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  • Lée esto antes de decirle pendejo al que no va a votar como tú

    Lée esto antes de decirle pendejo al que no va a votar como tú

    Lée esto antes de decirle pendejo al que no va a votar como tú

    En el libro «Political Brain» de Dres Westen, se narra un experimento para tratar de entender qué tan racional es el hombre a la hora de decantarse por un candidato o candidata. En dicho experimento se sometió a los participantes (que simpatizaban con los republicanos o con los demócratas) a una serie de diapositivas: en la primera, cierto político hacía una afirmación, y en la siguiente hacía otra afirmación que se contradecía con la primera (Por poner un ejemplo, un candidato dice: «voy a subir el salario mínimo para ayudar a las familias que menos tienen» y un mes después ante empresarios dice «subir el salario mínimo es una medida artificial que va a detonar la inflación»). Luego, se les pedía que en una escala del 1 al 5 evaluaran qué tan contradictorio era dicho candidato.  

    Resultó que los participantes le dieron una calificación más alta (más contradictorio) al político del partido con el que no simpatizaban, en tanto que, de la misma forma, relativizaban las contradicciones del político del partido con el que tenían simpatías. Al primero le daban un 5 y al otro un 2 o 3. Las reacciones en el cerebro de los participantes iban en consonancia, los participantes buscaban reducir aquellas sensaciones que les parecieran desagradables e incómodas (como caer en la cuenta de que su candidato era un mentiroso).

    Cuando de una elección se trata, todos juran ser objetivos y racionales. Todos juran estar del lado de los que piensan, mientras que los otros son los emocionales, los viscerales, y hasta los pendejos y los ignorantes; como si la elección se tratara de una batalla entre los que sí piensan y los pendejos. Peor aún, creen que haciendo gala de su superioridad moral van a lograr persuadir a los otros:

    – A ver, voy a compartir este post y le voy a poner: «para que se eduquen, chairos ignorantes». Así le voy a quitar algunos votos a López Obrador.

    En realidad, eso es muestra de que ellos mismos también están siendo muy irracionales. En principio, porque ni siquiera saben las razones por las cuales sus «contrapartes» van a votar por uno u otro candidato. Creen que «escuchar las razones del otro» es ceder, cuando bien les podrían dar más información para llevar a cabo una elección racional. En ese momento, elegir a un candidato deja de ser un tema de racionalidad y comienza a ser una batalla donde cada quien agarra una bandera.

    Por eso es que en los debates las tendencias se mueven más bien poco y sólo llegan a influir entre los que están más indecisos. Los que han tomado una postura no la van a cambiar y el debate solamente les funciona para reafirmar su postura. Tómese como constante en esta elección la batalla entre el lopezobradorismo y el antilopezobradorismo. Según Demotecnia, AMLO fue el gran ganador del debate, pero al mismo tiempo también fue el gran perdedor del debate. 

    Fuente: Demotecnia
    De las Heras Demotecnia

    ¿Por qué pasa esto? Porque la postura que los electores tienen frente a López Obrador (sea positiva o negativa) se explica más por las emociones que por la razón. Las dos emociones que mueven más estas elecciones tienen que ver con el tabasqueño. López Obrador es el depositario del hartazgo hacia el gobierno actual y el sistema, y «se le tiene miedo» a López Obrador. No hay medias tintas con el candidato, no son muchos los que se atreverían a decir: «pronostico que AMLO no gobernará muy bien pero no ocurrirá una catástrofe» o «la presidencia de AMLO será medianamente aceptable» aunque esos escenarios bien pueden plausibles. 

    El efecto de la polarización, generada tanto por el tabasqueño con su discurso como por sus críticos acérrimos con las campañas de contraste, ha acentuado estas posturas. Unos esperan un cambio profundo y otros una tragedia. Eso también explica por qué la postura hacia López Obrador suele ser más dura e incluso rayar en el fanatismo en muchas ocasiones, mientras que los otros dos candidatos casi no generan emociones ni de una simpatía extrema ni de un fuerte rechazo, sino más bien de indiferencia, cierto desprecio o más bien como vía para ejercer el voto útil contra AMLO.

    Este sesgo de confirmación no es necesariamente producto de la ignorancia, ya que es posible verlo hasta en los más eruditos quienes hacen juicios de los candidatos con base en sus posturas ideológicas. Esta irracionalidad tal vez tenga algún sentido de existir ya que es muy complejo y difícil pronosticar bien a bien cómo es que un candidato va a gobernar, y sólo es posible tener una vaga aproximación con información limitada porque ni siquiera conocemos el entorno en el que gobernará.

    Una forma de tener alguna aproximación es analizando las propuestas y corroborar que estén bien sustentadas. Para saberlo será, en muchos casos, necesaria la opinión de expertos en el tema de quienes debemos esperar que algún tipo de sesgo no tuerza la evaluación ya que prácticamente nadie tiene la preparación en todas las áreas en las que un Presidente gobernará. Habrá que ver si están realmente dispuestos a cumplirlas o son actos de propaganda; y si están dispuestos a hacerlo, habríamos de preguntarnos si habrá la posibilidad política de aplicarlas (por ejemplo, reformas que necesiten una mayoría en el Congreso). 

    Importa, sí, el historial del candidato y su reputación. Pero aunque sea buena o mala, tampoco sabemos bien a bien cómo podrá reflejarse en su gestión. Hay atributos que pueden ser vistos como malos pero que en ciertos contextos podrían llegar a ser buenos. Me viene la mente cuando a Anaya se le acusa (con razón) de haber traicionado a otros políticos para salirse con la suya. Esa agudeza política no siempre será nociva, en ciertos contextos podría incluso generar algunos aciertos. 

    Entendiendo todo esto, podemos concluir que emitir un voto racional es más bien complicado. Y ya que la realidad objetiva en esta cuestión es difícil de alcanzar y evaluar dada su complejidad, las subjetividades y las emociones juegan, sí o sí, un papel muy importante. Aunque esta imposibilidad no significa que nos dejemos llevar completamente por las emociones, sino reconocer nuestras limitaciones y procurar acercarnos a la realidad objetiva lo más posible, aunque no la alcancemos del todo.

    Si se le viera desde un punto de vista racional y pragmático, un solo voto no vale casi nada. A menos que la diferencia entre los dos punteros sea de un solo voto, el voto de una sola persona no alterará el resultado de la elección. Pero en realidad muchos de los electores están deliberando y discutiendo su forma de votar durante toda su campaña y, pasados los años, recuerdan muy bien por quienes votaron (al menos los cargos muy importantes). Debe haber necesariamente un componente emocional para que la gente salga a votar.

    Un voto también es una forma de reafirmarse personalmente, es también una suerte de expresión personal. Cuando una persona vota por tal o cual candidato reafirma ciertos valores o intenta mandar un mensaje. Su voto casi no hará diferencia, pero sentirá un placer dentro de su organismo cuando vote por un candidato para votar al sistema o cuando vote en contra del otro candidato. También alimenta su sentimiento de pertenencia, lo cual es fácilmente demostrable en las redes sociales donde se crean facciones: «los chairos contra los fachos o derechosos». Votar es pertenecer a algo, a una forma de percibir y concebir la realidad, percepción que está dada por factores culturales, de historia personal y hasta genéticos, donde algunos valores tienen prioridad sobre otros: algunos se preocupan más por la libertad que por la igualdad y viceversa.  

    Cuando una persona cuestiona a otra y le dice: «qué pendejo, cómo votaste por Anaya», no sólo está haciendo un juicio de su voto, sino de su persona, porque su forma de votar podrá reflejar algo de su persona e incluso se atreverá asumir atributos que tal vez ni siquiera la otra persona posee. Incluso evaluamos las subjetividades de la otra persona por medio de nuestras subjetividades propias. Por eso es que un ínfimo voto que por sí mismo no cambia ninguna realidad puede llevar a mucha gente a perder amigos o hasta familiares. 

    A menos que una persona piense votar por un candidato porque tiene un gran deseo de afectar a otras personas (por ejemplo, votar por un candidato que deseé atentar contra la integridad o dignidad de algún sector social), hacer un juicio sobre la integridad de una persona tan sólo por su intención de voto es un acto irresponsable. 

    Por eso es importante recordar que, antes de juzgar a otra persona por su forma de votar, recuerdes que es muy posible, si no es que seguro, que las emociones también estén teniendo una influencia sobre tu voto.

  • Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

    Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

    Tienes una amiga cuyo novio la maltrata y golpea. Acude a ti después de haber sido maltratada; llora, y te pide que la abraces porque se siente muy mal. Tú le dices que lo deje. Al cabo de algún tiempo, ella lo deja e inicias tu proceso de conquista porque estás enamorado de esa mujer que fue maltratada y golpeada. Naturalmente por prudencia no la tratas de conquistar desde el inicio, sabes que tiene que pasar un proceso de duelo, entonces haces las cosas «poquito a poquito»; pasan algunos meses, y justo cuando ya tienes todo preparado para declararle tu amor, te enteras que ha regresado con el mismo novio golpeador. Ella te asegura que ha cambiado, pero tu ves al mismo patán malparido de siempre.

    ¿Cuál es tu reacción?

    Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

    Bueno, eso es lo que muchos sentimos cuando la gente vota «por los mismos», por aquellos que hace no mucho nos indignaron tanto, a quienes acusamos de rateros y ladrones.

    Me acordé de nuestra proclividad al masoquismo al ver a Keiko Fujimori ganar las elecciones primarias. ¿Quién es Keiko? Bueno, es la hija de Alberto Fujimori, ex Presidente que hoy se encuentra en la cárcel cumpliendo 25 años de condena por delitos de lesa humanidad y corrupción. A pesar de ello, Alberto Fujimori sigue siendo «bien visto» por de 50% de los peruanos.

    El escritor Mario Vargas Llosa (ese mismo que acuñó la frase «dictadura perfecta» refiriéndose al regimen del PRI que se mantuvo por 70 años en México), y quien perdiera las elecciones de 1990 con Alberto Fujimori, insiste en no votar por Keiko, porque es hija de un asesino ladrón que está preso.

    Pero este fenómeno también ocurre en nuestro país. El PRI ganó las elecciones de 2012 a pesar de demostrar que dicho partido no había cambiado sus formas desde el momento en que se fue. En los estados que gobernó en el tiempo en que el PAN estuvo al frente de la presidencia quedó patente. Por ejemplo, El estado de Oaxaca de Ulises Ruiz, o Coahuila de Humberto Moreira (quien después de desfalcar a ese estado, fue nombrado Presidente del CEN del PRI).

    Las razones son variadas, muchas veces los partidos de estos candidatos tienen su base en los sectores más vulnerables de la sociedad, a los cuales pueden comprar con despensas o dádivas. No importa que el candidato sea un ladrón, porque él si les da despensa, cosa que no haría el de la oposición. Las clases más marginadas se han acostumbrado a ello, tanto que creen que es un derecho que no les debe de ser arrebatado.

    También existen otras razones, como que tal político o partido presuma haber implementado reformas, cambios, o que haya luchado para combatir a un amigo en común, ya sea el narcotráfico o el terrorismo.

    Entonces deberíamos entender que una elección no es enteramente racional. Por el contrario, los políticos apelan a las emociones, porque de esta forma el grueso del electorado es más fácil de persuadir. No es la mayoría quien analiza el programa de los candidatos y la viabilidad de sus propuestas, no es la mayoría quien investiga sobre su trayectoria. La mayoria vota por diferentes razones, por pertenencia (con un partido, o con un movimiento opositor a ese partido), por miedo (combate al terrorismo o inseguridad, miedo a un cambio en la estrategia política o económica, por lo que clama una mano firme), por beneficios a corto plazo (propuestas populistas sin ningún sustento económico o científico), despensas o dádivas.

    masoquismo

    Los debates presidenciales van en este sentido, los candidatos sienten que tienen que hablar a un televidente con una capacidad intelectual relativamente baja (no porque sean tontos, sino porque no tienen la habilidad o voluntad de usar la razón en el proceso electoral para determinar por qué candidato van a votar). Los candidatos explican muy por encima sus proyectos (vamos a construir un aeropuerto acá, vamos a construir tantos salones para que los niños estudien), hablan de promesas, critican el pasado de un opositor, pero rara vez las propuestas son las que están sujetas a debate. No es común la ocasión en que la estructura de sus propuestas quedan a discusión.

    De esa forma, con un electorado mayoritario más acostumbrado a lo inmediato, y quien tiende a pensar más en el corto plazo (de igual forma es su facilidad para olvidar), no es muy difícil que un político acusado de corrupción pueda aspirar a un puesto popular aún mayor. No importa si como gobernador hizo lo necesario para que sus hijos acusados de violar a una adolescente no pisaran la prisión, porque tiene mano firme y «él sí va a acabar con toda la inseguridad» o «él si nos va a construir nuestra calle, o nos va a dar útiles escolares para nuestros hijos».

    Ya sean los Peña Nieto, sea el hijo de José Murat (éste último conocido por desfalcar al estado de Oaxaca) quien tiene el apoyo, incluso de los panistas, para convertirse en gobernador. En un país donde el electorado no está intelectualmente preparado, las acusaciones de corrupción o cualquier otro delito no siempre son determinantes para poder acabar con la aspiración de determinado candidato. Es como si Emiliano Salinas, el hijo de Salinas de Gortari, buscara aspirar a la Presidencia. Basta con su imagen juvenil y su video de Ted circulando por las redes sociales para poder aspirar, en un hipotético caso, a llegar Los Pinos:

    https://www.youtube.com/watch?v=6vMuCoH7JsQ

  • Hackers, coco-wash, y cómo hacer que votes por el diablo

    Hackers, coco-wash, y cómo hacer que votes por el diablo

    Cuando se trata de ganar elecciones «todo se vale». Al menos eso se piensa dentro de la clase política. En México nos acostumbramos a tener elecciones simuladas, elecciones que sólo servían para «taparle el ojo al macho». Ahí estaba el PRI con toda su maquinaria, sus acarreados, sus sindicatos, sus lonches y despensas. Los adversarios de campaña sólo eran simbólicos, y algunos sólo contendían para tratar de «dejar un mensaje al pueblo o poner algún tema en la mesa de discusión» sabiendo de antemano que nunca iban a ganar.

    Hackers, coco-wash, y cómo hacer que votes por el diablo

    Ahora tenemos elecciones más o menos reales, no son del todo limpias en todos los casos, siempre existen tarjetas de Soriana, de Monex, «partidos verdes» quebrantando la ley a cada rato, o candidatos eternos como López Obrador que hacen campaña fuera de las fechas estipuladas; pero en general ya tenemos elecciones competidas que han permitido cierta alternancia tanto en el país, como en gran parte de las entidades federativas.

    Los mortales agradecemos los avances tecnológicos porque estos nos ayudan a compartir más información, y así, no estar sujetos al arbitrio de los medios de comunicación controlados por el gobierno. Pero a veces idealizamos dichos avances, pensando que con la proliferación de redes sociales y blogs, la democracia perfecta nacerá en consecuencia.

    La declaración que hizo el hacker Andrés Sepúlveda a la revista Bloomberg, por haber participado en la campaña de Peña Nieto,, nos debe de llevar a la reflexión sobre los alcances que los avances tecnológicos y científicos pueden jugar en nuestra contra. Independientemente de si lo dicho por él es verdadero o no (aunque me suena muy creíble, sinceramente), porque sabemos que este tipo de estrategias sí se han utilizado en nuestro país.

    “My job was to do actions of dirty war and psychological operations, black propaganda, rumors—the whole dark side of politics that nobody knows exists but everyone can see,” (mi trabajo era llevar a cabo acciones de guerra sucia, operaciones psicológicas, propaganda negra, rumores. Todo ese lado oscuro de la política que nadie conoce pero todos pueden ver) – Andrés sepúlveda.

    Asumimos que en una democracia el elector vota libremente: éste hace un juicio sobre los candidatos, y en función de eso, sale a votar. Ese proceso se respeta… de manera parcial. Ahí están los sindicatos u organizaciones que «sugieren» a sus miembros votar por un partido, también aquellas personas que reciben despensas a cambio de un voto, o quienes, al recibir beneficios del gobierno, les piden votar por cierto partido para que continúen recibiendo dichos beneficios.

    Está esa otra gran masa, quienes no son parte de esas organizaciones, que suelen trabajar en organizaciones privadas, economía informal, o son autoempleados, empresarios, freelancers, o parte de sectores del gobierno donde no se les pide compromiso alguno. Aquellos que tienen el poder adquisitivo suficiente para poder prescindir de despensas, quienes generalmente tienen acceso a Internet, quienes dicen votar libremente (la mayoría no se considera voto duro, es decir, no tiene simpatía absoluta por algún partido). Decimos que los que son parte de esta masa, los no cooptados, los que no han sido comprados, son los que ejercen un voto razonado (o a veces no votan como forma de protesta).


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    Pero en realidad, la dinámica de un proceso electoral es mucho más compleja. No sólo es el votante frente a los candidatos quienes le presentan sus propuestas para que el primero delibere y decida por quien votar. En realidad, el votante está expuesto a muchos incentivos, artimañas y estrategias que tienen como fin lograr que vote de alguna forma. El problema es que la mayoría de los votantes no tiene el conocimiento suficiente como para eludir de manera eficiente aquellos agentes que buscan condicionar su voto. El individuo tendría que tener conocimientos  sobrados sobre psicología, neurología, mercadotecnia e informática, entre otros, para determinar con exactitud el «tamaño» de aquellos agentes.

    El elector común hace un simple razonamiento empírico. Es decir, vota por un candidato, y ve que sus expectativas no se han cumplido; entonces se siente engañado y posiblemente rechace alguna estrategia parecida en una ocasión posterior. Algo así pasó con la llamada «guerra sucia» del 2006 por parte del PAN a López Obrador. La estrategia funcionó muy bien (más cuando el candidato denostado «puso de su parte»), pero posteriormente la gente se dio cuenta de sus efectos (en la sociedad) y después de eso, ya no ha vuelto a funcionar de igual manera, por el contrario. Pero el elector no puede saber a ciencia cierta por qué esta fue efectiva y cómo condicionó su voto. Fue algo más del estilo, – Vi en un comercial que AMLO era un peligro para México, entonces sentí escepticismo por ese personaje y no le voté.

    Los ciudadanos sintieron dar un paso a su favor con el Internet y las redes sociales; estaban más informados, decían. Pero entonces la maquinaria propagandística se vuelve más compleja e introduce elementos más avanzados y novedosos, sobre todo aquellos que estudian la mente y el comportamiento humano. El poder se adapta a la «revolución 2.0», empieza a entender la dinámica de redes sociales y trata de manipular la información a su favor con notas falsas, «granjas de seguidores» en Twitter, Fan Pages apócrifas, análisis de las preferencias de cierto sector obtenidas a través del Big Data. Al principio, por la curva de aprendizaje, las estrategias parecen obvias y la comunidad los exhibe, después ya no tanto, porque empiezan a implementar estrategias más sutiles para confundir a la población. Alguna nota por aquí, una pauta por allá, algún estudio del comportamiento neurológico por acullá.

    Entonces, el proceso electoral se desbalancea, porque si bien, el elector espera que los candidatos le presenten sus propuestas, al final eso es lo que menos importa. No es el elector quien estudia o debería de estudiar a los candidatos para ejercer su voto, son los estrategas de los candidatos quienes estudian al electorado para incitarlos a votar de alguna forma. No es el mejor candidato quien gana, sino quien plantea la mejor estrategia, quien tiene las herramientas más complejas y sofisticadas para orientar el voto. La mercadotecnia y la psicología no ayudan a hacer más eficiente la comunicación del candidato y sus propuestas, como se supondría debería de ser, sino que buscan que el candidato gane a como dé lugar, sin importar las formas, sin importar los medios.

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    Entonces el elector se encuentra en desventaja. Por más sofisticadas sean las herramientas, no pueden conseguir el voto de todos. Como alguna vez afirmó Abraham Lincoln: Puedes engañar a todo el mundo un tiempo, o puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todos todo el tiempo. Las estrategias (por más sofisticadas sean) son imperfectas, en tanto el ser humano es muy complejo. Hay quienes se darán cuenta que están siendo engañados y la estrategia no surtirá efecto en todos; incluso sólo podremos hablar de una minoría afectada por la estrategia, pero en muchos casos, llega a ser suficiente, y por ende, determinante, para que el candidato alcance a ganar una elección.

    Las armas estratégicas y propagandísticas de los partidos políticos se afilan, son tan complejas que el mismo candidato no las entiende, pero desembolsa una considerable cantidad de recursos porque le dijeron que funcionan. Posiblemente, con la experiencia, el humano termine vacunándose de dichas estrategias, pero para entonces, en el war room del candidato estarán introduciendo otras más nuevas. Si ya no funciona el estratega digital, entonces hay que buscar al hacker o al psiquiatra; todo sea por ganar las elecciones y mantenerse en el poder.

  • Las elecciones y el mito de la democracia

    Las elecciones y el mito de la democracia

    Al ver lo sucedido ayer en las elecciones que representan el mito de la democracia, lo primero que pensé fue en romper mi credencial de elector del coraje al ver que no podemos ni siquiera organizar unas elecciones decentes. Pero ocurren dos cosas. Primero: Esta credencial es la identificación más usada en el país, y segundo, al partido en el poder, el PRI, lo empodera el hartazgo, el abstencionismo. La razón por la que la mayoría de los panistas o perredistas votan, es por la convicción que tienen por quienes van a votar, si estos partidos los decepcionan, dejan de votar por ellos. Algunos buscan otra opción (como algunos ex simpatizantes del PAN votando por AMLO el año pasado), o simplemente deciden ya no votar.

    Las elecciones y el mito de la democracia

    La fuerza del PRI está menos en su voto útil y más en su voto duro. Un acarreado nunca se hartará de ser acarreado mientras reciba su despensa. Y miren lo que son las cosas, en ese sentido, el PRI cumple más que los otros partidos (naturalmente es más fácil otorgar despensas que crear un mejoramiento real de la economía). Si el PRI pierde credibilidad (que bueno, no es como que tenga mucha debido a sus antecedentes históricos) no le afecta tanto, como le puede afectar a los otros partidos. Por eso, de alguna forma, están agradecidos con iniciativas ciudadanas como las del Candigato Morris. Porque los ciudadanos que participan en este tipo de iniciativas no son voto duro de algún partido. Panistas y perredistas dejan de ganar mucho, y los priístas al dejar de ganar menos, terminan ganando.

    De los pocos triunfos de la oposición el día de ayer, podemos hablar al parecer de Kiko Vega a la gobernatura de Baja California. Y es que las malas lenguas dicen que el PRI permitió el triunfo de la oposición en ese estado a cambio de la adhesión al Pacto por México (Castro Trenti era el gallo de Manlio Fabio Beltrones y no de peña Nieto).

    La constante en todos los estados es el discurso de una elección de estado. Mataron a un jóven que filmaba un acto de compra de votos en Veracruz. En mi estado no hubo elecciones (Jalisco) pero cercanos míos que participaron en la campaña (en el caso de Quintana Roo), me comentaron que no se le puede llamar siquiera «proceso electoral» a lo que vivieron. A Gustavo Madero, Presidente del PAN, no lo dejaron votar. Su casilla nunca abrió y la «cambiaron de lugar» a una dirección inexistente.

    El PRI es una constante. Así son porque así siempre han sido. Por eso no se equivoca Alejandro Páez Varela al preguntarles en su columna a Zambrano y a Madero que qué esperaban, que por qué se sorprenden. Lo que podría ser una variable es la oposición y la verdad que ni siquiera se han podido desempeñar dignamente como opositores. Se los han chamaqueado. Los reclamos del PAN y el PRD al PRI son fuertes: En la verborrea de los presidentes de ambos partidos se escuchan mucho las palabras «regresión», «impugnar», frases como «El PRI se alió con el narco», «El PRI no me dejó votar». Pero, ¿Qué han hecho ellos a parte de quejarse y quejarse? Sus palabras se las lleva el viento, y si el PRI quería dividir a la oposición por fuera y por dentro para minar su poder, -Divide et impera-. No solo lo logró por su colmillo y su maquiavelismo, sino porque los partidos de oposición se pusieron de pechito.

    ¿Qué partido representa ahora a muchos de los ciudadanos en México? Ninguno. ¿Quién tiene la capacidad de procurar unas elecciones limpias y democráticas en México? Nadie. El IFE que en algún momento, logró procurar elecciones limpias y justas, ahora se ha corrompido, ha actuado de manera parcial a favor del partido en el poder. Estamos en serios aprietos señores. Y es difícil cuando una inmensa frustración puede acabar con la enorme paciencia que significa volver a construir. Cuando el pragmatismo político del PRI deja en pañales a las iniciativas ciudadanas, de buena fe, sí, pero sin una estrategia clara y bañadas en un mar de ingenuidad si las comparamos con los procedimientos del PRI. Un claro ejemplo es esa pregunta del ¿Y dónde están los #YoSoy132?

    El que muchas personas estén más preocupadas por el accionar de la Selección Mexicana frente a Panamá que del proceso electoral, deja entrever la forma en que mediáticamente se ha manejado este asunto para que los reclamos sobre la «cochinez»electoral del domingo no sean los suficientes para poner en aprietos al régimen actual.

    A veces la realidad es muy dura. Y así es en el caso de la nuestra.

  • El viejo régimen regresa, y la oposición no sabe como contrarrestarlo

    El viejo régimen regresa, y la oposición no sabe como contrarrestarlo

    El domingo se llevarán a cabo las elecciones en diferentes municipios de la República Mexicana, además del estado de Baja California peleado por el priísta Trenti y el panista Kiko Vega. Carmen Aristegui en su programa de MVS Radio llama a Gustavo Madero, Preidente del PAN, a quien se percibe frustrado y a veces pareciera que tiene ganas de llorar, con una voz quebrada y un fuerte sentimiento de impotencia, afirma que el año pasado cuando el PRI ganó la Presidencia los mexicanos se preguntaron si se trataba del nuevo PRI o del viejo PRI. Madero afirma que las noticias son muy malas, que es el mismo PRI de siempre, que le están saliendo garras al dinosaurio y hace puras marranadas. -¡esto está de la chingada!- dice.

    El viejo régimen regresa, y la oposición no sabe como contrarrestarlo

    Las acusaciones no son cualquier cosa. Desde compra de votos, secuestros, montajes, violencia y hasta asesinatos. Actos despreciables que son vistos por los tricolores como meros actos pragmáticos. En sí lo que sucede no es sorprendente, es el PRI, en su ADN nunca ha estado la democracia, y sería utópico pedir un cambio, porque su carácter autoritario y ventajoso les ha servido muy bien.

    No solo el PAN hace esas demandas. El PRD denuncia una violencia electoral inédita que busca determinar las elecciones. Pero Madero termina siendo la muestra fehaciente de la impotencia de la oposición ante el partido en el gobierno. Se los comieron vivos, los dividieron con un Pacto por México que en el papel decía que iba a unir al país para hacer los cambios que se necesitaban. ¡Oye, Peña, tus hombres están comprando vot….! -Recuerda el Pacto por México-, ¿Por qué no han sancionado a nadie por lo de… -Recuerda el Pacto por México.

    Peña Nieto se ha tratado de mantener ajeno a las artimañas que hace el PRI en todos los estados donde va a haber elecciones. Pero ante los reclamos de oposición no ha hecho absolutamente nada, e incluso le dijo a Rosario Robles, implicada en las estrategias electorales en Veracruz, que aguantara las críticas.

    Pero no solo podríamos hablar de la displicencia premeditada de Enrique Peña Nieto. Sino también de aquella de la oposición que hasta que no «le sudaron» no prendieron los focos rojos. Desde hace meses se hicieron públicas las denuncias de ilegalidades electorales en Veracruz y en realidad no pasó mucho. El Pacto por México quedó en entredicho, pero al final, todo siguió igual. Ahora Madero lo vuelve a poner en entredicho, se muestra muy preocupado, habla de una regresión, del riesgo de la pérdida democrática, pero también se excusa de los errores de su partido, de las divisiones internas que afirma no existen y son invención del PRI, pero que en realidad son totalmente reales. Que claro que otra cosa es que una de las estrategias del PRI ha sido ahondar las divisiones en la oposición.

    La oposición se ha quedado con pocas armas, a pesar de que al menos en los primeros tres años, tienen tal acomodo en el congreso,  que le pueden hacer frente al PRI. Pero con su impotencia ante las elecciones de estado venideras, posiblemente en los otros tres, los priístas hagan lo que les plazca con este país.

    La oposición, todavía oposición, se está quedando muy corta. En las redes sociales colocaron una curiosa petición donde un usuario le pide a Madero romper el Pacto por México, armar una revolución como su abuelo (su tío abuelo en realidad), y eso me recordó que tal vez su poco carácter sea un mal de familia. A Ignacio Madero en algún momento le faltó determinación, lo cual le hizo caer ante Victoriano Huerta. Su nieto adolece de lo mismo, y tal vez de una forma más grave. En la entrevista con Aristegui se veía a una persona muy enojada. Pero más que una persona con carácter, parecía un niño que llegaba llorando con la maestra porque le habían pegado.

    Sin embargo, Madero tiene razón, el PRI quiere restaurar el régimen presidencialista. ¿Y dónde están los #YoSoy132 que tanto criticaron la imposición de Peña Nieto? ¿Dónde están todos? Sí, podrán ser elecciones locales en su mayoría, pero el problema es nacional. Si el PRI se sale con la suya, entonces habremos dado un importante paso a dicha restauración. Es preocupante, muy preocupante.

  • ¡Uh Ah, Chávez no se va!

    ¡Uh Ah, Chávez no se va!

    Penoso es saber que las elecciones venezolanas que hasta pareciera que fueron más limpias que las mexicanas (corrijo porque no lo puedo asegurar y quisiera esperar tiempo para ver si sale información, pero eso me parece hasta ahora). Habrían razones fuertes para pensar en irregularidades mayores allá en Venezuela. Un monigote que controla la mayor parte del poder, o bien, una oposición que podría ser respaldada por organizaciones internacionales. Pero no fue así, ganó el que ganó. Yo en lo personal esperaba que ganara Capriles, pero por alguna razón volvieron a elegir a Chávez.

    ¡Uh Ah, Chávez no se va!

    ¡Uh, Ah, Chávez no se va!.  Estas elecciones han sido las más cerradas que ha vivido Hugo Chávez. La oposición nunca había podido ganarle porque siempre fue débil, desorganizada, y porque habían gobernado muy mal antes de que llegara Chávez. Me llama la atención que a pesar de vivir en un sistema híbrido (que tiene algunos rasgos de democracia pero también de autoritarismo), hayan podido organizar unas elecciones decentes, esto a pesar de que Chávez sin problemas pudo haber intervenido en el proceso electoral.

    Hugo Chávez ganó con el 54%, pero lo cierto es que cada vez gana con un margen más estrecho. Capriles, quien hizo una muy buena campaña (y quien debería considerar volver a contender en un futuro) se quedó con el 44%. A excepción de Zulia, Hugo Chávez obtuvo menos porcentaje de votos en todas las regiones de Venezuela a comparación del 2007, con lo cual creo que en un futuro la oposición podrá llegar a Venezuela. Lo cierto es que con Chávez, Venezuela no avanza. La ciudad de Caracas parece haberse estacionado en los años ochenta. Aunque también ex presidentes como Rafael Caldera no hicieron mucho en los años noventa.

    Naturalmente entre los opositores hay tristeza porque por primera vez tantearon la posibilidad de que Chávez se fuera. Capriles hizo un muy buen esfuerzo desde la plataforma de una izquierda moderada. Esa posición era estratégica porque para los antichavistas significaba una moderación de la política, pero para los chavistas no significaba entonces la pérdida de los programas sociales, a los cuales, Capriles se comprometió a continuar.

    Lo cierto es que por alguna razón los venezolanos lo reeligieron. Su carácter populista, su incitación al odio, su retórica antiimperialista, en conjunto con algunos de sus aciertos (que son menos frente a sus errores) posiblemente es lo que lo tiene ahí. Chávez ha sabido moverse dentro de las circunstancias, incluso aprovechar coyunturas a su favor como su enfermedad del cáncer. Esa enfermedad es lo único que podría poner en riesgo sus próximos 6 años de gobierno. Él dice que ya lo superó. yo francamente lo dudo.

    Para nosotros los mexicanos, debería ser preocupante que un país con serios problemas como Venezuela tiene elecciones mejor hechas, y con una gran participación ciudadana que rebasó el 80%. Un país donde el presidente si quiere, puede meter mano en las elecciones. Aún así hubo una gran participación y los venezolanos pensaron que podrían respetar el resultado. No son muchos los que dudan de la victoria de Chávez (así lo he visto en los sitios web donde opinan los opositores), pero más que una derrota, creo que deberían pensar que en un futuro puede haber una posibilidad.

    Una muestra más de que la democracia es mucho más que emitir un voto.

  • Ya tenemos presidente ¿Qué sigue para los ciudadanos?

    Ya tenemos presidente ¿Qué sigue para los ciudadanos?

    Entiendo la parte en que muchos estamos enojados por la resolución del TEPJF. Yo en lo particular no estoy enojado por el fallo en sí, sino por la forma en que se dio dicho fallo, donde si bien, como he mencionado, varias de las pruebas de AMLO no tenían el suficiente sustento para acreditarse, usaron el mismo criterio para aquellas que fueron demasiado obvias. Creo que hoy más que nunca, estamos en un momento coyuntural, y eso implica que nosotros como ciudadanos razonemos con «la cabezota» y no nos dejemos llevar por las emociones.

    Ya tenemos presidente ¿Qué sigue para los ciudadanos?

    ¿Las elecciones fueron un cochinero y estuvieron llenas de actos fraudulentos? Sí, y que no nos vengan a decir que no. También es cierto que todas estas acciones posiblemente no llegarían a dar la vuelta a la elección. Es decir que si las elecciones hubieran sido limpias, tal vez ganaría Peña Nieto de todos modos, pero no por eso podemos decir que Peña Nieto ganó limpiamente de ninguna manera. Porque si la distancia entre Peña y López Obrador fuera de un millón de votos o menos, bajo el mismo escenario, entonces las prácticas fraudulentas si hubieran dado la vuelta al resultado.

    López Obrador no aceptó el fallo del TEPJF. Está en su derecho de no aceptarlo. López Obrador rompió con el pacto de civilidad que firmaron los candidatos un mes antes de la elección ciertamente, pero este pacto implica que las instituciones hagan bien su trabajo y que los partidos procuren elecciones limpias. Ni lo primero sucedió ni tampoco lo segundo. Ahora el tema aquí es que sigue, y es donde creo que es necesario tener la cabeza fría. Si López Obrador toma la misma posición que en el 2006, será algo suicida, porque si alguien puede servir como contrapeso en un régimen autoritario, es la izquierda.

    No sé cuales serán las acciones a las cuales llamará López Obrador. Es un misterio, y espero que la posición no sea la misma que en el 2006, lamentaría que así fuera, y lo peor es que probablemente así va a ser. Pero los ciudadanos debemos pensar en lo que sigue, en lo que se va a hacer, en proponer, en incidir. Creo que una ciudadanía fuerte será un muy fuerte contrapeso. Un gobierno autoritario al estilo del PRI se alimenta del aletargamiento de la gente. Hay que pensar en propuestas, propuestas como una reforma educativa, de medios de comunicación, reformas a la ley electoral, reforma política. Y tenemos que luchar hasta que estas se hagan realidad. Ciertamente con Peña Nieto se prevee el advenimiento de un gobierno autoritario; pero al estar tan necesitado de legitimidad, posiblemente tendrá que ceder y es ahí donde los ciudadanos podemos incidir. Tenemos que transitar poco a poco de las marchas a las propuestas (aunque en algunos casos será necesario lo primero para lo segundo).

    Créanme, no solo estoy molesto, sino asustado por lo que pudiera pasar con el régimen de Peña Nieto. Pero también sé que los ciudadanos tenemos la fuerza para hacer que este régimen no sea tan sufrible, y como lo dije alguna vez, se pueda avanzar a pesar de Peña Nieto. No se nos tiene que olvidar lo que sucedió, la mayoría de los mexicanos lo sabemos. Pero tenemos que ser fríos, para que esta situación no se salga de control, no termine en actos violentos por parte de unos, y/o actos represivos por parte de otros. Es natural que la sociedad esté polarizada, en un bando los priístas y algunos panistas, y en el otro lo perredistas, y los otros panistas. Pero tenemos que procurar que esa polarización (que es inevitable) termine traduciéndose en algo nocivo.

    Ahora más que nunca llegó la hora de construir, tanto la radicalización como la indiferencia y el aletargamiento, fortalecerán al priísmo autoritario. Ciudadanos conscientes, activos, participantes y despiertos, serán una piedra en el zapato, o más bien, un virus en el teleprompter de Peña Nieto.

  • El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    Decían que Peña Nieto no usaba chicharito en los debates, pero aquí está practicando para cuando el TEPJF lo nombre Presidente de la República:

    El TEPJF calificará la elección, viene la hora cero

    El fallo del tribunal con respecto a las elecciones se dará hoy jueves. Pero a pesar de las expectativas, ya sabemos cual será el fallo y no será ninguna sorpresa. Es evidente la postura de las «instituciones», más cuando dicen no haber visto ninguna irregularidad en torno a la publicidad encubierta de Televisa a Peña Nieto que «todos los mexicanos vimos». Todas las impugnaciones del PRD, y también algunas presentadas por el PAN han sido rechazadas por motivos, en algunos casos, realmente absurdos. Cierto es que a varias de las impugnaciones del «Movimiento Progresista» les hace falta sustento y son endebles (nada más ver el patético caso del zoológico de animales que montaron en el «expo-fraude»), pero es cierto que otras son más contundentes, y la postura de las instituciones electorales ha dejado mucho que desear. Los únicos casos que siguen supuestamente sobre la mesa, pero que son los más graves, son los que tienen que ver con Monex y Soriana (Que Peña Nieto dice que este último año es un montaje, pero vaya que ya algunos conocidos míos fueron testigo de esa compra de votos), y de los cuales no hemos sabido mucho, y esperamos que sea cual sea el fallo, el TEPJF nos explique claramente este asunto, y no vengan con que: «quesque tardaría meses en saberse».

    ¿Estallido Social?

    Jesús Zambrano, el Presidente del PRD hace unos pocos días advirtió al TEPJF que si no se anulaban las elecciones iba a haber un estallido social, por lo que veo, esto se interpretó como una amenaza por algunos, pero por lo que entiendo más bien fue una advertencia de lo que «podía pasar», aunque no dudo que en los sectores más duros de la izquierda (alguno del PT) no les caería tan mal esa opción. Lo que dice Jesús Zambrano (que por cierto, es de la corriente de los chuchos, y por ende, del ala más moderada del PRD) no es falso. La posibilidad existe, y solo falta dar un paso en falso para desencadenar un conflicto. En 1988 ante el fraude de Carlos Salinas, varios ciudadanos les dijeron a Cuauhtémoc Cárdenas: -Danos las armas, danos las armas. Cuauhtémoc tranquilizó a sus huestes. En un posible fraude en el 2006, López Obrador pidió luchar por la vía pacífica (claro, cerraron avenidas importantes, causaron mucho tráfico del que por sí ya sufre la Ciudad de México, pero eso sí, no rompieron ni un solo vidrio), ahora no sé si un sector de la población esté dispuesto a mantenerse en el pacifismo.

    Una parte de la sociedad se siente agraviada, y creo que el coctel es más peligroso que en el 2006. Porque una cosa es el PAN y otra cosa es el PRI, partido que simboliza la corrupción, despilfarro y fraudes electorales. Muchos no pueden siquiera contemplar a un «presidente electo» que ha presentado un proyecto de nación salinista (ya saben por qué), que es responsable de los agravios de Atenco, y que está rodeado de las personas más corruptas del PRI. Menos tolerarán a un «presidente electo» promovido sin escrúpulos por parte de Televisa, con un nivel cultural vergonzoso, y que incluso en su vida personal muestra preocupantes rasgos de autoritarismo y una profunda escasez de valores morales y éticos. Yo no justifico de ninguna manera la violencia (a menos que sea en defensa propia), pero si ocurre algún conflicto fuerte, de ninguna manera serán responsables únicamente quienes lo hayan iniciado. Quienes han bebido de la ubre del país en beneficio de sus intereses por supuesto que tendrán también una gran responsabilidad si algo así llega a pasar.

    La legitimidad de Enrique Peña Nieto

    Otra cosa que me preocupa, y que tiene que ver de alguna forma con lo segundo y que acabo de comentar, es la poca legitimidad con la que llegará Enrique Peña Nieto al poder, y me preocupa, porque precisamente eso será un handicap a la hora de querer construír (o simular construir) un «Estado Eficaz». Algunos Presidentes han logrado sortear su legitimidad mostrando una personalidad fuerte, contundente, y claro, llevando a cabo el clásico «quinazo». El problema es que gran parte de la población, como ya lo comenté en otra ocasión, no lo bajan de pendejo.

    Se las voy a poner de este tamaño. La mayoría de los mexicanos cree que Enrique Peña Nieto hizo trampa en las elecciones (en español, hubo fraude). Ya hay un primer estudio de Covarrubias y Asociados (que por cierto, fue de las encuestadoras que acertó en el resultado de la elección). Este estudio curiosamente no fue abordado por casi ningún medio, pero está publicado en la página web de la casa encuestadora. Dice que el 47% de los mexicanos creen que Peña Nieto ganó con trampa, mientras que un 37% ganó limpiamente (mucho más alto que el 30% que afirmó en 2006 que Calderón ganó con trampa) y el 16% se abstuvo de opinar. La encuesta muestra una mayoría relativa de personas que creen que las elecciones fueron fraudulentas, pero si solo el 3.01% de los encuestados que no quisieron opinar, creen que Peña ganó con trampa (muy probable que así haya sido), entonces ya podemos decir que una mayoría absoluta considera que Peña Nieto hizo trampa para llegar a la Presidencia. Aunque es curioso que solo poco más del 30% pida que se anulen las elecciones.

    El problema para Enrique Peña Nieto es que no solo son los que votaron por AMLO quienes dudan de su legitimidad. AMLO ganó aproximadamente el 30% de los votos, mientras que los que creen en la ilegitimidad del triunfo de Enrique Peña Nieto son el 47%. Y hay que recalcar una cosa, el 30% de los votos de AMLO es en base a los electores que votaron, mientras que el estudio de Covarrubias, se levantó a personas adultas sin importar si votaron o están empadronados. De esta forma podemos llegar a la conclusión de que de ese 47%, más del 20% no votaron por López Obrador; incluso quizá la mitad.

    ¿Y los panistas?

    A los panistas no los entiendo. Parece que quieren dar una imagen de institucionalidad, pero ni entre ellos se ponen de acuerdo. Parece que algunos (los más apegados a Calderón) casi casi nos dicen que las elecciones fueron limpias, pero están aquellos otros, más cercanos a Madero o a Javier Corral, que hablan de irregularidades muy fuertes, e incluso están de acuerdo con el PRD en casi todas las impugnaciones (empezando con el asunto Monex). Luego, en lo informal, fuera de medios parece otra cosa. El Secretario General Adjunto del CEN del PAN, Tomás Trueba (caray, lo tenía ya meses en el Facebook y no sabía que tenía un puesto tan importante), al cual le mostré este estudio, me dice que efectivamente Enrique Peña Nieto ganó con trampa, y que estaba muy molesto porque el TEPJF exoneró a Peña Nieto y a Televisa por el asunto de la publicidad.

    No sé que busca el PAN. Parece que algún día quiere estar de un lado y luego de otro; y creo que eso no va a ser bueno. Que por cierto, cuando hablamos de las «reformas estructurales que México necesita» existe el PRIAN. Pero cuando hablamos de asuntos de democracia «se arrejuntan con el PRD», y es que yo en lo personal noto, una seria preocupación de los panistas por una eventual regresión al autoritarismo. Gustavo Madero en su cuenta de Facebook se muestra preocupado porque los «medios» ya no dicen nada del problema de los homicidios en el Estado de México.

    Por cierto, los ciudadanos «más de derecha» se identifican más con el PRI que con el PAN. Si se toma en cuenta ese término en base a la preservación del «Status Quo» por supuesto que el PRI sería más derechista que el PAN.