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  • Activistas al gobierno

    Activistas al gobierno

    Hace diez años o poco más, surgió en Guadalajara una ola de participación ciudadana que poco a poco comenzó a incidir en lo público. Temas como movilidad, combate a la corrupción y muchos otros se pusieron sobre la mesa y entraron a discusión gracias a la presión y a la labor de este activismo por parte de jóvenes que comenzaron a conocer ese mundo desde la universidad. 

    Poco a poco, este activismo comenzó a influir en las estructuras sociales y públicas con el objetivo, sobre todo, de convertir a la capital de Jalisco en una ciudad donde se pudiera vivir de mejor forma. El resultado de su chamba se puede ver en la cotidianeidad de la ciudad.  Las ciclovías, la Vía Recreactiva, e incluso los puentes que el propio gobierno establece con la sociedad civil como las glosas ciudadanas que ha organizado. La participación ciudadana ha influido en una ciudad otrora conservadora, que junto con un creciente crecimiento de las industrias creativas y tecnológicas, ha cambiado el semblante de la ciudad de una más tradicionalista a otra más bien horizontal donde las ideas, la creatividad y la innovación confluyen.

    Pero así como hemos visto el crecimiento del activismo y la sociedad civil, también hemos testigos de que, de forma progresiva, algunos de los miembros que la conforman terminan formando parte del servicio público. Y ante esto, surge cierto recelo.

    Es entendible, ya que una de las formas de operar que tuvo el régimen del partido único, sobre todo después de la matanza del 68, fue la absorción de líderes sociales dentro del gobierno para así neutralizar las amenazas que las sociedad civil representaba. 

    Pero también es cierto que ya no estamos en 1968, también es cierto que la realidad del México de ese entonces era distinta a la realidad del México actual. En realidad, la decisión de involucrarse en el servicio público (el gobierno) ya poco tiene que ver con la intención de desarticular a la sociedad civil sino con la inclusión de perfiles que se creen podrían desempeñarse de buena forma. Y es que una de las ventajas del perfil del activista es la especialización en la causa social que defiende. Si un gobierno está interesado en mejorar la movilidad de la ciudad, sabe que si dentro del activismo existen perfiles destacados, habrá una motivación para invitarlos a ser parte de su equipo.

    ¿Y tiene eso algo de criticable, que un activista decida «entrarle»? Lo criticable en todo caso sería no el hecho en sí, sino las motivaciones para decidir entrar al gobierno. Sería criticable, desde mi punto de vista, que alguien tan solo haya utilizado al activismo de aparador con el propósito de entrar al servicio público; sería criticable si el acto de entrar al gobierno representara una incongruencia: por ejemplo, que alguien que deteste al PRI y denuncie su corrupción deje seducirse ante la primera oferta y termine emulando las prácticas que criticaba. 

    Pero en realidad, que un activista entre al servicio público en sí no tiene nada de malo. En muchos casos puede terminar siendo algo muy benéfico.

    Decía yo que los perfiles ciudadanos (por llamarlos de alguna forma) generalmente suelen especializarse en aquello que defienden o saben hacer. Quienes han estado involucrados en movilidad lo han estado porque el tema les apasiona. Por eso mismo suelen especializarse, leen mucho sobre el tema y, en algunos casos, hasta toman diplomados, especialidades o posgrados en el tema. Una de las ventajas es que, evidentemente, al estar dentro de gobierno se tiene más margen de maniobra para incidir, ya que tienen más recursos a la mano para llevar a cabo los cambios que desean.

    Los perfiles ciudadanos también pueden ser muy útiles en aras de renovar la política. Estos, a diferencia del político de carrera, no crecieron bajo los antiguos paradigmas y podrían ayudar a crear una política más horizontal y programática, más alejada del corporativismo y el asistencialismo que tanto ha caracterizado a la política de nuestro país. 

    Evidentemente el activismo y el gobierno son plataformas muy distintas para incidir en lo público. La limitante del primero suelen ser los recursos y en el caso del segundo el problema principal tiene que ver con el poder. Al entrar al gobierno, el otrora activista se dará cuenta que la dinámica es diferente a la que conocía, que el poder es la moneda de cambio dentro del servicio público y que requerirá algo de éste para poder impulsar esa agenda que impulsaba desde la ciudadanía. Tendrá que saber conciliar, dialogar con los distintos actores de una forma en que tal vez nunca lo había hecho, saber llegar a acuerdos y, en algunos casos, ceder con el fin de lograr su objetivo. Todo esto le requerirá el desarrollo de otras habilidades y pasar por una curva de aprendizaje. 

    Dicen que el poder no corrompe a la gente, sino que la muestra tal cual es. Si un activista se corrompe al entrar al servicio público es porque posiblemente desde antes no tenía las mejores intenciones o que su sistema de valores ya era lo suficientemente endeble. Creo que la inclusión de algunos activistas dentro del servicio público puede ser una buena noticia dentro de un sistema político que ha sido más bien muy cerrado y hermético, pero de la misma forma es deseable que la cultura de la participación ciudadana siga creciendo. Si la participación ciudadana sigue creciendo como entidad independiente del gobierno y si algunos de sus miembros se involucran de forma progresiva, posiblemente logremos ver una transformación de la política más horizontal, donde los ciudadanos estén acostumbrados a rendir cuentas a sus políticos y éstos, al haber estado en el otro lado de la cancha, entiendan de mejor forma esta dinámica y tengan una mayor facilidad para tender puentes entre gobernantes y gobernados. 

  • Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    Hoy es un día difícil. La goleada que recibió la selección nacional a manos de Chile es una anécdota comparado con lo que ha sucedido hoy.

    Para entender lo ocurrido, no debemos abordar el asunto discriminando entre blancos y negros, entre buenos y malos. Hay que entender que hay toda una gama de grises y que el problema es mucho más complejo de lo que se piensa. Pensar en Gobierno bueno vs CNTE malo, o CNTE bueno vs gobierno malo no nos llevará a nada. La vida no es así, por más que nos hayan enseñado a verla de esa forma.

    Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    De hecho, las dos partes son muy corruptas. El gobierno de Peña Nieto es uno de los más corruptos de la historia moderna de México. La CNTE es una organización completamente corrompida heredera de las viejas prácticas del PRI, del corporativismo y del clientelismo, y que ahora recibe el cobijo de López Obrador.

    Voy a decir algo cierto. Es necesario que le quiten el poder a la CNTE y que el gobierno tome la rectoría de la educación educativa. La CNTE es una organización que ha contribuido al rezago de estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca. Unos líderes han tomado como botín la educación para satisfacer su hambre de poder.

    Voy a decir algo que también es cierto. El gobierno mató. El gobierno mató a maestros con el propósito de desalojar la carretera. Sí, #FueElEstado. También un periodista que cubría el evento fue asesinado por sujetos desconocidos cuando cubría la protesta.

    Y también cabe mencionar que la Reforma Educativa tiene el propósito único de regresar la rectoría de la educación al Estado. Que sí, es primera condición para mejorar el nivel educativo; pero a juzgar por la propuesta la Reforma en sí es el único fin. Por sí sola, podría interpretarse como un juego del poder. Que el Estado quiere tener la rectoría de la educación porque es poder y no porque quiera mejorarla.

    El gobierno niega que los policías hayan estado armados, pero las pruebas de lo contrario abundan. Fotografías, videos:

    nochistlan

    Yo había dicho que el Estado tenía que usar la fuerza de la ley en caso de que sea necesario. Pero ojo, no hay que tergiversar el término, hablo de «la fuerza de la ley». Es decir, el Estado debe de actuar respetando el Estado de derecho.

    Es decir, el gobierno debe hacer cuando pueda en tanto las leyes se lo permitan. Las leyes no te permiten matar manifestantes para desalojar una carretera. Incluso si los manifestantes actúan violentamente, si usan machetes por ejemplo, la violencia debe usarse solamente con el fin de salvaguardar la integridad de los cuerpos policiacos o de terceras personas. Los muertos, a juzgar por las imágenes y videos publicados en redes sociales (muchos replicados por medios informativos) no llevaban machetes, ni cargaban pistolas.

    Matar así, entonces, no es usar la fuerza de la ley, es cometer un crimen. Matar a una persona cuando la ley no justifica el acto se convierte automáticamente en un crimen. Los miembros de la Policía Federal que mataron a los manifestantes entonces son criminales y deben de ser procesados como tales. Si la orden la dio Aurelio Nuño, entonces también es un criminal. Si Peña Nieto tuvo relación alguna con dicha decisión, entonces es un criminal también.

    Nochixtlán CNTE

    La respuesta debe corresponder al acto. Es decir, las consecuencias de mis actos están tipificadas por la ley. Si robo un dulce, en consecuencia recibo una pena, si altero el orden público, tal pena, si mato a alguien, esta otra pena. De esto se trata cuando se habla de que se aplique la ley a cierto grupo. En algunos casos el Estado puede ejercer represión contra un grupo que está vulnerando los grupos de terceros. Pero también el tipo de represión debe tener relación con el tipo de acto. En ciertas circunstancias, la policía puede usar gases lacrimógenos, en otras puede llegar a usar la violencia para neutralizar ante un grupo que se ha convertido en una amenaza, y el tipo de violencia debe de ir en concordancia con el tipo de la amenaza. De esta forma, se entiende que no hay razón alguna para haber matado policías.

    Por otro lado tenemos que ver las consecuencias que estos actos tienen en la psique colectiva en México.

    México es un país «con muchos traumas». La izquierda radical como la propia CNTE, López Obrador y demás son claro ejemplo de ello. Estas organizaciones no salieron de la nada, son consecuencia del malestar de gobiernos que han trabajado para unos pocos, para las élites, que generalmente se encuentran muy cerca del propio gobierno, lo cual ha generado una gran desigualdad en el país (es eso, y no el libre mercado como muchos piensan). Actos como los de hoy son los que generan agravios, los cuales se convierten en traumas, y por tanto alimentan a estos grupos radicales y los empoderan. Grupos que se sienten indignados y se radicalizan, indignación que es cooptada con prontitud con líderes con oscuros intereses. Cuando se radicalizan, la posibilidad de diálogo disminuye o de plano desaparece.

    Lo ocurrido en Nochixtlán no será un golpe duro a la CNTE, por el contrario, le dará legitimidad. Un discurso de victimización ante un gobierno cuyos índices de popularidad son los más bajos desde que existen este tipo de mediciones quedará muy ad hoc.

    Y sí, así como he afirmado que López Obrador pareciera haberle hecho el trabajo al PRI «sin querer» en varias ocasiones, ahora parece que el PRI está haciendo todo lo posible para que el tabasqueño pueda erigirse como presidente en 2018. Son buenos cocineros, están preparando muy bien el caldo de cultivo para que así suceda.

    Y para concluir, como suele suceder en nuestro país, lo más probable es que no ocurra nada. No habrá culpables, y si los hay, serán de bajo rango. Este gobierno, por ejemplo, sigue sin explicarnos bien que pasó en Ayotzinapa.

    Sí, hoy es un día difícil.

  • ¡Ya chole con tus quejas!

    ¡Ya chole con tus quejas!

    Primero, antes que nada, debes de ver este video:

    Creo que el Gobierno debería de reemplazar a su equipo de comunicación social. O al menos debería de ponerles una buena reprimenda.

    Su nombre lo dice «comunicación social», que es básicamente un enlace entre el Gobierno y la ciudadanía. Es el medio mediante el cual, el Gobierno se comunica con el pueblo. Y para poder lograr una comunicación eficiente, el emisor debe de entender el entorno bajo el cual se encuentra el receptor (que en algunos casos va ligado a la relación que tiene con el emisor).

    Si quiero comunicar algo a alguien, debo de entender la situación en la que nos encontramos. Si estamos solos, tal vez te tenga que hablar en voz baja, si es un grupo de más de 100 personas posiblemente necesite buscar un micrófono. Si el receptor está triste debo de ser cauteloso y empático con éste. Eso es lograr una buena comunicación.

    Y el Gobierno no lo hace, en gran medida porque no sólo no entiende el entorno en el que está, sino que parece tener una negación deliberada. El discurso triunfalista aparece en el anuncio: «El Gobierno y sus grandes reformas». Parece, y lo he insistido varias veces, en que viven en un mundo paralelo que sólo ellos entienden. Posiblemente en realidad ellos crean que es así. Posiblemente bajo su escala de valores ellos están haciendo las cosas bien y «nosotros no los entendemos».

    Que el Gobierno de Peña ha tenido algunos aciertos, sí. Pero los errores son mucho más graves que una cuenta de luz que no ha subido. La gente es muy escéptica al Gobierno no necesariamente por grilla, o por diferencias ideológicas; sino porque de verdad muchos perciben que todo va muy mal.

    No necesitas suponer para llegar a la conclusión de que la mayoría de la población está molesta contigo, puedes usar un instrumento estadístico (resultados se pueden encontrar a montones en Internet) para llegar a esa conclusión.

    Entonces si quieres comunicar algo, debes de tomar en cuenta que la gente está muy enojada. Y lo peor que puedes hacer cuando la gente está muy molesta es aplicarle reprimendas. ¡Ya chole con tus quejas!

    Si estás seguro de los buenos resultados de tu gobierno, si estás seguro de que vas bien y la gente realmente no lo entiende, entonces debes de poner a tu equipo de comunicación a trabajar para que diseñen una campaña de tal forma que la gente pueda entender esos resultados, hay muchas formas creativas de hacerlo.

    Si tu gobierno va mal y lo sabes, entonces debes de crear una estrategia (que va más allá del aparato de comunicación) para mostrar signos de apertura, como invitar a la gente a involucrarse más, a organizaciones civiles y ciudadanos (que sí, implica ceder algo de poder, pero le da legitimidad a tu Gobierno que no podría obtener de otra forma), o al menos hablar de cambios de rumbo o que se yo.

    Pero no puedes regañar a tus gobernados. Si una persona va pasando por la calle y por un descuido la tumbo al suelo, lo peor que puedo hacer es reprenderla y más bien debería de hacerme responsable y ayudarla.

    Pero ni el Gobierno ni su equipo de comunicación social entienden el entorno. Por eso creyeron que Peña era Obama y lanzaron el tweet del #CalcetaGate, pero Peña no era Obama y le llovieron críticas. Si el Presidente no tiene prestigio tienen que obrar de otra forma, deben de pensar en recuperarlo, no en aprovechar un prestigio que no tiene para ganarse a la población.

    Siguen sin entender que no entienden.

  • Los estudiantes de Ayotzinapa ya están muertos

    Los estudiantes de Ayotzinapa ya están muertos

    Este 26 de Septiembre es el primer aniversario de uno de los días más trágicos de la historia moderna de México, y hablo de la matanza de los estudiantes de Ayotzinapa. A un año, y por más que el Gobierno trate de hacer que la población olvide el tema (porque el Gobierno se mostró incompetente, porque Ayotzinapa evidenció al Gobierno, evidenció la colusión del crimen organizado con el Estado, y también porque hay quienes se han querido aprovechar de la tragedia y manipular a los padres con intereses políticos), el dolor ahí sigue, no se ha ido.

    Los estudiantes de Ayotzinapa ya están muertos

    Hay una cosa que a mí me parece tristemente cierta, y es que los estudiantes de Ayotzinapa están muertos. Entiendo a los padres, me imagino que en su dolor no quieren perder las esperanzas, pero no veo como es que los estudiantes puedan estar vivos, menos a un año. La forma en que murieron puede ser debatible: La PGR tiene su «verdad histórica» y el GIEI por su lado afirma que esa versión es más bien una «mentira histórica». Pero los estudiantes ya murieron.

    Los padres están en su derecho de no aceptar la verdad porque es muy doloroso aceptar la muerte de un hijo, más cuando no se conocen con certeza las condiciones en que murieron. Pero a nosotros si bien no nos deja de doler el hecho, no nos han matado a un niño y podemos pensar de forma más racional y objetiva. ¿De verdad creen que los estudiantes están vivos, escondidos en algún lado? De verdad lo veo muy difícil, si no es que imposible. ¿Para qué el Gobierno simularía una tragedia que no existió? Se me hace algo absurdo.

    La tragedia nos duele mucho, de hecho Ayotzinapa es la razón por la cual el Papa Francisco (según palabras de Raymundo Riva Palacio) no pisó México en esta visita a América. El Papa Francisco pidió ir a la normal de Ayotzinapa para oficiar una misa, lo cual no le pareció al Gobierno de México. Es un secreto a voces que la relación entre el Gobierno de Peña Nieto y el Vaticana no es la mejor.

    La tragedia nos duele mucho, porque a pesar de que los estudiantes posiblemente no eran un ejemplo a seguir (en una manifestación en la Autopista del Sol, quemaron una gasolinera donde murió una persona) no se concibe que una autoridad coludida con el crimen perpetre una masacre de semejantes proporciones. Los estudiantes debían ser calmados o sancionados, no ejecutados.

    La tragedia nos duele mucho, porque aunque yo no creo que el Gobierno de Peña Nieto los haya mandado a matar, como algunos sugieren, el Gobierno fue tan displicente que el mensaje que recibimos fue de «me vale madre» y porque el nivel de corrupción que han permitido (y hasta fomentado) de alguna forma han permitido que el Estado pueda ponerse al servicio del narcotráfico para perpetrar una masacre, porque sin importar si fue de orden local o estatal, #FueElEstado, porque el estado se puso al servicio de los narcotraficantes.

    Sí, es doloroso aceptar que están muertos, porque eso significa una herida más en nuestra historia, un hecho cuyas causas posiblemente nunca conozcamos a fondo, porque hay muchos interesados en que no se sepa, o hay quienes quieren jugar tramposamente con la historia.

    Vivos se los llevaron, pero… muertos están. Y al Gobierno no le importa, el Gobierno sólo quiere lavar su imagen, el Gobierno no quiere resolver nada, sólo se quieren lavar las manos, y seguir en su acostumbrada dinámica del poder.

     

  • Huyendo de México

    Huyendo de México

    Recuerdo tanto en las elecciones de 2006 como de 2012 que circularon fotos de mexicanos en el extranjero sosteniendo un pancarta que decía «Si gana AMLO (o Peña Nieto) aquí me quedo». También muchos en sus redes afirmaron que si ganaba el candidato del PRI, huirían de México, algunos en broma ocultando muy en el fondo el deseo (imposible) de hacerlo, y otros lo tomaron en serio.

    Una amiga se va a Canadá, en parte porque ya no quiere estar en el país (además de traer unos negocios que trae en puerta), porque me dice que ya no puede con lo que ocurre en México (y se sobreentiende más cuando sabes que ella vive en Veracruz).

    Huyendo de México

    Esa maña de desear huir es algo muy común. Durante 2004 en las elecciones intermedias de Estados Unidos, algunas personalidades (entre ellos Eddie Vedder, el vocalista de la banda Pearl Jam) comentaron que si Bush se reelegía, se irían a vivir a Canadá. Con la aprobación del matrimonio gay en Estados Unidos, algunos conservadores amagaron con huir a Canadá (el chiste se cuenta solo). Muchos otros tienen raíces sólidas de las cuales no quisieran desprenderse y prefieren aguantar vara.

    Yo entiendo muy bien a mi amiga, los mexicanos nos sentimos impotentes ante lo que pasa. Lo que sucede en nuestro país llega a extremos fantasiosos, los cuales son difíciles de entender y explicar. Lo peor es que no pasa nada; lo había comentado hace más de un año y lo repito, parece que estamos en un profundo de burn out, impasibles ante lo que sucede, como si no tuviéramos margen de maniobra.

    Tal vez con excepción de la depreciación del peso frente al dólar (y no los puedo eximir del todo), nuestro gobierno tiene responsabilidad directa o indirecta con todos estos problemas que nos aquejan y nos tienen confundidos, desde la displicencia ante la masacre de los estudiantes de Ayotzinapa, hasta la corrupción con la Casa Blanca, la huida del Chapo, el malestar en la economía, el asesinato de periodistas, la laceración al Estado de derecho y muchos temas más. Es cierto que la sociedad no es completamente ajena a la situación que vivimos, y es cierto que para que se erija un gobierno así deben de existir las condiciones para dicha existencia, pero tampoco creo que «todos los ciudadanos» seamos directamente responsables de lo que pasa en el sentido de que podemos tener gobiernos con una calidad considerablemente diferente entre ellos (comparando a éste con el pasado por un ejemplo).

    Siguiendo con el tema central, hay quienes huyen por necesidad, quienes tienen que brincar la frontera porque nuestro país no les pueden dar las oportunidades para poder tener una vida digna. Hay quienes son perseguidos (por el narco, gobernantes) y también tienen que huir. Están los otros, los que han atentado contra la sociedad y huyen para no ser juzgados, pero son los menos, porque ante un Estado de derecho vulnerable, es más fácil pactar con el sistema y corromperlo para permanecer en el país, quienes tienen inmunidad y no pueden ser tocados, o a quienes los protege el fuero.

    Pero aquí en México seguimos muchos. Algunos quisieran huir pero ven imposible la aventura, o no saben a ciencia cierta si afuera les podría ir realmente mejor (ya tienen una vida hecha aquí e implicaría iniciar de cero o no dominan el idioma), algunos otros «huyen» temporalmente, salen a tomar una maestría para progresar (y tal vez lograr obtener un cargo allá para no tener que regresar) o a otras personas les pueden bastar unas vacaciones de algunas semanas para desentenderse un rato de todo.

    Lo cierto es que el deseo de huir está presente en muchas personas. Algunos de quienes se quedan podrán cuestionarlos incluso por falta de amor a la patria, pero los candidatos a emigrar responderán que se sienten incapaces de hacer algo, que la realidad los abruma y que el problema es demasiado grande como para poder incidir; o tal vez dirán que «desde afuera» pueden colaborar de una mejor forma con su país que estando dentro (en algunos casos es cierto).

    ¿Huir o no? Es un debate muy complejo, las razones son muchas, las motivos a profundidad pueden ser diferentes, el contexto también. Al final el individuo es libre, y antes que someterse a un supuesto compromiso con su nación (el permanecer en un pedazo de tierra no hace que éste se cumpla) tiene derecho de realizar su proyecto de vida como le plazca.

  • Atole con el Chapo

    Atole con el Chapo

    Enrique Peña Nieto es un pésimo Presidente. De hecho, pienso que junto con Díaz Ordaz, Luis Echeverría, y López Portillo, integra el grupo de los peores presidentes de la historia moderna (peor que Salinas, sí; creo que por eso ya pocos recuerdan su supuesta relación con Salinas). Aunque no creo que la huída del Chapo haya implicado un pacto con Peña. El Presidente pierde mucho con la salida del Chapo, pierde capital político, pierde, junto con su partido, popularidad, y por lo tanto, un paso en reversa que su partido o sus cercanos se mantengan en el poder (aunque en éste país todo puede pasar). Sólo se podría entender un pacto de éste tipo desde una conspiración mucho más compleja que tendría que rebasar nuestras fronteras.

    Atole con el Chapo

    Pero aunque no creo que haya habido un pacto explícito con Peña Nieto, para que el Chapo saliera, se tuvieron que corromper servidores públicos de alto nivel, no sólo el director del penal, sino mucho más que eso. Es que no hay forma de explicar que el Chapo haya salido por sus propios medios. No cuadra, no tiene explicación alguna:

    1.- Hace tiempo detuvieron al mochaorejas ¿Lo recuerdan? Al famoso secuestrador Daniel Arizmendi. Bueno, recuerdo muy bien que cuando lo capturaron y lo llevaron al Penal de Almoloya (hoy el Penal del Altiplano), los noticieros afirmaron que sería confinado a una celda especial de donde no podría salir, ahí se bañaría, ahí comería, ahí todo. Esto empata con lo que Flavio Sosa, luchador social de Oaxaca quien estuvo en la misma prisión en el sexenio anterior, le relató a Diego Enrique Osorno. Él estuvo en una celda donde sólo había una cama, una mesa de cemento y una ducha. No se entiende como es que el Chapo pudo entrar a una regadera común y de ahí escapar sin que las cámaras grabaran su fuga (recuerden, es un penal de alta seguridad). Sólo se puede explicar por medio de la palabra «corrupción», si el Chapo no estuvo dentro de esas celdas creadas para los reos más peligrosos tuvo que haber habido corrupción de por medio.

    Ya lo dijo Flavio Sosa, para escapar era necesario sobornar a fuerzas de tres órdenes distintas, las cuales tienen fricciones entre sí. Tuvieron que haber movimientos de más alto nivel.

    After Guzmán’s last escape, it was revealed that he had corrupted the entire infrastructure of the prison that was holding him – Patrick Radden, columiista de The New Yorker.

    2.- El túnel, el túnel más grande de México tendrá 3.5 kilómetros (construido por empresas de Carlos Slim). Éste tiene 1.5. No es un túnel que un reo pueda excavar con una cuchara. Se necesita mucho más que eso. A Priori se puede entender, porque el Cártel de Sinaloa tiene los suficientes recursos para construir túneles de cientos de kilómetros (El Chapo inventó el «narcotúnel»). Se necesita gente especializada para hacerlo (recordar que éste túnel tuvo iluminación y aire acondicionado) y se necesita un camión de volteo diario para poder extraer los metros cúbicos de tierra necesarios durante un año, ¿y nadie se dio cuenta? 1.5 kilómetros desde el penal,  donde es necesario pasar horas de revisiones para poder entrar, donde no puede volar ningún artefacto ni helicóptero ni avión, donde los teléfonos celulares están prohibidos y de donde nadie había escapado. ¿Qué nadie lo vio?

    3.- Si el Chapo escapó una vez, no se entiende que no hayan tomado las medidas necesarias para que eso no volviera a ocurrir. Patrick Radden afirmó que los oficiales le asegurarón que el Chapo estaba aislado en una celda. Sea cual sea la verdad, tuvo que haber actos de corrupción, o bien para que no lo confinaran a una celda, o para que lo confinaran y luego por alguna razón lo dejaran entrar a las regaderas comunes (Flavio Sosa relata que los reos sólo se pueden bañar a las 6:00 AM y el Chapo lo hizo en la noche).

    Mientras esto ocurría, Peña Nieto dejaba acéfalo al país, se llevó a Osorio Chong a Francia (junto con una comitiva de más de 440 personas pagadas con nuestros impuestos); y posiblemente el Chapo haya aprovechado esta condición para poder correr menos riesgos en fuga. No se entiende que Peña no haya regresado al país, muestra de que estamos frente a un gobierno débil, inepto e incapaz de hacer frente a los criminales. En su declaración, Peña ni siquiera tuvo la molestia de llamarlo por su nombre.

    El Gobierno no hace nada, apuesta al olvido porque le ha funcionado (Ayotzinapa, la Casa Blanca), la gente se indigna, hace memes del Chapo, critica a Peña Nieto en las redes, pero nada pasa, luego se le olvida. Peña pierde capital político (y lo poco que mantiene, es gracias a la oposición tan displicente y mediocre que tenemos) pero sigue en pie. En estos años se habla mucho de que va a renunciar, no va a poder, lo van a tirar, se va a morir, pero por alguna razón (y no le estoy deseando ningún mal de salud ni a su integridad) el gobierno ahí sigue, como si de alguna manera pudiera salirse con la suya. Pero no sólo siguen en pie, sino que «no entienden que no entienden», siguen cometiendo los mismos errores, el espíritu de autocrítica es nulo y pareciera que no tienen incentivos para cambiar o para dar un golpe de timón. Cierto, Peña (a mi juicio) no liberó al Chapo, pero que el criminal más buscado del mundo se te vuelva a escapar, y que no existan explicaciones para dicho escape, es porque los cimientos del edificio llamado México están endebles, es porque el Estado de derecho está débil, y en estas condiciones no se pueden lanzar reformas exitosas, no se puede mejorar al país. Se tiene que empezar por reformar lo que siempre se han negado a reformar, el Estado de derecho.

    Lo ocurrido es una humillación para el país en el mundo, como si fuéramos una suerte de hazmerreír, y nosotros no merecemos eso. Me da tristeza porque creo y estoy seguro de que México es mucho más que eso, que en éste país si existe gente que quiere hacer las cosas bien, trabajar y esforzarse. Es triste que relacionen a México con violencia, drogas y un gobierno corrupto; es triste que ya sea pan de cada día que los diarios extranjeros publiquen artículos que relaten como es que México está mal, sumido en la corrupción, que Forbes publique un artículo sobre nuestro país con el encabezado de «El país más corrupto del mundo«, tal vez a los más que odian al Presidente de forma fanática se sientan satisfechos, pero no la mayoría de nosotros.

    ¿Qué hicimos para llegar aquí? ¿Qué pasó? ¿Por qué cuando era niño, creía que en un futuro México iba a ser algo mejor y no lo es? ¿Qué tenemos que hacer para cambiar? ¿Qué podemos hacer para que podamos confiar en nuestros gobernantes y no nos den «atole con el chapo«?

  • En defensa de Aristegui. Aunque no te guste

    En defensa de Aristegui. Aunque no te guste

    Ustedes lo saben, a mi no me gusta que endiosen a Carmen Aristegui y la creo imperfecta, aunque aun así es una de las comunicadoras más importantes de México y la principal periodista de oposición. Pero una cosa es que pueda llegar a discrepar en algunos puntos, y otra cosa es que aplauda que la quieran censurar.

    En defensa de Aristegui. Aunque no te guste

    Se me hacía raro que se hubieran tardado tanto. Y les confieso, al principio pensé que se trataba de una reprimenda por un error de Carmen pero nada más. Incluso se me hacía exagerado que se empezara a hablar de censura como sucedió en Twitter. Pero a la vez se me hacía desproporcionada la reacción de MVS. Me decía ¿Por qué tienen que hacer público el hecho de que Aristegui haya usado a la marca como parte de su alianza con Mexicoleaks? ¿Qué no se podía arreglar en privado? Incluso se me había hecho infantil la reacción de MVS; pero pensé que iba a quedar ahí.

    El sospechosismo dentro de mi interior despertó cuando MVS despidió a dos de sus reporteros, Daniel Lizárraga e Irving Huerta, nada más y nada menos que los reporteros que destaparon los casos de Cuauhtémoc de la Torre y la Casa Blanca de Angélica Rivera. ¿Tanta halaraca por que Aristegui usó el nombre de MVS para una campaña? ¿Pues que hicieron ellos? Porque si el problema es el uso de la marca, pues quien tuvo la decisión final fue Carmen Aristegui y no ellos.

    Denise Dresser habla del riesgo de una putinización. Pero aunque Putin sea corrupto y autoritario, al menos puede decir que tiene liderazgo y carisma, aquí ni eso. 

    No hay que ser tontos, sabemos de donde vienen esas órdenes, y es que Aristegui es quien ha puesto más en jaque al gobierno. Ya habían usado Peñabots para restarle influencia en Twitter, ya habían repartido volantes apócrifos en Polanco y La Condesa donde se aseguraba que el PT le había pagado a Carmen Aristegui. Era previsible, y más para un gobierno al cual le incomoda la democracia.

    Mientras Peña Nieto se aplaudía a sí solo porque acaba de dar dos señales de TV abierta a sus amigos (Radio Centro y Cadena Tres), se emprendió una campaña contra Carmen Aristegui. Había que buscar una excusa y la encontraron. Mientras Peña habla de abrir puertas, en realidad las está cerrando y sólo las abre para quienes se alinean.

    Hasta Carlos Loret de Mola se indignó:

    Mientras el gobierno habla de transformar al país, nos parecemos cada vez más a Venezuela con la crisis de gobernabilidad y censura. Mientras hablan de progreso, la prensa extranjera habla de crisis, Iñárritu dice que la corrupción es el estado y Guillermo del Toro casi sugiere quemar a los políticos. Ellos pueden hablar porque están fuera de México y el gobierno no tiene la capacidad de reprimirlos. El gobierno no les puede decir a las casas productoras de Hollywood que no las contraten, ni puede presionar al Gobierno de Estados Unidos que lo haga, porque Estados Unidos es un país más democrático y el cine no depende en absoluto del gobierno como sí sucede en México.

    La situación en México está muy mal, hay mucha desconfianza, mucha desesperanza, los ciudadanos no se sienten representados. Si el gobierno hace todo muy mal, la oposición, toda (PAN, PRD, MORENA y demás) no se queda atrás y tan no sirve para nada que lo que dice un cineasta pesa más que lo que ellos hacen. Ya estamos hasta la fregada.

    Y todos estamos en defensa de Carmen Aristegui, aunque no te guste. 

    Por cierto, juego México vs Brasil el día de las elecciones.

  • House of Cards a la mexicana

    House of Cards a la mexicana

    House of Cards trata de describir la política estadounidense de una forma desgarradora, franca y para algunos, con tintes un poco exagerados. La serie describe a Frank Underwood como un déspota: un tirano y dictador en potencia limitado por las instituciones norteamericanas; un ciudadano de Estados Unidos con limitados conocimientos en política posiblemente hasta se asombre de lo que puede haber detrás del poder. Pero tal vez en México no nos asombremos tanto, porque la serie satiriza a un país que tiene instituciones relativamente fuertes y no a un país cuyo Estado de derecho está resquebrajado como el nuestro.

    House of Cards contra la realidad mexicana

     

    **ALERTA, SPOILERS**

    En México, Frank Underwood podría presentarse un político cerca del promedio, y no como una excepción. La serie trata de mostrar que dentro del Capitolio y la Casa Blanca uno puede encontrar corrupción y conflicto de intereses, pero a pesar de todo habrá una considerable cantidad de políticos que hacen bien su trabajo. Si se tuviera que filmar un House of Cards de México, la balanza entre honestos y deshonestos sería diferente.

    En la serie vemos casos de corrupción, ambición del poder por el poder, conflicto de intereses, traiciones. Se presentan al espectador como si fueran algo que no conocían y de lo que se debían de enterar. A nosotros nos parece tan cotidiano.

    Claire no tiene una casa blanca en Las Lomas. 

    Para ganar votos, Frank Underwood desvía dinero asignado a desastres naturales para su campaña «América Works». El espectador promedio dirá que es un descaro. Al menos, Underwood busca ganarse los votos con una campaña que busca generar empleo. En México, el ex Gobernador panista Emilio González Márquez desvió dinero de ese mismo rubro a un evento de Televisa, y a pesar de su mala fama por las mentadas de madre que le hizo a los jaliscienses, no es visto como una figura muy corrupta. América Works busca reducir el estado de bienestar para hacer que la gente trabaje (y de esta forma Underwood obtenga votos para mantenerse en la presidencia), la Cruzada contra el Hambre busca simplemente comprar voluntades a través de políticas asistencialistas. Dentro del maquiavelismo de Underwood, el pueblo estadounidense puede afirmar que ganan algo (dentro de la serie, claro está). Con la Cruzada contra el Hambre, ni siquiera eso.

    Doug Stamper «no se cansó» después de haber sido severamente lesionado por Rachel. 

    ¿Cómo hubiera reaccionado la audiencia estadounidense (tanto ficticia como real) si Frank Underwood hubiera desviado ese dinero para regalar más de 10 millones de televisores?

    Frank Underwood no debe de dejar ningún rastro de las muertes de Peter Russo y Zoe Barnes perpetradas por él; si en la serie esto se hiciera público, Underwood estaría en la cárcel. En México no hablamos ya de muertes, sino de masacres donde los culpables no pisan la cárcel.

    A Frank Underwood le gusta leer. 

    Frank Underwood busca acabar con Heather Dumbar dentro de las elecciones demócratas afirmando que tiene poca experiencia. Dumbar lo critica por nominar a su esposa Claire como embajadora de la ONU cuando ésta última tenía poca experiencia. En México Carmen Salinas es plurinominal del PRI, Lagrimita (un payaso) es candidato independiente, Cuauhtémoc Blanco busca ser alcalde de Cuernavaca por el PSD y el Presidente de la República no recuerda cuales son los tres libros que influenciaron su vida. Jackie busca rematar a Heather Dumbar diciendo como es que dice preocuparse por los que menos tienen cuando ella nació en una familia muy acomodada. Mientras, López Obrador afirma y reafirma ser un político honesto al tiempo que suma a Manuel Bartlett a sus filas y acepta la candidatura de Jose Luis Abarca aún conociendo sus antecedentes.

    No sólo hay paralelismos (Raymond Tusk podría ser algo así como un Carlos Slim o Emilio Azcárraga, y SanCorp sería el Grupo Higa de la serie) sino que se quedan cortos. 

    Es más, a Frank Underwood, con todo su maquiavelismo pragmático, nunca se le ocurrió saltar de partido cuando no tuvo el apoyo de sus partidarios en la cámara. En México puedes saltar del PRI al PRD y luego a Movimiento Ciudadano, (como Enrique Alfaro) desde donde apoyas a AMLO al tiempo que sumas a tus filas a panistas para después pegarte la etiqueta de «ciudadano libre».

    En México la realidad supera a la ficción. Si en México tuviéramos un gobierno a la House of Cards, sin duda estaríamos al menos mejor que ahora. Nuestras instituciones están lo suficientemente laceradas como para que una visión oscura y satírica del gobierno estadounidense funcione mejor que la realidad del gobierno mexicano. He aquí una muestra de lo que a todos los mexicanos nos falta por avanzar.