normal.

    ¿Cuanto tiene el ser humano en el mundo?, no recuerdo los miles de años, y estoy indispuesto a abrir Wikipedia (que intelectual soy, caramba) para averiguarlo. Pero si de para acá a ahora estamos como estamos, no es que esté saliendo algo mal, es que así somos, así es nuestra naturaleza. Si vives en un mundo de burbuja, abre los ojos. No te puedes quedar dormido, no puedes ser pasivo, no puedes dejar de luchar, tienes que aprender a ser independiente de todas las ataduras, dogmas y toda la basura que te han dicho «Todo lo que te han dicho es incorrecto«. Debes adaptarte para aprender a vivir en una vida caótica, si no en cualquier momento la burbuja truena y no sabrás como reaccionar. Tu papá que te mantiene podría perder su trabajo, tu país podría entrar en crisis o aun peor, en una guerra, pueden pasar muchas cosas, y esas cosas no van a dejar de ocurrir por tu careta de niño feliz. La vida no perdona a los bienintencionados ni a los malintencionados, los trata por igual. El fuerte sobrevive, el débil sucumbe, no es cuestión de bondad o maldad. Simples términos periféricos que definen una característica del ser humano, pero no nos dice nada de sus capacidades de supervivencia (Hitler fue malo, Stalin fue malo, Ghandi fue bueno, Mandela fue bueno), no, no tiene nada que ver. Lee sus biografías y verás que su carita feliz o su cara de malo no los hizo llegar hasta donde llegaron.

    Si no lo entiendes, percibirás que la humanidad está jodida, porque no es como te lo hicieron hacer creer. Pero si lo entiendes, sabrás adaptarte al oleaje y obtendrás más frutos.