El historiador Enrique Krauze quien hace más de 4 años publicara un artículo llamado «El Mesías Tropical» y que por eso fuera criticado por la izquierda como un «intelectualoide vendido de derechas» parece que ha cambiado de opinión, y es que hace poco afirmó que si en la campaña venidera López Obrador dejaba mostrar ese dogmatismo y culto a la personalidad consideraría votar por él. Krauze dice que López Obrador tiene una gran vocación social, no es una persona corrupta, es limpio, ama a México, se preocupa por la gente pobre y además el diagnóstico del país es válido. Aunque la medicina propuesta por AMLO es lo que hace ruido a «Enrique Krauze», es decir, al igual que Denise Dresser, el historiador piensa que López Obrador tiene el diagnóstico correcto pero las soluciones inadecuadas.
Es cierto que hemos visto un cambio en López Obrador, lo que a ciencia cierta no sabemos es si es un cambio verdadero o es simplemente un cambio «por encimita», por conveniencia alguna. De pronto de buenas a primeras salió con su propuesta de República Amorosa, como una forma precipitada de tratar de quitarse ese estigma por todas las impertinencias que realizó en los años pasados. En realidad López Obrador está haciendo lo que debe de hacer en la contienda, es más, creo que hasta la fecha es el que mejor está haciendo las cosas, pero lamentablemente la loza que arrastra el tabasqueño es muy pesada y será un gran reto poder deshacerse de ella. Muchas encuestas dicen que van en tercer lugar muy por abajo de Josefina Vázquez Mota, en otras es al revés, AMLO supera fuertemente a la candidata panista, y en alguna otra están técnicamente empatados por lo que no podemos saber a ciencia cierta que tanto le está funcionando su estrategia.
Yo coincido con Krauze, AMLO es una persona limpia, no tiene muchos indicios de corrupción (aunque si los tienen algunas personas que alguna vez fueron cercanas a él como Bejarano o Padierna) y también creo que ama a este país. Creo que la integridad de López Obrador está por arriba del político promedio, pero también me preocupa el mesianismo que todavía se respira, esa especie de culto a la personalidad que si, se ha atenuado pero persiste; ese dejo megalomaniaco resultado de la idiosincrasia mexicana donde se admiran a los ídolos de barro, y no se les termina de ver como lo que deberían de ser, seres humanos comunes y corrientes. Es cierto que últimamente ha mostrado algo de más flexibilidad, por ejemplo, López Obrador tanteaba generar 6 millones de empleos en un año (tal cual propuesta utópica foxistoide) pero el empresario Turner lo aterrizó y el tabasqueño terminó en reducir esa cifra.
El gabinete de López Obrador es otro de sus puntos a favor. Ni Vázquez Mota ni Peña Nieto han querido hablar de él (sobre todo este último, tomando en cuenta que Josefina acaba ser elegida candidata), los nombres barajeados por AMLO son bastante interesantes y todos están ubicados entre el centro y la izquierda moderada del espectro político, buen indicio porque estos posiblemente se encargarían de atenuar los «impulsos» de López Obrador, aunque claramente tampoco es una garantía dado que el Presidente tiene la facultad de remover a los miembros del gabinete cuando se le venga en gana.
Parece que López Obrador apunta a los problemas de fondo del país. Cosa que ni Peña Nieto ni Josefina (que se muestra evasiva al recibir preguntas sobre monopolios y educación), pero a veces las formas nos hacen pensar si no se le «pasará la mano», por ejemplo, acertadamente López Obrador quiere apostar por la ciencia, pero crear una nueva Secretaría como el propone robustecería la burocracía, en cambio podría apuntalar los organismos ya existentes. Con los monopolios sucedería algo parecido, habla de combatirlos lo que A Priori es bastante correcto y acertado, pero no sabríamos como lo haría, y sobre todo, ¿qué ocurriría con los monopolios públicos? Porque hablaba de restituír a una empresa ineficiente como lo fue Luz yFuerza del Centro.
López Obrador está en una posición donde creo tendría la capacidad (cosa que antes era impensable) de arrebatar algo de voto útil. Sobre todo porque las otras dos alternativas significan ya sea el continuismo (con Josefina Vázquez Mota) e incluso un retroceso al autoritarismo (con Enrique Peña Nieto), seguramente por sus capacidades tendrá más ventaja que sus contendientes, porque sinceramente de los tres es el que más experiencia tiene, y además es el que tiene más dotes de estadista. Obrador deberá seguir, cualquier intento de radicalización, o de una posición de «nosotros los buenos contra ustedes los malos» acabaría con cualquier posibilidad. Esperemos que el cambio de actitud de López Obrador sea genuino, así como sucedió con Lula da Silva o el Peruano Ollanta Humala que parecieran tener un historial parecido al de AMLO. Si es así, podría López Obrador representar un cambio, pero si en realidad es solo una envoltura que cubre al verdadero AMLO de hace 5 años, entonces su presencia en la silla de Los Pinos se podría considerar como riesgosa (aunque a mi gusto menos riesgosa que la llegada de Peña Nieto).
Confío en que tanto López Obrador como Josefina (quien deberá cambiar mucho) logren hacer una muy buena campaña. Estas elecciones se tratan de evitar que México regrese al PRI autoritario de antaño, y no es que todos los priístas sean malos; hablaríamos otra cosa si la candidata fuera no sé, Beatriz Paredes. Pero el PRI del Peña Nieto es la peor cara del partido tricolor, no necesitamos profundizar, solo con mencionar los nombres de Moreira, Carlos Salinas, Mario Marín, Arturo Montiel y algunos otros sabemos de lo que hablamos.
Calificación: 4 de 5
Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.
En México, en tan solo un año, se nos han ido 3 figuras intelectuales que marcaron época en la sociedad. Carlos Monsivais, Germán Dehesa y ahora Miguel Angel Granados Chapa. 3 figuras a las cuales muchos estaban acostumbrados a leer. Al primero, en el diario El Universal, a los otros dos, en el Reforma. Gran parte de estos personajes contribuyeron a la construcción de lo que podemos llamar «democracia» en México. Ellos vivieron las etapas más dolorosas de la represión autoritaria del PRI. En algún momento fueron silenciados y amenazados por el entonces Gobierno Federal. Estas 3 personas que menciono fueron partícipes en alguna forma del movimiento del 68 y conocieron las entrañas de un país que hasta le fecha no termina de «cuajar».
Enrique Krauze me cae bien, no lo niego, tenemos algunos puntos ideológicos en común (otros no tanto), es un gran historiador (si no es que el mejor de México), aunque también tiene sus bemoles. Es parte del consejo de Televisa y por ende, que yo sepa, nunca ha emitido crítica alguna contra esa televisora, el dice que si lo ha hecho, pero en una rigurosa búsqueda por Internet no encontré nada. Ese compromiso con la televisora se nota en las obras históricas que ha escrito. Explica muy bien sobre lo de Tlatelolco, pero nunca menciona el nefasto papel que tuvo la televisora al censurar lo realmente ocurrido. Lo mismo en las elecciones del 88 donde el acepta que hubo un fraude (encubierto por Televisa).
Me cuesta trabajo creer que este 2010 se vaya a celebrar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Me cuesta trabajo creer que nos ha tocado vivir en una fecha histórica para la nación. ¿Por qué?. Porque la verdad si de festejar fechas memorables se trata, estamos haciendo el ridículo. No solo por el poco contagio sobre la importancia de estas fiestas a la población, sino por lo inocuo, banal, y superficial que está resultando todo esto. Creo que en los festejos del Bicentenario, está quedando más que patente que al gobierno le conviene mantener al pueblo ignorante.