De pronto un individuo cree injusto que al otro le vaya mejor que a él si también se ha esforzado y le ha «echado ganas». ¿Por qué esa otra persona es más querida que yo, si soy un pan de Dios? Creen que la bondad y el esfuerzo lo justifica todo (que no sólo se trata de esforzarse, sino como, y para qué esforzarse), que con estas dos cualidades basta para salirse con la suya en la vida. Soy buena persona y le echo ganas ¡Véngase todo para mí!. Y cuando se cree esto, entonces vienen los recelos hacia la gente que le va mejor: -No debe de ser tan feliz, seguramente se está pudriendo por dentro-.

Falso señores, falso. Las personas autorrealizadas no tienen la culpa de serlo, al contrario, sería una irresponsabilidad no serlo o evadirse ante dicho éxito dadas sus habilidades desarrolladas. En algún momento de mi vida me di cuenta que esas personas, al igual que yo, no van a dejar de usar sus cualidades a su favor. Así como yo tampoco dejo de usar mis cualidades para tratar de sobresalir en las áreas en las que puedo. Al ser humano le gusta superarse y ser lo más apto para satisfacer sus necesidades, y ojo, no significa que con ello queramos «estar por arriba de los demás para verlos de arriba hacia abajo» porque eso puede denotar la artificialidad de dichas cualidades. No implica una competencia donde tenga que pasar por encima de los demás.
Mucha gente con poca confianza en sí misma suele guardar cierto resentimiento hacia aquellos que «les va bien». En realidad es una forma de autoboicot, debido a que se generan falsas ideas sobre aquellas personas con lo cual crean una sólida e impenetrable barrera. Pero por lo contrario, la gente segura de sí misma suele ser más accesible y tiene una mayor disponibilidad para ayudar y para cooperar. Hay quienes pretenden ser personas seguras y de alguna manera logran tener un cierto éxito, para lo cual pisotean y humillan a los demás. Estas personas en realidad no son tan seguras como lo aparentan ser, porque el afán de pasar por encima de los demás es símbolo inequívoco de algún rasgo negativo, una expresión de inseguridad camuflado por otras cualidades. La gente segura de sí misma sabe distinguir entre estas personas seguras y esas personas que pretenden ser seguras pero no lo son tanto. En parte porque se identifican con el primer grupo, mientras que el otro les causa mucha desconfianza.
Las personas inseguras, sobre todo las que guardan recelo y se sienten fracasadas, tienen dificultades para notar dicha diferencia. O en algunos casos, por conveniencia, lo omiten, para pensar que toda la gente «exitosa» no lo ha sido de buena fe, y puedan quedarse satisfechos con su mediocridad. Para ellos, si una persona es líder, lo es porque «está manipulando a los demás». Si una persona tiene muchos amigos, lo es porque «es superficial y todos sus amigos también».
Las personas que sienten valer poco, son las que ante la supuesta impotencia de emerger, critican a los demás, hablan a sus espaldas, o critican constantemente sus opiniones en los comentarios de una red social o blog donde opinen, en un afán destructivo para tratar de convencerse que «esa persona» es igual o más desgraciada que ellos, cuando dentro de ellos les importa mucho dicha persona, tienen una extraña e inexpresable admiración hacia sus cualidades lo cual les provoca molestia por lo cual tienen que estar al pendiente de lo que hacen. Como actuaron como buenas personas y pretendieron «ser justas» (hágase hincapié en la pretensión), creen merecer todo. Pero en realidad quienes tienen la mejor capacidad de adaptarse al entorno, son quienes logran sentirse satisfechos consigo mismos.
La gente a «la que le va bien» (y me refiero en un aspecto general y amplio y no al económico) lo menos que le importa es en envidiar a las demás personas, tomando en cuenta que siempre habrá gente en una mejor posición que nosotros. La gente a que le va bien se esforzó por tener las cualidades que le permiten satisfacer sus necesidades como ser humano, y gracias a su seguridad y al no tener la obsesión de compararse ante los demás, tiene mayor disposición para compartir sus habilidades con los demás. Se siente orgulloso de sus cualidades adquiridas, que le hacen muy bien a su psique compartirlas para que les ayude a los demás.
Ese es un Macho Alfa.
Ya había hablado en anteriores ocasiones sobre el mito del chico bueno, donde mucha gente cree que por el solo hecho de ser bueno y «echarle ganas» iba a triunfar en la vida, como si esta se encargara de hacer justicia y colocar en las mejores posiciones del escalafón humano a los hombres buenos y a los hombres trabajadores. Esto me trae un recuerdo, hace unos años acompañé a mi madre a una tienda donde surten ropa al mayoreo (porque ella se encarga de venderla al menudeo) y me dijo que el «chalán» le causaba admiración, porque era una persona que siempre estaba dispuesta a trabajar duro y nunca dejaba de expresar una sonrisa a toda persona que le pidiera un favor. Se veía que era una persona positiva, enérgica, trabajadora, iba de aquí pa allá, pero a pesar de todo, era el chalán, era el que tenía el puesto más bajo en la empresa de ropa.
Me han dicho que para tener éxito uno debe de proyectarlo con la imagen. Redundando un poco, uno debe de tener una imagen de éxito. Debe ser parecido, debe tener buena ropa, una buena compostura y guardar las apariencias. Pero al navegar un poco por internet y ver a las personas exitosas, me doy cuenta de que muchas veces no es así. Muchas de las personas triunfadoras no solo no son narcisistas, sino que se saltan todos los códigos de etiqueta existentes en el mundillo empresarial.
¿Que se tiene que hacer para tener éxito en la vida?. Bueno, a veces es un misterio. Pero se me ocurrió que podría hacer una lista que pueda al menos orientar a la gente a que busque el éxito. ¿Pero, qué es el éxito?. Para muchas personas es distinto. El éxito es diferente para un camionero, para un futbolista, o para un blogger. Pero todo sabemos que el tener éxito sería algo así como llegar a la autorrealización como persona, y es en lo que esta lista está basada. Algunos puntos los pueden encontrar en los clásicos libros de autoayuda, algunos otros puntos son más crueles y directos, otros son mas cómicos, pero bueno, empezamos.
Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
