Etiqueta: Esperanza

  • ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    Si tratamos de hacer una lista de los políticos destacables del pasado a la fecha, nos encontraremos con que, de acuerdo a nuestro juicio, son muy pocos: que de esos pocos la mayoría pertenecen al partido político con el que simpatizamos o simpatizábamos (la probabilidad de sesgo es alta). Si a alguna persona de a pie le preguntas que alcalde-gobernador-presidente ha levantado a su ciudad-estado-nación, posiblemente se quede callado. Incluso puede que te mencione algún político que generó mucha expectativa pero que jamás llegó a gobernar (ejemplo, Colosio).

    ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    Pero a pesar de esto, cuando vienen nuevas elecciones, muchos optan por depositar su esperanza en alguien. El perfil de ese depositario gana adeptos no tanto por medio de sus resultados, sino por el de su discurso basado en la esperanza, en la confrontación contra un Gobierno sin legitimidad, o contra una situación en particular. También lo hace por las propuestas que ese depositario presenta, porque vamos, proponer es algo sencillo, hacer diagnósticos es muy fácil, lo difícil es llegar e implementarlos.

    Contrario a lo que piensan muchas personas, gobernar no es fácil. Es cierto que dentro de la política hay mucha corrupción, y en algunos ocasiones el que manda es parte del problema, pero éste, sea honesto o no, se tiene que enfrentar a muchas cosas y debe jugar con muchas piezas para poder implementar, hasta donde quepa, su estrategia de Gobierno. El poder de quien está al frente de una nación o una porción de él es mucho más limitado de lo que muchos creen (varios años de régimen autoritario nos acostumbraron a una figura ya casi inexistente, de quien gobierna y hace de acuerdo a lo que cree conveniente).

    El político del discurso esperanzador se sienta en su silla y se da cuenta (en caso de que haya sido lo suficientemente ingenuo como para pensar que toda su lista de buenas intenciones se puede implementar al pie de la letra) que tendrá que negociar, que tendrá que dejar del lado algunas «promesas» para poder conservar otras, se dará cuenta que lo que gobierna es algo tan complejo que es imposible solucionarlo con una receta. No es tan difícil encontrar políticos «bienintencionados» que al final, abandonaron su puesto en medio de un mar de críticas.

    Y si bien, mantener con firmeza los ideales es una cualidad esperada en un político, éste también tiene que aprender a ser pragmático. El pragmatismo no es atractivo para el electorado (a veces por el contrario) y por tanto, no es algo que se pueda «vender» en una campaña, pero es un rasgo que todo político debe de tener.

    Una figura como Bernie Sanders puede ser muy atractiva cuando se trata de enfrentar a las engorrosas multinacionales y el 1% más rico, por eso su popularidad aumenta hasta amenazar a Hillary Clinton, pero en la silla presidencial necesitará mucho más que eso para satisfacer las promesas hechas a sus seguidores. Sobre todo, cuando se trata de un país democrático, o al menos un país que intenta conformar una democracia, tendrá que llegar a acuerdos, tratar de persuadir a otros actores de la política, acordar con algunos grupos de interés para poder confrontar a otros. Es decir, necesitará mucha cabeza, y mucho de ese no tan querido pragmatismo para poder llegar a gobernar bien.

    Democratic presidential candidates Hillary Clinton and Bernie Sanders started the MSNBC debate in Durham, N.H. sparring over foreign policy and campaign finance reform, but ended the night on a friendly note.

    Posted by Washington Post on Thursday, February 4, 2016

    Pero a pesar de esto, la mayoría del electorado asume que "el nuevo" lo podrá con todo, que dará un giro radical a la ciudad-estado-nación que pretende gobernar (cuando la experiencia nos dice que los cambios son más bien progresivos, producto de una continua práctica de políticas públicas acertadas), y que meterá a todos los corruptos a la cárcel. Pero a pesar de que "el nuevo" realmente tenga la intención de hacerlo, en realidad no podrá hacerlo todo. Posiblemente los "esperanzados" tengan que involucrarse más para generar los cambios que desean y no solamente ser meros espectadores.

    Generalmente cuando llegan las elecciones, llega el momento de la esperanza, tal como si no hubiera alguna otra época en donde las cosas pudieran cambiar. Pero son pocos los momentos en los que transcurre el tiempo para llegar a la conclusión de que aquel político que tanto nos emocionó con sus discursos, terminó alzándose como aquel quien marcó un antes y un después. En realidad pasan dos cosas, que dicha figura "se quedó un tanto corta" en relación a nuestras exageradas expectativas, a veces producto de una vasta lista de promesas, o bien de una exagerada idealización. Pudo ocurrir que éste terminó siendo como cualquier otro político o aún peor; o bien, que no tuvo la disposición de enfrentarse a toda esa maraña de intereses considerada como el enemigo a vencer en la campaña (pregúntenle a Vicente Fox).

    Es curioso que depositemos todavía nuestra fe en un político (basta con que sea de oposición, o ahora, un candidato independiente), cuando la evidencia empírica parece no invitarnos mucho a hacerlo. Pero a la vez no es difícil entender este tipo de fenómenos. La gente necesita alguna luz de esperanza ante la generalizada concepción de que no están siendo bien gobernados. Aunque también es cierto que a veces no parecen darse cuenta de que pueden jugar un rol más activo dentro de la sociedad, más allá de lo que esa figura que los entusiasmó, pueda hacer.

  • Esperanzas para México

    Esperanzas para México

    Tengo, sí, la corazonada de que México podría vivir un cambio positivo, e incluso tanto en el corto como en el mediano plazo. No, no es el regreso del PRI a Los Pinos. Aunque ellos podrían digamos «tener que ver» (más por necesidad que por voluntad). Creo que tiene que ver más con una sociedad más madura, una sociedad diferente a la de hace décadas con más herramientas a su mano. Un gobierno que pueda poner a prueba a la sociedad (quien más que el PRI con antecedentes autoritarios y clientelares) posiblemente sea útil, si la sociedad logra responder bien, entonces de alguna forma las cosas habrán cambiado.

    Esperanzas para México

    Enrique Peña Nieto lleva 6 días en el poder. Y lo que se alcanza a percibir, es que se están dando cuenta que llegan ante otra realidad diferente a la que se fueron. El PRI que llega es el mismo que se fue (ver gabinete), pero la sociedad no, y no es lo mismo un pendenciero en un salón donde todos son débiles, a ese mismo en un salón donde abundan atletas deportivos. Solo 6 días nos muestra que la realidad es diferente, y el gobierno de Enrique Peña Nieto actúa en consecuencia.

    Los sucesos violentos del primero de diciembre son una muestra de ello. Si estuviéramos en 1968, habría percepción generalizada de que #YoSoy132 fue artífice de todo eso, y que quien diseñó todo fue López Obrador. Los medios oficialistas sin prueba alguna empezaron a arremeter contra AMLO y contra el movimiento responsabilizándolos de lo que pasó el domingo. Pero a diferencia de esos años donde la única forma de defenderse era por medio de la comunicación de boca en boca y medios de comunicación muy marginales, ahora por medios de redes sociales, celulares, la capacidad de crear videos y contenido multimedia a un bajo coste, sitios web, los de a pie tenemos una mayor facilidad de hacer un contrapeso a los medios de comunicación alineados al gobierno.

    No sabemos quien estuvo detrás (debido a la historia algunos sugieren que podría ser el mismo gobierno, aunque no hay nada claro, y pudo ser cualquier cosa). Pero no se necesitó mucho tiempo para que parte de la sociedad se empezara a convencer de que esto no había sido obra de los jóvenes universitarios, sino de un grupo de vándalos bien focalizados con una vestimenta en común. Menos de una semana bastó para que nos diéramos cuenta de que muchos inocentes fueron encarcelados, y esto hizo que la sociedad actuara, se contrataran abogados, se buscara en Facebook una colecta para la fianza, artistas grabaran un video pidiendo la liberalización de los presos. No, la sociedad ya no es la misma, es más fuerte. Parecía que el #YoSoy132 había sido finiquitado, pero parece que gracias a esto el golpe fue más tenue, e incluso no sé si a largo plazo pueda salir fortalecido inclusive.

    El Pacto por México es una muestra de ello. Cierto, que este pacto es grandilocuente y pareciera tener un propósito legitimador. Pero también es una muestra de que el poder ya tiene que ceder más antes. Dentro de todo lo mediático que implica este pacto, quiérase o no, ya se pusieron dos temas en la mesa que antes no eran reconocidos: Los poderes fácticos, y los privilegios fiscales. Cuesta mucho trabajo creer que alguien que llegó al poder gracias a los poderes fácticos pretenda eliminarlos. Pero al reconocerlo en el discurso, hace que la sociedad e incluso la oposición se abalance sobre esos temas. Llegó el PRI y se dieron cuenta de que tienen en la sociedad a un importante ente opositor. Y le dieron voz, porque en este pacto está parte de lo que la sociedad reclama. Y si eso no garantiza que muevan un dedo sobre estos temas, ya dieron legitimidad al discurso ciudadano, y este discurso al ser reconocido, tiene más poder que si no lo estuviera.

    La sociedad comienza a tener relevancia, y me queda claro que el gobierno en turno ya no tendrá la capacidad de callarla ni aletargarla, al menos como antes. Será más fácil para el poder tratar de gobernar de tal forma en que esta se sienta satisfecha con su desempeño, y eso puede ser más positivo. La guerra sucia de antes sería contraproducente en el México actual porque es más difícil taparla. Para tener un país democrático se requiere una sociedad democrática, y creo que hay avances en eso. De esta forma será difícil regresar a un estado autoritario, al menos como en el pasado.  Faltan cosas a mejorar, yo colocaría la tolerancia, dado que en México todavía persisten sectores donde quedan patentes las viejas prácticas y son agresivos con el que piensa diferente. Pero poco a poco se irá avanzando. La globalización, el tránsito de las nuevas ideas, los jóvenes con una mentalidad fresca y desentendida del pasado «tloataniesco«, una mayor cultura, una cada vez mayor creencia de que el gobierno no es el poder supremo y ni se debe de esperar todo de él.

    Desde esa perspectiva soy positivo. A pesar de mi fuerte escepticismo ante el próximo presidente, al cual se cuestiona mucho los métodos que se utilizaron para llegar, pero donde nos dimos cuenta que cada vez es más difícil, porque su capital electoral está «en el pasado» y conforme la sociedad mexicana vaya gradualmente abandonando esa mentalidad codependiente para con un partido, entonces el partido tricolor deberá buscar su capital electoral en los ciudadanos que esperen resultados positivos y reales.