Etiqueta: Donald Trump

  • A los mexicanos nadie nos defiende de Donald Trump

    A los mexicanos nadie nos defiende de Donald Trump

    Vuelve a estar en el centro de atención, no sólo por su discurso que despertó los impulsos más instintivos de un sector de la ciudadanía estadounidense, sino porque Donald Trump ya es el candidato oficial.

    Y quienes deberían estar más preocupados somos nosotros los mexicanos. En todos los países hablan de Trump, algunos especulan que podría cambiar el orden mundial, que podría condenar a Estados Unidos a su perdición y que hasta podría aliarse con su peor enemigo, los rusos, quienes vía Wikileaks (esa plataforma que pensaste era bien democrática) filtraron correos de la campaña demócrata que benefició, sí, a Trump, quienes los exhortó a publicar más correos de la que llama «Crooked Hillary». Sí, en el país de la Guerra Fría, del macartismo y el MK-Ultra.

    A los mexicanos nadie nos defiende de Donald Trump
    vice.com

    Pero el país que debe de estar preocupado, más que todos los demás, es México, porque Donald Trump básicamente nos declaró la guerra.

    Una guerra no en el sentido militar, pero sí en el sentido político y comercial. Nosotros somos los culpables de todos los males de Estados Unidos, clama el magnate; entonces nosotros debemos de pagar, debemos de pagar nuestro muro.

    Y cuando esto pasa, nuestro gobierno no puede quedarse con los brazos cruzados.

    https://www.youtube.com/watch?v=ORw0WClA_D0

    El gobierno no puede hablar de respeto y negociaciones ante una figura que insulta a nuestro país, le declara la guerra, y no está dispuesto a negociar. La diplomacia tiene límites, Donald Trump los ha sobrepasado, y en México parecen no haberse dado cuenta. Agachan la cabeza y se esconden, mientras el temor dentro de los ciudadanos mexicanos se acrecenta.

    Nuestro país necesita que su gobierno lo defienda, aunque en la práctica no pueda hacer mucho (por la inmensa disparidad entre los dos países). Necesita sentirse apoyado moralmente y no traicionado por quienes los gobiernan.

    Pocos han levantado la mano. Quien posiblemente sea candidato independiente, Jorge Castañeda, ha llevado a cabo una cruzada en contra de Trump, Vicente Fox (aunque no sé que tan buena sea su ayuda), Felipe Calderón se ha manifestado, alguno que otro partido político lo ha mencionado para ganar votos, y en alguna ocasión el Senado se manifestó de forma un tanto displicente (pegando calcas en su sede). Pero la reacción del gobierno es timorata, no hay ni siquiera orgullo patriótico.

    El Senado contra Trump
    Senado de la República

    Y aunque la defensa no alcance ni de lejos para «poner en su lugar a los gringos», la defensa moral es muy importante para una nación que aspira a tener más cohesión y espíritu. Posiblemente se diga que «no se gane tanto» si los gobernantes critican de frente a Trump, pero sí se pierde mucho si no se hace. Si en la historia queda escrito que un gobierno agachó la cabeza ante los desplantes de un fascista que llegó a provocar hasta una crisis económica en nuestro país (lo cual es plausible), nuestro inconsciente colectivo, dentro del cual, todavía se recuerdan muy bien los agravios de hace más de un siglo, recibirá una herida más. una razón más para no sentirse orgulloso de México. México perderá respeto (tanto dentro como fuera), y por lo tanto, poder blando (soft power) si la postura de nuestro gobierno es displicente.

    Es triste ver como Obama, Bill y Hillary Clinton nos defienden más que nosotros mismos. Los demócratas hablan más sobre los mexicanos en Estados Unidos que lo que lo hacemos nosotros. Nuestra postura es agachona, propia de un país con una autoestima baja que saca cada rato a flote sus miedos históricos. Mientras Michelle Obama da un discurso emblemático, en México todos callan:

    https://www.youtube.com/watch?v=XN389JE2lVA

    Los opinólogos y las plumas sí hablan más e insisten, pero también quienes escribimos no tenemos nada que perder. La sociedad permanece inerme, hasta ahora no se ha llevado a cabo manifestación multitudinaria alguna para repudiar a Trump. Como es costumbre, los ciudadanos nos quejamos en la sobremesa y subimos muchos memes a las redes sociales, pero pareciera respirarse un ambiente de resignación cuyo único antídoto y posibilidad es que Hillary gane las elecciones.

    Sigo pensando que Hillary ganará, que al final el fanatismo, el odio y la ignorancia no vencerán, y porque además, el escenario apocalíptico que está construyendo Donald Trump es muy artificial. Estados Unidos no está tan mal como Trump lo describe, de hecho la está pasando menos mal que otras potencias económicas y la tasa de empleo en Estados Unidos se ha reducido.

    Pero que Trump sea Presidente de los Estados Unidos es una posibilidad, lo suficientemente seria como para que nosotros los mexicanos ya tomemos cartas en el asunto y defendamos a nuestro país frente a los ataques de un fascista irracional como lo es Donald Trump.

  • Heil Trump!

    Heil Trump!

    Hace algunos pocos siglos. Estados Unidos era un país muy corrupto, donde la llegada de la democracia antes de la creación de instituciones fuertes hizo que se conviertiera en el país pionero del clientelismo (no fue el PRI, ni el peronismo, ni algún país latinoamericano, el creador del clientelismo, ni su máxima expresión: fue Estados Unidos). En esos tiempos, los políticos y el gobierno beneficiaban a quienes los apoyaban, por medio de puestos de trabajo, o hasta ¡pavos para navidad! A diferencia de otros países como Grecia o Italia, donde el clientelismo surgió por las mismas razones (la democratización antes de la creación de instituciones sólidas), Estados Unidos superó esa condición entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

    La superó por dos razones: primero, por el surgimiento de una clase media que quería un espacio dentro del poder y que no quería trabajar por medio de las viejas formas; segundo, gracias al nacionalismo y al amor a un país cuyos ideales están impresos tanto en la declaración de la independencia, como en la constitución. Eso hizo que estos nuevos grupos supeditaran sus intereses al de la nación. Y en parte, por eso, se entiende el patriotismo que existe dentro de Estados Unidos. Pero dentro de ese modelo de sociedad también se encuentra su talón de aquiles, el cual puede ser explotado por un oportunista, y ese oportunista es Donald Trump.

    https://www.youtube.com/watch?v=34Svt3kfq1c

    Donald Trump tiene mucho que ver con el espíritu nacionalista de Estados Unidos, pero tiene que ver más bien muy poco con sus raíces o ideales de libertad y democracia. Trump ha llegado para demostrar que el autoritarismo sí tiene cabida dentro de los Estados Unidos. Algunos pensaban que era imposible que en un país donde muchos (sobre todo en su partido) claman por un gobierno lo suficientemente pequeño como para que no se meta en la vida de las personas pudiera surgir un demagogo populista. Trump dio con la fórmula, ahí lo tienen.

    Su discurso en la convención del GOP (que acabo de postear aquí) no deja lugar a dudas. Trump está más cerca de Mussolini o del gran hermano de 1984 que de cualquier político estadounidense. Los rasgos fascistoides quedan expuestos en su discurso. Basta ver su grandilocuente entrada al escenario donde es notorio que lo que importa es él mismo y no él como representante de otros, una idea o pensamiento. Basta ver todas sus expresiones y las formas que juega con el entorno. Hace pausas para ser aplaudido, juega con las emociones del público, usa constantemente gestos de desaprobación para reforzar su crítica sobre cierto tema. Sus argumentos son simples y fácilmente rebatibles. Pero Trump no entiende de razones, sino de emociones. Trump quiere asustar a los norteamericanos para luego afirmar que el hará a Estados Unidos grande otra vez.

    Estados Unidos está mejor que hace 8 años, tiene una tasa de desempleo menor, y a diferencia de varios países, ha logrado ya sortear la crisis ocurrida a finales de la década pasada. No todos los indicadores son esperanzadores, pero Estados Unidos no está tan mal como Trump lo quiere pintar. Trump solo menciona aquellos datos que le conviene mencionar, los tergiversa y los saca de contexto. Incluso se da el lujo de esconder aquellos datos negativos que son irrelevantes para su candidatura. Trump no quiere «hacer otra vez grande a Estados Unidos», Donald Trump quiere llegar al poder.

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    Trump no tiene mucho que ofrecer en realidad, e incluso parece no tener autocontrol sobre sí mismo. A diferencia de muchos demagogos y dictadores donde cada grito y cada acto está muy bien calculado, con Trump podemos percibir a un individuo muy impulsivo que no sabe controlar del todo sus emociones.

    Por ésto y por el hecho de que Trump pretende hacer ver a Estados Unidos mucho peor de lo que es, creo que Trump no llegará a la presidencia. A diferencia de muchos demagogos, Trump no parece haber creado una doctrina alrededor de su discurso. Trump, como buen empresario que es, tan sólo ha amalgamado varias ideas y conceptos (basados en la ignorancia en gran parte) con base en lo que parte del electorado reclama: Que muchos (a pesar de la baja tasa de desempleo) se han quedado sin trabajo porque las fábricas se fueron a países como México, que los inmigrantes les están quitando oportunidades, el peligro del terrorismo, ISIS, y demás. También apela a los prejuicios que deberían haber quedado en el pasado, como relegar a la mujer, discriminar a quienes tienen diferente preferencia sexual, o a aquellos tan sólo por tener un origen diferente.

    Pero eso junto todo no genera nada, no genera un producto creíble. Tan sólo es un demagogo diciendo lo que algunos quieren oír. Porque hasta para eso, se necesita tener habilidad. Hasta para ser demagogo hay que ofrecer algo tangible y no un cúmulo de ideas aleatorias.

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    John Moore / © Getty Images

    Por ejemplo, Donald Trump promete una y otra vez restaurar la ley el orden. Pero sus propuestas parecen ir en sentido contrario, de crear división y caos dentro de ese país. Promete volver a hacer a Estados Unidos un país grande, pero sus resultados podrían generar un resultado inverso.

    Quienes creemos en la democracia liberal, vemos en Donald Trump un gran riesgo. Un demagogo en la potencia dominante no es cualquier cosa, puede tener el suficiente peso para romper el equilibrio que permite a los países de Occidente vivir en sociedades democráticas (unas más, otras menos). Un demagogo que quiere romper lazos con diversos países, ignorar tratados o desdeñar organizaciones dentro de las cuales Estados Unidos tiene una posición estratégica es un gran riesgo. Las libertades que tenemos hoy en Occidente las damos por sentado porque los jóvenes y no tan jóvenes hemos vivido con ellas, pero éstas penden de diversos factores, el equilibro que sostiene al régimen occidental puede ser roto con tan sólo mover algunas piezas del tablero. Al menos una de ellas se moverá si Trump se convierte en Presidente.

    Ahí está, Donald Trump poniendo en jaque a los valores de Estados Unidos, aunque trate de presentarse como el máximo representante de ellos. Ahí está, la muestra de que en pleno siglo XXI, aún los más países desarrollados no están completamente blindados de la demagogia, el autoritarismo, y el fascismo.

  • Pobre de Estados Unidos, tan lejos de Dios, tan cerca de Donald Trump

    Pobre de Estados Unidos, tan lejos de Dios, tan cerca de Donald Trump

    Para entender por qué la gente vota de cierta manera, tenemos que ir más allá de hacer afirmaciones como «es que son bien ignorantes, o les lavaron el cerebro». Aunque a diferencia de los animales nosotros tenemos la capacidad de razonar, no significa que seamos «racionales» a la hora de decantarnos por un candidato. Por el contrario, a veces usamos la razón más para tratar de justificar nuestras posturas que para llegar a una «verdad objetiva». Si no me creen, entren a Twitter y lo podrán corroborar.

    Pobre de Estados Unidos, tan lejos de Dios, tan cerca de Donald Trump

    Antes de entrar a detalle sobre la ya inminente nominación de Donald Trump por parte del Partido Republicano trataré de explicar por qué la gente vota como vota, y así explicar de mejor manera el apoyo que tiene este magnate.

    Hay un libro muy interesante que se llama Righteous Mind, escrito por el psicólogo moral Jonathan Haidt, quien trata de responder este cuestionamiento en su libro (por qué la gente vota de cierta forma). Haidt afirma que las raíces de la moral pueden ser encontradas en 5 fundamentos, (lo que él llama «fundamentos de la moral»). Es decir, los seres humanos podemos tener valores morales muy distintos de acuerdo a nuestra cultura, creencias o incluso rasgos de personalidad, pero estos valores siempre tendrán como raíz los siguientes 5 fundamentos:

    1. El cuidado y la atención a los demás, o care en inglés (la capacidad que tenemos por preocuparnos por el bienestar de las demás personas)
    2. Justicia, o fairness en inglés (la capacidad de buscar aquello que sea justo)
    3. Lealtad, o loyalty en inglés (la necesidad de ser parte de un equipo u organización, y ser leal a éste)
    4. Necesidad de autoridad, o authority en ingles (la necesidad de tener una autoridad en un grupo o comunidad determinada)
    5. Santidad o sanctity en inglés (la necesidad de buscar lo puro y de rechazar lo que nos genere disgusto o desagrade).

    Generalmente, la postura política de las personas va en el sentido de la importancia que un individuo dado le de a estos fundamentos. Por ejemplo, tomando el espectro político estadounidense, los liberales le dan más importancia a los primeros dos, y los conservadores a los otros tres. Un liberal tenderá a preocuparse más por una tragedia ocurrida en otro país (care) o que la distribución de la riqueza sea más equitativa (fairness). En cambio, un conservador considerará que debe de permanecer leal a su patria y el gobierno (loyalty), que debe respetar a la autoridad (authority), y sentirá más disgusto que un liberal al ver o pensar sobre aquello que no es puro; como cuando se dice que un conservador es es muy «persignado» o «se rasga las vestiduras». (sanctity).

    Pero en este sentido, los conservadores la llevan de ganar porque son capaces de tocar «más fibras sensibles». Es decir, los liberales le dan poca importancia a los valores 3,4 y 5, pero los conservadores no dejan de darle importancia al 1 y 2, en su peculiar manera. Por ejemplo, un conservador, aunque no se preocupe por los refugiados de Siria, sí se preocupa por los suyos. Ellos también buscan justicia, pero no en el sentido de igualdad, sino de proporcionalidad, es decir, que la gente gane de acuerdo a su esfuerzo, al tiempo que consideran injusto que el gobierno les quite parte de sus riquezas para dárselos a aquellos que «producen menos».

    Fundamentos morales

    En esta gráfica te podrás dar cuenta cómo los más liberales están cerca de prescindir de los valores como autoridad, lealtad y santidad. En cambio los conservadores son capaces de adoptar los 5 al mismo tiempo.

    Si quieres entender por qué Donald Trump es candidato del GOP y tiene posibilidades (aún menores que Hillary Clinton) de ganar la Presidencia de los Estados Unidos, más que apelar a la ignorancia (que ciertamente juega su papel), tenemos que fijarnos en estos fundamentos morales.

    Por ejemplo, Donald Trump puede apelar al fundamento moral de la justicia de una forma muy contundente. No sólo como tradicionalmente lo hace la derecha (en el sentido de la proporcionalidad), sino como lo hace la izquierda también. Gran parte de su electorado existe porque muchas empresas norteamericanas se han desplazado a otros países, y los han dejado sin trabajo. Con su frase «make america great again» y su apología al nacionalismo, refuerza el fundamento de lealtad, y con sus críticas al aborto y otras políticas que son parte de las agendas liberales (aunque en el pasado no se haya opuesto a ellas), refuerza el fundamento de la santidad.

    Trump tiene posibilidades de ganar porque tiene la capacidad de tocar fibras sensibles. En 2008 Obama ganó porque apeló a algunos fundamentos morales propios de los conservadores (sobre todo el que tiene que ver con la lealtad al país). Generalmente, cuando los demócratas no lo hacen, pierden las elecciones. La pregunta reside en si Hillary lo logrará hacer. Trump tiene muchos negativos, pero Hillary no se queda atrás. De hecho, según The Washington Post, esta es la campaña presidencial en la que los candidatos a la Presidencia entran con el mayor porcentaje de negativos.

    Negativos de Hillary Clinton y Donald Trump

    Ted Cruz, al abandonar la campaña (después de su estrepitosa derrota en Indiana), dejó el camino abierto a Donald Trump quien ahora sólo compite con John Kasich, quien sólo ha ganado un estado y no tiene posibilidad alguna. Algunos (ilusamente) pensaron que Trump podría no ganar los suficientes delegados, de tal forma que tuviera que ir a la convención y, que ahí, se tumbara su candidatura. Eso al parecer ya no sucedió, y junto con Hillary, quien ya consolidó su candidatura (a pesar de un Bernie Sanders que en algún momento puso en aprietos su campaña) serán quienes contiendan por la Presidencia que se definirá en noviembre.

    Trump ya tiene su boleto en la mano, con todo y el riesgo que una figura camaleónica y proto-fascista como ésta representaría para los Estados Unidos. Estados Unidos está cerca de cometer un error, pero ojalá entiendan allá que no sólo se trata tildar a sus seguidores de ignorantes, trata también sobre los valores, y como este tipo de demagogos con capaces de mover las fibras sensibles de los votantes. Si Hillary no quiere una sorpresa, también se tendrá que dedicar a eso (como de alguna forma sí lo hizo Obama), a apelar a los fundamentos morales que no son necesariamente propios de los liberales.

    Actualización: Kasich ya se retiró también. El magnate ya es candidato oficial del GOP.

  • Los políticos y su moda de pegarle a Donald Trump

    Los políticos y su moda de pegarle a Donald Trump

    La polarización dentro de un país se atenúa o de plano desaparece cuando existe un enemigo en común. Cuando éste desaparece, ocurre lo contrario: Las trincheras políticas e ideológicas se vuelven más antagónicas, la sociedad tiene menos razones para legitimar a su clase política y se vuelve más crítica con ella en tanto no tiene algo de que protegerlo. Pero cuando ese enemigo existe y el ciudadano sabe que no puede protegerse solo sino que necesita de una entidad superior, entonces, por cuestión de supervivencia, termina depositando cierta fe en el gobierno.

    Los políticos y su moda de pegarle a Donald Trump

    En México no estamos acostumbrados a tener un enemigo en común. Enemigos internos tenemos muchos, pero pocas veces hemos tenido amenazas desde el exterior. Estados Unidos sí que las ha tenido, y en esos momentos difíciles es cuando los republicanos y demócratas han llegado a un mayor número de consensos. Ahora que Estados Unidos no tiene una amenaza exterior palpable (Daesh está todavía relativamente lejos de convertirse en eso, al menos en el inconsciente colectivo), el país vive una polarización tremenda, tanto en el congreso, dentro de los mismos partidos inclusive, como en la misma ciudadanía.

    En México, la clase política dentro de sí misma no se encuentra tan polarizada no porque exista un enemigo en común (excepto entre Morena y los demás partidos), sino porque han dejado de representar a la ciudadanía y los consensos a los que ellos mismos llegan van en el sentido de solaparse y cubrirse las espaldas. Pero si hablamos de la relación entre clase política y la ciudadanía, la polarización es abrumadora.

    Habiendo explicado esto, solo así se puede explicar esa «nueva moda» que tienen ahora los políticos y los partidos de criticar abiertamente a Donald Trump.

    Donald Trump es ese «enemigo en común» que parecen haber encontrado algunos políticos para que los ciudadanos cierren filas con ellos:

    Por ejemplo, como se muestra en el video, Rafael Moreno Valle (quien aspira a ser Presidente de la República en el 2018) critica «de frente» a Donald Trump con un inglés más que decente. Para Moreno Valle, criticar a Donald Trump no es problema alguno, no está poniendo en riesgo su capital político, no está comprometiendo a nadie. El riesgo para su persona o interés político es el mismo que tendría un Youtuber de moda como Chumel Torres o Werevertumorro en subir un video…  para criticar a Donald Trump.

    Como los argumentos de la clase política para ganar legitimidad dentro de los ciudadanos prácticamente se han acabado, entonces apelan al enemigo en común. Los mexicanos por sí solos no pueden defenderse de Donald Trump, porque se trata de un hipotético conflicto a nivel político (y diplomático), entonces necesitan a esa «entidad superior» para que represente sus intereses.

    El mensaje del Gobernador de Puebla es que él como Presidente defenderá los intereses de los mexicanos.

    Él, al igual que Vicente Fox, tratan de vender la idea de que Donald Trump es el riesgo «más inminente» para nuestro país. Fox ha encontrado en Donald Trump una gran oportunidad para lavarse la cara, posiblemente su odio a este personaje tenga algo de auténtico auténtico apelando a aquella máxima de que «los niños y los borrachos siempre dicen la verdad»:

    Y puede tener algo de auténtico en tanto las amenazas de Donald Trump no sólo afectarían a los ciudadanos de a pie, sino al país a su conjunto (donde entra también la clase política), una relación tan distante entre los dos países afectaría a nuestro país (y en cierta medida, a los mismos Estados Unidos).

    Lo que los políticos ignoran cuando se preguntan por qué la sociedad los sigue ignorando, es que en México tenemos enemigos más grandes, que incluso dañan más a nuestro país que la posible llegada de Donald Trump en la Casa Blanca.

    Algo está mal en el país cuando tenemos un gobierno que no tiene la más mínima intención de llegar a la verdad en el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Hablando de Estados Unidos, este país está persuadiendo a México para que siga las recomendaciones del GIEI, a quien felicitó por su investigación, mientras que el Gobierno ha puesto un plan en marcha para desacreditarlos (falta que los intelectuales orgánicos digan que «AMLO, Slim y Aristegui» hicieron en EEUU lo que ni la KGB hizo). Esos son claros ejemplos de nuestro enemigo interno, el cual es más dañino que el propio Donald Trump. Así como lo es narcotráfico, los preocupantes niveles de impunidad y muchos otros problemas más.

    PAN, PRD, Peña y el propio AMLO (aunque estos últimos dos se tardaron). Todos se suman a la moda de criticar a Donald Trump, porque creen que eso les dará legitimidad o les traerá votos. Lamentablemente el hartazgo ciudadano parece no alcanzar siquiera para cerrar filas cuando un «enemigo en común» se nos presenta.

    Incluso nuestros partidos pueden hacer spots tan ridículos y vulgares como éste. Pero siguen sin entender, siguen creyendo que se pueden ir por la fácil. Creen que Trump los «ha venido a salvar» para se rediman ante la sociedad. ¡Qué equivocados están!

    https://www.youtube.com/watch?v=8bnvW4jLGEw

    Fuente imagen: http://time.com/money/3941620/donald-trump-pinatas/

  • Si Donald Trump fuera mexicano

    Si Donald Trump fuera mexicano

    Voy a comenzar siendo muy «políticamente incorrecto», porque creo que para tocar el tema que quiero tocar lo debo ser. Entendido esto, vamos a hacer un ejercicio.

    Si Donald Trump fuera mexicano

    Elige a un empresario mexicano, uno que sea polémico, el que tú quieras, puede ser un empresario nacionalmente conocido, o uno de tu localidad. La única condición es su personalidad polémica y que tenga mucho dinero en sus múltiples cuentas bancarias. Imagina que dicho empresario decide incursionar en la política por la presidencia y en un discurso pronuncia las siguientes palabras:

    – Hoy México está en decadencia, nuestro país ya no es lo que era antes. Parte de nuestros problemas como la inseguridad y la delincuencia tiene su origen en todos esos sectores de donde provienen los criminales, secuestradores, motorratones y demás personas que ponen en juego tu seguridad y la de tu familia. Por eso, si gano la presidencia, voy a mandar a construir muros en la Avenida Independencia en Guadalajara y los límites de la Ciudad de México con Ecatepec y Ciudad Nezahualcoyotl, para que esas parias no crucen y sigan afectando nuestra calidad de vida. Y por cierto, el muro lo van a pagar ellos, porque ellos son los que secuestran. Además voy a deportar a cualquier migrante que se atreva a pasar nuestro país, son sucios, huelen mal, son un riesgo y afean nuestras colonias. ¡Vamos a hacer a México chingón otra vez!

    ¿Cuál es tu impresión de ese discurso? ¿Crees que éste candidato podría llegar a obtener apoyo de ciertos sectores sociales? ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? Puedes contestar estas preguntas en el formulario de comentarios, pero al menos haz este ejercicio dentro de tu mente.

    Posiblemente pienses que ese discurso es muy ofensivo, de hecho lo es; porque hace generalizaciones burdas, está lleno de mentiras y medias verdades. Pero si crees que ese discurso es muy ajeno a nuestra realidad, mejor piénsalo dos veces.

    Porque en la práctica ya hemos construido ese muro. No es un muro físico, es un muro que no se puede ver con la vista, más bien hemos colocado cada ladrillo con nuestro comportamiento y nuestros prejuicios (aunque cabe decir que todo esto nos ha motivado a construir muros físicos para aislarnos de las masas o hasta de nosotros mismos). Es el muro que se construye cuando los cadeneros en el antro al no dejar pasar a gente morena o poco agraciada físicamente, porque un antro con morenitos es «menos chic»; es el muro que construimos al usar el término «naco» una y otra vez al referirnos a gente de otras clases sociales y con rasgos indígenas más prominentes, también lo construimos al publicar revistas que tienen nombres como «Gente Bien», como si la mera posición social nos diera una superioridad moral sobre los demás.

    Al percatarnos de la popularidad de Donald Trump, cuestionamos el nivel de educación que tienen los estadounidenses (y ciertamente, es bastante bajo con relación al tamaño de su economía), pero no somos capaces de observar la nuestra que es muy inferior. Constantemente muchos hacen burla de los indígenas creando memes con términos en «tl», usan términos como «albañil», «chacha» o «camionero» para burlarse de otra persona, o también publican «videos chistosos» en Facebook donde el personaje principal «se ve muy naco», está haciendo «algo muy naco», o «parece naco» por su mal gusto.

    No podemos concebir que Donald Trump quiera prohibir la entrada a los musulmanes a Estados Unidos, pero en México se discrimina a los migrantes; sólo son aceptados los extranjeros, quienes se considera, tienen buen linaje (europeos, estadounidenses, o algunos sudamericanos). Cuando se trata de hindúes que vienen a trabajar a nuestra ciudad, y peor aún, de centroamericanos que usan nuestra ciudad de paso (el caso de Guadalajara) la postura es completamente severa por parte de muchos ciudadanos. A pesar de que los migrantes suelen ser pacíficos, son rechazados por muchas personas porque, «afean mi colonia» o creen que por su mera apariencia, son un riesgo. En Guadalajara muchos vecinos se negaron a que se habilitara una casa de paso para ayudar a los migrantes que pasaban por nuestra ciudad. Varios de ellos ahora publican cualquier número de artículos criticando al magnate estadounidense.

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    Tampoco podemos entender la misoginia de Mr. Trump ni sus comentarios que rayan en el machismo. Pero al mismo tiempo, después de que la norteamericana Andrea Noel fuera acosada sexualmente en la Condesa por un hombre que le trató de levantar la falda y posteriormente fuera a levantar la denuncia (tragándose la burla de algunos funcionarios), muchas personas en Twitter la agredieron con una lluvia de improperios como «Puta güera de mierda, por tu culpa me suspendieron. Cuando te vea no sólo te voy a levantar la falda, te voy a matar. Puta», e incluso algún columnista la llamó feminazi por denunciar lo ocurrido. De la misma forma, no podemos olvidar cuando el periodista Leonardo Schwebel criticó a una edecán el foro del Día Internacional de la Mujer, por no tener más atributos que «estar buenota», al tiempo que también presumía de golpear a su hermana cuando era chico.

    Donald Trump ha logrado amalgamar todos esos prejuicios y sentimientos de odio incrustados en diversos sectores de la población, de tal forma que le sirvan como base para sostener su campaña. Pero sería hipócrita criticar a los estadounidenses con un halo de superioridad moral, cuando nosotros, en nuestra muy particular forma, emulamos esos prejuicios que tristemente son una constante en nuestro país.

    La pregunta queda en el aire, ¿Qué pasaría si un personaje como Donald Trump irrumpiera en México? ¿Sería rechazado inmediatamente o podría despertar muchas simpatías? Posiblemente la respuesta a esas preguntas no sería la más agradable al oído.

  • Donald Trump y buenas noches. Cómo la ignorancia puede tumbar a EEUU

    Donald Trump y buenas noches. Cómo la ignorancia puede tumbar a EEUU

    A veces creo que idealizamos mucho a los países desarrollados. «Mira, en México pasa esto, en cambio en Estados Unidos, o Dinamarca, o Suecia». En esa excesiva idealización olvidamos que la especie humana es la misma, que aquello que es diferente es la evolución de las instituciones con las que se gobiernan, la cultura, el nivel de educación (producto de lo primero) o que ellos tienen acceso a más insumos porque tienen una mayor capacidad de producir más. Dicha evolución es producto, por lo general, de decisiones tomadas en momentos coyunturales.

    Donald Trump y buenas noches. Cómo la ignorancia puede tumbar a EEUU

    Pero los habitantes de los países desarrollados tienen las mismas necesidades físiológicas y psíquicas que un nicaraguense, un tailandés o el jefe de una tribu africana. Es decir, tienen la necesidad de recibir afecto, de alimentarse, de tener sexo o de autorrealizarse.

    Tal vez explicando esto podría entender un poquito más por qué la gente de Estados Unidos tiene la capacidad de hacer que Donald Trump sea un contendiente serio para la Presidencia de Estados Unidos. Ésto se podría explicar aceptando que el ser humano no es infalible y puede fallar, pero no sólo eso, Estados Unidos, por más potencia hegemónica que sea, no es la cultura más avanzada de este planeta, ni es el país más desarrollado. Un ejemplo es la educación, en la prueba PISA, Estados Unidos no obtiene muy buenos resultados. En lectura está apenas encima de la media de la OCDE (lugar 17) y en matemáticas se encuentra muy debajo, en el lugar 27, mucho más cerca de México (último lugar) que de Corea del Sur (primer lugar).

    Estados Unidos tiene una clase intelectual relativamente sólida, tiene muy buenos físicos, matemáticos, científicos, filósofos, politólogos. empresarios. Muchos de ellos tienen alguna relación con la Ivy League, así llamado al conjunto de universidades más destacadas de Estados Unidos. Parece que más allá no hay mucho que mostrar: la educación es mala, no es digna siquiera de un país desarrollado. Esto nos podría explicar en cierta parte, que Donald Trump pueda contender a la candidatura.

    Pero aún así una nación verdaderamente desarrollada no está completamente inmune a los populistas, en los países escandinavos han aparecido grupos extremistas. Es mucho más difícil manipular a una persona educada, pero tampoco es completamente imposible. Pueden darse diversas circunstancias para que el docto pueda caer en la trampa. Pero ciertamente es mucho más difícil y el alto nivel de educación funge como un escudo relativamente eficiente frente a los demagogos.

    Pero no es el caso de Estados Unidos, porque al menos en su mayor parte, la ignorancia en el país norteamericano es lo que ha hecho que Donald Trump pueda llegar a ser Presidente. Trump les ha dado una voz a aquellos que no tienen un lugar en la sociedad estadounidense, en parte porque no tienen una gran educación y tampoco tienen una gran preparación para desarrollarse profesionalmente. Parte de su electorado son aquellas personas que ante la huida de sus empleadores a otros países para tercerizar la mano de obra (una de las razones por las que México es vilipendiado de Donald Trump) y el arribo de otras razas o estratos sociales que amenazan su «zona de confort» han visto con buenos ojos a los caudillos populistas (sí, igual que en Venezuela o Bolivia). Dicha masa tiende a ser muy tradicionalista y suele tener rasgos autoritarios, porque éstos son los que les permite defender su estilo de vida de lo que consideran «amenazas» como los latinos, terroristas, matrimonios gay o capillas de otras religiones:

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    Estados Unidos está pagando caro no haber procurado una buena educación para sus ciudadanos, la vasta ignorancia en ese país está poniendo en riesgo esas estructuras creadas a través del tiempo y que le permitieron erigirse como potencia política y económica. La ignorancia puede poner en riesgo los principios democráticos del país.

    Y no sólo eso, la presencia de Donald Trump deja a los Estados Unidos en una franca contradicción. Ese país que tanto ha criticado a los populistas latinoamericanos se está dando el lujo de hospedar uno en su territorio para que pueda contender por la presidencia. Los republicanos, quienes han criticado más a este tipo de políticos, callan frente a la presencia de un magnate demagogo en su propio partido. A muchos no les gusta Trump, pero la mayoría de ellos (incluso Rubio y Cruz, los más cercanos competidores) dicen que lo apoyarán si termina siendo el candidato elegido por su partido.

    https://www.youtube.com/watch?v=5NzhQWcc7h4

    ¿Cuáles son los alcances de Trump? No lo sabemos. No lo sabemos porque Trump es poco predecible y porque las instituciones estadounidenses nunca se han puesto a prueba con un presidente demagogo que raya en el fascismo. Algunos afirman que todo sólo se trata de una estrategia de campaña y que no deberíamos preocuparnos, pero las declaraciones de Donald Trump son lo suficientemente fuertes como para subestimarlas. No son pocos los casos en que los medios subestiman a aquellos candidatos antidemocráticos bajo ese argumento. Sólo hay que recordar el primer artículo que escribió The New York Times sobre Hitler, donde afirmaban que su «anti-semitismo» sólo era una estrategia para atraer votantes y tenían fuentes confiables que les confirmaban que en realidad Hitler no era así. Ya vimos lo que pasó:

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    Si Trump gana, Estados Unidos pierde mucho. De hecho su calidad de potencia hegemónica estaría en peligro. El discurso sobre la democracia y las libertades es lo que todavía hace fuerte a ese país. Con Trump en la Casa Blanca, dicho discurso, en una presidencia que en el más benévolo de los casos sería contundente con los inmigrantes y establecería políticas económicas proteccionistas más de corte corporativista, ya no tendría sentido, o al menos quedaría en entredicho.

    También tendríamos que ver que efectos tendría el hecho de que la nación que presumió de ser el referente de democracia ante el mundo, por su capacidad de influencia, termine orillada por un régimen más cercano al fascismo. En caso de que Donald Trump, quien ha terminado por fracturar al Partido Republicano, termine radicalizándose en la Casa Blanca (una posibilidad), la «idea» de la democracia en el mundo perdería fuerza, al ya no haber potencia que la defienda (ni Rusia, ni China son países democráticos). Esto podría ser, sí, un gran problema.

    Trump metería a Estados Unidos en una cerrazón, con sus empresas obligadas a no tercerizar mano de obra en el extranjero y al expulsar a la mayor cantidad de migrantes. Ese país que se caracterizó por desempeñar un papel activo en todo el mundo, al influir sobremanera en los demás países, pero al permitir hasta cierto grado también, que otros países y culturas (entre ellos México) influyeran sobre éste, terminaría en el aislacionismo.

    No es gratuito que los medios de Estados Unidos ya se estén preocupando ante la posibilidad de que este magnate llegue a la Casa Blanca. La libertad de expresión no parece muy asegurada, más cuando Trump afirmó que tomará medidas con los medios que lo han estado criticando:

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    Y todo esto no es producto de eventos cíclicos en el mundo. Parece ser, más bien, producto de la ignorancia y la irracionalidad. Porque un país desarrollado no puede permitirse tener debates parecidos más bien a la lucha libre, y menos a un espacio para confrontar ideas de gobierno. Porque sí, el GOP (Partido Republicano) ha dejado patente la ignorancia que prevalece en amplios sectores del pueblo estadounidense, porque un circo es más atractivo, gritos, insultos, bromas, sarcasmos.

    Estados Unidos parece estar en franco declive. Si bien, Obama ha logrado hacer una buena presidencia, no ha podido por sus fuerzas contener los efectos de una cadena de errores cometidos en los últimos tiempos y que han puesto a Estados Unidos en una situación delicada, ésto aunado al surgimiento de nuevos actores en este delicado mundo de la geopolítica.

    Lo peor que podría ser el electorado estadounidense es votado por Donald Trump, porque no hará grande a Estados Unidos de nuevo (como reza su slogan), posiblemente lo condenará a no volver a ser grande jamás.

    https://www.youtube.com/watch?v=66duYXWEhqw

  • Trump, Rubio y Cruz. Los candidatos del partido republicano, y el declive de Estados Unidos

    Trump, Rubio y Cruz. Los candidatos del partido republicano, y el declive de Estados Unidos

    En Estados Unidos, la clase política y la comentocracia hablan mucho sobre los caudillos populistas como un enemigo a vencer y quienes tienen intereses opuestos a la democracia: Ahí están Chávez, Maduro, Fidel Castro y unos tantos más. Suelen hacer ese contraste para demostrar lo firme y ejemplar que es su democracia y sus sólidas instituciones. En efecto, nadie niega que Estados Unidos es un país más democrático que Venezuela o Cuba, que su economía es bastante mejor, sus instituciones también y que son menos corruptas (aunque no por eso podemos afirmar que la corrupción se encuentra ausente en el país norteamericano: de hecho está más presente de lo que se piensa).

    Los candidatos del partido republicano, y el declive de Estados Unidos

    Pero esta retórica comienza a languidecer con los candidatos que contienden por el Partido Republicano: Sí, Donald Trump, Ted Cruz y Marco Rubio. Para entender lo que representan, Marco Rubio, quien supuestamente es el candidato más moderado de los tres, tiene una estrecha relación con el Tea Party.

    El Partido Republicano ha dado tumbos en los últimos tiempos, y sin faltar a la verdad, se ha beneficiado del fanatismo, del nacionalismo mal entendido y la ignorancia. Donald Trump, en un acto de cinismo, agradeció a los «pobremente educados», porque dice, son más fieles. Los tres candidatos se alimentan del odio irracional o del dogma religioso (Ted Cruz) y basta con hilar algunos argumentos fácilmente rebatibles para generar emociones en parte del electorado, sobre todo aquel que vive fuera de las áreas urbanas.

    Donald Trump es la prueba más contundente para mostrar que los caudillos populistas también pueden emerger dentro del país que supuestamente los combate. Muy recorrido a la derecha, si bien defiende una especie de «libre mercado interno» (con menos impuestos para los ricos como él), también pugna por políticas intervencionistas con las cuales busca cerrar las fronteras del país ante «la amenaza extranjera», ya sea prohibiendo a Apple o a Ford que fabriquen sus productos fuera de Estados Unidos por medio de una alta tasa de impuestos, evitando que los musulmanes emigren a Estados Unidos «por seguridad», o de igual forma propone que México pague su propio muro en la frontera para combatir, lo que él llama el problema de los inmigrantes (aunque muchos de ellos han trabajado en la construcción de sus torres y hoteles).

    Ted Cruz por su parte, con una agenda duramente conservadora, plantea dar marcha atrás a todas las nuevas reformas que van en contra de su escala de valores como si tratara de restablecer el reino de Dios tildando de izquierdistas radicales a quienes aplican políticas que no tienen mucho en común con sus creencias. Que aclaro, no debería ser problema alguno que un político tenga una religión, ni siquiera que hable de Dios (Obama lo hace), pero sí debería ser un problema que éste imponga sus creencias religiosas a una nación.

    Extreme leftists — activist judges, the Obama Administration, and academic elites — are trying to extinguish these most fundamental, God-given rights.

    Lo preocupante es que uno de ellos puede ser Presidente de Estados Unidos. Si bien, Hillary Clinton (quien a pesar de la amenaza que representó Bernie Sanders, se apunta como la candidata por el Partido Demócrata), parece ser la favorita, también es cierto que en ese país, a causa de las últimas crisis globales y un desencanto generalizado en Occidente por la clase política (así es, no sólo es un problema de México), los outsiders como lo son estos republicanos, o el mismo Bernie Sanders (quien a pesar de autoproclamarse socialista, un pecado mortal en Estados Unidos, mantiene una postura un tanto más moderada que sus contrapartes republicanas) que se manifiestan en contra del establishment, han encontrado una posibilidad de competir y, por lo tanto, nada está escrito.

    Trump tiene serias posibilidades de ser candidato por el Partido Republicano. La única forma en que posiblemente se podría detener su candidatura sería con una especie de tregua entre Cruz y Rubio. Mucho de esto se definirá en el Súper Martes. Si Ted Cruz no gana Texas (es senador por ese estado) por una diferencia considerable, sus posibilidades se reducirán a cero, y como lo acaba de hacer Jeb Bush, no le quedará otra más que abandonar la competencia.

    Donald Trump dice que «quiere volver a hacer grande a Estados Unidos», pero en sí, su presencia (junto con la de Cruz y Rubio) en el tablero político habla de lo contrario: que la supremacía de Estados Unidos en realidad está en declive; lo cual ha hecho surgir a este tipo de personajes arropados en la retórica populista (esa que tanto odian) y que podrían poner a Estados Unidos en una situación más deliccada si alguno de ellos llega a gobernar a la Casa Blanca.

    En realidad, quienes dicen que quieren hacer grande a Estados Unidos otra vez, son los mismos que se alimentan de la ignorancia de la gente. Porque hay que decirlo con todas sus letras, el pueblo de Estados Unidos no es lo suficientemente culto y educado (como ya mencioné, Trump agradeció a la gente poco educada), al menos al grado en que uno pudiera esperar de un país desarrollado: Trump, Cruz y Rubio representan el declive de los Estados Unidos como potencia mundial.

    Y efectivamente, en Estados Unidos también hay populismo. Y para nuestra basta un botón (el «play» del video de Youtube):

  • Andrés Manuel López Donald Trump

    Andrés Manuel López Donald Trump

    Me llama la atención cómo es que está creciendo Donald Trump. Parece que su explícito y deliberado conflicto con la comunidad latina le está rindiendo frutos, no le importó que varias empresas (no sólo las de origen latino) le dieran la espalda, ni que un sector de los líderes estadounidenses lo reprueben. Lo cierto es que está podría convertirse en la candidato por el Partido Republicano (aunque se dice que dentro del éste partido no ven la idea con muy buenos ojos). Hace apenas un mes, le llevaba 11 puntos de ventaja al segundo lugar, Scott Walker.

    Andrés Manuel López Donald Trump

    Sigo pensando que Donald Trump tiene casi nulas posibilidades de ser Presidente. Si bien está ganando terreno en el electorado republicano, con su discurso demagogo y radicalizado el voto útil jugaría en su contra. Incluso no se me haría descabellado que algunos republicanos que no simpatizan con el magnate con pésimo gusto para usar el peine, prefieran votar por Hillary Clinton (por el contrario, no creo que algún demócrata vote por Donald Trump).

    El problema no es la posibilidad de que llegue a la Casa Blanca (al menos por el momento), el problema es más bien el daño que causa en la sociedad norteamericana (y latinoamericana también) con su presencia, con sus discursos llenos de prejuicios y falacias. Trump mostró que también es un intolerante y antidemocrático al correr de una conferencia al periodista Jorge Ramos, quien lo cuestionó severamente.

    Los discursos de Donald Trump, así como los de López Obrador, tienen algunas similitudes. Si bien, a ojos de muchos parecerían opuestos, en el fondo puedo observar conductas similares (uno desde la derecha aborrece la influencia extranjera dentro de una nación como lo son los inmigrantes, y el otro lo hace desde la izquierda, apelando a los trasnochados ideales de Lázaro Cárdenas). Los dos han sabido crear enemigos (Andrés Manuel sólo engrandece lo que ya existe, Donald Trump los crea casi desde cero) que les ayude a sostener el discurso y los dos practican constantemente el arte del maniqueísmo. Tal vez López Obrador no tenga un discurso de odio en contra de un sector social (la comunidad latina es un conglomerado mucho más grande que esos pocos a los cual incluye en lo que llama «la mafia del poder»), pero al igual que Donald Trump, apela al nacionalismo para crear esa dicotomía entre buenos y malos.

    Cierren los ojos e imaginen que en 2018 AMLO es Presidente de México y Donald Trump preside a los Estados Unidos, ¿Cómo sería la relación entre ambos países?

    No se trata de fanatismo ni de un desprecio en contra de alguna corriente ideológica. Tanto Donald Trump como López Obrador son un ejemplo que el populismo y la demagogia pueden surgir desde la derecha o de la izquierda. Aunque en el espectro tradicional puedan encontrarse en posiciones opuestas, más bien los ya obsoletos términos se pueden representar en una circunferencia donde las puntas de las flechas que representan a cada lado de este espectro tienden a encontrarse.

    Un deteriorado estado de las cosas abona al surgimientos de estos personajes o movimientos (como Siryza en Grecia), pero no siempre es así. En el caso de López Obrador se puede afirmar que la figura de Peña Nieto (uno de los peores presidentes de la historia moderna de México) le ayuda mucho, pero Andrés Manuel tuvo su punto álgido en el 2006, cuando el país no estaba mal (aunque Fox no haya cumplido todas las expectativas que generó). Igual pasa con Donald Trump, por fin parece que la economía estadounidense está bien y por fin se ve en Obama un líder (que antes daba tumbos).

    A pesar de que las épocas difíciles ayudan a los demagogos (por eso surgen con más frecuencia en los países subdesarrollados), no necesariamente tienen que esperar a que ello suceda. Basta buscar el talón de Aquiles dentro del entramado social para buscar el pretexto perfecto.