Etiqueta: Feminismo

  • Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es una gran mujer y Gatorade no es misógino

    Paola Espinosa es un ejemplo de mujer. 

    Ella es una mujer que se hizo a sí misma, que a través del duro esfuerzo se hizo un lugar dentro del olimpismo con medallas de plata y bronce, así como medallas de oro en mundiales de clavados y Juegos Panamericanos. 

    Si Simone de Beauvoir resucitara, estaría orgullosa de Paola Espinosa. Paola es una de las mejores clavadistas (de ambos géneros) que ha tenido México en la historia. Ella no se «sometió al plan de vida del hombre», ella creó su propio plan de vida, e incluso se casó con Iván García, otro clavadista exitoso, porque tienen un plan de vida en común.

    Pero al parecer (a ojos de unos) cometió un error: decir que su mejor medalla era ser mamá. 

    La indignación de ciertos círculos que dicen ser feministas no se hizo esperar, las críticas a su persona, pero sobre todo, las críticas a Gatorade por publicar una imagen con dicha frase, desató la furia de las feministas más radicales, aquellas influenciadas (sin saberlo en muchos casos) por el postestructuralismo

    Lo primero que se les viene a la mente es que decir que la mejor medalla de Paola es ser mamá es símbolo inequívoco de una cultura heteropatriarcal que la reprime. Ven represión en todos lados. Si su mejor medalla es ser mamá, es «símbolo inequívoco de la represión que viven las mujeres sometidas al yugo del hombre».

    No se molestan en pensar siquiera que Paola Espinosa ha construido ella misma su carrera. Eso no cuenta. Lo que cuenta es buscar cualquier símbolo que huela a opresión. Más como producto de un adoctrinamiento ideológico que por un sincero deseo de la equidad de género o una auténtica liberación de la mujer, este pseudofeminismo, más que liberarla, hace lo contrario: para ellas no está bien que una mujer diga que lo mejor que le ha pasado es ser mamá.  Instan a la policía del pensamiento a censurar cualquiera de esas ideas. Ellas aprenden a oprimirse a sí mismas para combatir la opresión, no entienden que la liberación de la mujer implica que ella tenga el derecho de crear el plan de vida que quiera sin que sea restringida u oprimida y no que sólo adopte el plan de vida permitido por la ideología. 

    Bueno, ni siquiera se les vino a la cabeza que colocaron esa frase en la publicidad porque vino de la propia Paola.

    Por eso es que quieren cambiar el lenguaje, porque en cualquier categoría o relación binaria, existe necesariamente, para ellos, una relación de opresión.

    Basta, sí, con encontrar juntas las palabras, mujer – mamá, o mujer – matrimonio para sospechar. Si esas palabras están juntas hay que revisar el contenido porque muy probablemente exista ahí un indicio machista latente o un «condicionamiento cultural heteropatriarcal hegemónico». 

    Paola Espinosa respondió lo siguiente:

    En su respuesta, muchos vemos a ese ejemplo de mujer liberada, la que piensa por sí misma y la que está a cargo de sus propias decisiones.

    El pseudofeminismo radical, no. Ellos ven ese «condicionamiento cultural». Es víctima de la opresión del patriarcado, insistirán. 

    Por eso insisto en que las verdaderas feministas deben desligarse cuanto antes de estas corrientes ideológicas. 

  • Del feminismo y sus excesos

    Del feminismo y sus excesos

    Hablar sobre los excesos del feminismo, o bien, de ciertas expresiones feministas, podría antojarse algo trivial en tanto el problema del «machismo» en nuestro país (tema que he abordado ocasionalmente en este blog) es un problema mucho mayor. Los excesos del feminismo parecen muy triviales ante los feminicidios, las mujeres víctimas de acoso sexual y una sociedad donde la mujer tradicionalmente se ha encontrado en desventaja.

    Del feminismo y sus excesos

    Pero no por el hecho de que estas manifestaciones sean «más triviales» significa que las debamos de ignorar.

    Tenemos primero que explicar que el feminismo es una corriente «ideológica, política, de pensamiento, o como le quieras llamar» que tiene muchas variables. Es decir, cuando trato de advertir que el feminismo tiene algunos excesos, no puedo afirmar que «toda mujer que se considere feminista» caiga en esos excesos, ni mucho menos puedo afirmar que el feminismo como un todo caiga en ellos. No es lo mismo una mujer que lucha porque no sea discriminada en la empresa donde labora por ser mujer, que una activista de FEMEN.

    Yo entiendo el feminismo como una corriente que lucha por los derechos de la mujer. No puedo considerarlo como opuesto del machismo, en tanto la mayoría de las expresiones feministas (no todas) pretenden nivelar las oportunidades de ambos sexos y no de «oprimir al hombre». En este entendido, podría afirmar que la mayoría de las mujeres son feministas por definición. Es decir, no creo que alguna mujer acepte ser discriminada en un puesto de trabajo por el hecho de ser mujer.

    El objetivo del feminismo debe de ser colocar a la mujer y al hombre en un mismo nivel para que tengan igualdad de oportunidades, y ninguno de ambos sea discriminado por su género.

    Algo que yo percibo dentro de algunas corrientes feministas (sobre todo en las más radicales), es que más que «liberar» a la mujer, la terminan oprimiendo con planteamientos opuestos. Es decir, se asumía que la sociedad (machista y patriarcal) esperaba que la mujer fuera sensible, tierna y cariñosa, porque argumentaban que esas eran características o constructos sociales cuyo fin era someter a la mujer al hombre (argumento que considero bastante vago). Lo que yo esperaría de un movimiento liberalizador, es que la mujer tenga la libertad de ser sensible o no serlo. Pero se asume que serlo es malo porque se trata de un constructo, basta ver a las activistas de Femen donde la «sensibilidad brilla por su ausencia».

    Incluso el planteamiento de que la mujer es sensible porque es débil, es demasiado vago y falaz, en tanto no es difícil encontrar mujeres cuya personalidad destaca por ser sensible y que a la vez son independientes y tienen su proyecto de vida. Por ejemplo propio, a mi me gustan las mujeres que son sensibles y tiernas, pero al mismo tiempo yo no me veo con una mujer «que se quede en casa y me haga de cenar», sino una con la cual podamos compartir proyectos propios.

    Femen

    Considero también paradójico que algunas feministas piensen que deben «actuar como hombres» (por convicción, más que por tener una personalidad masculina) y pretendan emularlos, pensando que sólo de esa forma pueden llegar a hacerse un espacio en la sociedad. En mi punto de vista, eso me suena más a «reafirmar su supuesta inferioridad, y despojarse de su esencia para ser como los otros». No concuerdo con ello, y no considero que las mujeres deban actuar y adoptar los clichés del sexo opuesto para poder vivir en una sociedad donde estén en igualdad de condiciones y no sean discriminadas por su género.

    Pienso que las mujeres deben de desarrollar una personalidad que vaya en concordancia con su esencia y temperamentos; bajo esta afirmación, algunas mujeres serán sensibles y tiernas, otras no lo serán tanto. La mujer no debería toparse con condicionamientos culturales que le digan que no puede ser sensible, o bien, no pueda ser «de carácter fuerte». De igual manera, un hombre debe también tener libertad de ser sensible o no serlo.

    Otra cosa es que por ejemplo, se pretendan erradicar detalles que el hombre puede tener con la mujer (que por sí mismos no expresan ninguna expresión de machismo). Detalles como ser caballeroso, amable, abrir la puerta del carro a una mujer, cederle el espacio izquierdo de la banqueta (porque si algo es cierto, y es parte de la biología, es que el hombre es físicamente más fuerte que la mujer). Esos detalles no son «machistas o patriarcales» en tanto la mujer generalmente se ha mostrado cómoda y agradecida con éstos.

    De igual forma hay políticas públicas que pretenden equilibrar las oportunidades para ambos géneros (y que incluso la intención puede ser loable) pero que no cumplen bien con el propósito de generar igualdad, en tanto que la que logran es una artificial. Un ejemplo son las cuotas de género en el servicio público, donde el 50% tienen que ser hombres y 50% mujeres. Viéndolo desde encima, parecería una «norma justa», pero en realidad tiene altas posibilidades de ser discriminatoria hacia ambos sexos. Por ejemplo, si entre el 100% de los servidores públicos más talentosos que deberían de ocupar los cargos, el 70% son mujeres, y el 30% son hombres, desde una postura meritocrática se estaría discriminado a la mujeres en tanto se tendrían colocar a hombres menos aptos para poder cumplir con la cuota, y viceversa.

    Sí creo que existan varios constructos dentro de ambos géneros que han sido resultado de condicionamientos a través del tiempo, por ejemplo, que las mujeres jueguen con muñecas y no puedan jugar a ser científicos como los hombres (lo cual ha desincentivado a las mujeres a actividades confinadas para hombres y donde ellas se podrían igual de bien), pero yo no creo, como afirman algunos teóricos del género, que el sexo no tenga incidencia alguna sobre el desarrollo de la personalidad.

    Feminismo y derechos de la mujer

    Hay muchos patrones que han cambiado con el tiempo. En el pasado, donde la fuerza física era fundamental para poder generar riqueza, se entendía que el hombre fuera quien trabajara y la mujer cuidara a los hijos. En una sociedad del conocimiento donde el sexo ya tiene muy poco o nada que ver con la capacidad de producir, los roles han comenzado a cambiar; en algunas familias los padres se dividen las tareas, ambos cuidan a los hijos, ambos hacen el quehacer, y eso está muy bien; tiene sentido y es parte de nuestra evolución como sociedad. Restringir las oportunidades a las mujeres es un sinsentido y va en contra de nuestra evolución como especie humana, y tiene más que ver como una lucha de poder (el cual algunos hombres no quieren perder).

    Pero lo que debería buscar el feminismo (y que no hacen algunas de sus corrientes) es eso,  colocar a la mujer y al hombre a un mismo nivel para que tengan igualdad de oportunidades, aceptando las diferencias (que las hay, más allá de su anatomía) que ambos tienen, porque no podemos pretender que ambos sexos sean completamente iguales, ni los podemos forzar a ello, porque más que generar libertades, estaríamos generando nuevos condicionamientos (tanto al hombre como a la mujer).

    La lucha de las mujeres a través de la historia es loable, evidentemente han logrado mucho, y de igual forma, de forma evidente, todavía no han llegado a la meta. Pero sí debemos subrayar los defectos que se encuentran en esta lucha, y sobre todo las desviaciones que se pueden percibir en los feminismos más radicales (como FEMEN) que prácticamente pretenden someter al hombre (como si se tratara de alguna venganza). Porque al fin de cuentas lo que queremos es lograr esa anhelada equidad de género.

  • Margaret Thatcher, la Dama de Hierro

    Margaret ThatcherEstaba pensando en hacer la reseña de la película «La Dama de Hierro», pero creo que está un poco de más hacerla, y simplemente puedo resumirla a una de las mejores caracterizaciones que he visto en mi vida. Después de ver el papel de Meryl Streep (quien merecidamente ganó el Oscar por su actuación) vi un video de la Margaret Thatcher original y la diferencia es, prácticamente imperceptible, si acaso el rostro entre el personaje de Streep y la Tatcher es levemente diferente. La voz es prácticamente igual y que decir del acento, y más meritorio porque Meryl Streep no es inglesa, es estadounidense. Aunque pienso que dicha película si bien puede ser muy interesante para aquellos que en efecto, saben quien es Margaret Tatcher, para la gente a la cual no le interesa en lo más mínimo la película puede ser algo así como un somnífero.

    Pero me quiero enfocar en la Margaret Thatcher real. Ciertamente, no comparto su ideología política conservadora neoliberal de derecha, pero a pesar así siento algo de admiración por ella. Es cuestión de verla, (no solo en la película, sino a la Maggie real de quien circulan muchos videos en Youtube), tiene una personalidad increíble, imponente, solo basta verla en la cámara de los comunes refutando todas las críticas de sus opositores laboristas. Gracias a ella fue que se puso de moda eso de aplicar «medidas impopulares». Ella decía que sabía que la iban a criticar mucho, pero que las próximas generaciones se lo iban a agradecer. Aunque la verdad a más de 20 años de que dejó el cargo de Primer Ministro, está en entredicho si las generaciones actuales están agradeciendo dichas medidas.

    Mujer de convicciones firmes. A diferencia de muchos «politiquillos neoliberales» tenía convicciones propias y no era un títere de intereses corporativos. Así lo hizo desde joven y esas convicciones la hicieron llegar hasta donde ella misma pensaba que no tenía posibilidad alguna de llegar: A ser Primer Ministro. Su caracter era imponente, su figura femenina no representaba debilidad, por el contrario, tenía un carácter más fuerte que la mayoría de políticos masculinos que podamos conocer. No por ser mujer inspiraba ternura y compasión, no se tentaba el corazón, aunque al menos, según la película, si tenía sentimientos y aunque fuera en privado si flaqueaba. Pero en política era lo que le apodaban, una «dama de hierro».

    A veces me sorprende como algunas personas se preguntan si candidatas como Josefina Vázquez Mota podrían emular a Margaret Thatcher, yo tengo una respuesta: JA JA JA JA JA. Una cosa es tener carácter y una voz fuerte que imponga autoridad, y otra cosa es aclamar un texto como robot. Aunque Maggie, al menos después de su mandato en el Reino Unido, si fue de compras al súper. Y otra cosa, Margaret Thatcher presumía de su «conservadurismo» mientras acá en México los más derechosos dicen ser de centro, es más, hay unos transnochados como el gobernador panista Emilio González Márquez se atreven a decir que son de izquierda.

    Muy admirada por algunos y muy repudiada por otros, pero Margaret Thatcher es sin duda uno de los políticos más emblemáticos de las últimas décadas. Acá una frase que me gustó y por último, un video de su gestión en la camara de los comunes criticando el socialismo:

    Pensar de forma realista nunca ha llevado a nadie a ninguna parte. Sé fiel a tu corazón y lucha por tus sueños

  • ¿Igualismo = Equidad de Género?

    Muchas empresas en la actualidad tratan de invocar a los valores sociales, a veces para legitimarse y demostrarle a la sociedad que no solo son una máquina de generar dinero, sino que también pueden contribuir con la sociedad; lo cual independientemente de si sea un postura honesta, en un sentido pragmático termina siendo bueno (al menos en la mayoría de los casos). Pero hay veces en que las empresas antes de lanzarse al ruedo de ser «activistas sociales» o «empresas socialmente responsables», no profundizan sobre lo que quieren decir o hacer. Esto lo digo a raíz de un anuncio de la cervecera argentina «Quilmes» (que con todo respeto, esa cerveza sabe horrible, todavía más que la Sol), que lanzó donde promueve lo que según ellos (o su agencia de publicidad) llaman el «igualismo».

    La equidad de género es uno de los grandes logros de la sociedad del siglo XX y XXI, que si bien todavía no se llega al punto deseado, existe cada vez un mayor avance: Ya no es «malo» que las mujeres salgan a trabajar, pueden salir a votar, poco a poco empiezan a escalar en cargos públicos y empresariales; la tendencia es positiva. Y por la equidad de género se entiende que los dos géneros deben de ser iguales, tener los mismos derechos y las mismas obligaciones (tal vez exceptuando aquellas que por su naturaleza física tendrán que ser diferentes, como por ejemplo, el hecho de que una mujer pueda embarazarse y un hombre no); es decir, busca la igualdad de las dos partes, pero sin dejar a un lado las particularidades que cada sexo tiene.

    El anuncio de Quilmes muestra a los dos sexos en pie de guerra, lo que ellos llaman el machismo contra el feminismo (dos antivalores, el primero más arraigado en el inconsciente colectivo porque el dominio del hombre ha sido patente en la historia, y el segundo como una ferrea respuesta al primero), cada sexo critica al otro y menciona sus más profundos defectos. Pero a la hora de que los dos bandos se encuentran en el campo de batalla  «se convierten al igualismo» abrazándose y diciéndose lo mucho que se quieren. Pero creo que el mensaje de los publicistas es contraproducente. A mi me dejó una sensación de hipocresía, me da la sensación de que se terminan demostrando cariño y afecto pero sin haberse deshecho de sus prejuicios. Un claro ejemplo, es la mujer que dice: -trae toda la ropa íntima que teneis que te la lavo a mano-.

    Esto es de recalcarlo porque ese cariño que se muestran al final del anuncio, es el cariño y el afecto que se han mostrado ambos sexos en todos los tiempos, incluso en la edad media. En realidad no se de que trate ese igualismo, pero no se me hace muy parecido a la «equidad de género», y creo que ese comercial termina siendo contraproducente en su mensaje, porque estigmatiza aun más el «machismo» y el «feminismo» y en realidad no ofrece solución alguna a este problema. Da la sensación de cuando los sexos se regresen a sus bandos, volverán a criticarse.

    La equidad de género no consiste en aceptar que cada sexo tiene sus prejuicios y puedan convivir con ellos (que es lo que yo logro interpretar de ese comercial), sino en despojarse de esos prejuicios y saber que los hombres y las mujeres valen exáctamente lo mismo, y por lo tanto deberían tener los mismos derechos. En el comercial de Quilmes no lo hacen. Personalmente no había escuchado usar el término «igualismo» para describir cierta condición de ambos géneros. Pero por la etimología de la palabra si puedo asegurar que está mal usada. El anuncio, muestra un bagaje emocional, pero en realidad no promueve una real igualdad entre ambos géneros.

    A continuación les dejo el video para que lo vean y juzguen (y no les recomiendo tomar esa cerveza, sabe como a alcantarilla):

  • El Día de las Mariposas

    En el libro de Julia Álvarez, que inspirara después la película del mismo nombre, En el tiempo de las mariposas, protagonizada por Salma Hayek y dirigida por Mariano Barroso, se relata la historia de las hermanas Mirabal, activistas políticas que fueron brutalmente asesinadas por orden del dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo.

    Su historia es la representación de la lucha de las mujeres contra el patriarcado, donde la feminidad se extiende más allá del cuerpo para cubrir a todo el territorio nacional, donde Trujillo fungía como el padre, el esposo, el benefactor y el violador de la tierra y la gente que allí habitaba.

    Recordando este atropello fue que en 1981, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que tuvo lugar en Bogotá, Colombia, se decidió conmemorar el 25 de noviembre como el Día Internacional por la No Violencia contra las Mujeres, y el 17 de diciembre de 1991, la Asamblea General de las Naciones Unidas lo declaró como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, destinado a organizar actividades para sensibilizar a la población sobre esta problemática. Sin embargo, a pesar de haber transcurrido 20 años desde su implementación, la violencia contra las mujeres no ha disminuido.

    Quizás para muchas personas la violencia hacia las mujeres no forme parte de su realidad, pero si esto es así no es porque no ocurra, o porque no la atestigüen, sino porque no la saben reconocer como tal. Al día de hoy los actos violentos contra el género femenino están tan naturalizados que se pasan de largo, aun cuando ocurren frente a nuestros propios ojos.

    A pesar de vivir en los albores del nuevo milenio, todavía se observa con cierta “normalidad” que la esposa pida permiso al marido para salir o hacer una compra importante, e incluso se acepta el que éste se lo niegue, o que le prohíba ir a la calle vestida con determinado tipo de ropas.

    Las jovencitas, adolescentes y muchas mujeres adultas no presionan a sus parejas a usar protección durante el sexo, dejándoles esta decisión a ellos, y pidiéndoles permiso para usar pastillas anticonceptivas, como si las consecuencias corporales más comunes, como el embarazo, fuera algo con lo que ellos –y no ellas– tuvieran que lidiar después.

    Se observa como “normal” que después de un largo día de trabajo, los hombres lleguen a su casa a relajarse, cenar, tomar alguna bebida y sentarse frente al televisor, mientras las mujeres llegan a cumplir una doble jornada que implica limpiar la casa, hacer de cenar, lavar y planchar ropa, además de atender a los y las niñas. Algunos hombres podrían asegurar que ellos no las obligan a hacerlo, o que ellas no les piden su colaboración, pero esto se deriva de un entendido tácito que se remonta a la retrógrada mentalidad de que son las mujeres las que deben atender la casa, o ¿por qué no ocurre al contrario?

    También nos hemos acostumbrado a que los hombres nos celen al grado de no permitirnos tener amigos varones, y mucho menos salir con ellos en plan amistoso; si esto llegara a ocurrir, las consecuencias para la mujer conllevan a una violencia emocional, y en ocasiones física. La misma medida no sucede al revés, e incluso se considera aceptable que los hombres casados acudan a burdeles, o cierren tratos de negocios en alguno de los tan abundantes tables dance.

    Aunado a lo anterior, se le da prácticamente ninguna importancia al acoso sexual que las mujeres tenemos que soportar en forma de “piropos” cuando salimos a las calles, incluso hay hombres y mujeres que los consideran como parte del romanticismo mexicano, como un halago, “reconocimiento” a la belleza “típica” del género femenino, alentando esta conducta en los niños sin tomar en cuenta la incomodidad, que transita de la molestia al miedo, cuando una mujer pasa cerca de un grupo de hombres lanzándole frases sexuales.

    Sin importar el lugar en el que vivamos, el grado de educación que tengamos, o la clase social a la que pertenezcamos, segura estoy que lo anterior les es familiar, lo que indica que efectivamente conocen y/o han atestiguado hechos de violencia sexista, los cuales no sólo implican el observar cómo un hombre muele a palos a su esposa o su novia.

    Es por tanto la ignorancia uno de los principales factores por los cuales ésta no ha disminuido, sino que por el contrario, parece irse incrementando. Tan es así que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) reportó que en este año las desapariciones de mujeres aumentaron de 17 casos en 2010 a 201 en 2011, además de asegurar que las cifras oficiales indican que seis de cada 10 mujeres mayores de 15 años reportan haber sufrido agresiones.

    Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2006 (ya pronto saldrá un nuevo estudio más actualizado), 43 por ciento de las mujeres en México han sido víctimas de algún tipo de violencia; 44.7 por ciento de mujeres obreras confesaron haber sufrido violencia laboral, seguidas por el 32.2 por ciento de las jornaleras y 28.8 por ciento de las empleadas.

    En espacios comunitarios como la calle, el mercado, transporte, cine, iglesia, etc., 40 por ciento de las mujeres han vivido la violencia, padeciendo 42 por ciento de ellas la de tipo sexual y 92 por ciento intimidación.
    De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010 (Enadis), 39.8 por ciento de las mujeres consultadas afirmó haber pedido permiso a sus esposos para salir por la noche, y 8.6 por ciento lo hizo para tomar anticonceptivos.

    En Colima, Guadalupe Quijano, integrante de la organización Espacio Feminista, denunció que la situación de las mujeres en la entidad es crítica, ya que la violencia de género se encuentra por encima de los estándares nacionales. Indicó que el Estado tan sólo destina el .038 por ciento de su presupuesto en políticas públicas para las mujeres, a pesar de que tenemos el tercer lugar nacional en homicidios de mujeres, el segundo sitio nacional en violencia sexual, y el tercero en violencia emocional.

    Es precisamente la apatía por incrementar el nivel de conciencia entre la población que fortalezca la equidad de género; el rechazo a crear políticas públicas que cierren la brecha entre hombres y mujeres; la costumbre de utilizar a las segundas como pantalla para cubrir las cuotas en el Congreso, haciéndolas renunciar después para que su cargo lo ocupe algún hombre; la agresión más importante que actualmente recibimos las mujeres, pues constituye una violencia sistémica que perpetúa una condición de vida desigual, que somete a una perenne discriminación a la mitad de la ciudadanía mexicana.

    La única forma de salir de esta condición es aprender a usar nuestra voz, recuperar el valor que por tanto tiempo se nos negó, de una forma u otra, por el hecho de ser mujeres; reconocer que este mundo es tan nuestro como de los hombres, y tenemos el derecho de vivirlo plenamente; darnos cuenta de que es urgente dejar de pelearnos entre los sexos, para aliarnos y exigir políticas que nos sirvan y protejan a ambos. Que tenemos que salvarnos a nosotras mismas, porque si seguimos confiando en que el gobierno lo hará, podríamos morir, o ser asesinadas, esperando.

  • Día Internacional del Hombre

    Tengo que confesar que cuando me enteré de que el 19 de noviembre se celebraba el Día Internacional del Hombre, mi primera reacción fue negativa. Siendo su equivalente, el Día Internacional de la Mujer, una fecha para crear conciencia sobre las dificultades, inequidades e injusticias que viven las mujeres en todo el mundo, no podía entender cómo los varones podían ser considerados un género en desventaja.

    A diferencia de las mujeres, a los hombres no se les mata por el simple hecho de serlo; no es común el ejercicio de la violencia contra ellos dentro de los hogares; no es su sexualidad un riesgo para su integridad física cada que salen a la calle; no se les paga un 30 por ciento menos que a las mujeres por el mismo trabajo, ni se les exige una doble jornada en el hogar. ¿Cómo entonces podía justificarse la existencia un día internacional para ellos?

    Al principio consideré que se había caído en una guerra de egos, que se estaba banalizando la causa creando una celebración en lugar de una conmemoración, algo al estilo del Día de la Madre y del Padre, irremediablemente secuestrados por el consumismo y la mercadotecnia; pero al querer entender su justificación investigando al respecto, comprendí que estaba cayendo en lo mismo que criticaba, al juzgar algo basada en los estereotipos comunes, antes de informarme sobre el tema. Recordé lo que decía una maestra mía: «Es difícil desprenderse de una vida entera de vivir sumergida dentro del sistema».

    El 19 de noviembre se instauró como el Día Internacional del Hombre (DIH) precisamente con la finalidad de erradicar los prejuicios que exigen una masculinidad agresiva como la aceptable, destacando el rol positivo de los varones, que no requiere poner un valor superior a lo masculino sobre lo femenino.

    El DIH, que está apoyado por la Organización de las Naciones Unidas, tiene seis objetivos principales según el sitio global de internet sobre esta conmemoración:

    1.- Promover modelos masculinos positivos; no sólo estrellas del cine y el deporte, sino hombres de la vida diaria, pertenecientes a la clase media que viven vidas honestas y decentes.
    2.- Celebrar las contribuciones positivas de los hombres a la sociedad, comunidad, familia, matrimonio, cuidado de niños, y para el medio ambiente.
    3.- Centrarse en la salud y el bienestar de los hombres, social, emocional, físico y espiritual.
    4.- Destacar la discriminación contra los hombres, en áreas de servicios sociales, actitudes sociales, expectativas y ante la ley.
    5.- Mejorar las relaciones de género y promover la equidad.
    6.- Crear un mundo mejor y más seguro, donde la gente pueda estar a salvo y crecer hasta alcanzar todo su potencial.

    La finalidad de promover tipos distintos de masculinidades es en sí una vertiente de la lucha por la equidad de género, pues la base de la discriminación contra las mujeres que fomenta el desprecio hacia lo femenino obra asimismo en detrimento de los mismos varones. El machismo también los afecta a ellos al exigirles sólo un modelo aceptable de ser, donde la «hombría» no es algo per se, sino que se debe de ganar demostrando los atributos que se han considerado como deseables desde tiempos antiguos, entre los que se cuenta la fuerza, el liderazgo, la firmeza de carácter, la sobriedad, la capacidad de dominar las emociones, etcétera.

    Aquellos que no se ajustan a la norma, o cuyas cualidades físicas los ponen en desventaja con hombres más musculosos, generalmente sufren el acoso por parte de los demás, y se ven forzados a poner énfasis en otras cualidades para defender su masculinidad, pues no hay peor cosa para un hombre que ser comparado con una mujer.

    Es precisamente este temor a caer en un rol femenino lo que fomenta el machismo, que en distintos grados puede crear un odio capaz de llegar a matarlas por el simple hecho de haber nacido mujeres, asesinando así al objeto que representa todo lo que la sociedad les ha enseñando a despreciar: la «debilidad», la «obediencia», la «timidez», la «emotividad», etcétera.

    Una masculinidad diferente, libre de tales estereotipos, puede liberar a los hombres del juicio social que les impide actuar auténticamente, de disfrutar su hogar y a su familia sin tener que colgarse el epíteto de «mandilón», de recuperar el derecho de ser hombre sin tener que probárselo a nadie.