Etiqueta: Elecciones Estado de México

  • ¿Y dónde está el fraude?

    ¿Y dónde está el fraude?

    ¿Y dónde está el fraude?

    Por más cerrados sean los resultados de una elección, más posibilidades existen de que uno de los actores se muestre inconforme. Primero, porque evidentemente por menor sea la diferencia es más fácil llevar a cabo un fraude o una ilegalidad que modifique los resultados; y segundo, porque quien se encuentra abajo tiene la esperanza de encontrar irregularidades para darle vuelta a la tortilla. No sólo es común en México, podíamos recurrir a la polémica elección entre George W Bush y Al Gore en el 2000

    Pero ese no es tanto el propósito de López Obrador. Las elecciones del Estado de México no eran un fin para él, sino un medio.

    Yo he dicho en este espacio que las elecciones del Estado de México deberían de anularse. Se trató de una elección de Estado que distorsiona de forma flagrante a la democracia representativa electoral porque muchos, sobre todo aquellos que votaron por el ganador, no votaron de forma libre. Muchos de ellos fueron coaccionados, en los mismos spots el candidato del PRI amenazó que los programas sociales desaparecerían si su partido no ganaba. También se rebasaron los topes de campaña y se inhibió el voto con mensajes en plena veda electoral. Por su parte, López Obrador utilizó la candidatura de Delfina para promocionar su imagen, lo cual también es ilegal.

    Pero más que anular los comicios, me parece que López Obrador busca construir una narrativa donde intenta reforzar esta idea de que la «mafia del poder» está conspirando contra él. Evidentemente tener la arcas del Estado de México no era nada desdeñable, pero también era evidente que AMLO ya tenía una hoja de ruta en caso de que perdiera. Bastaba con que Delfina no quedara muy abajo de Del Mazo, para que en conjunto de todas las tropelías cometidas por los priístas, pudieran armar un discurso donde AMLO se asumiera como víctima de la mafia que le hace fraudes. 

    Ahora el señalamiento es que el fraude se encuentra en el conteo de votos. Sin prueba alguna, López Obrador criticó el conteo rápido, muchos de los suyos lo tomaron como si fuera prueba del fraude porque discrepaba de las actas que el PREP llevaba computadas. Algunos sospecharon porque dicho conteo rápido estaba hecha sobre la base del 70% de las actas, aunque los resultados que arrojó tomaban en cuenta ese detalle. Muchos denunciaron esa discrepancia, pero conforme avanzó el PREP, éste le dió la razón al conteo rápido. 

    Muchos dudaron del PREP y trataron de encontrar inconsistencias, ejercicio que en realidad es muy válido y tal vez hasta necesario dado los antecedentes del PRI: compararon actas, buscaron irregularidades, buscaron que las sumas cuadraran, pero más allá de algunos detalles no hubo nada que indicara un fraude cibernético. Algunos encontraron que las sumas en realidad no cuadraban, pero lo que había ocurrido era que el PRI había sido el único partido que había ido en coalición y que debían sumarse todos los partidos (es muy entendible, no todos son expertos con los números ni todos están familiarizados con la estadística). El profesor del CIDE, Javier Aparicio, hizo el ejercicio por sí mismo para demostrar que no había inconsistencias y que los resultados sí correspondían. La ciencia dura y exacta había hablado.

    También les recomiendo leer este otro artículo de Javier Aparicio que escribió a propósito de las elecciones 2012 para entender mejor el funcionamiento del conteo y las razones por las que aparecen los errores que muchos ven. 

    Aún así, Javier Aparicio recibió insultos:

    Otra «prueba del fraude» fue lo ocurrido en la casilla 966, cuya imagen se replicó una y otra vez por las redes sociales, donde aparentemente le habían sumado los votos de MORENA al PRI. Esos es lo que pareciera que ocurrió a simple vista:

    En realidad se trató de un error humano donde en el acta los votos de MORENA se colocaron en la casilla de arriba (de Nueva Alianza y que era parte de la coalición de Alfredo del Mazo), error que se corregirá en el conteo distrital. Con todo y eso, el acta tiene la firma del representante de MORENA:

    También apareció un video donde aparentemente se estaban contando mal los votos. Pero la gente no se preguntó por qué en el conteo, donde están los representantes de todos los partidos, nadie dijo nada. Aparentemente quien contaba las boletas lo hacía de una forma flagrante, se saltaba del 40 al 50 y luego al 80, enfrente de todos los representantes. El video resultó estar editado.

    https://www.youtube.com/watch?v=Keyn6bm77dA

    La realidad es que no se ha mostrado al momento ningún tipo de fraude en el conteo. Si lo hubiera, tendría que demostrarse en el cómputo distrital y en las instancias asignadas para ello. El escepticismo de la gente es evidente y en cierta medida se entiende tomando en cuenta que el PRI podría hacer todo lo posible por retener el Estado de México. Que el PRI buscara alterar de alguna forma el proceso podría haber sido considerado como una posibilidad.

    Pero las sospechas y los antecedentes no son probatorios por sí mismos. Si se quiere exhibir un fraude se debe usar el rigor a la hora de mostrar las pruebas. Es irresponsable por parte de un candidato afirmar de forma categórica que ha existido un fraude cuando no se han presentado las pruebas que lo evidencian, o peor aún, ni un indicio (como sí ocurrió en Coahuila). Peor aún es hacerlo con suposiciones como «mostraron el conteo rápido para distraer y confundir a la gente». 

    La impugnación del EdoMex tiene que apuntar más al proceso que al resultado: la lógica no puede ser voto por voto, sino despensa por despensa – Carlos Bravo.

    Muchos de quienes insistimos en explicar esto recibimos críticas, nos dijeron por qué «nos indignamos con el fraude cometido en Coahuila» donde hay más razones para sospechar en tanto el PREP se detuvo inesperadamente y no lo hicimos con el del Estado de México. Nos acusan, falsamente, de avalar «el fraude del Estado de México» cuando en realidad lo que dijimos que lo que no se ha mostrado es un fraude en el proceso de conteo de votos, pero no ignoramos de ninguna forma todas las ilegalidades cometidas, en su mayoría por el PRI, en toda la campaña y que incluyó robo de urnas e inhibición del voto. Tampoco negamos nunca que ésta se haya tratado de una elección de Estado donde el gobierno de Peña Nieto envió a sus miembros de gabinete a hacer campaña. 

    Yo he insistido en que esta elección debería anularse porque lo sucedido es una gran falta de respeto al Estado de derecho. Pero también quiero alertar de una manipulación discursiva de López Obrador, quien busca crear una narrativa para fortalecerse hacia el 2018. López Obrador no aparenta estar muy indignado en sus videos, posiblemente ni siquiera se encuentre de malas. El triunfo no era un fin, era sólo un medio para sus aspiraciones a la presidencia. Por eso ya había creado estrategias en el escenario donde su partido (o sea, él) no ganara la elección, escenario que seguramente considero como bastante probable, para así aprovecharlas en su afán de ganar la presidencia en 2018.

    Cierto, la cancha no fue pareja y el PRI cometió irregularidades, pero ¿por qué ni siquiera el partido de AMLO o sus cercanos que lo representan en las cámaras han buscado legislar para acabar con esas tropelías? Lo que les interesa no es construir instituciones fuertes, sino llevar a su candidato a la presidencia a como dé lugar. 

    López Obrador está interesado en crear la percepción de que un gran fraude se ha orquestado en su contra. Por más sean los que sospechan de la «manipulación del PREP, de las actas, y similares», mejor para él, para sí convencer de que es víctima de la mafia del poder, del PRIAN, de aquellos que tienen a México sumido en la inseguridad y en la corrupción (lo cual no es falso). AMLO quiere fortalecer el discurso maniqueo donde él es el bueno y todos los demás son los malos.

    Porque el maniqueísmo mueve montañas, aunque no siempre gana elecciones.  

  • Un triste debate, que no fue debate

    Un triste debate, que no fue debate

    Un triste debate, que no fue debate

    Una de las cosas que más me avergüenzan de la política mexicana son los debates.

    ¿Tuviste la oportunidad de ver el debate de ayer? Una vergüenza, no sólo por los pésimos candidatos o porque Javier Solórzano fuera un mal moderador, sino porque el formato es arcaico, donde la participación está restringida, donde no se fomenta la discusión. 

    ¿De verdad? ¿Estamos en 2018 y seguimos con el formato de 1994 donde, en ese entonces, tener ese formato era mejor a no tener nada?

    Porque hay que decirlo, el formato sigue igual por la falta de voluntad de los partidos políticos.

    Se supondría, que en un debate, los políticos pueden discutir ideas, intercambiar opiniones y discutir programas, con el fin de que los ciudadanos los conozcamos más. Los debates son intrínsecos a la democracia, un país que aspira a ser democrático, porque en una democracia representativa el individuo deposita su confianza en un candidato al cual tiene que conocer lo mejor posible, no puede conformarse con estos formatos tan obsoletos y mediocres.

    Pero lo que tuvimos aquí no fue un debate sino un secuencia de spots, donde, de acuerdo a la cultura vertical y patrimonialista que nunca se ha ido del país, el candidato se dirige al público y le dice «yo te voy a dar esto, yo voy a recuperar tal, yo tal». Los ademanes delatan a los políticos cuyas emociones no van en concordancia con lo que ofrecen o dicen ofrecer:

    «Fuerte y con todo» repetía una y otra vez Alfredo Del Mazo. Con una entonación fuerte para generar la percepción de que es un candidato muy eficaz y al cual no le temblará la mano para resolver los problemas (que dejaron sus antecesores de su mismo partido) él afirma que sólo él va a resolver el problema de la seguridad, además de ofrecer un salario rosa (clientelismo con perspectiva de género) y diversos programas sociales de corte clientelar. Del Mazo, de forma tácita, amenaza a su electorado diciendo que si no votan por él los programas sociales desaparecerán.

    Josefina se mostró tremendamente acartonada, no se ha molestado en mejorar su nivel de oratoria y expresión desde 2012. De Delfina sorprende que presuma dos maestrías, no sepa expresarse en público y use términos que no correspondan a una académica como «requetebien»; peor aún, que no haya sido capaz de defenderse de las acusaciones que le hizo Josefina, quien le acusaba de retener el salario de los trabajadores para su partido.

    Juan Zepeda, del PRD, fue el menos malo, pero hasta ahí. Teresa Castell, quien era presuntamente independiente, pareció más bien una candidata mediana de partido chico, acartonada, acudiendo a lugares comunes y clichés de «yo buena, los partidos malos». Y es que el papel de Teresa Castell era fragmentar el voto de Morena para beneficiar a la campaña de Alfredo del Mazo. Óscar González hizo simplemente lo que haría cualquier candidato de partido pequeño que no tiene nada que perder: tratar de comprometer a todos a firmar compromisos, y comprometerse a meter a Peña Nieto a la cárcel.

    No sólo fue el formato, también fueron los candidatos. La terna de candidatos que aspiran a gobernar el Estado de México es bastante mediocre. Las descalificaciones abundaron, el debate se trató de demostrar quien era el más sucio y el más cochino. Era evidente que sería así porque los candidatos no tenían mucho que ofrecer. Propuestas comunes, buenas intenciones, clientelismo, demagogia, fue lo que se escuchó de ellos apuntando su vista a una cámara fija para comunicarse con un público que solo conocen a través de los resultados de los instrumentos cuantitativos. 

    Pero esto no termina aquí. Yo nunca entendido esa manía que tienen los candidatos de proclamarse ganadores del debate. ¿Con base en qué? ¿Quién los premió? ¿Cómo pueden determinar que ganaron? Es ridículo ver a los candidatos rodeados por los asesores de campaña y los líderes de su partido celebrando un triunfo que nadie les dio, que ellos mismos determinaron de forma arbitraria para así generar, sin éxito, una percepción triunfalista ante la población. 

    Dicen que las elecciones del Estado de México serán un ensayo para lo que se viene en 2018. No lo dudo, con este tipo de debates que es todo menos un debate, y con unos candidatos presumiblemente mediocres para el siguiente año, posiblemente veamos este mismo bochorno pero en gran escala.

    ¿Por qué no podemos tener un formato que de verdad incentive la discusión? ¿Por qué no podemos tener candidatos que tengan sustancia y que sepan de lo que hablan en lugar de tratar a su electorado como primero de primaria? 

    Para terminar les dejo el video del debate de ayer y un extracto del debate de las elecciones de Francia. La diferencia es, abismal.

    Y esto es así no porque no se tenga la capacidad o la infraestructura, sino por la falta de voluntad de los partidos que no quieren exponer a sus candidatos tan mediocres. 

    Elecciones Estado de México:

    Elecciones Francia:

    https://www.youtube.com/watch?v=0vagTa371V4