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  • AMLO contra Meade. Técnicos contra rudos

    AMLO contra Meade. Técnicos contra rudos

    AMLO contra Meade. Técnicos contra rudos

    La izquierda mexicana tiene un serio problema, el cual explica, yo creo, por qué ha sido incapaz de llegar al poder.

    Y es que, si bien se presume experta para emitir diagnósticos, es tremendamente torpe cuando se trata de presentar proyectos, propuestas o metodologías.

    Muchas personas detestan la figura del tecnócrata. El tecnócrata es frío, calculador, lo suficientemente técnico para interpretar las circunstancias del individuo por medio de un número o una métrica. 

    Pero los tecnócratas son el ejemplo de que del otro lado sí están haciendo su chamba. Son técnicos con posgrados en otros países que si algo saben hacer es desarrollar estrategias, diseñar programas específicos y ejecutarlos. Uno no siempre podrá estar de acuerdo con lo que hacen pero saben lo que hacen (y aún sabiendo aquello que hacen pueden ser susceptibles a caer en errores).

    El tecnócrata es pulcro, cuidadoso, se apega a una metodología, respeta la formas, cuida bien lo que dice, entiende que una causa tiene un efecto específico.

    La izquierda no tiene algo parecido, no tiene técnicos ni especialistas en la materia que logren hacer un análisis exhaustivo del diagnóstico hecho para que, con base en éste, se presente un programa, una metodología específica que resuelva la problemática. Incluso en la forma en que ambas partes hacen demagogia queda patente este contraste:

    Por ejemplo, el lema que usa José Antonio Meade es «voy a convertir a México en una potencia mundial». La frase es muy demagógica (porque evidentemente en un sexenio no se puede convertir a un país en una potencia), pero la intencionalidad de esa frase es clara: generar una percepción tal en el electorado para que se decante por Meade (el futuro promisorio en vez del riesgo populista). Por eso es que esta frase, aunque muy mentirosa, no genera ruido. El peor escenario es que no genere efecto alguno, pero no le bajará puntos al candidato.

    Pero por otro lado tenemos a López Obrador diciendo que le ofrecerá amnistía al narcotráfico. La propuesta es muy demagógica también, pero dicha frase refleja su desconocimiento sobre el tema y queda más al descubierto cuando, al siguiente día, analistas y expertos en la materia la desmenuzan y la critican. No sólo es lo absurdo de la propuesta, sino que el electorado percibirá que Obrador es un hombre improvisado y poco preparado. Si dice puras ocurrencias, dirán, es porque está improvisando; y alguien que improvisa, sobre todo cuando aspira estar a cargo de un país, es alguien poco confiable. 

    Lo veremos con el tiempo. Las propuestas de Meade seguramente serán muy conservadoras e incluso maquillarán algunas pensando en que, de ser presidente, deberá «salvaguardar» los intereses de quienes lo pusieron en el poder. Si a Meade le preguntan por la corrupción, se saldrá, como ya lo hace, por la tangente e intentará, como buen técnico, dar una respuesta ambigua para desviar el tema. Pero dicha ambigüedad estará bien preparada, ya habrá ensayado dentro del cuarto de guerra con sus asesores qué respuesta corresponde a qué pregunta. Si lo acusan de esto, responderá esto. Intentará, en la medida de lo posible, no decir ocurrencias. 

    Con López Obrador esta dinámica será muy diferente. Las propuestas ya las vimos en su proyecto de gobierno, el cual tiene muchísimas deficiencias tales como errores de redacción, argumentos mal fundamentados y un largo etc. De igual forma es muy descuidado con su habla, no mide bien las consecuencias de aquello que quiere decir, tan solo las dice porque las quiere decir. Así, AMLO tropieza una y otra vez consigo mismo. Mientras López Obrador no analiza las consecuencias de sus palabras, en el cuarto de guerra de enfrente ya planean estrategias para propiciar que López Obrador caiga más. 

    Nadie se preocupa porque Meade proponga convertir a México en una potencia mundial. Muchos se preocupan por la propuesta de AMLO de amnistiar a los narcotraficantes. Desde el cuarto de guerra del PRI, los bots aprovechan el desliz para magnificarlo y a veces sacarlo de contexto al decir que pactará con el narco para que financie su campaña. 

    Pongo otro ejemplo: López Obrador dice que si él no es corrupto, todo su gobierno será honesto. ¿Qué percepción deja dicha afirmación? Que está sustentando su proyecto en ocurrencias imposibles de llevar a cabo, otros advertirán un tufo autoritario en la frase. Algo así como «El Estado soy yo» de Luis XIV.

    La candidatura de Meade sugiere algo parecido: «como la gente nos ve a los priístas como una bola de corruptos, pongamos a alguien que no es priísta y presuma un perfil honesto, o al menos lo parezca para que la gente piense que su gobierno se basará en la rectitud». El argumento es parecido, pero cómo se plantea es muy distinto. El PRI no dirá que es honesto, Meade se limitará a presentar sus credenciales y evadirse cuando le pregunten sobre la corrupción del partido que lo postula. Otra vez, el peor escenario es que la estrategia no tenga efecto alguno. 

    López Obrador tiene la ventaja de ir arriba en las encuestas y de ser más carismático que el candidato del PRI. Ciertamente, en una elección como esta, un perfil bajo como el de Meade podría no ser el más adecuado. Pero apelando a la capacidad técnica del uno y a la discapacidad técnica del otro, Meade podría, al menos, intentar trabajar sus desventajas, mejorar su discurso para escucharse al menos un poco más enérgico. Seguramente lo hará. Es un técnico y entiende que una causa determinada genera un efecto determinado. Lo que es dudoso es que López Obrador trabaje en las suyas, él cree que siendo como siempre es basta, que no hay que cambiar nada. Así, esa ventaja natural que tiene López Obrador sobre Meade, podría reducirse.

    Peor aún para López Obrador es que la gente termine apostando a lo seguro, y cuando sucede eso, quien gana es el técnico.

    Yo no sé quien vaya a ganar en 2018, yo no sé si a Meade le vaya a alcanzar. Lo cierto es que la técnica de Meade puede ser un factor clave en las elecciones entrantes, así como la rudeza y la improvisación de López Obrador. 

  • ¿Qué posibilidades tiene Meade de ganar?

    ¿Qué posibilidades tiene Meade de ganar?

    ¿Qué posibilidades tiene Meade de ganar?

    Sé que algunos van a decir que me subí al mame de «hacer ruido mediático» a favor de Meade como ya lo están haciendo los medios alineados al PRI. Nada más falso, pero ahora que el PRI postuló candidato (de López Obrador he hablado mucho) creo necesario hablar de las posibilidades que tiene José Antonio Meade. 

    La pregunta es difícil de responder porque todavía no conocemos la estrategia que el PRI va a utilizar para apuntalar a su candidato.

    Son muchas variables las que están en juego, pero yo considero que los priístas tendrán un dilema, el cual posiblemente llegue a ser determinante:

    Para que el PRI gane necesita conservar su voto duro (ese voto fiel, que está ahí, pero que cada vez es más reducido de tamaño). Si no lo hace, Meade pierde. Por otro lado, necesita ganar una porción de voto útil dado que con el puro voto duro no le alcanza. Si no lo logra obtener, también pierde.

    El problema que tiene el PRI es que su candidato tiene que ser atractivo tanto para los muy priístas como para los no priístas sin que eso signifique un problema. Y eso, en efecto, es un problema. ¿Por qué?

    La estrategia sensata para con el voto útil sería distanciarse del PRI a más no poder. Esto incluye su discurso, la comunicación e imagen, todo. Meade podrá argumentar que también fue Secretario de Hacienda en un gobierno del PAN y que tiene buena relación con algunos de ellos. Pero su ventaja puede ser una desventaja a la vez, porque Meade fortalece el discurso del «PRIAN» y de la «mafia del poder» de López Obrador. 

    La estrategia con el voto duro consistiría en adoptar un discurso mucho más tradicional y típico. Tendría que ponerse su chaqueta roja, tomarse fotos con los simpatizantes y acarreados, abrazarlos como buen priísta. De hecho ya empezó con esa faceta al ser cobijado por la CTM y la CNOP.

    No es el primer candidato del PRI que conozco que usa esa doble cara, de hecho es algo que se volvió muy usual incluso desde antes de la llegada de Enrique Peña Nieto al poder. La marca PRI atrae al voto duro y ahuyenta al voto útil. Y el problema es que al final las dos caras quedan en evidencia. Al final, aquella persona que no es priísta terminará viendo a Meade en la faceta más tradicional y rancia del PRI. Bastará verlo con su chaqueta roja, con todo el escenario y las estructuras del PRI.

    Y el mismo problema se suscita si esto ocurre al revés. Si Meade trata de desligarse de la marca PRI el voto duro lo verá con mucho recelo. Incluso algunos podrán percibir esta actitud como alguna forma de traición. Muchos esperan que su candidato cumpla con las formas y con los rituales propios del PRI y es casi condición necesaria para que sea ungido. 

    Uno de los pilares del éxito de su campaña es saber cómo resolver este dilema. Porque como decía Javier Tello: Meade es priísta para los no priístas y es «no priísta» para los priístas.

    Pero no es el único problema que tiene el PRI. Meade es un «tecnócrata neoliberal» en una elección que será muy visceral y que estará muy dominada por las pasiones. Meade representa la continuación del sistema con todo lo que ello significa (lo bueno y lo malo) y la única respuesta que puede dar ante los problemas de corrupción que serán una constante durante la campaña es que no es militante del PRI (aunque es simpatizante de hueso colorado) y que durante su trayectoria no ha cometido actos de corrupción. Pero si bien no los ha cometido, es muy cierto que los ha dejado pasar: tal y como ocurrió con la Estafa Maestra o toda la corruptela dentro de la SEDESOL. No soy corrupto, él podrá decir, pero sí ha sido cómplice. 

    Meade no es una persona muy carismática que mueva muchas pasiones. No es una persona confrontativa que se haya peleado ni discutido nunca con nadie. Ciertamente tiene una capacidad intelectual y académica mucho mayor a la de López Obrador y ello podría significarle una ventaja en los debates, pero su personalidad tan tranquila, tan de de centro (que suele funcionar más bien poco dentro del contexto en el que estamos) podría terminar boicoteándolo.

    La apuesta del PRI es dispersar el voto para que todo quede entre Meade y López Obrador. Sólo en un escenario así Meade podría ganar, ellos lo saben y por eso lo nombraron su candidato. La única forma en la que Meade podría acaparar voto útil es que se muestre como la alternativa al populismo de AMLO. Es la única forma en que su perfil tecnocrático podría funcionar: que la gente prefiera un régimen, sí, corrupto y nefasto pero que al menos sepan que su economía no está en riesgo, que otro que rememore al PRI de las crisis de los años setenta, a Venezuela y a la izquierda latinoamericana. Su apuesta es que en este escenario, el temor a López Obrador sea mayor que el encono social contra el PRI. Por eso Meade habla de la esperanza y de convertir a México en potencia, porque al no poder hablar de cambio tan solo puede hablar de mirar hacia delante en lugar de «regresar al pasado». 

    Dicho todo esto, el Frente tiene el comodín en sus manos. Le podría bastar, a mi parecer, con presentar a un candidato medianamente decente como Romero Hicks o a un candidato ciudadano como Jorge Castañeda que tengan la capacidad y autoridad moral de denunciar la corrupción del gobierno saliente y que puedan enarbolar una especie de cambio para sacar al PRI de la ecuación y dejar la batalla entre el Frente y López Obrador. 

    ¿El PRI tiene posibilidades de ganar? Sí, pero no puedo considerarlo el favorito. El PRI es como aquel equipo de futbol en la última jornada que necesita ganar y que que otros equipos no sumen puntos para poder clasificar. El PRI no depende de sí mismo (más cuando la sombra de Peña Nieto acompañará a Meade en la boleta), depende de que el Frente no ponga a un candidato competitivo y de que López Obrador cometa errores que puedan estropear su campaña (algo que es plausible).  

    La que será la campaña de Meade necesitará encontrar una fórmula muy creativa para construir a un candidato que no destaca por su carisma y que se encuentra en el dilema de ser o no ser priísta. La estrategia la entienden bien (pulverizar el voto para dejar todo entre PRI y AMLO). La ejecución, y los pequeños detalles, serán la tarea más difícil. 

  • Y el dedo del PRI apuntó a José Antonio Meade

    Y el dedo del PRI apuntó a José Antonio Meade

    Y el dedo del PRI apuntó a José Antonio Meade

    Ahora sí lo sabemos, Meade será candidato del PRI a la Presidencia de la República. 

    Algunos insistían en que Osorio Chong era el mejor posicionado en las encuestas, pero las encuestas ayudan en realidad muy poco para determinar quien es el candidato idóneo, y en este sentido, José Antonio Meade es quien tiene más potencial de todos: se trata de un hombre percibido como capaz, honesto, académico, inteligente, y lo que es más importante, no es priísta, tanto así que presidió la Secretaría de Hacienda cuando el gobierno de Felipe Calderón.

    Su presencia, dicen, seducirá a la clase empresarial y a parte de la clase media que estaba muy a disgusto con el gobierno de Peña Nieto. La seduce también por el contraste que planta frente a López Obrador. Mientras el tabasqueño les representa la improvisación, el populismo o el riesgo, Pepe Meade es, para ellos, lo opuesto: el equilibrio, la seguridad, la técnica y la capacidad. Así, algunos sectores, ahora enemistados con el gobierno actual, podrían ver con buenos ojos al hasta ahora secretario de Hacienda. Ahí está, la batalla del doctor en Economía por Yale contra el que salió con siete de promedio después de postergar varios años el término de su licenciatura en ciencias políticas por la UNAM. Ahí está el hombre de tez blanca que hasta presume tener vitiligo en su rostro, el que representa a la tecnocracia, contra el tabasqueño con su tez tostada, que representa a ese México bronco y tradicional.

    Dicho esto, Meade sería la única forma en que el PRI podría aspirar a acaparar algo de voto útil. Meade podría mostrarse como una figura que contrasta con el mandatario actual: Peña es percibido como tonto, corrupto e incapaz, mientras que Meade es visto como una persona inteligente, honesta y buen burócrata. 

    Tal vez, quienes hagan esta lista de cualidades de Meade no erren del todo. Meade es un «buen burócrata», aunque también es cierto que no conocemos tan bien varios de esos atributos que se esperan de un presidente, que no son necesariamente los mismos que puede tener un burócrata.

    Pero dentro de toda esta algarabía se está olvidando algo: Meade es el abanderado del PRI.

    Y ser candidato del PRI implica muchas cosas: basta ver toda la parsimonia del «viejo PRI» detrás de su nombramiento de su candidato, el destape por parte del presidente Peña Nieto que busca cumplir con cabalidad y meticulosidad esta ceremonia, tal y como sucedía en el régimen de partido único. Ahí está, el viejo PRI, comandado por el Presidente de la República que lo decide todo, aunque diga que «le tomó un día decidir su candidato, no, menos, cinco».

    Ser candidato del PRI implica adquirir, de forma automática y con mayor peso que en cualquier otro partido, una serie de compromisos que tienen que ver con los intereses del partido, que a la vez están compuestos por los intereses de sus integrantes. Serlo implica mantener un sistema que ha favorecido la corrupción, ese mismo sistema que permitió el surgimiento de los Duarte, de los Borge, de los Moreira. Si fuera como dice AMLO, que si el presidente es honesto todos van a ser honestos, entonces podríamos pensar que Meade podría hacer lo mismo, pero todos sabemos que eso no es cierto.

    Y tampoco erran del todo quienes nos invitan a poner la honestidad de Meade en tela de juicio. Dicen que también oculta cifras o las maquilla, que dice una cosa y luego dice otra, que dentro de su paso por Hacienda también hay errores que se deben de señalar. Posiblemente ello tenga que ver, no tanto con el propio Meade, sino con el hecho de formar parte de una forma de gobierno acostumbrada a la opacidad y a la mentira y al que ninguna persona se podría rebelar del todo. 

    Quienes tachen la boleta por Pepe Meade, aunque odien al PRI, también deberán ser conscientes de que votarán por el PRI, con todo lo que eso implica. No solo estarán votando por un personaje sino por toda una maquinaria de hacer política (a la mala, se dice mucho). 

    Es decir, aunque Meade no llegue a estar de acuerdo con muchas de las cosas que «allá dentro se hacen» tendrá que dejar pasar muchas cosas. No podrá rebelarse del todo frente a ese conglomerado de intereses que busca mantenerse, a como dé lugar, en el poder. 

    Los medios, sobre todo aquellos que estén cómodos con la idea de ver a Meade en Los Pinos, buscarán ensalzar al candidato. Como dice de forma acertada Jesús Silva-Herzog en su columna de hoy, nos lo mostrarán como el gran padre de familia que es, nos hablarán de su trayectoria, nos contrastarán sus doctos conocimientos en economía con la ignorancia «norcoreana» de López Obrador. ¿Que AMLO está contra la corrupción? Miren, Meade no es corrupto, a él no lo puede poner en la misma canasta, Meade es diferente, nada que ver con Peña: «él es el cambio», aunque sea el mismo PRI. Y no sin olvidar la arrastrada que le va a poner Meade a AMLO en los debates, no se equivocan quienes dicen que Meade es mucho más capaz que el tabasqueño.

    Pero no es lo mismo Meade abanderado por el PRI que Meade sin ser abanderado por el PRI. Serían dos presidentes absolutamente distintos, dos formas de gobierno distintas. Dicen, quienes no saben mucho de política, que no hay que votar por el partido sino por el candidato. Pero el partido sí importa, y más si es el PRI. El desempeño del Barcelona con Messi, no sería el mismo desempeño que mostraría, por un decir, el Necaxa si llegara a contratar al ídolo argentino. 

    José Antonio Meade es el recurso de un partido que está muriendo por dentro, que ve cómo su voto duro se diluye con el tiempo y con el cambio generacional. El fatal destino del PRI no podrá ser frenado ni siquiera si Meade llega a ser presidente. El PRI intenta ocultarlo, pero queda en evidencia cuando su mejor estrategia es colocar el «menos priísta de todos». y espera dividir el voto opositor porque el PRI no puede brillar con luz propia. Los priístas se aferran a Meade porque es la única forma que tienen para seguir sujetos a sus intereses aunque sea por tan solo seis años más. 

    A la vieja usanza, ahí está el candidato del PRI, el destapado: José Antonio Meade.

  • Un trabajo mal hecho. López Obrador y su proyecto de nación parte 2

    Un trabajo mal hecho. López Obrador y su proyecto de nación parte 2

    Un trabajo mal hecho. López Obrador y su proyecto de nación parte 2

    Existe un librito muy interesante y ameno del filósofo Harry Frankfurt llamado On Bullshit, que es básicamente un ensayo sobre cómo se puede manipular la verdad sin tener que mentir de forma explícita (es eso a lo que llama «Bullshit»). No se trata de una mentira como tal, pero es una falsedad. Por ejemplo, cuando una persona opina sobre aquello que no sabe, cuando se habla de un tema del cual no tiene dominio, cuando se dice algo sin prestar a los detalles o de forma descuidada de tal forma que no se toman en cuenta ciertas cuestiones relevantes para emitir una opinión. Posiblemente la intención no sea mentir deliberadamente, pero lo más probable es que aquello que diga sea falso. 

    Ahora que le presté más atención al proyecto que presentó López Obrador, me vino a la mente ese libro. Algo que es constante son las ocurrencias y las improvisaciones.

    Parece algo irrelevante, algo fútil, pero es algo importante y que dice mucho de lo que podría llegar a ser su gobierno. Los analistas de la cosa política, mas que concentrarse en que López Obrador se pueda convertir en el «Chávez mexicano» (afirmación bastante apresurada, a mi parecer), deberían fijarse en estos detalles. No sólo en lo que dice, sino en lo que quiso decir, y sobre todo, en lo que trató de no decir.

    Si existe una constante dentro de todos los proyectos de gobierno escritos por los candidatos es que estos suelen ser muy cuidadosos. Se procura que la redacción sea impecable, que se perciba muy técnica e incluso se disfrace aquellas propuestas demagógicas por medio de tecnicismos. Se comprende que quienes leerán los proyectos de gobierno son aquellos que leen, que analizan, que desmenuzan, y que por tanto, son más críticos. Estos textos están dirigidos mayormente a ellos. Se asume que la estructura del proyecto está plasmada de mejor forma ahí que en ninguna otra parte. La demagogia abierta queda para los spots y los discursos callejeros, aquí hay que ser más rigurosos o al menos aparentarlo.

    Eso no sucede aquí. El sitio web en el que se presenta, por su desarrollo y acomodo de los elementos, sugiere un trabajo profesional. Pero cuando uno empieza a leer los textos parece estar leyendo uno de esos trabajos en equipo de la preparatoria hechos un día antes de la presentación final. Hay errores de redacción imperdonables y, sobre todo, el texto no es consistente. Parece como si hubiera sido escrito por varias personas.

    Basta entrar a ver el planteamiento de las propuestas para darse cuenta que algunas de ellas son muy escuetas e improvisadas y dejan más dudas que respuestas. También se percibe una inconsistencia argumentativa e incluso ideológica: no es un proyecto, más bien parece la suma de varios proyectos diferentes (de entrada, parece una extraña combinación de las disimiles visiones de López Obrador y Alfonso Romo). Así como en los trabajos de preparatoria donde nota que la calidad final es distinta entre sus distintos elementos porque lo llevaron a cabo varias personas y ni siquiera se molestaron en integrarlo bien.

    Estos descuidos son muy relevantes porque no sólo hablan del poco profesionalismo, sino que muestran la incongruencia del discurso de López Obrador. Digo que se trata del proyecto de nación de López Obrador porque todos sabemos de antemano que él será el candidato de MORENA (el partido gira en torno a él). Sin embargo, ha prometido que el candidato de MORENA se someterá por encuesta y no por dedazo. Entonces uno se pregunta porqué en el proyecto se dice habla de un «objetivo del gobierno de AMLO» y no un «objetivo de MORENA». 

    Luego uno encuentra errores de redacción como «abatir la fuga». Parece que ni siquiera se molestaron en que un editor revisara la redacción para que estos errores no aparecieran. Estamos hablando del «proyecto de nación», no es cualquier documento.

    La imagen puede contener: texto

    También es posible encontrarse con silogismos tramposos y mal cuidados que muestran el poco rigor a la hora de plantear las propuestas. Si «A»  y «B» entonces «C».

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    Este error es más grave aún. No tanto por el «unas sola» sino porque se les olvidó eliminar del texto los comentarios y las anotaciones que se hacían sobre el texto mientras lo estaban trabajando. 

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    Voy a la siguiente. MORENA se había aliado a los demás partidos para evitar que el PRI-Gobierno impusiera al fiscal carnal y de igual forma se opusieron al despido de Santiago Nieto, titular de la FEPADE. El argumento en ambos casos (y con el que concuerdo) es que esto tiene la intención de que el gobierno pueda adquirir más control sobre diferentes dependencias de tal forma que le permitiera ser más opaco y así servirse a su intereses. 

    La otra incongruencia aquí es que López Obrador propone lo mismo. Quiere nombrar él al fiscal, quiere tener mayor control sobre los asuntos de seguridad:

    La improvisación y el descuido son «el sello de la casa» de MORENA y de López Obrador. Hay que recordar que en 2012, cuando intentaron denunciar al PRI por compra de votos (denuncia completamente legítima, dado que aquello que se quería probar sí ocurrió), armaron la demanda de una forma muy descuidada e improvisada. Mientras los priístas cuidaban mucho los detalles para hacer parece que no había delito donde sí lo hubo, los obradoristas fueron lo suficientemente descuidados como para que el equipo de Peña Nieto ni se despeinara. En vez de eso, crearon una suerte de exposición en el Zócalo mostrando las «pruebas del fraude» en las que había burros, objetos de campaña y demás artilugios que como tales no probaban nada. 

    Este es otro de tantos casos donde la improvisación hace gala de presencia. Y si la improvisación es típica de López Obrador, habría que preguntarnos cómo es que esto incidirá dentro de su hipotético gobierno. ¿Improvisarán cuando tengan que tomar decisiones a corto plazo que puedan afectar el rumbo del país? ¿Improvisarán de la misma forma cuando a la economía se refiere? ¿No pondrán atención a los detalles en las relaciones con otros países como Estados Unidos, o para determinar si una política propuesta es viable económicamente? Responder esas preguntas posiblemente sea más necesario que pronosticar inútilmente si México se convertirá en Venezuela, Cuba o hasta Corea del Norte. 

    Y no sin olvidar las incongruencias bajo las que se intentan ocultar esos rasgos de López Obrador que son los que generan más temor, como su afán de controlarlo todo (si yo soy honesto, todos van a ser honestos, y por tanto yo voy a decir que se hace en temas de seguridad). 

    Es importante notarlo, porque si queremos formarnos una idea de lo que sería el gobierno de López Obrador debemos saber que «el diablo está en los detalles», no en las campañas negativas ni en los discursos llenos de lugares comunes que se repiten una y otra vez. 

    Primera parte

  • El fracaso de Pedro Ferriz y la pesadilla independiente

    El fracaso de Pedro Ferriz y la pesadilla independiente

    El fracaso de Pedro Ferriz y la pesadilla independiente
    Foto: Tony Rivera / www.launion.com.mx

    Ferriz de Con trató de crear muchas expectativas con su candidatura independiente. Todo empezó cuando, como comunicador, comenzó a criticar de frente al Gobierno Federal. Así, se volvió una especie de voz para las clases medias conservadoras cuya indignación ante el gobierno de Enrique Peña Nieto fue in crescendo, para después, como respuesta a la censura del propio gobierno que sufrió y lo sacó del aire, crear su plataforma digital Ferriz Live TV. Luego decidió que podría ser Presidente de la República. 

    Y se dedicó a hacer campaña, se presentó en foros, universidades, usó constantemente las redes sociales para exponer su imagen y criticar de forma constante al gobierno para así mostrarse como una especie de opositor. 

    Luego le dijeron a Pedro Ferriz que tenía que juntar casi 900,000 firmas para poder ser candidato independiente. Poco menos de 1 de cada 100 mexicanos tendría que darle su firma. 

    Ferriz, sabiendo que es figura pública, dijo: ¡va! No sólo él pensaba que podía conseguir las firmas que necesitaba. También así lo afirmaron algunos «comentócratas» e incluso varias encuestadoras colocaron a Pedro Ferriz en la posible terna para conocer las preferencias de los ciudadanos de cara a las elecciones de 2018. 

    Pero su campaña ha resultado un fiasco.

    La pongo de este tamaño. El 11 de octubre inició el plazo para recabar las firmas y dicho plazo termina el 12 de febrero. Van 3 semanas y faltan 15 semanas. Al último corte del INE (las últimas 3 semanas), Pedro Ferriz es quien ha conseguido recabar menos firmas de los cinco candidatos principales (a los que se suman Ríos Piter, Marichuy, El Bronco y Margarita Zavala). 

    Pedro Ferriz lleva 4,928 firmas en 3 semanas. Si faltan 15 semanas y sigue la misma tendencia, Ferriz va a lograr recabar 29.568, lo que implica que sólo logrará juntar el 3%. Los demás contendientes tienen un panorama casi igual de desolador. Incluso Margarita Zavala, a este ritmo, tan sólo juntaría un cuarto de las firmas que necesita:

    Evidentemente la recolección de firmas no es lineal (en unas semanas se podrá recabar mucho más que en otras), pero haciendo este ejercicio podemos hacernos un poco a la idea de las posibilidades que tienen. 

    Pedro Ferriz de Con

    Los candidatos le echan la culpa a la app, a veces porque no entienden bien cómo funciona, o porque demandan al INE que «la abran al público» y así cualquiera pueda dar su firma en vez de que se tengan que registrar como auxiliares. Ciertamente, las barreras de entrada puestas por el INE son altísimas, pero también es cierto que conocían las reglas del juego antes de entrar. 

    Llama la atención, por ejemplo, que Marichuy y El Bronco son los que recaban más firmas por auxiliar (la primera con 3.5 y el segundo con 3.1) Pedro Ferriz es el que menos recaba con 1.4 firmas. Entonces no sólo es un problema de la app, sino también de organización. 

    Durante años, Pedro Ferriz ha presumido formar un movimiento a través de la República Mexicana, la «Revolución del Intelecto» le llamaba. Pero en el momento justo cuando necesitaba uno demostró que no tiene ninguna estructura ni una base sólida de seguidores. 

    Para demostrar el tamaño de fracaso de su campaña, más allá de las altas barreras de entrada, hay que compararlo con Pedro Kumamoto, quien está buscando firmas para ser Senador de la República (lo cual sólo está llevando a cabo en la Zona Metropolitana de Guadalajara). Kuma ya tiene más de 16,000 firmas contabilizadas, utilizando «la misma app inservible». ¿Por qué Kumamoto, en una sola ciudad, puede recabar más de tres veces lo que ha recabado Pedro Ferriz?

    Porque, debemos ser sinceros, la campaña de Pedro Ferriz es un fiasco. Su candidatura no tiene empuje. Pedro Ferriz pensó que bastaba con ser un comunicador medio famoso para que todos se unieran a su causa, eso no ocurrió. Posiblemente tenga cierta reputación como comunicador, pero no son muchos los que lo ven o consideran como el próximo Presidente de la República.

    Aunque no creo que de ninguna otra manera hubiera tenido mucho mejor suerte, bochornos como el ocurrido en una universidad donde insultó a un joven por preguntarle sobre sus problemas conyugales lo dejan ver como una persona poco capaz para llegar al cargo. Ferriz no logró trasladar su «aura de comunicador» a su intención de ser presidente. Una cosa es comunicar, otra cosa es dirigir un país.  

    Las candidaturas independientes generaron muchas expectativas, se decía que podríamos tener dos o tres candidatos independientes en las elecciones venideras. La realidad es que con suerte solo se tendrá una, y sería la de Margarita Zavala, quien sólo es independiente por los obstáculos que le pusieron en el PAN.

    Al parecer, los «nuevos mecanismos» no son suficientes para que un candidato realmente ciudadano pueda contender por la presidencia. La clase política, enraizada en el poder, puede dormir tranquila, porque no habrá alguna amenaza seria dentro de las elecciones venideras.

    Pero no. Ferriz no sólo es víctima del INE ni de la clase política. Es víctima de sí mismo. No es un candidato competitivo. 

    Y por cierto, lo había dicho hace tiempo (cosa que molestó a algunos). 

  • Darle tu firma a un independiente ¿Se la doy, no se la doy?

    Darle tu firma a un independiente ¿Se la doy, no se la doy?

    Darle tu firma a un independiente ¿Se la doy, no se la doy?

    Las elecciones del 2018, por un decirlo, ya comenzaron. Y comenzaron con los candidatos independientes que se cuentan por decenas, quienes se registraron ante el INE y que ahora tienen el objetivo (imposible para unos, no tanto para otros) de recabar casi un millón de firmas. 

    El panorama se complica si partimos de que los ciudadanos no le pueden dar su firma a más de un candidato independiente. Por un decir, si ya firmaste por la candidatura de Margarita Zavala, no lo puedes hacer por la de Pedro Ferriz.

    No creo que Margarita ni Pedro tengan demasiados problemas para conseguir las firmas. Margarita tiene una base electoral lo suficientemente firme y Pedro Ferriz es un comunicador muy conocido. Incluso pienso que a Marichuy le alcanzará.  Los otros candidatos, los menos conocidos, verán que su travesía es casi imposible. 

    Entonces, si hablamos de que varios candidatos independientes aspiran a juntar un millón de firmas, y que algunos (como el propio Pedro o Margarita) aspiran hacerlo dentro de las zonas urbanas que es donde su imagen está más posicionada, es probable que alguien de ellos te pida su firma. Pero ¿vale la pena? 

    Los candidatos independientes no son garantía de nada, su condición de independientes no garantiza que gobiernen bien ni garantiza que estén libres de intereses. Son una alternativa a los candidatos partidistas, no vienen a sustituirlos. Por lo cual, a la hora de hacer una elección, a los independientes se les debe de medir con la misma vara.

    También, aunque coincidan en ser independientes, lo son por razones muy distintas, y dichas razones tienen mucho peso. Margarita, Armando Ríos Piter y El Bronco militaron en partidos políticos durante toda su vida, de los cuales sólo se salieron cuando decidieron que era políticamente rentable hacerlo. Tampoco es lo mismo Marichuy que viene de una comunidad indígena que Pedro Ferriz quien es uno de los comunicadores más conocidos del país. Las propuestas de los independientes (que importan mucho) varían de forma considerable, y su ideología política (que también importa) muestra muchas variaciones: Mientras que Ferriz y Margarita se pueden ubicar a la derecha, Ríos Piter puede ser calificado de socialdemócrata. Ferriz quiere ser presidente, porque dice, está harto de la corrupción, Margarita porque no la dejan ser candidata del PAN, Marichuy, ante la imposibilidad de ganar, quiere poner en la mesa temas relacionados con el género y el indigenismo. Otros tienen un interés más oscuro, como ayudar a fragmentar el voto opositor a favor del PRI. 

    A pesar de que son candidatos muy disimiles, coinciden en una cosa: todos atacan al establishment, adoptan el discurso de que los partidos ya no sirven y que debemos sacar a la clase política a patadas. 

    Todos prometen un cambio, hasta los que están construyendo su propia candidatura como Edgar Portillo. Apelan a representar «ahora sí» a los ciudadanos, se venden como si fueran parte de la propia ciudadanía y no de la clase política (aunque algunos de ellos apenas hayan salido de ahí), publican videos y mensajes motivadores. Mercadológicamente es lo que funciona. Lo primero que se le viene a la mente al asesor político es que la frase «candidato independiente» puede disociarse de la frase «clase política» porque formalmente no es parte de ella. Y como puede disociarse, entonces también puede separarse de sus vicios (aunque en la práctica sea algo bastante más complejo):

    Pero prometer un cambio y señalar la corrupción es fácil (sobre todo para un independiente que no tiene compromiso alguno y que no va a pagar ningún precio por ello), crear un discurso alentador como ellos hacen no sólo es algo que no cueste mucho trabajo sino que es algo más bien bastante predecible. Estoy seguro que entre los independientes, hay quienes tienen más autoridad moral para representar a la ciudadanía que otros. 

    Y como prometer es fácil, entonces no debería ser una de las razones por la que le vas a dar tu firma a un candidato. Por eso, considero que es importante tomar en cuenta las siguientes características.

    1) El candidato deberá mostrar un plan de gobierno sensato y creíble. Es cierto que a estas alturas es difícil que puedan presentar algo muy concreto, pero es importante, al menos, que sepan qué es lo que van a hacer si llegan a Los Pinos. Frases como «vamos a combatir la corrupción» o «voy a fortalecer a la ciudadanía» suenan muy bonitas pero no dicen nada. Tampoco promesas absurdas como «voy a hacer que México gane el mundial». Pregúntate: ¿lo que promete es viable? ¿Sus promesas van relacionadas con las necesidades que el país tiene?

    2) Deberás investigar quien acompaña al candidato. Eso habla mucho de él o ella. Por ejemplo, si muchos académicos apoyan una candidatura dice una cosa, si ex presidentes lo hacen, dice otra cosa. Si nadie lo acompaña, también dice algo. Aunque no tengan partido, es muy difícil (y absurdo) que vayan completamente solos. Necesitan un equipo, gente u organizaciones que les de soporte. Aquí pregúntate: ¿quienes lo acompañan me inspiran confianza? ¿Me representan de alguna forma o percibo que nada más son grupos de interés? 

    3) Trayectoria. No bastan las buenas intenciones para gobernar, también es importante que el candidato esté preparado para hacerlo. Aunque no haya participado directamente en política, deberá mostrar que su trayectoria lo capacita para el cargo, que se haya molestado en prepararse (por medio de estudios o similares) y que dicha trayectoria sea honorable: ¿su trayectoria lo capacita para el cargo? ¿Su trayectoria es honorable y me inspira confianza? 

    4) Es importante tomar en cuenta todo lo que ya había mencionado. Pregúntate ¿Por qué quiere ser candidato independiente? ¿De dónde viene? ¿Me inspira confianza? ¿Cuál es su postura política con respecto a diversos temas? Incluso analiza su carácter, su lenguaje corporal. ¿Es una persona abierta o es una persona necia? ¿Parece sincero o siento que nada más está actuando para convencerme?

    Una vez que te hayas contestado estas preguntas, podrás determinar si vale la pena darle la firma al candidato independiente que te lo pida. Así, nos ayudarás a hacer el favor de que quienes estén en la boleta sean candidatos independientes que tengan un propuesta y sí puedan ser una buena oposición. 

    Porque hasta para elegir al candidato independiente a quien le vas a dar tu firma tienes que pensar con la cabeza. 

  • Somos huérfanos políticos

    Somos huérfanos políticos

    Somos huérfanos políticos

    En medio de un país paralizado ante los contundentes casos de corrupción evidenciados, los ciudadanos estamos ante la siguiente encrucijada:

    Digamos que los ciudadanos tendremos que elegir en el 2018 a nuestro presidente dentro de una terna que podemos considerar pobre cuando menos, porque al parecer, ninguna de las opciones puede representar cabalmente a la mayoría. Dichas opciones, tomando en cuenta que sólo MORENA ya ha elegido candidato, son las siguientes.

    1.- El PRI: El partido que ha sumido a México en la corrupción y en una severa crisis institucional. El que ahora lidera este país con uno de los presidentes más repudiados de la historia. Aunque seleccionen a un «independiente» como Meade o Narro, al final, el partido cuyos miembros han sumido al país en un mar de corrupción, seguirá gobernando. 

    2.- El Frente Amplio Opositor  (FAO): Compuesto por PAN, PRD y MC, partidos de derecha e izquierda cuyas coincidencias son pocas pero que han decidido amalgamarse, en teoría, para hacer frente a este «régimen corrupto» cuyo fin, dicen, no es meramente electoral cuando en el fondo sí lo es. Como un amigo mío decía, imagina a un Legionario de Cristo que después de misa va a una marcha LGBT, y por último, decide afiliarse a un movimiento marxista. 

    Lo mejor que podría hacer el FAO sería colocar a un independiente. Pero aún con ese escenario no se resolvería de raíz el problema de la degradación política que impera en el país. Al final de cuentas, el independiente estaría de alguna forma sujeto a los intereses de los partidos que lo postularon.

    Y no sin olvidar que dos de los 3 partidos (el PAN y el PRD) viven una severa fractura interna, lo cual, en parte, explica la necesidad de crear este frente. No son lo suficientemente fuertes para «ir solos». 

    3.- El populismo: Representado claramente por MORENA y López Obrador, quien promete acabar tajantemente con la corrupción (aunque incorpore a René Bejarano a su equipo) y propone medidas obsoletas para hacerlo así como para hacer que la economía crezca (por medio de medidas con excesiva intervención del Estado). 

    4.- El independiente: Esta opción podría ser más factible, pero hasta la fecha, el conglomerado de independientes no ha elegido al candidato y existe la posibilidad de que, debido a las barreras de entrada para ellos, sea postulado por el FAO.  

    En este entorno, sólo los que simpatizan con el PRI (que gran parte de ellos lo hacen porque pertenecen a ese partido con los beneficios que ello implica) y los que simpatizan fielmente con López Obrador, pueden sentirse representados. Los suyos son los buenos y los otros son los rivales a vencer.

    Pero todos los demás hemos sido «dejados a la suerte». Somos una especie de huérfanos políticos quienes tenemos que ser pragmáticos a la hora de votar porque no hay alguna opción empate con nuestros valores y principios. No importa si somos progresistas liberales o conservadores. Básicamente no estaremos representados en la terna y tendremos que elegir a aquél que se le parezca un poco más, o bien, votar en contra de la opción que vaya más en contra de nuestros valores (algunos votarán en contra de la corrupción representada en el PRI, otros contra el populismo representado en López Obrador, o bien, contra la incongruencia ideológica del FAO). En realidad, parece haber más razones para votar en contra de alguien que en favor de alguien.  

    En la terna tampoco hay una alternativa que rompa con la degradación política que vive nuestro país. El PRI, naturalmente, representa su continuidad, PAN y PRD, son también parte del problema. MORENA es quien estaría dispuesto a tomar un riesgo mayor, sin embargo, muchos somos escépticos de que dicho riesgo pueda traer buenos dividendos y pensamos que más bien podrían replicar varios de los vicios del régimen actual. De la misma forma, vemos cómo MORENA puede incorporar a varios elementos de «la mafia del poder» en tanto les sean útiles.

    Algunos aseguran que esta condición se puede explicar desde un punto de vista global, donde los gobiernos y partidos occidentales tienden a tener menos credibilidad por su poca capacidad de representar ideológicamente a los ciudadanos. Pero creo que solo lo explica en parte, porque nuestro régimen también tiene sus peculiaridades que no se pueden explicar desde el exterior. La corrupción y el compadrazgo son claros ejemplos.

    Así están las cosas rumbo al 2018. Muchas cosas pueden pasar en un año, pero si no pasa algo raro, todo indica que los ciudadanos no tendremos «mucho de donde escoger». 

  • Todos contra López Obrador, Plan B

    Todos contra López Obrador, Plan B

    Todos contra López Obrador, Plan B

    Había advertido que el «escándalo» de Eva Cadena no iba a perjudicar mucho a López Obrador, básicamente porque la insistencia del PRI y del PAN ante un hecho que, ciertamente reprobable (y que ellos repiten constantemente dentro de sus organizaciones), daría la apariencia de que la «mafia del poder» está urgida de tumbar a López Obrador. Tampoco parece haber surtido mucho efecto que se hablara mucho de la crisis de Venezuela y que el Gobierno Federal tomara una actitud «más proactiva» denunciar el atropello de los derechos humanos en ese país para así advertir de forma tácita lo que ocurriría si López Obrador ganara.

    El problema es que para criticar hay que tener autoridad moral y en ninguno de los casos esto existió. Ver al PRI criticar a López Obrador por recibir moches es algo cómico cuando menos, y ver al gobierno denunciar y presionar a Venezuela cuando en México tenemos muchísimos problemas sin resolver puede llegar a ser algo indignante. 

    La encuesta de El Financiero (que generalmente no es muy complaciente con López Obrador) demostró el resultado de sendas campañas: parece que le hizo ni lo que el viento a Juárez. López Obrador sigue en el primer lugar de las preferencias. A pesar de los errores que ha cometido, López Obrador sigue allá arriba. 

    Frente Amplio Opositor
    Fuente: El Financiero

    Por eso es que ha surgido el Frente Amplio Opositor, una alianza PAN-PRD rumbo al 2018, la cual se ha vendido como un frente contra el PRI cuando en realidad la prioridad principal es López Obrador. Es obvio que se insiste que es un frente contra el partido en el poder porque de esta forma aspiran a ganar mayor legitimidad. Pero dicha legitimidad está en duda al ver que han tenido la desfachatez de amagar con incluir al Partido Verde (al cual parece que el PRI despreciará porque ya no es tan rentable) en dicho frente. 

    Había comentado que para que una alianza así funcione necesitarían postular a un candidato independiente de renombre y que no se le vincule con los partidos que conforman dicho frente. Y así es a juzgar por la encuesta de El Financiero, porque si bien López Obrador va a la cabeza, lo cierto es que le gana y no por mucho a dos candidatos grises e insípidos como lo son Margarita Zavala y Osorio Chong. Un candidato que logre contrastar con lo común, que se le vea ajeno a la desacreditada clase política, podría ser una muy dura competencia para AMLO. 

    Me pregunto cuál sería la postura del PRI, porque después de ver que lograron ganar con estrecho margen el Estado de México dividiendo a la oposición, podrían pensar que no todo está perdido rumbo al 2018. Me pregunto si por debajo del agua preferirá aceptar la derrota en beneficio de dicho frente para que abandonado el poder no pierdan sus intereses, o bien, decidirán contender esperando dividir a los dos actores (a MORENA y al frente) para así retener la presidencia (lo cual se antoja muy difícil pero no imposible). 

    Dentro de la iniciativa también se percibe desesperación. Tenemos que señalar la incongruencia ideológica que representa esa alianza, ni en lo social ni en lo económico existen las suficientes coincidencias. ¿Cómo le harán entonces para empatar sus agendas? ¿Cómo podrían conciliar intereses quienes representan a polos opuestos dentro de debates tan candentes como el matrimonio gay, entre quienes entienden al humano de forma binaria (hombre, mujer, papá, mamá) y entre quienes promueven el género como producto de construcciones sociales? 

    Entiendo que haya casos donde, por medio de una estrategia pragmática, facciones que son muy diferentes entre sí creen una alianza para evitar un mal mucho mayor. Así sucedió con la alianza que forjaron Roosevelt, Churchill y Stalin contra Hitler. Pero en este caso no se justifica. Aunque muchos coincidimos en que AMLO es una mala opción y que algunas de sus propuestas económicas son riesgosas, tampoco existe una amenaza tal (sobre todo si tomamos el estado actual de las cosas) que justifique una alianza en el cual diferentes facciones puedan prescindir de sus ideologías en aras de una empresa mayor. 

    Además, como lo he advertido, no es que a nuestros políticos no les preocupe tanto que México se «venezonalice» como se asegura, sino que tienen miedo de perder sus cotos de poder y sus intereses porque si en algo coincidimos es que López Obrador representa, de entre todas las opciones, la mayor irrupción dentro de la estructura política. Y eso se nota, porque aunque hablen de frentes contra el PRI, la batalla contra López Obrador se puede ver claramente desde cualquier ángulo.

    Naturalmente un frente opositor como éste puede cerrar la ventaja que tiene López Obrador, pero depende mucho de la estrategia de dicho frente. Si esto se configura, me atrevería a decir que ganará quien cometa menos errores estratégicos; porque si algo hemos aprendido es que nuestros políticos (tanto AMLO como los priístas, panistas y perredistas) son capaces de cometer, en un arranque de soberbia, errores impensables. 

    Y también debemos recordar que esta postura puede coexistir junto con la honesta preocupación que tienen otros actores sobre la figura de López Obrador (no todo el que critica al tabasqueño tiene un interés o una agenda oculta). Así, podremos ver cómo las críticas interesadas intentarán mimetizarse con aquellas críticas que sean más sinceras y válidas, lo cual obligará a quienes están interesados en la política saber cual es cual.

    La clase política hará todo lo posible para que no llegue López Obrador, moverán mar, cielo y tierra por mantener el poder y sus intereses.