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  • El remedio para la felicidad

    El remedio para la felicidad

    La gente tiene una enferma necesidad de ser feliz, que busca cualquier cosa para encontrarla. Pero su obsesión con ella es tanta, que esa misma obsesión es la que le impide ser feliz. Creen que la solución para obtener la felicidad se puede recetar, y por eso hay mucha literatura barata, libros de autoayuda que terminan confundiendo al individuo por dos razones. Porque el fin último de esos libros es generar riqueza para los que lo escriben (no les conviene autorrealizar a sus lectores por negocio), y porque no hay una solución exacta para la felicidad. Porque la felicidad no es igual para todas las personas.

    El remedio para la felicidad

    Me topé con un libro del filósofo inglés Bertrand Russell, llamado «La Conquista de la Felicidad«. Un libro fácil de leer (aún así es muy notorio el bagaje cultural y filosófico del autor del cual carecen muchas obras baratas), pero que difiere mucho con los libros de autoayuda actuales. Y es que el libro tiene poco de recetas y mucho de sentido común. Delinea a grandes rasgos lo que puedes hacer para obtenerla, pero el autor es consciente de que cada mente es un mundo. Quien quiera una receta fácil para ser feliz, en ese libro no la va a encontrar. Más bien se dará cuenta que necesitará mucha voluntad para poder ser feliz. Sugerencias como el aprender a soportar una vida relativamente monótona, o sugerir que «que tus intereses sean lo más amplios posible y que tus reacciones a las cosas y personas que te interesan sean, en la medida de lo posible, amistosas y no hostiles» se aleja del recetario de la felicidad propuesto por libros que se convierten en best sellers.

    Y esta obra me hizo pensar como ser feliz puede ser tan sencillo y complejo a la vez. No se requiere de gran ciencia, pero sí de mucha voluntad. Pero a las personas les asusta la palabra «voluntad». Por eso muchos acuden a las dietas milagro que te prometen bajar 5 kilos en una semana (y lo cumplen, pero no te hablan del rebote que viene a continuación) en vez de ir con un nutriólogo que le cambie sus hábitos de alimentación y hacer ejercicio diario. Nos hemos acostumbrado a buscar las cosas de manera fácil, pensando en que así las vamos a obtener. Ya sea dinero, salud, y ¡felicidad!

    Lo más curioso de todo, es que la felicidad no es algo que tienes que alcanzar. La felicidad es un modo de vida, es el goce del proceso. Por ejemplo, una persona tiene un objetivo, ganar un deporte, aprender a tocar la guitarra, ser económicamente independiente. Se cree falsamente que se encontrará la felicidad una vez logrado el objetivo. El disfrute del proceso es, en parte, el que trae la dicha a las personas. Al lograr dicho objetivo, el individuo explota en júbilo (el cual muchos confunden con la felicidad). Pero una vez terminado este momentáneo sentimiento, se dará cuenta que requerirá alcanzar algo más. Deberá plantearse nuevas metas, objetivos, o bien, nuevas formas de disfrutar la vida.

    Y la felicidad no sólo surge de la búsqueda de esos objetivos, sólo es una parte. La convivencia con las demás personas, los hobbies, el desarrollo mental y espiritual. Tener una perspectiva más amplia, conocer cosas nuevas.

    Mi felicidad aumentó conforme empecé a tener más intereses, y conforme empecé a salir de mi burbuja de cristal.

     

    Cuando buscas ansiosamente la felicidad, no sólo no estás llegando a ella, sino que ese tiempo gastado lo podrás considerar como el tiempo en que pudiste ser feliz y no lo quisiste ser.

    Ciertamente hay eventos que pueden detener momentáneamente la felicidad y no depende de uno. La pérdida de un empleo, la muerte de un ser querido, algún padecimiento. Pero el individuo tiene la capacidad de volver a ella en determinado tiempo.

    Para mí, la felicidad consiste en lograr un sano equilibrio, entre cuerpo, mente, espíritu. Es tal vez incluso utópico pensar en un equilibrio perfecto, pero sí que nos podemos acercar a él. Esto es así, porque la naturaleza es así. Cuando esta se acerca más a dicho equilibrio funciona mejor. Nuestro cuerpo es un equilibrio, estamos compuestos por materia que compone órganos, los cuales gracias a dicho equilibrio, mantienen el funcionamiento general del cuerpo. Un individuo que alimente su cuerpo con ejercicio y alimentación sana, y su mente con cultura, tendrá un equilibrio mucho más sano que aquel que se postra en el sillón con comida chatarra para ver los programas de revista de la televisión abierta.

    Al final, la «solución» para ser feliz es sencilla, pero la fuerza de voluntad que se requiere es algo complejo. Y si te venden remedios que subestiman o ignoran la voluntad, debido a que la palabra «esfuerzo» no vende. Entonces, te están timando.

  • ¿Cómo ser feliz en México?

    ¿Cómo ser feliz en México?

    Los economistas tratan de entender la felicidad como la capacidad que tiene un individuo para consumir. Si el PIB per cápita es más alto, seguramente los individuos serán más felices. Los religiosos la relacionan con la espiritualidad y la capacidad de tener una relación con un dios. Los sociólogos podrán hablar de la pertenencia de un individuo a la comunidad. Los sexólogos la podrán basar en la satisfacción sexual del individuo. Lo cierto es que ser feliz al final tiene que ver con la satisfacción que una persona tiene consigo misma y con su entorno. Y como las personas tienen diferentes prioridades, entonces lo que a una persona lo hace feliz, a otra persona puede no darle tanta felicidad.

    ¿Cómo ser feliz en México?

    Pero ¿Cómo ser feliz en México? Algunos estudios afirman que México es un país feliz y siempre es colocado en un lugar generoso en las tablas de los países más felices del mundo. Hay cosas que juegan a nuestro favor, el clima y la posición geográfica ayudan. Los países que reciben menos luz del sol como pueden ser Noruega, Canadá, o Rusia, tienden a tener mayor gente deprimida, sobre todo en los inviernos donde en el mejor de los casos, el sol sale unas pocas horas. En México no pasa eso, y es curioso que la gente que vive más cerca del ecuador, tiende a ser vista como más cálida y amable.

    Pero no todo es positivo. Vivir en un país donde las malas noticias son pan de cada día, donde se tienen problemas graves de seguridad, donde ni el estado ni el mercado son capaces de garantizar cierto bienestar a muchos mexicanos, puede ser un tanto frustrante. El exponerse ante un huracán de malas noticias puede causar un efecto adverso en el ánimo del individuo si no está psicológicamente preparado para ello.

    Pero a veces esa carencia o búsqueda por satisfacer necesidades no resueltas, que pareciera negativo, puede atraer felicidad. A veces tener la vida resuelta puede terminar generando hastío en un individuo. Las carencias, son las que muchas veces, incitan al individuo a emprender. Cuando pensamos en adquirir a futuro una casa, o pensamos en buscar cierta estabilidad económica, lo hacemos porque en el presente no lo tenemos, carecemos de ello. Entonces creamos planes con el fin de poder saciar esa necesidad. Debido a que hay una motivación, ello nos produce una satisfacción. Por eso es que la felicidad no es algo que se deba alcanzar, no es una meta, la felicidad es la forma en como disfrutamos el recorrido del camino.

    Los que viven en algunos países desarrollados y han satisfecho sus necesidades pueden caer en el hastío, aunque eso no significa que no puedan entretener sus mentes por medio de otros retos o ambiciones. El problema en nuestro caso, viene con el nivel de estrés que puede causar la frustración al buscar cierto objetivo. Un psiquiatra me comentaba que niveles tolerables de estrés y ansiedad son necesarios para el desarrollo del ser humano, gracias a estos sentimientos que podrían ser negativos en un principio, el ser humano creó inventos, innovó y desarrolló mejoras con el fin de suplir esas carencias y dicha condición impulsó a los seres humanos a moverse. En cambio, cuando dicho estrés y, o ansiedad, rebasan los niveles tolerables, causan el efecto adverso, paralizan al individuo, y lo ponen en una condición donde puede terminar afectando a los demás, lo que se traduce en una laceración del tejido social.

    En México se puede ser feliz de varias formas. nuestra calidez ayuda a ello. Pero tal vez el reto de buscar trascender en un país donde se nos ha enseñado a que eso es poco posible, podría ser una buena idea. Algunos creen que el individuo se debe de alejar de las malas noticias. Posiblemente sea prudente alejarse del sensacionalismo, pero lo prudente es que el individuo está informado, porque los factores externos afectarán al individuo sin importar si éste los conoce. Por el contrario, su desconocimiento lo podría agarrar desprevenido. A pesar de la situación en la que se pueda encontrar el país, la elección de ser feliz, reside, en la mayoría de los casos, en uno mismo.

  • El sufrimiento necesario para una vida plena

    El sufrimiento necesario para una vida plenaMucha gente cree que hemos venido a la vida a gozar de los placeres que esta nos da, a derrocharnos en felicidad. Y es que así nos lo han vendido. El hombre hedonista es el hombre feliz, es el que suponen (porque yo lo considero incluso utópico) tuvo una muy feliz infancia, juventud, adultez, gozó de todos los placeres, se acostó con chicas, fue admirado por la gente, es rico, buscó la buena vida. Pero es que eso en realidad es una falacia porque es inhumano; tal vez para que alguien llegue a tener una vida así, tiene que tener un gran soporte económico (primero de los padres) y una disciplina laxa; después heredar una gran fortuna. Pero aún así deberíamos pensar si esa gente es en realidad feliz, porque es una felicidad superficial, que a través del tiempo, por la costumbre, termina sabiendo a nada, y la vida termina perdiendo sentido. La vida de estas personas no tiene un propósito, y bien, es cierto que todos los humanos por naturaleza queremos «cada vez más», pero el hombre hedonista al no tener propósitos termina encontrando incluso esa felicidad que sus otros placeres ya no le pueden proporcionar en agentes nocivos.

    El sufrimiento es algo indeseable porque es un sentimiento negativo, pero dicho sentimiento por algo existe en la naturaleza del ser humano, tiene una función en el mecanismo de supervivencia, y también tiene un propósito donde cuando este es bien manejado, puede conducir a una vida plena que los placeres mundanos no pueden proporcionar. En mi caso, hace dos años tuve momentos bastante difíciles, no entendía lo que pasaba e incluso me parecía injusto porque «yo no le había hecho nada a nadie», y trataba de hacer las cosas bien, duré algun tiempo en depresión pero no perdí la esperanza y a pesar de mi situación anímica, busque construír, seguir adelante, porque sabía que si tiraba la toalla, el efecto iba a ser bastante peor. Curiosamente esos desagradables eventos me orillaron a ir tomando decisiones que con el tiempo se convirtieron en cosas fructíferas a un punto en que termino agracediendo el haber pasado por todo eso. Y no es solo eso, sino que todo esto te da un sentimiento de autorrealización, te hace crecer como persona y terminas valorando muchas cosas que antes no tomabas en cuenta. Esto te hace sin lugar a dudas una persona más fuerte, con más capacidad de enfrentar los retos.

    Muchas veces el sentido de la autorrealización (una necesidad inherente al ser humano) se da cuando después de un trabajo arduo, duro donde el sufrimiento, ciertas dosis de estrés y ansiedad, son una constante, y donde al final superada esa etapa se empiezan a ver los frutos. Esa felicidad es placentera y más duradera que la «felicidad hedónica» que nos quieren vender. Porque el orgullo de haber logrado cosas importantes marca la vida de una persona, e incluso cuando esta por alguna razón cae (porque aceptémoslo, no tenemos todo el control de nuestras vidas), este sentimiento de haber logrado metas y proyectos sirven para que el ser humano pueda volver a tomar impulso para salir adelante. En cambio si el modus vivendi del hedonista se deteriora, no sabrá que hacer, muchos de sus «amigos» que estaban por conveniencia se terminarán yendo, quedará solo y sin ningún arma para hacer frente a la adversidad. Y sufrirá, pero sufrirá a un punto que rebasa el límite de lo sano, y con su poco carácter caerá en una mala vida, posiblemente se refugiará en el alcohol, en las drogas, maldecirá la vida, se perderá, más porque siempre fue un barco sin rumbo alguno.

    Para terminar este artículo, les comento una enseñanza que se me quedó grabada. En algún momento de mi vida necesité tomar medicamentos para regular las descompensaciones químicas que sufría (era un problema netamente químico y orgánico, mas no algún problema de actitud), este doctor también se encargaba de dar una especie de terapia para que los pacientes aprendieran a controlar su ansiedad. Abrió la ventana de su consultorio, donde lo que había a la vista eran varios edificios modernos, y me decía, -las dosis razonables de ansiedad hace que la gente busque cosas nuevas, ideas nuevas, todo esto que ves, es gracias a gente que tuvo que crear una buena idea, ya sea para tener el dinero para mantener a su familia, o para lograr crecer en base a su esfuerzo; no fue gente que vino a vivir la felicidad-. Y me puse a pensar, el hedonista en realidad contribuye poco al progreso de la sociedad. Más bien se alimenta de aquellos que de algna forma sufrieron para terminar desarrollando tecnologias que ahora consumimos, nuevos modelos de transporte, casas, edificios, ciencia, medicina entre otras cosas. El hecho de querer venir a «vivir los placeres de la vida» es una posición sumamente egoísta, y lo peor es que esta gente no termina siendo tan feliz como cree.

     

  • México Feliz

    SI bien la felicidad como tal es difícil de clasificar, puesto que es un estado de ánimo y por lo tanto algo intangible, algunas asociaciones como Happy Planet lo han intentado para poder medir los niveles de satisfacción de y entre las naciones. Happy Planet toma como base una pregunta, donde la gente responde sobre su grado de satisfacción personal en los últimos días, en la cual los mexicanos han respondido positivamente, ubicando a México en el lugar 18 entre los países más felices del mundo, donde nuestra calificación baja por el escaso cuidado al medio ambiente.

    Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (sic) (OCDE), en su índice para una vida mejor, toma en cuenta 11 factores para hacer su evaluación, los cuales son: vivienda, ingresos, empleos, comunidad, educación, medio ambiente, gobierno, salud, satisfacción de vida, seguridad y equilibrio entre lo laboral y la vida.
Los resultados que arroja esta última institución, aunque se reconoce el progreso que México ha tenido en la última década, señalan la baja calificación que nuestro país tiene en comparación con la mayoría de los demás Estados miembros, aunque el nivel de satisfacción personal está cerca del promedio que manejan. En sí, el único factor en el cual México está por encima de la media en comparación al resto de los países miembros es en el de contaminantes en el aire que puedan entrar a los pulmones y dañarlos, siendo éste de 33 microgramos por centímetro cúbico, mucho más alto que el encontrado en la mayoría de las demás naciones evaluadas.

    Sin embargo, es curioso analizar que a pesar de que México está como reprobado en 10 de los 11 calificadores, el nivel de satisfacción (el único que se acerca al promedio manejado) de los mexicanos sea positivo.

    De los datos arrojados más alarmantes se encuentra el de gobierno, que revela que sólo el 38 por ciento de los mexicanos dijo confiar en las instituciones políticas, lo que constituye el indicador más bajo en los estándares de la OCDE. El otro apartado donde nuestro país rompe récord es en el de seguridad personal, donde se evalúa el riesgo de ser asaltado físicamente, o ser víctima de otro tipo de crímenes. En México, el 15 por ciento reporta haber sufrido un asalto en los últimos 12 meses, mucho más alto que el 4 por ciento que maneja como media la OCDE, y el más elevado en los niveles que registra la organización.

    En el balance entre el trabajo y la vida, se reveló que los mexicanos laboran mil 857 horas al año, 118 horas más que el promedio manejado de mil 739 horas, lo que indica que la gente tiene menos tiempo para convivir con su familia, relajarse, con lo que se incrementa el estrés y declina la salud personal.

    En educación, sólo el 40 por ciento de la gente comprendida entre los 25 a los 34 años ha terminado la preparatoria, lo que convierte a este país como uno de los peores para preparar a sus jóvenes adultos en nivel preparatoria. Por otro lado, en el Programa de Evaluación para Estudiantes Internacionales (PEEI o PISA, por sus siglas en inglés), que determina si los alumnos poseen las herramientas y conocimientos para participar en la sociedad moderna, reveló en 2009 que el estudiantado mexicano había obtenido 425 de 600 en habilidades de lectura, lo que constituye el grado más bajo del PISA. Otros resultados han demostrado que el 50 por ciento de los jóvenes de 15 años están por debajo del nivel básico de aptitudes y conocimiento.

    En todos los otros indicadores México no cumple con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, sin embargo, el 78 por ciento de la ciudadanía dijo tener como promedio más experiencias positivas que negativas en un día, indicador mucho más alto de lo que se percibe en los demás países evaluados, lo que hace del país azteca uno de los más felices de los miembros de la OCDE.

    Siempre he creído que un país se distingue por su gente y lo que ésta produce: cultura, obras de arte, adelantos tecnológicos y científicos, etc., pero también por la calidad de vida que pueda proporcionarle a sus habitantes, y no por su nivel de sobrevivencia.

    No se trata de ser el más rico o el que más produce, sino contar con una menor pobreza y disparidad económica, lograr satisfacer los requerimientos de empleo a la mayor cantidad de personas, y tener un salario mínimo decoroso para llevar una vida digna. El dinero no lo es todo, es cierto, pero ayuda mucho.

    El no ser capaz de satisfacer las necesidades básicas provoca la desilusión de saber que el salario mínimo alcanza apenas para sobrevivir, y a veces ni siquiera para eso. La conciencia de que una vida ardua de trabajo será quizás suficiente sólo para mantener a las y los hijos hasta que éstos tengan la edad conveniente para buscarse el pan individualmente, mientras se observa desde el otro lado de la acera a las y los más privilegiados pasearse en los autos que jamás se llegarán a tener, no es un aliciente para ser felices.

    La razón por la que mucha de nuestra población ha migrado a los Estados Unidos es para buscar ese derecho a la felicidad que está escrita en la propia Constitución de ese país, y que el nuestro falló en darles, para poder satisfacer las necesidades mínimas personales y de sus familias, para huir de la violencia que atenaza nuestra sociedad, o para garantizar que su descendencia no la sufra.

    No es para mí clara entonces la relación felicidad-nivel de vida que se maneja en estos índices. No es congruente con los demás resultados, a menos que en realidad las y los mexicanos nos hayamos resignado a vivir por debajo de la mediocridad, pues ni siquiera cumplimos con el promedio de los demás países socios de la multicitada organización.

    En la víspera del regreso a clases, después de los números que tanto el índice para una vida mejor del OCDE y el PEEI arrojan, me preocupa que las y los mexicanos estemos siendo adoctrinados para no darnos cuenta de las diferentes enfermedades que acosan a nuestra nación, las cuales pueden ser enumeradas en los 11 indicadores descritos párrafos arriba, lo cual puede ser en beneficio de unos cuantos que han secuestrado nuestro sistema educativo y mantienen a México como un país productor de mano de obra barata.

    El engaño que sufrimos es tanto que un 81 por ciento de los mexicanos cree pertenecer a la clase media, cuando sólo el 32 por ciento lo hace, según el área de Estudios Sindicados de la firma especializada en estudios de mercado De la Riva Group, esto quiere decir que sus ingresos familiares son menores a 13 mil 500 pesos mensuales, lo que los coloca por debajo de esta categoría.

    Engañarnos para creer que no vivimos esta realidad, o que nuestro país (o estado, que por ahí se empieza) se encuentra en el camino correcto para llevarnos a un mejor nivel de vida podrá crear el espejismo de que todo está bien, y congraciarnos con quienes les conviene que esa mentira se mantenga, pero eso no cambia nuestra calidad de vida ni mejora el futuro de México en ningún sentido, sólo genera un panorama desolado y oscuro para los que seguirán después de nosotros.

  • ¿Por qué los inteligentes sufren más?

    Ignorance is bliss (La Ignorancia es la Felicidad)

    Si este artículo empieza de una manera seria y termina siendo un relato cómico, no es coincidencia, fué a propósito.

    Es algo curioso, pero siempre se ha dicho que las personas con un alto cociente intelectual sufren más que las personas con un cociente intelectual promedio. Y no solo es que se diga, sino que se tienen pruebas fundamentadas para comprobarlo. Muchas de las personas «inteligentes» tiene más problemas emocionales, y una menor capacidad de adaptación al mundo social, lo que hace que muchos de ellos no logren destacar, ni siquiera logran puestos decentes en el mundo laboral, cuando tienen la capacidad intelectual de desarrollar mejor ciertas actividades que los demás.

    Generalmente a la gente inteligente se le ve como rara por sus dotes intelectuales. No se comportan igual que los demás y eso a veces ocasiona rechazo por parte de los demás, y aislamiento por parte de ellos mismos, lo que provoca que su desarrollo emocional quede rezagado y tengan más problemas de adaptación que las demás personas.

    Daniel Goleman por lo mismo quiso hacer una distinción entre la inteligencia racional (que es de la que estamos hablando) y la inteligencia emocional. Y el hace énfasis en darle importancia a la inteligencia emocional, porque según dice, los inteligentes emocionales tienen más probabilidades de sobrevivir en la competencia diaria de la vida, que los inteligentes racionales (que precisamente, suelen sufrir de una baja inteligencia emocional).

    También la gente inteligente suele tener una mayor percepción de la realidad que la gente común, y eso no suele ser muy agradable en la mayoría de los casos. De ahí que generalmente se diga que la ignorancia es la felicidad. Y mientras la gente inteligente se la pasa teniendo crisis existenciales, meditando sobre el significado de la vida, la gente que no tiene un alto grado de inteligencia se la pasa de juerga, viendo el futbol, clavándose mujeres. Y es cuando yo digo, ¿Dios, porque no me hiciste pendejo?.

    Serio, una vez un especialista me dijo que la gente que suele tener una vida llena de amoríos, de sexo con mujeres y de alcohol, suelen tener un cociente intelectual, cuando mucho, del promedio. Otra vez, ¿Dios, porque no me hiciste pendejo?.

    Pero aguas cuando un inteligente logra sortear todas esas barreras emocionales que la vida le impone. Ese tipo de inteligentes suelen arrasar con todo, destacan más que los demás y logran hacer cosas que casi nadie logra hacer. Ahí tenemos a gente como Einstein que tuvo problemas en su infancia donde todos decían que no iba a llegar a nada, y terminó descubriendo la teoría de la relatividad. Y esa clase de inteligentes pues llegan a tener tal reconocimiento, que si quieren pueden conseguir el dinero que quieran y las mujeres que quieran. ¡Bueno Dios, que bueno que no me hiciste pendejo!.

    Pero también lo malo de esos inteligentes es que a pesar de su fama, sus millones, y sus excesos, siguen siendo perseguidos por sus «vacíos existenciales», tal que llegan a darse un tiro, tal y como lo hizo el escritor Ernest Hemingway, que a pesar de haber tenido mujeres y un Premio Nobel, se dió un escopetazo. El mismo llegó a decir: “Personas inteligentes, y a la vez felices, es la cosa mas rara que he visto.”

    Por mi parte, cuando me toque mi turno, prometo dejar mi nota de suicidio en este blog. Tambien pensaba videograbarlo, pero a parte de lo asqueroso que pudiera llegar a ser, prefiero pedirle a una de las tres mujeres con las que voy a estar…, que se encargue de dar el escopetazo final.