Etiqueta: Estado de Derecho

  • Alan Pulido y el mal humor social

    Alan Pulido y el mal humor social

    A veces no dimensionamos el tamaño del problema hasta que nos toca, le toca a algún familiar o amigo querido, o a un futbolista (o cualquier persona considerada héroe o modelo a seguir). Todos hablamos de lo mal que está México, pero nos hemos acostumbrado a ello. Es decir, el México «cuasi-fallido» es ya la regla y no la excepción.

    Alan Pulido y el mal humor social

    El secuestro de Alan Pulido nos recuerda un poco lo que se vive en el país y de pronto olvidamos, o ya damos por sentado. Lo que ha ocurrido al futbolista es lo que le ocurre a miles de mexicanos.

    También nos recuerda cómo es que trabaja la justicia en México. La justicia es selectiva, y su trabajo es directamente proporcional al impacto que cada caso pueda tener en sus intereses. Es decir, si es una persona famosa, un artista, un político, toda la maquinaria se pone a trabajar, si no, no.

    Alan Pulido es privilegiado. Y no es su culpa, yo no puedo «no congratularme» por haber sido liberado un día después. La maquinaria trabajó porque es un jugador importante, independientemente de que posiblemente haya escapado por cuenta propia.

    Lo que me preocupa es que tuvo que ser Alan Pulido para que el gobierno se pusiera a trabajar. Que el crimen atente contra un jugador de futbol relevante, es algo imperdonable a los ojos de la opinión pública. Si por ejemplo, Pulido hubiera muerto, el gobierno hubiera quedado exhibido en todos los niveles, y el tema hubiera tenido repercusiones internacionales; porque es un jugador importante y juega fuera de nuestro país (en Grecia).

    Y porque a todo el mundo le gusta el futbol. Para muchas personas, un jugador es una suerte de héroe que lo saca de su vida rutinaria cada semana. No sólo es la tragedia, sino pensar en quien lo va a reemplazar en la alineación cuando la selección vaya a la Copa América Centenario.

    El Gobierno, por ejemplo, no reaccionó cuando desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Se pusieron a hacer algo (o al menos simularon) cuando toda la opinión pública estaba volcada hacia ellos, cuando todo México quería respuestas. Pero la intención nunca fue resolver el caso, las acciones fueron resultados de su estrategia de control de daños (que ni eso les salió bien). Hay que invitar a los familiares con el Presidente para dialogar, hay que traer al GIEI para que los quejosos piensen que estamos haciendo algo, para luego sacarlos a patadas cuando se vuelvan incómodos a nuestros intereses.

    Los estudiantes no tienen muchos recursos, no son gente de poder, no son gente de influencia, son comunistas, son morenitos (por no decir, naquitos, de acuerdo a la jerga usada para discriminar a las demás personas). No importaron, y sólo importaron (dizque), cuando la presión de la sociedad los asfixió.

    ¿Se ha resuelto el caso? No.

    La justicia en México es para los privilegiados, para quienes tienen los mejores abogados, para quienes tienen dinero, influencia o poder con los que al gobierno no le conviene pelearse; para quienes tienen «conectes» en el partido en el gobierno. El Estado de derecho existe para unos pocos, las personas de a pie no importan mucho, si son pobres menos. A las personas de escasos recursos se les detiene constantemente por fumar un porro. Es que los policías tienen que cumplir con sus cuotas:

    – Mira Julián, ahí agárrate a ese bato que parece que trae un porro en la mano, así ya cumplimos nuestras cuotas el día de hoy. – Oye, ¿pero ese bato no es el defensa del Puebla? – No, disculpe señor, lo confundimos, no vuelve a pasar; mi hijo ve sus partidos, oiga ¿no me puede dar un autógrafo? Mi hijo va a llorar de la emoción. Ya sabe, cuando necesite algo de la ley, pues ai tamos, pa’poyar a la Franja, y si alguna vez tiene un pedo, que andaba chupando y manejando, ahí nos da un pitón. Pero no con el pito de Mancera, ¡por favor!

    Gracias a estos organismos de justicia selectivos que no tienen que rendir cuentas, es que México es un país compuesto por unas élites privilegiadas y por una gran masa de mexicanos para los cuales, el gobierno no trabaja. Nuestro país no es meritocrático, el sistema no está hecho para premiar a quien se esfuerza más, sino a quien es más leal al sistema y a quienes se benefician de éste. Pero no sólo ganan recursos, influencia, y poder. También tienen privilegios en aquello que debería de ser «para todos», la justicia trabaja mejor para ellos, incluso los defienden de gente inocente. Pueden madrear gente y casi esperar que la víctima termine tras las rejas. El sistema no sólo consiente a las élites, las refuerza.

    Figuras como López Obrador se entienden perfectamente en este contexto. En México no es difícil crear el discurso de la mafia en el poder, discurso aprovechado por demagogos como el tabasqueño para reemplazar a las élites actuales, por otras.

    Y todo esto, si es que este secuestro no fue una puesta en escena porque pues… elecciones.

  • Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    Muchos subestiman el concepto del Estado de derecho. Eso es lo que ayuda a que «todo esto» funcione:

    Estado de derecho: Estado ideal de cualquier nación porque todos los poderes que conforman el estado se encuentran a derecho, es decir sometidos a la autoridad de las leyes vigentes.

    La gran mayoría de las personas interesadas en los temas políticos y sociales emiten opiniones con base en argumentos ideológicos. Creen que el funcionamiento correcto o incorrecto de un Estado está determinado por las corrientes ideológicas. Entonces culpan al neoliberalismo o al socialismo de todos los males.

    Ajalpan, dos vivos quemados, y una nación que no funciona

    No estoy diciendo que esas corrientes ideológicas, que cada vez son más retóricas y sirven como estrategia publicitaria más que otra cosa, no influyan. En el siglo pasado las batallas ideológicas determinaban el rumbo de nuestra civilización global, ahora estas se han venido neutralizado, pero al final del día siempre habrán quienes se encuentren en el poder y quienes se quieran rebelar a él (en mayor o mayor medida, dependiendo de la desigualdad existente en un estado), eso es algo natural y simplemente le pusimos etiquetas como izquierda o derecha, que pueden ser un tanto ambiguas.

    Pero quienes se rasgan las vestiduras defendiendo alguna corriente ideológica como el fin a todos los males caen en un error, más cuando se subestima o no se le da importancia a eso llamado Estado de derecho, que es pilar de una democracia y un estado funcional.

    Por un ejemplo, muchos satanizan la apertura económica que vivió México, el culpable de todo es el «neoliberalismo», por su culpa no hemos crecido. Y la realidad es que esta apertura incompleta y con resultados ambiguos se debe a un Estado de derecho débil mediante el cual se pudiera hacer un proceso de apertura óptimo. Ya sabemos que varias empresas se vendieron a los «cuates» cercanos al gobierno actual.

    Cuando veo el video de los «presuntos secuestradores» que fueron linchados en Ajalpan, no puedo pensar en términos de posturas ideológicas, es casi un absurdo. Pienso en un Estado de derecho casi inexistente en nuestro país, donde ante unas autoridades frágiles (tanto en las acciones preventivas como en las correctivas) los ciudadanos en un estado casi primitivo (resultado de un entorno donde no hay algún tipo de orden) hacen justicia por cuenta propia quemando a dos jóvenes que al parecer eran en realidad estudiantes.

    Naturalmente un proceso judicial apegado a la ley es mucho más eficiente para juzgar a una persona por un delito que una turba despojada de su racionalidad y que actúa por medios de sus instintos básicos. La diferencia evolutiva entre las dos opciones es de más de 20 siglos. Pero quienes son autoridad y tienen la posibilidad de optar por la primera opción son lo suficientemente incapaces y débiles como para que sus gobernados opten por la segunda.

    Lo que vimos en Ayotzinapa, las turbas en Guerrero y Oaxaca, y demás expresiones de violencia son ejemplo de una autoridad débil. Naturalmente no sugiero un gobierno de talante autoritario (este concepto también va contra la noción de Estado de derecho).

    Es débil no sólo por su ineficacia, sino por su incapacidad de garantizar (o crear las condiciones) un mínimo nivel de bienestar entre la población. Cuando se vive en un país muy injusto o cuando quienes están a la cabeza no tienen autoridad moral, la sociedad termina por percibir a los gobernantes como inútiles, entonces si quienes hacen las leyes o garantizan su ejecución no logran servir, los gobernados terminarán por no importarle las leyes y buscarán satisfacer sus necesidades a su arbitrio pasando a éstas y a las mismas autoridades por encima.

    Y esto sin importar si se vive en un país capitalista o socialista. Un Estado disfuncional no respeta preceptos ideológicos.

    Que el asesinato de estos dos presuntos delicuentes que parecen ser más bien estudiantes o encuestadores que posiblemente nada tuvieron que ver, sea una noticia, y más, una noticia que no nos sorprenda tanto, es sintomático de un país con un Estado de derecho fallido, casi inexistente, y en su lugar tenemos un orden de las cosas (si se le puede llamar así) que beneficia a unos pocos, a quienes tengan el «varo» para pagar a los mejores abogados o para corromper a las instituciones para hacerse justicia propia.

    Si eres sensible, no veas el video, el contenido es fuerte:

  • Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    No hay forma de justificar al Presidente Consejero del INE; Lorenzo Córdova se equivocó tremendamente al burlarse de un individuo perteneciente a las comunidades indígenas. Esto no se puede justificar cuando eres el encargado de presidir el instituto garante de la democracia electoral en México, un instituto que tiene que velar por la pluralidad y los derechos de todos en cuanto a elecciones se refiere.

    Lorenzo Córdova, entre el racismo y la ilegalidad

    El comportamiento de Lorenzo Córdova no es un hecho aislado y eso es lo preocupante. Si tuviéramos la capacidad de intervenir los teléfonos de todos los mexicanos que tienen una posición relativamente acomodada (clase media, media alta, alta) veríamos hechos como éste no sólo repetidos una gran cantidad de veces, sino que veríamos manifestaciones mucho más agresivas: -Pinche indio-, -Maldito naco-, porque incluso dudaría que las palabras de Lorenzo Córdova tuvieron una connotación racista. Y eso tal vez no sea tan necesario de hacer, basta escuchar conversaciones en la calle, en fiestas y demás lugares donde éste tipo de comentarios se repiten. A pesar de que lo neguemos, a pesar de que afirmemos que el racismo es un problema de Estados Unidos o la Alemania de Hitler.

    En las redes sociales abundan memes con la terminación en «tl» que ridiculizan a los indígenas. Lo peor del asunto es que no generan indignación, se perciben como algo normal, como si se tratara de una broma chusca cuando en realidad es una forma de denigrar a los indígenas, a quienes hemos segregado a través de nuestra historia, y a quienes hemos permitido que se les perciba como accesorios meramente foclóricos, dignos de postales y contenidos audiovisuales para promover el turismo en el extranjero, y a quienes no hemos incluido y mucho menos tolerado sus usos y costumbres.

    La otra mala noticia dentro de este hecho, es la que tiene que ver con la ilegalidad; y éste es el punto más importante en este caso: Intervenir el teléfono de ésta figura pública es algo completamente ilegal, y así como se reprueba su conducta, se debería de reprobar el acto. Alguien con un interés particular extrajo el audio de una llamada, casualmente hoy se debatía en el INE sobre si el Partido Verde debe de mantener el registro, casualmente las elecciones se llevan a cabo en 2 semanas, casualmente hay muchas dudas sobre el papel que jugará el INE en las elecciones entrantes.

    Tratar de hacer política chantajeando a los actores que son parte de ésta es algo completamente reprobable porque lacera a nuestras instituciones. El INE se muestra ante las elecciones venideras como una institución endeble, que no es capaz de garantizar una jornada electoral y cuyos miembros pueden ser chantajeados por agentes externos con un interés en específico. Esta laceración de las instituciones es más preocupante que los dichos de Lorenzo Córdova, que son absolutamente reprobables, pero que reflejan un problema que afecta a la sociedad mexicana, que son regla y no excepción en México.

    Me pregunto qué es lo que va a pasar el 7 de junio. Desde hace tiempo no se veían instituciones tan endebles. Algunos actores políticos (y no sólo de la izquierda) hablan de la preparación de un fraude electoral. Quedarnos en la discusión sobre si Lorenzo Córdova fue racista o no, creo que es poco menos que una pérdida de tiempo es lo que menos importa y cuando muchos mexicanos (entre ellos, varios «indignados») también lo son y ni siquiera se han dado cuenta de ello.

  • El camino errado hacia el progreso

    El camino errado hacia el progreso

    Nuestro estimado Presidente Enrique Peña Nieto, ha llegado a la silla presidencial para hacer eso que le llama «mover a México«. Para que México sea competitivo y pueda aspirar a crecer, tiene que romper con todas esas barreras y paradigmas, tanto nacionalistas, como autoritarias y verticales, con el fin de aspirar a ser una democracia liberal, como lo son prácticamente todos los países desarrollados. En la retórica, su paquete de reformas podría ir en ese sentido, pero en realidad el camino trazado no es tan correcto.

    Yo afirmaba que el PRI sólo iba a permitir que México se desarrolle hasta el punto en que no afecte sus intereses. Así ha sido, este PRI es capaz de someter a la industria telefónica a un estadio más cercano a la libre competencia lo cual es plausible. Pero esto se debe a que el predominante Carlos Slim se encuentra ajeno a sus intereses e incluso es opositor de Azcárraga, cuya empresa Televisa ayudó a Peña Nieto a llegar a la Presidencia. Dentro de las reformas vemos avances a medias, pero ha faltado bastante como para considerarlo un paquete revolucionario que cambiará la cara del país. Porque el Revolucionario Institucional basa su fuerza en algunos vicios enquistados, para ellos cambiar a México por completo sería un riesgo, porque aunque ello en el corto plazo le pudiera traer cierto reconocimiento de la población y que se vería reflejado en las urnas en el corto plazo, perderían sus bases, aquello que los hace fuertes.

    Mientras se hablan de avances, se nos presume en los spots como esas reformas van a cambiar nuestra vida, vemos también ciertas regresiones, estadios que considerábamos superados, pero que son parte de la forma de hacer las cosas de éste partido. Por ejemplo, su clara intención de volver a controlar los precios, la posibilidad de censurar medios como Internet en aras de la seguridad, la importancia del Secretario de Gobernación, la alineación total (al menos en la forma) hacia el Presidente, la opacidad y el desdén por la transparencia. 

    No niego que varias de las reformas tienen puntos importantes que puedan abonar para bien. El problema es que sólo van a cambiar a México a medias (y no para bien en todos los casos), porque un cambio verdadero sí o sí tendría que menguar las estructuras que sostienen al PRI, tendría que menguar la corrupción, la opacidad, la ignorancia, la capacidad de acarrear gente.

    El PRI, por medio del Pacto por México, tuvo la oportunidad de hacer reformas que transformaran la cara del país, invitó para esto al PAN y al PRD a participar, tomando en cuenta que ellos no son tan mezquinos como para posponer reformas con las que simpatizan con el fin de la pura búsqueda del poder. Pero esa pose reformadora se limitó a la portada de la revista Time. El problema es que dentro de México se respira otro ambiente, uno más pesimista que demuestra la laceración del estado de derecho, ese México donde el 70% de sus habitantes, según Forbes, creen que el Chapo tiene apoyo del Gobierno. Uno donde el Presidente no es el reformador ni el estadista que sale en las revistas internacionales, sino un bufón del que todos se burlan, y todos humillan en las redes sociales debido a sus constantes tropiezos.

    La economía se mantiene deprimida, el índice de confianza del consumidor sigue cayendo a niveles preocupantes. La gente ya no cree en el gobierno y muchos incluso los comparan más con los delincuentes que con quienes deberían de garantizar un estado de derecho y el bienestar del país. Parece que los manotazos mediáticos ya no le sirven al régimen como antes, el gobierno de Peña Nieto no sabe por donde enderezar el barco, y como no lo sabe, prefiere vender falsas pinturas de un barco en aguas tranquilas y pristinas en el extranjero mientras que dentro del país, el timón está a punto de romperse.