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  • ¡Odio los lunes!

    ¡Odio los lunes!

    ¿Quieres ver a un México más desarrollado, productivo, menos desigual y con más oportunidades? Empieza por amar los lunes

    Todos los domingos ocurre un fenómeno colectivo en el Facebook y en todas las redes sociales, no importan los medios, puede ser textos, una ilustración, un meme. Es como un mantra, una frase (con todas sus variaciones) repetida de tal forma que se podría pensar en alterar el curso de las cosas para cambiar una realidad inmutable: «Odio el pinche lunes». Salen las frases chuscas -Plácido Domingo tiene un hermano ingrato llamado Puto Lunes-, se desea que ese día no exista, que sea derogado, como si fuera un castigo impuesto.

    ¡Odio los lunes!

    Entiendo que una persona que viva en condiciones precarias repita esa frase, su trabajo o es muy monótono, o implica un gran esfuerzo físico, o un riesgo para su vida o las tres cosas a la vez. Por eso estas personas se refugian en el alcohol, en la TV abierta o en el futbol y ahí llega su perspectiva. Pero asumo que la mayoría de los usuarios de redes sociales tienen una posición económica como para tener un trabajo al cual se le pueda sacar alguna gratitud. Un vendedor y su lucha encarnizada para obtener más ventas, el freelance en búsqueda de clientes, el abogado que debe de defender casos, el que lucha por un ascenso en el trabajo. Pero es cierto, en México no todos tenemos la oportunidad de «trabajar donde nos guste», pero quienes se enfocan bien y no se conforman sí pueden lograr hacerlo.

    Dicen los textos bíblicos, que cuando Adán y Eva fueron expulsados por Dios del paraíso por comer esa manzana el fruto prohibido después de ser exhortados por la serpiente, los castigó con el dolor, la vergüenza y el trabajo. Pero creo que el buen Moy no le entendieron bien al Señor, o el corrector de su iPhone lo traicionó a la hora de recibir las sabias palabras del creador (luego Apple, el corporativo que terminó fundando la serpiente al ver el éxito de su primera manzana, no quiso cambiarle el teléfono cuando se le mojó el aparato en el diluvio), porque el trabajo no tiene que ser algo doloroso. Por el contrario, el trabajo dignifica al ser humano. Imagínense que pasaría si estuvieran en un paraíso solos con una pareja no elegida por ustedes, sino que fue «creada» con una de sus costillas, con toda la vida resuelta sin tener que mover un dedo. ¿Estarían en la gloria? No, en realidad terminarían aburriéndose hasta el hartazgo, porque su vida no tendría retos, o ambiciones. Su estado iría en contra de la teoría evolutiva.

    Entonces al darnos cuenta que el trabajo puede ser gratificante, llegamos a la conclusión de que quejarse de los lunes expresa una profunda insatisfacción con el trabajo que uno desempeña. Después de años y años de luchas por los derechos sociales, se determinó que el individuo tenía derecho al descanso y por eso es que descansamos sábados (unos la mitad) y domingos. Cierto, el trabajo es cansado, y es totalmente natural porque deseamos gastar todas las energías para obtener un ingreso óptimo. Pero se supondría que los fines de semana son para eso, para descansar del esfuerzo empleado entre semana.

    Quien se siente satisfecho con su trabajo no tendría por qué verlo como una molestia o un castigo. Cierto que los trabajos a veces generan situaciones de estrés y cansancio, pero nunca un estrés tan agudo como el no tener trabajo. El trabajo debería redimir al ser humano, hacerlo sentir completo, productivo, útil, y no se debería de ver como un ritual de castigo

    Quejarse en las redes sociales del «maldito lunes» puede funcionar como catarsis, pero nada más, eso no hará que el trabajo sea mejor (aunque veces sí que puede abonar para que sea lo contrario). Y creo que en vez de eso, uno debería de reflexionar y ver si la carrera laboral que uno ha delineado para sí es la correcta, si se está en un trabajo que le gusta, o sólo está ahí porque no le pagan mal. Se tendrá que pensar si ese trabajo le puede dar perspectivas a futuro (porque el que no lo haga, abona más al desencanto), y si pueden haber alternativas mejores. Si tienes esa costumbre, tal vez eso es indicativo de que no sería mala idea buscar otra oportunidad de empleo, o pensar en independizarte poco a poco, sobre todo si no tienes compromisos fuertes como mantener a una familia.

    Créelo, los avances humanos, científicos, tecnológicos, humanos y filosóficos en los que se sienta tu bienestar actual, no existirían si no hubiera un «pinche lunes».

    Y cuando hay puente, luego el martes se pregunta por que hay un linchamiento generalizado en contra de él.

  • Los mexicanos, quienes trabajan más horas

    Los mexicanos, quienes trabajan más horas

    Juan Ramírez vive en México D.F. Es empleado en una empresa tecnológica que se ubica en Polanco. El vive en La (colonia) del Valle. Hace 30 minutos de su casa al trabajo en automóvil. Está desvelado porque el día anterior se enfiestó, no durmió mucho. Pero como sea, le tiene que hacer para no llegar muy tarde a trabajar. Se lava los dientes, se viste, mastica un chicle, para que al menos, desde el sentido del olfato, el jefe no sospeche que estuvo ingiriendo alcohol.

    Los mexicanos, quienes trabajan más horas

    Llega a las 8 a su trabajo. Ve a sus compañeros y comienzan platicar de esa fiesta que tuvo ayer, que lo pondrá en apuros hasta que llegue la siguiente quincena. En ese lapso, hacen como que prenden sus computadoras mientras platican de ello, uno de ellos saca un bocadillo, y tratan de ser discretos para que el jefe no los vea, aunque siendo sinceros, al jefe también le gusta conversar por las mañanas.

    Después de varios minutos de la plática inicial, que se puede extender por decenas, Juan Ramírez revisa su muro en Facebook para luego descubrir la carga de trabajo que tiene ese día. Alguien me contaba que las empresas que solicitaban que sus empleados supieran trabajar bajo presión, en muchos casos eran empresas desorganizadas porque la desorganización es lo que hace que sus empleados sean los que trabajen de esta forma. En el caso de la empresa donde labora Juan Ramírez, así sucede. Y la capacidad de reacción ante los vaivenes de mercado suele ser complicada, debido a que no tienen una metodología adecuada.

    Juan Ramírez, estresado, comienza a organizar como le sea posible, todo el trabajo pendiente. En su empresa hicieron un recorte de personal y él ahora hace lo que tres personas hacían. En algunos casos necesita ayuda, pero el jefe no es accesible y su oficina se encuentra en la planta de arriba cuya puerta siempre está cerrada. Esa falta de comunicación retrasa su trabajo, el ambiente laboral no siempre es bueno, sobre todo porque la empresa no se ha preocupado por ello, entonces siempre hay rencillas, y una asombrosa falta de comunicación entre los empleados.

    En su contrato se estipula que Juan Ramírez sale a las 6, pero no es así. Sale a las 8 si le va bien. No está bien visto que los empleados salgan a su hora porque «se tiene la creencia» de que no quieren trabajar. La carga de trabajo hace que no salga nunca a su hora, además que como es aspirante a un ascenso, busca quedarse hasta la noche para que su jefe vea que trabaja. Juan nunca ha propuesto alguna estrategia para reducir los tiempos en que se hace el trabajo, y se ha conformado con quedarse más tiempo haciendo lo que siempre hace, en lugar de eficientar su trabajo, para llegar a ser más productivo inclusive trabajando menos horas.

    La desvelada de ayer hizo que Juan no estuviera «al cien» y a pesar de su esfuerzo (intercalado con algunos coffee breaks pa’ platicar chismes) cometió algunos errores que tuvo que enmendar en la marca. Acabó muy cansado ese día, llegó harto y cansado al siguiente, y al siguiente, al punto que se empezó a «nefastear» en su trabajo. Juan Ramírez es sumiso en su trabajo, pero la vena revolucionaria aparece en domingo por la tarde cuando se queja en las redes sociales de cuanto odia los lunes.

    Juan Ramirez estudió psicología en la universidad. Después de toquetear con Freud y con Jung, decidió que quería ser un psicólogo de reputación, un investigador. Pero al salir de la carrera se encontró con que tenía que buscar trabajo y al estar saturadas las ofertas, encontró un trabajo de acomodador de papeles junior en la empresa de Polanco. Juan necesita dinero para costearse las largas fiestas en fin de semana, y las bebidas empedernidas mientras ve el partido de la Selección Nacional. Por eso es que busca el puesto de acomodador de papeles senior. Su trabajo no le gusta, pero le deja. Le alcanza para comprarse un smartphone y sentirse en onda en esas reuniones con sus amigos que consiste en 80% smartphone y 20% amigos.

    Juan Ramírez es parte de la estadística que dice que los mexicanos somos de los más trabajadores del mundo.

  • Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

    Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

    Es completamente natural que en una sociedad de mercado, donde la búsqueda de acumulación de capitales sea la constante económica, se vean disparidades en la distribución de la riqueza. Por eso es que los gobiernos deben de impulsar políticas con el fin de que esta disparidad se reduzca al mínimo posible, siempre y cuando no desincentive la generación de riqueza y la iniciativa. Algunos gobiernos pugnarán por más programas sociales que otros, pero la gran mayoría de los políticos saben que estos son necesarios inclusive para que no se deteriore el tejido social. El problema es que cuando no se usan bien (ya sea por desconocimiento, dogma, o como un acto deliberado) más que ayudar a la población, la puede perjudicar.

    Los programas sociales, entre el bienestar y el asistencialismo

    Los programas sociales deben de tener el fin de proporcionar a los ciudadanos cierta protección social con el fin de que los vaivenes del mercado no provoquen un fuerte deterioro en su modo de vida, a su vez que se busca garantizar las necesidades más básicas. En ese sentido se entienden las pensiones, la salud, las liquidaciones laborales, y en varios países también el seguro de desempleo. Estos programas sociales mejoran el nivel de vida de la población y de alguna forma ayuda a paliar las grandes diferencias que hay en la distribución de la riqueza. El problema con los programas sociales es cuando se genera una relación de dependencia entre el ciudadano de gobierno , y se agrava cuando el gobierno aprovecha esa relación deliberadamente.

    El que el ciudadano tenga cierta protección social no implica que no deba de tener incentivos para buscar generar innovación y riqueza. Con los programas asistencialistas se desincentiva la cultura del esfuerzo, debido a que el gobierno más que otorgar protección al ciudadano, busca condicionar esta a cambio de favores que se transforman en poder. De esta forma se han entendido muchas veces los programas sociales en México, que son más pequeños que en naciones desarrolladas, pero generan una mayor dependencia, porque estos son condicionados a la lealtad con algún partido. -Gracias a nosotros, tú tienes bienestar en tu familia-. Pero las políticas de estos gobiernos no ayudan mucho a que estas personas busquen salir adelante por sí mismas.

    En tiempos del PAN, el programa Oportunidades tuvo varios defectos y era perfectible, pero tenía la cualidad de que varios de estos beneficios eran condicionados a cambios de un esfuerzo por parte del ciudadano que los recibiría. Por ejemplo, se pedía altas calificaciones de los hijos a cambio de un ayuda económica. La Cruzada contra el Hambre, tiene una visión mucho más asistencialista y ventajosa. Sobre todo porque parece estar orientada a la creación de una relación paternalista gobierno ciudadano, con el final de que el primero obtenga votos mientras que el segundo pueda cubrir sus necesidades básicas.

    Este tipo de relación termina perjudicando al ciudadano, porque su bienestar dependerá completamente de las dádivas del gobierno y no de su esfuerzo. Mientras que el gobierno tendrá menos incentivos para aplicar políticas públicas para incentivar dicho esfuerzo personal, debido a que si tiene una sociedad con más herramientas para progresar, entonces habrán menos personas sujetas a esa relación asistencialista, y por lo tanto, el partido en el gobierno no tendrá este útil recurso para mantenerse en el poder.

    Esta relación paternalista que incluso puede ser explicada por antecedentes históricos de siglos atrás, es una de las tantas respuestas que hay cuando cuestionamos el hecho de que no logremos ser un país desarrollado. Un sector de la ciudadanía sigue esperando «todo» del gobierno, porque así se le enseñó que funcionan las cosas, un gobierno proveedor a cambio de lealtades. No se trata de los programas sociales, se trata del enfoque que estos tienen. Si vemos a los programas sociales como una base de bienestar donde a partir de esta, el ciudadano decida innovar y esforzarse para incrementar su nivel de vida, tendremos buenas noticias. Si las vemos como una nociva relación donde las autoridades aparecerán como las encargadas de satisfacer sus necesidades, entonces estaremos en graves aprietos, y en realidad lo estamos.

  • Sé un hombre de bien, esfuérzate, ¿y?

    Sé un hombre de bien, esfuérzateTomo un taxi en Río Churubusco a la altura de Coyoacán que me llevará al Foro Sol (sobre la misma avenida pero al otro lado de la Ciudad de México), son las 6:30 de la tarde, hay mucho tráfico y el trayecto dura aproximadamente una hora. El taxista me cobra $90 pesos. Saliendo del Foro Sol a las 12:00 de la noche, busco otro taxi, un poco asustado (la Delegación Iztacalco no es muy bonita que digamos) y después de media hora de caminar y buscar, encuentro uno que me llevará de regreso a Coyoacán, es decir, la misma ruta pero de regreso, al no haber tráfico el trayecto duró 10 minutos. Este taxista me cobró $250 pesos (casi el triple).

    A veces creemos que ante alguna acción obtendremos los mismos resultados y en realidad es una falacia, porque muchas circunstancias tanto endógenas como exógenas cambian totalmente las reglas del juego. Por el mismo servicio, dos taxistas me cobraron una tarifa totalmente diferente y el tiempo del recorrido del trayecto también cambió. La vida es un caos total; y no es que sea malo, es que así es pero muchas veces no lo entendemos y por lo mismo siempre buscamos aplicar en nuestras vidas especies de «recetas de cocina» presumiendo que estas tendrán éxito porque hemos visto que a alguna otra persona le funcionó, o en el peor de los casos, porque se transformó en una leyenda urbana. Me llega a la mente esa receta que dice, sé un hombre de bien, esfuérzate y todo lo demás vendrá por añadidura (palabrita que encanta a los religiosos).

    Y no es que esté invitando a los lectores a ser malos o a ser «güevones», simplemente que ese «universaloide» consejo que se les da a los niños y jóvenes en la familia o en la escuela termina siendo insuficiente para que per sé, me lleve al éxito. Aclaro, el éxito no significa como piensan muchos en convertirse en millonario, o seguir los estereotipos presentdos por el mundo consumista, sino en autorrealizarse como persona, en alcanzar una felicidad duradera. El problema es que ese consejo solo sienta las bases para muchísimas otras cosas que uno deberá de hacer para lograr lo que se propone. Haciendo la analogía del taxi, el decirle a una persona que sea un hombre de bien y se esfuerze, sería como decirle, toma el taxi de Coyoacán al Foro Sol, y al terminar el concierto te regresas. Pero lo que no le decimos es que para que el viaje sea eficiente tiene que buscar un taxi que sea más barato, o igual de regreso conseguir un aventón, o si el metro sigue abierto a esas horas, avanzar una estaciones y tomar el taxi en algún lugar donde los taxistas no se aprovechen con los precios altos (dado que siempre al terminar los conciertos y no solo en México D.F. ante la escasez para encontrar taxistas, estos aumentan sus precios).

    Posiblemente si hubiera tomado otra estrategia para trasladarme al Foro Sol, me hubiera ido mejor; aunque claro, el ejemplo que pongo es una nimiedad porque en un viaje como estos uno termina por no importarle tanto pagar ese dinero. Pero en el juego de la vida una mala estrategia como esa puede llevarte al fracaso, aunque seas un hombre de bien y aunque te esfuerzes. Y así yo conozco muchas personas que realmente se esfuerzan, tienen valores, pero les va mal en los negocios o en su empleo; e incluso en el amor, a pesar de que están matándose, trabajan horas extras y tienen que hacer traslados largos (a veces en camión) lo cual los deja con muy poco tiempo libre. Y es donde se preguntan ellos ¿Qué he hecho yo, por qué la vida es tan injusta?

    Más bien yo veo una deficiencia en la capacidad de adaptarse a los vaivenes de la vida, si el ser humano como plan de vida sigue ideas fijas y rígidas, por más valiosas que puedan ser, muy probablemente se condenará; porque tendrá poca capacidad de adaptación al entorno. Y es que esto último en realidad es difícil, porque para saber adaptarse es necesario salir de la zona de confort y a veces llega a ser un poco doloroso. En la vida se tiene que tener una estrategia, ni las buenas intenciones o el esfuerzo bastan a pesar de que van implícitas en ella como una primera condición. Pero disculpen que duela, pero si uno no actúa de una forma inteligente, la divina providencia no se encargará de llenar esos «huecos» que deja uno por las malas decisiones que toma en la vida (aunque sean de buena fe) ni tampoco el hecho de que uno se pare en el templo a pedir al Señor que la vida sea justa con él, si la persona no se dedica a obrar con inteligencia para obtener los mejores resultados posibles.

    No existe fórmula mágica como algunos piensan. Por eso soy recitente a los libros de autoayuda que te ofrecen soluciones puntuales y prefiero libros que se limiten a hacerte razonar. Lo que funciona para unos, no funciona para otros. Y es peor si reducimos la estrategia a simplemente «esforzarse y ser hombre de bien», ni no pregúntenle a los niños chinos que trabajan en las sweatshop. Prácticamente todos los que tenemos la capacidad de navegar en Internet y por ende, la posibilidad de ver este artículo, ganamos mucho más dinero que estos niños chinos y trabajamos menos horas. ¿Quién se esfuerza más? ellos, ¿A quienes les va mejor? a nosotros.

    Cada uno tiene la capacidad de forjar su vida, vida solo hay una y sería una absurda tontería tratar de sobrellevarla por medio de «fórmulas mágicas».