Etiqueta: Donald Trump

  • ¿Por qué no me puedo alinear con Peña Nieto?

    ¿Por qué no me puedo alinear con Peña Nieto?

    ¿Por qué no me puedo alinear con Peña Nieto?

    Uno de los factores por los cuales los nazis no ganaron la Segunda Guerra Mundial fue porque Churchill, Roosevelt y Stalin forjaron una alianza estratégica. Las diferencias entre los tres mandatarios eran muchas -más bien las que tenían Churchill y Roosevelt con Stalin-, sin embargo decidieron hacerlas a un lado porque había un interés supremo sobre aquellas diferencias evidentes. Si no trabajaban en conjunto, Hitler y la Alemania Nazi podrían ejercer una dictadura casi mundial sobre los demás países. 

    Con este argumento traté de justificar la necesidad de alinearnos con el Presidente de la República, cuyo papel en este conflicto entre México y Estados Unidos comenzó de una forma vergonzosa aunque al final terminó componiéndose un poco -no lo suficiente-. Algunos personajes de los medios estadounidenses más opositores a Donald Trump incluso hablaron de que Peña Nieto le había soltado un buen golpe a Trump. La realidad es que Trump ya casi lo había desinvitado -al condicionar la visita al pago del muro- y Peña simplemente dijo no. Por primera vez Peña -sin dejar del todo a un lado ese semblante artificial y alienado- se pronunciaba con enjundia: «México no va a pagar ese muro».

    Pero si hay un bien supremo a las evidentes diferencias que tenemos el 88% de los mexicano con Peña Nieto ¿por qué decidí ya no apoyarlo?

    Tan fácil y tan sencillo, si dos facciones se van a unir con un propósito en común todos van a poner de su parte. La Guerra Fría y el conflicto de la URSS con Occidente comenzó hasta ya terminada la misión. La URSS, Estados Unidos y el Reino Unido se respetaron mientras duró el pacto. 

    En nuestro caso, Peña Nieto no está poniendo de su parte, me explico…

    Yo no puedo entender cómo en este momento tan crucial fue capaz de darle empleo a su amigo el infame Virgilio Andrade como director de Bansefi, quien lo exoneró de los conflictos de interés con la casa blanca. No puedo entender cómo es que uno de los gobernadores de su partido, Rodrigo Medina, quien pisó unas horas la cárcel en un teatro lamentable, termine en libertad, como seguramente permanecerá. No puedo entender tampoco que Peña  pretenda regular los derechos de audiencias.

    Hay que preguntarnos, ¿por qué México es un país suficientemente débil como para que nos hayamos convertido en el juguete de Donald Trump?

    Fácil, somos un país sin instituciones sólidas, con una clase política, por tanto, corrupta. En gran medida la clase política -sin querer eximir a los ciudadanos de las tareas que nos toca hacer- es responsable del estado actual de las cosas. Si Peña quisiera a un pueblo unido en torno a él, entonces estaría obligado a comprometerse con éste, y eso implicaría dejar a un lado esas prácticas nocivas que tanto han lacerado al país.

    ¿Lo hizo? No, al contrario.

    ¡Basta ya de mensajes estériles que en vez de crear una unidad como mexicanos parecen hasta tener la intención de obtener un beneficio político!

    Y no, no porque López Obrador o Carlos Slim inviten a la unidad -esa palabreja que les encanta a la clase política- lo tenemos que hacer. En un acto de unidad ambos tienen que estar comprometidos y Peña Nieto no lo está. Peña nunca defendió a México siquiera cuando Trump pretendía contender por las elecciones primarias y casi nadie daba un peso por él:

    El gobierno de México ha dejado solos a los mexicanos en Estados Unidos frente a Donald Trump. Quedarse callados, con la intención de no subir su perfil, ya no es suficiente. Ese momento ya pasó. El momento de enfrentarlo es ahora, no un día después de la elección. Es un grave error no tomarlo en serio. Sus palabras son muy peligrosas. Otros ya están siguiendo su ejemplo con ataques verbales en contra de inmigrantes de todas las nacionalidades. – Jorge Ramos. Agosto 2015.

    Dejemos atrás nacionalismos bananeros, dejemos detrás esas manifestaciones estériles que consiste portar banderitas en los perfiles que no causan efecto alguno y concentrémonos en unirnos de verdad los mexicanos para trabajar en este país, para que ya no sea la pobre víctima de los fuertes y poderosos. Una verdadera unidad tiene que ser legítima donde ambas partes pongan de su parte, donde tanto el gobierno como los ciudadanos trabajemos por México y no por intereses propios. 

    Si queremos a un México unido no tenemos que elaborar puestas de teatro llenas de parsimonia e hipocresía. Por el contrario, debemos primero tener la convicción de que nos la queremos «rajar por México» y sí, con esa convicción trabajar juntos y unirnos.

    No puede haber unión con quien no parece siquiera tener el interés de trabajar por esa meta en común.

    Y lo único que me queda es exigir a Peña Nieto, como patrón suyo que soy, a que vele por los intereses de México. 

  • Potus el que no lo lea

    Potus el que no lo lea

    Potus el que no lo lea
    Fuente: TAMI CHAPPELL/AFP/Getty Images

    Siempre se ha dicho que las marchas no sirven de nada, que son inútiles. Lo ocurrido este fin de semana ha demostrado que ello no es cierto.

    En algunos casos las marchas deben ir acompañadas, ya en una etapa posterior, de una propuesta. Esto sí es así en muchos casos, mas no siempre. En ocasiones la marcha per sé es la herramienta necesaria para poder aspirar a un cambio o para ejercer resistencia. Tal fue el caso de las manifestaciones en contra de Donald Trump.

    Gracias a la presión que los estadounidenses ejercieron en los principales aeropuertos -incluidos políticos como el alcalde de Boston o la senadora Elizabeth Warren- y a los abogados que trabajaron como voluntarios, lograron que un juez bloqueara temporalmente la iniciativa de Donald Trump de prohibir el paso de personas de Medio Oriente -en países donde Donald Trump no tiene negocios o intereses económicos- a su país, en un acto que tiene un tufo light a esa Alemania de los años 30. 

    A diferencia de los casos de otros países que se han lastimado ante el ascenso de líderes autoritarios, Donald Trump -dictador en potencia, su egocentrismo y megalomanía lo demuestran- no sólo se ha topado con un sistema político estadounidense que blindará, al menos de forma parcial, sus caprichos, sino con una ciudadanía y medios de comunicación que se mantendrán en pie de guerra.

    En la otrora Repúbica de Weimar, Hitler pudo convencer a una mayoría, gracias a la cual legitimó todos sus actos. Los alemanes estaban desesperanzados por los efectos de la crisis económica de 1929 que los maltrató. El contexto de Estados Unidos -a pesar de sufrir el embate de la crisis del 2008- es bastante diferente. Donald Trump tendrá bastantes dificultades para convencer a esa mayoría que se le opone, los argumentos para convertir a las clases medias urbanas e intelectuales en nacionalistas carecen de fuerza. Trump ganó fuerza gracias un sector, el de la clase media trabajadora que vive aislada de las clases urbanas cosmopolitas. 

    Esas clases urbanas, a diferencia de las historias de otros países, no se han mostrado displicentes y timoratas. Por el contrario, quieren mostrar su músculo, quieren que no le arrebaten lo que es suyo. Las clases urbanas quieren, como cualquier ciudadano de cualquier nación, a su país. Pero esas clases tienen un concepto de país muy diferente a los blancos de los apalaches o de las zonas más deprimidas de Michigan que difícil se dejarán seducir por un discurso anacrónico como el de Donald Trump. Ellos conciben a Estados Unidos como lo que siempre ha sido, un país construido por migrantes, por una gran diversidad de culturas. 

    En vez de agitar y emocionar a las masas, el efectismo y la radicalización de Trump ha ahuyentado a algunos simpatizantes -posiblemente a los más moderados, y que pensarían que Trump se moderaría al llegar a la Casa Blanca-. Trump tal vez aspiraba con sus actos de esta semana a mostrarse como un líder efectivo, como el que va a restaurar «América». La realidad es que sus índices de aprobación bajaron casi 5 puntos:

    Fuente: Gallup

    Peor aún, Donald Trump basó su discurso pesimista sobre Estados Unidos en mentiras. Aunque sus medidas fueran efectivas, éstas no tendrán el impacto esperado porque Trump creó una percepción falsa de la realidad. Por ejemplo, reducir la tasa de desempleo del 4% actual -el menor hace casi una década- a un porcentaje menor no es algo que vaya a ser muy notorio. Por el contrario, al obligar o convencer a las empresas de emplear estadounidenses solo obtendrá un alza en el costo de los productos -que afectará el poder de consumo de los propios estadounidenses-. 

    Trump no tiene, como Hitler de la mano de Goebbels, toda una gran estructura propagandística -aunque no se puede negar que supo jugar con los medios en la campaña-. Por el contrario, tiene a casi todos los medios de comunicación -excepto Fox News y algún otro panfleto derechista- en su contra. Hitler y Mussolini contaban con el apoyo de muchas empresas, como el caso de la Volkswagen quien fabricó el famoso coche para el pueblo -el vocho- para complacer al dictador nazi. En los tiempos actuales, la gran mayoría de las empresas, sobre todo las que tienen que ver con la tecnología, ven con muchos recelos a Trump: ahí están las declaraciones de los CEO’s de Apple, Facebook, Google, Amazon, PlanetX -aunque Elon Musk forma del consejo que asesora a Donald Trump, ya se ha pronunciado muy en contra de las políticas del magnate demagogo-, y el propio Twitter con el que Trump gobierna y amenaza. 

    Sería muy ingenuo no alertar el creciente nacionalismo en el mundo y no preocuparse por éste. Pero de la misma forma también es ingenuo pensar que la democracia liberal va a morir de nada. Por el contrario, todos aquellos que defienden -defendemos- un mundo cosmopolita, de libertades y abierto el mundo, opondrán, como ya lo están haciendo, una gran resistencia. Los de derecha -incluso de izquierda- nacionalista, tendrán como respuesta mucha gente en las calles, empresarios y a todas las élites -académicas y científicas- en su contra. 

    El riesgo existe y es muy latente. Las primeras muestras de resistencia han sido muy alentadoras porque son una muestra de que esta ola nacionalista xenófoba tendrá serios obstáculos que no habían contemplado. Si la democracia liberal vence y logra hacer de esta ola nacionalista un bache o un fenómeno pasajero, éste habrá servido como lección para que los demócratas nos replanteemos y entendamos que esta manifestación no sólo fue producto de los discursos mentirosos de los demagogos, sino de nuestra mediocridad, al dar el sistema democrático por sentado; y tal vez sí, al exceso de corrección política que en vez de fomentar la inclusión provocó que muchos otros se sintieran excluidos. De igual forma, será una lección que nos obligará a enmendar los defectos de la globalización, a ser más críticos con nuestros sistemas políticos y económicos y reconocer nuestras contradicciones.

    Si eso no ocurre, si la xenofobia y el nacionalismo irracional vence, tendremos que, desde la oposición, dar la lucha en un contexto que todavía no conocemos, un anacronismo político conviviendo con una sociedad tecnológicamente evolucionada e interconectada. 

    Y no, las manifestaciones no son en vano, por el contrario, son un gran arma para combatir la intolerancia y la cerrazón. Las marchas sí sirven.

  • ¡Vamos a boicotear a las empresas gringas! ¡Trump va a caer!

    ¡Vamos a boicotear a las empresas gringas! ¡Trump va a caer!

    ¡Vamos a boicotear a las empresas gringas!
    Imagen: Vanguardia

    Entiendo la frustración que sentimos los mexicanos ante un vecino hostil -o un presidente hostil- ante el cual no podemos hacer mucho porque básicamente somos un país muy débil si nos comparamos con éste. De hecho, Trump ha decidido bullearnos a nosotros -y no a China- porque no somos un país fuerte que pueda responderle con duras represalias. 

    Tan débiles somos, que México -contrario a lo que dijo Carlos Slim- está dividido. No son muchos los que han decidido apoyar moralmente al gobierno para enfrentar al problema -comprendo perfectamente esa dificultad-. El magnate tomó a México -en una de sus peores versiones- como un pretexto para legitimarse ante sus bases, a quienes les inventó el discurso de que nosotros somos culpables de todos sus males.

    Entendida la frustración, entiendo entonces que los mexicanos decidan por su cuenta tomar medidas para manifestarse. Incluso debo decir que me parece extraño que no nos hayamos volcado a las calles para repudiar el muro; de hecho, en algunos casos parece que algunos han normalizado el conflicto. Muchas personas no ven las amenazas de Trump como un problema mayor, les parece algo anecdótico.

    Hay quienes dicen que cualquier tipo de manifestación es mejor a no hacer nada, que deberíamos sentirnos contentos porque los ciudadanos están participando y tomando cartas en el asunto ,y que por ende tenemos que respetar las formas en que la gente se manifiesta.

    Si bien concuerdo en que «participar es mejor a no hacerlo» eso no significa que no debamos poner en tela de juicio ni ser críticos con esas manifestaciones. No porque sea noble el acto significa que debamos conformarnos con manifestaciones que no sólo no tienen pies ni cabeza, sino que incluso pueden llegar a ser contraproducentes. Por el contrario, debemos decir a los manifestantes que su propuesta esta mal articulada, porque no sólo se trata de buenas intenciones sino de efectividad. Si nos manifestamos es porque queremos que nuestro acto tenga un efecto, y que tal efecto sea positivo.

    Cuando hablo de manifestaciones sin sentido, me refiero, claro, al llamado a boicotear productos americanos. 

    Me llama la atención porque todos hablamos del absurdo proteccionismo de Donald Trump el cual no se sostiene desde la teoría económica y terminamos respondiendo de forma similar. Si Trump va a castigar a México lastimando no sólo a nuestro país sino al suyo propio ¡entonces vamos a hacer lo mismo!

    ¡Vamos a joder a Trump aunque también nos jodamos a nosotros mismos y a los empleos que esas empresas generan en México! ¡Bravo!

    Supongo que la mayoría concordamos en que el problema no es Estados Unidos, mucho menos su gente -mucha de la cual se ha solidarizado con nosotros-, sino el gobierno de Donald Trump. Basta ver a los artistas de Hollywood, los presentadores como Conan O’Brien -quien grabará un programa en México- y muchos ciudadanos que han cerrado filas con nosotros. El Estados Unidos que nos odia, el de la clase trabajadora mexicana que fue engañada por Donald Trump, no es el que ha fundado y levantado a las empresas a las que queremos «castigar», de hecho ese sector tiene menos relevancia en la economía y en lo intelectual que el sector que repudia a Trump. Recordemos que Trump tiene algo así como un 40% de aceptación y un porcentaje similar está a favor de la construcción del muro, menos de la mitad de los estadounidenses. 

    Entendido esto, deja tener sentido boicotear a las empresas -sólo lo podría entender si se trata de aquellas empresas que tienen un interés directo con Trump como Chevron-. 

    Una de las consignas fue no comprar cafés en Starbucks ¡así nos vamos a chingar a Trump!

    Pero los manifestantes no repararon en lo siguiente: Starbucks es una empresa progresista -por ende, contraria a la filosofía de Donald Trump-. Los manifestantes tampoco pensaron siquiera en que Starbucks por más «gringa que sea», es operada en México por Alsea -empresa mexicana- la cual da empleo a muchos mexicanos. Es decir, parte del dinero que llega a Starbucks se queda aquí y Alsea tan sólo le paga un porcentaje a la cadena estadounidense, quien le permite operar la franquicia.

    Si a esas vamos ¿por qué los manifestantes no cierran su Facebook para «chingarse a Donald Trump»? Es más, ¿Por qué no dejan de pedir Uber? Su CEO integra el consejo de asesores tecnológicos de Donald Trump -lo cual le trajo muchas críticas en Estados Unidos aunque cabe aclarar que formar parte de ese consejo no necesariamente tiene que estar acompañada por una simpatía al magnate-. 

    Respuesta: porque dejar consumir en Starbucks requiere un sacrificio menor a pedir un Uber o cerrar el Facebook. Regresamos al tema de las manifestaciones comodinas que no requieren algún esfuerzo o sacrificio. 

    No estoy en contra de que la gente quiera apoyar al mercado nacional, por el contrario, me parece bien que se haga eso para fortalecer el mercado interno. Pero se vuelve un sinsentido cuando el propósito es «joderse a las empresas gringas para joderse a Trump» cuando en muchos casos esas empresas ni siquiera simpatizan con el presidente. 

    Es como si neutralizar a una amenaza que tenemos enfrente disparando balazos por doquier a ver si una de esas balas se impacta con el enemigo cuando la posibilidad de que nos disparemos al pie es similar.

    Ni Starbucks, ni Apple, ni siquiera Uber ni Facebook tienen responsabilidad alguna en el ascenso de Trump ni en sus políticas proteccionistas ni en su hostilidad hacia nuestro país. Por el contrario, pueden verse afectadas. 

    Y no, no porque sea una noble causa significa que no tengamos el derecho de señalar sus contradicciones.

  • México, ese niño bueno que nadie quiere ser

    México, ese niño bueno que nadie quiere ser

    México, ese niño bueno que nadie quiere ser

    Se dice, que quien se siente incapaz y débil suele protegerse bajo el manto del niño bueno. Así, cree justificarse moralmente para cuestionar por qué es que le va mal y reclama al mundo por qué está colocado en una situación de desgracia. -Pero yo soy bueno, yo no le hago daño a nadie ni me meto en problemas -. Intenta mantenerse irrelevante esperando que la justicia caiga por cuenta propia, cree que su pusilanimidad es parte de esa bondad, de ese sentimiento de superioridad moral por asumirse como bueno. No tiene muchos problemas porque no se mete en problemas, no le gusta tener conflictos con la gente porque asume que tener conflictos es malo.

    El niño bueno muestra una faceta conciliadora al exterior, pero se agravia mucho internamente y vive en un eterno conflicto. El niño bueno suele lastimarse a sí mismo ante la frustración y la impotencia, se compara con sus semejantes y se frustra al ver que él no tiene lo que ellos sí. No sabe como forjarse a sí mismo ni adquirir una identidad propia porque todo está supeditado a lo que hacen los demás. Desvaloriza sus virtudes -sin importar su potencial- porque no empatan con las que sus semejantes presumen. El niño bueno no es atractivo, tiene dificultad para crear amigos y a veces deja dominarse por ellos para no perderlos creando una relación de codependencia. Al niño bueno tampoco le va muy bien con las personas del sexo opuesto:

    México: Hey Canadá ¿Quieres andar conmigo… en el TLC?

    Canadá: No, lo siento querido México, tú vales mil, ojalá hubieran más países como tú -tus tradiciones, tu cultura, tus minas que nosotros explotamos- pero podemos ser muy buenos amigos.

    México: ¿Pero por qué te vas con él -Estados Unidos-? Es grosero y arrogante, es un patán.

    Entonces Canadá decide irse con el macho alfa naranja.  El macho beta nieto le parece algo tierno, pusilánime y aburrido. El macho alfa es fuerte y poderoso.

    México representa al arquetipo del niño bueno, siempre ha pretendido jugar un papel similar. Su historia, como la del niño bueno, es la de quien funge constantemente como víctima: Me robaron el territorio, me invadieron los franceses, me explotaron, me robaron mis recursos.

    Pero México, como el niño bueno, nunca se molestó en resolver sus conflictos internos, su «división interna». La historia de México es la de una víctima que trata de quedar bien con el victimario (el bully) para evitar cualquier conflicto, aún así si eso implica darle el lonche del recreo. No es gratuito que Peña Nieto apenas, y de forma timorata, se haya pronunciado y haya dicho que México no va a pagar el muro. 

    México suele tomar una postura lo más neutral ante conflictos internacionales para no «meterse en pedos». Si la toma -como sucedió en la Segunda Guerra Mundial donde se limitó a mandar un escuadrón- es bajo el manto protector de uno de sus pocos amigos, con el que tiene una relación codependiente y quien -supone- lo va a defender si alguien quiere «acomodarle unos buenos trancazos». 

    Lo más triste, es que algunos de estos niños buenos -entre ellos ese que se llama México- no son personas tontas ni discapacitadas. Por el contrario, tienen el potencial intelectual como para poder superar su condición y convertirse en personas relevantes, pero debido a su autodesprecio y su falta de confianza, no se han molestado siquiera en descubrir sus talentos y virtudes. Son diamantes en bruto que no tienen los arrestos para sacar su brillo.

    ¿México puede ser un país «chingón»? por supuesto que sí. ¿México puede convertirse en un país relevante, un país que tenga peso? Sí. No sólo por sus recursos naturales o su geografía, sino por sus recursos humanos. ¿Por qué no lo es? ¿Por qué México sigue siendo ese niño bueno? Porque no tiene confianza en sí mismo, porque mira al pasado, porque se cuenta una historia donde siempre ha sido víctima cuando nunca se ha respetado a sí mismo. 

    -¡Hey Peña! Te veo en el recreo, y más vale que me des tu dinero porque quiero hacer mi lonche great again-.

  • Trump. La resistencia de las ciudades y las mujeres

    Trump. La resistencia de las ciudades y las mujeres

    Trump. La resistencia de las ciudades y las mujeres
    Fuente: @remysmidt (Twitter)

    Donald Trump acaba de llegar a la Casa Blanca y tiene un serio problema. En medio de toda su parafernalia, el discurso beligerante y nacionalista y las secciones de cambio climático y de derechos LGBT que desaparecieron de la página oficial para dar paso a los muros y a los soldados que «hará grandes otra vez», parece no haberse dado cuenta. 

    Para que un líder autoritario, populista y demagogo -como el que Trump pretende ser- pueda mantenerse firme en el poder necesita tener una gran base de simpatizantes. Todos los populistas, desde Hitler hasta Hugo Chávez, son capaces de atiborrar las plazas centrales para escuchar a su líder. La toma de posesión desangelada y con grandes espacios vacíos en el National Mall reflejan lo contrario. No es que no los tenga, de alguna forma consiguió los votos para llegar a la presidencia,  cuya mayoría está fuera de las grandes urbes. Simplemente que parece que no ha logrado crear una gran masa que se postre ante él, no la del tamaño que tiene la oposición. Trump es el Presidente que entra en funciones con la más baja popularidad de la historia (44% de aprobación).

    Lo que importa aquí no es solamente el porcentaje de quienes lo desaprueban, sino la forma y la intensidad. No es lo mismo decir -lo desapruebo porque no me gusta mucho cómo es que está gobernando- a decir que -lo desapruebo porque lo detesto, no es mi presidente-. Quienes desaprueban a Trump tienden a pensar más bien lo segundo, el rechazo es categórico porque la postura de Trump también es categórica. 

    Si el 20 fue un día histórico por lo que representa el ascenso de Donald Trump al poder, también el 21 lo fue, porque bajo los principios y valores de Occidente millones de personas salieron a manifestarse no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo. Podríamos hablar de una de las manifestaciones más grandes de la historia de la humanidad, posiblemente la más grande si hablamos que todas éstas fueron producto de una sola convocatoria. #WomensMarch se llevó a cabo en todas las ciudades de Estados Unidos, de Europa, América Latina, incluso llegó a la Antártida, a Iraq y a algunos países africanos. 

    Trump. La resistencia de las ciudades y las mujeres
    Chang W. Lee/The New York Times

    Women’s March tuvo como centro a las mujeres, a quienes Donald Trump considera como un objeto e inferiores a él (basta ver el trato hacia su esposa Melanie así como sus escándalos). Con valentía y a pesar de los prejuicios que siguen vigentes como Estados Unidos, ellas salieron a hacer valer lo que es suyo. Pero era claro que el destinatario de ésta era Donald Trump y el repudio a los valores «o antivalores» que enarbola. A las causas de la mujer también se incluyeron aquellas relativas a la migración, el cambio climático y otras que están en riesgo por el ascenso del empresario populista. El discurso misógino y racista de Donald Trump parece haberle ayudado a ganar las elecciones, pero también abrió la caja de pandora. 

    Ante el ascenso de un misógino nacionalista y proteccionista, una manifestación de las mujeres global y multicultural.

    La democracia liberal, que parecía moribunda y que parece pender del hilo llamado «La Alemania de Angela Merkel», mostró que todavía tiene fuerza y que sigue muy enraizada en Occidente, sobre todo en las grandes ciudades. La manifestación «dio en el clavo» y mandó un mensaje no sólo a Donald Trump, sino a sus pares de otros países, la resistencia que opondrán será mucha y muy grande.

    Esta resistencia se inició y se desarrollo en las ciudades. Es en las grandes urbes donde los simpatizantes se pueden congregar y pueden lograr un mayor impacto mediático. Los simpatizantes de Donald Trump, que ciertamente tampoco es que sean muy pocos, se encuentran más bien dispersos en los suburbios y en las ciudades pequeñas. 

    La mayoría de los medios de comunicación se comportarán como oposición, como lo demostraron con su cobertura de la marcha. Medios como New York Times o Washington Post difundieron ampliamente la manifestación ayudando así a amplificar todavía la resistencia que surgirá de las grandes ciudades. Varias de las estrellas de Hollywood, comediantes y artistas se sumarán como ya lo están haciendo, al igual que las élites intelectuales. Gran parte de la «cultura estadounidense» está en su contra, y debido al discurso políticamente incorrecto (racista, discriminador y misógino) es muy difícil que cambien de parecer. 

    Otro problema para Trump es que mientras que la postura de oposición de los habitantes de las grandes ciudades -generalmente más liberales que aquellos rurales- suele ser muy firme porque consideran que él representa una agresión a sus ideales, la lealtad de los suyos está de alguna forma condicionada al cumplimiento de sus promesas -regresarle sus trabajos y hacer a «América» más grande-, sea lo que eso signifique.

    Por otro lado, la gran mayoría de los opositores de Trump no tienen la percepción de que la economía vaya de picada, por lo cual será muy difícil que el populista de Nueva York conquiste sus corazones. Peor aún, los habitantes de las grandes ciudades no se verán beneficiados por los empleos que Trump tratará de regresar a su país, por el contrario, verán como gracias a la mano de obra más cara, el precio de los insumos producidos por estas empresas aumenta debido a los sueldos más altos. 

    Si Trump no cumple las expectativas de los suyos y tomando en cuenta que el repudio de los opositores  -que son mayoría- se mantendrá constante, terminará arrinconado y sin margen de maniobra alguna. El problema para Trump es que después de todos los agravios y declaraciones que ha hecho, una intentona por moderar su discurso no le traerá los resultados esperados. 

    Ver que el gobierno de Donald Trump tendrá mucha resistencia es una muy buena noticia, porque ésta es un antídoto para que se consume como el demagogo autoritario que pervirtió a las instituciones y que destruyó siglos de legado histórico para hacer de la nación estadounidense un capricho.

    La pesadilla apenas comienza, pero la resistencia también. Que sepan todos aquellos líderes que basan su discurso en el odio y la mentira, que vamos a resistir, que no vamos a dejar que se salgan con la suya.

  • Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

    Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

    Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

    No sé como decirlo, desperté con una sensación extraña. Sé que hoy no es un día normal, no es un día cualquiera. No recuerdo que estaba haciendo el 9 de noviembre de 1989, a mis 7 años, cuando cayó el Muro de Berlín; pero seguramente me acordaré el resto de mis días del día de hoy: me levanté, desayuné, y antes de realizar mis labores profesionales me di a la tarea de escribir este artículo. Este día de hoy en el cual se construye un nuevo muro, no sólo el muro con México que tanto prometió Donald Trump, sino aquel muro político e ideológico que se empieza a construir en el mundo, el muro de la intolerancia, el muro del odio.

    Revisto mi timeline de Twitter, leo lo que han publicado mis amigos y los líderes de opinión a los que sigo y sólo percibo caras largas expresadas en 140 caracteres. Todos ellos escriben acerca del tema, como queriendo sacar al politólogo -y a veces psiquiatra- que llevan dentro. 

    Algunos de nosotros quisimos ir más allá para prepararnos ante este día. Leímos libros, «tragamos» muchos artículos, e incluso, me molesté en leer sobre Roma porque pensé, que entendiendo al Imperio Romano podría entender al estadounidense y lo que pareciera ser su caída. Pero a pesar de la sabiduría que hayamos podido obtener, la realidad es que, no podemos predecir a ciencia cierta que va a pasar; aunque parece sí, que no será algo grato, ni para México, ni para Estados Unidos, ni para Occidente. No conocemos los alcances de Trump porque nunca ha gobernado, pero sí ha dejado unas pistas, en forma de compañías automotrices que retiran la inversión de nuestro país ante las amenazas del nuevo mandatario, y en forma de lo que muchos consideran el peor gabinete de los Estados Unidos.

    Tal vez este artículo sea uno de tantos que se escribirán el día de hoy, tal vez es una forma de catarsis, de expulsar la ansiedad de mi cuerpo. Porque naturalmente una persona que se interese en la política, y que al mismo tiempo, crea en la democracia, no puede no sentirse ansiosa o incluso amenazada; y aunque en la práctica se pueda ver igualmente afectada que una persona que no tiene interés o conocimiento alguno del tema, puede entender un poco más de qué trata esta amenaza y de las consecuencias que puede tener no sólo en nuestro país, sino a nivel global.

    México no llega preparado ante esta ceremonia o investidura. México llega muy debilitado, como una nación que no ha sido capaz de organizarse. México llega con un Presidente, quien es al final de cuentas el representante y quien lidera este barco, reprobado y denostado por casi el 90% de sus gobernados. Nuestro Presidente no es aquel que con su discurso promete encontrar una salida ante el problema, sino aquel que es objeto de burla en infinitos memes. Por consecuencia, el mexicano se siente abandonado a su suerte, esperando de qué tamaño van a ser los trancazos porque no habrá alguien que haga algo. El ciudadano intenta hacer lo mejor que puede, decide no comprar productos estadounidenses, debate sobre cuales son las políticas que el gobierno debería seguir, que si fortalecer el mercado interno o diversificar, pero en realidad se siente solo, y en efecto, se encuentra solo.

    México llega también lastimado por la violencia a todos los niveles. Balaceras perpetradas por cárteles del narcotráfico que exhiben a un gobierno débil, aquellas por algún estudiante que dispara en su salón de clases y que refleja el débil tejido social del cual forma parte, aquella otra donde un gobernador falsea qumioterapias gracias a lo cual, se dice, 8 niños murieron. México llega con un autoestima hasta el suelo.

    Frustrado, quisiera ponerme de pie y gritar -¿¡Dónde están nuestros güevos carajo!?. ¿Dónde está ese México de gente entrona y luchona? ¿Dónde está ese mexicano ingenioso?. Y pareciera que ante mi respuesta hay caras largas y tímidas. ¿Dónde está nuestro orgullo?

    Como ocurre en los mundiales de futbol, nos achicamos en el juego decisivo.

    Algunos pocos líderes intentan hacer su batalla, presionan, llaman la atención, escriben libros. Algunos políticos se suben al barco, no porque estén dispuestos a «aventarse del Castillo de Chapultepec con la bandera», sino para ganar votos y ganar simpatías. Ellos no piensan en términos como «aprovechar la coyuntura para que México salga bien librado» sino en términos «elecciones 2018».

    Caray, ni siquiera los güevos para pedir una disculpa a un ahora Presidente de los Estados Unidos que nos insultó y que nos ha declarado una guerra comercial. ¡Dónde están, carajo! Por el contrario, parece que Mexico se somete ante el poderoso. Peña apenas esboza un tímido y reactivo «México no va a pagar el muro» producto de las presiones y la caída en las encuestas. Es más, ni siquiera el eternamente opositor López Obrador levanta la mano, todos parecen como tímidos, como a la expectativa, se hacen chiquitos. 

    ¿Cómo será el gobierno de Donald Trump? ¿Se radicalizará? ¿Se moderará? No lo sabemos. Pero insisto, no será un gobierno muy grato. Hasta ahora tendremos que conformarnos con nuestra incertidumbre y nuestra ansiedad, y esperar, esperar a que pasen los días, los meses, y los años para poder hacer un juicio categórico de lo que ha sido su presidencia.

    Pero no, hoy no es un día normal. Hoy es un día histórico, tristemente histórico. 

  • Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

    Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

    Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

    Trump ya viene, Trump ya está aquí. El viernes se convertirá en Presidente de Estados Unidos, y parece que nosotros no le caemos muy bien. Somos culpables de las desgracias de los estadounidenses, dice. Y es que parece ser que la presidencia de Trump será más bien parecida a la del Trump en campaña que la del Trump moderado en el que muchos creyeron y que en realidad solo existió en su imaginación.

    México está en una de esas tantas coyunturas en las que aparece como la víctima, como el país del cual van a abusar; como todas aquellas que recordamos con rencor y resentimiento, que si los españoles, que si los gringos que nos robaron la mitad del territorio. 

    Pero como yo siempre he dicho, para que exista un victimario o un bully, también se necesita alguien que se deje abusar. La pregunta en cuestión es, ¿qué papel tomaremos nosotros ante una presidencia hostil, como la de Donald Trump? ¿El de víctimas, o el de un país que tiene orgullo y dignidad?

    Primero, para poder ser un país que pueda defenderse bien ante los embates de Trump, se necesita un líder al mando. En su lugar tenemos a Peña Nieto, quien junto con Luis Videgaray, tuvo la osadía de invitar al candidato Trump a Los Pinos para que regresara y se burlara de nosotros en nuestra cara. Luego, Peña volvió a invitar a Luis Videgaray como canciller, el cual dice, está aprendiendo.

    Pero parece que en estos últimos días el gobierno de Peña Nieto ha sido un poco más sensato con respecto a este tema, no sólo porque al menos estableció un posicionamiento al decir que México no pagará el muro -antes, ni eso ocurría-, sino por la decisión de nombrar a Gerónimo Gutiérrez como embajador de Washington, que es experto en el NAFTA y no se aleja del perfil que se necesitaría en este puesto ante estas eventualidades. 

    Pero sigue siendo poco, muy poco. Necesitamos un líder que nos una a los mexicanos. En vez de eso, miles brincan y gritan al unísono en Mexicali «fuera Peña» como protesta al gasolinazo y todos los agravios acumulados durante este gobierno. Quien debería mostrar dotes de liderazgo es repudiado, y con justa razón, por el pueblo. 

    No hablo de una figura que «le miente la madre» a Donald Trump, que le siga el juego, se descomponga del coraje y se desentienda de todas las reglas escritas -y no escritas- de la diplomacia. Hablo más bien de un líder moral, un líder que lleve al país en los hombros, uno en el cual se sientan representados los mexicanos y que sientan que éste está defendiendo sus intereses. No hay eso. 

    Ante una eventualidad así, también se necesita sensatez e inteligencia, cosa que también parece estar ausente en este gobierno. Un gobierno visionario podría incluso jugar con esta coyuntura a su favor. Con mucha inteligencia podría sacar dividendos a su favor y podría explotar la irracionalidad de Donald Trump.

    Muchos países se han reinventado gracias a las desgracias que les han caído y que les han obligado a salir de su zona de confort.

    Tal vez, dependiendo de la postura que termine tomando Trump ya como Presidente de Estados Unidos, tendremos que olvidarnos del TLC (NAFTA). Pero un gobierno con visión podría plantear una muy buena alternativa ante este hecho. Las que se vienen a la mente de muchos es fortalecer el mercado interno y tejer alianzas económicas con otros países para dejar de depender de un solo país, que languidece como imperio. Pero seguro podrán existir otras alternativas todavía más acertadas e inteligentes. 

    El tamaño de la desgracia para México dependerá no sólo del gobierno de Donald Trump, sino de lo que hagamos o dejemos de hacer nosotros los mexicanos. No podemos volver a caer en el error histórico de buscar culpables externos y de crear resentimientos cuando ni nosotros mismos nos respetamos. 

    México está ante una coyuntura histórica delicada, pero dependerá de nosotros hacia adonde queremos que nos lleve. Si no hay algún líder, hay que crearlo. Si no hay una estrategia clara, hay que sumar a aquellas personas lo suficientemente inteligentes, porque en México talento sobra, para delinear una. 

    ¿Vamos a ser ese México luchón y echado para delante? ¿O vamos a ser ese que se baja los pantalones y que se echa a dormir en un nopal después de haber sido abusado?

    Porque no, yo no voy a romper mi cochinito para pagar el muro. 

  • 5 libros para entender el triunfo de Donald Trump, y que no hablan de él

    5 libros para entender el triunfo de Donald Trump, y que no hablan de él

    5 libros para entender el triunfo de Donald Trump, y que no hablan de él
    Fotografía por Sarah MacKinnon and Richard Redditt

    Hay quienes dicen que tratar de analizar la política es perder el tiempo, que ese tiempo podríamos utilizarlo en emprender un nuevo negocio o estudiar algo. No concuerdo con ello -aunque sí creo que hacen falta más emprendedores- y creo que si bien no es que todos deban ser conocedores absolutos de la política ni apasionarse con ella como sucede con algunos de nosotros, sí pienso que estar al tanto y tener ciertas bases es algo que debería de esperarse de cualquier ciudadano. Claro, una cosa es tratar de entender la política y otra cosa es ver los debates de Trump y Hillary para hablar de lo chusco o esparcir memes por la red, ahí tal vez la idea de usar ese tiempo en otras cosas más productivas sí puede aplicar. 

    El propósito de este artículo es, efectivamente, analizar la política; y un buen ejercicio de ello es tratar de entender el triunfo de Donald Trump. Porque tratar de entender su triunfo implica necesariamente entender muchas variables, conductas, eventos y manifestaciones que afectan no sólo a lo político y a lo social, y que puede ayudarnos a entender más a la política como tal e incluso al ser humano. Analizar la victoria del magnate puede ser mucho más enriquecedor porque nos dará conocimientos que podremos utilizar en diversas áreas y que no sólo están restringidas a estudiar este caso. 

    Para hacer este ejercicio decidí recomendar 5 libros. ¿Qué tienen estos libros en común? Bueno, básicamente que no hablan de Donald Trump ni de las elecciones. Todavía, a un mes, es muy pronto esperar un buen libro que haga un buen análisis de lo ocurrido. Pero recurrir a bibliografía que ni siquiera habla de las elecciones puede ser mucho más enriquecedor. Vamos, pues:

    1.- El Fin del Poder – Moisés Naim

    Ese periodista e intelectual venezolano que ha adquirido mucha relevancia en los últimos años habla en su libro de cómo es que el poder se está fragmentando, está cambiando de manos rápidamente y en muchos casos se está volviendo inoperante (el poder distribuido en muchas manos hace mucho más difícil que se tomen decisiones inmediatas). Moisés Naim no toca mucho el tema del ascenso del nacionalismo pero entender este fenómeno nos puede ayudar a comprender que esa excesiva fragmentación, cuando los ciudadanos no se sienten satisfechos con sus gobernantes (cuyo margen de maniobra es bastante menor que el de sus antecesores), puede tentar a los electores a optar por líderes autoritarios que concentren más poder para que resuelva aquellos problemas que los aquejan, los cuales, dicen, no pueden ser resueltos por líderes democráticos quienes tienen las manos atadas por los mecanismos que los limitan, producto de la distribución del poder. 

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    2.- ¿Qué es la democracia? – Giovanni Sartori

    Este libro lo leí ya hace varios años y es una obra indispensable para, como dice su título, entender a la democracia, sus pilares, cómo funciona, qué es y qué no es. Esta obra me gusta sobre todo por la crítica que hace a la democracia directa, es decir, aquella donde los ciudadanos votan directamente los asuntos o las políticas a implementar, en vez de dejarlos en mano de quienes los van a representar (democracia representativa). En este sentido, Giovanni Sartori anticipa los nefastos resultados que puede tener dejar en manos de los votantes la elección de asuntos que desconocen o que no tienen la preparación suficiente para tomar una decisión, como sucedió con el Brexit o las votaciones para el acuerdo de paz en Colombia. Pero más allá de esto, es muy importante conocer bien a la democracia para entender los riesgos de su ausencia, o por qué algunas personas se están decepcionando de ella. 

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    3.- Los Orígenes del Orden Político y Orden y Decadencia de la Política – Francis Fukuyama

    Coloco estos dos libros como si fuera uno solo porque ambos completan una misma obra. Para entender por qué un Estado que muestra cierto desgaste como el de Estados Unidos se permitió el triunfo de Donald Trump, o por qué la gente en Occidente opta por candidatos fuera de las instituciones, se hace obligatorio entender cómo surgió el Estado como forma de organización humana, cómo ha mutado y evolucionado con el tiempo para llegar a conformar una democracia donde el poder del Estado puede coexistir con el Estado de derecho (o imperio de la ley) y la rendición de cuentas, para después, como parte de su ciclo natural, entrar en un período de decadencia. A diferencia de los libros anteriores, Fukuyama sí baraja la posibilidad del surgimiento de estados autoritarios ante el proceso de decadencia de los estados occidentales o procesos que son parte de la evolución humana como la automatización.

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    https://www.youtube.com/watch?v=oQ3IpcRfSnM
     

    4.- Hillbilly Elegy, A Memoir of a Family and Culture in Crisis – Vance J.D.

    Sin hablar de las elecciones ni de Donald Trump, este libro se acerca más a lo que ocurrió en Estados Unidos. Vance nos cuenta su historia de vida, que comienza en Kentucky dentro de esa clase blanca trabajadora de los montes apalaches y que en el mes pasado votaron de forma contundente  por Donald Trump. Vance logró prosperar ante condiciones muy difíciles, familias destruidas, violencia y drogadicción para estudiar en la Universidad de Yale, y nos narra como a pesar de que es cierto que la partida de las manufactureras afectó a esta clase blanca trabajadora, también su cultura y sus paradigmas han incidido para que ésta haya entrado en un proceso de decadencia que se refleja incluso en la falta de valores y profundos problemas sociales. Hillbilly Elegy ha sido catalogado por muchos como el libro de las elecciones estadounidenses. 

    Parece que el libro solamente está disponible en inglés, así que tendrás que tener un aceptable dominio del idioma para poder leer el libro (o esperar a que se publique la versión en español).

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    En el ícono de engrane del video puedes seleccionar subtítulos en español.
     

    5.- El Mito del Votante Racional – Bryan Caplan

    En esta obra, el economista libertario Bryan Caplan explica por qué el votante no suele ser racional a la hora de ir a votar. Básicamente explica que el ser humano tiende a ser irracional cuando el costo por serlo es bajo, en tanto que suele ser más bien racional cuando el costo por ser irracional es muy alto. Básicamente podemos entender que un voto emitido de forma irracional (entre cientos de miles o millones de votantes) tiene un costo muy bajo, por lo cual el votante puede optar por un orden de creencias -votar por aquel que represente la igualdad social aunque las propuestas no tengan fundamento alguno- o para reafirmar sus valores, pertenencias, o simplemente votar con el hígado en vez de hacer un riguroso análisis de los candidatos. Este fenómeno bien puede explicar que muchos hayan votado por Trump aún sabiendo de la inviabilidad de sus propuestas o de su postura ante algunos sectores (mujeres, migrantes, etc.).

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    Conclusión

    Espero que esta lista de libros que he propuesto les pueda servir no sólo para entender la victoria de Donald Trump, simo para tener un mayor entendimiento de la política. Seguramente habrán más libros muy ilustrativos en este sentido y que no he tenido la oportunidad de leer, o bien, que no conozco. Si sabes de algún libro indispensable, no dudes en recomendarlo aquí en la sección de comentarios.