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  • House of Cards a la mexicana

    House of Cards a la mexicana

    House of Cards trata de describir la política estadounidense de una forma desgarradora, franca y para algunos, con tintes un poco exagerados. La serie describe a Frank Underwood como un déspota: un tirano y dictador en potencia limitado por las instituciones norteamericanas; un ciudadano de Estados Unidos con limitados conocimientos en política posiblemente hasta se asombre de lo que puede haber detrás del poder. Pero tal vez en México no nos asombremos tanto, porque la serie satiriza a un país que tiene instituciones relativamente fuertes y no a un país cuyo Estado de derecho está resquebrajado como el nuestro.

    House of Cards contra la realidad mexicana

     

    **ALERTA, SPOILERS**

    En México, Frank Underwood podría presentarse un político cerca del promedio, y no como una excepción. La serie trata de mostrar que dentro del Capitolio y la Casa Blanca uno puede encontrar corrupción y conflicto de intereses, pero a pesar de todo habrá una considerable cantidad de políticos que hacen bien su trabajo. Si se tuviera que filmar un House of Cards de México, la balanza entre honestos y deshonestos sería diferente.

    En la serie vemos casos de corrupción, ambición del poder por el poder, conflicto de intereses, traiciones. Se presentan al espectador como si fueran algo que no conocían y de lo que se debían de enterar. A nosotros nos parece tan cotidiano.

    Claire no tiene una casa blanca en Las Lomas. 

    Para ganar votos, Frank Underwood desvía dinero asignado a desastres naturales para su campaña «América Works». El espectador promedio dirá que es un descaro. Al menos, Underwood busca ganarse los votos con una campaña que busca generar empleo. En México, el ex Gobernador panista Emilio González Márquez desvió dinero de ese mismo rubro a un evento de Televisa, y a pesar de su mala fama por las mentadas de madre que le hizo a los jaliscienses, no es visto como una figura muy corrupta. América Works busca reducir el estado de bienestar para hacer que la gente trabaje (y de esta forma Underwood obtenga votos para mantenerse en la presidencia), la Cruzada contra el Hambre busca simplemente comprar voluntades a través de políticas asistencialistas. Dentro del maquiavelismo de Underwood, el pueblo estadounidense puede afirmar que ganan algo (dentro de la serie, claro está). Con la Cruzada contra el Hambre, ni siquiera eso.

    Doug Stamper «no se cansó» después de haber sido severamente lesionado por Rachel. 

    ¿Cómo hubiera reaccionado la audiencia estadounidense (tanto ficticia como real) si Frank Underwood hubiera desviado ese dinero para regalar más de 10 millones de televisores?

    Frank Underwood no debe de dejar ningún rastro de las muertes de Peter Russo y Zoe Barnes perpetradas por él; si en la serie esto se hiciera público, Underwood estaría en la cárcel. En México no hablamos ya de muertes, sino de masacres donde los culpables no pisan la cárcel.

    A Frank Underwood le gusta leer. 

    Frank Underwood busca acabar con Heather Dumbar dentro de las elecciones demócratas afirmando que tiene poca experiencia. Dumbar lo critica por nominar a su esposa Claire como embajadora de la ONU cuando ésta última tenía poca experiencia. En México Carmen Salinas es plurinominal del PRI, Lagrimita (un payaso) es candidato independiente, Cuauhtémoc Blanco busca ser alcalde de Cuernavaca por el PSD y el Presidente de la República no recuerda cuales son los tres libros que influenciaron su vida. Jackie busca rematar a Heather Dumbar diciendo como es que dice preocuparse por los que menos tienen cuando ella nació en una familia muy acomodada. Mientras, López Obrador afirma y reafirma ser un político honesto al tiempo que suma a Manuel Bartlett a sus filas y acepta la candidatura de Jose Luis Abarca aún conociendo sus antecedentes.

    No sólo hay paralelismos (Raymond Tusk podría ser algo así como un Carlos Slim o Emilio Azcárraga, y SanCorp sería el Grupo Higa de la serie) sino que se quedan cortos. 

    Es más, a Frank Underwood, con todo su maquiavelismo pragmático, nunca se le ocurrió saltar de partido cuando no tuvo el apoyo de sus partidarios en la cámara. En México puedes saltar del PRI al PRD y luego a Movimiento Ciudadano, (como Enrique Alfaro) desde donde apoyas a AMLO al tiempo que sumas a tus filas a panistas para después pegarte la etiqueta de «ciudadano libre».

    En México la realidad supera a la ficción. Si en México tuviéramos un gobierno a la House of Cards, sin duda estaríamos al menos mejor que ahora. Nuestras instituciones están lo suficientemente laceradas como para que una visión oscura y satírica del gobierno estadounidense funcione mejor que la realidad del gobierno mexicano. He aquí una muestra de lo que a todos los mexicanos nos falta por avanzar.

  • House of Cards – Crítica

    House of Cards – Crítica

    Calificación: 3.5 de 5

    Lo admito, no soy muy «fan» de las series televisivas. He terminado de ver sólo alguna que otra, Prison Break, 24 (con todo su nacionalismo americano camuflado). Hubo una que me llamó la atención, exclusiva de Netflix (por favor, que alguien le diga a Netflix que su catálogo de películas es pobre). Esta serie llamada House of Cards, de la cual haré una crítica, con la que buscan competir con HBO, pero en versión streaming y con una serie publicada de golpe, donde no tendrás que esperar una semana para ver el nuevo capítulo (cosa que nunca hecho porque siempre las he visto en DVD, y eso de «esperar» para ver en que terminó se me hace más digno de enajenado telenovelero de Televisa).

    House of Cards - Crítica

    Dirigida por David Fincher (Seven, El Club de la Pelea, El Curioso Caso de Benjamin Button, La Red Social) y protagonizada por Kevin Spacey (Belleza Americana, Seven), esta serie se adentra en la política estadounidense y hace una crítica de ella. También nos muestra su relación con los medios de comunicación y otros agentes como los sindicatos. No es una serie muy profunda. Si quieren esperar un tratado de democracia liberal, o algunas reflexiones de Norberto Bobbio o Giovanni Sartori trasladadas a la pantalla chica, tal vez se puedan decepcionar un poco. La forma en que se aborda el tema puede parecer algo superficial, pero logra reflejar de cierta forma las malas prácticas en la política estadounidense. Al final una serie de televisión, es una obra de entretenimiento y no un documental o cine de arte.

    Kevin Spacey demuestra por qué es un gran actor. Como protagonista, monopoliza la atención del espectador en su personaje Frank Underwood, un hombre ambicioso, pragmático, que hará por sea por obtener lo que quiere, y quiere venganza por no haber recibido la Secretaría de Estado del nuevo gobierno electo. Casado con Claire, una mujer fría y ambiciosa, y que además sostiene un romance con la periodista Zoe Barnes, que es representante de la relación entre los medios y el gobierno estadounidense. House of Cards es una serie buena, más no espectacular. Una adaptación de una serie inglesa homónima en los 90’s que se salva gracias a Kevin Spacey que lo hace muy bien.

    Algo de agradecer en esta serie es el haber evitado en gran parte el sesgo ideológico que muchas veces llevan implícitas las obras políticas. Kevin Spacey es un congresista demócrata, pero la serie en realidad no hace una crítica al partido demócrata, sino a todo el sistema político. La postura ante diversos temas como la ecología o los sindicatos es ambivalente. De tal forma que esta película se centra en la crítica a la corrupción, la avaricia y la amoralidad dentro del sistema político estadounidense. Posiblemente lo hacen de una manera lo suficientemente fuerte para que un mexicano lo identifique con la política mexicana. La escena donde el sindicato de maestros lleva acarreados que no son maestros a las afueras de la cena de gala organizada por Frank Underwood, y quien termina coptando a la manifestación que se vende por platillos de comida, nos trae recuerdos recientes a los mexicanos.

    Tal vez de lo que adolece esta serie es de falta de profundidad, y en general la serie me dejó con ganas de más. Como si en ciertos episodios faltara ese ingrediente para despertar emociones. La actuación de Kevin Spacey, como mencioné, es lo que logra salvar la serie. El recurso donde habla al espectador en primer plano es muy bueno (aunque al principio no me acostumbraba a él) pero en los siguientes capítulos usaron ese recurso de forma irregular.

    La serie habla de lo que realmente adolece la política estadounidense (y en gran parte del mundo), pero en ocasiones parece que la forma en que se tocan esos puntos son un poco fantasiosos y queda la sensación de que hace falta un poco de más realismo. La forma en que Frank Underwood resuelve el problema de Russo, el candidato con problemas sentimentales, de alcohol y drogas, es un ejemplo de lo que comento. El único detalle con el personaje de Frank Underwood, no es su exagerado maquiavelismo (vaya que nosotros hemos tenido Presidentes más maquiavélicos que este personaje), sino que parece que sabe resolver todos los problemas de una manera fácil y simple, cuando la política es en realidad, más compleja.

    En general, veo a esta serie recomendable de ver, como una serie de entretenimiento, donde se abordan temas polémicos que rodean a la política del vecino del norte. Pero esta serie podrá parecer frívola para aquellos que gustan de analizar la política. Como mencioné, es una serie buena, pero nada más.