Etiqueta: Donald Trump

  • Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

    Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)

    Donald Trump, el bad hombre (round 3 y final)
    Getty Images

    Algunas voces dicen que la intención de Trump no era llegar a la Casa Blanca, sino ser capaz de recoger la indignación arrinconada en la derecha política para que con esa masa creara un canal o medio de comunicación que rivalizara con Fox News. ¿Les digo lo que pienso? Que una teoría así no suena tan descabellada después de lo que ha sucedido en las últimas semanas, y sobre todo, lo que ocurrió en el último debate. Donald Trump cometió errores tan infantiles a los cuales no puedo dar crédito.

    Desde hace algunas semanas la campaña de Donald Trump ha dejado de tener sentido alguno. Tendría que ocurrir un auténtico milagro para que un eventual triunfo de Trump ocurriera, algo de proporciones históricas.

    Cierto que las encuestas fallan y que hemos sido testigos de varias «sorpresas», pero la diferencia ya es muy grande. Es casi un hecho de que Hillary Clinton ganará las elecciones. Ahora la pregunta no es si perderá Trump, sino más bien si será aplastado, lo cual es bueno porque una derrota estrepitosa podría afectar negativamente a su liderazgo, haciendo más difícil que vuelva a contender en algunas elecciones venideras o pretenda ser alguna especie de líder que pretenda influir en la política y la sociedad estadounidense desde fuera del poder.

    La mayoría de los estadounidenses ya definió su voto, y lo que está en juego es aquella porción, cada vez más pequeña por naturaleza conforme se acerca el día de las elecciones, de ciudadanos indecisos.

    Frases como «Bad hombre» o «Such a nasty woman» quedarán para la posteridad.  Con ellas, parece que Trump terminó de sepultar su campaña política porque el electorado femenino tiene un tamaño considerable dentro de esa masa indecisa. Trump, en el menos peor de los casos, apeló a su base, a sus simpatizantes más fervientes, a aquellos que incluso han sugerido quitarle el derecho a voto a la mujer, quienes ya tienen su voto definido por él, mientras que sólo habrá conseguido ahuyentar más a quienes no han decidido su voto.

    Pero lo más preocupante es que Donald Trump amague con desconocer los resultados de las elecciones. Si algo conocemos muy bien los mexicanos son las consecuencias de un conflicto post-electoral de esas proporciones, sobre todo por la tremenda polarización (como si la división que ya hay en el país norteamericano no fuera suficiente)-

    De hecho no es la primera vez que lo hace. Hace 4 años, desconoció la victoria de Obama sobre Mitt Romney, y amagó con organizar una marcha hacia Washington.

    Un conflicto post-electoral podría tener consecuencias graves para un país cuyos ideales democráticos sirven para ejercer influencia sobre otros países, gran parte del poder blando (soft power) de Estados Unidos, además de la gran influencia cultural en todo occidente y gran parte del oriente, está moldeado por el discurso de los valores democráticos.

    No es la primera vez que esto ocurre: en el año 2000 George W Bush ganó a Al Gore de forma polémica, sobre todo por lo ocurrido en el recuento de los votos en el Estado de Florida donde su hermano, Jeff Bush, era gobernador. Pero en ese entonces, Al Gore, a pesar de no estar de acuerdo con el resultado, lo aceptó. Eso no ocurrirá si Trump desconoce el resultado.

    Varios psicólogos afirman que el poder no corrompe al individuo, sino que más bien magnifica los rasgos de su personalidad. Aquella persona deshonesta o corrupta lo será mucho más en un ámbito de poder. En este mismo sentido, Trump ha sido capaz de acosar sexualmente a mujeres o discriminar a minorías, como mujeres y discapacitados, porque es parte de su torcida personalidad: una que le ha traído un considerable número de seguidores. Por esto es que el riesgo llamado Donald Trump no acabará con las elecciones, y por esto es que es deseable que el resultado sea lo más estrepitoso, porque su carácter autocrático y egocéntrico podría poner en juego la credibilidad de su país desconociendo el resultado y actuando en consecuencia, si no es que ya lo ha hecho.

    Habrá que preguntarse qué es lo que pasa en la sociedad estadounidense como para permitirse candidatos demagogos que no sólo amenazan e insultan a las minorías o a los migrantes, sino al propio pueblo de Estados Unidos. Eso es algo que nuestros vecinos tendrán que reflexionar a fondo, porque es síntoma claro de que las cosas no andan muy bien por allá.

    Y Hillary Clinton, cautelosa, sin despeinarse demasiado, emocionalmente inteligente, y a pesar de no tener un carisma sobresaliente, hizo lo necesario para sobrellevar el debate y así seguir su camino a la Casa Blanca. Aunque cuando llegue tendrá que lidiar con esos altos negativos que la candidata tiene, no sólo por el escándalo de los correos, sino también porque… es mujer.

    https://www.youtube.com/watch?v=VLdmEDOAA4A

  • El dictador naranja, round 2

    El dictador naranja, round 2

    REUTERS/Karen Pulfer Focht
    REUTERS/Karen Pulfer Focht

    Después del debate, quien todavía no crea que Donald Trump tiene inclinaciones dictatoriales es porque no lo observó bien, o se quiere cegar. Basta observar su lenguaje corporal: se mostraba imponente y hasta acosador. Hillary respondía las preguntas mientras Trump caminaba a sus espaldas, como el stalker perfecto, casi respirándole al cuello. A diferencia de Hillary, Donald Trump no se acercaba a la gente cuando respondía sus preguntas, marcaba su distancia, interrumpía a los moderadores del debate.

    Trump inició el debate con un semblante devastador, nuevamente inhalando aire una y otra vez, no sé si debido a una enfermedad, o como consecuencia de lo que sugieren las malas voces, de la cocaína importada por los mexicanos secuestradores, violadores o asesinos. Después, Donald se recuperó y por momentos tomó el control del debate. Hillary Clinton esta vez mostró que el carisma no es lo suyo, le faltó contundencia, no mató, dejó ir vivo a Donald Trump del debate y no le puso el clavo final a su candidatura, aunque ese clavo tal vez Donald ya se lo había puesto solo con el video que lo exhibe como depredador sexual. Trump, antes del debate había llevado a mujeres que presuntamente acusan de acoso sexual a Bill Clinton como respuesta, y pretendió que éstas entraran al recinto donde se llevaría a cabo. Trump hizo todo lo posible para ensuciar todo, para mostrar las «porquerías» de Hillary, verdades, medias verdades, mentiras, muchas mentiras.

    El punto culmen del debate fue cuando Trump le dijo a Hillary que de llegar a la Casa Blanca daría órdenes para investigar el caso de Hillary Clinton y así, poder meterla a la cárcel por el escándalo de los correos. Fue el punto culmen porque la persecución política es característica de dictadores y demagogos y no de presidentes democráticos, porque la investigación corresponde al poder judicial y no a los caprichos del legislativo. La simpatía, a veces expresa, de Donald Trump por Vladimir Putin no es coincidencia.

    Donald Trump una vez más mostró que el respeto por el Estado de derecho y las instituciones no es lo suyo: se ufana de no pagar impuestos, amenaza con encarcelar oponentes o por cancelar tratados internacionales. El talante autoritario de Trump está muy presente, no es ni siquiera parte de una estrategia de campaña, es él mismo en un desplante sincero de su esencia como persona, lo ha mostrado durante toda su carrera como hombre de negocios con el (mal)trato hacia las mujeres, sus escándalos sexuales -que llevan implícitos una falta de respeto hacia su propia esposa-.

    El resultado del debate no fue tan holgado como el de la otra vez, de hecho no me atrevo a decir que Hillary lo haya ganado. A pesar de sus mentiras, Trump se vio más presente, menos caricaturesco, y se molestó más en preparar sus intervenciones. Hillary ahora no pudo darle una de esas estocadas penetrantes que vimos en el primer debate. Pareciera que la estrategia de Hillary fue defensiva, parece que decidió apostar a que el escándalo de los videos hicieran todo el trabajo para tumbar a Trump a la lona y que no pudiera usar el debate para quitarle el momentum a Hillary. Si esa fue la estrategia, funcionó, porque a pesar de que Trump estuvo mejor, el debate no incidirá mucho en las preferencias como ya lo estamos viendo, pero Hillary pudo rematarlo y decidió no hacerlo.

    A pesar de que mejoró mucho en su desempeño, Trump no pudo frenar la picada en la que se enfrenta su campaña. Parece que ahora sólo podrá apostar a un milagro si quiere ganar la candidatura, en la cual, al menos hasta unas pocas semanas, se veía muy competitivo.

    A pesar del duro golpe, los medios aciertan en no subestimarlo. No se puede subestimar a un personaje de la talla de Trump a estas alturas del juego donde votaciones como las del Brexit y los tratados de paz de Colombia, ya nos han enseñado a que no podemos dar nada por sentado.

  • Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Lo que sucedió con Colombia el día de hoy nos deja una gran lección.

    Primero, que los votantes son más bien irracionales y no racionales; segundo, que las encuestas no son una herramienta de referencia fidedigna; y tercero, que el miedo es un gran arma electoral, mueve masas de forma inimaginable.

    Cierto, mencioné tres lecciones y no una. Pero es que sabiéndolas interpretar, se resumen en una sola: Donald Trump puede ganar la presidencia el 8 de noviembre.

    Quienes claman que los acuerdos de paz en Colombia no eran justos posiblemente tengan razón. Muchos esperaban ver a los miembros de las FARC enjuiciados y no «legalizados». Pero también es muy cierto que con estos acuerdos se terminaría una guerra que ha lastimado tanto a este país y que no tenía salida. Curiosamente el SÍ ganó en aquellas regiones más lastimadas por la guerra, y el NO ganó en aquellas regiones «cómodas» que posiblemente no entienden que significa vivir en esas circunstancias y no les ha tocado.

    Un día que pudo ser histórico se convirtió en uno oscuro. Los colombianos votaron por la guerra movidas por el miedo, así hay que decirlo, no es necesario ser políticamente correcto. Paradójicamente, un dos de octubre, ese día infame para la historia mexicana por la masacre de Tlatelolco, en Colombia se votó SÍ a la guerra.

    Me siento apenado por mis amigos colombianos que están consternados por la decisión que han tomado sus connacionales. Pero lo que me preocupa más es lo que falta por venir.

    El miedo, la ignorancia y los sentimientos viscerales están ganando terreno en un año oscuro para la democracia liberal. Los muros, la nostalgia por el pasado, la cerrazón. Si uno quiere buscar paralelismos con el escenario de entre-guerras, posiblemente los encuentre y seguramente no serán pocos. Son esos mismos sentimientos los que dieron pie para que el fascismo ascendiera y causara una gran tragedia global.

    El 8 de noviembre podría convertirse en uno histórico, pero no por tratarse de el fin de alguna dictadura, del derrocamiento de un régimen opresor o el fin de una guerra, sino todo lo contrario. A estas alturas, mucha gente sigue confiada y piensa que Donald Trump tiene la elección perdida. Las encuestas no lo marcan como favorito, pero las encuestas tampoco marcaron como favorito al Brexit, y mucho menos al NO en colombia. Puede pasar cualquier cosa.

    Habría qué preguntarse qué está pasando en el mundo para que esta ola de retrocesos se expanda por todo Occidente. ¿Está la democracia en crisis?

    La respuesta no es simple. En algunos países las clases medias se han estancado, y a diferencia de décadas anteriores, no sienten que el futuro les vaya a ser muy promisorio. ¿Las razones? Varias, entre ellas están los avances tecnológicos. propios de la transición de una sociedad industrial a otra de las tecnologías de la información, que están desapareciendo puestos de trabajo poco cualificados que serán sustituidos por máquinas o inteligencia artificial -Trump tiene mayoría de votantes en estados donde este tipo de empleos están desapareciendo, y el Brexit ganó mayoría de adeptos en regiones similares-. Por otro lado, el deterioro del estado de bienestar (welfare state) causado por un lado por lo insostenibles que son las pensiones y porque políticamente ya no ha sido tan rentable sostenerlas -recordemos que en muchos casos se implementaron con el fin de contrarrestar fuerzas con el comunismo soviético-, así como la concentración de recursos en una minoría también ha creado una sociedad más desigual.

    Es cierto, este es un problema real que invita a replantear el sistema bajo el cual vivimos. Francis Fukuyama alerta sobre un deterioro en el sistema político de Estados Unidos, fenómeno que se replica en muchos países occidentales. El politólogo estadounidense afirma que los sistemas no son eternos y tienden a la entropía, cosa que ocurre con los Estados. Ese deterioro ocurre cuando el Estado se vuelve incapaz de adaptarse a las circunstancias para poder satisfacer las necesidades de sus gobernados. En muchos países, el sistema democrático ha mostrado cierto deterioro. La sociedad occidental ha sufrido muchos cambios mientras que sus gobiernos se han mostrado rezagados. Fukuyama afirma que el sistema político estadounidense se ha mostrado inoperante. Moises Naím por su parte, afirma que el poder se ha fragmentado de tal forma que los gobiernos son incapaces de tomar decisiones determinantes por el «exceso» de contrapesos, mecanismos y trabas que fueron concebidos originalmente para evitar el exceso de poder.

    La misma desigualdad puede ser un peligro para la democracia. Como sostiene el propio Fukuyama, las democracias surgieron en países con una clase media de tamaño considerable. Aquellos países cuya clase media es reducida, han tenido más problemas para sostener un régimen democrático, o bien, son regímenes autoritarios. En este sentido no es raro que muchas manifestaciones que van en contra, como las de Donald Trump, se den en países, o regiones, donde la clase media está estancada, de la misma forma en que ocurrió con el debilitamiento de las clases medias tras la crisis de 1929 que prendió la mecha para que los regímenes fascistas ascendieran.

    Pero si bien, estos signos son reales, la reacción es bastante desproporcionada. Y me atrevo a decir que es así, porque dicha reacción no sólo se alimenta de este estado de las cosas, sino de los discursos demagógicos y de miedo pronunciados por aquellos que afirman, con cifras irreales a la mano, que el mundo está peor que nunca. En realidad, a pesar de lo que acabo de mencionar, hay muchos otros indicadores que contradicen los discursos de estos demagogos que desde la extrema izquierda o derecha, buscan engañar a sus simpatizantes.

    Por ejemplo, a pesar de los atentados en varias ciudades de Europa, la violencia en el mundo se encuentra en su mínimo histórico:

    ourworldindata_global-war-deaths-1400-today-size-of-the-bubble-shows-percentage-of-world-population-killed_the-hague-centre-for-strategic-studies0
    The Washington Post

    De la misma forma, la pobreza extrema se ha reducido de forma considerable.

    www.brookings.edu
    www.brookings.edu

    A pesar de que las cifras no son tan pesimistas como muchos creen, la percepción tiene un papel muy importante en el discurso de aquellos demagogos que buscan poner la reversa. Un atentado en una ciudad como París donde 80 o 100 personas mueren no tiene gran relevancia estadísticamente hablando, pero sí lo tiene de forma simbólica, París es considerada la capital cultural de Occidente y un atentado contra esa ciudad, es un atentado contra el corazón occidental. DAESH y demás organizaciones terroristas, han sido de alguna forma efectivos en su intención de debilitar a Occidente. Los atentados perpetrados han alimentado el discurso de los demagogos como Trump, y quienes podrían alterar el orden.

    El caso de Colombia posiblemente no tenga mucha relación con el estancamiento de las clases medias y demás factores que mencioné, pero sí ejemplifica el papel que tiene el miedo a la hora de salir a votar.

    A pesar de que Hillary va a la cabeza en las encuestas, los discursos irracionales basados en los sentimientos más primitivos y viscerales pueden terminar modificando las tendencias. ¿Habremos aprendido la lección? Lo sabremos el 8 de noviembre. Y espero que sí lo hayamos hecho, de lo contrario, podrían venirse tiempos muy oscuros.

    Nota al pie: Desde aquí aprovecho para lamentar la muerte de Luis González de Alba. Quien fuera manifestante en la Masacre de Tlatelolco en 1968 y  estuvo preso dos años por la misma razón, murió quitándose la vida en su casa de la Colonia Americana en Guadalajara. No, no es casual que haya muerto un 2 de Octubre. Así lo decidió hacer porque esta fecha marcó su vida. El escritor fue polémico por las confrontaciones que tuvo con la izquierda, varias veces no concordé con él, pero fue una persona muy inteligente y culta, lo cual siempre dejó impreso en sus escritos. Que en paz descanse.

  • Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Vi el debate el día de ayer.

    Hillary Clinton le puso una arrastrada a Donald Trump. Al menos todos los que nos creemos pensantes, nos sentimos quesque intelectuales y nos encanta opinar de todo, lo vimos así. En la batalla de los argumentos, Hillary le dio una repasada al populista naranja, lo exhibió, una y otra vez lo dejó ver como un mentiroso. Recordé ese Chile  7-0 México que tanto disfrutamos y gozamos pero en versión debate. A pesar de que al principio Donald Trump no picaba el anzuelo, Hillary no tardó mucho en encontrar al modo y lo exhibió.

    Eso es lo que pensamos nosotros.

    Pero no es lo que piensa todo el mundo, menos «esa masa» del electorado estadounidense.

    Digamos que parte del electorado de Donald Trump vió ese «7-0» desde otra perspectiva. Para ellos, el 7 va antes que el 0.

    Es decir, la base de votantes de Donald Trump está movida por la indignación, por aquellos que se sienten  «traicionados» por su país, quienes han perdido sus empleos porque las empresas se han ido a otros países para abaratar costos, y sus escasas habilidades técnicas y de conocimiento no dan para encontrar empleos igualmente remunerados.

    Trump había encontrado el discurso perfecto, se había inventado enemigos como México, China, los migrantes asiáticos. Aprovechó la ignorancia, que es una constante en esos sectores deprimidos, y pasó de ser un pre-candidato irrelevante del GOP, a un serio contendiente por la presidencia.

    Los argumentos no importan tanto para sus electores, sino aquello que significa Donald Trump, el outsider, el showman.

    Hillary hizo lo que tenía que hacer. Se notó que, a diferencia de Trump, preparó muy bien todos los escenarios posibles, tanto de ataque como de defensa. Sobre todo, logró mostrarse como una estadista, como una mujer fuerte (reduciendo los cuestionamientos sobre su desmayo a cero) que tiene idea de lo que va a hacer cuando llegue a la Casa Blanca. Vaya, se le vieron tablas. Se notó que la batalla era entre una política de carrera y un empresario demagogo.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZEHPrYUcoi0

    Más que quitarle puntos al otro, lo que debía hacer Hillary era sumar los propios. Trump no iba a perder mucho por los ataques que recibiera por lo antes mencionado, pero Hillary podía ganar los suyos. En cada ataque imprimió ese perfil que sabe que le conviene mostrar, el de una mujer determinante, que sabe lo que hace. Había que ganarse a los indecisos, la pregunta es a cuántos.

    Pero si piensas que este debate, uno de los más disparejos que recuerde, va a noquear a Donald Trump, estás equivocado. Hillary ganó una batalla, no la guerra.

    Y no hablo de los dos debates que todavía tienen que llevarse a cabo, sino de «todo lo demás» que puede pasar en este mes y medio que falta para que los estadounidenses salgan a votar: algún atentado, alguna declaración, algún escándalo. Según fivethirtyeight.com, las posibilidades de que Hillary gane son 55%, mientras que las de Trump son 44%. Clinton es favorita, pero la contienda está cerrada. Según este mismo medio, las posibilidades de Hillary sólo aumentaron un 1% después del debate (esperando lo que ocurra los días que faltan). La buena noticia para Hillary, es que al parecer, al menos logró romper la racha de Donald Trump.

    Trump vs Hillary
    fivethirtyeight.com

    ¿Qué quiero decir?, que la contienda sigue estando lo suficientemente competida como para pensar que ya hay ganador, como para pensar que Hillary será la próxima presidenta. El riesgo llamado Donald Trump sigue latente, y aute algún exceso de confianza puede pasar cualquier cosa.

    Hillary debe de capitalizar lo sucedido en el debate para seguir sumando puntos, de la misma forma debe de aprovechar los otros dos que faltan. Veo difícil que Donald Trump pueda mostrar algo muy diferente a lo que pudimos a ver. A pesar de su carácter irracional y de los absurdos de sus planteamientos, Trump logró verse más elocuente que en los debates de las elecciones primarias, y aún así le fue muy mal.

    Y créanme, en mes y medio puede pasar cualquier cosa. Afortunadamente los medios y los opositores a Trump entendieron el mensaje de las ocasiones pasadas, saben que a estas alturas del juego no pueden bajar la guardia. Son cada vez más voces las que se suman en su contra, artistas, actores, famosos, gente que sabe que al ser celebridad o alguien reconocido puede influir en la elección de los votantes.

    Ah sí, y el precio del dólar bajó gracias a la derrota de Trump.

  • Trump es nuestra culpa

    Trump es nuestra culpa

    Todo aquello que existe tiende a la entropía, nada es estático, ni siquiera las doctrinas de orden y social que consideramos «más nobles». Los occidentales nos hemos decantado por la democracia liberal después de ver que las demás corrientes ideológicas tales como el marxismo o el fascismo fracasaron en su implementación. Que hayamos considerado a la democracia liberal la menos peor de las opciones no significa que sea perfecta, y los hechos actuales nos lo están demostrando.

    Trump es nuestra culpa

    Y no porque la teoría que sostiene a esta doctrina sea endeble, sino porque creíamos que se trataba de ponerle play y sentarse en el sillón para ver correr la cinta.

    Brexits, Donald Trump, las ultraderechas e izquierdas extremas en el mundo son producto de una democracia liberal que no fue perfeccionada ni re-encausada. Los teóricos de las doctrinas del mercado nos dijeron que no nos teníamos que preocupar por la desigualdad; que combatirla crearía distorsiones en el mercado; que el mercado libre iba a incentivar a las empresas a desarrollar mejores productos y más innovación. El argumento esgrimido no es del todo falso, pero tampoco fue una verdad absoluta.

    Es una paradoja que en esos países acusados de imperialistas por sus pares del tercer mundo es donde ha crecido este descontento. Mientras los demagogos en México nos insistieron en que el TLC fue un error, y que fue un tratado para que «los gringos nos explotaran», los de allá, los demagogos naranjas del país norteamericano, maldicen el TLC porque se han llevado los empleos al país de donde llegan los violadores, secuestradores, y flojos que se duermen bajo un nopal.

    Tal vez Occidente debió preocuparse un poco más por la desigualdad. El welfare state (estado de bienestar) fue creado, en gran medida, por los partidos conservadores de Europa para contrarrestar la tentación comunista. Ahora que la tentación ha sido neutralizada de sobra, en conjunto con el descenso poblacional que hace más costosas las pensiones, los mecanismos de redistribución de riqueza se han reducido, y la izquierda, quien ha adoptado el modelo del welfare state como suyo, se ha quedado sin un discurso sólido.

    Aquellos países desiguales que nunca han ostentado una clase media de tamaño considerable han sido menos insistentes. Los muy pobres no suelen participar activamente en cuestiones políticas porque suelen estar más preocupados por sus necesidades básicas y tienen menor capacidad de organización. Pero los países donde las clases medias -aquellas que son las causantes de todos los cambios políticos y revoluciones- sienten que ni sus ingresos ni bienestar aumenta sino que se estanca y disminuye, son más proclives a esperar una reacción hacia el gobierno y el status quo.

    Y son esas, las clases medias empobrecidas, las que se han convertido en la base electoral de Donald Trump. El magnate además no se olvida de culpar a los migrantes de todas las tragedias nacionales: el terrorismo, el desempleo.

    Para muchos de nosotros queda claro que las propuestas de Donald Trump no tienen fundamento, de hecho seguramente traerán más problemas de los que existen actualmente. Pero ante la incapacidad de quienes cargan la bandera de la democracia liberal de enmendar los errores producto del desgaste de un sistema que al final ha terminando beneficiando a un grupo reducido de la población, han sucumbido en el discurso ante los demagogos.

    Ahí está la campaña en Estados Unidos. Según las encuestas todavía va ganando Hillary Clinton, pero Donald Trump lleva la batuta. Él, a diferencia de Hillary -cuyo discurso parece inocuo ante el contexto actual- depende de sí mismo, depende de sus aciertos y sus errores, o de la forma en que aprovecha los errores -o desmayos- de la contrincante. Donald Trump ha ganado el discurso, se ha impuesto, y por más tramposo y mentiroso sea o parezca éste, la desesperación de muchos estadounidenses, quienes no cuentan en su mayoría con la suficiente educación, los lleva a decantarse con el demagogo de Nueva York. Cualquier cambio, piensan, es mejor al estado actual de las cosas, donde muchos pierden sus empleos porque las empresas migran, o son contagiados por el miedo ante la noticia de una bomba o un atentado terrorista.

    El ejercicio no sólo debería de consistir en advertir los rasgos demagógicos del magnate ni invitar a las estrellas de Hollywood a invitar a votar contra él. Se trata de entender por qué es que llegó ahí y por qué es fuerte. El ejercicio debería ser más bien uno de autocrítica, de revisar las doctrinas ideológicas y económicas, y entender por qué no están funcionando el todo bien.

    Tal vez eviten que Trump llegue a la presidencia. Pero si el contexto no cambia, lo inevitable podrá suceder en 4 años o menos. La moneda está en el aire: ¿cómo traer prosperidad y desarrollo de tal forma que sean más quienes se beneficien de ello? Es un pregunta muy difícil de contestar, pero debe de contestarse.

  • Peña Nieto y Donald Trump, ¡Vergüenza histórica!

    Peña Nieto y Donald Trump, ¡Vergüenza histórica!

    «Ha habido malas interpretaciones o afirmaciones que lamentablemente han lastimado o afectado a los mexicanos por la percepción de su candidatura, de la cual soy respetuoso, que el pueblo de México se había sentido agraviado por comentarios que se habían formulado, pero que yo estaba seguro que su interés genuino es por construir una relación que nos lleve a darle a nuestras sociedades, condiciones de mayor bienestar» Enrique Peña Nieto.

    Lo que vivimos hoy fue una humillación de proporciones históricas.

    Lo que vivimos hoy seguramente será algo que recordemos en muchos años con mucha pena, no sólo eso.

    Lo que vivimos hoy podría beneficiar a la candidatura de Donald Trump. El magnate se ha salido con la suya, y lo peor es que tampoco era como que pudiéramos esperar otra cosa. Muchos teníamos razones para ser pesimistas y no esperar una disculpa de Trump ni una postura enérgica de Peña Nieto. Trump hizo campaña a costa de nuestro presidente.

    Ahí, estaban frente a la prensa, los dos hombres más odiados en México.

    Peña Nieto empezó a hablar, el discurso no fue malo. Por el contrario, estuvo bien preparado e incluso afirmaba que defendería a los mexicanos que viven en Estados Unidos. Tal vez ese fue el único acierto en esta tarde triste.

    Pero las formas cuentan. Peña se veía tímido, alienado, se veía pequeño, no inspiraba respeto. Aún así yo agradecía que pronunciara esas palabras, en algún momento esperé de forma ingenua un «as bajo la manga». Peña enfatizaba los beneficios mutuos de la relación entre México y Estados Unidos. Pero esa debilidad de carácter, porque en la política no puedes ser débil, dejó a Trump un Peña Nieto fácil de rematar.

    Peña Nieto y Donald Trump, ¡Vergüenza histórica!

    Lo que me preocupaba no era tanto lo que Peña Nieto había pronunciado, sino la respuesta de Trump. Ahí, en su casa, Donald Trump humilló a Peña.

    Trump empezó a adular a los mexicanos y al presidente Peña Nieto, pero pronto comenzó a transitar a su discurso de forma «políticamente correcta» debido al escenario que se encontraba, Donald Trump insistió en la necesidad de construir el muro.

    Trump se apropió del discurso y mostró que quien tenía la batuta es él mientras Peña reaccionaba reactivamente, Trump dominó el encuentro de visitante en Los Pinos. Y no hablamos de un estadista entrenado en oratoria, sino un demagogo altamente sobrevalorado como empresario. Mientras Peña se mostraba timorato y acartonado, Trump se mostraba seguro y parecía estar en casa. Trump ni siquiera hizo algo sobresaliente para dejar a Peña Nieto humillado.

    Cuando Peña Nieto tuvo la oportunidad enfrente de él. cuando le pudo decir frente al público que no pagaremos el infame muro, prefirió asegurar que las palabras de Trump que agraviaron a los mexicanos eran malinterpretaciones.

    Trump sacó lo que quería, una foto con el Presidente de México para fortalecer su imagen de estadista. Peña no sacó nada, perdió, y tendremos que esperar a las siguientes encuestas para ver si su porcentaje de aprobación sigue siendo de dos dígitos.

    Humillación histórica

    En lo personal, como ciudadano mexicano, me siento humillado. Tal y como cuando Estados Unidos invadió México y colocó su bandera en el Palacio Presidencial, Trump se metió hasta la cocina sin ser exigido y sin ofrecer disculpa alguna por agraviar a nuestro país. Pero Trump no peleó para llegar ahí, Peña lo invitó, Peña le dio la gran oportunidad, Trump la aprovechó y se fue con los dividendos. Para fortuna de Peña, es difícil que Trump gane las elecciones en noviembre próximo, la vergüenza sería mayor si este bochorno le ayudara a Trump a catapultarse hacia la Casa Blanca.

    No cabe diplomacia que pase por encima de la dignidad de una nación. Un acto de diplomacia que atenta contra la integridad de un país no puede llamarse diplomacia. No cabe recibir con los brazos abiertos a quien se ha encargado de denigrar a tu país para obtener un beneficio electoral, ¿en qué mente cabe? ¿Qué es lo que quiso hacer Peña Nieto?

    Tuvo que llegar la estrategia de control de daños después de evaluar el negativo impacto que tuvo esta reunión. Peña Nieto declaró en un tweet que le dijo en privado a Donald Trump que no pagaría por el muro. Una declaración que nos es un insulto a los mexicanos, se ha convertido también, abordado de manera inteligente, en una estrategia de la campaña e Hillary para mostrar a Trump como débil y mentiroso.

    Peña Nieto, uno de los peores presidentes de la historia de México, ha perdido todo el respeto tanto de los mexicanos como de la comunidad internacional. En México se ha convertido en un bufón, todos se burlan de él, su nombre se ha convertido en un insulto, las estrategias de comunicación de Alejandra Lagunes para reposicionarlo y limpiar su imagen no han funcionado, no porque el trabajo de la comunicadora sea malo, sino porque el producto que trata de vender es pésimo.

    De nuevo, Peña no nos representó, no tuvo la hechura para defender con ahínco a la nación que gobierna. El juicio histórico será muy duro con él, y el legado que dejará al país será lamentable.

    Y los ánimos de los mexicanos siguen por los suelos. ¿Cómo no lo van a estar?

    Actualización:

    Trump regresó a Arizona a confirmar cómo es que había utilizado a Peña Nieto para sus propósitos, reafirmó su intención de construir el muro y hacer que los mexicanos lo paguen. Se redondeó la humillación que sufrimos como país.

    Nunca había visto tanta indignación en mi feed de Twitter. No sólo usuarios comunes, también comentócratas, plumas, políticos, ex-presidentes. Hoy México perdió un pedazo de dignidad. Si a Peña Nieto le queda un poco de dignidad, debería de presentar su renuncia, aunque la ley diga que debe haber un causal grave para que esto suceda (una enfermedad). Ayer Peña Nieto traicionó a México y dejó que el peor enemigo declarado se metiera a nuestra casa a escupirnos en la cara.

  • Guelcom Jom Donald Trump

    Guelcom Jom Donald Trump

    Moctezuma invitó a almorzar a Hernán Cortés y le fue súper bien. Eso le dijeron sus asesores a Peña Nieto. Y allá vamos. – Antonio Ortuño

    Hay cosas que mi mente no puede entender, una de esas es que Peña Nieto haya invitado a Donald Trump a Los Pinos. Sí, el Donald Trump que aseguraba que nosotros exportábamos violadores y criminales, el Donald Trump que está dispuesto a construir un muro, hecho que se ha convertido en uno de los pilares de sus propuestas de campaña.

    Guelcom Jom Donald Trump

    No lo puedo entender, porque no sé cómo México podría salir beneficiado, ni siquiera la figura de Peña Nieto. No hay forma.

    No sólo los comentócratas e intelectuales de este país están anonadados, también lo están los americanos. No entienden cómo es que esto se pudo dar.

    Primero, se antoja imposible que Donald Trump pida perdón por todas sus declaraciones. Si lo hace será como parte de un viraje de su estrategia de campaña. Posiblemente esa movida no sea una jugada inteligente para Trump, podrá ganar la simpatía de algunos latinoamericanos, pero seguramente perderá la de muchos simpatizantes a quienes los convenció de que México era la raíz de todos sus males.

    Segundo, de igual forma se me antoja difícil que Peña Nieto exija de forma vehemente unas disculpas a Donald Trump. Y si lo hace, tendría que despojarse de la oratoria parsimoniosa que lo hace ver tan falso y acartonado. Peña Nieto tendría no sólo que pronunciar aquellas palabras, tendría que hacerlo con firmeza, con rudeza, con güevos, esos que nunca ha mostrado, ni siquiera para dar el Grito de Independencia.

    Incluso si esto sucede, el cual sería por un decir el mejor escenario en una invitación que no tiene sentido alguno, la opinión pública podría considerar que Peña Nieto fue utilizado por Donald Trump para revirar su estrategia de campaña. Esa percepción se puede incrementar si Peña Nieto exige disculpas de una forma más protocolaria (como acostumbra a hacer).

    Algunos insisten que no entendemos de diplomacia. Pero de ninguna forma es un acto diplomático invitar a quien agredió a tu país para tratarlo de convencer de que los mexicanos no somos así. Con un tirano no se puede negociar, Donald Trump es una pared tan sólida como el muro que quiere construir.

    Este tweet dejará bien en claro el contexto a los que esperan una «estrategia diplomática audaz por parte de Enrique Peña Nieto:

    Lo pongo de esta manera. En Reino Unido, país que nunca ha sido denigrado por el magnate, se plantearon no recibir a Donald Trump por lo que representa. Lo mismo sucedió con algunos republicanos (sí, de su mismo partido). Y Peña Nieto, por el contrario, lo invita a desayunar. Si alguna habilidad tenía su partido era el de la diplomacia, lo que vamos a presenciar no tiene precedentes, así que ve preparando las cervezas y las palomitas.

    Y de la misma forma tenemos que hablar de las repercusiones que esta visita puede tener con Hillary Clinton, quien tiene más posibilidades de ganara las elecciones. Si bien, Peña invitó a los dos candidatos (no sin antes perjurar que no se metería en las elecciones de nuestro vecino del norte) por separado. Hillary no ha respondido, Trump sí lo hizo e irá antes. Trump buscará beneficiarse electoralmente de la visita.

    Se trata de dignidad, se trata de respetar a nuestro país. No volvamos a caer en el error que siempre hemos cometido y cuya historia nos he dejado lecciones bien claras.

    Nosotros no le debemos una explicación a nadie, menos a Donald Trump. Lo que sí merecemos son unas efusivas disculpas acompañadas de acciones para reparar el daño que ya hizo a nuestro país.

    Con un tirano no se puede negociar.

  • El mesías Trumpical

    El mesías Trumpical

    El mesías Trumpical
    Revista Alto Nivel

    Seguramente lo has pensado, sobre todo si López Obrador no te simpatiza en lo absoluto.

    Seguramente te has imaginado al «Peje» al frente de nuestro país, mientras Donald Trump gobierna el país del norte. A pesar de que en el papel tienen posturas políticas muy distintas, encuentras muchas similitudes y te reprimes por esa contradicción. Pero no lo es, en política, los extremos tienden a parecerse por más se odien en el discurso. Es como aquellos dos compañeros de tu salón que siempre se odiaban a muerte, pero se te hacían muy parecidos. Es como aquel dicho de «lo que te choca, te checa».

    Este juego y aparente contradicción será la regla si ambos candidatos llegan al poder. El primero, aunque con menos vehemencia que sus pares sudamericanos, no simpatiza con la apertura comercial con países como Estados Unidos y ve con mucho escepticismo el Tratado de Libre Comercio. Para sus seguidores es una gran tragedia… así como lo es para Donald Trump. Para un sector de la izquierda mexicana, Estados Unidos y su «imperialismo» es el culpable de todos los males. Para Trump y los suyos, México es el culpable de todos los del país del norte. AMLO y Trump se presentan como víctimas de una misma cosa y señalan como victimario al otro país.

    También hay que tomar en cuenta. Los dos son outsiders de la política (lo cual no es necesariamente malo, pero sí en sendos casos), son antisistema y hasta hablan de un posible fraude electoral.

    Imaginar a un México con una economía más cerrada con un López Obrador al frente del poder, mientras que nuestro vecino hace lo mismo con Trump en la Casa Blanca, sería algo esquizofrénico, pero es algo que puede ocurrir.

    Llegara o no López Obrador al poder, si Donald Trump arribara a la Casa Blanca y se esforzara por cumplir sus promesas de campaña, tales como construir un muro que nosotros pagaríamos, o una mayor intervención en la economía para que «regresen los trabajos a Estados Unidos», nuestro país tendría que pensar en alternativas. A sabiendas de que ya tenemos tratados comerciales con medio mundo (y firmar más no terminaría por reemplazar el vacío que significaría una relación comercial deteriorada con Estados Unidos), una opción podría ser fortalecer el mercado interno, trabajar desde adentro mientras consolidamos nuestros acuerdos comerciales con otros países.

    AMLO y Donald Trump

    ¿Pero qué ocurriría si fuera López Obrador el que estuviera al frente del país? Antes hay que explicar algo muy importante:

    Esa combinación que tantos temen podría ser posible. No sólo porque ambos son candidatos competitivos, sino porque el ascenso de Donald Trump, podría a su vez, favorecer considerablemente el ascenso de López Obrador. Explicaré por qué.

    La respuesta mexicana ante un político «políticamente incorrecto», podría ser otro «políticamente incorrecto».

    Donald Trump básicamente nos declaró la guerra, nos señaló como el culpable de todos los problemas que su país tiene, que exportamos violadores y secuestradores a su nación al tiempo que nos quedamos con sus empleos. No sólo se trata de lo que México puede perder con su llegada en materia económica, social y de migración; se trata también de orgullo y nacionalismo. Un golpe así calaría hondo en nuestro patriotismo. Y para muestra clara está el hecho de que la herida de los territorios perdidos hace dos siglos sigue muy abierta.

    Y si Donald Trump despierta pasiones por ser «políticamente incorrecto», el remedio para muchos mexicanos será, una respuesta similar, otro «políticamente incorrecto» que le haga frente al «tirano gringo». Y a quien le queda mejor ese papel es a López Obrador.

    Trato de imaginarme a Margarita Zavala, a Miguel Angel Mancera o a Aurelio Nuño tratando de criticar a Trump con toda esa parsimonia característica de la clase política tradicional. Me los imagino diciendo que van a «negociar con Estados Unidos para salvaguardar nuestros intereses».

    Este gobierno sí cumple. Gracias a nuestras sólidas instituciones y a la debida intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores, he logrado la condonación del 25% de la inversión del muro que nos tocará pagar a los mexicanos – Margarita Zavala, Presidenta de México.  

    No, no va a funcionar.

    El ciudadano mexicano se sentirá herido en el orgullo, va a querer que lo defiendan como a un perro. No importa si en la práctica no se puede hacer mucho porque Estados Unidos es una nación mucho más poderosa o si lo más conveniente es efectivamente algún tipo de negociación.

    Niños héroes bandera
    Rafael Dorantes / Flickr

    Un discurso incendiario como los de López Obrador vendrá como anillo al dedo. Un López Obrador que se le ponga de frente como lo hace con la mafia del poder.

    Y créanme que con el orgullo herido, varios que jamás hubieran votado por López Obrador en otras circunstancias, podrían estar dispuestos a hacerlo. Ya no se trata de propuestas económicas o que es lo que funciona, ¡se trata de nuestro pinche país carajo!

    Y así como un demagogo puede jugar con los hilos del sentimiento nacionalista como lo hicieron Boris Johnson y Nigel Farage con el #Brexit, o como lo hace el propio Donald Trump en Estados Unidos, López Obrador podría hacerlo sin ningún problema en México. Con Trump al frente, el nacionalismo podría desplazar a la corrupción o a los temas económicos como tema principal dentro de la campaña electoral, y ahí quien gana es López Obrador.

    Ante un muro que hay que pagar, el mexicano no querrá escuchar sobre negociaciones, sino sobre justicia.

    Para terminar, contestemos la pregunta que lancé antes. ¿Qué ocurriría si ambos llegaran al poder? En realidad es algo más difícil de saber de lo que parece, pero por principio, podríamos olvidarnos del TLC (a menos de que las cámaras legislativas de uno o ambos países lo impidan). Tal vez López Obrador ya no tendría tiempo de hacer sus típicos referendums (el #Mexit) para hacer como que le pregunta a la gente porque Trump posiblemente ya habría tronado el TLC desde antes. Segundo. Habría que imaginarnos la relación de ambos países con dos presidentes impulsivos que no presumen de una gran inteligencia emocional, que no entienden mucho de diplomacia y sí de confrontaciones. López Obrador podría terminar acentuando las consecuencias que la llegada de Donald Trump pudiera generar en nuestro país, como la crisis económica que vendría en consecuencia.

    Pero lo que es seguro, es que un escenario así no es el más deseable.

    Y menos porque también hay que considerar las implicaciones internacionales y geopolíticas que puedan tener el ascenso de Donald Trump y cómo éstas pueden impactar a nuestro país.

    El ascenso de Trump es algo indeseable tanto para Estados Unidos, nuestro país, e incluso para la estabilidad en Occidente que comienza a ser tentada por demagogos de izquierda o derecha. Pero de igual forma no creo ver en López Obrador al mandatario que México necesita para hacer frente a esas calamidades.

    Los únicos que ganarán algo, eso sí, son los politólogos. En un escenario tan esquizofrénico, aprenderán más que en una universidad de la Ivy League.