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  • Grecia, antes eras chévere

    Grecia, antes eras chévere

    Los griegos acaban de votar «No». Los griegos no quieren saber más de políticas de austeridad nuevas para poder aspirar a nuevos préstamos. A los griegos los jodieron las dos cosas, las políticas de austeridad, y a su vez, la excesiva intervención y despilfarro del estado. Probaron de las dos sopas y ninguna funcionó:

    Grecia, antes eras chévere

    “Los griegos están demostrando que quieren permanecer en Europa” como miembros iguales “y no como una colonia endeudada”. Dimitris Papadimoulis, eurodiputado de Syriza, del partido gobernante.

    Independientemente del resultado (algunos sugieren que el «no» podría significar la salida de Grecia de la eurozona, y bien, podría incitar a otros países en condiciones parecidas a hacer lo mismo), el futuro de Grecia es incierto; hubiera sido incierto si hubiera ganado el «Sí» y también lo es con el «No» victorioso. Tendrán que pasar varios años para determinar si la decisión que tomó el pueblo fue la correcta, más difícil es saberlo cuando recetas económicas antagónicas no lograron funcionar en el país helénico.

    El problema de Grecia para la zona no es tanto económico (es un país casi insignificante para el poder económico de Europa), sino político. Los partidos de extrema izquierda y extrema derecha están tomando popularidad mientras que los de centro han quedado rebasados y con poco margen de operación. Las estructuras políticas de varios países europeos están comenzando a cambiar debido a la ineficiencia de «los de siempre» ¿Les suena conocido?

    Pero el tema aquí es ¿Qué pasó con Grecia? La herencia que los griegos dejaron de alguna forma inluyen en nuestra forma de vivir. Los griegos fueron quienes crearon esa «democracia» que tanto repetimos y promovemos de dientes para afuera. El pensamiento cristiano actual está muy influenciado por Aristóteles (la mayor parte de la metafísica de Santo Tomás de Aquino procede del griego), éste fundó la física, la estética, la biología, la metafísica, la retórica, la moral, la psicología, la política, y la economía (nada más). Los jónicos fueron los primeros que creyeron que la naturaleza y nuestra existencia se podía explicar sin dioses ni seres superiores (fueron los primeros precursores de la ciencia). Pitágoras aportó mucho a las matemáticas y la geometría, Tales de Mileto calculó eclipses solares. Tuvieron mucha influencia en el deporte occidental y fueron quienes crearon las Olimpiadas.

    Los griegos han aportado poetas espléndidos como Homero, Safo y Esopo, filósofos como Platón, Aristóteles y Sócrates; Heráclides fue el primero que habló sobre la rotación de la tierra y Aristarco fue el primero que afirmó (y no Galileo) que la tierra giraba alrededor del sol. Parte de nuestra forma de concebir al mundo se la debemos a los griegos, nuestra escala de valores personales está influenciada (aunque no nos demos cuenta) en cierta forma por los griegos (gracias a la educación que recibimos), para hacer funcionar a un automóvil se debe de echar manos de leyes que tuvieron a griegos entre sus precursores, para hablar de astronomía también. Nuestro sistema político está inspirado en el derecho romano que a su vez fue influenciado por los griegos, incluso el comunismo cuya teoría fue desarrollada por Marx, a su vez influenciada por Hegel, y ésta a su vez influenciada por un griego: Heráclito.

    Todo eso (y seguro he omitido muchos legados más) nos dejaron los griegos. ¿Y qué es Grecia ahora? Grecia es un país irrelevante en el concierto de las naciones europeas, con ciudades de desarrollo medio (un poco por arriba del tercer mundo pero sin llegar al desarrollo) y con un grave problema. Grecia es la principal responsable de su crisis, Grecia vive de su pasado (en sus distintas etapas, a través del turismo) para poder mantenerse en pie: El Partenón que se levanta en un cerro rodeada por una ciudad que no le hace mucho honor a la antigua Atenas, sus playas (Santorini), sus cruceros, su historia.

    Esa Grecia que todos admiramos posiblemente no tiene nada que ver con la Grecia actual. Invadida por los bizantinos, por los otomanos, que recuperó su independencia hasta 1830 y se convirtió en un país democrático hasta 1975. De esa antigua Grecia ya no queda casi nada más que algunos edificios que se niegan a ceder ante el deterioro provocado por su antiguedad.

    Hoy Grecia está en un grave problema, el país es insostenible, como cultura (actual) es débil y a pesar de su peso histórico, juega un papel menor. Los griegos podrán criticar las políticas impuestas por lo que llaman la Troika, por el FMI y el Banco Mundial; podrán decir que lo propuesto por Alemania es indignante. Pero la realidad es que la mayor parte de la crisis se originó en casa. Grecia como país no ha logrado destacar, los inmuebles construidos para los Juegos Olímpicos se encuentran deteriorados y en total abandono, juegos que fueron una de las tantas causas que provocaron la inmensa crisis en que se encuentra sumido el país helénico.

    Triste es ver así a una Grecia que nos ha dejado tanto, pero es que en realidad la Grecia actual sólo comparte con la antigua el nombre y poco más.

  • El fracaso del neoliberalismo parte 2. La evidencia

    La globalización es un proceso inminente e inevitable. El querer cerrarse a este proceso es negar la evolución natural del ser humano. Los avances sociales y tecnológicos han propiciado este fenómeno que no lleva unos pocos años como unos creen, sino que es un proceso que ha tomado siglos y que ahora se está consolidando. Muchas veces se relaciona la globalización con el neoliberalismo, porque este sistema económico la acelera. Supongo que por eso existen los globalifóbicos o los llamados altermundistas, pero en realidad no es necesario implementar una política neoliberal en una nación para abrirse a la globalización. Más bien, es una de las formas más imprudentes de hacerlo, y en realidad existen otras alternativas donde el estado juega un papel preponderante para poder preparar a un país para entrar a este fenómeno globalizador.

    Las políticas neoliberales recomendadas por el FMI comenzaron a ser aplicadas en Chile (donde por cierto no se aplicó la receta completa) bajo el gobierno del dictador Augusto Pinochet, uno de los pocos países donde se tuvo éxito con dichas políticas (aunque sin embargo no lograron mitigar las diferencias sociales). Pero en América Latina, a través del Consenso de Washington, los resultados fueron más bien magros. El sistema de sustitución de importaciones que implementaban los países latinoamericanos (incluído México) se había deteriorado, la inflación en estos países había crecido enormemente (nosotros lo vivimos con Echeverría y López Portillo) y muchos de los países habían caído en crisis, por lo que se tuvo que recurrir al FMI y a Estados Unidos. Ellos recomendaron a los países en desarrollo aplicar las medidas neoliberales prometiendo crecimiento y estabilidad macroeconómica. Había que liberalizar, bajar aranceles, privatizar, mantener la inflación estable y el papel del gobierno debería de ser mínimo.

    La receta era igual para todos los países. Naciones como México, Argentina o Brasil y otros más tomaron las recomendaciones. ¿Que pasó?. Si se logró la estabilidad macroeconómica, pero no se generó el crecimiento esperado y peor aún, la brecha entre ricos y pobres se disparó. El problema fué que los países no estaban preparados para abrir sus fronteras y privatizar sin estrategia alguna, pero como la intervención del estado según los neoliberales debería ser mínima, entonces no hubo estrategia alguna. También el FMI y sus compinches prometerían que no habría crisis bajo este nuevo sistema, pero una fuga de capitales desató una en México y posteriormente se desataría otra en Argentina.

    Por otro lado países como China y Corea del Sur se han abierto a la globalización con una economía de mercado, pero sin implementar una agenda neoliberal. A pesar de las presiones de la FMI y la Organización Mundial de Comercio (OMC), han decidido hacerlo a su manera. El estado interviene activamente en la economía para preparar a sus países hacia la apertura económica. No bajan aranceles ni liberalizan ni privatizan de golpe como recomienda el FMI, sino que lo hacen estratégicamente. El estado se encarga de fortalecer internamente los sectores económicos antes de liberalizar sus economías, el estado se encarga de fortalecer sectores como la salud y la educación para que estén totalmente listos antes de abrir su economía. Y no por nada China y Corea del Sur han logrado tener niveles de crecimiento que ya envidiaríamos en América Latina.

    Todo país necesita una estrategia económica para progresar. El neoliberalismo es la negación de esa estrategia, porque se deja la economía a la inercia del mercado. Y es totalmente falso que el mercado pueda autorregularse eficientemente. De hecho, en los países con mayor nivel de desarrollo, el estado sigue jugando un papel crucial dentro de las economías. En cambio en países como Estados Unidos que han apostado demasiado por el mercado, y a pesar de ser una potencia mundial, no se ha logrado generar el nivel de bienestar que han logrado varios países europeos con ayuda del estado (ej: Suecia, Dinamarca, Finlandia). Un ejemplo del fracaso del mercado es el sector sanitario de Estados Unidos, donde millones de habitantes no tienen cobertura médica de ningún tipo, por lo cual no tienen ningún tipo de protección al adquirir alguna enfermedad o sufrir un accidente grave.

    Es cierto que el mercado es más eficiente que el estado en la mayoría de los sectores económicos porque el mercado genera competitividad, mejor calidad en los productos y por ende, precios más bajos. Pero ese mercado tiene que ser regulado por el estado, porque de lo contrario el sistema colapsaría. El estado tiene que intervenir para que no se generen monopolios privados (lo que minaría la competencia), o como cuando el mercado colapsa (como ocurrió en la crisis del 2008). También existen sectores donde el mercado no puede generar mayor bienestar que el mercado por si solo y donde se necesita la ayuda del estado en conjunto para generarlo; uno de los mejores casos son la educación y la salud. En los países más desarrollados la educación y la cobertura sanitaria universal son un imperativo.

    El neoliberalismo, socialmente hablando, es un sistema demasiado pragmático y utilitarista. Deja del lado el humanismo al preocuparse más por el funcionamiento del mercado o por los índices de inflación, que por el bienestar la población o el pleno empleo. El neoliberalismo es incapaz de impartir justicia social: Sería justo que cuando creciera un país, ricos y pobres vieran crecer por igual sus economías, pero en el sistema neoliberal los ricos se hacen más ricos, y los pobres más pobres, al tiempo que la clase media ve decrecer su tamaño. Los fundamentalistas del mercado, en cambio creían en la economía de la filtración (o del goteo, como le llamara Ronald Reagan), donde los beneficios de los ricos se iban a filtrar a los pobres. Eso nunca ocurrió y ahora queda más que demostrado que las políticas neoliberales generan mayor desigualdad social, lo que se traduce en un mayor descontento por parte de la población.

    ¿Por qué la economía neoliberal sigue prevaleciendo en el globo terraqueo cuando inclusive recientes Premios Nobel de Economía de los propios Estados Unidos como Joseph Stiglitz o Paul Krugman han criticado fuertemente este sistema, o cuando ha mostrado su fracaso en un diverso número de ocasiones?. Si el neoliberalismo beneficia a los ricos, estos se hacen más ricos, y por lo tanto más poderosos (a veces que hasta el propio gobierno), entonces tal vez no habrá nadie quien los pare. Aunque a veces parece que se acercan ahí algunos Obamas o Lulas a decirles –Tranquilitos, no se malpasen.