Etiqueta: Hillary Clinton

  • Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

    Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

    Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)
    Getty Images

    Algunas voces dicen que la intención de Trump no era llegar a la Casa Blanca, sino ser capaz de recoger la indignación arrinconada en la derecha política para que con esa masa creara un canal o medio de comunicación que rivalizara con Fox News. ¿Les digo lo que pienso? Que una teoría así no suena tan descabellada después de lo que ha sucedido en las últimas semanas, y sobre todo, lo que ocurrió en el último debate. Donald Trump cometió errores tan infantiles a los cuales no puedo dar crédito.

    Desde hace algunas semanas la campaña de Donald Trump ha dejado de tener sentido alguno. Tendría que ocurrir un auténtico milagro para que un eventual triunfo de Trump ocurriera, algo de proporciones históricas.

    Cierto que las encuestas fallan y que hemos sido testigos de varias «sorpresas», pero la diferencia ya es muy grande. Es casi un hecho de que Hillary Clinton ganará las elecciones. Ahora la pregunta no es si perderá Trump, sino más bien si será aplastado, lo cual es bueno porque una derrota estrepitosa podría afectar negativamente a su liderazgo, haciendo más difícil que vuelva a contender en algunas elecciones venideras o pretenda ser alguna especie de líder que pretenda influir en la política y la sociedad estadounidense desde fuera del poder.

    La mayoría de los estadounidenses ya definió su voto, y lo que está en juego es aquella porción, cada vez más pequeña por naturaleza conforme se acerca el día de las elecciones, de ciudadanos indecisos.

    Frases como «Bad hombre» o «Such a nasty woman» quedarán para la posteridad.  Con ellas, parece que Trump terminó de sepultar su campaña política porque el electorado femenino tiene un tamaño considerable dentro de esa masa indecisa. Trump, en el menos peor de los casos, apeló a su base, a sus simpatizantes más fervientes, a aquellos que incluso han sugerido quitarle el derecho a voto a la mujer, quienes ya tienen su voto definido por él, mientras que sólo habrá conseguido ahuyentar más a quienes no han decidido su voto.

    Pero lo más preocupante es que Donald Trump amague con desconocer los resultados de las elecciones. Si algo conocemos muy bien los mexicanos son las consecuencias de un conflicto post-electoral de esas proporciones, sobre todo por la tremenda polarización (como si la división que ya hay en el país norteamericano no fuera suficiente)-

    De hecho no es la primera vez que lo hace. Hace 4 años, desconoció la victoria de Obama sobre Mitt Romney, y amagó con organizar una marcha hacia Washington.

    Un conflicto post-electoral podría tener consecuencias graves para un país cuyos ideales democráticos sirven para ejercer influencia sobre otros países, gran parte del poder blando (soft power) de Estados Unidos, además de la gran influencia cultural en todo occidente y gran parte del oriente, está moldeado por el discurso de los valores democráticos.

    No es la primera vez que esto ocurre: en el año 2000 George W Bush ganó a Al Gore de forma polémica, sobre todo por lo ocurrido en el recuento de los votos en el Estado de Florida donde su hermano, Jeff Bush, era gobernador. Pero en ese entonces, Al Gore, a pesar de no estar de acuerdo con el resultado, lo aceptó. Eso no ocurrirá si Trump desconoce el resultado.

    Varios psicólogos afirman que el poder no corrompe al individuo, sino que más bien magnifica los rasgos de su personalidad. Aquella persona deshonesta o corrupta lo será mucho más en un ámbito de poder. En este mismo sentido, Trump ha sido capaz de acosar sexualmente a mujeres o discriminar a minorías, como mujeres y discapacitados, porque es parte de su torcida personalidad: una que le ha traído un considerable número de seguidores. Por esto es que el riesgo llamado Donald Trump no acabará con las elecciones, y por esto es que es deseable que el resultado sea lo más estrepitoso, porque su carácter autocrático y egocéntrico podría poner en juego la credibilidad de su país desconociendo el resultado y actuando en consecuencia, si no es que ya lo ha hecho.

    Habrá que preguntarse qué es lo que pasa en la sociedad estadounidense como para permitirse candidatos demagogos que no sólo amenazan e insultan a las minorías o a los migrantes, sino al propio pueblo de Estados Unidos. Eso es algo que nuestros vecinos tendrán que reflexionar a fondo, porque es síntoma claro de que las cosas no andan muy bien por allá.

    Y Hillary Clinton, cautelosa, sin despeinarse demasiado, emocionalmente inteligente, y a pesar de no tener un carisma sobresaliente, hizo lo necesario para sobrellevar el debate y así seguir su camino a la Casa Blanca. Aunque cuando llegue tendrá que lidiar con esos altos negativos que la candidata tiene, no sólo por el escándalo de los correos, sino también porque… es mujer.

    https://www.youtube.com/watch?v=VLdmEDOAA4A

  • El dictador naranja, round 2

    El dictador naranja, round 2

    REUTERS/Karen Pulfer Focht
    REUTERS/Karen Pulfer Focht

    Después del debate, quien todavía no crea que Donald Trump tiene inclinaciones dictatoriales es porque no lo observó bien, o se quiere cegar. Basta observar su lenguaje corporal: se mostraba imponente y hasta acosador. Hillary respondía las preguntas mientras Trump caminaba a sus espaldas, como el stalker perfecto, casi respirándole al cuello. A diferencia de Hillary, Donald Trump no se acercaba a la gente cuando respondía sus preguntas, marcaba su distancia, interrumpía a los moderadores del debate.

    Trump inició el debate con un semblante devastador, nuevamente inhalando aire una y otra vez, no sé si debido a una enfermedad, o como consecuencia de lo que sugieren las malas voces, de la cocaína importada por los mexicanos secuestradores, violadores o asesinos. Después, Donald se recuperó y por momentos tomó el control del debate. Hillary Clinton esta vez mostró que el carisma no es lo suyo, le faltó contundencia, no mató, dejó ir vivo a Donald Trump del debate y no le puso el clavo final a su candidatura, aunque ese clavo tal vez Donald ya se lo había puesto solo con el video que lo exhibe como depredador sexual. Trump, antes del debate había llevado a mujeres que presuntamente acusan de acoso sexual a Bill Clinton como respuesta, y pretendió que éstas entraran al recinto donde se llevaría a cabo. Trump hizo todo lo posible para ensuciar todo, para mostrar las «porquerías» de Hillary, verdades, medias verdades, mentiras, muchas mentiras.

    El punto culmen del debate fue cuando Trump le dijo a Hillary que de llegar a la Casa Blanca daría órdenes para investigar el caso de Hillary Clinton y así, poder meterla a la cárcel por el escándalo de los correos. Fue el punto culmen porque la persecución política es característica de dictadores y demagogos y no de presidentes democráticos, porque la investigación corresponde al poder judicial y no a los caprichos del legislativo. La simpatía, a veces expresa, de Donald Trump por Vladimir Putin no es coincidencia.

    Donald Trump una vez más mostró que el respeto por el Estado de derecho y las instituciones no es lo suyo: se ufana de no pagar impuestos, amenaza con encarcelar oponentes o por cancelar tratados internacionales. El talante autoritario de Trump está muy presente, no es ni siquiera parte de una estrategia de campaña, es él mismo en un desplante sincero de su esencia como persona, lo ha mostrado durante toda su carrera como hombre de negocios con el (mal)trato hacia las mujeres, sus escándalos sexuales -que llevan implícitos una falta de respeto hacia su propia esposa-.

    El resultado del debate no fue tan holgado como el de la otra vez, de hecho no me atrevo a decir que Hillary lo haya ganado. A pesar de sus mentiras, Trump se vio más presente, menos caricaturesco, y se molestó más en preparar sus intervenciones. Hillary ahora no pudo darle una de esas estocadas penetrantes que vimos en el primer debate. Pareciera que la estrategia de Hillary fue defensiva, parece que decidió apostar a que el escándalo de los videos hicieran todo el trabajo para tumbar a Trump a la lona y que no pudiera usar el debate para quitarle el momentum a Hillary. Si esa fue la estrategia, funcionó, porque a pesar de que Trump estuvo mejor, el debate no incidirá mucho en las preferencias como ya lo estamos viendo, pero Hillary pudo rematarlo y decidió no hacerlo.

    A pesar de que mejoró mucho en su desempeño, Trump no pudo frenar la picada en la que se enfrenta su campaña. Parece que ahora sólo podrá apostar a un milagro si quiere ganar la candidatura, en la cual, al menos hasta unas pocas semanas, se veía muy competitivo.

    A pesar del duro golpe, los medios aciertan en no subestimarlo. No se puede subestimar a un personaje de la talla de Trump a estas alturas del juego donde votaciones como las del Brexit y los tratados de paz de Colombia, ya nos han enseñado a que no podemos dar nada por sentado.

  • Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Vi el debate el día de ayer.

    Hillary Clinton le puso una arrastrada a Donald Trump. Al menos todos los que nos creemos pensantes, nos sentimos quesque intelectuales y nos encanta opinar de todo, lo vimos así. En la batalla de los argumentos, Hillary le dio una repasada al populista naranja, lo exhibió, una y otra vez lo dejó ver como un mentiroso. Recordé ese Chile  7-0 México que tanto disfrutamos y gozamos pero en versión debate. A pesar de que al principio Donald Trump no picaba el anzuelo, Hillary no tardó mucho en encontrar al modo y lo exhibió.

    Eso es lo que pensamos nosotros.

    Pero no es lo que piensa todo el mundo, menos «esa masa» del electorado estadounidense.

    Digamos que parte del electorado de Donald Trump vió ese «7-0» desde otra perspectiva. Para ellos, el 7 va antes que el 0.

    Es decir, la base de votantes de Donald Trump está movida por la indignación, por aquellos que se sienten  «traicionados» por su país, quienes han perdido sus empleos porque las empresas se han ido a otros países para abaratar costos, y sus escasas habilidades técnicas y de conocimiento no dan para encontrar empleos igualmente remunerados.

    Trump había encontrado el discurso perfecto, se había inventado enemigos como México, China, los migrantes asiáticos. Aprovechó la ignorancia, que es una constante en esos sectores deprimidos, y pasó de ser un pre-candidato irrelevante del GOP, a un serio contendiente por la presidencia.

    Los argumentos no importan tanto para sus electores, sino aquello que significa Donald Trump, el outsider, el showman.

    Hillary hizo lo que tenía que hacer. Se notó que, a diferencia de Trump, preparó muy bien todos los escenarios posibles, tanto de ataque como de defensa. Sobre todo, logró mostrarse como una estadista, como una mujer fuerte (reduciendo los cuestionamientos sobre su desmayo a cero) que tiene idea de lo que va a hacer cuando llegue a la Casa Blanca. Vaya, se le vieron tablas. Se notó que la batalla era entre una política de carrera y un empresario demagogo.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZEHPrYUcoi0

    Más que quitarle puntos al otro, lo que debía hacer Hillary era sumar los propios. Trump no iba a perder mucho por los ataques que recibiera por lo antes mencionado, pero Hillary podía ganar los suyos. En cada ataque imprimió ese perfil que sabe que le conviene mostrar, el de una mujer determinante, que sabe lo que hace. Había que ganarse a los indecisos, la pregunta es a cuántos.

    Pero si piensas que este debate, uno de los más disparejos que recuerde, va a noquear a Donald Trump, estás equivocado. Hillary ganó una batalla, no la guerra.

    Y no hablo de los dos debates que todavía tienen que llevarse a cabo, sino de «todo lo demás» que puede pasar en este mes y medio que falta para que los estadounidenses salgan a votar: algún atentado, alguna declaración, algún escándalo. Según fivethirtyeight.com, las posibilidades de que Hillary gane son 55%, mientras que las de Trump son 44%. Clinton es favorita, pero la contienda está cerrada. Según este mismo medio, las posibilidades de Hillary sólo aumentaron un 1% después del debate (esperando lo que ocurra los días que faltan). La buena noticia para Hillary, es que al parecer, al menos logró romper la racha de Donald Trump.

    Trump vs Hillary
    fivethirtyeight.com

    ¿Qué quiero decir?, que la contienda sigue estando lo suficientemente competida como para pensar que ya hay ganador, como para pensar que Hillary será la próxima presidenta. El riesgo llamado Donald Trump sigue latente, y aute algún exceso de confianza puede pasar cualquier cosa.

    Hillary debe de capitalizar lo sucedido en el debate para seguir sumando puntos, de la misma forma debe de aprovechar los otros dos que faltan. Veo difícil que Donald Trump pueda mostrar algo muy diferente a lo que pudimos a ver. A pesar de su carácter irracional y de los absurdos de sus planteamientos, Trump logró verse más elocuente que en los debates de las elecciones primarias, y aún así le fue muy mal.

    Y créanme, en mes y medio puede pasar cualquier cosa. Afortunadamente los medios y los opositores a Trump entendieron el mensaje de las ocasiones pasadas, saben que a estas alturas del juego no pueden bajar la guardia. Son cada vez más voces las que se suman en su contra, artistas, actores, famosos, gente que sabe que al ser celebridad o alguien reconocido puede influir en la elección de los votantes.

    Ah sí, y el precio del dólar bajó gracias a la derrota de Trump.