Etiqueta: Enrique Peña Nieto

  • ¿Por qué Peña no entiende por qué lo hemos reprobado?

    ¿Por qué Peña no entiende por qué lo hemos reprobado?

    Hace unos días, el Reforma publicó este ejercicio que ya es muy común en México, el cual consiste en medir la popularidad del Presidente en turno. ¿Los resultados? Solamente el 30% de los ciudadanos aplaude su gestión, y sólo el 22% de los líderes de opinión lo hace.

    Los números son contundentes, son los más bajos que un presidente ha obtenido desde que se hacen estas mediciones. Peor aún, son más bajos que los que llegó a tener Ernesto Zedillo después de la crisis económica de 1994. Y no, ni la recaptura del Chapo Guzmán ayudó a Peña Nieto a recuperar algo de su popularidad.

    ¿Por qué Peña no entiende por qué lo hemos reprobado?

    Noticia peor es que ese 30% se sostiene en parte por el extenso voto duro que tiene su partido, quienes conforman parte de las estructuras, y que siempre serán incondicionales. Por esto se explica que sea prácticamente imposible que un mandatario baje del 20% como ha sucedido con otros presidentes de otros países, tales como Dilma Roussef o Cristina Kirchner.

    Entendido esto, la evaluación es contundente y determinante. Los ciudadanos no quieren al gobierno actual.

    Pero el Gobierno Federal parece no entender lo que sucede, y peor aún, por qué sucede.

    Me llamó la atención un video de José Antonio Meade, a quien considero uno de los funcionarios más decentes del gobierno de Peña Nieto (y por lo tanto, donde esperaría mayor objetividad). Parece haberse contagiado de esa visión distorsionada y desconectada de la realidad que padece prácticamente todo el gobierno.

    Meade, titular de la SEDESOL, afirmó que «tenemos suerte de tener a Peña Nieto» como Presidente de la República. Que todas esas críticas son «porque nos gusta estar de mal humor y pensar que las cosas van mal».

    https://www.youtube.com/watch?v=wWx0Gsy2FWE

    Es decir, en el gobierno de Peña Nieto creen que están haciendo las cosas bien, parecen no dar crédito a esa ínfima popularidad. Se molestan porque los ciudadanos no los comprendemos ni valoramos «todo lo que están haciendo por México».

    Muy posiblemente cuando Peña se va a acostar, empieza a meditar sobre las reformas y a decirse en su mente: – En mi gobierno implementamos reformas estructurales que los anteriores no pudieron porque mi partido no los dejó, yo tuve el oficio político, estoy modernizando Pemex, estoy modernizando la educación del país, hicimos cosas aquí, allá, acuyá, y la gente no lo agradece; sólo busca excusas para tirarme tierra.

    Y entonces recurren a la teoría del complot. Que las críticas vienen de un plan orquestado. Basta leer a los «intelectuales orgánicos» como Ricardo Alemán o Pablo Hiriart para leer la mente de quienes nos gobiernan. Carlos Slim, Carmen Aristegui o López Obrador confabulados para derribar a un gobierno que pretende reformar al país.

    Pero la realidad es que esto es lo menos. Si bien, dentro de cualquier gobierno existen intereses y quienes pretenden desde la oposición desinformar y manipular la opinión pública (algunos de estos personajes son visibles), lo cierto es que la gran mayoría del descrédito de este gobierno es producto de los errores propios más que de la «propaganda negra» de alguien más.

    Y es aquí cuando hago hincapié en la forma en que están tan desconectados de la realidad, y también lo hago en la falta de empatía para con sus gobernados.

    Y lo entiendo, varios de ellos fueron criados dentro de élites políticas desconectadas del resto de la población. No entienden a la sociedad, porque nunca les enseñaron a entenderla, siempre estuvieron un peldaño más arriba.

    Esa cultura de las élites disociadas de las sociedad, es aquella que ha permitido el surgimiento de empresarios y políticos prepotentes escudados bajo sus güaruras, y también gente capaz de incidir en delitos que van desde la corrupción hasta el abuso sexual gracias a la capa de impunidad que los protege. Esa cultura así es, porque en parte, les enseñaron que eso era la regla y lo normal; con eso crecieron.

    Parte del rechazo de la población a este gobierno no sólo tiene que ver con una balanza que acumula más errores que aciertos, sino con esa desconectividad. Los ciudadanos no nos sentimos de ninguna forma representados, a pesar que su tarea es gobernar en beneficio de la población. Con excepción de las ceremonias del Grito de la Independencia (y con problemas), Peña Nieto nunca se ha parado a dar un discurso frente a una multitud que no ha tenido que pasar por un filtro estricto (es decir, ciudadanos comunes que no tienen relación alguna con las estructuras de gobierno y partidistas).

    Es imposible un cambio abrupto en la percepción que la gente tiene del gobierno. Primero, porque los ases bajo la manga (el Pacto por México, detención de personajes como Elba Esther Gordillo, o el «Chapo») al parecer ya se acabaron; y porque pedirle a un gobierno que sea sinceramente cercano con los ciudadanos, es como pedirle a un psicópata que tenga empatía y piedad por sus semejantes. Es decir, lo más probable es que la misma tesitura continúe hasta el fin del gobierno de Peña. Y bajo este entendido, lo más recomendable para su partido de cara al 2018, es que Peña mantenga un perfil cada vez más bajo (como ha venido sucediendo).

    Esta es la realidad de un gobierno que ha sido reprobado por los ciudadanos, un gobierno que parece no entender el mensaje. Lamentablemente para Peña, los aciertos (que los hay) quedarán ensombrecidos por un cúmulo de defectos mayores tanto en cantidad como en calidad; pero sobre todo por esa enorme brecha que separa a su gobierno de la gente.

  • Hasta que Aristegui los separe

    Hasta que Aristegui los separe

    ¿Por qué Carmen Aristegui es una de las periodistas más importantes del país? No lo es por sus pretensiones intelectuales (magnificadas por sus simpatizantes, en su mayoría de izquierda), lo es por este tipo de reportajes que nadie se atreve a hacer. No sólo hablamos de los ovarios que se necesitan para elaborarlos y lanzarlos al aire, sino también de la calidad de dichos reportajes, muy bien elaborados y fundamentados, como ocurrió con la Casa Blanca.

    Hasta que Aristegui los separe

    Y Carmen Aristegui se vengó.

    Tal vez el propósito de dicho reportaje, donde muestra la corrupción en la que se involucró el sector público y la Iglesia mexicana con el fin de que Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera se pudieran casar, tenga que ver con una intención de venganza (recordando como salió carmen de MVS), o simplemente el propósito era hacer un reportaje, desde la perspectiva opositora de Carmen, y Proceso, con quien realizó esta investigación, aprovechando la coyuntura de la visita papal.

    Es muy bien sabido que el Papa Francisco no simpatiza en lo absoluto con el Gobierno de Enrique Peña Nieto; no se puede tapar el sol con un dedo, ni siquiera con el «disco oficial» iniciativa de Angélica Rivera, quien congregó a varios artistas del medio para cantarle al Papa. Y si el Gobierno Federal deseaba crear con ese disco algún efecto en la población a su beneficio, se pueden ir olvidando de eso. El reportaje de Aristegui da en el clavo, llega en el momento indicado, asociando la visita del Papa con los actos de corrupción en que se vieron envueltos con parte de la Jerarquía Católica de nuestro país (de quienes se dice, se sienten incómodos con este Papa) con el fin de anular el matrimonio de Angélica con el «Guero» Castro, para que ésta se pudiera casar con Enrique Peña Nieto.

    El propósito de este artículo no es hacer un juicio de la Iglesia, institución conformada por seres humanos imperfectos como los que constituyen cualquier otro tipo de organización. Lo que me preocupa es como un Gobierno (entonces estatal) y una ahora Primera Dama (en ese entonces estatal) pueden ser capaces de corromper hasta a las autoridades eclesiásticas auto-consideradas impolutas e infalibles, incluso si para esto se tiene que perjudicar a un tercero (el Padre Salinas).

    Me preocupa cómo es que la corrupción puede penetrar en los tejidos de cualquier tipo de institución.

    Y más preocupante es que «esos corruptores» sean quienes están al frente de esta nave llamada México. Corruptores con ideales completamente opuestos a los que pregona la misma Iglesia, tolerados por parte de la misma Iglesia Mexicana que parece haberse rezagado con respecto a los aires que parecen soplar en el Vaticano, y repudiados, como ya dije, por el Papa Francisco.

    Peña, Angélica y los involucrados como Norberto Rivera tendrían que responder a la sociedad. No se trata de si se está de acuerdo con la institución del matrimonio (a la cual de alguna forma se pasaron por el arco del triunfo), como de manera tramposa Federico Arreola cuestiona a Aristegui, sino de preocuparnos por la capacidad de corromper todo lo que se encuentra a su paso para satisfacer sus necesidades. El Gobierno de Peña se burló dos veces de los católicos: primero, al utilizar a la Iglesia como instrumento para su beneficio, y segundo, al presentarse como aquellos dadivosos que se presentan como legítimos intermediarios de un Papa que no los quiere, componiendo discos oficiales (amén del Estado Laico que tanto pregona su partido, el PRI) con artistas de bajo nivel para tratar de recobrar un poco de toda legitimidad que han perdido a pulso.

    México vive ante un Gobierno que lacera tanto a las instituciones que representa y que forman parte de éste, como a las instituciones ajenas pero que tienen peso en la vida pública de nuestro país. No sólo es el Estado de derecho, son las instituciones que utiliza para su beneficio, ya sea a parte de la Jerarquía Católica de nuestro país, o ya sea a los medios de comunicación, para que los presentadores de algún programa hagan promoción encubierta.

    Y ante un Gobierno que cada vez representa menos a sus ciudadanos y se sirve más a sí mismo, los ciudadanos tenemos que buscar mecanismos para contener su hambre de poder.

  • Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Me sorprendió un poco el ruido que generaron las «declaraciones», por llamarlo así, de Andrea Legarreta.

    Me sorprende, porque primero que nada, no sé que haría una persona con estudios universitarios cuando menos (que representa el grueso de las personas que utilizan las redes sociales) viendo ese programa.

    https://www.youtube.com/watch?v=a16sF1q9thg

    Me sorprende porque no debería de sorprender que Andrea Legarreta y Raúl Araiza hagan infomerciales a favor del Gobierno de Peña Nieto. Ya lo han hecho varias veces, y no sólo eso, también han hecho proselitismo a favor del Partido Verde. ¿O qué? ¿No recuerdas cuando ibas a ver alguna película el cine durante las campañas electorales de 2012 o 2015? ¿O no recuerdas los tweets que publicaron junto con muchas otras celebridades que debió merecer la pérdida del registro del partido al que apoyan?

    Legarreta y Araiza son artistas, no son analistas, no son economistas. Es completamente natural que no puedan expresarse bien cuando tratan de hablar de un tema que no dominan en lo absoluto. Ellos siguen un guión y tienen que hacerlo suyo, pero no entienden bien lo que dicen.

    Voy a ser franco y lo que voy a decir posiblemente va a molestar a más de uno. Lo que en realidad me viene importando un pepino:

    En lo realidad, parte de lo que dijeron Legarreta y Araiza es cierto (esto si quitamos el tufo oficialista y nos remitimos a los meros datos).

    Andrea Legarreta y el dólar no es culpa de Peña

    Si el Gobierno usa este tipo de estrategias para tratar de engañarnos y para meternos cierta idea en nuestra cabeza, no es como que cuando les asista la verdad vayan a prescindir de este tipo de recursos, al contrario. Mucha gente cree que la «devaluación» (porque hablamos más bien de una depreciación y es importante entender la diferencia) es culpa de Peña Nieto y su Gobierno. Lo relacionan con las devaluaciones del 82 y del 94. Una diferencia importante es que en ese entonces, el Gobierno «devaluaba» la moneda. Ahora, el valor del peso está sujeto a los vaivenes del mercado.

    De hecho, como comenté hace unos días, son varias las monedas las que se han depreciado. No soy economista, pero allá afuera en Internet hay muchas fuentes que puedes consultar para entender por qué el peso sufrió una depreciación. En resumen:

    • La FED sube sus tasas de interés
    • La economía de China
    • La caída de los precios del crudo (en parte porque han levantado sanciones a Irán)

    Y te preguntarás por qué a pesar de todo no hay crisis. Ciertamente, no es una buena temporada para comprar productos en Amazon ni para adquirir el nuevo iPhone, pero la inflación (que en este caso, sería sintomática de una crisis provocada por una devaluación) se mantiene estable. La mayoría de los productos mantienen sus precios, y las familias casi no han visto reducir su poder adquisitivo. De hecho, los problemas económicos que pueda tener México en la actualidad, algunos sí, derivados de la corrupción de este Gobierno que hace que los inversionistas se la piensen dos veces antes de invertir en nuestro país, junto con reformas fiscales que han estancado nuestra economía.

    Y tal vez podrías argumentarme, que si tuviéramos una economía más fuerte, el peso no se devaluaría tanto. Pero este fenómeno como tal no es culpa del Gobierno.

    Técnicamente lo que dicen Legarreta y Araiza es cierto, claro, agregando claro, algunos apuntes triunfalistas para ensalzar a este Gobierno: -Quesque la gasolina y la luz bajó. Naturalmente un argumento pierde peso cuando quienes lo emiten no dominan el tema y sólo improvisan siguiendo un guión, como ocurre en el caso de estos actores. Pero basta ver la opinión de gente experta en la materia (muchos de ellos, duros críticos de este Gobierno) para darse cuenta que no están tan alejados de la realidad.

    El gobierno de Peña Nieto tiene muchos defectos, y en este blog he hecho sobradas críticas sobre ellos. Pero en el caso de la depreciación del peso frente al dólar, no, no es culpa de Peña, y sí se explica más por medio de fenómenos exógenos como los que ya he mencionado.

    Más que el dólar, me preocupa más que veas ese programa por las mañanas.

  • Peña, Bono, el Rey de Arabia, y su peculiar forma de lidiar con el mundo exterior

    Peña, Bono, el Rey de Arabia, y su peculiar forma de lidiar con el mundo exterior

    Si antes algo sabían hacer bien los Presidentes emanados del PRI, era la relación que tendían con los demás países. Aunque en ese intento pudieran incurrir en una contradicción que cayera en el cinismo (ahí sus brazos abiertos a los chilenos que huían de Pinochet, con los mismos que bañaron Tlatelolco en sangre). Pero de que tenían la habilidad la tenían.

    Peña, Bono, el Rey de Arabia, y su peculiar forma de lidiar con el mundo exterior

    Luego llegó el PAN, llegaron las torpezas y la falta de oficio (sobre todo con Fox y su «comes y te vas»). Con el regreso del PRI creímos que dicho oficio estaría de regreso, pero ha ocurrido lo contrario. Porque no se puede entender que Peña haya condecorado con el Orden del Águila a Salman bin Abdulaziz, el Rey de Arabia Saudita, quien este mes ha ejecutado a 47 personas.

    Vamos a recapitular. El Orden del Águila Azteca se otorga para:

    Reconocer los servicios prominentes prestados a la Nación Mexicana o a la humanidad, y para corresponder a las distinciones de que sean objeto los servidores públicos mexicanos

    En Arabia Saudita las mujeres no pueden ir al cine, no pueden tomar clases de música, no pueden competir en las olimpiadas, no pueden manejar automóviles ni bicicletas, necesitan un permiso de sus maridos para salir de sus casas. En Arabia Saudita los menores de edad pueden ser sentenciados a la pena de muerte, esta pena se puede aplicar por sospecha de brujería o de adulterio.

    Es decir, Peña Nieto le entregó un orden a un rey retrógrado, autoritario, represivo y dictatorial. ¿Ese es un ejemplo de diplomacia acaso? O tal vez con tantas desapariciones y atentados contra la libertad de expresión en nuestro país que ocurren bajo el gobierno de Peña Nieto podríamos pensar que el acto tiene cierta congruencia.

    Peña básicamente lo que hizo fue pasarse por el arco del triunfo los tratados que ha firmado y la propia Constitución Mexicana que juró respetar el día de su posesión para quedar bien con el Rey de Arabia y promover su Reforma Energética.

    A diferencia de otros gobiernos del PRI, que hasta en los peores momentos lograron mantener cierta imagen de prestigio frente al mundo, el de ahora se humilla, todos los diarios extranjeros hablan mal de nuestro país, que pierde cualquier vestigio de soft power que pudiera quedar en nuestro país. Un México que sigue perdiendo influencia a nivel internacional, que ha sido degradado por The Economist en el ranking de democracia de países latinoamericanos y señalado como «democracia defectuosa».

    El Presidente Peña Nieto no infunde respeto. Basta verlo conversar con Bono en el marco del Foro de Davos. Es evidente que en esa conversación quien tiene más presencia y es más dominante es el vocalista de U2. La conversación y el lenguaje corporal deja ver a Peña Nieto más como un fan de U2 que se ha colado, que como el mandatario del onceavo país más grande del mundo en población. Peña le pregunta a Bono si recuerda quien es, para después pedirle que regrese a México, con el obvio fin complacer con sus gobernados (porque incluso su petición a un vocalista que reanudará su gira hasta en un año y cuyo tour depende de la logística de los organizadores y no del capricho de un mandatario venido a menos, es un acto de simulación). Como si no se hubiera dado cuenta que ni sus reuniones con Kevin Spacey o Mark Zuckerberg logró generar empatía alguna con sus gobernados:

    https://www.youtube.com/watch?v=IJR6rpFb6oI

    Parece que Peña sigue desconectado de la realidad, sigue esperando con ansias el efecto de la detención del Chapo a favor de su gobierno, en tanto calla sobre el «encarcelamiento express» de Humberto Moreira en España y condecora a tiranos autoritarios.

    Peña ha perdido el respeto de la gran mayoría de los mexicanos, de los círculos de poder y de opinión. Peor aún, lo ha perdido en el extranjero. Y siento decirles a los más férreos opositores (aquellos que disfrutan de los fracasos del Presidente), que esto, no es, en lo absoluto, una buena noticia para el país.

     

  • El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    Hace unas horas escribí mi artículo. Por alguna extraña razón técnica desapareció (WordPress, el sistema que sostiene a este sitio, hace continuos respaldos de tal forma que eso no debería de suceder). Ya con las ideas desarrolladas posiblemente logre escribir un mejor artículo que no puede considerarse el definitivo, y sí, una especie un compendio de las primeras impresiones. Considero imprudente escribir un artículo profundo dado que apenas ha pasado medio día de la captura del Chapo, y el Gobierno, hasta lo que he entendido, no ha dado muchas explicaciones.

    El Chapo y tu imaginación. Mis primeras impresiones

    Pero a pesar de esto, hay cosas que son palpables a primera vista, y sobre ellas quiero hablar y hacer mi crítica. Después, conforme pasen los días, podré hacer una crítica más profunda sobre la detención del Chapo, así que ahora me limitaré a analizar lo que rodea a este suceso.

    Hace tiempo no había visto con buen semblante a Peña Nieto. Naturalmente sabe (o al menos piensa) que un suceso de esta naturaleza podrá ayudarle un poco a levantar esa alicaída imagen.

    https://www.youtube.com/watch?v=UYEs3UN_7NI

    Seguramente él o su gente giraron instrucciones a su equipo de comunicación para aprovechar mediáticamente esta detención. Los medios «tradicionales» (cada vez más frecuente eufemismo de «oficialista») harán un gran eco del suceso, del logro del Presidente (porque en México cada acierto es acierto del Presidente y cada error, es error del Presidente), mientras que los medios digitales (en su mayoría) tomarán la noticia con pinzas y un mayor escepticismo.

    Mientras Peña y su equipo anuncian su logro con grandilocuencia y con la parsimonia típica de los gobiernos del PRI, los opositores en las redes (entiéndase desde ciudadanos comunes hasta opinadores, escritores y demás especies) toman la nota con dos formas distintas escepticismo: Una forma de escepticismo sana, y otra más cercana a la teoría de la conspiración.

    Algunos insisten en ver una macrabra relación entre la depreciación del peso frente al dólar y la detención del Chapo. Aunque sería absurdo crear una cortina de humo cuando esta depreciación está a la vista de todos. Además, hay que entender la depreciación del peso como un fenómeno global producido por la devaluación del Yuan, la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento de las tasas de interés de la FED (Reserva Federal de Estados Unidos). De hecho monedas como el peso colombiano, o el won surcoreano se han depreciado más frente a la moneda estadounidense.

    Es decir, al menos en la mayor parte, la depreciación del peso no es culpa del Gobierno Federal, aunque tener un Estado de derecho y una economía poco productiva naturalmente hace que el país resienta mucho más esta coyuntura internacional.

    Pero la realidad es más aburrida y más difícil de entender (requiere imaginar menos y pensar más).

    Y hablando de «inventar historias», el Gobierno Federal también inventa la suya. Se postran como los héroes que han detenido al Chapo.

    Sí, su detención se puede considerar un acierto del Gobierno. Se les puede reconocer, mas no se puede festejar y mucho menos vestirlos como héroes. No se puede levantar en brazos a quien apagó un incendio que él mismo provocó. Menos se puede hacer cuando las raíces del mal, las raíces de la corrupción y de la débil institucionalidad que provocaron la fuga del Chapo siguen ahí y no se ha hecho nada por combatirla.

    Apagaste el fuego de una casa que has quemado y a la hora de salir a celebrar, has dejado prendida la estufa.

    El Gobierno aplaude con grandilocuencia y hasta con una dosis de cinismo su logro. No esperan a ser aplaudidos, ellos lo hacen, se reconocen intentando no con mucho éxito que sus gobernados los emulen. Esto en su ya clásica lejanía aislados en una especie de burbuja o mundo paralelo.

    No recuerdo haber visto a Obama «festejando» el abatimiento de Osama Bin Laden. En cambio, en una detención, que pudo haber tenido su dosis de suerte, dado que el propósito de dicha operación era detener a «El Cholo Iván» y no a Joaquín Guzmán Loera, Osorio Chong (como muestra el video que inserté arriba) festejó, aplaudió y abrazó como si hubiera ganado algún tipo de concurso. En la cuenta de Facebook de Peña Nieto se puede ver a él y a su gabinete de seguridad con una gran sonrisa y una pose triunfalista, como si dicha imagen fuera premeditada o preparada con antelación:

    El chapo y el dólar

    Se habla de Estado de derecho, de misiones cumplidas, de «todos los mexicanos» como esperando que con esto, el pueblo por fin le de un voto de confianza. Pero esa parsimonia, esa simulación, termina creo yo, creando desconfianza. Mientras en un país desarrollado como Estados Unidos o Francia, el mandatario ejerce su figura de líder ante los gobernados, pero no un líder absoluto, sino uno ejercido con seriedad y que pende de su relación con quienes gobierna, en el México que no ha terminado de democratizarse, quien debería ser el líder, considera que tiene el derecho de «auto festejarse y autorreconocerse» antes de que el pueblo lo haga.

    Y ahí está el error:

    Porque el Presidente, si se considera democrático, debería fungir como un empleado con más de 100 millones de jefes.

    Y en una empresa los empleados no se mandan a hacer sus diplomas, ni uno se autodesigna el empleado del año. El Presidente puede hacer o comunicar, pero el que debe de hacer el juicio es el pueblo a quien gobierna.

    El Gobierno se preocupó más por el «auto aplauso» que por darle una explicación de lo ocurrido a la ciudadanía. Pasaron horas para que empezaran a hablar de los detalles cuando ya se habían vanagloriado una y otra vez. Nadie niega que el Gobierno merece una dosis de reconocimiento, pero quien reconoce es la ciudadanía, y la dosis que ha empleado el Gobierno para «auto reconocerse» ha sido bastante excesiva.

    Justo hace dos días escribía sobre la preocupante calma que se vivía en el país, donde parecía que no pasaba nada, donde el Presidente no hacía mucho ruido y sus más férreos opositores dejaban de subir memes. Bastó este acto para recordarnos la realidad de las cosas, que dicha tranquilidad era algo así como una tregua no pactada, un descanso tal vez necesario.

    Pero la realidad sigue ahí, y la cuestión es ¿qué vamos a hacer con ella?

  • La mitad de Peña Nieto

    La mitad de Peña Nieto

    ¿Se acuerdan cuando Peña Nieto presentó un decálogo para la seguridad en respuesta a la presión social por los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Saben cuantos puntos de ese decálogo se han cumplido? Ninguno. Ni siquiera el más sencillo, cambiar el número de emergencias a 911 (porque pues todos vemos películas gringas ¿no?).

    La mitad de Peña Nieto

    Y lo digo porque esta anécdota es un reflejo de su gobierno. Peña Nieto es el mandatario más impopular a mitad de sexenio, y posiblemente el juicio histórico lo coloque como uno de los peores presidentes de la historia moderna del país.

    Peña Nieto ya se gastó casi todas las balas que tenía en su pistola, ya jugó todas las cartas. Desde un punto de vista político no había empezado tan mal, había logrado unir a las tres fuerzas políticas más importantes del país en el Pacto por México. Parecía que dentro de su gobierno al menos había oficio político (eso que tanto presumen lo de su partido).

    Los que fuimos pesimistas al final tuvimos algo de razón, y es que un gobierno que se sostiene con las peores facciones del PRI (como el Estado de México e Hidalgo) no puede dar muchas razones como para celebrar. Al final en estos tres años, la corrupción (Casa Blanca), el autoritarismo (cese de Pedro Ferriz y Carmen Aristegui), la indiferencia y la inseguridad (Ayotzinapa) han sido una constante. Aciertos los hay, pero palidecen rápidamente ante los errores de este gobierno.

    Mencionar un logro de Peña Nieto…

    … entonces me doy cuenta que tengo que hacer un esfuerzo mental. Eso es una mala noticia, porque basta con ser un gobernador mediocre para que los ciudadanos recuerden uno, sólo uno. – Este gobernador es bien rata, pero puedo decir que limpió el centro de ambulantes, o este otro mandatario nos metió en una guerra sin salida, pero amplió la cobertura social universal.

    Podría remitirme a las reformas, pero incluso dentro de los logros que pudiera tener dentro de éstas, uno puede encontrar peros sin ningún problema: – Se necesitaba una reforma a las telecomunicaciones, pero le dio preferencia a su amigo Azcárraga y entonces resulta que pudo ser mejor; o instrumentó una reforma energética necesaria, pero nadie le quiso entrar a la primera ronda porque muchos inversionistas critican la falta de Estado de derecho.

    Y todo esto es una mala noticia para México, porque mientras a Peña le vaya mal, a México le irá mal (aunque claro, hay quienes desde su postura política desean que a Peña le vaya muy mal, sin importar las consecuencias que esto puede tener para el país).

    A Peña le debería de ir bien. Eso nos conviene a todos.

    Luego entonces, Peña Nieto incurre en un conflicto de interés, razón suficiente como para que en un país más desarrollado fuera procesado, y para tapar el ojo al macho se trae a su amigo Virgilio Andrade en lo que fue la máxima expresión del cinismo, la consecuencia inmediata es que ahora los ciudadanos no tenemos razones para confiar en él. Peña ha roto eso que es tan delicado. Peña está divorciado de la ciudadanía y posiblemente ya poco pueda hacer.

    Tener un mandatario sin legitimidad es una mala noticia para México. Pero dicha pérdida de legitimidad se la ha ganado. No es tanto consecuencia de que quienes no simpaticen con su partido lo detesten; lo preocupante es que los cercanos a su mismo partido le siguen aplaudiendo a pesar de lo evidente. Posiblemente si el PRI no tuviera las estructuras que tiene, las encuestas de popularidad dejarían todavía peor parado a Peña. Un mandatario priísta nunca tendrá una popularidad del 10% o menos como ha sucedido en países como Argentina, precisamente por eso, porque su partido tiene los miembros y estructura suficientes para tener adeptos independientemente de la forma en que gobierna. Siempre habrá un acarreado, una persona en busca de un puesto, un priísta de corazón porque su partido lleva los colores de México; siempre habrá incondicional que esté en las buenas, en las malas, y en las muy malas.

    Pero visto desde fuera, el gobierno de Peña Nieto ha sido bastante malo, y visto desde más fuera (desde el extranjero) la situación se complica. Los medios extranjeros han sido demasiado críticos con su gobierno y razones no les faltan. Los medios hablan de las Casas Blancas, de la fuga del Chapo, de Ayotzinapa, de la frivolidad del mandatario y su familia.

    Hace 6 años hice la misma dinámica con Felipe Calderón (nótese que es evidente que en ese transcurso de tiempo mi redacción mejoró mucho, así que no se asusten) y fui muy crítico con él; pero al leer dicha columna para compararla con esta que estoy acabando de escribir, es de notar que la forma en que hago la crítica es completamente diferente: Calderón era alguien que podría dar mucho y no dio tanto, mientras que Peña Nieto podría dar poco y no dio absolutamente nada.

    Sin haber sido un gran presidente, entiendo por qué la gente extraña a Felipe Calderón. La diferencia entre ambos mandatarios es abismal. Es más, creo que Calderón ha de estar agradecido con Peña porque el contraste le ayuda mucho al primero para que el juicio histórico sea más complaciente.

    Así las cosas, no hay nada que celebrar. Por el contrario, es agobiante pensar que apenas vamos a la mitad.

  • Ya bájale a tu pinche odio en las redes

    Ya bájale a tu pinche odio en las redes

    En esta semana de huracán me di cuenta en las redes de algo. No, más bien ya me había dado cuenta de ello pero la reacción en las redes en tiempos de huracán fue la gota que derramó el vaso.

    Ya bájale a tu odio en las redes

    Hay gente a la que no le importa que a México y a su gente le vaya mal con tal de ver caer al Presidente.

    Muchos somos muy críticos con Peña Nieto, no nos gusta en lo absoluto su Gobierno lleno de ineficacia, corrupción, conflictos de interés, inseguridad, economía deprimida y un sin fin de tópicos más (en un país más desarrollado posiblemente estaría en la cárcel). Pero su gobierno nos indigna precisamente por eso, por lo que representa para nuestro país. Somos muy críticos con Peña porque somos críticos con las corrupción o los conflictos de interés.

    Pero hay quienes tienen una postura de odio fanática contra el Presidente. Y no son pocas las personas (basta echarse un clavado en Twitter).

    Es decir, más que «odiar» a Peña por lo antes mencionado, lo odian por odiarlo, o porque su político favorito (AMLO) no llegó a la Presidencia en 2012. Entonces toda acción que él haga es medida con una vara donde no se puede reconocer nada bueno, porque es imposible que nuestro «antípodas» haga algo bueno. Y no sólo eso, para ellos es inaceptable que haga algo bueno. Si hace una mala acción, más que indignarse, sienten cierto placer al ver como las críticas le llueven al Presidente.

    Cierto, en este sexenio han pasado tan pocas cosas buenas, que cuando nuestras autoridades tienen un acierto (como fueron las acciones preventivas del Gobierno frente al huracán Patricia) hasta nos sorprendemos. Pero quienes queremos a México tenemos la capacidad de aceptar e incluso de reconocer cuando se ha hecho algo bueno. Aunque no simpaticemos con Peña, ni con el Gobierno ni su partido.

    Ese tipo de fanatismo destruye y polariza. Porque no es propositivo, es destructivo. Aunque dudo que exista algún tipo de fanatismo propositivo.

    Algunos incluso esperaban ansiosamente los desastres del huracán y los muertos para tener un pretexto y hacerse que se indignan para saborear las mieles de lo que muy dentro de sí considerarían un triunfo «¿Cuántos muertos más Peña Nieto, cuántos más? ¡Peña los mató! Se decepcionaron al ver que los desastres fueron mucho menores y comenzaron a crear teorías de las conspiración. Que si el gobierno nos engañó, que si nos manipuló. No podía caber ninguna posibilidad donde el Gobierno terminara bien parado.

    Lo triste es que ellos, a su respectiva escala, se terminan convirtiendo en algo peor de lo que critican. ¿Como gobernarían este tipo de personas si se les diera poder? Personas a los que no les importa el bienestar de sus semejantes con tal de ver a una facción política caer. En el mejor de los casos serían igual que ellos.

    Habrá que ver si este tipo de personas tienen conflictos emocionales que descargan en las redes. Hablan de un «gobierno represor» pero no admiten críticas y descalifican a quienes los cuestionan con etiquetas, estereotipos e insultos.

    Y si tenemos un Gobierno que está haciendo las cosas mal, la actitud de estas personas simplemente lo hace peor. Porque no son una oposición real. Simplemente son personas que hacen ruido, pero nadie los oye.

    Y nadie tendría por qué escucharlos, cuando no tienen nada que decir.

  • Todos nos habíamos equivocado sobre Peña Nieto

    Todos nos habíamos equivocado sobre Peña Nieto

    Estos últimos días he visto a un Peña Nieto más diferente, un poco más suelto, y que acepta dar entrevistas en vez de no dar la cara y «esconderse en el baño» como lo venía haciendo. Cumplida su mitad del sexenio, Peña parece tratar de relanzar su Presidencia y lavarse de todas esas críticas que lo han manchado.

    Todos nos habíamos equivocado sobre Peña Nieto

    Peña habla de López Obrador, de los memes, de Donald Trump, de los conflictos de interés, que no tiene cáncer, que está más flaco por el ejercicio, que no tiene problemas con su mujer y que su matrimonio va muy bien, que las reformas, que las críticas, que entiende la frustración de la gente, que piensa vender el avión presidencial, que todo. Peña trata de presentarse como un Presidente vigoroso, positivo, alegre, abierto, jovial y a la vez trata de desmentir las acusaciones que pesan en su contra.

    A priori pudo ser un acierto de su equipo de comunicación, la sociedad veía a un Presidente cerrado y arrinconado, pero esa «apertura» me parece más bien ficticia y simulada. En este ejercicio, Peña invita a Los Pinos a algunos periodistas para que lo entrevisten y para que simulen cuestionarlo. Pero esos periodistas son los mismos que lo han defendido: Federico Arreola, Adela Micha y Carlos Marín. No, no veremos a Carmen Aristegui, a Pedro Ferriz, a Denise Dresser, a Carlos Puig, ni siquiera a León Krauze (quien lo incomodó alguna vez al cuestionarlo por la corrupción) o a Denisse Maerker. Los hombres que entrevistan a Peña desmienten su estrategia.

    Los entrevistadores hacen como que lo cuestionan, le preguntan sobre temas espinosos pero que ya han sido previamente acordados de tal forma que parezca que Peña está preparado para contestarlos. Incluso por momentos las entrevistas parecieran actuadas: La forma en que Peña Nieto camina hacia donde se encuentra Federico Arreola, que le permita a Carlos Marín traerse una guitarra de su casa y demás accesorios para decorar la sala de Los Pinos donde esa entrevista se llevará a cabo. Que el «Señor Presidente» invite a Los Pinos como si esa fuera una señal de apertura cuando parece ser reflejo más bien de «ese presidencialismo».

    Parecía que ya habían entendendido que no entendían, pero parece más bien que hacen como que entienden lo que no entienden.

    La simulación persiste, un «me abro pero no me abro», sólo con mis incondicionales, la democracia con los míos. A Peña le dijeron que fuera más abierto, pero sólo lo es en tanto no salga de su zona de confort y no se enfrente a la sociedad real. Porque esa apertura no tiene importancia si no significa nada, si no es una apertura real y no implica empatía alguna con sus gobernados, quienes los reprueban con más fiereza en las encuestas de popularidad.

    Al igual que el Tercer Informe y los cambios en el Gabinete, vemos solamente cambios cosméticos, pero el fondo es el mismo, la forma de hacer política seguirá siendo la misma; y posiblemente aparezca otro error u otra noticia polémica que borre de tajo los pocos frutos que le pueda traer esta estrategia.

    Ver entrevista de Peña Nieto con Carlos Marín