Etiqueta: Enrique Ochoa Reza

  • Los pirrurris contra los prietos. Crónica de la discriminación

    Los pirrurris contra los prietos. Crónica de la discriminación

    Los pirrurris contra los prietos. Crónica de la discriminación

    Si con algo me quedo de la precampaña es con la incapacidad que muchos tienen de separar el razonamiento de sus simpatías partidistas, el sesgo es enorme. Muchos, incluso algunos de esos que presumen ser expertos, hacen maromas y contorsiones intelectuales para poder justificar a su candidato o partido político. 

    En este contexto se dan las declaraciones de López Obrador al llamar pirrurris y fifí a Jesús Silva-Herzog, y la otra declaración que a mi parecer es más grave, la de Enrique Ochoa Reza, el presidente del PRI, al llamar prietos a los priístas que migraron a MORENA.

    Primero: los dos son actos de discriminación. La declaración de AMLO es, al menos, clasista, ya que se está refiriendo a Silva-Herzog de forma despectiva por su posición social. La declaración de Enrique Ochoa Reza no sólo es clasista, más bien es racista. Aunque trate de justificarse como lo hizo en Twitter, cualquier persona sabe que la palabra prieto tiene una connotación peyorativa hacia las personas de todo de piel oscuro y, por tanto, debió abstenerse de usarlo. 

    Segundo: La declaración de Ochoa Reza es, a mi parecer, más grave que la de López Obrador, pero eso tampoco implica que se debe relativizar (como varios hacen) las declaraciones del tabasqueño ya que no dejan de mostrar desprecio y discriminación.

    Digo que es más grave porque podría hacerse el siguiente ejercicio: podemos ir a alguna calle de Polanco y decirle a alguna persona desconocido de dinero pirruris o fifí y la respuesta tal vez sea una risa e incluso podrá reafirmarlo como persona: ah mira, me dijo pirruris, pues claro, si yo tengo baro y ese pendejo no; o, en el peor de los casos, si le llega a molestar, dirá que el que le dice eso es un resentido o envidioso. 

    Aún así no deja de ser un acto de discriminación y una falta de respeto en contra de otra persona, más cuando se hace un juicio ad hominem de otra persona con base en su posición social como hizo López Obrador. 

    https://www.youtube.com/watch?v=bbwFXo43nPw

    Pero si vamos por la calle y le decimos prieto a una persona de tez morena que no conocemos, la respuesta no va a ser la misma. Posiblemente recibamos un gesto de desaprobación, un insulto o hasta un golpe. 

    La diferencia estriba en que una de las personas aludidas se encuentra en una posición de privilegio y la otra no. El «pirruris» jamás se sentirá mal por su posición social ni su color de piel ya que ha sido históricamente dominante en nuestro país en el cual los españoles y los criollos siempre han estado en la parte superior de la pirámide en tanto las personas morenas suelen estar más bien en la base. Si bien, en la actualidad esto no siempre se cumple, sí existe una marcada tendencia, la suficiente como para que relacionemos al blanco con las clases altas y al moreno con las clases más bien bajas. 

    Otra cosa que me llama la atención de todo esto es el grado al que está internalizado el racismo en nuestro país. El adjetivo molesta cuando el insulto es explícito (que alguien en la calle te diga prieto) pero no siempre ocurre cuando alguien hace una mofa de la gente de tez morena. Hasta hace poco no se hablaba mucho de ello a pesar de que nuestro país es muy racista. Pero no solo está internalizado dentro de «los de arriba» sino también en «los de abajo»:

    Si yo estuviera frente al estrado en un mitin en Estados Unidos donde hay varias personas de color y yo pronunciara tan solo la palabra nigga, recibiría insultos, tal vez intentos de agresión y una gran cantidad de desaprobación. Pero cuando Ochoa Reza hizo su lamentable declaración no se escucharon manifestaciones de indignación (si algo abundan en los mítines del PRI es gente de tez morena), inclusive algunos de ellos rieron.   

    Tienen razón quienes dicen que estas declaraciones (tanto las de AMLO como las de Ochoa Reza) fomentan la división, pero yo más bien diría que exhiben una realidad que siempre hemos querido ocultar «tapando el sol con un dedo». Ese es el México de de veras, el que también explica por qué somos una sociedad tan desigual. Una sociedad donde muchos blancos y privilegiados son muy racistas y clasistas con los pobres y morenos, pero donde también la discriminación ocurre a la inversa (de abajo para arriba). 

    https://www.youtube.com/watch?v=QcYApfwartM

  • Es un gusto presentarles, al nuevo viejo PRI

    Es un gusto presentarles, al nuevo viejo PRI

    Es un gusto presentarles, al nuevo viejo PRI

    Ya decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad. Pero tal vez dentro del PRI no se percataron que dicha mentira tiene que sonar creíble. Cuando la mentira queda en evidencia franca, lo que se convierte en verdad no es la propia mentira, sino el argumento de que quien repite la mentira pierde autoridad moral. 

    Y es que en el PRI han decidido adoptar un discurso triunfalista pensando en que así podrán cambiar la percepción. Creen que si ellos insisten en que su candidato tiene mil atributos, que si va en primer lugar y que si van a ganar todo, entonces va a suceder. Pero ni la más refinada oratoria logra esconder un lenguaje no verbal que dice otra cosa u contradice aquello que se ha dicho. 

    Aurelio, Aurelio, Aurelio, le dice en su programa el periodista Javier Risco a Aurelio Nuño, coordinador de la campaña de José Antonio Meade, cuando éste decía que su candidato y López Obrador iban empatados. 

    Para acabarla de amolar, Javier Risco se burló del incidente en su Twitter.

    Cuando me preguntan sobre la «nueva camada priísta», yo les digo que volteen a ver a Enrique Ochoa Reza y a Aurelio Nuño. La parsimonia priísta tradicional, llena de discursos triunfalistas, de movimiento de manos y de una oratoria excesivamente ensayada ahí está, presente en ellos: es el viejo nuevo PRI.

    Uno escucha a hablar a Ochoa Reza, a Aurelio Nuño o a cualquiera de las «voces» de la campaña de Meade y se encuentra con un discurso asombrosamente similar. Tan meticulosamente preparado que llega a verse muy preparado, no deja lugar a la improvisación. Parece que han ensayado mucho su discurso, tienen frases prefabricadas las cuales pueden usar a modo de respuesta ante los cuestionamientos. Si dice esto, tú di esto.  A AMLO le dicen simplemente López porque se argumenta que así lo despojan de su aura divina y mesiánica para poder atacarlo de forma más fácil. 

    Escuchen cualquier discurso suyo y encontrarán las mismas frases: «Meade va a convertir a México en potencia mundial», «José Antonio Meade va a ser el próximo presidente de México porque tiene las mejores propuestas», «Meade va empatado con López», «López es el candidato del no». «cuando a México le va bien, a las familias mexicanas les va mucho mejor». Sobre todo ocurre con Ochoa Reza pero parece ser consigna compartida entre todos los priístas que se presentan con los medios para hablar de las campañas. 

    ¿Y si los ponen en aprietos? Cambian el tema de la conversación, o en su defecto, culpan a otros. Si les preguntan por qué el gobierno de Peña Nieto ha tenido pésimos resultados en materia de inseguridad dicen que es por culpa de los gobiernos del PAN. Se salen por la tangente, y no lo hacen de forma discreta: nosotros somos cuasiperfectos, la culpa de nuestros errores es de los demás, o de un problema de comunicación, o es una campaña que busca desprestigiar al gobierno.

    En su discurso no pueden mostrarse humildes ni mucho menos débiles. Nunca ofrecerán disculpas por algún error cometido en los gobiernos de su partido, nunca reconocerán errores y nunca dejarán su discurso triunfalista aunque la realidad, tan evidente, demuestre lo contrario.

    El cinismo y el descaro de su discurso es palpable. La mentira, las interpretaciones a modo, abundan. Al tiempo que acusan (como es el caso de Ochoa Reza) a la oposición de comprar encuestas porque no les favorecen (como ocurrió con la de Buendía y Laredo), presentan como verdaderas aquellas publicadas por los diarios fieles al PRI, como ocurre con El Sol de México.

    Apelan a la ingenuidad del electorado, piensan que la gente «se va a tragar su discurso». Pero mala noticia para ellos ya que esta postura contrasta con la de su candidato o con la postura que su candidato debería tomar: el candidato ciudadano que busca conciliación y mirar hacia el frente. Ellos creen que están acertando, pero la realidad es que más bien parecen ser un lastre. Basta ver las reacciones de los periodistas, no sólo la de Javier Risco, también la de Carlos Elizondo y la de Federico Reyes Heroles a quienes por momentos se les nota desesperados ya que el discurso del presidente del PRI no encaja con la realidad:

    Por más elocuente trate de ser, por más trate de disfrazarlo con la retórica y con el discurso, a Ochoa Reza se le ve tenso. Él sabe que el PRI está lejos de ganar la presidencia y los 9 estados que están en juego (como presume) y está muy cerca de perderlos todos. Si eso sucede muchos lo acusarán como responsable, aunque en realidad él poco puede hacer para contener la oleada de indignación que operará en contra de su partido en las elecciones venideras. 

    La gente no es tan tonta como ellos pueden pensar. Parece que no asimilan que su partido tiene muchos negativos y que su autoridad moral, de acuerdo con la percepción de gran parte de la población, arrastra por los suelos. Y cuando eso sucede, la fortaleza se termina confundiendo con la arrogancia. Cualquier paso en falso (que vaya, no son pocos) será aprovechado por la gente indignada como acto de catarsis.