Etiqueta: Elecciones 2018

  • 2018, la hora de los candidatos ciudadanos

    2018, la hora de los candidatos ciudadanos

    2018, la hora de los candidatos ciudadanos

    Las elecciones del 2018 están cada vez más cerca y la terna de participantes comienza a configurarse. Pero esta no será una elección cualquiera. 

    De hecho, en estos años veremos (o ya estamos viendo) una reconfiguración del sistema partidario de México que romperá de algún modo con el orden de las cosas que se mantuvo desde los años noventa, y que muchos dieron por sentado que continuaría así. Países europeos como Italia, Grecia y hasta Francia, son claros ejemplos de que las cosas pueden cambiar radicalmente, de que los partidos hegemónicos no lo son tanto, y que no son inmunes a desaparecer o caer en la irrelevancia. 

    Hasta ahora, el sistema partidario consistía en un PRI, que por su ambigüedad ideológica siempre se coloca al centro político y que se ha caracterizado como «el partido», que gracias a su voto duro y sus estructuras, siempre estaba ahí. A la derecha se encontraba el PAN, como la opción más «capitalista» de todas y que en algunas de sus facciones representa el conservadurismo; y a la izquierda, un PRD que se balanceaba entre la izquierda nacionalista de López Obrador y la socialdemocracia de hombres como Marcelo Ebrard.

    Todo eso va a cambiar. El desencanto de la ciudadanía con la clase política más los juegos de poder producto del progresivo debilitamiento de dicha clase, harán que el orden cambie. Ya comenzamos a ver algunas manifestaciones de ello:

    Por un lado, tenemos a un PRD que se está desdibujando rápidamente, al punto en que no son pocos los que dudan si conservará su registro. Y mientras eso pasa, MORENA, un partido unipersonal de izquierda nacionalista que representa los intereses de López Obrador, emerge en el panorama político como «el partido de izquierda». 

    Por otro lado, y que todavía no es tan visible pero que se puede observar por debajo del agua, es la decadencia del PRI. El Partido Revolucionario Institucional, a la fecha, gobierna el país y mantiene algunos estados clave. Pero debido al desgaste como marca, producto de las acciones del Presidente de la República y de algunos gobernadores en los últimos años, así como por el envejecimiento de sus estructuras, se antoja difícil que vuelva a ostentar el poder e influencia que todavía tiene. En el Estado de México, una entidad donde no tiene segura la victoria, ya pusieron a trabajar a toda su maquinaria, lo cual incluye llevar a miembros de gabinete y asignar recursos federales (como afirman algunas fuentes) a la campaña. El PRI sabe que si pierde el Estado de México, recibirá un golpe del cual muy probablemente no se vuelva a recuperar.

    El único que se mantiene relativamente estable en el panorama político, es el PAN. A pesar de que también ha sufrido cierto desgaste y ya no inspira tanta confianza (no son pocos los que se han decepcionado del partido azul), esa relativa estabilidad, aunada a los conflictos en la izquierda y la degradación del PRI, lo mantienen con cierta relevancia. Un escenario donde el PRI sea relegado al tercer lugar en el país, y que sean el PAN y MORENA los partidos más importantes, quienes se disputen la presidencia y las gobernaturas de algunos estados, no es improbable. 

    Pero hay otro factor muy importante que debemos considerar, y que es claro producto de la decadencia del sistema partidista: los candidatos ciudadanos (también llamados independientes). 

    Cuando hablamos de ellos, nos vienen a la cabeza Pedro Ferriz, Jorge Castañeda (quien se bajó de la contienda como candidato pero sigue siendo uno de los principales promotores), Emilio Álvarez Icaza, Denise Dresser (autodescartada también) Armando Ríos Piter (el único con trayectoria política anterior) y otros personajes que en algún momento han considerarse lanzarse como independiente por la Presidencia de la República. En realidad no es algo tan improvisado como parece: al parecer, existe una agrupación o una plataforma que busca lanzar al candidato independiente que tenga más posibilidades de ganar. 

    Todos los nombres, con sus virtudes y sus defectos, pero ciertamente más honorables que los políticos tradicionales (incluso Pedro Ferriz, de quien dije que no consideraba que estuviera completamente apto para ser Presidente), rompen con el perfil del político tradicional; ese que vive en una burbuja y que se ha aislado tanto de la sociedad a la que dice gobernar. Muchos de ellos están ahí porque son capaces de observar esa contradicción, de los políticos, servidores públicos en teoría, pero que le han dado la espalda a la sociedad, a la cual ya no entienden, y a la cual parece que sólo son capaces de medir con números fríos.

    Un candidato ciudadano no puede ir solo. Pedro Kumamoto, en su momento, recibió el apoyo de toda la clase intelectual y académica del ITESO. Sin ésta, difícilmente hubiera ganado. Pero obtener el registro en un área urbana no es lo mismo que hacerlo en todo el país. Es mucho más fácil conseguir las firmas necesarias en las colonias del distrito, cuya mayoría ya conoces, que hacerlo en toda la República Mexicana, donde se tendrá que acudir a los pueblos y a los lugares más recónditos. 

    La legitimidad del candidato ciudadano no puede darse solamente por su condición de ciudadano, el candidato debe demostrar que tiene la credibilidad y los tamaños.

    El reto del candidato ciudadano es poder cruzar esa barrera, el de las limitaciones legales que siguen poniendo muchas trabas para no quitarles el privilegio a los partidos. Si el candidato la cruza, automáticamente se convertirá en un serio contendiente. Pero aún así tendrá otras limitaciones que no existieron, o al menos, no hicieron tanta mella, en las campañas de los candidatos independientes que contendieron por una ciudad o un estado: el candidato independiente seguramente llegará a ser muy conocido en las grandes urbes que están conectadas e inmersas en el mundo digital. La falta de presupuesto no será problema para poder llegar a esos sectores.

    El gran problema para el candidato ciudadano residirá en las áreas más deprimidas de las ciudades, en el campo, en los pequeños poblados, en las regiones más atrasadas; el número de electores ahí es considerable si tenemos en cuenta que en México hay más de cincuenta millones personas que se encuentran en situación de pobreza. Ahí será un mayor problema, a diferencia de las ciudades, que no esté respaldado por un partido y que su presupuesto sea muy limitado.

    El candidato ciudadano necesariamente tendrá que partir de los sectores ilustrados de las grandes urbes, y de ahí, extenderse a los demás sectores sociales. La legitimidad del candidato ciudadano no puede darse solamente por su condición de ciudadano (un narcotraficante o un empresario corrupto podrían utilizar la vía independiente para postularse), sino que tiene que demostrar que tiene la credibilidad y los tamaños. Por eso entonces, necesitará conseguir el apoyo de académicos y personajes de la sociedad civil que avalen, dentro de las grandes urbes, su calidad como candidatos. A partir de la legitimidad conseguida ahí, el candidato ciudadano tendrá que extenderse y acudir a los demás sectores, con la gente de escasos recursos, los sectores marginados y los alejados de las ciudades. El candidato ciudadano tendrá que romper con la tradición clientelar que han establecido los principales partidos políticos (sobre todo el PRI) en esos sectores. Ahí tiene una tarea muy difícil, pero si dicho candidato es honesto, empático con ellos, y tiene la verdadera intención de ayudar al país, podrá encontrar alguna forma.  

    A pesar del panorama oscuro y sombrío (la terna con Margarita Zavala, López Obrador y cualquiera del PRI no hace pensar en otra cosa), se abre una puerta. El camino es difícil, mas no imposible.  Ahí se abre una oportunidad para quien realmente quiera representar a la ciudadanía. 

    En ellos reside si la nueva configuración nos conducirá al retroceso, o, por medio de su liderazgo, lograrán traer nuevos bríos y cambios concretos a este país tan falto de esperanza. 

  • La Salida de López Obrador. Reseña de quien podría ser nuestro presidente

    La Salida de López Obrador. Reseña de quien podría ser nuestro presidente

    La Salida de López Obrador. Reseña de quien podría ser nuestro presidente

    No sé si lo que leí es un libro, es mera propaganda política o es un evangelio. Sabemos que nada de lo que viene de López Obrador nos puede dejar indiferentes, y su libro «La Salida» (obra obligatoria para poder entender a este personaje en el contexto de las elecciones que vienen) no es la excepción.

    He leído a algunas personas como Genaro Lozano advertir una moderación en el discurso. Yo no veo mucho de eso, AMLO mantiene el discurso de los fraudes, de las élites de poder (aunque se abstenga de utilizar el término «mafia del poder» en este libro), y del neoliberalismo como el problema de todos los males. Lo único que podría advertir es que al menos ya hace una diferenciación entre los empresarios ricos que lo son gracias al producto de su esfuerzo, y entre aquellos que se corrompen al amparo del gobierno; y ciertamente también que habla un poco más (un poco, solamente un poco) de la importancia de la iniciativa privada y el sector de la sociedad civil.

    Digamos que este es el mismo López Obrador de siempre, con algunos leves cambios en la forma, pero con un fondo que se mantiene casi igual. Las ideas son básicamente las mismas, aunque ciertamente hubo quienes (no sé si haya sido Alfonso Romo) le ayudaron a aterrizar más sus ideas así como crear algunas propuestas nuevas que suenan un poco más sensatas que las de cajón.

    Pero para entender este libro hay que entender por dónde parte López Obrador, y tenemos que mencionar los dos argumentos a los cuales recurre constantemente.

    Primero, su diagnóstico. Él decía que antes de que se implementara lo que él llama el neoliberalismo (que yo lo traduciría a un corporativismo o capitalismo de cuates, de acuerdo a su interpretación) no había tanta corrupción, que la corrupción era solamente un conjunto de «prácticas aisladas e inconexas» (sí, incluso con Luis Echeverría y José López Portillo). Él afirma que todo se vino abajo con la adopción del «neoliberalismo» en 1982, porque dice, que los privados saquearon a la nación. Hace énfasis sobre todo en la forma en que se dieron las privatizaciones en tiempos de Salinas (que ciertamente distaron mucho de ser limpias).

    Con todos estos detalles y un diagnóstico que sugiere un regreso al pasado del PRI del régimen de sustitución de importaciones y del PRI del cual formó parte, varias de las críticas como tales (no todas) que López Obrador hace, y que son rotundamente ignoradas por los demás actores de clase política, pueden ser consideradas como válidas y nos pueden ayudar a entender un poco el panorama actual del país. No es una falsedad que el descrédito y los niveles de corrupción, los compadrazgos, y los pactos de impunidad hayan fortalecido el discurso de López Obrador. Ciertamente, algunos argumentos son algo tramposos, maniqueos, y los usa convenientemente para hacerse autopromoción, pero sabemos que el talón de aquiles de AMLO no es tanto el diagnóstico, sino las soluciones que propone. 

    Segundo, dice que habrá que acabar con la corrupción. López Obrador afirma que si él es honesto y no es corrupto, entonces logrará erradicar la corrupción:

    Estos comportamientos corruptos… se van a eliminar con relativa facilidad porque, entre otras cosas, el Presidente de la república no será parte de esos arreglos y se convertirá en el principal guardián del presupuesto. 

    Para López Obrador, el cambio parte necesariamente como un acto de voluntad del Presidente. En una concepción del gobierno como una estructura vertical y jerárquica (más típica del régimen priísta hegemónico en el mejor de los escenarios) donde el Presidente de la república tiene la última palabra, piensa que los cambios que México necesita no se lograrán gracias a la presión de las organizaciones civiles o una regeneración ciudadana (en el libro minimiza el esfuerzo de quienes impulsaron la Ley 3 de 3) ni a un esfuerzo en conjunto, sino por voluntad del Presidente cuyo acto hará que por consecuencia todos los demás «se motiven a cambiar». Los cambios sólo pueden venir «de arriba a abajo»:

    Pero luego viene un contrasentido, porque primero esboza un argumento que me recordó a la absurda respuesta que recibió León Krauze por parte de Enrique Peña Nieto (quien decía que la corrupción es cultural) pero a la inversa:

    Por ello digo que la honestidad es una virtud que forma parte del patrimonio moral del pueblo mexicano. 

    Y luego, páginas más adelante, afirma que todos esos actos de corrupción dentro de la base de la sociedad no importan tanto, tales como las mordidas al tránsito, los viene viene, los sobornos en las ventanillas, o el mal uso de espacios públicos en el comercio informal. Que lo que importa más es la corrupción que se lleva a cabo en las élites. Esos actos de «neoliberalismo».

    Su idea, típica de los demagogos, es que las élites son malas y el pueblo es bueno. Entonces el pueblo ya no tiene que cambiar, y esos «pequeñitos actos de corrupción» son irrelevantes dada la bondad del pueblo.

    Y cuando habla de élites, se refiere a aquellas que son producto del «neoliberalismo», a los arreglos público-privados. Pocas veces critica actos de corrupción dentro del gobierno donde no participa la iniciativa privada; apenas menciona el término «charros» (solo una vez), y casi todas las críticas al gobierno sólo tienen lugar de 1982 a la fecha. No critica a la CNTE, ni critica a los cotos de poder públicos más añejos, los de sus tiempos.

    A diferencia de otros libros que he leído de él, en éste explica sus propuestas de campaña de una forma más aterrizada (que no significa que estén bien diseñadas necesariamente) usa cifras, estadísticas, fuentes de instituciones como la OCDE. El problema es que muchos de estos datos o pronósticos parten de la idea de que logrará acabar completamente con la corrupción y que ya no habrá delincuencia de cuello blanco. Dando por sentado que ésto es prácticamente imposible de realizar en un sexenio, gran parte de sus propuestas y predicciones terminan diluyéndose.

    Hay algunas propuestas como la de recuperar el campo o la de apuntalar a las pequeñas y medianas empresas (esta última me pareció particularmente interesante) que tienen un planteamiento y que merecen analizarse. Pero hay muchas otras que sólo corresponden a un acto populista o demagogo. Por ejemplo, López Obrador dice que venderá toda la flotilla de aviones y helicópteros, y que se moverá por tierra o en vuelos comerciales, de lo cual no podemos dejar de advertir que eso no sólo podrá en mayor riesgo su integridad en un país infestado por el narco, sino que tendrá mucho menos flexibilidad para desplazarse (hasta Evo Morales se mueve en un avión privado). 

    De la misma forma, delinea argumentos de esos «que a todos les gusta oir». Dice que quitará los exámenes de ingreso a las universidades porque son injustos y garantizará el acceso a la universidad a todos. Pero no dice cómo es que lo va a lograr, y sólo recurre a su argumento de que al eliminar la corrupción, recortar sueldos y vender aviones habrá más dinero para hacer eso, para invertir en infraestructura, trenes rápidos, y demás. 

    A pesar de ser un texto que a excepción de las primeras páginas intenta no ser confrontativo y más bien conciliador, no puedo dejar de advertir un tufo autoritario con su idea de un presidente que manda, que es transformador por sí mismo, y que impone su voluntad y sus principios. Tampoco es difícil de advertir su predilección por el Estado como rector de la economía muy por encima del mercado, aunque no ignore completamente a este último.  

    Pero lo que me preocupa más son las páginas finales del libro. Si después de leer sus propuestas habías pensado que se trataba de una persona más sensata y moderada, las últimas páginas son un poema a su mesianismo:

    López Obrador explota en demasía este lado espiritual (al que muchos demagogos recurren) donde cita no sólo a Tolstoi, Aristóteles, Ricardo Flores Magón o Eduardo Galeano, sino que utiliza pasajes bíblicos (el Éxodo, Levítico, y el Deuteronomio) para justificar su proyecto de nación:

    «No oprimirás a tu prójimo, ni lo despojarás. No retendrás el salario del jornalero hasta el día siguiente» (Levítico). «Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que habita contigo, no serás con él un usuriero; no le exigirás interés» (Éxodo). No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus hermanos o un forastero que resida en tus ciudades» (Deuteronomio).

    La situación se pone más preocupante y peligrosa al ver a un López Obrador que pretende imponer una moral a sus gobernados. A pesar de que dice que reunirá a académicos, antropólogos y sociólogos para que le ayuden a crear una «cartilla moral», va mucho más allá de la idea de «el derecho a la búsqueda de la felicidad» de la constitución de Estados Unidos, la cual cita. Porque no sólo propone que esos valores morales que su gobierno ha creado se promuevan en todos los medios de comunicación y en las redes sociales, sino que también el propio López Obrador se da lujo de definir lo que es la felicidad con base en una amalgama de diferentes fuentes que curiosamente coinciden su visión particular y personal:

    La felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino mediante la armonía con nuestra conciencia, con nosotros mismos y el prójimo… La felicidad profunda y verdadera no puede basarse únicamente en los placeres momentáneos y fugaces. Estos aportan felicidad sólo en el momento en que existen…

    A diferencia de la constitución estadounidense que afirma que la felicidad es algo que los individuos tienen el derecho a buscar, pero que el gobierno no se las puede dar ni está obligado a dársela, López Obrador se erige como el rector de la moral, de la felicidad y del humanismo, y así, propone tres ideas rectoras: La honestidad, la justicia y el amor. Gran parte de los argumentos de su libro los basa en temas morales y cuasirreligiosos, como un candidato que no sólo propone reformas, sino un sistema de valores, delineados por él, que todo el país debería adoptar. 

    Y ya en la parte final, López Obrador narra como será México en 2024 cuando acabe su gestión:

    Dice que después de 6 años la pobreza extrema desaparecerá (y luego es curioso que proponga un crecimiento del 4% del PIB y que con un crecimiento así, espere que 11.4 millones de mexicanos superen su condición de pobreza extrema), que habrá mucho más trabajo, que a mitad de sexenio se alcanzará la autosuficiencia en maíz y frijol, que la emigración pasará a la historia, que nadie se quedará sin oportunidad de entrar a la universidad, que la delincuencia organizada estará acotada y en retirada, que los índices delictivos serán 50% más bajos, que ya no existirá la delincuencia de cuello blanco. Y todo esto será logrado porque López Obrador no sólo habría acabado con la corrupción, sino gracias a su promoción del fortalecimiento de los valores culturales, morales y espirituales. 

    Es decir, con buenas intenciones y con una cartilla moral, vamos a convertirnos casi en potencia mundial.

    Como dato curioso, a pesar de sus constantes críticas al neoliberalismo, propone una relación no sólo amistosa con Estados Unidos, sino que no hace ningún amago por rechazar al TLCAN. De hecho, todas sus propuestas relativas al campo, están formuladas pensando en que México seguirá formando parte de ese acuerdo. 

    Después de haber hecho una crítica al planteamiento de López Obrador, más desde un punto de vista político que técnico de sus propuestas (porque habrá quien lo pueda hacer mucho mejor que yo), tendría que hablar también de lo positivo, y aquí haría énfasis dos cosas:

    Primero, que de 2006 a la fecha, su conocimiento sobre política exterior ha evolucionado mucho. De ser el tabasqueño que no tenía pasaporte y nunca había salido al extranjero, pasó a ser aquel que va a Nueva York a hablar con los migrantes y que puede crear un argumento relativamente sensato con relación al panorama mundial. Pensando en que él puede ser nuestro presidente, es importante notar esta mejoría en el que era uno de sus puntos más flacos. 

    Segundo, que se puede percibir que se dejó ayudar por alguien más e incluyó algunas propuestas que no son de su autoría (que curiosamente son las más sensatas). Comparado con el 2012 (que pueden consultar en su libro «La Mafia que se Adueñó de Mexico y el 2012«) veo un mejor planteamiento de varias de sus propuestas, están mejor explicadas y algunas tienen más sustancia que antes. A pesar de que el AMLO de 2017 y el del 2012 no tienen muchas diferencias, sus propuestas parecen estar más aterrizadas, y como dije, parece que recibió asesoría y retroalimentación de alguien más en algunos de los casos. Esto, claro, sin dejar de advertir la completa falta de sustento en algunas otras de ellas, como ya lo he mencionado anteriormente.

    Este es López Obrador y este es su libro, sin duda es un texto muy bueno si quieres conocer más de este personaje, y lo que podrías esperar de él en caso de que llegue a la Presidencia. Por mi parte, yo estoy convencido que el tabasqueño está muy lejos de lo que México necesita, y está más cerca de ser un demagogo con algunos tintes autoritarios, que un demócrata o un verdadero reformador que haga diferencia en un México con una clase política completamente ensimismada y desacreditada. 

  • López Obrador contra los padres «provocadores» de Ayotzinapa

    López Obrador contra los padres «provocadores» de Ayotzinapa

    López Obrador contra los padres "provocadores" de Ayotzinapa

    ¿Se acuerdan cuando les dije que AMLO tenía un pie en Los Pinos, pero que una forma de no llegar ahí era que se boicoteara él mismo?

    Bueno, no es como que lo sucedido en Nueva York lo vaya a tumbar mucho de las encuestas, pero López Obrador nos mostró una vez más que es alguien intolerante que no soporta la crítica ni el disentimiento. Aunque lo intente, aunque hable del amor o aunque cite pasajes religiosos como lo hace en su libro.

    Uno de los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa le reclamó a Andrés Manuel su relación con Luis Abarca. Recordemos que el entonces perredista llamó a votar por Ángel Aguirre, el Gobernador de Guerrero, y Luis Abarca, alcalde de Iguala.

    Y naturalmente el padre tiene derecho a hacer el reclamo. No veo por donde no tenga el derecho a hacerlo. López Obrador pensó que en La Gran Manzana lo iban a recibir con vítores y aplausos, y resultó que no. Así como descalificó a Martín Moreno  por un artículo en el cual lo criticaba -ciertamente es un pésimo historiador-, lo volvió a hacer: tachando al padre, quien perdió a su hijo hace dos años, de provocador. ¡Es una provocación, es un complot! El candidato de MORENA lo trató mal.

    Su puesta en escena, tanto el reclamo como la justificación posterior en los medios, dentro del contexto y el lugar donde todo ello sucedió -Nueva York- me recordó, sí, a Donald Trump; insultando a quien disiente y le emite una crítica, y creando teorías falsas –alternative facts– para deslindarse tanto de su bochornoso y penoso acto, como por haber apoyado a Luis Abarca. Dijo, que era una provocación.

    Quienes les reclamaron fueron los mismos padres que le reclamaron a Enrique Ochoa Reza, el Presidente del PRI, cuando viajó a Estados Unidos para «defender a los migrantes». Con el Presidente del PRI eran «héroes sociales», con López Obrador son provocadores. 

    Ese es el líder que encabeza las encuestas, el López Obrador de verdad. Menos parecido a aquel que se acerca a los empresarios, y más parecido al tabasqueño intolerante, arropado por seguidores que no le cuestionan nada y que linchan a quienes emiten una crítica contra el tabasqueño, como si se tratara de una versión tropicalizada de Alt-Right.

    Y claro, mientras tanto, los demás partidos ya salieron a sacar raja. Ochoa Reza afirmó que López Obrador le debe un disculpa al padre de Ayotzinapa. Naturalmente se la debe, pero el presidente del PRI, del partido del gobierno, que en el más benévolo de los escenarios ignoró completamente el problema y no hizo nada al respecto. no tiene autoridad moral alguna para hacer esa reclamación. 

    https://www.youtube.com/watch?v=9GTmvqLBZkM

  • Todos ven a López Obrador en Los Pinos

    Todos ven a López Obrador en Los Pinos

    El poder tiene efectos gravitatorios, tiende a atraer lo que encuentre a su paso: personas, empresas, y a veces hasta ideologías. 

    Si muchos actores se están alineando a un candidato, -es decir, están siendo atraídos hacia él-, es símbolo de que dicho candidato, como si se tratara de un astro que acumula masa, está acumulando poder. Y la razón por la que sucede esto es por las amplias posibilidades que tiene de ganar la presidencia en el 2018.

    Yo no he escuchado, por ejemplo, de actores que se sumen a la campaña de Margarita Zavala y la respalden públicamente, tal vez algún futbolista por acá, algún opinador, pero no algún personaje o institución que tenga peso político o capacidad de influencia. Eso tampoco sucede con Osorio Chong, ni Miguel Mancera o Pedro Ferriz.

    En cambio con López Obrador ya se han sumado el polémico empresario Alfonso Romo y el presidente de Fundación Azteca Esteban Moctezuma. Dicho sea de paso, es muy probable que TV Azteca termine decantándose -como lo hizo en 2006- por López Obrador. Si a estos actores sumamos a Carlos Slim, quien siempre ha apoyado a AMLO, veremos no solamente la paradoja de que grandes empresarios apoyan al izquierdista sino a personajes a quienes se les podría relacionar con la «mafia del poder».

    El día de antier, Carmen Aristegui, a quien algunos -sobre todo las plumas que escriben a favor del gobierno actual como Alemán o Hiriart- acusan de ser la vocera de López Obrador y de trabajar por sus intereses, criticó duro al tabasqueño por las nuevas alianzas y lo llamó el «candidato del establishment«. Carmen, quien en su faceta de opositora al establishment -en eso coincidía con AMLO y era la razón por la que ella le daba voz a un López Obrador que tuvo por un momento que enfrentar la hostilidad de los medios mainstream- ahora considera que AMLO está adquiriendo compromisos con un sector de la «mafia del poder».

    Algunos pueden ver en este cambio de postura una «moderación» del candidato. Algunos posiblemente se convenzan de que López no será ningún radical y no manejará la economía de forma irresponsable. Otros -tal vez los menos, dado que López Obrador al ser el único líder político que representa una oposición y preferirán engañarse y justificarlo- se sentirán traicionados por aliarse con quienes antes podrían considerarse enemigos. Otros simplemente nos quedamos en la incertidumbre al ver un acto de ambigüedad donde no sabemos a ciencia cierta como gobernará el tabasqueño si es que llega al poder.

    Ambigua también es su postura donde por un lado habla de moderación y pide apoyar al presidente Peña Nieto, pero por el otro descalifica y es intolerante quien lo critica como lo hizo con Martín Moreno -aunque coincido con él en que Martín Moreno es un pésimo escritor-.

    Ahora todo mundo habla de López Obrador, lo invitan a todos los foros -hasta en Televisa-, dan amplia cobertura a su visita a Estados Unidos donde dice, defenderá a los migrantes y hará lo que el gobierno de Peña Nieto no se atreve a hacer -como demandar a Trump ante la ONU-, y algunos ya hacen campaña en su contra. El trato que hacen los medios, los actores políticos y empresariales al tabasqueño es el que corresponde a un candidato que es visto como el natural sucesor de Peña Nieto en Los Pinos. 

    Todos saben que el contexto -nacional e internacional- está beneficiando enormemente a López Obrador que tuvo la fortuna de ser candidato en tiempos de una clase política desacreditada y de la presencia de un presidente nacionalista en el país del norte, así como de la ola de voto antisistema crece en Occidente. 

    De este modo, los actores se sienten orillados a tomar cualquiera de las siguientes dos decisiones: Alinearse a López Obrador entendiendo que es el sucesor natural y que es quien tendrá la mayor cantidad de poder político en el sexenio, o postrarse como fuerte opositor esperando que López Obrador se frustre solo -como ya ha sucedido- la candidatura.

    Así están las cosas. Así se mueve el poder, López Obrador es un astro que crece de tamaño y empieza a atraer todo lo que ve a su paso. Si no surge desde la candidatura independiente un liderazgo que despierte pasiones y aproveche bien el descontento de la clase política y si López Obrador no termina cometiendo errores graves, será un hecho que el tabasqueño llegará a Los Pinos. 

  • Las elecciones del 2018 serán un cochinero

    Las elecciones del 2018 serán un cochinero

    Las elecciones del 2018 serán un cochinero
    Foto: Daniel Acker/Bloomberg

    Si crees que las próximas elecciones van a tratar de debates y contrastes de los programas de gobierno, tengo que decirte que estás equivocado. Las elecciones del 2018 van a ser un lodazal.

    Sí, veremos a cerdos pelear en lodo, veremos difamaciones, frivolidades, ridiculeces, candidatos que se suben al tren del mame del meme más absurdo, veremos notas abundantes notas falsas en las redes sociales, descalificaciones. ¿Por qué?

    Primero, porque la calidad de las campañas electorales tienen cierta relación con el nivel cultural e intelectual de las personas que participan en las elecciones. Segundo, porque, a pesar de que nuestra clase política tiene una autoridad moral lamentable, no es que quieran hacer más tonto a su electorado, sino que asumen que tratándolos de esa forma van a obtener un mayor número de votos. 

    Eso no quiere decir que siempre acierten a la hora de diagnosticar qué es lo que va a seducir a la población. En algunos casos la subestiman de más, a veces no entienden a las generaciones más jóvenes que las de ellos y terminan haciendo el ridículo:

    La falta de cercanía de los políticos con la sociedad ha provocado que no puedan hacer un diagnóstico de ella dejando todo el trabajo a terceras personas -como comunicólogos, estrategas digitales y demás-. Pero aún con su ayuda, cuando pretenden acercarse terminan haciendo el ridículo.

    Pero estos detalles no eximen a la sociedad, ni en México ni en muchos países un intercambio de profundas ideas es muy rentable si se quiere ganar una elección. El grueso de la gente no contrasta proyectos de nación ni los analiza. Si la gente que no toma las elecciones en serio votara aleatoriamente como consecuencia de su desconocimiento, entonces podríamos pensar que le dejarían la iniciativa a quienes sí se preocupan por informarse antes de emitir su voto. Pero la gente que no se informa y concibe una elección como un burdo espectáculo suele inclinar la balanza, de tal forma que se trate de una elección poco razonada y el país en conjunto termine tomando una mala decisión.

    Y como son más los que no se informan, ellos tienen una mayor posibilidad de determinar al ganador. Entonces las campañas apuntarán con más enjundia a esas mayorías y no tanto a las minorías que se supone, están más informadas. Si un político recibe el apoyo de dichas minorías, no sólo tendrá que garantizar ese apoyo el día de la elección, sino tendrá que convencer a alguna porción de las mayorías para poder obtener el triunfo. 

    Muy posiblemente los temas centrales sean la corrupción y la relación entre México y el Estados Unidos de Donald Trump. Se hablará mucho de dichos temas, pero se abordarán de tal forma que la calidad del intercambio de ideas se degrade a un espectáculo bochornoso. En pleno 2016 ya hemos podido ver algunos avisos de ello. El PRI está desafiliando de su partido a varios gobernadores corruptos sin que el Gobierno Federal, del mismo partido, haga algo por llevarlos ante la ley. Quieren lavarse la cara y decir que sí combatieron la corrupción… que ellos mismos generaron. Y de la misma forma, López Obrador afirma que perdonará a sus adversarios porque basta con un espíritu bienintencionado para terminar con el cáncer de la corrupción.

    Los equipos de campaña se dirigirán a las vísceras de los electores. -yo soy menos corrupto que «y», yo tengo las manos limpias-; tratarán de apuntalar hacia aquello que les enoja aunque no tengan calidad moral para hacerlo (insisto en el PRI desafiliando exgobernadores como ejemplo), y como se darán cuenta que sus estrategias no logran el impacto necesario, tratarán de «subirse al tren del mame». El estratega digital hará un análisis de los memes y temas en boga en el «feis» para ver a cual se puede subir el candidato. 

    https://www.youtube.com/watch?v=yDcbrMLnvSc

    Las campañas del miedo -que llaman de forma errónea de contraste, porque no hay necesariamente una comparación- serán constante, más con un López Obrador que encabeza las preferencias electorales. Seguramente lo harán de forma vulgar, alertarán y aterrarán al elector de todo lo que puede perder si AMLO gana la elección -dentro de lo que permite una ley electoral cada vez más restrictiva-. Pero como comenté la otra vez, la pérdida de legitimidad de la clase política y algunos medios de comunicación posiblemente hará que el efecto de la campaña del miedo no sólo no sea la misma del 2006, sino que pueda resultar contraproducente.

    Por eso, los partidos no harán la guerra directamente, sino que veremos un montón de ruido en las redes, notas falsas, bots -ahora sí, con una estrategia mucho más refinada y mejor pensada- que tratarán de manipular a la opinión pública en Twitter. Combatirán en una arena donde parezca que ellos no son los emisores y donde la normativa electoral no tiene alcance. 

    Tal vez les alcance para comprar algún influencer de Youtube, algún «líder de opinión». Con los perfiles de estrategas de redes mucho más evolucionados que en 2012, podrán echar mano de las herramientas publicitarias de las redes sociales -vaya que Facebook Ads y Google Adwords son un monstruo para ese propósito- para tratar de mandar el mensaje adecuado justamente a aquellos que necesitan convencer, persuadir, o manipular para que hagan diferencia en la elección. Si en el 2012 las estrategias en redes -sobre todo la del PRI- eran obvias y predecibles, ahora estarán mejor ejecutadas, pensadas y con más especialistas en el ramo detrás de las estrategias. 

    ¿Y por qué no? No sería raro -sobre todo el gobierno que está en el poder y tiene los instrumentos a su alcance- el uso de servicios de inteligencia, que contraten hackers -cosa que ya han hecho- o neurocientíficos. Detrás de una campaña burda y vulgar podrá haber un equipo de expertos trabajando de forma quirúrgica sobre el electorado. 

    El golpeteo disfrazado por medio de sketches políticos «dizque cómicos», diarios comprados o incluso creados para tal propósito estará ahí de forma constante tratando de incidir en el voto del ciudadano:

    Termino como inicié, lo que veremos en el 2018 será un lodazal, un cochinero lleno de frivolidades y escaso de debate y contenido. 

    Sí, posíblemente te frustres con lo frívola que será la campaña. Y posiblemente también te frustres con el resultado. 

  • Loret. Despierta con López Obrador en Los Pinos

    Loret. Despierta con López Obrador en Los Pinos

    Ayer tuve la oportunidad de ver completa la entrevista de Loret de Mola y su equipo con López Obrador. Y al verla, me convencí una vez más por qué López Obrador es el favorito para convertirse en el próximo presidente de este país, y de por qué Televisa (además del efecto de la irrupción de las nuevas tecnologías digitales) se encuentra en una dura crisis económica.

    Loret. Despierta con López Obrador en Los Pinos

    La dinámica de la entrevista fue bastante parecida a algunas que se llevaron a cabo en el 2006, con una postura de los «periodistas» de Televisa muy parcial yéndose a la yugular del eterno candidato. Pero 2006 no es 2016. La legitimidad de todos los actores que alguna vez acusaron a AMLO de peligro para México brilla por su ausencia. Televisa y la clase política, que seguramente hará campaña en su contra, se encuentran entre dichos actores.

    Pero lo peor para la televisora, que puede terminar sin querer haciendo campaña para López Obrador, es que las críticas que le hicieron sus conductores fueron muy superficiales y hasta banales, y son esas críticas y señalamientos que ya han repetido una y otra vez. Le preguntaron que si va a meter a la cárcel a Peña Nieto, que si su gobierno va a ser una nueva Cuba, que por qué lleva tanto tiempo haciendo campaña, que si va a debatir con Ochoa Reza (Presidente del PRI), que si Fidel Castro, hasta se burlaron de su inglés cuando no supo pronunciar «feis». 

    ¿Qué pasa con esto? Que esta entrevista no le va a sumar más negativos a López Obrador, porque básicamente lo cuestionaron de lo que todo el mundo sabe. Es más, hasta se salió con la suya un par de veces, afirmando que si se trata de los migrantes estaría dispuesto a colaborar con Peña Nieto. Las debilidades que Loret y su equipo trataron de exhibir son esas que ya todos conocemos y que se han repetido una y otra vez hasta el cansancio. 

    Pero a quien sí le va a sumar negativos es a Televisa. No necesito simpatizar con el tabasqueño para darme cuenta de lo parcial que fue la entrevista. La actitud de Loret y sus acompañantes fue muy burlona y hasta déspota. El comunicólogo Alvaro Cueva no se equivoca al equiparar al comunicador con el bochorno que fue su entrevista con Kalimba. Los comunicadores parecían lobos hambrientos tratando de destrozar a AMLO ante la primer distracción. El tabasqueño ni siquiera se despeinó y en ocasiones parecía que se la pasaba bomba dándoles por su lado. 

    Televisa sólo va a reforzar la idea de que encarnan al sistema y que harán lo posible para acabar con quien se oponga a éste. Y como el voto antisistema podrá ser determinante en las elecciones del 2018, entonces podemos entender su postura terminará beneficiando a AMLO.

    Por algo se le notó tan cómodo a López Obrador. 

    El problema para Televisa no es solamente que vaya a fortalecer a AMLO (quien se mostró muy mesurado y no cayó en corajes), sino que la televisora se encuentra en una crisis económica provocada, sí, por la convergencia tecnológica, pero también por su falta de credibilidad por lo ocurrido en los últimos años. En estos momentos es cuando menos pueden darse el lujo de tomar una postura tan parcial, en este momento en que tratan de lavarse la cara para recuperar un poco lo que ya han perdido.

    Y el lavado de cara les salió tan mal, que ya cancelaron los programas de Adela Micha, Joaquín López-Doriga y Brozo. 

    En la entrevista yo vi a un López Obrador que por momentos hasta parecía padecer de sus facultades mentales -lo cual también es notorio en varios de sus videoblogs que sube a Facebook-. Y por eso me sorprende que haya salido avante. Me pregunto por qué ni Loret ni su equipo lo criticaron donde más podrían hacerle daño, como por ejemplo, los fundamentos de sus propuestas de campaña -que son las mismas de siempre, y que siempre han carecido de bases sólidas-. Que AMLO diga que va a acabar con la corrupción con buenas intenciones y su mera presencia es un barbaridad. ¿Por qué no insistieron en sus estrategias y políticas públicas para llevar a cabo su cometido? 

    Pero esa percepción de López Obrador es mía, no la de muchos otros. Y estoy seguro que muchos preferirán a un hombre con estas características en vez de votar por alguien del sistema. López Obrador quiere presentarse como el candidato anti sistema, y ayer se esforzaron en darle la razón. 

    Que luego no se te haga raro que se diga que ahora Televisa puso López Obrador en Los Pinos, aunque esta vez haya sido «sin querer». 

    https://www.youtube.com/watch?v=iymz1sToO-A

  • La candidata Margarita, o por qué las cosas no son como antes

    La candidata Margarita, o por qué las cosas no son como antes

    En Twitter y algunos medios -principalmente de izquierda- me he topado con muchas comentarios que afirman que la nueva telenovela de Televisa llamada La Candidata es una estrategia para posicionar a Margarita Zavala de aquí al 2018.

    La candidata Margarita, o por qué las cosas no son como antes

    Esa novela, que parece una versión demasiado tropicalizada de House of Cards, tiene personaje principal es una senadora quien está casada con un gobernador.

    Esa coincidencia -Margarita está casada con el expresidente Felipe Calderón- ha llamado mucho la atención de algunos. Yo no sé si se trate de una estrategia para posicionarla o sea tan solo la imaginación de algunos curiosos.

    Si esos rumores fueran verdad, me preguntaría si a estas alturas de la vida una campaña encubierta de ese tipo va a funcionar. No sólo porque la influencia que tiene Televisa es mucho menor que hace 6 años, sino por el antecedente marcado por Peña Nieto. Dudo que tenga mucha eficacia, empezando porque la actriz de la novela muestra ser una mujer de cáracter, y Margarita se sigue viendo muy mojigata. Si es ese propósito, no sé si se logre hacer bien la relación.

    Pero independientemente de que sea verdad, lo que percibo en esta carrera electoral que ya comenzó, es que los políticos están haciendo lo que siempre hacen, y creo que las elecciones van a ser un tanto diferentes.

    Por ejemplo, candidatos como Graco Ramírez, Rafael Moreno Valle, o la misma Margarita Zavala, están utilizando medios de publicidad encubierta para saltarse la normatividad del INE y poder hacer campaña. Los primeros dos jugando a ser portada de revistas políticas o del corazón para simular que dichas revistas están haciendo publicidad por cuenta propia en los autobuses y espectaculares. La tercera ha colocado espectaculares para presentar su nuevo libro: -estoy vendiendo mi libro, no estoy haciendo campaña-.

    La idea es que cuando lleguen a la elección -ya sea la primaria o la presidencial- sean conocidos por la mayor cantidad de personas, porque nadie te va a votar si no sabes quien eres.

    Pero la percepción que generan en realidad es que son los mismos políticos de siempre, usando las mismas técnicas desgastadas: espectaculares, spots aburridos –que vaya, los de Ricardo Anaya son muy buenos somníferos-.

    Es decir, creen estar en 2006 cuando las elecciones se van a llevar a cabo en 2018. En 2018 el voto va a ser en contra no sólo del PRI, sino del sistema.

    Y eso no solamente obedece a lo que está ocurriendo en el mundo -cosa que desde luego hay que considerar-, sino a las particularidades de nuestro país.

    La percepción que tiene el ciudadano de la clase política es pésima, no se siente representado, percibe que el país está cada vez peor, y a pesar de que coloca al gobierno de Peña Nieto como principal responsable, también logra percibir que la postura del PAN y el PRD es muy displicente, que son más complacientes que opositores.

    Este escenario beneficia mucho a López Obrador, quien aunque en la práctica también es parte de esa clase política viciada, es percibido por muchos  como el que contrasta ante los demás, como un outsider, y recordemos que la percepción es lo que cuenta.

    Revista Impacto

    El ascenso de Donald Trump al poder complica las cosas para los políticos tradicionales. No sólo será la corrupción el tema ante el que gire las elecciones, sino la postura que tendrá México frente a un Estados Unidos más nacionalista y aislacionista.

    Lo que menos querrá oír el público serán discursos «políticamente correctos» con una entonación blandengue que hablen de diálogos o acuerdos, sino una respuesta firme y contundente, alguien que lo represente.

    Y ahí, una ventana se abre para López Obrador.

    Margarita Zavala, en cambio, con su lenguaje demasiado bien cuidado y más tierno que determinado, podrá quedar en desventaja. Margarita despertará pasiones dentro de los panistas, pero no dentro del voto útil que definirá una vez más la elección. Ella es al final «la esposa de Calderón» -máxime en un país donde el machismo abunda- y a diferencia de Hillary Clinton, esa relación es muy evidente. Esas fotografías donde Margarita aparece en un yate con Calderón y los Mouriño sólo refuerzan la percepción de que ella es una de «los políticos de siempre».

    donde Margarita aparece en un yate con Calderón y los Mouriño

    Algunos harán todo lo posible porque López Obrador no llegue a la presidencia. Por diferentes razones, algunos ya sea por miedo a perder sus intereses o bien, otros una preocupación genuina por la economía del país, podrán soltar a los perros en contra de AMLO.

    Pero si esto sucede, el impacto será menor al del 2006, e incluso podría terminar fortaleciendo al tabasqueño; porque el emisor -sobre todo la propia clase política- ha perdido mucha legitimidad e inclusive autoridad moral como para tildar de «peligro para México» a su adversario.

    AMLO se ha conducido correctamente desde un punto de vista estratégico. A pesar de que sus propuestas nos parecen contraproducentes y absurdas a algunos de nosotros, son las que muchos otros quisieran escuchar, y también es cierto que no ha mostrado tantas muestras de radicalización como en años anteriores.

    Obrador no necesita convencer a todos, sino tan solo a «un poco más» de votantes que en 2012 y que los electores no se sientan muy motivados a votar por candidatos dentro del sistema -algo parecido a lo que sucedió en Estados Unidos, donde muchos que no simpatizaban con Trump, decidieron no votar tampoco por Hillary-. Ese escenario, vale decirlo, es muy factible.

    Y mientras que el PRI quedará desdibujado gracias Peña Nieto  -sumado a unas bases que están envejeciendo, y por tanto, reduciéndose- y ni el PAN ni el PRD han logrado hacer contraste con el gobierno actual, el candidato ideal sea aquél que sí logre llevar a cabo ese contraste. Si no es AMLO, podrá ser un independiente que ataque duramente a la clase política y sea determinante con Trump. Jorge Castañeda, aspirante a una candidatura independiente, va en ese sentido.

    La única opción que podrían tener «los tradicionales» es que el propio AMLO se boicoteé -escenario tampoco demasiado improbable-, lo cual le de el triunfo a otro de los «partidos de siempre», posiblemente el PAN.

    La clase política ha quedado tan ensimismada que parece no entender siquiera que el tablero de juego está cambiando. Recurren a las mismas fórmulas de siempre y se creen indispensables frente a una ciudadanía que conocen cada vez menos.

    En dos años pueden pasar muchas cosas, pero a mi parecer, las cosas parecen dirigirse en ese sentido. Quienes esperen que en 2018 ocurra lo «mismo de siempre» se llevarán una gran sorpresa.

  • Una indígena en Los Pinos

    Una indígena en Los Pinos

    Una indígena en Los Pinos
    Foto: Moyses Zuniga Santiago.

    En las últimas elecciones, siempre ha contendido una candidata o candidato que intelectualmente destaca sobre los demás y se gana la simpatía de muchos (que generalmente no se convierte en votos) por ser el nuevo, el que parece ser más inteligente y hasta el que parece mostrar un proyecto de gobierno más congruente, pero que no tienen posibilidad alguna de ganar porque fueron nombrado por algún partido pequeño sin estructura alguna. De hecho, ese perfil intelectual tiene una estrecha relación con sus nulas posibilidades de ganar la contienda. Al saber que su trabajo se limita a conservar el registro del partido pequeño al que representa, en vez de convencer a las masas, buscarán promover un programa o poner sobre la mesa una corriente de pensamiento. Ahí está la progresista Patricia Mercado, o el libertario Gabriel Quadri.

    El EZLN ha decidido nominar a una indígena para que contienda como candidata independiente por la Presidencia de la República. ¿Va a ganar? A menos que pase algo demasiado extraño y de proporciones históricas, no lo va a hacer.

    Pero seguramente esta indígena, arropada claro está, por el EZLN,  jugará un papel similar al que han jugado Quadri o Patricia Mercado. ¿Y saben? Esa es una muy buena noticia para México.

    ¿Por qué?

    Según el INEGI, más de 7 millones de mexicanos hablan una lengua indígena, pero su papel dentro de la política mexicana es casi inexistente. El simple hecho de tener una candidata indígena, dará visibilidad a las comunidades que han quedado rezagadas por muchos y utilizadas por el gobierno como accesorio en spots para presumir el país.

    Se pondrá el tema de los indígenas, sus derechos, sus comunidades, y sus problemas sobre la mesa. Ahora sí estarán representados.

    En un país de simulación, lo políticamente correcto es decir que el racismo no existe. La realidad es que México es un país muy racista. No nos vayamos tan lejos, cuando en el 2006 López Obrador contendió por la presidencia, se oyeron frases hirientes como «los nacos al poder» o «7 de cada 10 gatos prefieren Whiskas». López Obrador, así como gran parte de sus seguidores, son mestizos, no indígenas.

    En realidad, los indígenas son quienes más sufren, y son quienes han sido mayormente rezagados.

    Una indígena como candidata podrá dar voz a quienes no la tienen, a quienes han quedado en lo oscurito, a ese México que nos representa mucho pero que hemos «escondido» en aras de un México supuestamente más moderno y cosmopolita -término muy irónico-. Ella dará voz a unas comunidades que después del levantamiento zapatista, se encuentran en peores condiciones.

    No se trata de simpatizar con el EZLN -no comulgo con el marxismo que ellos pregonan-, sino de darnos cuenta que ésta puede ser una gran oportunidad para la clase social más rezagada y olvidada desde la colonia.

    A pesar de ser una «minoría muy numerosa», los indígenas no tienen representación en el Gobierno ni en el Congreso. Los partidos que presumen de dientes pa fuera mayor «preocupación» por estas minorías en el discurso como Morena o hasta el PRI, solamente lucran con su pobreza para ganar votos, para que una vez que lleguen al poder, desplacen a sus comunidades para construir un nuevo «proyectote», una nueva inversión -alguna minera canadiense-, o una obra para presumirla con un bombardeo de spots en televisión.

    Naturalmente, el más indignado con esta elección es López Obrador. Sabe que los votos (aunque sean pocos) que ella obtenga, los ganará, posiblemente, a costa de López Obrador. AMLO, al sentirse dueño de la izquierda mexicana, ya ha salido a decir que esto se trata de una estrategia del PRI y la «mafia del poder». Si pensabas que el Peje era quien defendería las causas de los indígenas, aquí te presento al verdadero López Obrador:

    Decir que el PRI está detrás del EZLN es insultar la inteligencia de muchos. Él mismo, desde el 2006, se ganó la antipatía del Subcomandante Marcos, por no representar tanto a una izquierda verdadera y más bien a un pequeño burgués emanado del PRI. López Obrador se ha dado cuenta que la izquierda no es suya, y que desde ese espectro ideológico, también tiene competencia.

    La candidata independiente no ganará la elección, pero seguramente será un gran triunfo y sentará un gran precedente. Más mexicanos, a través de su voz, podrán conocer más a estas comunidades y el rezago que sufren. Espero que esta sea el primer paso para que los indígenas tengan mayor representación en la política. Si los indígenas constituyen una considerable porción de nuestra población, también deberían tener acceso libre a desempeñarse en política para construir un mejor país, donde estén incluidos como ciudadanos y no como accesorios turísticos.

    Una candidata indígena y mujer, es un gran reto para romper paradigmas y tabúes en México.