Concuerdo con muchos, la imagen me ha dejado con muchos sentimientos encontrados. Esa imagen es simbólica e impactante, describe muchas cosas y tuvo que ser dura y cruel para llamarnos la atención, para darnos un jalón de orejas, sobre todo a quienes ya nos acostumbramos a vivir insensibles ante la desgracia humana. Nos hemos acostumbrado a ver a los adultos sufrir, muertos, decapitados, y al verlos ya no sentimos nada, incluso algunos periódicos de quinta venden las imágenes como morbo. Tuvo que ser Aylan Kurdi, un niño inocente quien huyó con su familia en una embarcación del sudeste de Turquía a la Isla de Kos, en Grecia.
No comparto la opinión de «perder la fe en la humanidad» porque siempre he creído que el ser humano es lo suficientemente imperfecto como para atentar contra sí mismo. A veces como especie somos tan imbéciles como para enfrascarnos en guerras absurdas que dejan millones de muertos porque no logramos limar nuestras diferencias de una forma civilizada. Por eso es que la imagen no me sorprende, no rebasa la frontera de la estupidez a la que podemos llegar.
No es sólo la fotografía del cadáver del niño en la playa, también lo son las fotografías del niño vivo envuelto en una gran sonrisa y también ver posteriormente el video del padre devastado; todo producto de nuestra estupidez y nuestra indiferencia. Todo eso es producto de nuestra incapacidad para conciliar diferencias y de nuestro egoísmo. Los Kurdi habían escapado de Kobane, ciudad Siria enclavada en la frontera con Turquía, la cual había sido asediada por el Estado Islámico, quienes arropados en la tergiversación de un dogma religioso se han dedicado a matar a quienes no piensan como ellos. En Facebook nos han preocupado más los gatitos muertos que los cristianos asesinados por el Estado Islámico debido a que no quisieron convertirse al Islam. Tuvo que aparecer una imagen tan cruda y cruel como para que nos preocupáramos por lo que sucede en el mundo (con el riesgo de que olvidemos el asunto en algunos días).
El conflicto en Siria y el acecho del Estado Islámico en Medio Oriente habían pasado desapercibidos en un mundo occidental más preocupados por vivir dentro de nuestra burbuja. – Al cabo eso está lejos, al cabo es otro tipo de sociedad diferente a la nuestra, pues es que son sociedades más primitivas que la nuestra (con todo y los periodistas y estudiantes asesinados). Y los «occidentales» no somos completamente ajenos al conflicto. Organizaciones como el Estado Islámico surgen en parte también por el mal trato que los occidentales les hemos dado a estos países, no es difícil adivinar que quienes integran el Estado Islámico están llenos de rencor y resentimiento. Ese monstruo no hubiera crecido de tal manera sin la intervención occidental en esos lares del planeta.
Pero los occidentales que nos presumimos como la región más civilizada de este planeta también nos podemos comportar como unos perfectos imbéciles. Los canadienses, tan progresistas y tan de primer mundo, se negaron a darle asilo a los Kurdi; sólo para poner un ejemplo. Nosotros ni siquiera estamos de acuerdo con dar refugio a los migrantes, porque afean nuestra colonia y le «quitan clase»; porque son un estorbo para nosotros, porque no están en onda con el Facebook, el Twitter y las selfies, cuando ni siquiera nos damos cuenta lo que tienen que hacer para sobrevivir y no lo hacemos porque no nos importa.
Y la imagen del Aylan ahogado en la playa es solo un reflejo de los millones de casos de tragedias humanas que suceden y las cuales no nos importan. Porque no sólo es de imbéciles atentar contra la integridad de terceras personas para salvaguardar intereses propios, también lo es mantenerse indiferente ante la situación.






Hace dos semanas tuve cita con mi terapeuta y le estaba hablando de que pues estaba viviendo cambios bruscos en mi vida, que a veces me iba mal, a veces muy bien y así. Y yo le dije, ¿sabes?, -he aprendido algo, que la vida es caótica-. El me responde, -tienes razón, pero te falta una cosa, la vida es injusta-. Y no era la primera vez que me lo decía. Pero esa vez me fui de su consultorio reflexionando eso. Y pensé, tiene razón. En la Revolución Francesa inventaron ese lema masónico que dice: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Algunos intelectualillos por ahí dicen que agregaron la fraternidad después, porque era difícil empatar las palabras libertad e igualdad.
¿Cuando fué que perdimos nuestra inocencia y nos volvimos unos amargados adultos? ¿Cuando dejamos de ver la vida como un juego y la empezamos a tomar tan en serio que dejamos de disfrutarla? ¿Cuando fué que dejamos de disfrutar los días y nos empezamos a fijar más en el pasado y en el futuro?. Esas son algunas de las preguntas que nos tendríamos que hacer los adultos de hoy. En mis pasadas vacaciones lo viví al ver a mi sobrino de 4 años disfrutar su estancia en la playa sin ninguna preocupación por lo que fuera a pasar, sin ningún trauma, sin ningún nada; era un niño con una mente totalmente sana, sin ninguna atadura o condicionamiento que produjera en el niveles de ansiedad o depresión como lo llega a causar en los adultos.