Etiqueta: homofobia

  • Gritarle al portero rival en el estadio

    Gritarle al portero rival en el estadio

    El grito del «eeh puto» tuvo su origen en el seno de la Barra 51 del Atlas. Dice la leyenda que se originó cuando Oswaldo Sánchez (ex portero de Atlas) fue transferido del América a las Chivas (rival acérrimo de su primer club). Como respuesta a la traición, los miembros de la Barra 51 comenzaron a usar la palabra «puto» cada vez que Oswaldo despejaba desde su arco.

    Al parecer tuvo tanto éxito que fue utilizado en el preolímpico rumbo a Atenas en 2004, y y «ha sobrevivido» tres mundiales: Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. En éste último, es donde el grito comenzó a llamar la atención. Aficionados de otros países lo comenzaron a utilizar sin saber su significado, e incluso personas de países en el otro extremo del globo terráqueo subieron videos del grito que ya se había vuelto famoso a nivel mundial:

    https://www.youtube.com/watch?v=B74EHL5A4zA

    Pero a partir de ahí, las críticas al grito no se hicieron esperar. La FIFA condenó el grito, y amenazó con sancionar a México. Fue la primera vez que el máximo órgano rector del balompié levantaba una advertencia. ¿La razón? Era un grito homofóbico, decían.

    La palabra puto siempre ha generado controversia en nuestro país. No sólo porque es un palabra agresiva y una grosería «mayor». Pronunciarla en un salón de clases puede ser motivo de suspensión.

    Pero también ha generado controversia cuando se trata de determinar qué tan «homofóbica» es la palabra. Y ésta viene porque en ese sentido, el término «puto» (que básicamente es una abreviación de «prostituto») es ambiguo. Sí, se usa mucho para discriminar homosexuales, pero también se usa constantemente para insultar a otra persona sin alguna connotación homofóbica, apelando más bien a la cobardía.

    Gritarle al portero rival en el estadio

    Algo así pasó con la canción de Molotov llamada «Puto». Aunque usaban este término e incluso añadían el de «maricón», los integrantes se defendieron alegando que su intención no era discriminar a la comunidad gay, y posiblemente tengan razón, no fue su intención, como se muestra en su video.

    Pero por otro lado, la canción de Molotov expresa muy bien el sentido que generalmente se le da a la palabra:

    “¿Qué, muy machín no?,  ¿A muy machín no?, Marica nena, más bien putino”

    Es decir, la letra no tiene intención alguna de discriminar a un homosexual, pero sí lo hace con quienes se considera «poco hombres», como si ser mujer «marica nena» fuera una condición inferior al hombre: «No seas niña, los niños no lloran». Hace más de 15 años, cuando Molotov compuso la canción, posiblemente no fueron conscientes de lo que esa letra implicaba. En ese entonces decirle «nena» o «puto» a un hombre con mucha sensibilidad era una conducta considerada normal.

    Bajo el mismo entendido tenemos que abordar el grito de «puto» dentro de los estadios, el cuál ahora ha causado polémica por ser usado en un partido de la Copa América poco después de guardarse un minuto de silencio por el asesinato dentro de un bar gay en Orlando. Diarios como The Guardian y The New York Times abordaron el caso. No entendían como después de un momento como ese, la afición seguía coreando el «puto».

    https://www.youtube.com/watch?v=VMFAgoA9aOE

    Pensar en que hay una intención de «odio homofóbico» cuando el aficionado grita «puto» al portero sería no entender el contexto. Yo no creo que los aficionados (al menos la mayoría) que hacen ese grito tengan la intención de agredir a la comunidad gay. De hecho pienso que la mayoría ni siquiera les pasa por la mente un homosexual a la hora de gritar. Lo ocurrido en la Copa América es prueba de ello, seguramente los aficionados no relacionaron el grito con un insulto a la comunidad gay y no vieron algo malo en gritarlo pese a que se había guardado un minuto de silencio.

    Pero a pesar de esto, a que no hay una intencionalidad de parte del aficionado por discriminar a los gays, sí estoy muy de acuerdo en erradicar ese grito del estadio; sobre todo tomando como parámetro el caso de Molotov. No deja de ser un ataque y una forma de discriminación a cierto tipo de personas.

    A pesar de esa «no intencionalidad homofóbica», muchas personas homosexuales han sido agredidos con ese término. Amigos míos que tienen preferencia por personas del mismo sexo sufrieron de un severo bullying dentro de su escuela y fueron discriminados por sus compañeros. Puto, puto, puto, les decían, hasta hacerlos romper en llanto.

    También existe esa correlación entre homosexual y cobarde. Según la idea que todavía pernea en el inconsciente colectivo, un homosexual es sensible, y entonces es cobarde, y poco hombre; es nena. Puto es una forma peyorativa de describir a un homosexual, y también es una forma de denigrar a quien es sensible y cobarde. Entonces se entiende el término de la palabra. Puto se usa para denigrar a los «cobardes y poco hombres» porque los gays «son cobardes y poco hombres», aunque luego se le quitó la «connotación homosexual» y se usó para «denigrar a los cobardes y poco hombres» sin el propósito de denigrar una persona homosexual.

    https://www.youtube.com/watch?v=SX16nN1Ugug

    Acusar a los «gritantes» de homófobos e incitar al odio es erróneo, injusto, y lo único que causaría es más odio y confrontación. Pero sí se puede generar una mayor conciencia en la sociedad sobre el uso del término y los efectos que puede tener en algunos sectores. Ese es el primer paso que se debería seguir si se quiere erradicar el grito de los estadios.

    El grito de «eh puto» se ha convertido en un grito de guerra. Recordemos que el futbol es la recreación de una batalla, donde cada bando toma simbolismos, banderas propias del equipo, así como rituales. El grito de «eh puto» es algo que se extiende más allá de de los bandos y se convierte en parte del folclor mexicano. Pero no en uno muy deseable (como sí lo es la ola, por ejemplo) sino en uno más bien vulgar. Lo mejor que puede pasar es que ese grito desaparezca de los estadios.

    No va a ser algo fácil de erradicar, en tanto ese grito ya es parte del «folclor del futbol». No se puede esperar a que eso ocurra de la noche a la mañana, pero sí se tiene que hacer un esfuerzo por generar conciencia.

  • La homofobia y la discriminación de la que nunca se habla

    La homofobia y la discriminación de la que nunca se habla

    Tengo el privilegio de tener amigos quienes tienen diferentes formas de pensar entre sí. Algunos de ellos son conservadores y asisten a misa, otros son liberales, algunos tienen otra preferencia sexual. Esto me ha ayudado a entender algo más a las dos partes que suelen enfrascarse en un debate tan ríspido como el tema de los matrimonios entre las personas del mismo sexo; y así, tratar de explicar, sin siquiera tener la necesidad de defender una postura (para efectos de este artículo no será necesario hacerlo), el contexto bajo el cual se desarrolla este debate (si es que podemos llamarlo así).

    La homofobia y la discriminación de la que nunca se habla

    En este sentido, las críticas que emitiré no tendrán que ver con una postura propia y sí mucho con las formas. Porque no sólo es lo que se dice o lo que se promueve, sino la forma en que se hace. Las formas también inciden en el resultado que un cambio genera dentro de la sociedad.

    He tratado de entender a ambas partes. Entiendo que un cambio de tal envergadura genere conflicto. Por un lado puedo divisar a la comunidad LGBT quienes han buscado expandir sus derechos, o a quienes simplemente concuerdan con la propuesta, así como a los conservadores que quieren mantener el modelo de familia tradicional. Si te pones a pensar, sin importar que estés de acuerdo o no, ambas posturas tienen sentido:

    Los seres humanos siempre entramos en conflicto cuando se pretende un cambio estructural en la sociedad por instinto de supervivencia. Es decir, una estructura social no puede permanecer rígida porque se atrofia, pero tampoco puede permitirse cambios estructurales de forma intempestiva (en vez de ser progresiva) porque ello amenaza la cohesión misma de la sociedad.

    Gracias a este jaloneo entre ambas partes, es que hemos podido implementar cambios de forma progresiva dentro de nuestra sociedad con sus propias particularidades. Cuando los cambios se imponen de forma súbita, sin importar si el fin último es bueno, pueden generar más bien caos. Un ejemplo de ello es el Consenso de Washington que proponía libre mercado, reducción del estado, privatizaciónes, y demás medidas.

    A priori, podríamos estar de acuerdo que un estado con una fuerte injerencia en la economía termina inhibiendo el progreso económico, pero al imponerse como una misma receta para todos, y sin pensar en la realidad propia del país, generó en muchos casos resultados adversos que se convirtieron en caldo de cultivo para el ascenso de dictadores como Hugo Chávez.

    La homofobia existe y es un problema, pero la discriminación en muchos casos es recíproca y tiene que ver más con una actitud que con una postura ideológica.

    Es decir, las resistencias, aunque estas representen una idea que será reemplazada por otra que la hará obsoleta, tienen un sentido dentro de nuestra evolución como especie.

    Un liberal, asumiendo el estricto significado de la palabra, debería ser respetuoso de la resistencia propia de los conservadores, donde el debate y el conflicto sea con las argumentaciones y no con las personas. Lamentablemente, en muchos casos no ha sido así.

    Me explico, me he molestado en leer ambas posturas, quienes apoyan estos cambios, y quienes desde el conservadurismo se oponen a la adopción por personas del mismo sexo y a un cambio en la currícula que tiene como fin integrarlos a la sociedad. Dichos cambios efectivamente implicarían un cambio en la agenda educativa, donde la familia pasaría de ser entre mamá y papá para dar entrada a otros modelos. Independientemente si se está de acuerdo o no se está de acuerdo con las argumentaciones, hay una constante que me cuadra. Y es, que muchos de los conservadores (u opositores) se sienten condenados al ostracismo cuando menos al expresar sus opiniones.

    Muchos gays se sienten discriminados y apartados de la sociedad por su mera preferencia sexual. Son discriminados de puestos de trabajo, son expulsados de sus familias, son insultados con términos como «joto o puto», son excluidos, etiquetados, tachados de enfermos, pecadores, a algunos los motivan a «quitarse lo gay» y demás. En ese sentido, se me hace correcto que en este tipo de actos se perciba una expresión de homofobia y se señale.

    Es decir, la homofobia sí existe, pero no abordaré eso con profundidad porque abunda literatura sobre la homofobia y la discriminación a los gays. Voy a hablar de lo que casi no se habla y se debería de hablar.

    Se me hace incorrecto que algunas personas pretendan encasillar y relegar a quienes, desde una postura no homófoba, disienten con alguna o algunas de propuestas, leyes o agendas que busca impulsar la comunidad LGBT como quienes expresan preocupaciones no por la preferencia sexual, sino por las consecuencias que en su opinión podrían acarrear este tipo de medidas. Por ejemplo, quienes dicen que los hijos pueden confundirse o no puedan desarrollar una identidad plena sin un mamá y un papá.

    De esta forma, asumimos una postura maniquea donde solo existen dos bandos, y se ignora la escala de grises.

    116650-bfb3f40e5637ac82c_pf-0937ogp070517-homofobia10-a-d

    Les contaba que yo tengo amigos conservadores que no están a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Y tal vez te sorprenderías si te dijera que varios de ellos tienen amigos gays. De hecho me atrevería a decir, que la distancia entre uno de ellos y una persona pro LGBT es menor, a la que hay entre ellos y quienes sí son homofóbicos y sí son partícipes de actos de discriminación. Es decir, apoyan el modelo de familia tradicional, pero no relegan a los gays ni los discriminan.

    Mis amigos pueden convivir con ellos sin ningún problema; a pesar de que la postura entre ambos es diferente, se respetan, porque la amistad, consideran, es más fuerte.

    Pero para algunos, ya son homofóbicos. Y entonces al constatar esto, la conclusión es que la discriminación es recíproca. Un sector de quienes se oponen (no todos) incurre en actos de homofobia, mientras que un sector de los que están a favor (tampoco todos) discrimina de la misma forma.

    Pero en vez de tolerar la disensión y debatir con argumentos, las descalificaciones abundan. Esto no sólo reduce el nivel de debate, sino que no ayuda mucho a nuestro crecimiento como sociedad.

    Otra cosa importante que debemos entender es que los cambios dentro de la estructura de valores y creencias de cada persona son progresivos. Cuando éstos ocurren de forma súbita, se debe fundamentalmente a dos razones. 1.- Por interés, o 2.- Como resultado de un lavado de cerebro intensivo.

    Vamos a hacer un ejercicio. Vamos a suponer que el matrimonio igualitario es deseable, que es consecuencia de nuestro progreso como especie humana, y que no hay argumentos sólidos, de acuerdo a nuestros avances en la ciencia, filosofía, psicología, o psiquiatría, para oponerse a ello.

    Una persona que no concuerde o su postura sea «en contra», no lo hace por ser una mala persona, o por que no es inteligente, o es intolerante. Tiene que ver más con una escala de valores y creencias que ha adquirido en el seno de su familia, la escuela, o la religión. Ese conjunto de creencias le otorga una esencia como persona y le ayuda a construir su personalidad (en conjunto con su temperamento y rasgos producto de los genes).

    A los individuos no se les puede obligar a cambiar de ideas de la noche a la mañana. Debido al instinto de supervivencia humana, esto requiere un proceso y quienes no estén de acuerdo con su postura, deberían de ser más empáticos.

    Cambiar esa escala de valores de la noche a la mañana tendría consecuencias nefastas para su psique, si lo hiciera podría sufrir una severa crisis de identidad que lo orille a suicidarse; por eso es que el individuo opta por defender su postura en un primer instante, porque es más sano para su mente. En cambio puede progresivamente, conforme a su experiencia, realizar «ajustes» en esa escala de valores sin el riesgo de que su estructura colapse. Para generar el primer resultado, está la degradación y la humillación (aunque en realidad, el individuo terminará reforzando más sus ideas), para el segundo, la persuasión.

    El tema del matrimonio igualitario es algo completamente novedoso en nuestro país, ni siquiera era parte de la discusión hasta hace poco tiempo. Cuando degradamos, etiquetamos, y condenamos al ostracismo, estamos obligando al individuo a hacer lo primero, que cambie su conjunto de creencias de forma inmediata. Como «defensores del matrimonio igualitario», en este caso hipotético, no estamos siquiera respetando el proceso psicológico que debería de llevar a cabo para convencerse de que ese conjunto de creencias con respecto al tema era obsoleto.

    Imagina que eres un activista que toda su vida ha luchado contra los GMO (transgénicos), ha dado conferencias, ha marchado a la calle, se ha hecho un nombre, y eso le ha dado un sentido a tu vida. De pronto, un estudio por parte de científicos respetados que no deja ninguna duda, demuestra que los GMO no tienen ningún problema. Naturalmente tú te vas a mostrar muy escéptico ante esa nota y no la vas a creer. Pero ahora imagina que el siguiente día sales a la calle y te empiezan a señalar como «GMOFóbico», al punto en que te la piensas dos veces antes de publicar algo en Facebook sin ser juzgado por tus amigos.

    Algo así es lo que pasa. Si bien, lo que le da sentido a la vida a la mayoría de los opositores no es «odiar a los gay», sí lo es la creencia en un modelo de familia tradicional. Entonces puedo entender su sentimiento cuando son señalados por no estar de acuerdo con algún punto, cuando ellos no son homófobos e incluso tienen amigos gay. Es lo mismo que sintieron Dolce & Gabanna, la famosa pareja gay creadora de la marca de moda del mismo nombre al oponerse al matrimonio igualitario. Muchos los amenazaron con ya no volver a comprar sus productos, y los humillaron en las redes sociales cuando ellos mismos no pueden ser homófobos porque eso implicaría darse un balazo en el pie.

    Dolce & Gabanna. Matrimonio gay

    Sí, sí se debe de señalar a quienes sí incurren en actos de homofobia porque van en contra de derechos esenciales como el respeto a la integridad de las demás personas, y esa postura tiene que ver más con una «escala de prejuicios». Pero quienes sin hacerlo desde una postura homófoba disienten, deberían merecer el mismo respeto que quienes están a favor.

    Tenemos que aceptar que la discriminación es recíproca, y que ésta tiene que ver más con una actitud de la persona que con una diferencia ideológica o de opinión. Tanto quienes están a favor de expandir los derechos de la comunidad LGBT por medio del matrimonio igualitario, como aquellos que defienden el modelo de familia tradicional, deben de aprender que lo que va en la zona de guerra son los argumentos y no las personas. Deben de aprender a no hacer juicios morales por tan solo disentir o pensar diferente. No se puede ser liberal si se coarta la libertad del otro a expresar su opinión. De igual forma un conservador que vive bajo la premisa de la familia y los valores, no puede discriminar a otra persona por su preferencia sexual.

    En democracia, ambas partes están en el derecho de defender su postura, de promover un modo de familia nuevo, o de defender un modelo tradicional. Palabras como liberalismo y democracia son atractivas, pero a veces no es tan atractivo ser congruente con dichos términos; porque eso implica tolerancia a la opinión del otro, y que a pesar de que se luche por ideales opuestos, el respeto a la persona y su derecho a la libertad de expresión siempre debe de garantizarse.

    Se trata de elevar el nivel de debate, de aprendernos a respetar a pesar de las diferencias.

  • Juan Pablo Castro, el mirrey ultraconservador

    Juan Pablo Castro, el mirrey ultraconservadorJuan Pablo Castro es un jóven tapatío (así lo deja ver en su cuenta de Twitter @jpcastrogamble), dice no ser afiliado al PAN, pero su cercanía con el partido y con las creencias más conservadoras de los blanquiazules, haciendo una analogía, sería como argumentar que un hombre no está casado con una mujer para evadir cualquier relación con ella, pero que en realidad llevan más de 30 años viviendo en unión libre y han procreado hijos. Es miembro de Acción Juvenil, por lo visto en su cuenta, prácticamente todas las personas «a las que sigue» están relacionadas con el PAN. ¿Por qué mirrey?, así lo han llamado porque en la moda de etiquetar a todas las personas como algo, como parte de una tribu urbana, este jóven tiene las características de quienes llaman mirreyes (a los que en el pasado llamábamos juniors, que se distinguen por estar a la moda, vestir ropa de marca, estar de fiesta). Y ¿Por qué ultraconservador?, por las polémicas declaraciones vertidas en el congreso del Distrito Federal, lo que provocó abucheos y críticas ya no solo de la izquierda, sino de miembros de su propio partido.

    Habló despectivamente del Gobierno del Distrito Federal. A pesar de que la capital ha visto reducido en sus últimos años los índices de inseguridad y contaminación; para Juan Pablo Castro, el PRD está destruyendo las instituciones con el «matrimonio de jotos» como el le ha llamado a los matrimonios entre personas del mismo sexo. En su libre albedrio, cualquier persona tiene derecho a pensar lo que sea, pero cuando se toma un micrófono, se adquiere una responsabilidad, y aunque esa responsabilidad bien no incluye la promoción de minorías o conductas de estas (que a su juicio son reprobables), si incluye la tolerancia y el respeto. Juan Pablo Castro parece ser más bien uno de esos conservadores «de doble moral», porque en su ávatar de Twitter se puede ver una imagen de él besándose apasionadamente con su novia en la calle (no es que eso sea malo, pero para los ultraconservadores que bajo la bandera del dogma condenan las preferencias sexuales de otro, esa foto sería algo así como un acto impuro o exhibicionismo).

    Los detractores del PAN dice que Juan Pablo Castro representa «el pensamiento de Acción Nacional», y que dijo lo que los mismos panistas no se atreven a decir en público pero que en realidad creen. Yo no lo creo tan así, más bien creo que representa al ala más conservadora de este partido. Incluso dentro del PAN (y lo digo por conocimiento propio) existen tribus (todavía incipientes) que defienden el derecho de los homosexuales e incluso el aborto. Pero posiblemente Juan Pablo Castro no conozca a fondo la ideología del partido con el que tiene una «unión libre», más bien se nota que no está muy bien preparado políticamente (posiblemente su edad, o tal vez algo de ignorancia), y quiso pararse a la tribuna con un porte estilo Diego Fernandez de Cevallos o incluso como Gerardo Fernández Noroña. Pero Juan Pablo Castro no tiene la preparación ni la carrera política del primero, y no tiene ese «espíritu» contestatario y aguerrido del segundo.

    Se hablaba hace poco de que Josefina Vázquez Mota había escrito un artículo elogiando las políticas económicas de Pinochet, causa por la cual sus detractores la comenzaron a llamar fascista; pero en realidad nunca mostró aprobación por la barbarie y los crímenes que cometió el dictador chileno. Los panistas no deberían preocuparse tanto por esas nimiedades y si más por tener en sus filas a gente con un pensamiento intolerante; más cuando seguramente se trata de gente que profesa la doble moral, claro está, como una consecuencia de la imposible adaptación de la naturaleza humana a los rígidos dogmas que buscan seguir. Y mi pregunta final la dejo al aire, ¿ustedes creen que este tipo de personas que sienten una repulsión por la comunidad gay no son en realidad homosexuales de closet?

  • La Marcha Antigay en Guadalajara

    Muchos de los que ya me han leído en este sitio conocen mi posición frente al aborto y la adopción entre hijos. Pero caray, déjenme hacer números, a la marcha por la paz, fueron 2,000 personas, a la marcha en favor de la vida fueron 5,000, me llama la atención. No estoy en contra de que un grupo de conservadores se manifieste a favor de la vida y de que se reviertan todas las legislaciones que se han hecho en el DF (matrimonio entre homosexuales, aborto, adopción por parte de parejas gay etc…), pero lo que si me impresiona que en mi ciudad les afecte más ver a dos hombres (o mujeres) besuqueándose en la calle, que ver personas ultimadas por culpa del narcotráfico. La marcha que fué lidereada por Norma Edith Martínez Guzmán dobló en cantidad de gente a la lidereada por la maestra Erika Loyo y la FEU.

    Dentro de una democracia, tanto liberales como conservadores tienen derecho a manifestarse. Y creo que nadie debería impedir el libre derecho a estas personas a manifestarse en contra de las reformas que llevaron a cabo en el Distrito Federal. Pero si me preocupan los signos de intolerancia que se muestran en estas marchas hacia los homosexuales (como lo muestra la fotografía principal), lo cual hizo que muchos críticos le llamaran «la marcha antigay«. Podemos debatir sobre el aborto, porque está implicada una vida; podemos debatir sobre la adopción homosexual, porque no hay nada que nos asegure que el hijo vaya a crecer dentro de un ambiente sano (debería en este caso hacerse una seria investigación científica y no dogmática). Pero hablar de no tolerar a los homosexuales per sé, es ya otro tema, y creo que en este caso se estaría tolerando la intolerancia.

    Yo no sé si es natural el ser gay, no se si sea una neurosis o sea parte intrínseca del ser humano (siempre han existido homosexuales). pero es un problema que atañe a terceros, y en una sociedad avanzada, se deben de respetar las decisiones de terceros, valga la redundancia; mientras estas no afecten a otras personas. Igual que el ser gay, tampoco se si la homofobia sea una neurosis o un mal que se deba de tratar psicológicamente, porque me pregunto ¿en que afecta ver a una pareja de gays?. Yo lo admito, que cuando veo una pareja de «locas», como les suelen llamar a los gays que son exhibicionistas, me dan «ñáñaras«, pero sé que no están afectando a nadie, ni creo que su comportamiento esté convirtiendo a todo mundo en gay, lo cual me obliga a no entrometerme y a respetar.

    Así como muchos en las marchas por la paz reclamaban que se estaban integrando células radicales de izquierda (lo cual sucedió en la marcha de Sicilia), yo reclamaría también la integración de mentalidades retrógradas que quieren eliminar a los gays de la faz de la tierra. Lo cual, lamentablemente nunca van a lograr, porque como he comentado, la homosexualidad siempre ha existido y está bien documentado. Está bien que existan conservadores y liberales y debatan sobre el tema, pero es peligroso cuando se traspasa los límites de la tolerancia. Yo he conocido gente gay, y además de caracterizarse por ser gente muy trabajadora, es gente muy creativa, y claramente, tienen buena sensibilidad, habilidades que pueden ser aprovechadas en aras al mejoramiento de la sociedad.

    No puedo estar de acuerdo en muchas cosas de lo que postulan los liberales o de lo que postulan los conservadores, pero para eso creo que existe el debate y el uso de la razón. Es necesario evitar caer en dogmatismos (y hablo para las dos partes), para eso existen la ciencia, la filosofía, la ética y diversos tipos de corrientes que a fin de cuentas sirvan para dignificar al ser humano.

    Les comento que a las 8:00 PM habrá una entrevista en vivo con una especialista en equidad de género en www.arvisaradio.com

  • Gobierno paga terapias para curar gays

    No se sorprenda querido lector, pero esto de las terapias para curar gays existe y se me hace sorprendente que en pleno siglo XXI gobiernos como el del estado de Jalisco apoyen esta iniciativa. Se que ser gay no es natural, pero se que la homosexualidad es algo que siempre ha existido en la historia de la humanidad, existe y existirá. No se ha determinado si es algo genético, o bien es algo aprendido, pero aunque al sector conservador le duela, es una condición que existirá siempre en la humanidad.

    Muchos siguen empecinados en buscar curar «esta plaga» y eso sucede con el gobierno de Jalisco, de corte neoconservador quien se ha atrevido a financiar terapias para curar gays con los impuestos que usted y yo pagamos. Si, parte del dinero que tu y yo pagamos se vá a destinar para que veamos menos amanerados caminando en la calle. Mi pregunta es, ¿a quien le importa si hay jotos o no pululando por las plazas de Guadalajara?. Eso la verdad no es mi problema.

    Miren lo que afirma el terapeuta Richard Cohen:La homosexualidad y la atracción hacia el mismo sexo trata de la no pertenencia, de no encajar, y de sentirse diferente. Sólo llenando estas necesidades los gays volverán a ser heterosexuales. No he hallado pruebas genéticas que determinen que nadie nace gay, por lo que esta condición es totalmente reversible. Para ti mamá y papá, si ayudas, si creas la red de apoyo que necesitas, buscas el amor de Dios y la renovación, encontrarás gran esperanza y curación para tu hijo”

    Yo mismo me he opuesto a la adopción gay porque es una situación que involucra a terceras personas, pero creo que nadie está en el derecho de imponer la preferencia sexual a terceras personas precisamente. Si se fijan utilizo el mismo argumento para defender las dos posturas precisamente. En la adopción gay (valga la redundancia) se involucra a terceras personas a vivir en un entorno que no es natural, donde no hay una presencia materna y paterna a la vez por lo cual me opongo, pero tambien respeto la preferencia sexual de los gays porque yo no tengo el derecho a decidir sobre la preferencia sexual de terceras personas.

    Si un gay cree que «puede sanarse» y decide acudir a un terapeuta o con un especialista para hacerlo está en su derecho, pero creo que está mal que se lo impongan otras personas. Si él quiere ser homosexual, está en su derecho. Creo que ser homosexual no es ningún pecado ni ningún agravio contra la humanidad. Creo que esos prejuicios homofóbicos que a veces se ven en el sector conservador de la sociedad no son sanos y creo que deberíamos aprender a respetar la preferencia sexual de los demás. En la sociedad hay muchos defectos que son mucho más graves que el ser homosexual y a veces no solo no son mal vistos, sino que a veces son aplaudidos por la sociedad, como la corrupción, el robo, etc…

    La homosexualidad no será «natural», pero cada quien tiene el derecho a elegir su preferencia sexual, ¿no creen?.