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  • ¿De verdad se parecen López Obrador y Donald Trump?

    ¿De verdad se parecen López Obrador y Donald Trump?

    ¿De verdad se parecen López Obrador y Donald Trump?

    Últimamente, en mis redes sociales han aparecido diversos artículos, memes y opiniones sobre el parecido entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump. De igual forma, son cada vez más voces las que se han sumado para refutar esa comparación, reduciéndola a un meme. Hay quienes dicen que quienes hacen esta comparación la hacen de forma tramposa, unos llegan al extremo de decir que la guerra sucia ya ha comenzado. Otros insisten en que son iguales, que no hay nada diferente entre ellos dos.

    ¿AMLO y Trump se parecen?

    Decir que AMLO y Trump se parecen es como decir que Hitler y Stalin se parecen. Ciertamente Hitler y Stalin se encontraban en los extremos políticos opuestos, uno en la extrema derecha y otro en la extrema izquierda, ideológicamente tenían muchas diferencias. Pero ¿era más parecido Hitler a Stalin que Hitler a Churchill o Stalin a Churchill? La respuesta es que sí.

    Sería una exageración decir que Trump es Hitler (a pesar de sus manifestaciones que rayan en el fascismo) y más que López Obrador es Stalin, y por lo tanto, podemos concluir que los contemporáneos no se ubican en un lugar tan extremo ideológicamente como los primeros dos, pero lo cierto es que quienes se ubican muy a la derecha y muy a la izquierda suelen parecerse más entre ellos (aunque sean enemigos declarados) que con relación a quienes se encuentran en el centro, como lo muestra la teoría de la herradura:

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    Si comparamos la historia de vida de Donald Trump con la de López Obrador no encontraremos de ninguna manera a dos personajes similares. Donald Trump siempre vivió en la opulencia y heredó una inmensa fortuna, la cual invirtió y reinvirtió, construyó torres y hoteles, tal vez no con el éxito que tanto gusta de presumir. López Obrador, oriundo de Tabasco, no creció dentro de una familia opulencia y nunca tuvo una fortuna. Vivió siempre del erario público, fue Presidente del PRI en Tabasco, luego de la escisión llegó al PRD y fue presidente de ese partido, Jefe de Gobierno de la CDMX y candidato presidencial dos veces consecutivas (sin sumar la campaña de 2018).

    Sus programas de gobierno serían muy diferentes. López Obrador cree en la intervención del Estado en la economía (en ese rubro se parecería más a Barack Obama o a Sanders que a Trump) mientra que el millonario cree que se deben de reducir los impuestos al mínimo. Es un capitalista, aunque opta por la intervención del Estado en la economía y la sociedad de una manera distinta a la de AMLO, por ejemplo, pidiendo a las transnacionales que regresen los empleos a Estados Unidos, cerrando fronteras, construyendo muros y cancelando tratados multilaterales.

    Hay más diferencias, por ejemplo, es difícil advertir en López Obrador manifestaciones xenofóbicas como las de Donald Trump, y a pesar de que moralmente López Obrador es un persona que parece tender más hacia el conservadurismo, no manifiesta, como en el caso de Donald Trump, muestras de acoso a las minorías, tales como las mujeres o los discapacitados. En este sentido Donald Trump suele ser más agresivo y arrogante que su contraparte mexicana.

    Hitler y Stalin tenían muchas diferencias sobre cómo se debería de gobernar un país, pero a pesar de ellas, no era difícil observar también muchas similitudes. Por ejemplo, el papel del ejército en sus respectivas naciones, el férreo control social e ideológico sobre sus gobernados, la represión a quienes disienten, tenían un enemigo en común (los judíos en un caso, Occidente en el otro), el intenso uso de la propaganda política, el control total sobre los medios de comunicación, entre otros.

    AMLO y Trump

    Así también, podemos encontrar varias similitudes entre López Obrador y Donald Trump. Por ejemplo, ambos se presentan como outsiders de la política (lo cual no es necesariamente malo) y se oponen al status quo, al sistema o a la mafia en el poder. En ambos casos, la figura tiene mucho peso sobre sus seguidores y son capaces de mantener un considerable grupo de leales incondicionales quienes los apoyarán a pesar de todas las contradicciones evidentes.

    De la misma forma, debido a su personalismo, ambos creen estar por encima de las instituciones. Las razones pueden ser diferentes, en Donald Trump como producto de una megalomanía o un nacionalismo mal entendido, en López Obrador por ese sentimiento de que las instituciones en México no trabajan para todos. De esta forma los dos amagan con no reconocer el resultado de las elecciones antes de que éstas ocurran, y en caso de acusar un fraude electoral, en vez de utilizar los mecanismos institucionales para denunciarlas o promover reformas (cosa que López Obrador no hizo después de 2006), deciden entonces mandar al diablo a las instituciones. Aunque hasta el momento no conocemos la reacción de Donald Trump después de una derrota electoral, sí podemos utilizar como antecedente la victoria de Obama en 2012 donde el magnate invitó a desconocer los resultados y hasta amagó con hacer manifestaciones en Washington.

    El maniqueísmo es un rasgo muy presente en las dos figuras -estás conmigo o estás contra mí-. Los dos observan con recelo a quienes son críticos con ellos. Es muy parecido el trato que hace López Obrador -no sólo con los medios oficialistas, sino que aquellos que no siéndolo, son críticos con él- con el que hace Donald Trump después de recibir una crítica de The New York Times o The Washington Post. También ambos tienen enemigos en común que le dan fuerza a su figura, el status quo, los migrantes o China por el lado del magnate, y la mafia en el poder por el lado del tabasqueño. Ambos son la manifestación de problemas sociales y económicos que se manifiestan en ambos países: la tremenda desigualdad en México y la clase media sin educación en Estados Unidos que ve como sus empleos vuelan a otras naciones.

    Si ambos llegaran al poder, podríamos esperar programas de gobierno distintos, pero podríamos advertir similitudes en las formas para ejecutarlos. En ninguno de los dos casos podríamos hablar de gobiernos transparentes y tolerantes con quienes disienten con ellos, ambos encarnarían gobiernos que posiblemente no sean dictatoriales pero sí personalistas donde el nombre de Trump o López Obrador estarían por encima. Posiblemente ambos revisen tratados y acuerdos firmados, tanto dentro de la nación como por fuera del país. Un NAFTA podría correr el riesgo de sufrir, cuando menos, varias modificaciones considerables, en cualquiera de ambos casos.

    Quienes dicen que AMLO y Trump no son iguales tienen razón, existen muchas diferencias entre ambos personajes, sobre todo en su historia y programas de gobierno. Pero a la vez, también tienen razón quienes advierten muchas similitudes entre ambas figuras, sobre todo en la forma de conducirse.

  • Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

    Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

    Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)
    Getty Images

    Algunas voces dicen que la intención de Trump no era llegar a la Casa Blanca, sino ser capaz de recoger la indignación arrinconada en la derecha política para que con esa masa creara un canal o medio de comunicación que rivalizara con Fox News. ¿Les digo lo que pienso? Que una teoría así no suena tan descabellada después de lo que ha sucedido en las últimas semanas, y sobre todo, lo que ocurrió en el último debate. Donald Trump cometió errores tan infantiles a los cuales no puedo dar crédito.

    Desde hace algunas semanas la campaña de Donald Trump ha dejado de tener sentido alguno. Tendría que ocurrir un auténtico milagro para que un eventual triunfo de Trump ocurriera, algo de proporciones históricas.

    Cierto que las encuestas fallan y que hemos sido testigos de varias «sorpresas», pero la diferencia ya es muy grande. Es casi un hecho de que Hillary Clinton ganará las elecciones. Ahora la pregunta no es si perderá Trump, sino más bien si será aplastado, lo cual es bueno porque una derrota estrepitosa podría afectar negativamente a su liderazgo, haciendo más difícil que vuelva a contender en algunas elecciones venideras o pretenda ser alguna especie de líder que pretenda influir en la política y la sociedad estadounidense desde fuera del poder.

    La mayoría de los estadounidenses ya definió su voto, y lo que está en juego es aquella porción, cada vez más pequeña por naturaleza conforme se acerca el día de las elecciones, de ciudadanos indecisos.

    Frases como «Bad hombre» o «Such a nasty woman» quedarán para la posteridad.  Con ellas, parece que Trump terminó de sepultar su campaña política porque el electorado femenino tiene un tamaño considerable dentro de esa masa indecisa. Trump, en el menos peor de los casos, apeló a su base, a sus simpatizantes más fervientes, a aquellos que incluso han sugerido quitarle el derecho a voto a la mujer, quienes ya tienen su voto definido por él, mientras que sólo habrá conseguido ahuyentar más a quienes no han decidido su voto.

    Pero lo más preocupante es que Donald Trump amague con desconocer los resultados de las elecciones. Si algo conocemos muy bien los mexicanos son las consecuencias de un conflicto post-electoral de esas proporciones, sobre todo por la tremenda polarización (como si la división que ya hay en el país norteamericano no fuera suficiente)-

    De hecho no es la primera vez que lo hace. Hace 4 años, desconoció la victoria de Obama sobre Mitt Romney, y amagó con organizar una marcha hacia Washington.

    Un conflicto post-electoral podría tener consecuencias graves para un país cuyos ideales democráticos sirven para ejercer influencia sobre otros países, gran parte del poder blando (soft power) de Estados Unidos, además de la gran influencia cultural en todo occidente y gran parte del oriente, está moldeado por el discurso de los valores democráticos.

    No es la primera vez que esto ocurre: en el año 2000 George W Bush ganó a Al Gore de forma polémica, sobre todo por lo ocurrido en el recuento de los votos en el Estado de Florida donde su hermano, Jeff Bush, era gobernador. Pero en ese entonces, Al Gore, a pesar de no estar de acuerdo con el resultado, lo aceptó. Eso no ocurrirá si Trump desconoce el resultado.

    Varios psicólogos afirman que el poder no corrompe al individuo, sino que más bien magnifica los rasgos de su personalidad. Aquella persona deshonesta o corrupta lo será mucho más en un ámbito de poder. En este mismo sentido, Trump ha sido capaz de acosar sexualmente a mujeres o discriminar a minorías, como mujeres y discapacitados, porque es parte de su torcida personalidad: una que le ha traído un considerable número de seguidores. Por esto es que el riesgo llamado Donald Trump no acabará con las elecciones, y por esto es que es deseable que el resultado sea lo más estrepitoso, porque su carácter autocrático y egocéntrico podría poner en juego la credibilidad de su país desconociendo el resultado y actuando en consecuencia, si no es que ya lo ha hecho.

    Habrá que preguntarse qué es lo que pasa en la sociedad estadounidense como para permitirse candidatos demagogos que no sólo amenazan e insultan a las minorías o a los migrantes, sino al propio pueblo de Estados Unidos. Eso es algo que nuestros vecinos tendrán que reflexionar a fondo, porque es síntoma claro de que las cosas no andan muy bien por allá.

    Y Hillary Clinton, cautelosa, sin despeinarse demasiado, emocionalmente inteligente, y a pesar de no tener un carisma sobresaliente, hizo lo necesario para sobrellevar el debate y así seguir su camino a la Casa Blanca. Aunque cuando llegue tendrá que lidiar con esos altos negativos que la candidata tiene, no sólo por el escándalo de los correos, sino también porque… es mujer.

    https://www.youtube.com/watch?v=VLdmEDOAA4A

  • El dictador naranja, round 2

    El dictador naranja, round 2

    REUTERS/Karen Pulfer Focht
    REUTERS/Karen Pulfer Focht

    Después del debate, quien todavía no crea que Donald Trump tiene inclinaciones dictatoriales es porque no lo observó bien, o se quiere cegar. Basta observar su lenguaje corporal: se mostraba imponente y hasta acosador. Hillary respondía las preguntas mientras Trump caminaba a sus espaldas, como el stalker perfecto, casi respirándole al cuello. A diferencia de Hillary, Donald Trump no se acercaba a la gente cuando respondía sus preguntas, marcaba su distancia, interrumpía a los moderadores del debate.

    Trump inició el debate con un semblante devastador, nuevamente inhalando aire una y otra vez, no sé si debido a una enfermedad, o como consecuencia de lo que sugieren las malas voces, de la cocaína importada por los mexicanos secuestradores, violadores o asesinos. Después, Donald se recuperó y por momentos tomó el control del debate. Hillary Clinton esta vez mostró que el carisma no es lo suyo, le faltó contundencia, no mató, dejó ir vivo a Donald Trump del debate y no le puso el clavo final a su candidatura, aunque ese clavo tal vez Donald ya se lo había puesto solo con el video que lo exhibe como depredador sexual. Trump, antes del debate había llevado a mujeres que presuntamente acusan de acoso sexual a Bill Clinton como respuesta, y pretendió que éstas entraran al recinto donde se llevaría a cabo. Trump hizo todo lo posible para ensuciar todo, para mostrar las «porquerías» de Hillary, verdades, medias verdades, mentiras, muchas mentiras.

    El punto culmen del debate fue cuando Trump le dijo a Hillary que de llegar a la Casa Blanca daría órdenes para investigar el caso de Hillary Clinton y así, poder meterla a la cárcel por el escándalo de los correos. Fue el punto culmen porque la persecución política es característica de dictadores y demagogos y no de presidentes democráticos, porque la investigación corresponde al poder judicial y no a los caprichos del legislativo. La simpatía, a veces expresa, de Donald Trump por Vladimir Putin no es coincidencia.

    Donald Trump una vez más mostró que el respeto por el Estado de derecho y las instituciones no es lo suyo: se ufana de no pagar impuestos, amenaza con encarcelar oponentes o por cancelar tratados internacionales. El talante autoritario de Trump está muy presente, no es ni siquiera parte de una estrategia de campaña, es él mismo en un desplante sincero de su esencia como persona, lo ha mostrado durante toda su carrera como hombre de negocios con el (mal)trato hacia las mujeres, sus escándalos sexuales -que llevan implícitos una falta de respeto hacia su propia esposa-.

    El resultado del debate no fue tan holgado como el de la otra vez, de hecho no me atrevo a decir que Hillary lo haya ganado. A pesar de sus mentiras, Trump se vio más presente, menos caricaturesco, y se molestó más en preparar sus intervenciones. Hillary ahora no pudo darle una de esas estocadas penetrantes que vimos en el primer debate. Pareciera que la estrategia de Hillary fue defensiva, parece que decidió apostar a que el escándalo de los videos hicieran todo el trabajo para tumbar a Trump a la lona y que no pudiera usar el debate para quitarle el momentum a Hillary. Si esa fue la estrategia, funcionó, porque a pesar de que Trump estuvo mejor, el debate no incidirá mucho en las preferencias como ya lo estamos viendo, pero Hillary pudo rematarlo y decidió no hacerlo.

    A pesar de que mejoró mucho en su desempeño, Trump no pudo frenar la picada en la que se enfrenta su campaña. Parece que ahora sólo podrá apostar a un milagro si quiere ganar la candidatura, en la cual, al menos hasta unas pocas semanas, se veía muy competitivo.

    A pesar del duro golpe, los medios aciertan en no subestimarlo. No se puede subestimar a un personaje de la talla de Trump a estas alturas del juego donde votaciones como las del Brexit y los tratados de paz de Colombia, ya nos han enseñado a que no podemos dar nada por sentado.

  • Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Vi el debate el día de ayer.

    Hillary Clinton le puso una arrastrada a Donald Trump. Al menos todos los que nos creemos pensantes, nos sentimos quesque intelectuales y nos encanta opinar de todo, lo vimos así. En la batalla de los argumentos, Hillary le dio una repasada al populista naranja, lo exhibió, una y otra vez lo dejó ver como un mentiroso. Recordé ese Chile  7-0 México que tanto disfrutamos y gozamos pero en versión debate. A pesar de que al principio Donald Trump no picaba el anzuelo, Hillary no tardó mucho en encontrar al modo y lo exhibió.

    Eso es lo que pensamos nosotros.

    Pero no es lo que piensa todo el mundo, menos «esa masa» del electorado estadounidense.

    Digamos que parte del electorado de Donald Trump vió ese «7-0» desde otra perspectiva. Para ellos, el 7 va antes que el 0.

    Es decir, la base de votantes de Donald Trump está movida por la indignación, por aquellos que se sienten  «traicionados» por su país, quienes han perdido sus empleos porque las empresas se han ido a otros países para abaratar costos, y sus escasas habilidades técnicas y de conocimiento no dan para encontrar empleos igualmente remunerados.

    Trump había encontrado el discurso perfecto, se había inventado enemigos como México, China, los migrantes asiáticos. Aprovechó la ignorancia, que es una constante en esos sectores deprimidos, y pasó de ser un pre-candidato irrelevante del GOP, a un serio contendiente por la presidencia.

    Los argumentos no importan tanto para sus electores, sino aquello que significa Donald Trump, el outsider, el showman.

    Hillary hizo lo que tenía que hacer. Se notó que, a diferencia de Trump, preparó muy bien todos los escenarios posibles, tanto de ataque como de defensa. Sobre todo, logró mostrarse como una estadista, como una mujer fuerte (reduciendo los cuestionamientos sobre su desmayo a cero) que tiene idea de lo que va a hacer cuando llegue a la Casa Blanca. Vaya, se le vieron tablas. Se notó que la batalla era entre una política de carrera y un empresario demagogo.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZEHPrYUcoi0

    Más que quitarle puntos al otro, lo que debía hacer Hillary era sumar los propios. Trump no iba a perder mucho por los ataques que recibiera por lo antes mencionado, pero Hillary podía ganar los suyos. En cada ataque imprimió ese perfil que sabe que le conviene mostrar, el de una mujer determinante, que sabe lo que hace. Había que ganarse a los indecisos, la pregunta es a cuántos.

    Pero si piensas que este debate, uno de los más disparejos que recuerde, va a noquear a Donald Trump, estás equivocado. Hillary ganó una batalla, no la guerra.

    Y no hablo de los dos debates que todavía tienen que llevarse a cabo, sino de «todo lo demás» que puede pasar en este mes y medio que falta para que los estadounidenses salgan a votar: algún atentado, alguna declaración, algún escándalo. Según fivethirtyeight.com, las posibilidades de que Hillary gane son 55%, mientras que las de Trump son 44%. Clinton es favorita, pero la contienda está cerrada. Según este mismo medio, las posibilidades de Hillary sólo aumentaron un 1% después del debate (esperando lo que ocurra los días que faltan). La buena noticia para Hillary, es que al parecer, al menos logró romper la racha de Donald Trump.

    Trump vs Hillary
    fivethirtyeight.com

    ¿Qué quiero decir?, que la contienda sigue estando lo suficientemente competida como para pensar que ya hay ganador, como para pensar que Hillary será la próxima presidenta. El riesgo llamado Donald Trump sigue latente, y aute algún exceso de confianza puede pasar cualquier cosa.

    Hillary debe de capitalizar lo sucedido en el debate para seguir sumando puntos, de la misma forma debe de aprovechar los otros dos que faltan. Veo difícil que Donald Trump pueda mostrar algo muy diferente a lo que pudimos a ver. A pesar de su carácter irracional y de los absurdos de sus planteamientos, Trump logró verse más elocuente que en los debates de las elecciones primarias, y aún así le fue muy mal.

    Y créanme, en mes y medio puede pasar cualquier cosa. Afortunadamente los medios y los opositores a Trump entendieron el mensaje de las ocasiones pasadas, saben que a estas alturas del juego no pueden bajar la guardia. Son cada vez más voces las que se suman en su contra, artistas, actores, famosos, gente que sabe que al ser celebridad o alguien reconocido puede influir en la elección de los votantes.

    Ah sí, y el precio del dólar bajó gracias a la derrota de Trump.

  • A los mexicanos nadie nos defiende de Donald Trump

    A los mexicanos nadie nos defiende de Donald Trump

    Vuelve a estar en el centro de atención, no sólo por su discurso que despertó los impulsos más instintivos de un sector de la ciudadanía estadounidense, sino porque Donald Trump ya es el candidato oficial.

    Y quienes deberían estar más preocupados somos nosotros los mexicanos. En todos los países hablan de Trump, algunos especulan que podría cambiar el orden mundial, que podría condenar a Estados Unidos a su perdición y que hasta podría aliarse con su peor enemigo, los rusos, quienes vía Wikileaks (esa plataforma que pensaste era bien democrática) filtraron correos de la campaña demócrata que benefició, sí, a Trump, quienes los exhortó a publicar más correos de la que llama «Crooked Hillary». Sí, en el país de la Guerra Fría, del macartismo y el MK-Ultra.

    A los mexicanos nadie nos defiende de Donald Trump
    vice.com

    Pero el país que debe de estar preocupado, más que todos los demás, es México, porque Donald Trump básicamente nos declaró la guerra.

    Una guerra no en el sentido militar, pero sí en el sentido político y comercial. Nosotros somos los culpables de todos los males de Estados Unidos, clama el magnate; entonces nosotros debemos de pagar, debemos de pagar nuestro muro.

    Y cuando esto pasa, nuestro gobierno no puede quedarse con los brazos cruzados.

    https://www.youtube.com/watch?v=ORw0WClA_D0

    El gobierno no puede hablar de respeto y negociaciones ante una figura que insulta a nuestro país, le declara la guerra, y no está dispuesto a negociar. La diplomacia tiene límites, Donald Trump los ha sobrepasado, y en México parecen no haberse dado cuenta. Agachan la cabeza y se esconden, mientras el temor dentro de los ciudadanos mexicanos se acrecenta.

    Nuestro país necesita que su gobierno lo defienda, aunque en la práctica no pueda hacer mucho (por la inmensa disparidad entre los dos países). Necesita sentirse apoyado moralmente y no traicionado por quienes los gobiernan.

    Pocos han levantado la mano. Quien posiblemente sea candidato independiente, Jorge Castañeda, ha llevado a cabo una cruzada en contra de Trump, Vicente Fox (aunque no sé que tan buena sea su ayuda), Felipe Calderón se ha manifestado, alguno que otro partido político lo ha mencionado para ganar votos, y en alguna ocasión el Senado se manifestó de forma un tanto displicente (pegando calcas en su sede). Pero la reacción del gobierno es timorata, no hay ni siquiera orgullo patriótico.

    El Senado contra Trump
    Senado de la República

    Y aunque la defensa no alcance ni de lejos para «poner en su lugar a los gringos», la defensa moral es muy importante para una nación que aspira a tener más cohesión y espíritu. Posiblemente se diga que «no se gane tanto» si los gobernantes critican de frente a Trump, pero sí se pierde mucho si no se hace. Si en la historia queda escrito que un gobierno agachó la cabeza ante los desplantes de un fascista que llegó a provocar hasta una crisis económica en nuestro país (lo cual es plausible), nuestro inconsciente colectivo, dentro del cual, todavía se recuerdan muy bien los agravios de hace más de un siglo, recibirá una herida más. una razón más para no sentirse orgulloso de México. México perderá respeto (tanto dentro como fuera), y por lo tanto, poder blando (soft power) si la postura de nuestro gobierno es displicente.

    Es triste ver como Obama, Bill y Hillary Clinton nos defienden más que nosotros mismos. Los demócratas hablan más sobre los mexicanos en Estados Unidos que lo que lo hacemos nosotros. Nuestra postura es agachona, propia de un país con una autoestima baja que saca cada rato a flote sus miedos históricos. Mientras Michelle Obama da un discurso emblemático, en México todos callan:

    https://www.youtube.com/watch?v=XN389JE2lVA

    Los opinólogos y las plumas sí hablan más e insisten, pero también quienes escribimos no tenemos nada que perder. La sociedad permanece inerme, hasta ahora no se ha llevado a cabo manifestación multitudinaria alguna para repudiar a Trump. Como es costumbre, los ciudadanos nos quejamos en la sobremesa y subimos muchos memes a las redes sociales, pero pareciera respirarse un ambiente de resignación cuyo único antídoto y posibilidad es que Hillary gane las elecciones.

    Sigo pensando que Hillary ganará, que al final el fanatismo, el odio y la ignorancia no vencerán, y porque además, el escenario apocalíptico que está construyendo Donald Trump es muy artificial. Estados Unidos no está tan mal como Trump lo describe, de hecho la está pasando menos mal que otras potencias económicas y la tasa de empleo en Estados Unidos se ha reducido.

    Pero que Trump sea Presidente de los Estados Unidos es una posibilidad, lo suficientemente seria como para que nosotros los mexicanos ya tomemos cartas en el asunto y defendamos a nuestro país frente a los ataques de un fascista irracional como lo es Donald Trump.