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  • ¿Anaya o AMLO? He ahí el dilema de Margarita y su esposo

    ¿Anaya o AMLO? He ahí el dilema de Margarita y su esposo

    ¿Anaya o AMLO? He ahí el dilema de Margarita y su esposo

    La encuesta de Reforma confirma las tendencias electorales que habíamos visto estos últimos días: Anaya sube como la espuma, pero se encuentra todavía algo lejano a AMLO quien, si bien ya no sube mucho, sigue mostrando una tendencia a la alza (muestra de que la guerra sucia empleada contra él hasta el momento no le ha hecho ni lo que el viento a Juárez), en tanto que Meade se ha ido desfondando. La diferencia entre Anaya y AMLO es de 8 puntos (aunque sube a 10 si se hace el ejercicio sin los indecisos).

    AMLO va en primer lugar
    Fuente: Periódico Reforma

    Anaya parece estar captando el voto útil que los demás dejan a su paso, por ejemplo, el de José Antonio Meade (dada su caída) y el de Margarita (en gran medida porque no ha tenido la exposición mediática). Ricardo Anaya parece que ya no le podrá rascar mucho de ahí (el remanente de Meade con seguridad estará compuesto por su voto duro) y Margarita tiene ya muy pocos puntos porcentuales. Más bien tendrá que enfocar su mira a los indecisos que son el 22% (lo que no implica que todos ellos vayan a votar).

    López Obrador es el gran favorito pero todavía no tiene la victoria asegurada. 

    De acuerdo a los careos entre dos candidatos, Meade no tendría nada que hacer contra AMLO ya que el voto anti PRI es más grande que el voto anti AMLO: la diferencia es abismal, de 33 puntos, en tanto que entre Anaya y AMLO, la ventaja de este último es de 11 puntos, todavía muy considerable, pero para nada definitivo. La lectura que puedo hacer aquí es que sólo Anaya podría competirle a López Obrador y que Meade tendría que hacer un milagro para subirse a la contienda. 

    Fuente: Periódico Reforma

    Uno de los factores que podrían decidir la contienda se llama Margarita Zavala. Su porcentaje actualmente es pírrico, pero ha caído en gran medida porque casi no tiene presencia en medios (lo mismo ha ocurrido con el Bronco). La presencia de Margarita en la boleta no es una buena noticia para Anaya ya que podría llegar a rascarle algunos puntos y definir todo en favor de López Obrador.

    El problema también reside en el dilema que el calderonismo tiene y que podría ser definitorio. Evidentemente, el plan A de Calderón es Margarita Zavala; si no funciona, el plan B sería José Antonio Meade, quien ocupó varios cargos de alto nivel dentro de su gobierno. Pero es muy probable que Meade ya no vaya a despegar, entonces tendrían que decidir si inclinarse por Anaya o por López Obrador, lo cual suena inverosímil.

    Basta ver la cuenta de Twiter de Felipe Calderón y ver sus referencias hacia estos dos candidatos para entender que una alianza con cualquiera de ellos es algo impensable. ¿Apoyar al traidor, a quien operó para que mi señora esposa no fuera candidata, o apoyar al que me acusó de fraude y me llamó espurio? La presencia de Margarita en la boleta sólo podría llegar a beneficiarle a Anaya en el primer caso, pero será un lastre no sólo en el improbable segundo caso, sino en un escenario donde decidan no tomar postura alguna y mantener una postura neutra, ya que la simple presencia de Margarita en la boleta puede llegar a rebatarle algunos votos al candidato del PAN.

    A pesar de que sea algo improbable, Calderón tiene algunos incentivos para tomar cualquiera de las dos posturas: tiene una mayor afinidad ideológica con Ricardo Anaya en tanto que piensa que una eventual presidencia de AMLO puede ser nociva para el país, pero a la vez, si ganara AMLO, Calderón podría recuperar al PAN. 

    La presencia de Margarita en los debates también puede resultar un lastre para Ricardo Anaya ya que con toda seguridad le reclamará el hecho de haberse ungido como candidato de forma antidemocrática y pasando por encima de mucha gente. El conflicto entre Anaya y Calderón tomó tintes personales y ese encono puede que se manifieste dentro de los debates: Anaya podría verse privado de los votos de los más duros simpatizantes del calderonismo.

    Anaya parece estar logrando lo que necesitaba, desfondar a Meade para enfocar sus pilas en López Obrador. Lo más probable es que la distancia entre Anaya y AMLO se volverá más estrecha (y que no necesariamente obedece, como dicen algunos simpatizantes del tabasqueño, a generar la percepción de que AMLO es alcanzable para luego cometerle un fraude) como suele ocurrir en estos escenarios. Anaya podría llegar a replicar lo que Calderón hizo en el 2006 o lo que el PAN hizo con Peña en 2012, donde las cúpulas del PRI y el PAN pactanron en beneficio del principal contrincante de AMLO, El problema que tiene Anaya son las divisiones que ha causado dentro de su partido así como los enemigos que se ha ganado fuera de este ya que, como nos ha mostrado al experiencia, quien logra generar unidad hacia su figura, suele tener muchas posibilidades de ganar. Esa es la razón de las alianzas que ha tejido López Obrador y que muchos de nosotros podrían parecernos cuestionables ya que no todos los aliados son figuras presentables. 

    Es paradójico, pero es posible que se de el caso donde López Obrador gane con «ayuda» de Felipe Calderón si decide (cosa bastante probable) no apoyar a Ricardo Anaya por las rencillas entre ambos. 

  • La bocota de Felipe Calderón

    La bocota de Felipe Calderón

    La bocota de Felipe Calderón

    Si hoy fueran las elecciones, López Obrador ganaría.

    La clase política está muy nerviosa. La guerra sucia (o campaña de contraste) ha comenzado. Pero hay tres problemas: que 2018 no es 2006, que la clase política esté desacreditada (aunque AMLO también forma parte se ha logrado desmarcar de ella en el discurso) y que en ese ímpetu por «bajar» a López Obrador, se nota mucha desesperación; eso no es bueno.

    Algo que habría agradecido de Felipe Calderón, a diferencia de su antecesor Vicente Fox (que se ha convertido en una mala broma), era la prudencia de sus comentarios. Hoy ya no es así: el expresidente posteó dos tuits lamentables que se podrían esperar de Gerardo Fernández Noroña, de Donald Trump, o hasta del propio López Obrador, pero no de él:

    No es digno de un expresidente, quien se supone representó a todo un país, que se exprese así de un sector de la población. No es congruente que un expresidente que se lanzó duramente contra Trump por su discurso segregador, haga lo mismo al etiquetar a un sector de la población, por más que éste se le oponga y tengan diferencias irreconciliables. 

    Peor aún es que la encuesta que Felipe Calderón usa como referencia es muy poco fiable. Uno podría entender que López Obrador pierda puntos, pero ¿de verdad creen que Margarita Zavala, como refiere la encuesta, subió 5 puntos con su campaña desangelada? Peor ¿creen que de verdad Osorio Chong subió ¡7 puntos!? Sí, Osorio Chong, quien es parte de un gobierno cuyo timón no llega ni al 10% de aprobación.

    Algunos me dirán que es parte de una campaña de contraste, que habrá que polarizar a la sociedad de nuevo como en el 2006 para arrebatar el triunfo a López Obrador. Pero no sé si una campaña como la que se hizo en 2006 pueda tumbar al tabasqueño. De hecho, en 2006 esa campaña no funcionó por sí sola, sino que necesitó que López Obrador cometiera errores (como el «cállate chachalaca» o no haber asistido al debate). 

    Cómo he repetido en este espacio, a diferencia de 2006, la clase política está sumamente desacreditada. Que desde el PAN o desde el PRI se diga que AMLO es un peligro no generará un gran impacto, tan sólo reafirmará a los más férreos opositores a López Obrador, quienes ya de todos modos no iban a votar por él. 

    Quienes están interesados en que López Obrador no llegue a la presidencia, deberían de prestar atención a lo que ha pasado en otras latitudes, sobre todo en Estados Unidos. De la misma forma que ocurrió con Donald Trump, López Obrador puede darse el lujo de decir sandeces, insultar y desacreditar a diestra y siniestra sin que eso tenga mayor afectación, lujo que no se puede dar Felipe Calderón, cuya aspiración es que Margarita Zavala llegue a la Presidencia de la República.

    De igual forma, a pesar de la campaña de contraste utilizada en Estados Unidos por parte de los demócratas, Trump se alzó con la victoria. Los opositores (no sólo los demócratas, sino la propia prensa) cometieron el error de darle mucha importancia al candidato y lo dejaron crecer. Las elecciones estadounidenses se trataron de Donald Trump, quien supo manejar el show y aprovechar la cobertura mediática (incluyendo críticas a su persona) para ganar.

    Ahora todos hablan de López Obrador porque sus opositores hablan de él, y en su desesperación, lo sobredimensionan. Creen que basta con asustar al voto útil para obtener la victoria; pero a diferencia de 2006, dicho segmento está harto de la clase política y les venderá más caro su voto. Ellos ya no sólo se preguntarán si con López Obrador México se convertirá en una Venezuela, sino también si tendrá sentido votar por un PRI o un PAN cuando después de 18 años, a diferencia de lo que se prometió con la idea del «cambio», México está sumido en la corrupción y padece una severa crisis de inseguridad. Del primero el PAN podrá deslindarse sólo parcialmente (no sólo porque no están exentos de corrupción sino por su displicencia con los escándalos del gobierno de Peña Nieto), del segundo no. La crisis de inseguridad se remonta a los inicios del gobierno de Felipe Calderón.

    Quienes aspiran a hacer esta campaña de contraste ignoran la crisis de representatividad que vive no sólo México, sino todo Occidente. Esperar que con un candidato mediano que representa «más de lo mismo» baste para ganar es casi un contrasentido. En un escenario así, dejarán la campaña en manos de López Obrador, y sólo podrían aspirar a que el tabasqueño se hunda por sus propios errores. 

    Si Marine Le Pen no tiene nada seguro su triunfo en las elecciones de Francia, es porque el liberal Emmanuel Macron ha logrado presentarse con un discurso antisistema que contrasta con el gobierno de Hollande, cuya popularidad va en picada. A su vez, Hillary no supo crear un discurso parecido (en parte porque no tenía los elementos para hacerlo), y ante esa imposibilidad, aspiró a una campaña de contraste que incluso le fue contraproducente. Es cierto que tuvo un mayor número de votos, pero también es cierto que desde un inicio los candidatos conocian las reglas de juego del peculiar sistema electoral estadounidense; y así, Trump logró acaparar más delegados. 

    Dicho esto, la fórmula para detener el avance de López Obrador es con otro candidato antisistema, quien le robe el discurso y a la vez mantenga una postura más moderada para lograr acaparar al voto útil, el de las izquierdas que no se sienten representadas por AMLO o que no le son fieles, el de los centristas y el de los de derecha decepcionados con el PAN (que no son pocos); alguien que logre contrastar contra la clase política, que muestre un discurso firme contra la corrupción y la impunidad que impera en México.

    Pero la clase política está tan ensimismada (se ha convertido tanto en el problema que les es imposible generar un candidato con tales dimensiones) que sólo podremos aspirar a un perfil así desde una candidatura independiente. 

    Si Calderón con sus tweets busca hacer más de lo mismo, y peor aún, si busca confrontar a los votantes que discrepan como él, no sólo no logrará afectar las preferencias de López Obrador, sino que podrá poner en predicamento la campaña de su esposa, campaña que, por cierto, ya se está tambaleando. 

    La desesperación se huele, se percibe. La desesperación no atrae votos, los ahuyenta. 

    Mientras, algunos empresarios y poderes fácticos (Carlos Slim, TV Azteca) ya no piensan en deshacerse de él, sino en hacer equipo para salvaguardar sus intereses en caso de una eventual presidencia de López Obrador. 

     

  • El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    Si entras a la cuenta de Twitter de Felipe Calderón vas a encontrar todo menos una cosa: una crítica al Gobierno Federal o a Peña Nieto. De todas las veces que he visto su cuenta no he encontrado absolutamente ninguna. Incluso es más fácil encontrar críticas a su antecesor Vicente Fox que al hombre del copete prominente.

    Calderón habla de todo en Twitter menos del gobierno de Peña: de la injusta encarcelación de Leopoldo López en Venezuela, del cambio climático, de Donald Trump, hasta manda aplausos al gobierno cuando atrapa a un capo (y luego, cuando se le escapa, Calderón permanece callado).

    El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    Mientras sus simpatizantes suben memes comparando al gran Calderón como una suerte de Roosevelt mexicano con Peña Nieto, quien para ellos es una desgracia, Calderón no dice nada, ni pío. Sus críticas al PRI como partido son tibias y parece que sólo las hace cuando está en campaña apoyando a otros candidatos de su partido.

    Rumores que cada vez se convierten más en verdad, que pasan de pláticas a lo oscurito a estar escritas en libros de Jorge Castañeda. Y es que la teoría de que Felipe Calderón y Peña Nieto pactaron la victoria de este último toma fuerza.

    ¿Cómo? Había que «desinflar» la candidatura de Josefina Vázquez Mota sabiendo que la mayoría de estos votos se irían con Peña Nieto. Algunos simpatizantes de Josefina, al ver como se desinflaba, abandonaron a su candidata para darle su voto a Peña (otros, los menos, se lo dieron a López Obrador). De esta forma se fortalecía Peña Nieto y AMLO perdía.

    Aunque independientemente de esto creo que AMLO perdió por varios errores estratégicos suyos en el último mes, y posiblemente sin pacto, AMLO no hubiera ganado. Es algo difícil de saber.

    Puedo decir que en el transcurso de la campaña del 2012 noté una fractura dentro del PAN, percibí que un sector de éste había abandonado a Josefina Vázquez Mota. Aunque a mi parecer, no todo el PAN habría formado parte de este supuesto pacto.

    Después de las elecciones, éste sector del PAN se unió al PRD para demandar la compra de votos del PRI. Esa facción fue la de Madero, la que está peleada a muerte con la facción calderonista.

    Alguien podrá decirme desde una perspectiva pragmática que «fue lo mejor». Que Peña Nieto era menos peligroso que López Obrador. No lo sé, más viendo los resultados del populismo de izquierdas de América Latina y su estrepitoso fracaso, desde el moderado Brasil hasta la Venezuela chavista que se vuelve cada vez más pobre y la gente tiene que buscar medicamentos en el mercado negro. Pero de todos modos, en caso de que ese argumento fuera cierto, considero que lo que hizo Felipe Calderón y su camarilla fue traicionar a quienes simpatizaban con el PAN y votaron por Josefina Vázquez Mota (no es que fuera tampoco demasiado imposible que ella hubiera podido ganar si hubiera hecho una campaña sobresaliente).

    Las condiciones actuales del país, sumido en la corrupción, impunidad y violaciones constantes a los derechos humanos, no son algo que podrían congratular mucho a Calderón después de su «decisión por apoyar lo menos peor».

    Pero si ese pacto se dio, no sólo fue para evitar que «el peligro para México» llegara. Dicen varias voces, entre ellas, la de Jorge Castañeda, que Calderón pactó para que éste no fuera enjuiciado en La Haya como muchos aspiraban, y también para que parte de su equipo que se vio envuelto en escándalos de corrupción i.e. Genaro García Luna o Alejandra Sota.

    Felipe Calderón y Peña Nieto

    Seguramente un pacto así era más propicio con Peña Nieto que con López Obrador quien durante 6 años lo llamó «espurio, usurpador» mientras los simpatizantes de éste le llamaban «fecal». Castañeda dijo que también, el PAN (al menos la bancada de Calderón) se mostró más condescendiente con el PRI, por ejemplo, para evitar la instauración de reformas que afectaran los intereses del PRI y el propio Presidente Peña, como la segunda vuelta presidencial (donde el PRI se vería más afectado, puesto que sus estructuras no le alcanzan para que alguno de sus candidatos pueda obtener el 50%), entre otros.

    Si esto fue así, entonces tendríamos que hacer responsable en parte a Felipe Calderón por el estado actual de las cosas en nuestro país y bajarlo de esa nube «Rooseveltiana».

    ¿Por qué?

    Porque este pacto habría sido entonces el inicio del acuerdo entre partidos políticos para solaparse. Es decir, a partir de ahí, los partidos habrían empezado a taparse entre ellos los actos de corrupción como ha venido sucediendo. Por la misma razón que la oposición (sobre todo el PAN) se mostró muy displicente con el tema de las casas blancas, de Ayotzinapa y de todos los escándalos en que se ha involucrado el gobierno. Incluso, el PAN tuvo la desfachatez de no apoyar la #Ley3de3 después de negociar con el PRI.

    Pero los cálculos en política son impredecibles. La política no es algo que se pueda medir con ciencias exactas y por lo tanto, no se puede esperar un resultado totalmente acorde a cierto acto. De esto se han empezado dar cuenta en Estados Unidos al ver como alguien a quien subestimaron, como Donald Trump, tiene ya algunas posibilidades de gobernar ese país.

    De la misma forma, todos los actos encaminados para que López Obrador no sea presidente, ya sea porque podría en jaque sus intereses, o porque hay una legítima creencia de que su políticas podrían perjudicar al país, pueden ser los que hagan que el candidato de Morena logre ganar las elecciones en 2018. Cierto, López Obrador tiene muchos negativos (mucha gente que no votaría por él), pero hasta el momento es quien ha sabido capitalizar más el desencanto con la clase política (de la cual Calderón y Peña Nieto son parte), así que una posible victoria en 2018 no debe de descartarse. No está de más decir que con este supuesto pacto, López Obrador podría reforzar su teoría sobre el PRIAN y su argumento de que son lo mismo.

    Y créanme que un AMLO en 2006 o 2012 hubiera resultado menos peligroso que uno en 2018 (a los contenidos que sube el amado lider de Morena a Facebook me remito).

    Si esto sucede, entonces tendríamos que hacer responsable a Felipe Calderón de muchas cosas más. Porque su mal «cálculo político» además de haber detenido reformas necesarias, pactar con quien a la postre se convirtiera en uno de los peores presidentes de la historia moderna de México (Peña Nieto) y provocar que la clase política se solapara sus actos de corrupción, habría abierto las puestas de Los Pinos a la peor versión de AMLO.

    Y una historia así, «no la tiene ni Obama».

  • El Jefe Diego no nos invitó a la peda

    El Jefe Diego no nos invitó a la peda

    Cuando hablamos de «diferencias políticas» muchos «expectantes» suelen tomarse las cosas de forma literal. Es decir, asumen que dos políticos que tienen diferencias entre ellos no pueden verse a la cara, que son enemigos declarados, y que lo político va ligado a lo personal. Pero en la realidad suele ser un poco distinta. Es decir, mientras las diferencias políticas existen, las diferencias personales no están tan estrechamente ligadas.

    Bajo ese argumento, entonces, si Diego Fernandez de Ceballos organiza una fiesta, y a ésta van personajes de los distintos partidos políticos, entonces todos están de acuerdo y son parte de una misma mafia. Calderón fue a la misma fiesta que Salinas (son de la misma mafia del poder, dirían). Carlos Slim, Xochitl Galvez quien «periscopeó» dicho evento, Porfirio Muñoz Ledo, Jorge Castañeda, Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, entre otros.

    El Jefe Diego no nos invitó a la peda

    Podría cuestionar a los «periodistas» que estaban ahí, porque se dice que un buen periodista debe de ser crítico con el poder y no parrandear con éste (no es que Carlos Marín o Gómez Leyva se caractericen por ser muy críticos), pero en realidad es una fiesta común y corriente. Fernández de Ceballos tiene muchos contactos y conocidos dentro de la política que no necesariamente coinciden entre ellos.

    Que coincidan en una fiesta no debería de ser motivo para crear teorías de la conspiración. George W Bush y Hillary Clinton se dieron un abrazo en el funeral de la esposa de Ronald Reagan y no pasa nada, ni es prueba de un conflicto de intereses o de alguna colusión secreta ni nada por el estilo. A pesar de las diferencias políticas que existen, se ven las caras por un razonable período de tiempo y su trabajo los obliga a convivir, a llegar a acuerdos. Que no coincidan políticamente no significa que no se puedan ver de frente, ni se puedan saludar ni mantener una conversación casual. Vaya, hablamos de política con todas su letras. Entre personajes de distintas facciones puede haber un ambiente de camaradería y no pasa nada.

    Incluso esto se puede ver entre quienes presumen ser críticos acérrimos y se califican de vendidos o peligrosos en las cámaras. Hay que recordar cuando Fernández Noroña invitó a Ciro Gómez Leyva a la presentación de su libro, lo cual desató una serie de críticas en Twitter.

    De la misma forma hay políticos de diferentes partidos quienes coincidieron al ser adversarios en una campaña electoral donde echaron mano de todo lo que fuera posible para desacreditarse, y son amigos. Los hay, créeme.

    Debido a la imprudencia de Xochitl Gálvez con su Periscope (práctica frecuente de su City Manager), todos «se enteraron de la parranda» y algunos pseudo-periodistas como el «peñista-de-día-pejista-de-noche» Federico Arreola abordaron la noticia para reforzar la teoría de López Obrador sobre la mafia del poder que está en su contra, y que va a conspirar para que no gane en el 2018.

    Y de forma muy predecible, López Obrador hizo eco de la noticia afirmando que ahí están todos los que lo odian. Porque básicamente si no estás con AMLO, eres su enemigo. Aunque de igual forma no se equivoca tanto al afirmar que ahí hay muchos políticos que le han daño a México.

    Concuerdo en que la gran mayoría de los presentes son políticos impresentables. Porque vaya, casi toda la clase política (incluyendo a López Obrador) es impresentable, nuestra clase política está desprestigiada. Pero que un político haga una fiesta e invite a todo el mundo, es de lo más común que hay. De hecho ni debería ser noticia.

    La noticia es que Diego no me invitó a la peda.

    P.D. Y no fue ni Emilio Azcárraga ni Salinas Pliego, por si querías dormir tranquilo hoy.

  • Pero Calderón tampoco era tan «chido»

    Pero Calderón tampoco era tan «chido»

    Ahora que vemos este desgobierno, se ha vuelto deporte olímpico endiosar al mandatario pasado haciendo un (fácil) ejercicio de contraste entre Peña Nieto y Felipe Calderón. Es cierto, entre esos dos gobiernos las diferencias se notan (a favor del michoacano), pero ello no quiere decir que Felipe Calderón haya sido un gran Presidente ni mucho menos.

    Pero Calderón tampoco era tan "chido"

    Por el contrario, Calderón fue un presidente gris. Tuvo algunos aciertos, como la ampliación de la cobertura del sistema de salud, o la estabilidad macroeconómica. Calderón fortaleció el programa Oportunidades (y después Rosario Robles lo destruiría para ponerlo al servicio de la maquinaria del PRI) Es cierto, Calderón tenía más dotes de estadista que Peña Nieto. Mientras Calderón podía responder de frente a quienes lo criticaban (aunque no siempre), Peña Nieto se esconde, no habla, evade, y manda a todo su ejército de propaganda a hacer el trabajo sucio. Con el oriundo de Atlacomulco vivimos cosas (malas) que no veíamos el sexenio pasado, como el asesinato de periodistas por parte del Estado, estudiantes, conflictos de interés que deberían haber derivado en la renuncia del Presidente. Seguramente Calderón hubiera tomado una postura distinta ante el caso de Ayotzinapa; al menos se hubiese parado en Iguala. También en el gobierno de Calderón había una mayor apertura y no habían tantas restricciones a la libertad de expresión (el único caso de «autoritarismo» que se le podría reprochar a Calderón fue el caso de Aristegui, quien regresó días después a trabajar).

    Pero así como Felipe tuvo aciertos, también le entregó literalmente la educación a Elba Esther Gordillo quien se convirtió en la mandamás del futuro de las nuevas generaciones, los resultados en ese rubro son más que mediocres y las consecuencias se palparán hasta en un mediano plazo. Otro de los errores fue la «guerra contra el narcotráfico» que sólo sumió al país en un conflicto sin fin en el cual seguimos sumergidos tres años después de que Calderón dejara la silla presidencial.

    El triunfo de Peña Nieto en las elecciones del 2012 es en cierta medida sintomático de los resultados que Felipe Calderón entregó.

    Pero lo que yo más le reprocharía a Felipe Calderón, fue que no tuvo la voluntad para desmantelar todas las estructuras arcaicas sobre las cuales logró mantenerse el PRI por 70 años. Los resultados ahí están, el partido tricolor regresó al poder y vio que dichas estructuras y vicios estaban casi intactos. Calderón sólo tuvo la voluntad de cerrar Luz y Fuerza del Centro. No se atrevió a tocar a monopolios públicos ni privados. No tuvo la sapiencia política para lograr una apertura en el sector energético, y los monopolios privados no solo pasaron de largo, sino que su poder creció por su postura omisa. Ahí tenemos a las televisoras que inclusive lograron colocar a su telebancada en el congreso, los más ricos de México (sobre todos los que comenzaron a crecer en contubernio con los gobiernos priístas pasados) se hicieron cada vez más ricos. Los 50 millones de pobres de la actualidad no sólo son responsabilidad de este gobierno, también el panista aparece en los créditos.

    Por esto se entiende que Peña Nieto haya ganado las elecciones (de forma un tanto polémica, claro está), porque Calderón mostró ser un Presidente ineficaz, y el PRI entonces logró venderse como «los que sí saben como», aunque al final del día, la eficacia no puede ser la bandera del Gobierno actual. También ganó porque todas las estructuras seguían ahí, los dos gobiernos panistas no hicieron nada (aunque nos prometieron reiteradamente en campaña que lo harían). Incluso hoy el PAN está moribundo, y ya no tiene credibilidad.

    Josefina Vázquez Mota escribió un acertado artículo sobre como las condiciones que está generando el Gobierno actual pueden abrir las puertas al populismo y la demagogia, como es que mucho de quienes critican a AMLO (como el Presidente en turno, algunos empresarios y políticos) técnicamente lo están promoviendo con sus actos. Pero mi pregunta a ella, al Presidente y a su partido, es ¿Y por qué ustedes no hicieron nada para que esas condiciones no se generaran? Calderón no se puede deslindar completamente de la realidad actual en que vive el país, y por tanto, creo inoportuno pensar que Felipe fue un gran Presidente nada más porque el actual salió bastante más malito.

    Por cierto, es un sinsentido que Peña en su informe alerte sobre la llegada del populismo y la demagogia cuando en su partido son iguales, y cuando ellos son expertos en esos temas.

  • Ex Presidentes haciendo campaña

    Ex Presidentes haciendo campaña

    Los regiomontanos observan como Calderón va a apoyar a su candidato denostando al Bronco, al primer lugar, al cual compara con Chávez y López Obrador. Dice que para mantener la institucionalidad hay que votar por el PAN, PRI o PRD. Es cierto que AMLO, o el Bronco, cuya figura polémica lo tiene en el tope de las encuestas allá en Monterrey, no son un gran ejemplo de como mantener la dicha institucionalidad, aunque no sé si Calderón se ha dado cuenta del México en el que vive, el México en el que las instituciones no funcionan bien, y se han degradado con el gobierno actual; del cual nunca habla.

    Ex Presidentes haciendo campaña

    Independientemente de todo esto, yo no veo mal que los ex Presidentes hagan campaña. Era ya una tradición extendida que los ex presidentes se recluyeran en sus grandes mansiones o en algún otro país para desaparecer de la vida pública. Esta tradición tenía una función en el pasado autoritario y esa era que quienes salieran no siguieran ejerciendo el poder desde fuera, como pasó con Manuel Ávila Camacho, porque recordemos que el Presidente siempre elegía a su sucesor.

    Ahora la realidad no es así, la realidad es que tenemos un sistemas de partidos (sí, degradados todos) y creo que los Presidentes no sólo deberían poder participar en la vida política «desde fuera», sino que deberían poder en algún momento reelegirse para un período más, o bien, ocupar otros cargos. No creo que a Colombia le haga mucho daño que el ex Presidente Álvaro Uribe sea senador, no creo a Uruguay le haga daño que Pepe Mujica lo sea.

    Hacen falta muchos cambios dentro de nuestros usos y costumbres en la vida política, usos que pueden estar expresados en leyes en varios de los casos. La reelección de alcaldes fue un gran logro dentro de la Reforma Política para un país apegado a sus tradiciones y mitos. Lo mismo ocurre con las candidaturas independientes, aunque las autoridades electorales ponen cualquier tipo de trabas.

    Falta segunda vuelta, falta reducir el mandato presidencial a 4 años y que el mandatario se pueda reelegir una vez. Falta desterrar todos los mitos revolucionarios dentro de las leyes que rigen la vida política de éste país.

    Falta enterrar de una vez por siempre a la Revolución Mexicana.

    Aunque tengamos que ver a más Fox haciendo el ridículo.

  • El PAN ¿Eso qué es? ¿Todavía existe?

    El PAN ¿Eso qué es? ¿Todavía existe?

    Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota se han empezado a involucrar en las campañas de los blanquiazules que contienden a gobernaturas o alcaldías. Con discursos poco emotivos y haciendo hincapié en palabras como «honestidad», se han dado a la tarea de poner de su parte para tratar de que el PAN no salga tan mal parado en las elecciones que vienen.

    El PAN ¿Eso qué es? ¿Todavía existe?

    El que tengan que recurrir a estas figuras nos habla de lo desesperados que están en el PAN, de que se les han acabado las ideas para atraer electores. Por ejemplo, si bien pareciera relucir al hacer el contraste de su gestión con el de Peña Nieto, la verdad es que Felipe Calderón no fue un gran presidente y por lo que veo quienes más lo admiran son «los más panistas», los que se acercan más a el concepto de «voto duro». Mientras tanto habrán otros votos más volátiles que tienen a Felipe Calderón en buen concepto, pero no el suficiente como para que su presencia incida mucho en su voto.

    Calderón y Josefina actúan porque por medio de sus figuras tratan de mostrar que el PAN no está tan jodido. Hasta los más panistas se sienten avergonzados de quienes ahora están dirigiendo el rumbo de su partido: Madero, los moches, «ánimo Montana». Pero la realidad es que el PAN está dividido y que incluso el ex Presidente es parte de la división que aqueja a éste partido.

    Josefina es, fue, el tercer lugar de la elección pasada. Y usar a una figura política que obtuvo ese lugar para atraer votos nos habla de lo desesperados que están en el PAN y de los pocos recursos que tienen a la mano para lograr trascender en las elecciones venideras. Si Calderón no se ve emotivo, menos emotividad refleja la ex candidata cuyo discurso se limita al: Yo conozco a éste candidato y sé que es honesto. Con su poco carisma intenta transferirles un poco de autoridad moral pero es muy difícil que cumpla el cometido de generarles votos cuando ella misma no lo pudo hacer en las elecciones pasadas.

    Usar a personajes como Calderón o Josefina nos habla de que al PAN ya se les han acabado las ideas. Para el mexicano promedio, el PAN ya no es una alternativa, sino más bien parte de toda esa partidocracia que detesta, ya no es «el que puede con el PRI», más bien es una suerte de «PRI mocho». El PAN es conservador en tiempos donde las clases medias en México empiezan a tornar un poco más hacia ideologías más liberales. La señora que va los domingos a la Iglesia, el papá tradicionalista y demás figuras empiezan a ser no tan constantes como en años pasados.

    Jalisco era el bastión del PAN, ahora no sólo eso (ahora gobernado por el PRI), sino que ha perdido todos los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara e incluso el Distrito 10 de Zapopan, otrora el distrito más panista del país, lo condenará en estas elecciones al tercer lugar, por debajo de Movimiento Ciudadano (donde han migrado algunos panistas en busca de hueso) y el PRI, que siempre contará con su voto duro.

    Tal vez en las diputaciones federales todavía mas o menos pinte el partido, pero esto ha sido más bien gracias al desprestigio del Gobierno Federal (que como sea, el PRI sigue en el primer lugar de las preferencias) y de la división y escisión del PRD.

    El PAN debe replantearse como partido, si sus militantes no logran hacerlo, estarán condenados a desaparecer. ¿A poco no?

  • Peña Nieto vs Felipe Calderón

    Peña Nieto vs Felipe Calderón

    Dicen que las comparaciones son odiosas, pero bien que son necesarias. Algunos dicen que las comparaciones pueden estar sesgadas porque los objetos que se comparan pueden estar inmersos en realidades diferentes. Pero de alguna forma pueden servir para hacer algún tipo de evaluación. Comparar a Peña Nieto con Felipe Calderón podría ser un buen ejercicio para darnos una idea de como es que han gobernado estos dos personajes.

    Peña Nieto vs Felipe Calderón

    Alguna vez dije que Calderón fue un Presidente mediocre, refiriéndome con mediocridad a sus resultados. Hubo algunas cosas buenas, otras donde quedó a deber y otras tantas absolutamente criticables. La buena noticia para la conciencia de Calderón, es que prácticamente todos los números son mejores (o menos peores) que los de Enrique Peña Nieto. Aunque no fueron lo suficientemente positivos como para evitar el regreso del PRI y que la gente pidiera un cambio (ya sea por decepción, por una torta o tarjeta electrónica).

    Si bien se ha mostrado un leve descenso en los homicidios por año, las cifras continúan siendo brutales. Comparando el primer año de Felipe Calderón (donde hubo 804 homicidios mensuales según el Sistema Nacional de Seguridad Pública) con el de Peña Nieto (1,532 homicidios mensuales) tenemos entonces la cifra es más del doble. Cierto que Calderón recibió un país menos violento, pero no se ve como es que Peña Nieto pueda reducir considerablemente esos números. Por eso han apostado a callar y no hablar del tema mientras México se sume en sangre.

    Pero hay datos más alarmantes. Con Calderón hubieron 118 secuestros mensuales en 2011, ahora hay 135. Con Peña Nieto México es más inseguro a pesar de que los medios nos hacen creer lo contrario. Pero vamos a los temas económicos donde Peña Nieto sale más mal parado. Después de la crisis mundial, según el INEGI, Calderón mantuvo un crecimiento desde el 4% al 5% del Producto Interno Bruto. Llegó Peña Nieto y sin tener un panorama más adverso que Calderón en sus sexenios post-crisis, sólo hizo crecer al país el 1.1%. En 2014 la historia se repite, cada vez tienen que bajar sus predicciones. Ahora se estima que el crecimiento será de 2.4% (según el FMI) cuando mucho, es decir, nada.

    Después tendremos que ver el efecto de las reformas prometidas. El que ya estamos viviendo es el de la Reforma Hacendaria y la Reforma Financiera que deprimieron la economía. La Reforma Energética mostrará sus efectos en varios años, pero dentro de esta se convirtieron los pasivos de Pemex en deuda pública, lo cual ha causado mucha polémica por ser alguna suerte de «Fobaproa».

    El gobierno actual se presentó como el reformador y quien iba a «mover a México». Pero hasta ahora, sus números han sido más malos que los de su antecesor a quien criticaron tanto por su incapacidad de reformar al país (gracias a que el partido del gobierno actual los bloqueó). Peña Nieto tiene los números de aprobación más bajos de la historia reciente de México como lo afirmo el diario The New York Times, números que Felipe Calderón, con todo y las cuestiones a su legitimidad o la «guerra contra el narco» nunca ostentó.

    Para muchos queda claro que el gobierno de Peña Nieto no va nada bien. Calderón tuvo demasiados críticos, pero parece que ahora algunos de ellos han empezado a extrañarle un poco. Y es que Peña Nieto no sólo no ha corregido los defectos que tuvo Calderón en su mandato, sino que los ha exacerbado.