Etiqueta: futuro

  • El futuro de la política y por qué, tal y como la conocemos, podría desaparecer

    El futuro de la política y por qué, tal y como la conocemos, podría desaparecer

    El futuro de la política y por qué, tal y como las conocemos, podría desaparecer

    Siempre que se habla de política vienen a la mente los términos izquierda y derecha. Siempre que se inicia una discusión, el individuo recuerda su postura y, a partir de ahí, comienza a elaborar sus argumentos. 

    Este espectro político, que tiene su origen en la Revolución Francesa, se ha adaptado de una u otra forma a sus circunstancias. El que conocemos en la actualidad, en realidad tiene que ver más bien con una era industrial que parece ya haber sido reemplazada por una era digital y del conocimiento. Muchos se preguntan por qué la izquierda y la derecha se parecen cada vez más, por qué los partidos se están vaciando de contenido y se están volviendo más pragmáticos. 

    Una de las razones que yo daría es que el debate se ha gastado demasiado. Ya no hay una creencia utópica en un sistema o una ideología porque ya todas ellas han sido probadas y ya conocemos su desempeño en la práctica; incluso los partidos radicales (esos que, decimos, amenazan a Occidente) ya no son tan radicales y extremistas como los de hace décadas atrás. Pero más bien pareciera ser que después de tantas experiencias parece que se estaría llegando a un consenso político, ideológico y social, que sería superado para que, así, la política se comience a hacer en otros terrenos. 

    ¿En qué consistiría dicho consenso?

    En la victoria de la derecha en el terreno económico y en la victoria de la izquierda en el terreno social. Por un lado, tendríamos sistemas capitalistas con un mercado libre, aunque también con cierta seguridad social para los individuos y, por otro lado, la victoria de la izquierda en el terreno social con relación a cuestiones de género, feminismo, matrimonio igualitario, multiculturalismo o ecologismo. Evidentemente, dicho consenso no se alcanzaría en todo el mundo u Occidente al mismo tiempo sino que algunos países tomarían la vanguardia y se expandiría de forma progresiva a más regiones (como siempre suele ocurrir con los cambios sociales), pero algunos de los síntomas los llegamos a sentir inclusive en los países latinoamericanos.

    En nuestros tiempos, ya podemos ver a izquierdistas que están de acuerdo con los preceptos del libre mercado y de un intervencionismo estatal más moderado, mientras que en Europa no es extraño ver a políticos democristianos asistiendo a marchas del orgullo gays o incluso a Irlanda presumir a un Primer Ministro que es gay y democristiano. Si bien es cierto que en la derecha existen grupos de presión fuertes que se oponen a la agenda progresista, lo cierto es que la izquierda está ganando terreno de una forma muy contundente y parte de la derecha, poco a poco, ha comenzado a aceptar algunos de sus postulados

    Seguramente, en este consenso irán menguando las corrientes más extremas como el libertarismo o el anarcocapitalismo, el progresismo o feminismo radical en favor de corrientes un tanto más moderadas, de tal forma que se logre llegar a un consenso que sitúe el discurso político en otro plano, tal y como ya ha ocurrido en diferentes etapas de nuestra historia. 

    Pero ¿qué seguiría?

    Algunos dicen que el discurso ya se ha trasladado de la dicotomía «izquierda-derecha» a la de «nacionalismo-globalismo» donde el debate ya gira en torno a la relación de un país con los otros (tanto en comercio como migración). Los adherentes del metamodernismo en cambio dicen que el centro de la discusión política tendrá que ver más bien con el desarrollo personal y el bienestar psicológico de los individuos. Los metamodernos afirman que, de forma silenciosa, inconsciente y progresiva, los países nórdicos han ya comenzado a adoptar ciertas corrientes metamodernas dentro de su ethos social.

    Lo cierto es que nuestra especie está en constante evolución y pensar que el mundo tal y como lo conocemos hoy va a dejar de existir es no la excepción, sino la regla que ha sido muy consistente durante la historia de nuestra especie. Por supuesto, aparecerán muchas dudas: si los partidos de extrema derecha o izquierda pueden llegar a poner en jaque esta evolución que para muchos tiene un carácter natural, también nos podríamos preguntar cuál sería el futuro de las religiones, si seguirán vigentes, si se adaptarán a los cambios de nuestra civilización o si bien terminaremos construyendo otros modos para crear sistemas de valores o creencias con la fuerza que las religiones lo han logrado hacer.

    En realidad, es difícil pronosticar bien cómo será la vida de nuestra especie en 100 años, pero lo que es seguro, es que será bastante diferente al mundo tal y como lo conocemos hoy. 

  • Nuestro México, va por buen camino

    Nuestro México, va por buen camino

    No, no es un slogan, no es un discurso del Presidente mientras el país se cae a pedazos. Es más bien un intento de ver a México desde una perspectiva de vaso medio lleno. Y los lectores me dirán ¿Qué le pasó a Cerebro? ¿Cuando va a pasar a las oficinas del gobierno por su cheque?, y es que a veces las crisis donde tocas fondo pueden ser un cambio de viraje, porque el crecimiento es doloroso.

    Nuestro México, va por buen camino

    Hace varios años tuve una frustración «amorosa» (así entre comillas) muy dolorosa. Eso implicó para mí una enorme sacudida a mis estructuras mentales, días en que sentía que todo se había caído. Así como México se siente hoy, yo me sentía, así como cuando dices «me dueles México», así me dolía a mi. Eso tuvo que ver con el hecho de que varias cosas dentro de mí no estaban bien, estaban lo suficientemente mal como para dejarme atraer por personas que estaban realmente mal. Posiblemente me sentía solo en ese entonces, pero ese trauma, ese golpe, hizo que no tuviera otra alternativa más que mirar hacia adelante.

    Paradójicamente no era el peor momento de mi vida, ni era mi peor versión, pero todavía no era la versión que debía de ser y ese golpe llegó a recordármelo. Lo mismo pasa con México, con todo y lo que estamos sufriendo, podemos decir que estamos algo mejor que en, 1994. Tenemos una sociedad más despierta, tenemos acceso a más información. Pero no somos nuestra mejor versión como país, y este duro golpe (Ayotzinapa, lejanía de la clase política y descontento social) viene a recordarnos que hay muchas estructuras que debemos de derribar y de cambiar.

    La masacre de Ayotzinapa es consecuencia de muchas cosas que se hicieron mal por mucho tiempo, de estructuras nocivas que permanecieron ahí y que nadie les puso atención. Darnos cuenta de ello y sacudirnos fue algo muy doloroso, pero fue uno de esos golpes que harán madurar a la sociedad. El hecho de que la lejanía de la sociedad con la clase política sea motivo para salir a las calles es otra sacudida, es darnos cuenta de que no podemos seguir así. La figura de Peña Nieto a quien tanto repudiamos es también consecuencia de estructuras que tienen que ser derribadas (y no me estoy refiriendo a tomar las armas), la realidad actual es insostenible, pero también lo es porque hemos tenido cierta maduración como sociedad. Tal vez una situación similar hace 20 o 30 años no hubiera tenido tantas repercusiones y lo hubiéramos «dejado pasar» como sociedad. Pero ahora ya no; ahora «ya nos cansamos».

    Todo es sombrío, oscuro ¿Y cómo no lo va a ser? Estamos en un momento de agitación, donde se comienzan a mover muchas cosas, y en estos momentos es donde los individuos debemos de tener una mayor capacidad crítica. Es un reto, nos estamos confrontando como sociedad. Ya nos hemos dado cuenta que lo que estamos haciendo como país no funciona, y tocará ver que es lo que vamos a hacer para empezar a cambiar las cosas. Los mexicanos estamos aprendiendo a no tolerar la corrupción, la impunidad. Los corruptos cada vez tienen más problemas para esconderse, siempre han existido, pero el que los ciudadanos tengamos cada vez más posibilidades de exhibirlos, puede ayudar de alguna manera a inhibir la corrupción, porque los que salen de las cloacas son muchos, cada vez más

    Tenemos un lío por delante, pero tal vez esta coyuntura pueda ser el inicio de algo bueno. El que esto sea insostenible nos obligará a hacer las cosas de otra manera. Las formas en que se conduce la clase política actual están empezando a dejar de funcionar, 91% de los mexicanos creen que los partidos políticos son corruptos según Transparencia Internacional (el índice más alto en todo el mundo). México duele, pero lo que no te mata te hace más fuerte, pero los mexicanos tenemos una responsabilidad, y es que nos tenemos que repensar, tenemos que imaginar donde queremos estar en un futuro.

     

  • La Tragedia Educativa en México parte 2

    La Tragedia Educativa en México parte 2

    ¿Qué cabeza tienen los gobernantes cuando utilizan la educación para promocionar su gobierno, en vez de preocuparse por darle un futuro a nuestros niños? ¿Qué nos dicen las mochilas rojas en Jalisco llenas de propaganda, cuyo paquete incluye un diccionario con faltas garrafales de ortografía? ¿Está bien usar a los niños como espacios publicitarios móviles?

    La Tragedia Educativa en México parte 2

    Es triste ver como nuestras autoridades se burlan de los niños y de su futuro. En Tlaquepaque Jalisco, las autoridades «regalaron» uniformes a niños, pero con un pequeño detalle, eran de tallas «tamaño papá». Más que un regalo parece una burla, un insulto, un -me vale madre tu futuro chamaco, yo quiero verme bien ante las cámaras para que luego voten por mí-. Antes, los gobernantes trataban de ser discretos cuando hacían las cosas mal, ahora lo presumen en nuestra cara, en un acto completamente cínico. Si no bastan las tarjetas de Soriana, hay que usar niños, ha que darles productos defectuosos, pero que gracias a la ignorancia en que ellos y sus papás viven, quedarán agradecidos y cuando estén en las urnas, recordarán por medio del slogan impreso en las mochilas, quien se «preocupó por ellos» y les votarán.

    Algunos de los que se muestran como opositores a este tipo de gobiernos cae en el mismo juego, y buscan el pretexto de la santificación porque son, o dicen ser «de izquierda». La CNTE, de la que ya he hablado, una especie de renegados del SNTE, llenos de ideología roja manipulada de acuerdo a sus intereses. No les importa dejar a los niños sin clases para irse a «manifestar» al Zócalo, debido a que no quieren ser evaluados, y quieren seguir enseñando desde la mediocridad so pretexto del «neoliberalismo rapaz» que quiere acabar con ellos. Maestros que bloquean carreteras, con lo cual matan dos pájaros de un tiro, porque dejan a los niños sin clases, y acaban con el día de los automovilistas que tienen que trasladarse por la carretera, lo cual genera pérdidas de dinero.

    Todos los partidos políticos tienen parte de responsabilidad en esta tragedia educativa. El PAN cuando Calderón negoció votos con Elba Esther Gordillo, la izquierda al ser condescendientes y en algunos casos, dar palmadas en la espalda a escorias como la CNTE. El PRI, bueno, el PRI, ni hablar.

    Y cuando pasen algunos años y los políticos vean que el país no ha crecido ni se ha desarrollado como se esperaba, buscarán culpables inmediatos, culparán a quienes estuvieron en el poder, pero se harán tontos cuando les recuerden como es que ellos también han colaborado con el estado actual de la educación. A la cual usan para satisfacer intereses personales, no importa si utilizan a los niños como espacios publicitarios, o los dejan sin clases. Los niños son los menos culpables de toda esta tragedia y son los que tienen que pagar por lo que hicieron otros.

    Todos buscarán chivos expiatorios. El PRI de Peña culpará a la CNTE por no pasar completamente una reforma educativa que ni merecer ser llamada reforma, pero no dirán nada del hecho de que debido a sus actos corruptiles actuales, no tienen el respaldo de la sociedad. La CNTE culpará a las políticas neoliberales (este término tan manipulado por este tipo de grupos) de la educación magra de los niños pero callarán cuando les pregunten por qué dejan a los niños solos en las aulas. Nadie querrá hacerse responsable, ni siquiera en una coyuntura donde todos los partidos pudieron ponerse de acuerdo para mejorar la educación de México.

    ¿Y qué estamos haciendo nosotros como sociedad? ¿Nos importa el futuro de nuestros connacionales? ¿O también nos vamos a excusar?

  • La tragedia educativa en México

    La tragedia educativa en México

    Habrá que preguntarles a nuestros gobernantes si la educación en México es tan mala, porque de verdad no tenemos la capacidad de ofrecer algo mejor, o es mala porque así se ha decidido hacer deliberadamente. Es imperdonable el estado de la educación actual en un país que invierte más porcentaje de su PIB que otros países. Sí, que bueno que Elba Esther Gordillo haya sido encarcelada, pero eso no resuelve el problema del fondo, y menos cuando no vemos voluntad política para darles a las nuevas generaciones una educación más aceptable, donde tengan capacidad de competir en este mundo globalizado, y no sólo eso, que se les enseñe a pensar.

    La tragedia educativa en México

    Aunada a esta problemática, existe una tendencia donde se deprecian las ciencias sociales dejadas a un lado ante las materias técnicas. Es cierto que necesitamos ingenieros, gente capaz de transformar materia prima en productos. Pero también necesitamos que esos ingenieros aprendan a pensar. El jueves pasado después de una rueda de prensa celebrada por Un Millón de Jóvenes por México. Tuve, junto con otros amigos, la oportunidad de charlar con el presidente de esta organización con la que he estado colaborando, Armando Regil y su hermana Claudia, en un restaurant ubicado en Polanco, donde hablábamos sobre el hecho de que la educación tiene que formar seres humanos y no sólo técnicos. Un ejemplo que me gusta usar es el de la biología, que gracias a la filosofía, tenemos la bioética, y una cadena de valores éticos y morales para los biólogos. En cambio queremos crear técnicos, pero no sólo eso, técnicos mal preparados, con una base algo deficiente.

    La reforma educativa es un claro ejemplo de la falta de voluntad política. Uno se pregunta como es que inclusive por medio de un pacto que aglutina a casi todas las fuerzas políticas del país, no se pueda generar una reforma decente y todo quede en una reforma para el relumbrón, para el «El Presidente Peña sí cumple», para el «Mi partido (el que sea de la oposición) sí ve por el país». Pero hay miles de personas a las cuales se les limitan las herramientas para poder salir adelante.

    Hace no mucho tiempo hablaba de los inconformes que fueron rechazados por la UNAM y tomaron rectoría. En realidad la UNAM no tenía la culpa porque no tiene la capacidad de admitir a todas las personas, y a juzgar por los videos, veíamos a jóvenes que efectivamente no estaban preparados para estudiar una carrera, cosa que se notaba incluso en su dicción. Pero la educación básica y la educación media en realidad no los prepararon bien, porque no hay una real intención de hacerlo. Se puede arguir que se maleduca a los niños con el fin de que los que estén arriba se perpetúen en el poder. Pero en realidad, todos (o casi todos) pierden, porque nuestro país pierde competitividad, y nuestro pueblo termina debilitándose. También es una de las causas del insultante contraste entre clases sociales, porque una de las formas de lograr que la gente aumente sus ingresos, es, efectivamente, que tenga las herramientas para lograrlo.

    Ese deterioro social se percibe cuando vemos que en Jalisco, los diccionarios que da el gobierno a los estudiantes, tienen un garrafal error ortográfico en la portada (escencial en vez de esencial), lo vemos en los libros de texto de la SEP con errores de ortografía y de redacción, y es cuando nos preguntamos que nivel de educación es la que van a recibir gran parte de los mexicanos. Se esperaría que quienes están al frente de la educación estén bien preparados, y preocupa ver que ni ellos pueden garantizar calidad educativa porque ni ellos mismos la tienen.

    Tenemos que hablar de una tragedia educativa en México. Lo más triste es que las consecuencias de esta displicencia ante la educación no sólo se van a ver ahora, sino que seguirán durante años o décadas, cuando esos niños de primaria salgan al mundo laboral, con un nivel magro, y sin capacidad para poder pensar y razonar.

     

  • ¿Ya se nos fué el barco?

    México siempre ha tenido una relativa importancia en el contexto mundial, dada la riqueza de sus tradiciones, y que en algunos momentos, ejercía cierta influencia cultural sobre otros países. Parecía que México podría aspirar en un futuro a algo mas, y pensar en ser uno de los primeros países emergentes en aspirar el desarrollo.

    En esos momentos donde países como España y Corea tenían un nivel de desarrollo similar, donde a pesar de la dictadura disfrazada priísta que vivíamos, teníamos un nivel de crecimiento mas que aceptable (en parte por el milagro mexicano), y la distribución de la riqueza no era tan dispar. Era tal vez solo cuestión de cambiar un poco la idiosincracia para tener la proa del barco mexicano apuntando hacia el primer mundo.

    ¿Que pasó luego?, básicamente España y Corea lograron hacer lo que México no pudo, ser un país de primer mundo y tener mas influencia en la esfera mundial. Países como el de la península ibérica, de donde antes venían los refugiados que huían de la dictadura franquista, ahora reciben a aquellos mexicanos que no tuvieron oportunidades en su propio país (véase fuga de cerebros). Todavía después llegó la ilusión y última esperanza con Carlos Salinas de Gortari, un espejismo, que al menos nos permitió ingresar a la OCDE; parecía que era realidad porque muchos ya nos veían en el desarrollo; pero en realidad vino una crisis tremenda, gracias a la cual hemos terminado con mas desventaja.

    Junto con Argentina, México es de esos países que han desperdiciado esas oportunidades clave para transformarse en algo mejorado. Mientras vemos a países como Brasil y Chile tomar un papel cada vez mas activo en el mundo y cambiar la realidad por si mismos, México espera a que las circunstancias cambien para ver si se puede modificar la realidad, como lo es su papel pasivo en la globalización donde desesperados buscan inversión extranjera, pero no parece que busquen generar fuentes de crecimiento internas (nada mas hay que ver la inversión pública en I+D). Son pocos los que se pueden jactar de querer tomar una posición activa, lo cual vemos en unas pocas empresas (Cemex, Modelo, o Bimbo por ej) que salen a comerse al mundo.  

    Mi pregunto es, ¿Cual es la estrategia de México hacia el futuro?. La verdad yo la desconozco, pero curiosamente si conozco la de Brasil (el Etanol principalmente) y las de otros países que están todavía en condiciones parecidas a las de nosotros. Y así como es básico en cualquier empresa tener una declaración escrita donde se mencione una misión y una visión, en México parece que no existe, ¿cual es la ventaja competitiva de México?, ¿acaso ya la hemos definido?.

    Y la idiosincracia cuenta y mucho, el mexicano parece que es por naturaleza (yo digo que es por cultura) una persona envidiosa a la cual le cuesta ver que los demás progresen, eso no solo lo vemos a nivel macro, lo vemos en el trabajo, en las familias y en muchos otros lados. Por una persona en México que dice «Yo me apunto» aparecen varias que dicen «No voy a dejar que te apuntes». No hablo de la crítica que se suele hacer algunos empresarios por sus malos hábitos, hablo de el gran esfuerzo para detener cualquier intento de sobresalir honestamente por parte de una persona.

    Y mientras Brasil y Chile piensan fortalecerse como naciones, nosotros vemos a supuesto Amero y a la Integración con el norte como única solución. Porque lamentablemente el pez gordo se come al chico.