Etiqueta: Enrique Krauze

  • Andrés Manuel López Obrador ¿será verdad o será el sereno?

    López Obrador y Cuauhtemoc CárdenasEl historiador Enrique Krauze quien hace más de 4 años publicara un artículo llamado «El Mesías Tropical» y que por eso fuera criticado por la izquierda como un «intelectualoide vendido de derechas» parece que ha cambiado de opinión, y es que hace poco afirmó que si en la campaña venidera López Obrador dejaba mostrar ese dogmatismo y culto a la personalidad consideraría votar por él. Krauze dice que López Obrador tiene una gran vocación social, no es una persona corrupta, es limpio, ama a México, se preocupa por la gente pobre y además el diagnóstico del país es válido. Aunque la medicina propuesta por AMLO es lo que hace ruido a «Enrique Krauze», es decir, al igual que Denise Dresser, el historiador piensa que López Obrador tiene el diagnóstico correcto pero las soluciones inadecuadas.

    Es cierto que hemos visto un cambio en López Obrador, lo que a ciencia cierta no sabemos es si es un cambio verdadero o es simplemente un cambio «por encimita», por conveniencia alguna. De pronto de buenas a primeras salió con su propuesta de República Amorosa, como una forma precipitada de tratar de quitarse ese estigma por todas las impertinencias que realizó en los años pasados. En realidad López Obrador está haciendo lo que debe de hacer en la contienda, es más, creo que hasta la fecha es el que mejor está haciendo las cosas, pero lamentablemente la loza que arrastra el tabasqueño es muy pesada y será un gran reto poder deshacerse de ella. Muchas encuestas dicen que van en tercer lugar muy por abajo de Josefina Vázquez Mota, en otras es al revés, AMLO supera fuertemente a la candidata panista, y en alguna otra están técnicamente empatados por lo que no podemos saber a ciencia cierta que tanto le está funcionando su estrategia.

    Yo coincido con Krauze, AMLO es una persona limpia, no tiene muchos indicios de corrupción (aunque si los tienen algunas personas que alguna vez fueron cercanas a él como Bejarano o Padierna) y también creo que ama a este país. Creo que la integridad de López Obrador está por arriba del político promedio, pero también me preocupa el mesianismo que todavía se respira, esa especie de culto a la personalidad que si, se ha atenuado pero persiste; ese dejo megalomaniaco resultado de la idiosincrasia mexicana donde se admiran a los ídolos de barro, y no se les termina de ver como lo que deberían de ser, seres humanos comunes y corrientes. Es cierto que últimamente ha mostrado algo de más flexibilidad, por ejemplo, López Obrador tanteaba generar 6 millones de empleos en un año (tal cual propuesta utópica foxistoide) pero el empresario Turner lo aterrizó y el tabasqueño terminó en reducir esa cifra.

    El gabinete de López Obrador es otro de sus puntos a favor. Ni Vázquez Mota ni Peña Nieto han querido hablar de él (sobre todo este último, tomando en cuenta que Josefina acaba ser elegida candidata), los nombres barajeados por AMLO son bastante interesantes y todos están ubicados entre el centro y la izquierda moderada del espectro político, buen indicio porque estos posiblemente se encargarían de atenuar los «impulsos» de López Obrador, aunque claramente tampoco es una garantía dado que el Presidente tiene la facultad de remover a los miembros del gabinete cuando se le venga en gana.

    Parece que López Obrador apunta a los problemas de fondo del país. Cosa que ni Peña Nieto ni Josefina (que se muestra evasiva al recibir preguntas sobre monopolios y educación), pero a veces las formas nos hacen pensar si no se le «pasará la mano», por ejemplo, acertadamente López Obrador quiere apostar por la ciencia, pero crear una nueva Secretaría como el propone robustecería la burocracía, en cambio podría apuntalar los organismos ya existentes. Con los monopolios sucedería algo parecido, habla de combatirlos lo que A Priori es bastante correcto y acertado, pero no sabríamos como lo haría, y sobre todo, ¿qué ocurriría con los monopolios públicos? Porque hablaba de restituír a una empresa ineficiente como lo fue Luz yFuerza del Centro.

    López Obrador está en una posición donde creo tendría la capacidad (cosa que antes era impensable) de arrebatar algo de voto útil. Sobre todo porque las otras dos alternativas significan ya sea el continuismo (con Josefina Vázquez Mota) e incluso un retroceso al autoritarismo (con Enrique Peña Nieto), seguramente por sus capacidades tendrá más ventaja que sus contendientes, porque sinceramente de los tres es el que más experiencia tiene, y además es el que tiene más dotes de estadista. Obrador deberá seguir, cualquier intento de radicalización, o de una posición de «nosotros los buenos contra ustedes los malos» acabaría con cualquier posibilidad. Esperemos que el cambio de actitud de López Obrador sea genuino, así como sucedió con Lula da Silva o el Peruano Ollanta Humala que parecieran tener un historial parecido al de AMLO. Si es así, podría López Obrador representar un cambio, pero si en realidad es solo una envoltura que cubre al verdadero AMLO de hace 5 años, entonces su presencia en la silla de Los Pinos se podría considerar como riesgosa (aunque a mi gusto menos riesgosa que la llegada de Peña Nieto).

    Confío en que tanto López Obrador como Josefina (quien deberá cambiar mucho) logren hacer una muy buena campaña. Estas elecciones se tratan de evitar que México regrese al PRI autoritario de antaño, y no es que todos los priístas sean malos; hablaríamos otra cosa si la candidata fuera no sé, Beatriz Paredes. Pero el PRI del Peña Nieto es la peor cara del partido tricolor, no necesitamos profundizar, solo con mencionar los nombres de Moreira, Carlos Salinas, Mario Marín, Arturo Montiel y algunos otros sabemos de lo que hablamos.

  • Redentores, ideas y poder en América Latina – Enrique Krauze

    Calificación: 4 de 5

    Había quedado algo decepcionado con el libro «De Heroes y Mitos» que lanzó Enrique Krauze el año pasado con motivo del Bicentenario, lo noté algo escueto y divagante, no me llegó a cautivar la lectura y lo terminé leyendo, por terminar de leerlo. Un año después saca el libro Redentores, ideas y poder en América Latina. Un compendio de aproximadamente 500 hojas que trata sobre las biografías de quienes Enrique Krauze considera los principales redentores, los menciono en orden de aparición: José Martí, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, José Carlos Mariátegui, Octavio Paz, Eva Perón, Che Guevara, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Samuel Ruiz, Subcomandante Marcos y Hugo Chávez. Lo que llama la atención primero de esta obra es el muy buen diseño gráfico de la carátula, muy a la Andy Warhol, y en general el formato físico del libro es bastante diferente a los libros que ha presentado Enrique Krauze, además no lo hace con la editorial Tusquets como lo venía haciendo, sino con la editorial Debate.

    A lo que trata de llegar Enrique Krauze con este libro, es a una defensa tácita de la democracia liberal sobre el redentorismo y el caudillismo. Este último surge por los niveles de desigualdad que existe en la región, y se torna más atractivo que la democracia liberal. Hasta aquí todo bien y creo que el análisis histórico es bastante bueno y loable. Algunas de las biografías son muy extensas, en especial la de Octavio Paz, quien fue su amigo, esa biografía se lleva casi el tercio del libro; en cambio otras biografías, como la de Evita Perón y en menor medida, la del Subcomandante Marcos, son muy pequeñas y solo abarcan unas cuantas páginas. Me quedé con las ganas de saber más de Evita Perón y sinceramente su biografía tiene el mismo tamaño que su artículo de Wikipedia.

    Es curioso, porque Enrique Krauze siempre se ha considerado «de izquierda», pero parece tener una obsesión mayor con el marxismo que con las doctrinas de derecha como el fascismo. Tal vez por eso se explica que haya olvidado el pequeño gran detalle de incluir la biografía de Augusto Pinochet, que me parecía indispensable en una obra como esta. La gran mayoría de los redentores que presenta son marxistas, guerrilleros, comunistas (en alguno que otro caso, que con el tiempo se recorrieron al centro político como Octavio Paz), teólogos de la liberación; y del los 12 personajes podemos señalar solo a 3 que han mostrado tendencias políticas inclinadas a la derecha, como Eva Perón que simpatizaba con el nazismo (pero a la vez junto con su esposo, despilfarraban dinero en actividades populistas), José Vasconcelos quien fue un liberal y que en sus últimos años se vió atraído por el fascismo y el nazismo; y Mario Vargas Llosa, que más que presentarlo como un redentor, se nota la clara intención de publicar su biografía para contraponerla con la de Gabriel García Márquez.

    Javier Sicilia criticó este libro, el cual dijo que ciertamente tiene un análisis histórico impecable en relación con los redentores, pero que no toca para nada la democracia liberal que impera en el mundo. Entiendo la postura del poeta, pero creo que dada la tesis de este libro, no había ninguna necesidad de hacer esa crítica en esta obra. Lo que Sicilia deja entrever y yo he mencionado que es uno de los defectos de Krauze, es que emite una muy poca (o nula) crítica contra los defectos de la democracia liberal,  ya no para desacreditarla sino para corregirla. Un claro ejemplo es la ortodoxia neoliberal (que bien no viene implícita con la democracia liberal, y mucho menos son sinónimos, pero si se alimenta de ella), de la cual prácticamente no ha hecho ninguna crítica. Tampoco emite críticas contra la derecha latinoamericana o la estadounidense, inclusive tuvieron que pasar 11 años, para que Enrique Krauze dijera públicamente que el PAN se ha desempeñado mal en estos dos sexenios, y lo hizo en el programa de Carmen Aristegui donde presentó este libro.

    No me cabe duda que Enrique Krauze es mucho mejor historiador que analista. Sus libros realmente son buenos y en la mayoría de los casos documenta la historia desde una postura «no dogmática», el libro de «Redentores» no es la excepción; pero como analista creo que deja que desear, sobre todo porque dice que la democracia liberal es la menos peor, pero no hay propuesta alguna para mejorarla, no habla del papel que la ciudadanía debe de tener (que se me hace indispensable) y tampoco critica las ortodoxias neoliberales (o más bien corporativistas) que a veces emanan de esta, que más que ser propias de la democracia, son una tergiversación y una corrupción de las ideas liberales.

    Con todo y esto, el libro es muy recomendable, porque Krauze tuvo el tino de hilar una historia de América Latina con las biografías. El lector aprenderá no solo biografías de personales, sino una historia de nuestro continente; y además este libro se presta para que el lector siga investigando e indagando más por otros medios posteriormente.

  • México necesita líderes cívicos

    Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.

    El trabajo que ha hecho Sicilia para transmitir su mensaje de paz ha sido árduo, ha recorrido toda la República, ha hablado dos veces con Felipe Calderón (donde Sicilia se ha topado con un muro inquebrantable) y ha sufrido asesinatos de gente cercana a él, como es el caso de Nepomuseno, aunándole la muerte de su hijo que fue el motivo para que el poeta dejara de escribir y se inclinara al activismo. Pero Sicilia no es un hombre hambriento de poder, quiere cambiar las cosas desde la civilidad, es un lider que mueve masas, pero no las manipula, no les ofrece algo a cambio, más que el concientizarlos sobre la situación de inseguridad que está viviendo el país.

    Es cierto, que los líderes cívicos necesitan tener cierta relación con el gobierno y saber manejar sus hilos de poder, mientras estos no sean penetrados por ellos. Así lo ha hecho Sicilia al reunirse con el Presidente en el Castillo de Chapultepec. Es cierto que los líderes cívicos, al darle completamente la espalda al gobierno, pierden influencia. Los líderes necesitan de él, pero para eso es necesario contar con el apoyo de su gente para poder incidir en las decisiones gubernamentales. Croe que solo de esta forma, se puede lograr una mayor cercanía entre el gobierno y el pueblo. Si los gobernantes no están dispuestos a acercarse, entonces el pueblo lo debe de hacer, y lo debe de exigir. Los líderes cívicos no solo deben estar representados en una sola persona, también pueden estar representados por ONG’s, organizaciones civiles, y redes ciudadanas, las cuales tienen la ventaja (que muchas veces el gobierno no tienen) de estudiar e informarse bien sobre las causas que defienden.

    A diferencia del «redentor», el lider cívico no se alimenta de una sociedad paternalista, por el contrario, reúne a gente que tenga una visión en común y quiera cambiar diversas situaciones que viva una sociedad conflictuada. El lider cívico no debe de formar solamente seguidores, más bien debe generar más líderes. Gente autónoma que trabaje por las mismas causas y que no dependan de un ente paterno para trabajar. En México hemos conocido muchos redentores, López Portillo, Echeverría, Vicente Fox, López Obrador, Peña Nieto, los cuales han enarbolado temas justicieros pero que al final lo que más les ha interesado es el poder. La ambición de un líder cívico (que no podemos negar su ambición como condición natural del ser humano) debe de ser el saberse agente de un cambio en pro de la sociedad y no una persona que ha acumulado poder y ha sido elevado en un altar, he ahí la pequeña gran diferencia entre esas dos figuras.

    Una de las tantas claves en el progreso del país es cambiar de los líderes paternalistas a los líderes cívicos. Y también, hago énfasis, en que la sociedad debería cambiar y asimilar dicho cambio como tal. No como alguien que les proveera beneficios, sino como un agente que los movera a que ellos busquen los cambios por ellos mismos.

     

  • Escasez de intelectuales

    En México, en tan solo un año, se nos han ido 3 figuras intelectuales que marcaron época en la sociedad. Carlos Monsivais, Germán Dehesa y ahora Miguel Angel Granados Chapa. 3 figuras a las cuales muchos estaban acostumbrados a leer. Al primero, en el diario El Universal, a los otros dos, en el Reforma. Gran parte de estos personajes contribuyeron a la construcción de lo que podemos llamar «democracia» en México. Ellos vivieron las etapas más dolorosas de la represión autoritaria del PRI. En algún momento fueron silenciados y amenazados por el entonces Gobierno Federal. Estas 3 personas que menciono fueron partícipes en alguna forma del movimiento del 68 y conocieron las entrañas de un país que hasta le fecha no termina de «cuajar».

    Ellos ya se fueron, pero la pregunta es ¿quién ha llegado para suplirlos?. Es una pregunta difícil de contestar. Existen otras personas más jóvenes nacidas en la década de los 60’s como Denise Dresser, Carmen Aristegui (esta última más que intelectual es una periodista) o el libertario Sergio Sarmiento, pero en realidad no se ven intelectuales que suplan a la vieja ola que está por irse, en la juventud mexicana no vemos quienes estén dispuestos a tomar ese papel.

    La doctrina neoliberal (que paradójicamente está sustentada en las ideas de intelectuales como Ayn Rand, Friedrich Hayek o Ludwig von Mises) ha provocado que en la educación se priorice la técnica sobre las humanidades. Para muchos economistas y políticos de derecha, la filosofía y las ciencias sociales son una pérdida de tiempo, porque afirman que no producen valor agregado a la economía, como si esta fuera la única que determinara el desarrollo de un país. Entonces en un ambiente así, los espacios para los filósofos, sociólogos y estudiosos de las ciencias sociales se reducen. Es cierto, hay muchos mexicanos que optan estas carreras, y de hecho son muchos (si no es que demasiados), pero en un ambiente económico puramente mercantilista no encuentran un lugar donde expresar sus ideas.

    México ha sido un país rico en ciencias sociales (sobre todo por la influencia europea), pero esa riqueza parece diluírse. El problema que debe preocupar en México sobre la pérdida de la intelectualidad no tiene que ver tanto con el desarrollo económico, sino con la procuración de la democracia y la justicia. Ellos se encargan de analizar el panorama social y político de México y a su vez lo hacen accesible al público. Ellos no producen riqueza per sé, pero si son capaces de analizar el sistema social y económico desde su punto de vista, mostrarnos sus virtudes y sus defectos, logran desmenuzar la problemática del país y generar conciencia en los ciudadanos.

    No solo eso, también ellos son capaces de relatarnos nuestra historia (como bien lo hace Enrique Krauze) y de hacernos conscientes sobre las bases en la que está cimentada nuestra sociedad. Y ahí es donde fallan los tecnócratas que se empecinan en ignorar a los intelectuales, puesto que ellos aplican recetas económicas sin analizar sobre la base social y la idiosincrasia de la nación, como si meras fórmulas y tecnicismos económicos fueran a traer el progreso de una nación. Los intelectuales son capaces de mostrar esa base, y si los tecnócratas o economistas no fueran cerrados ante el análisis de los primeros, podrían aplicar sus teorías económicas adaptadas a la realidad de la nación.

    Las naciones más prósperas son aquellas que saben utilizar un correcto balance entre la correcta aplicación de políticas económicas y fomento del emprendurismo, y el fomento a las ciencias humanísticas y sociales. Por eso países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Suiza, entre otros, gozan de un gran nivel de vida. La economía de mercado y la tecnocracia no debería ser un sustituto del intelectualismo, más bien deberían de complementarse y retroalimentarse. Pero el día en que desaparezcan los intelectuales en pro de una economía consumista y mercantilista, estaremos serios problemas.

  • Cerebro Vs Enrique Krauze

    Enrique Krauze me cae bien, no lo niego, tenemos algunos puntos ideológicos en común (otros no tanto), es un gran historiador (si no es que el mejor de México), aunque también tiene sus bemoles. Es parte del consejo de Televisa y por ende, que yo sepa, nunca ha emitido crítica alguna contra esa televisora, el dice que si lo ha hecho, pero en una rigurosa búsqueda por Internet no encontré nada. Ese compromiso con la televisora se nota en las obras históricas que ha escrito. Explica muy bien sobre lo de Tlatelolco, pero nunca menciona el nefasto papel que tuvo la televisora al censurar lo realmente ocurrido. Lo mismo en las elecciones del 88 donde el acepta que hubo un fraude (encubierto por Televisa).

    También Krauze se ha caracterizado por ser muy complaciente con el gobierno en turno (la única vez que ví criticarlo fue relativo a los festejos del Bicentenario), a pesar de que su «supuesta linea ideológica» es diferente a la del Presidente. Krauze se define como «izquierda liberal», y Calderón es de la «derecha conservadora». Es cierto, ambas ideologías están abiertas a la globalización y al mercado (aunque la linea de Krauze supone la intervención parcial del gobierno en la economía), pero en lo social, deberían tener conceptos muy diferentes sobre el quehacer político, pero parece en la práctica que para Krauze no es así.

    La crítica que vengo a hacer ahora viene de un artículo que escribió llamado concenso contra el crimen (el cual pueden consultar aquí). El dice que su artículo que no hay un «repudio generalizado contra el crimen«, pero se contradice al mostrar las cifras. Dice que hay un 83% de la población que apoya el uso del ejército. Solo el 17% lo rechaza, y no significa que ese porcentaje no repudie al crimen, sino que no creen en que se deba sacar al ejército para combatirlo. A mi punto de vista, el concenso contra el crimen que menciona Krauze, si existe en la mayoría de la población, casi todos estamos en contra de los narcotraficantes y estamos hartos de la violencia que generan. El pone el ejemplo de la ETA en España y el caso de Colombia. De como el concenso de la población en contra de ellos ayudó para minar su poder e influencia.

    Dice Krauze, que lo que no permite generar ese concenso es el rechazo a la estrategia de seguridad de Calderón. En realidad solo un pequeño porcentaje de los mexicanos la rechaza por completo. Lo que criticamos muchos de los mexicanos no son los «qués» sino los «comos», hay un repudio hacia la estrategia de Calderón porque estuvo muy mal planteada desde su origen y ese mal diseño de la estrategia provocó una escalada de violencia, la cual no hubiera ocurrido (o hubiera sido más tenue) si la hubiera planteado de otra forma. El mismo Krauze dice, que el concenso nacional contra el crimen no supone en absoluto el apoyo a la política de Calderón y menciona las discrepancias que tiene Krauze con la política de Felipe Calderón: Se puede -es mi caso- criticar el énfasis en el ángulo militar del problema. Y se debe, con mucho mayor razón, deplorar la falta de resultados en temas cruciales como el lavado de dinero, la vigilancia de las aduanas o las ligas corruptas entre el poder y el crimen.

    Dice que se critica al gobierno y que a los criminales se les deja en segundo plano, los cuales tienen sus 15 minutos de fama, se desvanecen, van a la cárcel, y muchos recobran su libertad. Que yo sepa, todos sabemos quien es el JJ, La Barbie, o los Beltran Leyva; y también conocemos a narcos a los cuales no se ha tocado como el Chapo Guzmán. Todos sabemos quienes son los Zetas, conocemos su poder y su falta de escrúpulos, conocemos a La Familia (ahora templarios). Si algunos de los criminales recobran su libertad, es entonces responsabilidad del gobierno y de las débiles instituciones que permite que terminen fuera de prisión. Hay un concenso generalizado en que todos los queremos tras las rejas, e incluso muchos piden la pena de muerte.

    Es cierto, que cuando ocurre una tragedia relacionada con el narcotráfico normalmente los ojos de la población apuntan al gobierno y no a los criminales. Sucede por lo mismo, la gente ve estos atentados como resultado de una estrategia fallida en contra del narcotráfico. La población podrá condenar a los maleantes, pero sabe que ellos seguirán con su mismo propósito mientras las condiciones sigan igual. El que tiene el poder de cambiar las circunstancias del juego es el gobierno, y si a 5 años de haber iniciado una guerra contra el narcotráfico las cosas están saliendo así, es porque necesariamente se necesita replantear la estrategia. En este caso yo estoy de acuerdo con que la población recrimine al gobierno, por su capacidad de cambiar las cosas, porque él es el que tiene el poder para regresar la paz, habrán muchas teorías entre los ciudadanos, muchas discrepancias, pero lo que exigen al gobierno es la paz.

    Cita Krauze a Sicilia donde dicen: «Los delincuentes también son víctimas», aquí le tomo la palabra a Krauze y creo que Sicilia si peca de ingenuo. Yo creo que los delincuentes fueron víctimas hasta que decidieron transformarse en delincuentes, pasaron de ser de víctimas a victimarios, las personas tienen la decisión de pasarse al otro bando. Pero Sicilia tiene mucha razón al decir que hay que analizar el tejido social y ver porque los niños crecieron y se volvieron así. Ahí está el punto neurálgico, lo que se tuvo que combatir primero para evitar el engrosamiento de personas a las filas del narco. Eso Calderón no lo tomó en cuenta y por eso los resultados están como están.

    Sicilia hace una correlación entre pobreza y crimen, Krauze nos dice que esta correlación está basada en la teología moral católica, que llega a atenuar la gravedad del crimen mediante la comprensión de sus causas y determinaciones. Hay una correlación entre pobreza y crimen, la cual dice Krauze que es falsa, que hay narcotraficantes con estudios (los cuales en realidad terminan importando poco cuando hay falta de oportunidades). Yo creo que aquí no les doy la razón ni a Sicilia ni a Krauze, la correlación correcta sería entre desigualdad y crimen. Un ejemplo es si comparamos a Cuba con Brasil. Cuba es pobre pero es igualitaria y sus índices de criminalidad son bajos, Brasil es un país más rico que Cuba pero es muy desigual y los índices de criminalidad son altos. Lo mismo sucede si comparamos a Estados Unidos (más desigual) con varios países europeos (menos desigual).

    Es cierto que no nos podemos esperar a tener altos índices de educación y riqueza (yo le agregaría una mejor distribución de la riqueza). El problema ya esta ahí y hay que tomar medidas correctivas, no se puede negociar con los cárteles ni rendirse ante el narcotráfico. Pero también se necesita un cambio de estrategia. Krauze sugirió algunos puntos como el lavado de dinero y la seguridad en las aduanas. Pero hay que implementar desde ya las medidas preventivas para que cuando se empiecen a debilitar los cárteles, exista la menos gente posible que pueda engrosar sus filas.

    Es cierto, todo el estado tiene el deber de ejercer en un marco de la legalidad, la violencia para proteger al pueblo. Pero esta debe de ir acompañada de otras medidas. En una guerra contra otro país bastará con usar la violencia, pero cuando el problema es interno, se debe paliar el origen de raiz que provoca dicho problema. Y creo que ahí Calderón se equivocó. Antes de utilizar los métodos violentos, debió utilizar los «no violentos» para debilitar al crimen. Utilizando los sistemas de inteligencia, rastreando lavado de dinero, reduciendo la corrupción en las instituciones, y comenzar a recomponer el tejido social, para que así cuando se utilicen los métodos violentos, el crimen organizado esté debilitado, pero Calderón hizo las cosas al revés y están las consecuencias. Ahora que quiere meter una reforma sobre el lavado de dinero, queda parada por intereses políticos, cuando antes del 2009 hubiera podido pasar.

    El combate al crimen ya no se puede postergar porque ya «se metió la pata» y ya salieron las cucarachas. Los errores de Calderón durante 5 años trajeron esta escalada de violencia, pero puede recomponer el barco. Claro, los resultados tardarán en llegar, pero no existe otra alternativa. Para generar más concenso el presidente debería de ganar legitimidad, recordemos que el 49% de la población cree que ganó las elecciones por medio de unas elecciones fraudulentas y si decidiera recontar todas las boletas (en caso de que si haya sido el ganador) ganaría más legitimidad por parte de la población. Pero creo que ya es demasiado tarde  sabiendo que solo falta un año para que deje el poder. Creo que lo que más puede hacer es enderezar el barco y replantear la estrategia lo más que pueda a su alcance, para que el siguiente mandatario siga con ella.

    Krauze ignora o no menciona otro punto. El fenómeno del narcotráfico se debe a que el consumidor es Estados Unidos, mientras ellos no reduzcan el consumo, el narcotráfico difícilmente dejará de existir. El problema es muy complejo, tan complejo que no solo se puede solucionar por medio de la violencia, se necesitan otros métodos y es importante empezarlos a usar ya.

    El concenso creo que existe, pero es necesario que el gobierno nos demuestre que va por el camino correcto para que esto se fortalezca. Y yo también pienso que la sociedad se unirá cada vez más en contra del narcotráfico. Las autoridades tienen la palabra.

     

  • El Bicentenario de la Independencia. O el Centenario de la Revolución, ¡Una mentada de madre!.

    Me cuesta trabajo creer que este 2010 se vaya a celebrar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Me cuesta trabajo creer que nos ha tocado vivir en una fecha histórica para la nación. ¿Por qué?. Porque la verdad si de festejar fechas memorables se trata, estamos haciendo el ridículo. No solo por el poco contagio sobre la importancia de estas fiestas a la población, sino por lo inocuo, banal, y superficial que está resultando todo esto. Creo que en los festejos del Bicentenario, está quedando más que patente que al gobierno le conviene mantener al pueblo ignorante.

    Los pocos intelectuales que quedan en el país como Enrique Krauze o Sergio Sarmiento, se quejan de esto. El propio Krauze le achaca el problema al partido que está en el poder en este sexenio. Pero creo que este problema va mucho más lejos. Lo poco que se ha presentado sobre el Bicententenario hasta la fecha se ha montado como un show mediático. Lo más que el mexicano promedio ha visto es el «Torneo Bicentenario de Futbol» (que es lo mismo que la liga de apertura pero renombrado), el partido México vs España (aburridísimo), y para acabarla de contar, «La Academia Bicentenario. Si eso no es ridículo ¿entonces que es?». ¿Donde quedó la discusión sobre la historia de nuestro país, sobre los supuestos heroes o los que no lo fueron tanto?.

    Parece que ni la mercadotecnia se ha encargado de hacer su labor. Me doy una paseada por el Sanborns o por la Ghandi y veo muy, pero muy pocas obras nuevas relacionadas con estos festejos, y algunas de muy poca calidad, y muy oficialistas. De hecho muchas de estas ya habían sido publicado con antelación y ninguno fué publicado con motivo de las fiestas patrias, como la Trilogía de Enrique Krauze, los libros de Catón sobre Hidalgo o Juárez, o bien, los libros de Francisco Martín Moreno, que son me atrevo a decir uno de los máximos referentes de estos sucesos si de autores contemporaneos se trata.

    Dicen que Televisa va a sacar una telenovela próximamente relacionado con la Independencia (por Dios, como nos vamos a cultivar con eso), que el presidente Calderón y sus compinches gastaron 690 millonsotes de pesos para hacer un show pirotécnico lleno de algarabía, y pa’l colmo del PAN, lo van a hacer todo con un toque de malinchismo, como menciona Sergio Sarmiento en su columna de hoy. El show pirotécnico estará a cargo de Ric Birch (australiano), y hasta van a traer al multimedallísta mariguano olímpico Michael Phelps quien va a hacer una breve aparición. Nada más falta que traigan a Dick Sucker de stripper disfrazado de Benito Juárez con tanga para que les baile a las mexicanas, ¡Háganme el favor!.

    ¿Pero quien va a reflexionar sobre los que lucharon por nuestro país?, ¿dentro de todo esto, donde queda Hidalgo, Morelos, Iturbide, Benito Juárez, Miramón, Maximiliano, Porfirio Díaz, Madero, Obregón, Carranza, Zapata, Villa?. ¿Donde queda las reflexiones de los intelectuales como Lucas Alamán o Cosío Villegas, de Carlos Fuentes o de Octavio Paz?. ¿Donde queda aquella reflexión histórica que deberíamos ejercer para no repetir los mismos errores y renovarnos como mexicanos?. Todas esas reflexiones han quedado en la basura.

    Krauze destaca algunos pocos intentos que se han hecho para traer estos temas a la discusión, como Discutamos México u Orgullo Municipal. Pero es muy poco lo que se está haciendo. Hasta el tema oficial del bicentenario a cargo de Alex Syntek fue duramente criticado por mucha gente. No se que tenía en la cabeza Alfonso Lujambio, titular de la SEP, cuando le encomendaron esta ardua tarea de realizar los festejos del Bicentenario.

    Lamentablemente el gobierno desea un pueblo sin memoria histórica. Puesto que un pueblo ignorante es un pueblo más fácil de manipular. Que triste.

  • La Trilogía de la historia nacional de Enrique Krauze

    Calificación: 4.5 de 5

    Hoy vengo a reseñar no un libro, sino tres, que forman todo un compendio de la historia mexicana narrado por uno de los mejores historiadores: Enrique Krauze. Libros que todo mexicano debería leer para conocer su historia, libros que le darán respuestas a todas esas preguntas que el mexicano se hace como: ¿por qué los mexicanos somos así?.

    Creo que es mas útil reseñar toda la colección como una cosa y no libro por libro porque siguen una misma linea narrativa. Pero si explicaré que «Siglo de Caudillos» abarca desde los inicios de la lucha por la independencia (1810) hasta Porfirio Díaz. «Biografía del Poder» abarca la revolución mexicana hasta que se institucionaliza (desde Madero hasta Cárdenas que fué el último presidente verdaderamente revolucionario), y «La Presidencia Imperial» abarca desde los inicios de ese PRI postrevolucionario (corruptil y demagógico) hasta la fecha en que Krauze termina este último libro (1997, 3 años antes del inicio de la democracia y la caída del régimen priísta).

    Uno de los principales aciertos de esta colección, es que «humaniza» a todos los actores históricos de México. L0s baja del pedestal mítico al que los subió la historia oficial y revolucionaria que nos hemos tenido que tragar en la escuela, pero tampoco cae en el otro extremo de convertir a los buenos en malos o los malos en buenos (como ha intentado hacer la derecha).

    Esta colección, dentro de lo que cabe es objetiva. Es de notar que el autor Enrique Krauze se esforzó por ser lo mas objetivo posible, y basó su tesis en los hechos, los testimonios y su conocimiento, mas que en su ideología y creencias. Vemos como aún siendo liberal, Krauze reconoce al conservador Lucas Alamán, y no se la piensa dos veces por mencionar los errores de aquellos liberales por los cuales el mismo Krauze siente admiración (el autor no niega que Benito Juárez estuvo apunto de regalar la soberanía de nuestro país a Estados Unidos en el tratado McLane-Ocampo o que alguna vez cometió fraude electoral).

    También humaniza a los revolucionarios. Los podemos lograr entender más gracias a este esfuerzo de Enrique Krauze. Y también a los priístas, que a la vez que eran autoritarios y antidemocráticos, también eran humanos y se comportaban como tales. No solo se analiza el comportamiento de los actores en el poder, sino desde su infancia y juventud, para que de esta manera podamos conocer a fondo como eran.

    La línea histórica es continua, lo cual nos permite ver como se van conjugando las cosas para llegar hasta nuestro estadio actual. Krauze recurre a la figura del Tlatoani para explicar el sistema autoritario del PRI, y también la cultura del  «pan o palo«, que se originó con Porfirio Díaz, y que siguió vivo durante todo el régimen priísta (y que tampoco han hecho a un lado ni el PAN ni el PRD). Cultura que consistía en dar pan (favores, dinero, puestos etc…) a los opositores para apaciguarlos, o palo (represión, muertes) para el mismo efecto.

    Aquí no solo podemos aprender sobre la historia de México, porque además Krauze menciona lo que sucede en el mundo (o sucedió) y la influencia que tuvieron esos acontecimientos en nuestra historia: La Revolución Francesa, las guerras mundiales, la guerra civil estadounidense, la guerra entre el comunismo y el capitalismo y las repercusiones que tuvo el combate de ideologías en el país. El lector también aprenderá sobre formas de pensar ideológicas sin necesidad de haber tenido un conocimiento previo, y más bien, lo ayudará a que posteriormente consulte otras fuentes para conocerlas.

    Al ser un intelectual, Krauze nos muestra también la historia de la intelectualidad mexicana. Como interactúan con el poder, y la influencia que tuvieron y tienen en el país. Podemos conocer desde intelectuales como Lucas Alamán, hasta Cosío Villegas, Carlos Fuentes, Carlos Monsivais u Octavio Paz, y su participación a lo largo de la historia del pais.

    Creo que el único fallo es no mencionar el papel de la televisión en las últimas décadas, la cual fué muy importante. Se mencionan mucho los medios impresos como la revista Siempre!, Vuelta, periódicos como El Universal, Excelsior. Pero por alguna extraña razón la TV queda totalmente del lado, ¿no será por sus capítulos de México XXI en Televisa?.

    También me dejó con las ganas de conocer mas sobre la relación de Juárez y Díaz con la masonería. Krauze habla de la influencia masónica y sus diferentes corrientes con profundidad, pero casi no menciona nada sobre la influencia que tuvo esta corriente en Benito Juárez y Porfirio Díaz. Krauze menciona que  «a la vuelta de la casa donde vivía Juarez había un centro de reunión masónica» sugiriendo que fué masón (igual con Porfirio), pero cuando crees que Krauze lo va a contar todo, termina sin decir nada mas, dejando al lecto con la expectativa. ¡Me cae que también eres masón Krauze!.

    Esta es una grán colección que nadie se debe perder. Y más ahora que está de moda sacar libros históricos con un fuerte sesgo ideológico.

  • Carlos Salinas de Gortari. «El Hombre que Quiso Ser Rey»

    Les dejo un muy buen documental elaborado por Enrique Krauze sobre el gobierno de Salinas que encontré. Es muy interesante para entender parte de la historia moderna e nuestro país, inclusive los sucesos que ocurren en el día de hoy, ojalá les guste.

    En el documental participa gente polémica como López Obrador (que estaba mas cuerdo en ese entonces), Vicente Fox, Luis H. Álvarez, o Lorenzo Meyer.