Etiqueta: Enrique Peña Nieto

  • El cerco presidencial

    El cerco presidencial

    En casi cualquier país del mundo, cuando un nuevo presidente llega, se vive un buen ambiente, de esperanza, de pensar que el siguiente pueda hacerlo mejor que el que se va (independientemente de si lo logre). Pero en México no sucedió así, si bien no todos están contentos con la gestión de Calderón, pareciera que preocupa más el que viene.

    El cerco presidencial

    Hoy me dispuse a caminar más de 3 kilómetros de mi casa hacia el hotel Hilton donde José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA iba a dar una conferencia que abriría un encuentro llamado «La Calidad de las Democracias en América Latina». Después de más de 30 minutos de camino me dijeron que dicho personaje había cancelado el evento. En lugar de enojarme, aproveché mi camino de regreso para meditar sobre lo que ahora estoy escribiendo. Y es que sinceramente no veo muy buenos ánimos en la transición presidencial que viene.

    El cerco presidencial, que tiene el objetivo evitar cualquier percance debido a las obvias manifestaciones, muestra la cara de una realidad donde hay descontento con la que será la nueva figura presidencial. Porque es el PRI, porque es Peña Nieto, porque muchos cuestionan la forma en que llegó al poder. Se vive entre muchos mexicanos un ambiente tenso sobre lo que podría pasar en su gestión. En cuestiones económicas algunos le dan el beneficio de la duda más no en las que conciernen a la democracia. Muchos temen el regreso del dinosaurio tal y como lo conocimos. Algunas reformas propuestas (como la desaparición de la SSP para concentrar más fuerza en la Secretaría de Gobernación) huelen a PRI rancio.

    Cuando ganó las elecciones. En las principales urbes del país, sobre todo en el Distrito Federal, se sintió un ambiente parecido como cuando eliminan a la selección mexicana de futbol de algún mundial. Ahora ese ambiente se vuelve a repetir, ese muro colocado en San Lázaro, ese cerco presidencial, del cual Murillo Karam se deslindó, y el cual Marcelo Ebrard criticó fuertemente. Todo indica que Peña Nieto solo se ganará el apoyo de la gente hasta que muestre resultados óptimos y estos se reflejen en la sociedad. Se antoja difícil que regrese el PRI tal y como era antes, no porque hayan cambiado (son los mismos), sino porque están ante una sociedad diferente, que critica los cercos, vacía el Zócalo, que busca informarse, que muestra un mayor escepticismo.

    El cerco lo refleja todo, un distanciamiento entre el presidente y los ciudadanos, un acto de desconfianza donde queda patente que quienes no votaron por él no lo quieren. La gente tiene miedo y tal vez tengan razón para tenerlo. Pero quienes llegan saben que tendrán que irse con mucho cuidado si no quieren prender la mecha. Será una tarea titánica lograr la unión nacional. Calderón no lo logró, Peña Nieto lo tendrá muy complicado.

  • El gobierno eficaz de Peña

    El gobierno eficaz de Peña

    En una sociedad más abierta con acceso a diferentes medios de información, para que el PRI logre ser ese «PRI hegemónico» tendrá que gobernar bien en sus primeros seis años. Un mal gobierno de Peña Nieto podría hacer que su partido se vaya en el 2018 de nuevo y no regrese en mucho tiempo. La compra de voluntades ya no alcanza para lograr triunfos holgados como anteriormente, lo que significa que cada vez habrán más mexicanos que votarán por convicción o en un sentido pragmático, y obliga al tricolor a hacer un buen gobierno.

    El gobierno eficaz de Peña

    El concepto de «Peña Nieto títere» no deberá preocupar tanto, en tanto que es notorio que él no tomará las grandes decisiones (de lo contrario ya deberíamos estar cambiando nuestro dinero a dólares), sino que ahora lo hará todo el aparato que tiene detrás. Algo inédito en un partido como el PRI. Naturalmente la apuesta del tricolor con el chico de telenovela es aspirar a regresar al poder para quedarse, pero la imagen telenovelera si bien sirvió para llegar al poder, no será muy útil ya estando una vez en él. Y por lo que alcanzo a percibir parece que quieren hacer las cosas bien, al menos en el terreno económico, claro, sin resolver los problemas de fondo a mi parecer que son los que hacen que este país no progrese como debería.

    Algo, de lo no mucho, que me agrada de este nuevo gobierno, es que veo una nueva administración que sabe lo que va a hacer, que tiene un plan, que tiene una idea. Esto es de agradecer porque el presidente saliente al parecer no la tuvo y nunca supimos que quiso hacer. Ya se hablan de reestructuraciones, y de cosas que van a cambiar en el nuevo gobierno. El PRI tendrá que demostrar desde un principio que puede hacer las cosas para ganar legitimidad (más a raíz del resultado electoral y de la percepción que tiene un sector amplio la población del PRI y sobre todo de la figura de Peña). Aunque suene paradójico. Si el «quinazo» de Felipe Calderón fue la cruzada contra el narco, sacar al ejército de los cuarteles, el de Peña Nieto sería algo opuesto, posiblemente llegar a una negociación con los cárteles, o bien, una progresiva retirada y la focalización en la violencia y no en el tráfico de drogas para generar un ambiente de seguridad. No necesariamente estoy en desacuerdo con la negociación, dado que el narcotráfico siempre (ese siempre lo recalco) va a existir mientras exista demanda (con los estadounidenses como los mayores consumidores). Lo que me preocupa es que el PRI no pueda pintar la línea entre gobierno y cárteles y este último se pueda infiltrar sobre el primero, o más bien, infiltrarse más de lo que ya está.

    Naturalmente los priístas no van a mover ningún dedo para aniquilar ese aparato corporativista que ellos mismos construyeron. Yo lo he dicho, que el PRI va a procurar el desarrollo de la nación solo al punto en que pueda salvaguardar sus intereses. Naturalmente la existencia de este aparato frena en cierta medida el desarrollo del país, así que tampoco podemos esperar grandes cosas. El PRI parece que seguirá en términos económicos una línea parecida a la del PAN y lo cual he criticado porque su propuesta no significa una renovación desde adentro; aunque claro que hay diferencias con las del PAN, positivas y negativas. Una positiva es que el PRI tiene un enfoque más social que el PAN. El PAN puede tomar medidas impopulares sin medir las consecuencias adversas inmediatas sobre la población. Los priístas muestran más preocupación en sobre como sus decisiones impopulares pueden en el corto plazo afectar a la población y buscan mecanismos para que esos cambios no sean tan bruscos (ojo que una crisis económica como la de 1994 no cuenta como medida impopular sino como desfalco).

    En cuestión de democracia es donde no podemos esperar mucho. Pedirle al PRI que se comporte como demócrata es esperar que una monja de convento promueva el aborto, y las relaciones homosexuales. Si bien creo existirá más censura (ya lo estamos viendo), no creo que exista una regresión marcada dado que la población tiene más recursos para informarse, y ante esta realidad, los priístas deberán comportarse diferente. Cierto, preocupa un presidente con antecedentes autoritarios como los de Atenco, pero también es cierto que un acto represivo, en estas épocas, podría ser peligroso para la estabilidad de su gobierno. Por eso creo que el equipo de Peña Nieto buscará hacer, como dice su slogan, un gobierno eficaz. Pero para conseguirla posiblemente no respete todos los mecanismos democráticos, y lo tratará de hacer preservando sus intereses.

  • Enrique Peña Nieto y sus capacidades intelectuales

    Enrique Peña Nieto y sus capacidades intelectuales

    Ser un ávido lector no te garantizará ser un buen presidente, pero ser lo opuesto si hará que las posibilidades de que seas un mal presidente se incremente. No se puede dirigir un país sin tener las suficientes nociones de tu entorno.

    Enrique Peña Nieto y su intelecto

    Por curiosidad, me puse a analizar los discursos de nuestro nuevo Presidente de la República, y la verdad es que me parece un poco preocupante todo esto. Peña Nieto es un hombre muy bien entrenado, muy disciplinado, y sí, esa es una virtud en él. Habla de una manera clara, concisa, se presenta como un hombre conciliador (aunque cuando le das rienda suelta muestra tintes autoritarios en su persona). Peña Nieto tiene buen porte, parece ser un hombre de buen gusto, habla con propiedad. Sabe mover bien las manos, su presentación es impecable, sabe usar bien la mirada, tiene buena oratoria. El problema es que está tan entrenado que parece haber perdido toda espontaneidad. Pero en realidad no es un problema, porque un Peña Nieto espontaneo, exhibiéndose tal cual es, preocuparía a muchos.

    En estos discursos veo una muy preocupante incapacidad de su parte para profundizar de los temas de los cuales está hablando. Sí, algunas de sus propuestas parecen buenas, pero Peña muestra una profunda ignorancia sobre estas. Parece no saber de lo que está hablando. Había comentado anteriormente que parece que el PRI sabe más que es lo que quiere hacer que el PAN en el gobierno, y tiene una agenda mejor estructurada. Pero naturalmente esta no es diseñada por el próximo presidente, de esta se encargan asesores suyos y gente detrás.

    En las elecciones pasadas, López Obrador supo cubrir sus limitaciones con su gabinete dream team. Sabemos que hay temas que AMLO no domina (empezando por la economía y como generar riqueza), y a pesar de su terquedad, se dio cuenta que necesitaba ayuda urgente en algunas áreas. Las limitaciones en Peña Nieto son más profundas, porque son de forma y fondo. López podía ser el creador de las ideas y delegar a su gabinete su diseño. Peña Nieto no tiene siquiera ideales. Por lo tanto lo recomendable es que se limite a ser el ejecutor de la agenda diseñada por sus asesores. Pero esto puede ser preocupante a la hora que se tenga que tomar una decisión de último minuto y donde no pueda consultarlo ni con Videgaray o alguno de sus otros asesores.

    El PRI siempre se empecinó en ofrecer presidentes fuertes, con don de mando. Esta vez busca generar esa misma percepción sobre alguien que no tiene esas cualidades. Porque si bien a los panistas se les vio como presidentes de menos peso, con Peña Nieto incluso podemos ver a un presidente más débil por su falta de autonomía. Un Presidente al cual se le aplaudirán sus logros y se le criticará por sus errores, el es quien dará la cara, pero posiblemente no quien tomó las decisiones para lograr x o y percepción sobre su trabajo. Si Peña fracasa, los que toman las decisiones no saldrán tan afectados, porque el primero es el que tendrá que dar la cara.

    Peña y su equipo tienen una tarea difícil. Ante la inconformidad de un sector de la sociedad no podrá flaquear o mostrarse como débil. Se han preocupado por cuidar mucho esa imagen, pero el que la gente se de cuenta de que no es Peña Nieto el que se encarga de hacer todo podría terminar afectándole, porque le restará poder a su figura. Aquí aplica el dicho de que la mona aunque se vista de seda mona se queda. Peña está demasiado bien entrenado, pero parece que no hay forma de disimular sus capacidades intelectuales, que son bajas para lo que se esperaría de un mandatario.

    Para el PRI y los intereses allegados a él, su perfil fue una ventaja para regresar al poder, pero será una desventaja para ejercerlo. Cierto que un Presidente no tiene que ser un experto en todas las áreas, pero debe tener ciertos conocimientos sobre ellas. Peña en su visita a Alemania demostró desconocimiento sobre lo que sucede en la Unión Europea. Es de notar que en las visitas a los mandatarios siempre están Luis Videgaray y sus asesores más cercanos. Posiblemente las expectativas que pueda tener uno sobre su presidencia recaerá más sobre el gabinete y sus asesores, que sobre él mismo.

  • Peña Nieto y su estrategia de gobierno

    Peña Nieto y su estrategia de gobierno

    En la política y en la vida, siempre es bueno tener una estrategia. No existen recetas ni soluciones mágicas. Cuanto más personalizada sea la estrategia, más posibilidades de éxito, porque eso implica que estará mejor pensada y se ha analizado mejor el entorno.

    Peña Nieto y su estrategia de gobierno

    En el 2006, antes de que Calderón llegara a la silla presidencial, no sabíamos que iba a hacer. Emprendió un viaje por Europa donde parecía que el único objetivo era convencer a los empresarios de ese continente que invirtieran en nuestro país. Llegó a la presidencia, lanzó una cruzada contra el narco sin una estrategia sólida (6 años después ya vimos lo que pasó) y al final nunca supimos que quiso hacer. Todo el «lado bueno» de su administración no había sido su idea, más bien se encargó de reforzar y mejorar cosas que ya existían (estabilidad macroeconómica, Oportunidades, Seguro Popular).

    En las elecciones pasadas, AMLO mostró una estrategia de gobierno, algo que se agradecía. El «Peje» incluso armó un gabinete de lujo, como si fuera un «Barcelona» político, orientado a fortalecer esa estrategia, además como una forma estratégica y mediática de reducir las dudas que cernían sobre su capacidad.  Con el PRI no sabíamos como iba a ser esto. Algunas de las propuestas de Peña Nieto se veían buenas, pero juntas no llevaban a nada, no había ninguna convicción ideológica detrás. Las dudas sobre Peña Nieto no recaían en su estrategia, sino en su persona, en el historial y en el desempeño actual de su partido.

    Ahora que Peña Nieto ha salido de gira, vemos una estrategia más sólida que la que mostró Calderón. Habla de energías sustentables, de medidas migratorias, busca fortalecer alianzas, de ciencia y tecnología. Naturalmente su equipo cercano (entre ellos Luis Videgaray) juega un papel importante, dado que sabemos que Enrique Peña Nieto tiene más limitaciones intelectuales de las esperadas en un presidente  promedio y porque sabemos que no es él el líder de esta estrategia, sino que hay un equipo detrás (uno de ellos tiene orejas grandotas).

    Esto no quiere decir que toda la estrategia sea buena. Claro ejemplo es el cínico papel del PRI en la reforma laboral, y otras que contradicen lo que él y su partido hacen cotidianamente (como el tema de la transparencia). También sabemos que el PRI no va a soltar sus cotos de poder aunque eso retrase el progreso del país. También sabemos las condiciones en que Peña ganó la presidencia. Pero dentro de todo esto que nos preocupa mucho a los mexicanos, el haber una estrategia de gobierno, es mejor a que no exista nada.

    Ciertamente el PRI ha sido mejor estratega que lo que han sido los panistas. Durante muchos años (en especial ese lapso de entre Lázaro Cárdenas y López Mateos) se veía más estrategia que improvisación en el gobierno. A pesar de su autoritarismo y la corrupción, al menos veíamos progreso en el lado económico. Al PAN por alguna u otra razón le costó trabajo desempeñar ese papel, y más aún cuando no se necesita ser antidemócrata para tener una estrategia de gobierno.

    Que Peña tenga una estrategia de gobierno no es garantía de nada. No nos garantizará que su gobierno no va a ser un fiasco o un desastre. Pero de que haya una estrategia de gobierno a que no exista. Pues es mucho mejor lo primero, y creo que eso es un punto a favor de Peña y su equipo (junto con ya los muchos puntos en contra que les hemos puesto aquí)

     

  • El PRI buscará el desarrollo de México, al punto en que preserve sus intereses

    El PRI buscará el desarrollo de México, al punto en que preserve sus intereses

    Viejo PRI, Nuevo PRI. ¡Son lo mismo hombre! no le busquen tres pies al gato.

    El PRI buscará el desarrollo de México, al punto en que preserve sus intereses

    Un conocido declarado libertario se mostró optimista con Peña Nieto. Decía que podía ser un gran reformador. Que si bien su inteligencia no daba para mucho, ahí estaría su gabinete para complementar esas carencias (algo como lo que quiso hacer AMLO). Yo me mostré escéptico, y le dije que el PRI va a hacer que este país avance, solo hasta el punto en que sus intereses no sean trastocados (recordar que esos intereses afectan el desarrollo del país). El me comentó que el PRI también hizo reformas que «México necesita» y le explique que esa «apertura» salió a medias porque todas estas reformas y privatizaciones se llevaron a cabo en un ambiente de mucha corrupción. Le dije que iba a pasar lo mismo con la reforma.

    Lamentablemente acerté. La reforma así se aprobó. No se aprobaron las propuestas que tocaban a los grupos de poder del PRI (sindicatos y demás). De hecho lo que no se aprobó era lo mejor de la reforma laboral, esa parte que obligaba a transparentar a los sindicatos. De igual manera ahora podemos esperar una reforma energética de tal forma que no toque al sindicato de Pemex ni a Romero Deschamps. Si hubiera una reforma educativa (porque propuesta ni hay), no se tocaría posiblemente a Elba Esther Gordillo (a menos que vaya a ser el quinazo de Peña Nieto).

    Algo que empodera al PRI es el autoritarismo y el clientelismo. Uno llega a sospechar por qué el TEPJF fue tan «contundente» en su fallo al afirmar que no existía la más mínima evidencia de compra de votos, con lo cual le darían cuerda al PRI para volver a hacer esas prácticas cuando quiera. Parte de la estructura del PRI se basa en el clientelismo (sin negar que los otros partidos lo usen pero los tricolores son los campeones) y su fuerza también se basa en la ignorancia de la gente, más que en el voto razonado. Entonces eso se vuelve un botín y naturalmente no van a querer que se los quiten. Tan poderoso es su botín que es más rentable conservarlo aún estando en la oposición que pensar en renovarse.

    Ningún político desearía tener el propósito de hacer que el país le vaya mal, ni creo que el PRI ni Peña Nieto desean que a México le vaya mal. El problema es que su fin principal debería ser que a México le vaya bien, y a veces parece ser que para aspirar a eso, primero tienen que saciar otros intereses y deseos; y estos intereses perjudican al país. De hecho, a Peña le conviene por obvias razones que al país le vaya bien, la situación estriba en que no les conviene tanto que les vaya bien si esto significa que tengan que sacrificar sus intereses. Así lo demostraron con la reforma laboral.

    Me queda claro que uno de las cosas que «México necesita» es que todo ese aparato corporativo que dejó el PRI fuera desmantelado. El PAN no se atrevió a hacerlo, el PRD por sus errores internos, perdieron la oportunidad de hacerlo en estos 12 años. Con esto, el PRI llega a montarse en su moto a la cual no se le siente el peso de la edad. Si se hubiera hecho lo primero, no estaríamos preocupados por la llegada del PRI, porque eso hubiera significado una reconstrucción interna dentro del partido. Pero como nada cambió, seguramente seguirá usando esa «vieja motocicleta» para hacer piruetas en los pinos en estos seis años que vienen.

    Por cierto, la imagen del presidencialismo hegemónico está de regreso. Solo basta con ver las imágenes que suben a las cuentas de las redes de Peña Nieto, es el mismo PRI cuyo presidente extendía los brazos, rodeado por sus cercanos bien vestidos, mostrando esa clara estructura vertical y autoritaria que tiene el PRI en sus genes.

  • Un grito de la independencia diferente

    Un grito de la independencia diferente

    ¡Viva México! ¿Viva qué?. Empezando porque los «héroes que nos dieron patria» a veces son más mitología que figuras heroicas.

    Un grito de la independencia diferente

    Para muchos mexicanos existían los suficientes motivos para no dar el grito de la clásica manera, y es que para muchos este grito no vale tanto la pena, porque a pesar de que lo que se festeja es la independencia, esta palabra pareciera no ser tan trascendental en la vida pública del país. No recuerdo en la historia de nuestro país que en varias plazas, al mismo tiempo, se utilizara al grito para repudiar al presidente electo y a su partido que entrarán al poder en diciembre. Y debe de haber una razón de peso para que estas manifestaciones se hayan llevado a cabo. Hay muchas y las conocemos.

    Gritos como ¡Viva México sin PRI! al tiempo que el Presidente o Gobernador daba el grito, ¡Fraude, Fraude!, y otros gritos más se hicieron sentir en las diversas plazas.  Las televisoras por supuesto, hicieron lo posible para que no salieran en la transmisión estos gritos que fueron mayoría. Posiblemente en el caso del grito en el Zócalo, pusieron un audio grabado, a sabiendas de que desde hace semanas se había orquestado este grito. Aún así, no pudieron tapar todo, al Presidente Felipe Calderón lo apuntaron con varios rayos láser. En el caso de la Ciudad de México, la plancha del Zócalo ni siquiera se llenó, y gran parte de los que asistieron, lo hicieron para manifestarse en contra de lo sucedido en las pasadas elecciones.

    Felipe Calderón había invitado a Enrique Peña Nieto al grito, pero este último declino alegando «un pozole con su familia en privado». Sabemos que las razones fueron otras, y aquí me pregunto si Peña Nieto será el primer Presidente de la República que no irá a dar los gritos de independencia, al menos en el Zócalo. El Presidente Electo es el que llegará al poder con una mayor animadversión, posiblemente en la historia de México. Como decía Javier Solórzano, las acusaciones que ciñen sobre él, sobre como llegó a la presidencia quedarán ahí para siempre. Es decir, como una mancha de esas que no se quitan, la huella de la compra de las elecciones quedará en la historia.

    Hace unos días hablé sobre como el movimiento #YoSoy132 mostraba signos de deterioro. Pero independientemente del rumbo que pueda tomar este movimiento, la chispa ha quedado encendida. Algo así como el #15M de España o el #OcuppyWallStreet de Estados Unidos. Estos movimientos comenzaron muy fuertes y se fueron apagando debido al cansancio. Pero cuando hubo alguna razón para manifestarse, el ambiente se volvió a cimbrar. Como en el caso de España, donde el presidente Mariano Rajoy, decidió aumentar el IVA, lo cual hizo que centenas de miles de personas salieran a las calles. Ahora con la coyuntura del grito, muchos mexicanos que parecían dormidos volvieron a despertar, y esta dinámica podría ser un dolor de cabeza para Peña Nieto y el PRI, dado que una mala decisión que tome dentro de su presidencia podría desatar una manifestación sin precedentes.

    Este ambiente podrá ser positivo. Porque tal vez orillará al PRI a gobernar bien, aunque eso implique desprenderse de algunos intereses (se habla de que podría venir una bonanza económica para México y el PRI podría aprovechar esa coyuntura). Aunque también se corre el riesgo de que se tomen decisiones cortoplacistas para generar un clima de progreso, que tenga como consecuencia serios estragos a largo plazo (como el ex presidente ahora mentor de Peña Nieto). Seguramente los medios de comunicación mainstream se enfocarán en hablar de lo bien que está gobernando Peña Nieto, aunque con la caída de su reputación, posiblemente su voz ya no tenga tanto impacto como antes.

     

  • Ya tenemos presidente ¿Qué sigue para los ciudadanos?

    Ya tenemos presidente ¿Qué sigue para los ciudadanos?

    Entiendo la parte en que muchos estamos enojados por la resolución del TEPJF. Yo en lo particular no estoy enojado por el fallo en sí, sino por la forma en que se dio dicho fallo, donde si bien, como he mencionado, varias de las pruebas de AMLO no tenían el suficiente sustento para acreditarse, usaron el mismo criterio para aquellas que fueron demasiado obvias. Creo que hoy más que nunca, estamos en un momento coyuntural, y eso implica que nosotros como ciudadanos razonemos con «la cabezota» y no nos dejemos llevar por las emociones.

    Ya tenemos presidente ¿Qué sigue para los ciudadanos?

    ¿Las elecciones fueron un cochinero y estuvieron llenas de actos fraudulentos? Sí, y que no nos vengan a decir que no. También es cierto que todas estas acciones posiblemente no llegarían a dar la vuelta a la elección. Es decir que si las elecciones hubieran sido limpias, tal vez ganaría Peña Nieto de todos modos, pero no por eso podemos decir que Peña Nieto ganó limpiamente de ninguna manera. Porque si la distancia entre Peña y López Obrador fuera de un millón de votos o menos, bajo el mismo escenario, entonces las prácticas fraudulentas si hubieran dado la vuelta al resultado.

    López Obrador no aceptó el fallo del TEPJF. Está en su derecho de no aceptarlo. López Obrador rompió con el pacto de civilidad que firmaron los candidatos un mes antes de la elección ciertamente, pero este pacto implica que las instituciones hagan bien su trabajo y que los partidos procuren elecciones limpias. Ni lo primero sucedió ni tampoco lo segundo. Ahora el tema aquí es que sigue, y es donde creo que es necesario tener la cabeza fría. Si López Obrador toma la misma posición que en el 2006, será algo suicida, porque si alguien puede servir como contrapeso en un régimen autoritario, es la izquierda.

    No sé cuales serán las acciones a las cuales llamará López Obrador. Es un misterio, y espero que la posición no sea la misma que en el 2006, lamentaría que así fuera, y lo peor es que probablemente así va a ser. Pero los ciudadanos debemos pensar en lo que sigue, en lo que se va a hacer, en proponer, en incidir. Creo que una ciudadanía fuerte será un muy fuerte contrapeso. Un gobierno autoritario al estilo del PRI se alimenta del aletargamiento de la gente. Hay que pensar en propuestas, propuestas como una reforma educativa, de medios de comunicación, reformas a la ley electoral, reforma política. Y tenemos que luchar hasta que estas se hagan realidad. Ciertamente con Peña Nieto se prevee el advenimiento de un gobierno autoritario; pero al estar tan necesitado de legitimidad, posiblemente tendrá que ceder y es ahí donde los ciudadanos podemos incidir. Tenemos que transitar poco a poco de las marchas a las propuestas (aunque en algunos casos será necesario lo primero para lo segundo).

    Créanme, no solo estoy molesto, sino asustado por lo que pudiera pasar con el régimen de Peña Nieto. Pero también sé que los ciudadanos tenemos la fuerza para hacer que este régimen no sea tan sufrible, y como lo dije alguna vez, se pueda avanzar a pesar de Peña Nieto. No se nos tiene que olvidar lo que sucedió, la mayoría de los mexicanos lo sabemos. Pero tenemos que ser fríos, para que esta situación no se salga de control, no termine en actos violentos por parte de unos, y/o actos represivos por parte de otros. Es natural que la sociedad esté polarizada, en un bando los priístas y algunos panistas, y en el otro lo perredistas, y los otros panistas. Pero tenemos que procurar que esa polarización (que es inevitable) termine traduciéndose en algo nocivo.

    Ahora más que nunca llegó la hora de construir, tanto la radicalización como la indiferencia y el aletargamiento, fortalecerán al priísmo autoritario. Ciudadanos conscientes, activos, participantes y despiertos, serán una piedra en el zapato, o más bien, un virus en el teleprompter de Peña Nieto.

  • El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    Decían que Peña Nieto no usaba chicharito en los debates, pero aquí está practicando para cuando el TEPJF lo nombre Presidente de la República:

    El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    El fallo del tribunal con respecto a las elecciones se dará hoy jueves. Pero a pesar de las expectativas, ya sabemos cual será el fallo y no será ninguna sorpresa. Es evidente la postura de las «instituciones», más cuando dicen no haber visto ninguna irregularidad en torno a la publicidad encubierta de Televisa a Peña Nieto que «todos los mexicanos vimos». Todas las impugnaciones del PRD, y también algunas presentadas por el PAN han sido rechazadas por motivos, en algunos casos, realmente absurdos. Cierto es que a varias de las impugnaciones del «Movimiento Progresista» les hace falta sustento y son endebles (nada más ver el patético caso del zoológico de animales que montaron en el «expo-fraude»), pero es cierto que otras son más contundentes, y la postura de las instituciones electorales ha dejado mucho que desear. Los únicos casos que siguen supuestamente sobre la mesa, pero que son los más graves, son los que tienen que ver con Monex y Soriana (Que Peña Nieto dice que este último año es un montaje, pero vaya que ya algunos conocidos míos fueron testigo de esa compra de votos), y de los cuales no hemos sabido mucho, y esperamos que sea cual sea el fallo, el TEPJF nos explique claramente este asunto, y no vengan con que: «quesque tardaría meses en saberse».

    ¿Estallido Social?

    Jesús Zambrano, el Presidente del PRD hace unos pocos días advirtió al TEPJF que si no se anulaban las elecciones iba a haber un estallido social, por lo que veo, esto se interpretó como una amenaza por algunos, pero por lo que entiendo más bien fue una advertencia de lo que «podía pasar», aunque no dudo que en los sectores más duros de la izquierda (alguno del PT) no les caería tan mal esa opción. Lo que dice Jesús Zambrano (que por cierto, es de la corriente de los chuchos, y por ende, del ala más moderada del PRD) no es falso. La posibilidad existe, y solo falta dar un paso en falso para desencadenar un conflicto. En 1988 ante el fraude de Carlos Salinas, varios ciudadanos les dijeron a Cuauhtémoc Cárdenas: -Danos las armas, danos las armas. Cuauhtémoc tranquilizó a sus huestes. En un posible fraude en el 2006, López Obrador pidió luchar por la vía pacífica (claro, cerraron avenidas importantes, causaron mucho tráfico del que por sí ya sufre la Ciudad de México, pero eso sí, no rompieron ni un solo vidrio), ahora no sé si un sector de la población esté dispuesto a mantenerse en el pacifismo.

    Una parte de la sociedad se siente agraviada, y creo que el coctel es más peligroso que en el 2006. Porque una cosa es el PAN y otra cosa es el PRI, partido que simboliza la corrupción, despilfarro y fraudes electorales. Muchos no pueden siquiera contemplar a un «presidente electo» que ha presentado un proyecto de nación salinista (ya saben por qué), que es responsable de los agravios de Atenco, y que está rodeado de las personas más corruptas del PRI. Menos tolerarán a un «presidente electo» promovido sin escrúpulos por parte de Televisa, con un nivel cultural vergonzoso, y que incluso en su vida personal muestra preocupantes rasgos de autoritarismo y una profunda escasez de valores morales y éticos. Yo no justifico de ninguna manera la violencia (a menos que sea en defensa propia), pero si ocurre algún conflicto fuerte, de ninguna manera serán responsables únicamente quienes lo hayan iniciado. Quienes han bebido de la ubre del país en beneficio de sus intereses por supuesto que tendrán también una gran responsabilidad si algo así llega a pasar.

    La legitimidad de Enrique Peña Nieto

    Otra cosa que me preocupa, y que tiene que ver de alguna forma con lo segundo y que acabo de comentar, es la poca legitimidad con la que llegará Enrique Peña Nieto al poder, y me preocupa, porque precisamente eso será un handicap a la hora de querer construír (o simular construir) un «Estado Eficaz». Algunos Presidentes han logrado sortear su legitimidad mostrando una personalidad fuerte, contundente, y claro, llevando a cabo el clásico «quinazo». El problema es que gran parte de la población, como ya lo comenté en otra ocasión, no lo bajan de pendejo.

    Se las voy a poner de este tamaño. La mayoría de los mexicanos cree que Enrique Peña Nieto hizo trampa en las elecciones (en español, hubo fraude). Ya hay un primer estudio de Covarrubias y Asociados (que por cierto, fue de las encuestadoras que acertó en el resultado de la elección). Este estudio curiosamente no fue abordado por casi ningún medio, pero está publicado en la página web de la casa encuestadora. Dice que el 47% de los mexicanos creen que Peña Nieto ganó con trampa, mientras que un 37% ganó limpiamente (mucho más alto que el 30% que afirmó en 2006 que Calderón ganó con trampa) y el 16% se abstuvo de opinar. La encuesta muestra una mayoría relativa de personas que creen que las elecciones fueron fraudulentas, pero si solo el 3.01% de los encuestados que no quisieron opinar, creen que Peña ganó con trampa (muy probable que así haya sido), entonces ya podemos decir que una mayoría absoluta considera que Peña Nieto hizo trampa para llegar a la Presidencia. Aunque es curioso que solo poco más del 30% pida que se anulen las elecciones.

    El problema para Enrique Peña Nieto es que no solo son los que votaron por AMLO quienes dudan de su legitimidad. AMLO ganó aproximadamente el 30% de los votos, mientras que los que creen en la ilegitimidad del triunfo de Enrique Peña Nieto son el 47%. Y hay que recalcar una cosa, el 30% de los votos de AMLO es en base a los electores que votaron, mientras que el estudio de Covarrubias, se levantó a personas adultas sin importar si votaron o están empadronados. De esta forma podemos llegar a la conclusión de que de ese 47%, más del 20% no votaron por López Obrador; incluso quizá la mitad.

    ¿Y los panistas?

    A los panistas no los entiendo. Parece que quieren dar una imagen de institucionalidad, pero ni entre ellos se ponen de acuerdo. Parece que algunos (los más apegados a Calderón) casi casi nos dicen que las elecciones fueron limpias, pero están aquellos otros, más cercanos a Madero o a Javier Corral, que hablan de irregularidades muy fuertes, e incluso están de acuerdo con el PRD en casi todas las impugnaciones (empezando con el asunto Monex). Luego, en lo informal, fuera de medios parece otra cosa. El Secretario General Adjunto del CEN del PAN, Tomás Trueba (caray, lo tenía ya meses en el Facebook y no sabía que tenía un puesto tan importante), al cual le mostré este estudio, me dice que efectivamente Enrique Peña Nieto ganó con trampa, y que estaba muy molesto porque el TEPJF exoneró a Peña Nieto y a Televisa por el asunto de la publicidad.

    No sé que busca el PAN. Parece que algún día quiere estar de un lado y luego de otro; y creo que eso no va a ser bueno. Que por cierto, cuando hablamos de las «reformas estructurales que México necesita» existe el PRIAN. Pero cuando hablamos de asuntos de democracia «se arrejuntan con el PRD», y es que yo en lo personal noto, una seria preocupación de los panistas por una eventual regresión al autoritarismo. Gustavo Madero en su cuenta de Facebook se muestra preocupado porque los «medios» ya no dicen nada del problema de los homicidios en el Estado de México.

    Por cierto, los ciudadanos «más de derecha» se identifican más con el PRI que con el PAN. Si se toma en cuenta ese término en base a la preservación del «Status Quo» por supuesto que el PRI sería más derechista que el PAN.