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  • México, un país de «bromita»

    México, un país de «bromita»

    Tomando la teoría de la relatividad de Einstein. Imagina que estás dentro de un avión y una mujer camina dentro de un pasillo desde el baño que está en la parte trasera hasta su asiento de primera clase (es decir, hacia la misma dirección en que el avión viaja), estando ahí tú puedes deducir que esta mujer camina a una velocidad de 4 kilómetros por hora. Imagina que un amigo tuyo se encuentra en la superficie de la tierra y observa caminar a esa mujer dentro del avión. Tu amigo llegará a una conclusión diferente, él te dirá que la mujer se desplaza a una razón de 904 kilómetros por hora (asumiendo que el avión viaja a 900 kilómetros por hora). El evento es el mismo, pero la percepción cambia de acuerdo al punto en que se encuentra el observador.

    México, un país de "bromita"

    Algo así pasa con las ideologías políticas. Un evento ocurrido en nuestro país siempre será el mismo; el juicio que se haga de ese evento variará de acuerdo a la postura política del observador. La privatización de una empresa será vista con agrado por un liberal económico, en cambio generará mucha molestia en un izquierdista de cepa. Independientemente de que en algunos casos puedan existir instrumentos para medir la efectividad de una decisión de una forma independiente a las condiciones ideológicas, un evento en muchos casos no puede juzgarse igual por todos los observadores dado que su ideología está dada por muchos factores, como su instrucción, el ambiente en que se ha desarrollado e incluso condiciones psicológicas y hasta genéticas. Un estadista lo sabe (o se asume que lo debe de saber) y por eso es que debe de entender que muchas de las decisiones que tome serán juzgadas desde varias perspectivas.

    Entonces se puede entender que la gran mayoría que las decisiones que tome serán juzgadas mal por sus detractores (no se puede quedar bien con todo el mundo).

    El problema para un gobernante viene cuando las críticas a sus decisiones y a su gobierno superan esta natural condición del ser humano, y es lo que está pasando con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Es curioso que el juicio que hace Gerardo Fernandez Noroña sobre la fuga del Chapo sea muy similar a la que hace Pedro Ferriz Hijar, siendo que su doctrina ideológica es casi opuesta a la del primero.

    ¿Habría que agradecerle a Peña Nieto que haya terminado temporalmente con la polarización que vivía el país al poner a casi toda la nación contra él?

    La mayoría de las críticas (tal vez con excepción de algunas de las reformas) han logrado una convergencia de opinión entre la derecha y la izquierda mexicana. Pedro Ferriz afirma que uno de los problemas del país es que algunos empresarios están coludidos con el gobierno actual y eso explica en gran parte, nuestra situación actual y la desigualdad en la que se vive; al mismo tiempo López Obrador habla de la «mafia en el poder». Aunque no son argumentos exactamente iguales, sí tienen varias coincidencias, curioso entre dos figuras que se repelen entre sí. La opinión de ambas posturas frente a la Casa Blanca de Peña Nieto, y hasta algunos casos, lo de Ayotzinapa, más que ser divergentes, tienden a ser convergentes.

    El problema es que el pésimo desempeño del gobierno actual queda evidente, no hay escapatoria, no hay punto de vista ideológico desde donde se pueda justificar. Dentro de su partido lo pueden defender, pero no es un problema de percepción con base en lo ideológico, sino de simpatía con una institución (cuestionar al Gobierno sería cuestionar fuertemente a la institución en la que me siento «parte de», donde tal vez no sólo tengo simpatías, sino intereses políticos). La prensa extranjera, la cual, en algunos casos asumimos, puede ser más objetiva por su capacidad de verlo todo «desde fuera» (aunque no están exentos de condicionamientos ideológicos) llega a la misma conclusión. El veredicto es generalizado, éste gobierno está sumido en la corrupción.

    Cuando digo que México es un país de «bromita» es cuando a pesar de toda esta realidad no pasa nada, cuando la oposición está inmóvil cuando el gobierno se ha puesto en una posición para que cualquiera le de una patada. Es de «bromita» cuando ocurren cosas tan inverosímiles como que el capo más buscado del mundo se escape del penal (supuestamente) más seguro de América Latina. Es de broma ver que el Chapo se escape, según el video presentado por el Comisionado Nacional de Seguridad con barba y pelo, y la PGR diga que estaba rapado al momento de salir de la cárcel. Es inverosímil que el Chapo (aunque la inverosimilitud se puede atenuar entendiendo la gran corrupción) tenga una tablet en la cama mientras escapa. Es inverosímil que en el momento en que éste se escapa, Peña y Osorio se vayan juntos a Francia dejando al país sin cabeza.

    Un país de «bromita», surrealista (André Breton dixit, y hasta mi vecino dixit), dicen que como México hay dos. México sumido en una de sus peores crisis contemporaneas, la sociedad paralizada, impotente, creando memes del chapo y burlándose de Peña Nieto en las redes sociales como terapia psicológica para evadir la realidad ante el supuesto (no del todo verdadero) de que no se puede hacer absolutamente nada para cambiar las cosas. Así de triste es la situación, y el gobierno se alcanza a sostener gracias a la complicidad de la oposición y a sus partidarios con muy poco espíritu de autocrítica y quienes creen que el problema de las críticas hacia su gobierno están afuera y no adentro.

    Por eso cuando les mencionas la palabra «dimitir», te dicen que no conocen a ese ruso.

  • ¿La gente es buena por naturaleza?

    Hace un rato veía un artículo sobre AMLO donde este decía que en México se debía de crear una nueva moral, y daba por hecho que la gente era buena. Según Guillermo Sheridan, el autor de esta columna, comparaba a López Obrador con Rousseau (el famoso autor del contrato social)  y su romanticismo social y con Tolstoi, sugiriendo que AMLO está influenciado por este último personaje en su invitación a cambiar ese egoísmo donde todo mundo pelea por el dinero por una moral donde todo el mundo fuera bueno y feliz. Según el ex-candidato, solo basta que la gente sea buena para que esa nueva moral que el propone se logre. Pero aquí viene la pregunta. ¿De verdad la gente es buena por naturaleza?.

    Para hacernos esta pregunta debemos comparar al ser humano con los animales (como me encanta hacer siempre estas comparaciones). Es cierto que el ser humano es diferente de las demás especies porque tiene la capacidad de raciocinio e inteligencia, pero no deja de ser a fin de cuenta un mamífero que busca satisfacer sus necesidades tanto primarias como secundarias. Entonces aquí lanzo la pregunta ¿el animal es bueno por naturaleza?. No podemos determinar si es bueno o malo, solo sabemos que los animales buscan satisfacer sus necesidades, habrán algunos que a nuestros ojos sean más nobles y otros que sean más agresivos, pero el instinto es el que determina el comportamiento del animal. Ellos no hacen una diferenciación entre lo que es bueno y lo que es malo, no lo saben. Y si no nosotros se los hemos enseñado (mascotas como los perros) no es porque hayan aprendido a hacer esa diferenciación, sino porque hemos moldeado su instinto porque hemos condicionado su conducta por medio de reforzamientos positivos y negativos (premio o castigo).

    Con el humano la situación es parecida, me atrevo a aseverar que el humano no es bueno ni malo por naturaleza, basta ver la conducta de un bebé ante su entorno para comprobarlo. Más bien los conceptos de bondad y maldad lo hemos creado nosotros como si fuera una especie de contrato para que podamos satisfacer las necesidades respetando el derecho ajeno, así como nosotros exigimos que respeten el nuestro. Nuestra capacidad de raciocinio nos ha posibilitado construír un orden moral basado en la dicotomía de lo que está bien y lo que está mal. Se dice que un acto es bueno cuando es benéfico para uno y para los demás, se dice que es malo cuando es perjudicial para lo demás o también para uno mismo.

    Sabemos que los conceptos de bondad y maldad no son inherentes al ser humano, puesto que son aprendidos. A un menor se le enseña lo que está bien y lo que está mal, no lo aprende por sí solo. Se moldea la conducta del infante para que haga aprenda a ser el bien y respetar a sus semejantes. Igual como sucede con el condicionamiento conductual con los animales, nada más que diferencia de ellos, el ser humano si tiene la capacidad de asimilar que es «lo bueno» y que es «lo malo» y termina actuado de una forma, no solo porque ha recibido un reforzamiento positivo y negativo, sino porque ha asimilado y ha comprendido lo que está bien y lo que está mal.

    El ser humano aprende una escala de valores morales y éticos que son enseñados por la familia, por la religión o por el entorno social. Y se espera que su conducta esté basada en esa escala de valores morales. Hasta aquí podríamos suponer una cosa, que si bien el ser humano no es bueno o malo por naturaleza, tenemos la capacidad de hacer que el ser humano sea bueno. Pero aquí creo que valdría la pena detenernos y pensar si esto siempre es posible. Lamentablemente la historia nos dice que no.

    Muchos tienen diferencias entre sí para determinar que es lo bueno y que es lo malo. Para unos ser millonario es algo bueno porque habla del esfuerzo, es una virtud; para otros es algo malo porque es injusto que el posea muchos bienes mientras otros se mueren de hambre. Para unos, el matrimonio homosexual es bueno porque respeta las libertades del hombre, para otros es malo porque contradice la naturaleza humana. Es decir, cada ideología profesa su versión de lo que es la bondad y la maldad, y no solo eso, sino que a traves del tiempo las ideologías pueden mutar (un claro ejemplo lo vemos en la Iglesia que antes veía con buenos ojos las prácticas inquisitorias y ahora las condenaría). Entonces nos damos cuenta de que hay una discrepancia entre lo que es bueno y lo que es malo.

    Ya no podemos determinar si el hombre es bueno o malo porque entre los seres humanos, habrán diferencias entre esos conceptos. –Lo que es bueno para mí será malo para tí. Pero no solo eso.  ¿Que pasa cuando los valores morales limitan la satisfacción de las necesidades de los seres humanos?. Recordemos, la satisfacción de las necesidades es inherente al humano porque de estos depende su supervivencia y su razón por la que vive, pero los valores morales no son inherentes porque son aprendidos. Cuando sucede esto se corre el riesgo de que el ser humano sacrifique o haga a un lado los valores morales en aras de la satisfacción de las necesidades, o bien interprete erroneamente los valores morales para adaptarlo a sus necesidades (un ejemplo de esto, fué cuando Hitler malinterpretó la teoría evolutiva de Darwin para justificar el holocausto).

    En este caso, el humano puede mutar o tergiversar su escala de valores morales, para pensar que lo que está haciendo está bien. O bien, se puede dar el lujo de inventarse una escala de valores para justificar lo que a los ojos de otros está mal: -Yo exploto a mis empleados porque mi posición me lo permite y porque gracias a mi esfuerzo he logrado llegar más arriba que ellos, -no importa, al cabo negocios son negocios, -tengo derecho de robarle al rico porque yo soy pobre y el tiene de más con que comer.

    La gente será buena para las demás personas cuando su modus vivendi se adapte a la escala de valores de bondad de las demás personas y viceversa, la gente será mala para las demás personas cuando su modus vivendi sea opuesta a la escala de valores de bondad de las demás personas. La bondad de una persona puede pasar como eso, como bondad para una persona humanista, pero puede ser percibida como debilidad (un acto malo) para una persona nihilista. Existen valores morales que suelen ser casi universales, como el respeto a la vida por ejemplo, pero hay otros valores que son más ambiguos porque depende de la interpretación que le dé cada corriente de pensamiento (por un ejemplo el aborto, o la práctica de relaciones sexuales extramatrimoniales).

    Aquí es donde yo veo la utilidad de las religiones (y lo digo a pesar de que yo no soy muy religioso) porque le da al ser humano una base sólida de valores morales, porque al ser absolutos son más difíciles de tergiversar o corromper (aunque muchos a fin de cuentas terminan lográndolo). Por esa razón a pesar de no ser muy religioso he mostrado tolerancia hacia las religiones (no todas claro, ni las que llegan a ser extremistas) porque además de satisfacer las necesidades trascendentales del hombre, le proporciona una escala de valores morales a seguir (aunque yo no esté al 100% de acuerdo con ellas).

    En resumen yo no creo que el hombre sea ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.

  • Ignorancia política.

    El pasado Lunes, asistí a una pequeña reunión donde invitaron a Hector Vielma, Alcalde priísta de Zapopan. Se supone que la dinámica de la reunión era que el alcalde iba a hacer una semblanza de su trayectoria como político, candidato y alcalde zapopano, y después de eso, algunos invitados iban a hacerle algunas preguntas a Vielma. Hubo algunas preguntas interesantes, pero todas caían en lo que siempre se les pregunta a los políticos, ¿que va a pasar con la vía express?, ¿cual promesa de campaña crees que no vas a poder cumplir?, ¿que piensas sobre la ciclovía que construyó el PAN? etc… Entonces fué cuando decidí alzar la mano y hacerle una larga y extenuante pregunta ideológica: -Hector, se que dices ser un hombre socialdemócrata, un hombre de centro-izquierda. Pero yo he visto que el PRI a lo largo de la historia ha cambiado mucho ideológicamente. No es lo mismo el PRI socialista de Lázaro Cárdenas, que el PRI neoliberal de Carlos Salinas; ni veo en la misma posición ideológica a Beatriz Paredes que a Enrique Peña Nieto. Entonces, ¿que nos puede ofrecer ideológicamente el PRI?.

    Naturalmente quería probarlo. Quería ver si Hector Vielma tenía preparación política, o más bien era uno de tantos bufones que sin saber donde estaban parados, fueron escalando posiciones hasta obtener puestos relevantes. Para mi sorpresa Vielma si demostró estar preparado políticamente, no solo dominaba muy bien los conceptos de derecha o izquierda, sino que supo explicar bien (aclaro, no me quitó de la cabeza el concepto camaleónico que tengo del PRI) las posiciones ideológicas del PRI. Para explicar los cambios ideológicos del PRI se basó en una famosa encuesta política que está en internet llamada «Polítical Compass» (aquí en el blog hay una versión llamada «Tu Ideología Política«), donde el explicaba que el PRI variaba en la parte económica, pero en el aspecto social siempre había sido un partido de «centro-izquierda». Eso si, ya no tuve tiempo para preguntarle, ¿como de desde esa posición gente como Manlio Fabio Beltrones promovió la pena de muerte?.

    Esta anécdota la comento, porque me he fijado que hay muchos políticos en el país que no tienen la maldita idea de la ideología política del partido que representan. Hay unos que si saben pero se hacen de oídos sordos. Como algunos panistas de lo más mochos como Manuel Espino que dicen que son un partido de centro cuando lo son de derecha. Pero hay otros que la verdad no tienen ninguna preparación política.

    Conocer a fondo la ideología política del partido en el que estas parado es lo mismo que preguntarle a un mercadólogo la definición de Mercadotecnia. Se supone que la ideología política es la que mueve y predispone las acciones de un partido. El comportamiento de un partido debe de estar sublevado a sus raíces ideológicas y apegarse a ellas. A veces en México parece que no es así: El pragmatismo suele ser más fuerte que la ideología. Por eso parece que ya no es tan importante que los políticos se sepan de cabo a rabo la teoría política, de todos modos, por intereses políticos el partido de derecha algún día tendrá que hacer mancuerna con el de izquierda (como lo estamos viendo con la alianza PAN-PRD).

    Esta mezcla de la «gimnasia con la magnesia» e ignorancia que hay dentro de los partidos provoca confusión en el electorado. A pesar de que la mayoría de la población no tiene pleno conocimiento de las corrientes ideológicas, inconscientemente parecen si saberlas: La ama de casa que vota por el partido que defiende a la Iglesia, el obrero que vota por el partido que defiende a los pobres. Pero cuando dentro del partido hay tanta confusión y no se ponen de acuerdo en que ideología seguir, cuando no saben lo que es exáctamente la izquierda o la derecha, entonces ofrecen a la gente una ideología vaga y hueca.

  • Los camaleones ideológicos de México

    Por ahí dicen que como México no hay dos, y ahora que aprovecho para mofarme tanto de los izquierdistas como de los derechistas haciéndoles su propio diccionario, habría que pensar si en México tanto la izquierda como la derecha defienden sus principios y creencias para ponerlas en práctica.

    A veces parece que los principios quedan en el papel, y lo único que diferencia a la izquierda tanto a la derecha son sus defectos, y no sus virtudes. El populismo de la izquierda y el anacronismo social de la derecha es lo único que parece diferenciarlos, porque en las demás características parece que se toman prestadas sus formas de pensar.

    No es que esté a favor del neoliberalismo. Pero mientras con Obama vemos que sus recetas económicas son características de un presidente demócrata (socialdemócratas), con Felipe Calderón, no se dá eso. El otrora presidente a favor de la economía de mercado, parece ser un «estadista» al elevar impuestos para combatir a la pobreza e inventarse nuevos (como el IETU) que creyera que el país necesita una considerable intervención del estado para poder solucionar los problemas que aquejan a México.

    Los pro-mercado que votaron por Calderón están muy decepcionados porque el presidente ha hecho todo lo contrario de lo que prometió. No se bajaron los impuestos, ni se apoyaron a los emprendedores ni se eliminó la tenencia. Sucedió todo lo contrario; la intervención gubernamental está al por mayor. Parece ser que ni la atracción de inversión extranjera ni los empresarios mexicanos que eran pilares en la campaña del panista ahora hacen buen ojo al presidente.

    Pero no solo Felipe Calderón entra en esa incongruencia ideológica. Hemos visto al señor López Obrador y a algunos perredistas criticando los impuestos «que tanto castigan al pueblo», cuando los izquierdistas (sobre todo los mexicanos) estarían a favor del aumento de impuestos para ayudar al pueblo por medio de programas sociales.

    Estas actitudes de ambas partes hacen confundir al electorado, que ya de por sí el grueso no conoce los términos derecha e izquierda. El liberal o el socialista no sabrá por quien votar porque el exceso de pragmatismo es lo que sobresale en los partidos. Los panistas critican a López Obrador, pero apoyan a otro populista peor como Juanito, para «ponerle en la madre al primero». El peje que tanto critica al sistema electoral, lo sigue utilizando para imponer a la candidata que le plazca, y hasta los priístas se dicen ser honestos. ¿Entonces ahora a quien le vamos a creer?.

    Los políticos son unos camaleones, se transforman en lo que sea y como sea para tener hueso y poder, se cambian del PRD al PAN, del PAN al PRI, y del PRI al PRD. No importan los términos, no importan los valores, ni la ideología, lo unico que les importa a estos camaleones, es, el poder.