Etiqueta: Ideología Política

  • Las universidades como semilleros de posturas ideológicas

    Las universidades como semilleros de posturas ideológicas

    Existe la creencia, y no sólo a nivel nacional, de que el alma mater de un individuo puede condicionar su postura ideológica. El individuo al entrar a la universidad, ya tiene 18 años cumplidos, es mayor de edad, y su desarrollo tanto intelectual como espiritual está en proceso. Ya es una persona, se supone, en mayor parte independiente en el terreno intelectual, por lo cual empieza a consolidar su sistema de creencias (que ciertamente dicho proceso puede comenzar a gestarse años antes).

    Las universidades como semilleros de posturas ideológicas

    Veamos los estereotipos que abundan. El chairo de la UNAM, el tecnócrata neoliberal del ITESM / ITAM, el riquillo socialistoide de la IBERO / ITESO, el mocho conservador de la Universidad Panamericana. Y estos estereotipos se entienden como la consecuencia de la línea ideológica de la universidad. Lo aprendido en la escuela ayuda a formar el concepto que un individuo puede tener del mundo, el cual puede variar de una a otra institución. Por lo tanto los alumnos tendrán una tendencia a adoptar en cierta medida, la ideología de su alma mater.

    Pero eso no es siempre así. Porque el individuo puede no estar de acuerdo con algunas de las creencias que forman la postura de la institución en la que estudia, y también porque dicha postura en una institución no es necesariamente lineal, y dentro del profesorado pueden existir algunas «disidencias» que en muchos casos pueden ser toleradas por las instituciones en aras de la «pluralidad y la universalidad». Incluso una universidad puede tratar de mostrarle al alumnado algo de otras ideologías, también por medio de conferencias o invitados, para que tengan un criterio más amplio. Por eso no es de sorprender, por ejemplo, que en el ITAM estuviera Fernández Noroña dando una conferencia, o que en el ITESM de Monterrey AMLO fuera vitoreado por parte del alumnado.

    No es imposible ver a alumnos en la UNAM que no están de acuerdo con la visión socialista y nacionalista (no nacionalsocialismo, no malinterpreten) y que se conviertan en unos férreos defensores del libre mercado. Incluso pueden hablar de todos los defectos del modelo de la UNAM, tanto como la ausencia de profesores que no van a dar clase, como de la falta del papel del baño. Así de la misma manera, tampoco es raro toparse a un egresado del ITESM con una visión socialista, y con una dosis de fuerte crítica al neoliberalismo. Por cierto conozco gente que incluso son profesores en esa institución sin ningún problema.

    Los padres de familia tienden a meter a sus hijos en escuelas cuyo pensamiento corresponda con el de ellos, especialmente en escuela básica y media superior. En el caso de la universidad, los hijos muchas veces deciden donde estudiar, aunque los padres influyen mucho todavía. Tal vez les gustaría que estudien en donde ellos estudiaron, u optan por una universidad que se ajuste a su presupuesto económico. Al final podrá haber cierta tendencia a estudiar en la universidad que se ajuste a ciertos criterios ideológicos, pero en muchos casos no será así. Un alumno puede optar por estudiar en una universidad pública debido a la escasez de dinero, o por el contrario, debido a que dicha institución tiene un muy buen nivel en el área en que el alumno desea desarrollarse, poniendo a la tendencia ideológica de la institución en un segundo plano o descartándola por completo.

    La ideología política de un individuo se desarrolla de acuerdo a muchos factores. Incluso es algo en donde los genes pueden tener cierta influencia. El temperamento de la persona, su historia de vida, el conocimiento que adquiere, las personas con las que se relaciona, la forma en que fue educado. Variables son demasiadas. Existen estudios (si son fiables o no es otra cosa) que afirman que la gente de izquierda tiende a ser más inteligente, puesto que los individuos con bajo CI suelen ser más temerosos y por lo tanto suelen abrazar ideologías derechistas que les proporcionen seguridad. Otros dicen que las personas de derecha son más felices porque tienden a vivir más en familia y creen en un ente superior.

    Se ha tratado de explicar de muchas maneras las corrientes ideológicas. Y es que no existe sistema perfecto en la faz de la tierra, por lo cual algunos consideran que un equilibrio consecuencia de la oscilación entre ellas es lo que traerá prosperidad a una sociedad. Por parte de las universidades, a pesar de que el término «universidad» parecería implicar el abarcar un todo, tenemos que recordar que somos animales políticos con alguna postura política (que existirá aunque el individuo se encuentre en la ignorancia y no sepa como nombrar a los términos), por lo tanto, las instituciones educativas de alguna manera también la tendrán.

  • Tengo amigos priístas…y panistas y perredistas

    Tengo amigos priístas…y panistas y perredistas

    Tengo amigos priistas... y panistas y perredistas

    El nivel de discusión política que tenemos es igual de mala que la democracia incipiente (o fallida que tenemos), si cuadran las cuentas. Y es que para discutir temas políticos mucha gente es todo menos democrática; y es que en una democracia real se da por entendido que debe existir tolerancia (que no significa de ninguna manera estar de acuerdo) con las diferentes posturas políticas que pueda asumir la gente. Lo malo es que en México no ocurre así. Una amiga contaba que en Argentina, cuando la gente discutía de política se gritaba, pero cuando terminaba la discusión ellos salían siendo buenos amigos, porque sabían separar perfectamente las ideas de la integridad de las personas.  En México insultamos a la gente que piensa diferente a nosotros; los priístas son los ignorantes, los perredistas son los «pejezombies», los panistas son… trasnochados neoliberales y vendepatrias. Y erroneamente queremos clasificar a una persona por su postura política lo cual es un error. La polarización en que a veces cae la sociedad es debido a esto, como si «estuvieras conmigo, o en contra mía».

    Yo cuando discuto soy duro, directo, y evito cualquier tipo de eufemismos. Si creo que Peña Nieto es un «estúpido ignorante» o AMLO un «viejito recalcitrante», o Josefina una «robotina aburrida y sin ideas» (nomás para poner un ejemplo), lo digo. Muchas personas no van a estar de acuerdo conmigo, y van a discutir y tratar de repelerme, y está bien que lo hagan. El problema viene cuando muchas personas creen que dentro de esa crítica se les está criticando a ellas y es donde viene el error, peor aún, algunas otras terminan evaluando la integridad de las personas, casi asumiendo que si Peña Nieto es un inculto y corrupto, entonces todas las personas que votaron por él lo son.

    Yo estaba discutiendo con un amigo que votó por el PRI, y argumentaba la historia corruptil del partido y del candidato que «ganó» la presidencia, la compra de votos y otras cosas más. El no estaba de acuerdo conmigo en lo más mínimo, y yo naturalmente fui tajante y directo. Pero en eso una mujer empezó a cuestionar su persona por el simple hecho de votar por el PRI, que según eso era corrupto, y casi casi que a fuerzas votó por que buscaba «hueso», y pues de ser el adversario en la discusión, me uní a mi amigo, porque esas descalificaciones no me parecieron en lo absoluto. Incluso mi amigo fue muy acertivo a decirle: -a ver, yo colaboro en una AC, ¿tú que haces?-. Si a mí un priísta me pide la opinión de su partido, le diré que el PRI en su generalidad (lo digo así, porque hay muchos priístas que no lo son) es un partido autoritario y corrupto. Tampoco me referiré muy bien cuando un panista o perredista me lo pregunte.

    La gente que descalifica a las personas pierde automáticamente la posibilidad de obtener sabiduría a partir de un debate. Una vez en Facebook comentaba que Peña Nieto era un presidente autoritario, y otra amiga priista me debatió. El debate fue tan fructífero que terminé conociendo a dos sociólogos que no había escuchado nunca, y por los argumentos de mi amiga (aunque no estaba de acuerdo en ellos) dije que tales sociólogos podrían valer la pena. Si hubiera criticado a la persona, no solo no hubiera ganado, sino que hubiera perdido. Naturalmente si existen priístas que buscan su «hueso» (y no es excepción en los otros partidos), pero no es necesario llegar al punto del debate o conocer su preferencia política para saber que esa persona se maneja de esas formas, se nota en su vida diaria.

    Lo mismo pasa con los #YoSoy132, ellos están en el absoluto derecho de mostrar su repudio a un candidato (más que al contrario de lo que se piensa, no es un ataque en contra de su persona, sino de lo que representa, y el efecto que sus acciones podrían tener en el país). Tienen argumentos (sean válidos o no) para hacerlo. Igual la gente está en el derecho de decir que López Obrador es un Hugo Chávez; si nosotros pensamos que no, podemos debatir con argumentos y datos.

    Esto no exime de hacer crítica de las posturas que están realmente mal. No por esto no puedo decir que es lamentable que unos perredistas hayan agredido a Carlos Marín (que por más infame sea, al ser un ser humano no se le puede agredir de nunguna forma), o que unos priístas hayan vendido su voto a cambio de una despensa; o bien, panistas que votaron por Josefina para mantener sus «privilegios fiscales». Porque aquí si los hechos podrían hablar de las personas, dado que el problema no es la ideología, sino las conductas que no necesariamente tienen que ver con una ideología.

    Yo tengo amigos priístas… y panistas y perredistas. Y no puedo hacer un juicio a su persona por su postura. Naturalmente una postura política puede hablar de la forma de pensar de una persona más no de su integridad. Por ejemplo, la gente que votó por AMLO, suelen ser más bien jóvenes que están inconformes con como se han llevado a cabo las cosas, que tienen mucho que ganar y poco que perder (porque para ellos las cosas no están bien, no hay empleo, la democracia no funciona bien), en cambio la gente que votó por Josefina, es más bien gente que ya tiene su vida hecha, y por ende no quiere correr riesgos que sí correrían los jóvenes. Si ven, los dos puntos son válidos, podrán sustentar bien o no sus argumentos, pero esto nunca habla de la integridad de las personas.